<script data-pm-proxy="intercept"></script><?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0"><channel><title><![CDATA[Asdrúbal R. Oliveros P. ]]></title><description><![CDATA[Economista venezolano. Consultor empresarial. Mi trabajo: facilitar la gestión de los negocios. ]]></description><link>https://aroliveros.substack.com</link><image><url>https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KTGZ!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3797b040-2326-43d0-9dc1-319c9aa1dc8c_1080x1080.png</url><title>Asdrúbal R. Oliveros P. </title><link>https://aroliveros.substack.com</link></image><generator>Substack</generator><lastBuildDate>Tue, 01 Sep 2026 19:09:27 GMT</lastBuildDate><atom:link href="/__u/aroliveros.substack.com/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/><copyright><![CDATA[Asdrúbal R. Oliveros P.]]></copyright><language><![CDATA[es]]></language><webMaster><![CDATA[aroliveros@substack.com]]></webMaster><itunes:owner><itunes:email><![CDATA[aroliveros@substack.com]]></itunes:email><itunes:name><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></itunes:name></itunes:owner><itunes:author><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></itunes:author><googleplay:owner><![CDATA[aroliveros@substack.com]]></googleplay:owner><googleplay:email><![CDATA[aroliveros@substack.com]]></googleplay:email><googleplay:author><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></googleplay:author><itunes:block><![CDATA[Yes]]></itunes:block><item><title><![CDATA[¿Dolarizar Venezuela? El debate es más complejo]]></title><description><![CDATA[Despu&#233;s de cuatro d&#233;cadas de inflaci&#243;n, Venezuela necesita discutir su r&#233;gimen monetario sin dogmas.]]></description><link>https://aroliveros.substack.com/p/dolarizar-venezuela-el-debate-es</link><guid isPermaLink="false">https://aroliveros.substack.com/p/dolarizar-venezuela-el-debate-es</guid><dc:creator><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></dc:creator><pubDate>Mon, 31 Aug 2026 12:03:49 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KTGZ!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3797b040-2326-43d0-9dc1-319c9aa1dc8c_1080x1080.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Venezuela necesita discutir seriamente su r&#233;gimen monetario. No porque la dolarizaci&#243;n se haya convertido en una moda ni porque exista una soluci&#243;n t&#233;cnica capaz de borrar de un plumazo d&#233;cadas de desequilibrios, sino porque despu&#233;s de m&#225;s de 40 a&#241;os de inflaci&#243;n persistente, sucesivas devaluaciones, reconversiones monetarias y p&#233;rdida de confianza en el bol&#237;var, resulta dif&#237;cil sostener que el arreglo actual funciona.</p><p>Mi posici&#243;n parte de all&#237;. No considero que la dolarizaci&#243;n plena sea necesariamente la mejor opci&#243;n para Venezuela, pero tampoco me parece sensato descartarla por razones ideol&#243;gicas. En las circunstancias venezolanas es una alternativa leg&#237;tima que merece ser estudiada, aunque sus beneficios suelen ser m&#225;s visibles que sus costos. En mis entrevistas recientes lo planteaba precisamente as&#237;: despu&#233;s de m&#225;s de cuatro d&#233;cadas de inflaci&#243;n, la dolarizaci&#243;n no puede considerarse una propuesta irracional, pero tampoco debemos idealizarla.</p><p>La dolarizaci&#243;n tiene una virtud que explica buena parte de su atractivo: introduce un ancla nominal extraordinariamente poderosa. Un Estado que adopta formalmente el d&#243;lar renuncia a emitir su propia moneda y, por tanto, pierde la posibilidad de financiar directamente sus desequilibrios fiscales mediante creaci&#243;n monetaria. Para econom&#237;as donde el banco central ha perdido credibilidad y la monetizaci&#243;n del d&#233;ficit ha sido recurrente, esa restricci&#243;n puede producir resultados importantes sobre inflaci&#243;n y expectativas.</p><p>Pero la fortaleza de la dolarizaci&#243;n es tambi&#233;n el origen de algunas de sus principales limitaciones. El pa&#237;s pierde autonom&#237;a monetaria, renuncia al tipo de cambio como mecanismo de ajuste y reduce significativamente la capacidad de su banco central para actuar como prestamista de &#250;ltima instancia ante una crisis financiera sist&#233;mica. El FMI ha se&#241;alado precisamente esta &#250;ltima limitaci&#243;n: la dolarizaci&#243;n reduce ciertos riesgos cambiarios, pero no elimina la posibilidad de crisis bancarias y restringe la capacidad de crear liquidez dom&#233;stica para enfrentarlas. En el caso venezolano, adem&#225;s, desandar posteriormente ese camino ser&#237;a una decisi&#243;n institucionalmente compleja.</p><h2>Lo que ense&#241;an quienes ya dolarizaron</h2><p>Ecuador es probablemente la referencia latinoamericana m&#225;s cercana cuando se habla de dolarizaci&#243;n como respuesta a una crisis de confianza. Adopt&#243; el d&#243;lar en enero de 2000 despu&#233;s de una profunda crisis bancaria, fiscal y cambiaria. La dolarizaci&#243;n permiti&#243; recuperar estabilidad monetaria y termin&#243; con el proceso de depreciaci&#243;n permanente de la moneda nacional.</p><p>Sin embargo, Ecuador tambi&#233;n demuestra que dolarizar no elimina la pol&#237;tica fiscal ni sustituye las instituciones. Entre 2009 y 2014 se introdujeron pr&#225;cticas contables y modificaciones legales que permitieron expandir el balance del Banco Central de Ecuador para financiar al Gobierno. Ese financiamiento lleg&#243; a representar alrededor de 10% del PIB y deterior&#243; la cobertura de reservas, poniendo bajo presi&#243;n al propio r&#233;gimen de dolarizaci&#243;n.</p><div class="callout-block" data-callout="true"><p>Es una lecci&#243;n especialmente importante para Venezuela: incluso cuando se elimina formalmente la capacidad de imprimir moneda propia, un Estado con instituciones d&#233;biles puede encontrar otros mecanismos para trasladar sus desequilibrios al sistema econ&#243;mico.</p></div><p>Ecuador muestra adem&#225;s el otro lado de la restricci&#243;n monetaria. Sin moneda propia, los shocks externos no pueden procesarse mediante una depreciaci&#243;n nominal. El ajuste tiene que producirse por otras v&#237;as: actividad econ&#243;mica, salarios, empleo, cr&#233;dito o gasto p&#250;blico. A esto se suma que la capacidad del banco central para suministrar liquidez es limitada, un riesgo que el propio FMI identifica como estructural dentro del sistema financiero ecuatoriano.</p><p>El Salvador ofrece una experiencia distinta. La dolarizaci&#243;n de 2001 no fue la respuesta a una hiperinflaci&#243;n semejante a la ecuatoriana. La econom&#237;a ya ten&#237;a una relaci&#243;n muy estrecha con Estados Unidos a trav&#233;s del comercio, las remesas y el sistema financiero, y la adopci&#243;n del d&#243;lar permiti&#243; eliminar el riesgo cambiario entre la moneda dom&#233;stica y la moneda en la que se realizaba una parte importante de sus relaciones econ&#243;micas.</p><p>Sin embargo, El Salvador tambi&#233;n demuestra algo que en Venezuela conviene recordar: una moneda estable no garantiza por s&#237; sola una econom&#237;a productiva. La dolarizaci&#243;n puede resolver un problema monetario, pero no eleva autom&#225;ticamente la productividad, no mejora la calidad del capital humano, no crea seguridad jur&#237;dica y tampoco convierte una econom&#237;a poco competitiva en un destino atractivo para la inversi&#243;n.</p><p>Panam&#225; constituye un caso diferente y probablemente m&#225;s exitoso, pero tambi&#233;n menos replicable. Su econom&#237;a funciona desde hace m&#225;s de un siglo alrededor del d&#243;lar, con un sistema financiero profundamente conectado internacionalmente y una estructura productiva orientada hacia servicios, comercio y flujos externos. Su experiencia recuerda que la estabilidad monetaria no depende exclusivamente de la moneda que aparece en los billetes, sino del ecosistema institucional, financiero y fiscal construido alrededor de ella.</p><h2>Zimbabue y los l&#237;mites de cambiar la moneda</h2><p>Si Ecuador muestra las fortalezas y restricciones de una dolarizaci&#243;n relativamente consolidada, Zimbabue ofrece una advertencia todav&#237;a m&#225;s importante para Venezuela.</p><p>Despu&#233;s de uno de los episodios hiperinflacionarios m&#225;s extremos de la historia moderna, la moneda local pr&#225;cticamente desapareci&#243; de las transacciones. La hiperinflaci&#243;n hab&#237;a sido alimentada, entre otros factores, por la monetizaci&#243;n de operaciones cuasifiscales del Banco de Reserva de Zimbabue. A comienzos de 2009 las autoridades terminaron reconociendo una realidad que ya se hab&#237;a impuesto en la calle y establecieron un sistema multimoneda que autorizaba el uso de divisas fuertes. La desaparici&#243;n del d&#243;lar zimbabuense fren&#243; la hiperinflaci&#243;n pr&#225;cticamente de inmediato.</p><p>Ese resultado inicial podr&#237;a utilizarse como un argumento contundente a favor de la dolarizaci&#243;n. Pero la historia posterior es bastante m&#225;s interesante.</p><p>Zimbabue consigui&#243; cambiar el r&#233;gimen monetario sin haber resuelto previamente las debilidades fiscales, pol&#237;ticas e institucionales que hab&#237;an contribuido a destruir su moneda. La estabilidad monetaria regres&#243;, pero la credibilidad institucional no lo hizo en la misma medida. Con el tiempo volvieron las distorsiones, aparecieron sustitutos monetarios, controles y mecanismos para expandir liquidez dom&#233;stica, mientras la confianza volvi&#243; a deteriorarse.</p><p>A finales de 2023 y comienzos de 2024, por ejemplo, la moneda local volvi&#243; a experimentar una fuerte inestabilidad: el FMI registr&#243; una depreciaci&#243;n del tipo de cambio oficial cercana al 95% desde comienzos de diciembre de 2023, una brecha con el mercado paralelo superior al 30% y una inflaci&#243;n nuevamente muy elevada.</p><div class="callout-block" data-callout="true"><p>El caso de Zimbabue me parece especialmente relevante porque demuestra algo que a veces olvidamos cuando discutimos sobre monedas: se puede importar una moneda cre&#237;ble, pero no se pueden importar autom&#225;ticamente las instituciones que hacen cre&#237;ble a una econom&#237;a.</p><p>Venezuela podr&#237;a dolarizar y eliminar con ello una de las principales v&#237;as hist&#243;ricas de financiamiento monetario del d&#233;ficit. Eso ser&#237;a una restricci&#243;n importante y tendr&#237;a consecuencias positivas sobre la inflaci&#243;n. Pero si permanecen la indisciplina fiscal, la opacidad presupuestaria, la debilidad institucional y la ausencia de reglas cre&#237;bles, las presiones buscar&#225;n otros canales: deuda, atrasos, impuestos ineficientes, controles, restricciones financieras o mecanismos cuasifiscales. Cambiar la moneda puede modificar los incentivos. No necesariamente modifica las instituciones.</p></div><h2>Per&#250; y una ense&#241;anza diferente</h2><p>Por eso creo que Venezuela deber&#237;a ampliar la discusi&#243;n. La alternativa no tiene que reducirse a mantener el bol&#237;var tal como funciona hoy o eliminarlo completamente. Existen arreglos monetarios intermedios que permiten combinar disciplina con grados distintos de flexibilidad.</p><p>Per&#250; ofrece probablemente una de las experiencias m&#225;s interesantes para nosotros. Despu&#233;s de la hiperinflaci&#243;n de finales de los a&#241;os ochenta, qued&#243; profundamente dolarizado. Cuando comenz&#243; el siglo XXI, aproximadamente 67% de los dep&#243;sitos y 77% de los cr&#233;ditos estaban denominados en d&#243;lares. Sin embargo, Per&#250; no avanz&#243; hacia la dolarizaci&#243;n plena. Construy&#243; progresivamente credibilidad alrededor de su propia moneda mediante un r&#233;gimen de metas de inflaci&#243;n, disciplina macroecon&#243;mica, intervenci&#243;n cambiaria, reservas y herramientas macroprudenciales destinadas espec&#237;ficamente a manejar los riesgos derivados de la dolarizaci&#243;n.</p><p>Los resultados son importantes. La dolarizaci&#243;n del cr&#233;dito cay&#243; desde 82% a finales de los a&#241;os noventa hasta 29% en marzo de 2016. M&#225;s recientemente, el BIS ha destacado que la autonom&#237;a del Banco Central de Reserva del Per&#250; y la estabilidad institucional han sido piezas fundamentales para sostener durante dos d&#233;cadas la credibilidad de ese esquema.</p><div class="callout-block" data-callout="true"><p>La experiencia peruana contiene una ense&#241;anza que considero central para Venezuela: la confianza monetaria puede reconstruirse, pero no por decreto. Los ciudadanos vuelven a utilizar una moneda cuando mantenerla deja de representar una amenaza permanente contra su patrimonio.</p><p>Per&#250; no oblig&#243; a sus ciudadanos a confiar primero para estabilizar despu&#233;s. Hizo, en t&#233;rminos generales, el proceso contrario: construy&#243; estabilidad y permiti&#243; que esa estabilidad recuperara gradualmente la confianza en la moneda dom&#233;stica.</p></div><h2>Hay m&#225;s opciones sobre la mesa</h2><p>Entre conservar un banco central completamente discrecional y adoptar irrevocablemente el d&#243;lar existe una gama bastante amplia de arreglos monetarios.</p><p>Una posibilidad es una caja de conversi&#243;n o <em>currency board</em>, en la cual el pa&#237;s conserva una moneda propia, pero establece una paridad r&#237;gida frente a una moneda internacional y restringe la emisi&#243;n monetaria en funci&#243;n de las reservas disponibles. Este arreglo introduce una disciplina muy fuerte y mantiene formalmente una moneda nacional, aunque limita considerablemente la pol&#237;tica monetaria y exige reservas, credibilidad fiscal y reglas institucionales muy robustas. Como ocurre con la dolarizaci&#243;n, la capacidad de actuar como prestamista de &#250;ltima instancia tambi&#233;n queda restringida.</p><p>Otra opci&#243;n es mantener una moneda dom&#233;stica dentro de un r&#233;gimen de metas de inflaci&#243;n con un banco central independiente, acumulaci&#243;n importante de reservas y flexibilidad cambiaria, como ha ocurrido en Per&#250;. Es un arreglo m&#225;s exigente institucionalmente porque obliga a construir credibilidad en lugar de importarla.</p><p>Y existe una tercera posibilidad que considero especialmente pertinente para Venezuela: institucionalizar la convivencia de monedas.</p><h2>Libertad monetaria no es lo que tenemos hoy</h2><p>Cuando planteo un r&#233;gimen de libertad monetaria, algunas personas responden que eso es precisamente lo que ya existe en Venezuela porque circulan bol&#237;vares, d&#243;lares, pesos colombianos, euros y USDT. Creo que esa interpretaci&#243;n confunde una adaptaci&#243;n espont&#225;nea de la sociedad frente a la destrucci&#243;n de la moneda con un verdadero arreglo monetario.</p><p>Lo que tenemos actualmente es una <em>dolarizaci&#243;n de facto</em> llena de fricciones, restricciones, arbitrajes y desigualdades. No existe todav&#237;a una arquitectura institucional suficientemente coherente que permita aprovechar plenamente esa convivencia. Una cosa es un sistema multimoneda respaldado por un arreglo institucional y otra muy distinta el &#8220;s&#225;lvese quien pueda&#8221; que hemos vivido durante a&#241;os.</p><p>Mi preferencia ser&#237;a avanzar hacia un sistema donde bol&#237;vares, d&#243;lares y eventualmente otras monedas puedan utilizarse con reglas claras para ahorrar, pagar, contratar, prestar y realizar transacciones financieras. Eso implicar&#237;a avanzar en cuentas, transferencias, cr&#233;ditos e instrumentos financieros denominados en divisas dentro de un marco regulatorio coherente, permitiendo que ciudadanos y empresas puedan escoger. Es construir un sistema de pagos y compensaci&#243;n multimoneda. </p><div class="callout-block" data-callout="true"><p>Hay una diferencia filos&#243;fica importante detr&#225;s de esta propuesta. Si el Estado venezolano quiere que los ciudadanos utilicen el bol&#237;var, deber&#237;a tener que competir por su confianza. Si logra disciplina fiscal, un banco central cre&#237;ble, inflaci&#243;n baja y reglas estables, el bol&#237;var podr&#237;a recuperar espacios de manera natural. Si no lo consigue, las personas deber&#237;an poder protegerse utilizando otras monedas. La confianza monetaria no deber&#237;a imponerse; deber&#237;a ganarse. Ese es el sentido central de esta propuesta. </p></div><p>En t&#233;rminos pr&#225;cticos, considero incluso m&#225;s probable que Venezuela avance inicialmente hacia un bimonetarismo formal bol&#237;var-d&#243;lar que hacia una dolarizaci&#243;n completa. La profundizaci&#243;n de cuentas, pagos, transferencias, cr&#233;dito e intermediaci&#243;n financiera en d&#243;lares podr&#237;a reducir muchas de las fricciones actuales sin obligar al pa&#237;s a renunciar inmediatamente y de manera irreversible a su moneda. </p><h2>La discusi&#243;n de fondo no es sobre el d&#243;lar</h2><p>Despu&#233;s de tantos a&#241;os siguiendo la econom&#237;a venezolana, creo que una de nuestras mayores tentaciones es buscar un mecanismo que nos proteja de nuestras propias instituciones. En buena medida, ese es el atractivo pol&#237;tico de la dolarizaci&#243;n: como durante d&#233;cadas no hemos sido capaces de administrar responsablemente nuestra moneda, parece razonable eliminar la posibilidad de administrarla.</p><p>Entiendo perfectamente esa posici&#243;n. La demanda de d&#243;lares en Venezuela no naci&#243; de una preferencia est&#233;tica ni de una fascinaci&#243;n ideol&#243;gica con Estados Unidos. Es la respuesta racional de millones de personas que aprendieron, despu&#233;s de d&#233;cadas de inflaci&#243;n y devaluaci&#243;n, que conservar bol&#237;vares pod&#237;a significar perder patrimonio.</p><p>Pero precisamente por eso creo que debemos elevar el debate. Ecuador demuestra que la dolarizaci&#243;n puede proporcionar un ancla poderosa, pero que la irresponsabilidad fiscal puede reaparecer incluso dentro de ese r&#233;gimen. Panam&#225; muestra que una dolarizaci&#243;n estable necesita un ecosistema institucional y financiero consistente. Per&#250; demuestra que una moneda nacional puede recuperar credibilidad cuando existe un banco central confiable y una pol&#237;tica macroecon&#243;mica coherente. Y Zimbabue nos deja quiz&#225;s la advertencia m&#225;s importante: sustituir una moneda destruida puede detener una crisis, pero si las instituciones que la destruyeron permanecen intactas, la inestabilidad termina encontrando otra puerta por donde entrar.</p><div class="callout-block" data-callout="true"><p>Por eso la pregunta que deber&#237;amos hacernos no es simplemente si Venezuela debe dolarizarse. La pregunta es qu&#233; arreglo monetario puede ofrecernos estabilidad de precios, disciplina fiscal, profundidad financiera y suficiente flexibilidad para una econom&#237;a petrolera expuesta permanentemente a shocks externos.</p></div><p>Mi preferencia est&#225; en un sistema de libertad monetaria, con un arreglo institucional claro y con un bimonetarismo formal como transici&#243;n posible. Pero no descartar&#237;a la dolarizaci&#243;n si las circunstancias terminan haciendo inviable otra alternativa. Lo que s&#237; descartar&#237;a es la idea de que basta cambiar la moneda para cambiar la econom&#237;a.</p><p>Podemos dolarizar, mantener el bol&#237;var, adoptar una caja de conversi&#243;n o construir un r&#233;gimen multimoneda. Cada opci&#243;n distribuye de manera diferente los costos, los riesgos y los grados de libertad. Pero ninguna puede escapar de una restricci&#243;n fundamental: sin responsabilidad fiscal no existe estabilidad de precios sostenible.</p><p>Al final, el debate sobre el futuro del bol&#237;var es tambi&#233;n un debate sobre qu&#233; instituciones queremos construir. Porque una sociedad puede renunciar a su moneda para importar credibilidad, pero la credibilidad duradera de una econom&#237;a se construye y lleva tiempo, esfuerzo y sacrificios. Y los atajos suelen ser peligrosos. </p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La economía también se sienta (y espera)...]]></title><description><![CDATA[La negociaci&#243;n abre una ventana para reducir la incertidumbre, recuperar recursos y reconstruir instituciones. Pero empresas e inversionistas van por m&#225;s...]]></description><link>https://aroliveros.substack.com/p/la-economia-tambien-se-sienta-y-espera</link><guid isPermaLink="false">https://aroliveros.substack.com/p/la-economia-tambien-se-sienta-y-espera</guid><dc:creator><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></dc:creator><pubDate>Fri, 14 Aug 2026 12:31:23 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KTGZ!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3797b040-2326-43d0-9dc1-319c9aa1dc8c_1080x1080.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>El primer avance y asomo de acuerdo entre el chavismo y la oposici&#243;n para renovar la totalidad de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia tiene una dimensi&#243;n pol&#237;tica evidente, pero tambi&#233;n una lectura econ&#243;mica que no debemos subestimar. Lo que ocurra en esa mesa durante los pr&#243;ximos meses puede comenzar a modificar las expectativas sobre Venezuela y, eventualmente, las decisiones de inversi&#243;n. Pero para que eso suceda no bastar&#225; con nuevos acuerdos. La clave estar&#225; en su ejecuci&#243;n, en las garant&#237;as para su cumplimiento y en la capacidad de construir instituciones que reduzcan la enorme incertidumbre que todav&#237;a rodea al pa&#237;s.</p><p>Venezuela necesita inversi&#243;n y capital, tanto nacional como extranjero, para recuperar su capacidad productiva. Pero el capital necesita algo m&#225;s que oportunidades de negocio: necesita reglas, seguridad jur&#237;dica, instituciones confiables y mecanismos para resolver controversias. Por eso, la discusi&#243;n sobre el Tribunal Supremo de Justicia tiene una consecuencia econ&#243;mica directa. Si el proceso termina produciendo un TSJ con mayor independencia, legitimidad y capacidad para hacer cumplir las reglas, estar&#237;amos hablando de una mejora relevante en uno de los componentes centrales del riesgo venezolano.</p><p>Hay que evitar, sin embargo, dos extremos: minimizar lo ocurrido o asumir que un primer acuerdo significa que los problemas institucionales est&#225;n resueltos. Los inversionistas van a mirar menos los comunicados y mucho m&#225;s la ejecuci&#243;n. &#191;C&#243;mo se seleccionar&#225;n los nuevos magistrados? &#191;Qu&#233; grado de independencia tendr&#225;n? &#191;Qu&#233; otros acuerdos puede producir la mesa? &#191;Cu&#225;l ser&#225; el cronograma? Y, sobre todo, &#191;qu&#233; garant&#237;as existen de que lo acordado efectivamente se cumpla? Como dice la sabidur&#237;a popular, el diablo est&#225; en los detalles. </p><p>Aqu&#237; aparece un elemento que considero fundamental: <strong>el papel de Estados Unidos como garante</strong>. Venezuela acumula demasiadas negociaciones, compromisos y acuerdos pol&#237;ticos que posteriormente no se ejecutaron o terminaron diluy&#233;ndose. La credibilidad, por tanto, es un activo escaso. El involucramiento estadounidense puede ayudar a construir mecanismos de cumplimiento y elevar el costo pol&#237;tico de desconocer lo acordado. Para los inversionistas internacionales, esa garant&#237;a puede terminar siendo casi tan importante como el contenido de los propios acuerdos. Esto por supuesto tiene un riesgo asociado: los acuerdos pueden estar pensados para garantizar los intereses de Estados Unidos y no necesariamente los de Venezuela, pero dado el punto donde estamos es un riesgo que hay que correr. </p><div class="pullquote"><p>La credibilidad de esta mesa se construir&#225; paso a paso. Cada compromiso que se ejecute aumentar&#225; la confianza en el siguiente; cada incumplimiento har&#225; exactamente lo contrario. En una econom&#237;a donde la incertidumbre pol&#237;tica e institucional ha condicionado durante a&#241;os las decisiones empresariales, este proceso puede comenzar a cambiar expectativas, pero necesitar&#225; acumular evidencia de que esta vez los acuerdos tienen consecuencias reales.</p></div><h2>Los recursos tambi&#233;n importan</h2><p>Hay otra dimensi&#243;n de la negociaci&#243;n que puede tener consecuencias mucho m&#225;s inmediatas. Venezuela mantiene importantes activos y recursos en el exterior cuyo acceso est&#225; condicionado por restricciones legales, financieras y pol&#237;ticas. <strong>Nuestras estimaciones indican que esos recursos podr&#237;an superar los US$10.000 millones.</strong></p><p>Despu&#233;s del terremoto del 24 de junio, acceder de manera ordenada y transparente a una parte de esos fondos podr&#237;a representar una diferencia importante para el pa&#237;s. Venezuela enfrenta necesidades extraordinarias de reconstrucci&#243;n en momentos en que el Estado tiene un margen fiscal muy limitado. Si la negociaci&#243;n permite establecer mecanismos aceptados por las partes y respaldados internacionalmente para movilizar esos recursos, podr&#237;an financiarse proyectos de infraestructura, vivienda y recuperaci&#243;n de servicios p&#250;blicos sin trasladar toda esa presi&#243;n sobre las cuentas fiscales.</p><p>La electricidad deber&#237;a ocupar un lugar prioritario. El deterioro del sistema el&#233;ctrico se ha convertido en una de las restricciones m&#225;s importantes para la actividad empresarial y para la calidad de vida de los venezolanos. Recuperarlo requiere inversiones multimillonarias y sostenidas durante varios a&#241;os. Los recursos que Venezuela mantiene en el exterior no van a resolver por s&#237; solos un problema acumulado durante d&#233;cadas, pero s&#237; podr&#237;an financiar reparaciones urgentes, generaci&#243;n, transmisi&#243;n, mantenimiento y proyectos que permitan comenzar a estabilizar el sistema.</p><p>Adem&#225;s, movilizar estos fondos bajo esquemas de administraci&#243;n transparentes, auditables y con participaci&#243;n de organismos internacionales podr&#237;a tener un beneficio adicional: comenzar a establecer una nueva forma de manejar los recursos p&#250;blicos. En un proceso de reconstrucci&#243;n donde las necesidades son enormes y el dinero escaso, la transparencia no puede ser un elemento accesorio.</p><h2>Conseguir dinero no resuelve la macroeconom&#237;a</h2><p>Ahora bien, ser&#237;a un error pensar que recuperar activos en el exterior, aumentar los ingresos petroleros o conseguir financiamiento internacional ser&#225; suficiente para estabilizar Venezuela. <strong>El pa&#237;s necesita un plan econ&#243;mico integral que corrija los desequilibrios macroecon&#243;micos que todav&#237;a condicionan cualquier recuperaci&#243;n sostenible.</strong></p><p>Ese programa debe partir de un problema que hemos arrastrado durante a&#241;os: el desequilibrio fiscal y su impacto sobre la pol&#237;tica monetaria, la inflaci&#243;n y el tipo de cambio. Venezuela necesita ordenar sus cuentas p&#250;blicas, limitar el financiamiento monetario del d&#233;ficit, profundizar y transparentar el mercado cambiario, reconstruir reservas internacionales, recuperar progresivamente el cr&#233;dito y crear condiciones para que el sector privado pueda invertir con horizontes m&#225;s largos y contar con salarios competitivos que permitan aumentar la base de consumo y el tama&#241;o de mercado. </p><p>Sin ese marco, existe el riesgo de conseguir recursos extraordinarios y utilizarlos simplemente para administrar los mismos desequilibrios. Podemos recibir m&#225;s d&#243;lares, recuperar activos o incrementar los ingresos petroleros, pero si no cambia la arquitectura de la pol&#237;tica econ&#243;mica, esos recursos terminar&#225;n comprando tiempo en lugar de construir estabilidad.</p><div class="pullquote"><p>La reconstrucci&#243;n f&#237;sica tiene que ir acompa&#241;ada de una reconstrucci&#243;n macroecon&#243;mica.</p></div><p>Y precisamente por eso hay otro tema que ojal&#225; pueda incorporarse a la negociaci&#243;n: <strong>el Banco Central de Venezuela</strong>. Ser&#237;a una se&#241;al extraordinariamente poderosa que las partes pudieran acordar el nombramiento de una nueva junta directiva independiente, integrada por profesionales con credenciales t&#233;cnicas y verdadera autonom&#237;a frente al Ejecutivo.</p><p>Recuperar la credibilidad de la pol&#237;tica monetaria exige reconstruir la institucionalidad del BCV, fortalecer su autonom&#237;a, recuperar la calidad y oportunidad de las estad&#237;sticas econ&#243;micas y establecer l&#237;mites claros al financiamiento monetario del gasto p&#250;blico. No se trata simplemente de cambiar nombres. Se trata de recuperar una instituci&#243;n fundamental para cualquier programa serio de estabilizaci&#243;n.</p><p><em>Un Tribunal Supremo m&#225;s independiente puede contribuir a recuperar la seguridad jur&#237;dica. Un Banco Central independiente puede comenzar a reconstruir la credibilidad de la pol&#237;tica monetaria. Un programa econ&#243;mico coherente puede corregir los desequilibrios. Y el acceso transparente a los recursos venezolanos en el exterior puede ayudar a financiar la reconstrucci&#243;n. Son piezas distintas, pero forman parte del mismo problema.</em></p><h2>La econom&#237;a espera</h2><p>En el corto plazo, no esperar&#237;a que este primer acuerdo produzca por s&#237; mismo un cambio sustancial en la actividad econ&#243;mica. Su efecto inicial ser&#225; principalmente sobre las expectativas. Empresas e inversionistas observar&#225;n c&#243;mo evoluciona la mesa, qu&#233; nuevos acuerdos aparecen y, sobre todo, si los primeros compromisos efectivamente se cumplen.</p><p>Si eso ocurre, si Estados Unidos logra ejercer un papel efectivo como garante y si comienzan a habilitarse recursos externos para la reconstrucci&#243;n, la percepci&#243;n de riesgo podr&#237;a reducirse gradualmente. Algunas empresas podr&#237;an comenzar a ejecutar inversiones que hoy mantienen en espera y nuevos inversionistas podr&#237;an empezar a mirar Venezuela con una perspectiva diferente. Pero ese proceso ser&#225; gradual porque reconstruir confianza toma mucho m&#225;s tiempo que destruirla.</p><p>En el mediano plazo, las consecuencias pueden ser bastante mayores. Venezuela necesita capital privado, pero tambi&#233;n necesita reconstruir bienes p&#250;blicos, corregir sus desequilibrios macroecon&#243;micos y recuperar instituciones. Una econom&#237;a no vuelve a crecer sostenidamente solamente porque aumenten los ingresos petroleros o entren m&#225;s d&#243;lares. Necesita electricidad, infraestructura, justicia, estabilidad monetaria, financiamiento y reglas que permitan transformar esos recursos en inversi&#243;n productiva.</p><p>Por eso creo que lo ocurrido debe observarse con atenci&#243;n, pero tambi&#233;n con prudencia. La se&#241;al positiva no es &#250;nicamente que chavismo y oposici&#243;n hayan alcanzado un acuerdo. <strong>La verdadera prueba comienza ahora: cumplirlo, avanzar hacia nuevos consensos y construir garant&#237;as suficientemente cre&#237;bles para que venezolanos, empresas e inversionistas comiencen a tomar decisiones con un horizonte m&#225;s largo.</strong></p><p>La pol&#237;tica est&#225; sentada en la mesa negociando. La econom&#237;a, por ahora, tambi&#233;n se sienta. Pero espera. Espera acuerdos, instituciones, garant&#237;as y un programa econ&#243;mico que permita creer que esta vez los cambios pueden ser sostenibles.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[¿Cuánto le costó realmente el terremoto a La Guaira?]]></title><description><![CDATA[Medir el impacto econ&#243;mico de un desastre exige mirar m&#225;s all&#225; de los edificios destruidos. El verdadero costo est&#225; en la producci&#243;n perdida y el tiempo que tarda una econom&#237;a en volver a funcionar.]]></description><link>https://aroliveros.substack.com/p/cuanto-le-costo-realmente-el-terremoto</link><guid isPermaLink="false">https://aroliveros.substack.com/p/cuanto-le-costo-realmente-el-terremoto</guid><dc:creator><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></dc:creator><pubDate>Wed, 12 Aug 2026 12:04:09 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KTGZ!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3797b040-2326-43d0-9dc1-319c9aa1dc8c_1080x1080.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>En las semanas posteriores al terremoto del 24 de junio han circulado numerosas cifras sobre el costo de la tragedia. El Banco Mundial estim&#243; da&#241;os f&#237;sicos directos por US$19.600 millones, equivalentes a cerca de 17% del PIB venezolano. Son cifras que ayudan a dimensionar la magnitud del desastre, pero desde el punto de vista econ&#243;mico resultan insuficientes. Confundir da&#241;os con costo econ&#243;mico conduce a diagn&#243;sticos equivocados y, muchas veces, tambi&#233;n a malas decisiones de pol&#237;tica p&#250;blica. Adem&#225;s tambi&#233;n conviene repasar la metodolog&#237;a detr&#225;s de estas mediciones pues en muchos casos se est&#225; sobredimensionando la magnitud de la tragedia. </p><p>La econom&#237;a no pierde &#250;nicamente cuando se destruye un edificio. Pierde cuando ese edificio deja de producir, cuando una empresa deja de vender, cuando un puerto deja de movilizar mercanc&#237;as o cuando miles de trabajadores interrumpen su actividad. El costo econ&#243;mico de un desastre no se mide por el valor de lo que desapareci&#243;, sino por el ingreso que deja de generarse mientras esa capacidad productiva permanece fuera de servicio. Esto es lo que los economistas llamamos distinguir entre el stock y el flujo. </p><p><strong>Ese es precisamente el ejercicio que intentamos realizar para La Guaira.</strong></p><p>La Guaira representa aproximadamente 6,2% de las transacciones nacionales (esto es basado en los estudios que hemos hecho en el pasado sobre transacciones en Venezuela), lo que equivale a una actividad econ&#243;mica cercana a US$6.900 millones anuales sobre un PIB estimado de US$111.300 millones. Sin embargo, reducir la importancia del estado a ese porcentaje ser&#237;a un error. Su verdadero peso radica en que concentra m&#225;s del 40% del sector nacional de log&#237;stica y transporte gracias al puerto de La Guaira y al aeropuerto internacional de Maiquet&#237;a. Ambos constituyen el principal punto de entrada y salida de mercanc&#237;as y pasajeros del pa&#237;s. Cuando ese nodo deja de operar, el impacto se transmite r&#225;pidamente al resto de la econom&#237;a.</p><p>Los da&#241;os f&#237;sicos en el estado probablemente se ubican entre US$4.000 y US$6.000 millones, es decir, entre 60% y 90% del producto anual de La Guaira. Esa proporci&#243;n ilustra la magnitud del choque patrimonial, pero todav&#237;a no responde la pregunta central: &#191;cu&#225;nto dej&#243; de producir el estado como consecuencia del terremoto?</p><p>Para aproximarnos a esa respuesta es necesario observar el funcionamiento de la econom&#237;a durante las semanas posteriores al sismo. El puerto permaneci&#243; completamente paralizado durante 28 d&#237;as y solo reabri&#243; gradualmente para operaciones de carga. El aeropuerto de Maiquet&#237;a recuperar&#225; su operaci&#243;n normal, en el mejor de los casos, a finales de este a&#241;o, con una apertura parcial en agosto. Durante casi ocho semanas los dos activos que sostienen buena parte de la actividad econ&#243;mica del estado operaron a una fracci&#243;n m&#237;nima de su capacidad.</p><p>A esa interrupci&#243;n se sum&#243; el colapso del tejido empresarial. El primer censo comercial revela que apenas 1.752 establecimientos permanecen operativos de los cerca de 7.000 negocios existentes antes del terremoto. En otras palabras, tres de cada cuatro empresas dejaron de funcionar. En parroquias como Caraballeda, Macuto y Catia La Mar alrededor de 40% del comercio sufri&#243; da&#241;os importantes y el turismo, una de las principales actividades econ&#243;micas del estado, pr&#225;cticamente desapareci&#243; durante toda la temporada.</p><p><em>Con esos elementos es posible construir una estimaci&#243;n razonable del flujo de actividad econ&#243;mica perdido. Nuestro escenario central apunta a una contracci&#243;n cercana a 35% del PIB de La Guaira durante 2026, con una ca&#237;da interanual de entre 55% y 70% durante el tercer trimestre, que representa el momento de mayor interrupci&#243;n de la actividad. El gasto asociado a la reconstrucci&#243;n, la recuperaci&#243;n gradual del puerto y del aeropuerto y las l&#237;neas de cr&#233;dito de emergencia evitar&#225;n una contracci&#243;n a&#250;n mayor, pero dif&#237;cilmente modificar&#225;n el diagn&#243;stico general.</em></p><p>Traducido en cifras, La Guaira dejar&#237;a de generar alrededor de US$2.400 millones de actividad econ&#243;mica durante 2026 respecto al escenario previo al terremoto. Esa es, probablemente, la mejor aproximaci&#243;n al costo econ&#243;mico directo del desastre para el estado durante su primer a&#241;o. Es una p&#233;rdida equivalente a m&#225;s de un tercio de su econom&#237;a anual y muy distinta del costo de reconstruir los activos destruidos.</p><p>Sin embargo, incluso esa estimaci&#243;n sigue siendo conservadora porque el estado no opera de manera aislada. El cierre temporal del principal nodo log&#237;stico del pa&#237;s elev&#243; los costos de transporte, oblig&#243; a desviar operaciones hacia Valencia, Barcelona y Maracaibo, increment&#243; los tiempos de entrega, gener&#243; congesti&#243;n en puertos alternativos y produjo interrupciones en las cadenas de suministro del centro del pa&#237;s. Estos efectos indirectos explican por qu&#233; el impacto nacional termina siendo considerablemente mayor que la simple p&#233;rdida de producci&#243;n de La Guaira.</p><p><em>Nuestra estimaci&#243;n es que la ca&#237;da de actividad del estado resta aproximadamente 2,2 puntos porcentuales al crecimiento del PIB venezolano por efecto directo. Cuando se incorpora el deterioro del sector log&#237;stico y los efectos de propagaci&#243;n sobre comercio, manufactura y consumo, el terremoto podr&#237;a costarle a Venezuela entre tres y cuatro puntos de crecimiento durante 2026 respecto al escenario que exist&#237;a antes del desastre.</em></p><p>Esta diferencia entre da&#241;o f&#237;sico y costo econ&#243;mico no es un detalle metodol&#243;gico. Es una distinci&#243;n fundamental para dise&#241;ar la reconstrucci&#243;n. Si el objetivo se limita a reponer edificios e infraestructura, el pa&#237;s podr&#225; recuperar parte del patrimonio perdido. Pero si la prioridad consiste en restablecer cuanto antes la capacidad productiva de La Guaira, entonces las decisiones de inversi&#243;n cambian. La reconstrucci&#243;n debe concentrarse primero en el puerto, el aeropuerto, la conectividad vial y el financiamiento de miles de peque&#241;as empresas que constituyen el tejido econ&#243;mico del estado. Cada semana que esas actividades permanezcan parcialmente paralizadas seguir&#225; aumentando el costo econ&#243;mico del desastre.</p><p>Durante 2027 probablemente veremos tasas de crecimiento muy elevadas en La Guaira como consecuencia del proceso de reconstrucci&#243;n y del bajo punto de comparaci&#243;n que dejar&#225; 2026. Ser&#237;a un error interpretar esas cifras como una recuperaci&#243;n plena. Recuperar un stock de capital equivalente a entre 60% y 90% del producto anual del estado requerir&#225; varios a&#241;os de inversi&#243;n sostenida, estabilidad institucional y acceso a financiamiento. Sin embargo, toda crisis tambi&#233;n abre una oportunidad para hacer las cosas mejor. La Guaira puede reconstruirse replicando las vulnerabilidades del pasado o puede convertirse en el punto de partida de una infraestructura log&#237;stica m&#225;s moderna y m&#225;s eficiente. Si las inversiones se orientan correctamente, si el financiamiento llega a las empresas que sostienen el tejido productivo y si la reconstrucci&#243;n logra convertirse en un proyecto compartido entre el sector p&#250;blico, el sector privado y la cooperaci&#243;n internacional, el estado no solo recuperar&#225; lo perdido: puede salir fortalecido. Al final, el verdadero &#233;xito no ser&#225; volver al punto donde est&#225;bamos antes del terremoto, sino aprovechar esta tragedia para construir una plataforma log&#237;stica capaz de impulsar el crecimiento de Venezuela durante las pr&#243;ximas d&#233;cadas.</p><p>El verdadero indicador de &#233;xito no ser&#225; la tasa de crecimiento del pr&#243;ximo a&#241;o, sino la velocidad con la que La Guaira recupere su papel como principal plataforma log&#237;stica de Venezuela.</p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[¿Dónde están los reales? ]]></title><description><![CDATA[La discusi&#243;n sobre los ingresos petroleros ha regresado. Sin instituciones s&#243;lidas, ning&#250;n aumento de recursos ser&#225; suficiente para reconstruir Venezuela.]]></description><link>https://aroliveros.substack.com/p/donde-estan-los-reales</link><guid isPermaLink="false">https://aroliveros.substack.com/p/donde-estan-los-reales</guid><dc:creator><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></dc:creator><pubDate>Mon, 27 Jul 2026 12:05:31 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KTGZ!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3797b040-2326-43d0-9dc1-319c9aa1dc8c_1080x1080.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Cada cierto tiempo Venezuela vuelve a hacerse la misma pregunta. Cambian los gobiernos, cambian las sanciones, cambian los socios petroleros, cambia el precio del barril y cambia incluso la producci&#243;n de crudo. Sin embargo, hay una interrogante que permanece inalterable: <strong>&#191;d&#243;nde est&#225;n los reales?</strong></p><p>La pregunta reapareci&#243; con fuerza despu&#233;s del reciente reportaje publicado por el <em>Financial Times</em>, seg&#250;n el cual los ingresos generados por las exportaciones petroleras venezolanas podr&#237;an superar este a&#241;o los US$ 35.000 millones. La cifra sorprendi&#243; a muchos venezolanos y aliment&#243; una conclusi&#243;n casi autom&#225;tica: si el pa&#237;s est&#225; recibiendo semejante cantidad de dinero, &#191;por qu&#233; la recuperaci&#243;n no se siente en las calles? &#191;Por qu&#233; contin&#250;an los problemas en los servicios p&#250;blicos? &#191;Por qu&#233; no mejoran los salarios? &#191;D&#243;nde est&#225; ese dinero?</p><p><strong>Es una pregunta leg&#237;tima. Pero creo que parte de un diagn&#243;stico equivocado.</strong></p><p>Seguimos observando la econom&#237;a venezolana con los lentes de un pa&#237;s que ya no existe. Durante d&#233;cadas nos acostumbramos a pensar que el petr&#243;leo era una fuente pr&#225;cticamente ilimitada de recursos y que cualquier incremento de la producci&#243;n deb&#237;a traducirse casi autom&#225;ticamente en mayor gasto p&#250;blico, mejores salarios, nuevas carreteras o programas sociales m&#225;s ambiciosos. Esa fue la l&#243;gica de la Venezuela rentista y, en buena medida, contin&#250;a siendo el marco mental con el que muchos interpretan la realidad econ&#243;mica del pa&#237;s.</p><p>El problema es que la Venezuela de hoy se parece muy poco a aquella. Es cierto que la producci&#243;n petrolera ha venido recuper&#225;ndose y que el pa&#237;s produce alrededor de 1,2 millones de barriles diarios, el mayor nivel en varios a&#241;os. Tambi&#233;n es cierto que los ingresos han aumentado respecto a los m&#237;nimos registrados durante el colapso de la industria. Pero ambas afirmaciones, siendo correctas, cuentan apenas una parte de la historia. La otra parte es que esos mayores ingresos llegan a un pa&#237;s profundamente descapitalizado, con una infraestructura deteriorada, un aparato productivo debilitado y unas necesidades de inversi&#243;n acumuladas durante m&#225;s de dos d&#233;cadas.</p><p>Dicho de otra manera, el flujo de recursos ha mejorado, pero el tama&#241;o de la factura pendiente ha crecido mucho m&#225;s r&#225;pido. Por eso, cuando alguien me pregunta d&#243;nde est&#225;n los reales, mi respuesta suele decepcionar a quienes esperan encontrar una gran bolsa de dinero escondida o un excedente capaz de resolver, por s&#237; solo, los problemas del pa&#237;s. La realidad es bastante menos espectacular y mucho m&#225;s compleja.</p><p><strong>En t&#233;rminos generales, esos recursos est&#225;n yendo hacia dos grandes destinos.</strong></p><p><strong>El primero es el mercado cambiario.</strong></p><p>Desde hace varios a&#241;os he insistido en que buena parte de la estabilizaci&#243;n macroecon&#243;mica observada en Venezuela descansa sobre la capacidad del Estado para ofrecer divisas al mercado. Esa oferta ha permitido moderar las presiones sobre el tipo de cambio, contener parcialmente la inflaci&#243;n y facilitar las importaciones que necesita una econom&#237;a altamente dependiente del exterior. Tambi&#233;n ha servido para atender la demanda privada de d&#243;lares y permitir la salida de capitales de empresas y personas que buscan diversificar riesgos o proteger patrimonio.</p><p>Puede discutirse si esa pol&#237;tica ha sido la m&#225;s adecuada o si exist&#237;an alternativas mejores. Lo que resulta dif&#237;cil discutir es que ha requerido una enorme cantidad de recursos. Sin esas intervenciones cambiarias, probablemente hoy estar&#237;amos hablando de una inflaci&#243;n mucho mayor, de una depreciaci&#243;n m&#225;s acelerada del bol&#237;var y de un entorno de negocios considerablemente m&#225;s inestable. Ni hablar de problemas de abastecimiento y/o escasez.</p><p>Hay quienes ven esas ventas de divisas como un gasto. Yo prefiero entenderlas como el costo de preservar una estabilidad macroecon&#243;mica todav&#237;a fr&#225;gil. La pregunta relevante, entonces, no es si ese dinero pudo haberse destinado a otro fin, sino cu&#225;l habr&#237;a sido el costo econ&#243;mico y social de no hacerlo. </p><p><strong>El segundo destino de esos ingresos es mucho menos visible para el ciudadano com&#250;n, pero igual de importante: la propia industria petrolera.</strong></p><p>Durante a&#241;os PDVSA fue tratada como una caja registradora. La empresa produc&#237;a petr&#243;leo y buena parte de los recursos sal&#237;a inmediatamente para financiar gasto p&#250;blico. La reinversi&#243;n dej&#243; de ser una prioridad. Se posterg&#243; el mantenimiento, se deterior&#243; la infraestructura, se acumularon deudas con proveedores y socios, y la capacidad operativa de la industria termin&#243; desplom&#225;ndose.</p><p>Reconstruir una empresa despu&#233;s de un proceso de descapitalizaci&#243;n de esa magnitud no ocurre por decreto. Requiere tiempo, inversiones y recursos. Por eso una parte importante del flujo de caja generado actualmente permanece dentro del propio negocio petrolero. Se utiliza para financiar capital de trabajo, recuperar instalaciones, adquirir insumos, pagar compromisos pendientes y sostener el aumento gradual de la producci&#243;n. En otras palabras, una parte de los nuevos ingresos se utiliza para garantizar que esos ingresos sigan existiendo ma&#241;ana.</p><p>Parad&#243;jicamente, el petr&#243;leo necesita consumir una parte creciente de la riqueza que genera simplemente para volver a producir petr&#243;leo.</p><p><strong>Hasta aqu&#237; podr&#237;a parecer que la respuesta a la pregunta inicial est&#225; resuelta. Sin embargo, creo que eso ser&#237;a quedarse en la superficie del problema.</strong></p><p>Porque incluso si aceptamos que los recursos se destinan principalmente al mercado cambiario y a la recuperaci&#243;n de la industria petrolera, la sensaci&#243;n de frustraci&#243;n de buena parte de la sociedad sigue siendo comprensible. Los hospitales contin&#250;an necesitando inversiones. Las escuelas siguen deterioradas. Las carreteras muestran a&#241;os de abandono. Los sistemas el&#233;ctrico y de agua potable operan con enormes limitaciones. Los salarios p&#250;blicos permanecen muy lejos de lo necesario para recuperar el poder adquisitivo perdido.</p><p>&#191;Por qu&#233;?</p><p>Porque Venezuela no enfrenta un problema de miles de millones de d&#243;lares.</p><p><strong>Enfrenta un problema de decenas de miles de millones de d&#243;lares.</strong></p><p>Despu&#233;s de m&#225;s de veinte a&#241;os de pol&#237;ticas p&#250;blicas ineficientes, corrupci&#243;n, p&#233;rdida de capacidad institucional y destrucci&#243;n de capital f&#237;sico, el pa&#237;s acumul&#243; un d&#233;ficit de inversi&#243;n gigantesco. A ese panorama se suman ahora las necesidades derivadas de la reconstrucci&#243;n tras los terremotos de junio, que por s&#237; solas exigen recursos equivalentes a varios puntos del PIB. La conclusi&#243;n es antip&#225;tica: aunque el flujo petrolero haya mejorado, sigue siendo insuficiente para cubrir el tama&#241;o del deterioro acumulado.</p><p>Sin embargo, creo que el error m&#225;s frecuente consiste en pensar que el principal problema de Venezuela sigue siendo la cantidad de dinero que produce el petr&#243;leo.</p><p><strong>La evidencia internacional demuestra exactamente lo contrario.</strong></p><p>Hace ya m&#225;s de dos d&#233;cadas, Daron Acemoglu, Simon Johnson y James Robinson demostraron que las diferencias de desarrollo entre los pa&#237;ses dependen mucho m&#225;s de la calidad de sus instituciones que de su dotaci&#243;n de recursos naturales. Douglas North lleg&#243; a conclusiones similares al explicar c&#243;mo las instituciones reducen la incertidumbre, generan incentivos para invertir y hacen posible el crecimiento sostenido. El Banco Mundial, a trav&#233;s de sus indicadores de gobernanza, y el Fondo Monetario Internacional, mediante sus evaluaciones de transparencia fiscal, han encontrado una relaci&#243;n consistente entre instituciones s&#243;lidas, rendici&#243;n de cuentas y mejores resultados econ&#243;micos.</p><p>No es casualidad. Los pa&#237;ses que convierten sus recursos naturales en bienestar colectivo no son necesariamente los que producen m&#225;s petr&#243;leo. Son los que cuentan con instituciones capaces de administrar esos recursos con reglas claras, controles efectivos y mecanismos de supervisi&#243;n independientes.</p><p>Noruega suele citarse como el ejemplo m&#225;s evidente, pero la lecci&#243;n trasciende ese caso. Lo importante no es copiar un modelo espec&#237;fico, sino comprender que el petr&#243;leo nunca sustituye a las instituciones. En el mejor de los casos, las financia.</p><p>Venezuela, por el contrario, ha vivido demasiados a&#241;os creyendo que la renta petrolera pod&#237;a reemplazar al Estado, compensar la debilidad institucional o corregir decisiones equivocadas. La historia demuestra que ocurri&#243; exactamente lo contrario. Cuanto m&#225;s dependimos del petr&#243;leo para resolver nuestros problemas, menos incentivos tuvimos para construir instituciones capaces de administrar esa riqueza con responsabilidad.</p><p>Por eso pienso que la pregunta <strong>&#8220;&#191;d&#243;nde est&#225;n los reales?&#8221;</strong> termina siendo menos importante que otra mucho m&#225;s importante:</p><p><strong>&#191;Qu&#233; tipo de instituciones necesitamos para que los ingresos futuros produzcan resultados distintos a los del pasado?</strong></p><p>Esa, a mi juicio, es la discusi&#243;n verdaderamente relevante. Porque Venezuela necesitar&#225; movilizar recursos que van mucho m&#225;s all&#225; de los que puede generar el petr&#243;leo en el corto plazo. Har&#225; falta inversi&#243;n privada, financiamiento multilateral, acceso a los mercados internacionales de capital y cooperaci&#243;n con organismos internacionales. Todo ello exige algo que ning&#250;n barril de petr&#243;leo puede comprar por s&#237; solo: confianza.</p><p><strong>La confianza nace de las instituciones.</strong></p><p>Por eso la reconstrucci&#243;n econ&#243;mica del pa&#237;s pasa necesariamente por dos tareas simult&#225;neas. La primera consiste en construir acuerdos pol&#237;ticos suficientemente amplios para recuperar la institucionalidad y crear un entorno estable que permita atraer los recursos financieros que Venezuela necesita. Sin estabilidad pol&#237;tica y reglas previsibles ser&#225; imposible cerrar la enorme brecha de inversi&#243;n que hoy enfrenta el pa&#237;s.</p><p>La segunda tarea es igualmente importante: construir un Estado que rinda cuentas. Los venezolanos tienen derecho a conocer cu&#225;nto ingresa por concepto de petr&#243;leo, c&#243;mo se utilizan esos recursos, cu&#225;les son las prioridades del gasto p&#250;blico y qu&#233; resultados concretos produce cada d&#243;lar administrado por el Estado. La transparencia no elimina por s&#237; sola la corrupci&#243;n, pero la opacidad siempre termina aliment&#225;ndola.</p><p>Al final, quiz&#225;s llevamos demasiado tiempo formulando la pregunta equivocada: no se trata &#250;nicamente de saber d&#243;nde est&#225;n los reales. Se trata de construir un pa&#237;s donde esa pregunta deje de ser necesaria porque existan instituciones capaces de responderla todos los d&#237;as, con datos, con transparencia y con resultados. Ese es el verdadero desaf&#237;o de Venezuela. No producir m&#225;s petr&#243;leo. Sino convertir esa riqueza, por primera vez en mucho tiempo, en un activo para el desarrollo y no en una nueva oportunidad perdida.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[¿Hasta cuándo?]]></title><description><![CDATA[El tipo de cambio no es el problema; es el espejo de un problema fiscal que sigue sin resolverse.]]></description><link>https://aroliveros.substack.com/p/hasta-cuando</link><guid isPermaLink="false">https://aroliveros.substack.com/p/hasta-cuando</guid><dc:creator><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></dc:creator><pubDate>Mon, 13 Jul 2026 13:03:18 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KTGZ!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3797b040-2326-43d0-9dc1-319c9aa1dc8c_1080x1080.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p></p><p>&#8220;&#191;Hasta cu&#225;ndo se va a depreciar el bol&#237;var?&#8221;</p><p>Es la pregunta que m&#225;s he respondido en las &#250;ltimas semanas. Me la hacen empresarios que intentan fijar precios, familias preocupadas por el poder adquisitivo de sus ingresos, periodistas durante entrevistas y hasta amigos en conversaciones cotidianas. Todos esperan una fecha, un punto de inflexi&#243;n, una se&#241;al de que lo peor qued&#243; atr&#225;s. Sin embargo, la respuesta no est&#225; en el calendario ni depende del pr&#243;ximo anuncio del Banco Central. Depende de algo mucho m&#225;s profundo.</p><p>En las &#250;ltimas semanas el gobierno ha incrementado la oferta de divisas al mercado, comenzaron a llegar remesas de d&#243;lares en efectivo a algunos bancos y el mecanismo de intervenci&#243;n cambiaria ha mostrado algunos ajustes respecto a meses anteriores. Son medidas positivas y he se&#241;alado p&#250;blicamente que van en la direcci&#243;n correcta. Pero tambi&#233;n he insistido en que ser&#237;a un error pensar que, por s&#237; solas, resolver&#225;n el problema. El mercado cambiario venezolano lleva a&#241;os enviando el mismo mensaje: la estabilidad del tipo de cambio no puede construirse sobre unas finanzas p&#250;blicas desequilibradas.</p><p>En Venezuela solemos discutir el precio del d&#243;lar como si fuera un fen&#243;meno aislado. Analizamos cu&#225;nto intervino el Banco Central, cu&#225;nto subi&#243; el mercado paralelo o cu&#225;ntos bancos participaron en las subastas. Son conversaciones necesarias, pero incompletas. El tipo de cambio es, en realidad, una consecuencia. Refleja el nivel de confianza que existe sobre la econom&#237;a y, especialmente, sobre la capacidad del Estado para financiar su gasto sin generar nuevas presiones monetarias o cambiarias.</p><p>El problema de fondo sigue siendo fiscal. Dicho de manera simple: el Estado contin&#250;a gastando m&#225;s de lo que sus ingresos permiten sostener. Mientras ese desequilibrio persista, el mercado cambiario seguir&#225; bajo presi&#243;n. No importa cu&#225;ntas intervenciones se realicen ni cu&#225;ntos d&#243;lares se coloquen temporalmente en el sistema financiero. En alg&#250;n momento, hogares y empresas volver&#225;n a preguntarse qui&#233;n financiar&#225; ese d&#233;ficit y actuar&#225;n en consecuencia, aumentando la demanda de divisas para proteger el valor de sus ingresos y de su patrimonio.</p><p>Esto no significa que la pol&#237;tica cambiaria sea irrelevante. Al contrario. Creo que existen decisiones que pueden mejorar significativamente el funcionamiento del mercado. He defendido la necesidad de perfeccionar el mecanismo de subastas, hacerlo m&#225;s transparente y predecible, ampliar gradualmente la participaci&#243;n de la banca y reducir la incertidumbre sobre las reglas de intervenci&#243;n. Tambi&#233;n he se&#241;alado la necesidad de intervenir en el mercado paralelo y utilizar mecanismos de criptomonedas para incrementar el acceso a divisas. Los mercados valoran la previsibilidad tanto como la disponibilidad de divisas.</p><p>Tambi&#233;n hace falta una estrategia de comunicaci&#243;n mucho m&#225;s s&#243;lida. La credibilidad es uno de los activos m&#225;s importantes de cualquier autoridad econ&#243;mica. Cuando los anuncios llegan tarde, son parciales o terminan siendo reemplazados por rumores, las expectativas se deterioran. Y en un mercado tan sensible como el venezolano, las expectativas pueden mover el tipo de cambio tanto como las propias intervenciones.</p><p>El terremoto introduce ahora una dificultad adicional. M&#225;s all&#225; del drama humano, que debe seguir ocupando toda nuestra atenci&#243;n, la reconstrucci&#243;n implicar&#225; un esfuerzo fiscal de enormes proporciones. He estimado que solo la reconstrucci&#243;n de viviendas e infraestructura p&#250;blica podr&#237;a requerir alrededor de <strong>US$2.500 millones</strong>, mientras que el costo total de la reconstrucci&#243;n podr&#237;a ubicarse entre <strong>US$12.000 y US$15.000 millones</strong>. Son cifras enormes para una econom&#237;a cuyo PIB ronda los <strong>US$110.000 millones</strong> y cuyo margen fiscal ya era muy reducido antes de la tragedia.</p><p>La evidencia internacional confirma que este tipo de situaciones suele traducirse en mayores presiones macroecon&#243;micas. El economista <strong>Ilan Noy</strong>, uno de los principales especialistas en econom&#237;a de los desastres naturales, ha demostrado que los terremotos no solo destruyen infraestructura; tambi&#233;n deterioran las cuentas fiscales, reducen la capacidad productiva y afectan el crecimiento potencial de las econom&#237;as con instituciones fr&#225;giles. En una l&#237;nea similar, <strong>Carmen Reinhart</strong> ha mostrado que los grandes choques econ&#243;micos resultan mucho m&#225;s costosos cuando encuentran pa&#237;ses con desequilibrios fiscales acumulados y limitado acceso al financiamiento. No es el desastre, por s&#237; solo, el que explica el deterioro macroecon&#243;mico; es la vulnerabilidad previa con la que se enfrenta.</p><p>La evidencia m&#225;s reciente refuerza esa conclusi&#243;n. Un estudio publicado por el Fondo Monetario Internacional en 2024, que analiz&#243; 177 pa&#237;ses entre 1970 y 2019, concluye que las econom&#237;as emergentes experimentan depreciaciones cambiarias significativamente mayores despu&#233;s de un desastre natural que las econom&#237;as avanzadas. En promedio, las monedas de estos pa&#237;ses pueden depreciarse hasta un <strong>6%</strong> durante los dos a&#241;os posteriores al evento cuando existen reg&#237;menes cambiarios flexibles o administrados, mientras aumentan simult&#225;neamente las presiones inflacionarias derivadas del mayor gasto p&#250;blico, la ca&#237;da de la producci&#243;n y el incremento de las importaciones necesarias para la reconstrucci&#243;n.</p><p>Venezuela re&#250;ne pr&#225;cticamente todos esos factores de vulnerabilidad. La reconstrucci&#243;n exigir&#225; m&#225;s recursos precisamente cuando el Estado enfrenta mayores restricciones fiscales. Si ese esfuerzo no cuenta con financiamiento externo suficiente, apoyo de organismos multilaterales, cooperaci&#243;n internacional o una profunda reorganizaci&#243;n del gasto p&#250;blico, la presi&#243;n terminar&#225; traslad&#225;ndose nuevamente al mercado cambiario. Y cuando eso ocurre en Venezuela, el desenlace suele ser conocido: un bol&#237;var m&#225;s d&#233;bil, mayor inflaci&#243;n y una nueva p&#233;rdida del poder adquisitivo de las familias.</p><p>Durante meses hemos discutido sobre intervenciones cambiarias, asignaciones de divisas, d&#243;lares en efectivo y licencias bancarias. Todo eso importa y puede contribuir a reducir la volatilidad en determinados momentos. Pero ninguna estrategia cambiaria ser&#225; sostenible mientras contin&#250;e descansando sobre unas finanzas p&#250;blicas desequilibradas. El mercado puede responder favorablemente durante algunas semanas, incluso algunos meses, pero tarde o temprano volver&#225; a preguntarse c&#243;mo se financiar&#225; el d&#233;ficit y qui&#233;n asumir&#225; el costo de esa decisi&#243;n.</p><p>Por eso, cuando alguien vuelve a preguntarme hasta cu&#225;ndo seguir&#225; depreci&#225;ndose el bol&#237;var, mi respuesta sigue siendo la misma. No depende de la pr&#243;xima intervenci&#243;n del Banco Central ni del siguiente ajuste operativo del mercado. Depende de que Venezuela haga algo mucho m&#225;s dif&#237;cil, pero tambi&#233;n mucho m&#225;s importante: ordenar sus cuentas p&#250;blicas.</p><p>Podemos perfeccionar las subastas, mejorar la comunicaci&#243;n econ&#243;mica y ampliar la oferta de divisas. Todo eso ayudar&#225;. Pero si el origen del problema permanece intacto, solo estaremos administrando los s&#237;ntomas. La estabilidad cambiaria no se decreta ni se compra; se construye. Y siempre comienza por la disciplina fiscal. Mientras esa realidad no cambie, la pregunta seguir&#225; apareciendo una y otra vez. Lo verdaderamente preocupante es que la respuesta seguir&#225; siendo exactamente la misma.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Un terremoto que lo cambia todo]]></title><description><![CDATA[La tragedia humana exige una respuesta inmediata, pero sus consecuencias econ&#243;micas marcar&#225;n al pa&#237;s durante a&#241;os. La reconstrucci&#243;n ser&#225; una prueba de capacidad institucional y de cooperaci&#243;n.]]></description><link>https://aroliveros.substack.com/p/un-terremoto-que-lo-cambia-todo</link><guid isPermaLink="false">https://aroliveros.substack.com/p/un-terremoto-que-lo-cambia-todo</guid><dc:creator><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></dc:creator><pubDate>Sat, 27 Jun 2026 13:02:32 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KTGZ!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3797b040-2326-43d0-9dc1-319c9aa1dc8c_1080x1080.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay semanas que cambian un gobierno. Y hay semanas que cambian un pa&#237;s. Esta es una de ellas.</p><p>Hasta hace apenas unos d&#237;as, el debate econ&#243;mico sobre Venezuela giraba alrededor de cu&#225;nto crecer&#237;amos este a&#241;o: 4% o 6%, en qu&#233; punto ese crecimiento se iba a materializar en la cotidianidad de la gente; la estabilizaci&#243;n cambiaria, el restablecimiento de la relaci&#243;n con los organismos multilaterales y la posibilidad de iniciar, lentamente, un proceso de recuperaci&#243;n. El 24 de junio en la ma&#241;ana se discut&#237;a sobre cu&#225;l era el real tama&#241;o de nuestra deuda externa. Ese era el horizonte. Hoy ya no lo es. Los terremotos ocurridos esta semana no solo dejan una tragedia humana de dimensiones a&#250;n dif&#237;ciles de cuantificar; tambi&#233;n modifican profundamente las perspectivas econ&#243;micas del pa&#237;s. La evidencia internacional muestra que un terremoto de gran magnitud puede generar p&#233;rdidas equivalentes a entre <strong>3% y 10% del PIB</strong>, dependiendo no solo del da&#241;o f&#237;sico, sino de la capacidad del Estado para responder.</p><p>Quien piense que el problema se limita al costo de reconstruir carreteras, hospitales o viviendas est&#225; viendo apenas una parte del cuadro. Los terremotos destruyen infraestructura, pero tambi&#233;n productividad, empleo, ingresos fiscales, cadenas log&#237;sticas y confianza. Miles de empresas interrumpen operaciones, las familias posponen decisiones de consumo e inversi&#243;n y la actividad econ&#243;mica pierde dinamismo durante meses o incluso a&#241;os. Las expectativas y decisiones de los agentes se ven afectadas por un sentimiento generalizado de p&#233;rdida e incertidumbre. </p><p>La literatura econ&#243;mica es bastante consistente sobre este punto. Estudios del Banco Mundial, el FMI y numerosos trabajos acad&#233;micos concluyen que el impacto de un desastre natural depende mucho menos de la intensidad del fen&#243;meno que de la fortaleza institucional del pa&#237;s afectado. Las econom&#237;as con Estados s&#243;lidos suelen absorber el choque inicial y recuperarse relativamente r&#225;pido. En cambio, en los Estados fr&#225;giles, un desastre natural suele transformarse en una crisis econ&#243;mica prolongada porque la debilidad institucional amplifica los da&#241;os y retrasa la reconstrucci&#243;n.</p><p>Ese es, precisamente, el principal desaf&#237;o de Venezuela. Durante a&#241;os el pa&#237;s perdi&#243; capacidad fiscal, t&#233;cnica y operativa. No se trata de una valoraci&#243;n pol&#237;tica, sino de un hecho observable. La capacidad del Estado para dise&#241;ar pol&#237;ticas p&#250;blicas se redujo significativamente. La prologada crisis econ&#243;mica y la hiperinflaci&#243;n nos llevaron a un estadio de &#8220;s&#225;lvese quien pueda&#8221;. Las dificultades para mantener la infraestructura b&#225;sica, los servicios p&#250;blicos o la red hospitalaria ya eran evidentes antes del terremoto. Reconstruir ciudades exige mucho m&#225;s que recursos financieros: requiere planificaci&#243;n, ingenier&#237;a, capacidad de contrataci&#243;n, supervisi&#243;n t&#233;cnica y una administraci&#243;n p&#250;blica capaz de coordinar miles de proyectos de manera simult&#225;nea. Hoy el Estado venezolano carece de buena parte de esas capacidades.</p><p>Parad&#243;jicamente, donde el Estado ha perdido capacidad, la sociedad ha demostrado resiliencia. El sector privado, las organizaciones no gubernamentales, las iglesias, las universidades y m&#250;ltiples iniciativas de la sociedad civil han desarrollado, durante a&#241;os de crisis, una notable capacidad para organizarse, movilizar recursos y responder con rapidez ante las emergencias. Lo vimos durante la pandemia, en las inundaciones de Las Tejer&#237;as y en tantas otras crisis humanitarias. Y lo estamos viendo ahora. Esa experiencia acumulada ser&#225; uno de los activos m&#225;s importantes para enfrentar esta tragedia, aunque, por s&#237; sola, resulta insuficiente para asumir una reconstrucci&#243;n de esta magnitud.</p><p>Por eso sostengo que este terremoto cambia completamente la conversaci&#243;n econ&#243;mica. Hace apenas unas semanas discut&#237;amos c&#243;mo acelerar el crecimiento, atraer inversiones o profundizar las reformas. Discut&#237;amos sobre c&#243;mo era necesario una reforma institucional para lograr que Venezuela pudiera lograr un crecimiento sostenido e inclusivo. Hoy la prioridad pasa por evitar que el desastre destruya buena parte del capital f&#237;sico y humano del pa&#237;s, lo que queda. La agenda econ&#243;mica ya no estar&#225; dominada exclusivamente por el crecimiento, sino por la reconstrucci&#243;n.</p><p>De all&#237; surge una conclusi&#243;n inevitable: Venezuela no podr&#225; enfrentar sola este desaf&#237;o. No se trata &#250;nicamente de conseguir financiamiento. Ser&#225; indispensable movilizar asistencia t&#233;cnica, equipos especializados, hospitales de campa&#241;a, infraestructura temporal, cr&#233;ditos de r&#225;pido acceso y mecanismos internacionales de coordinaci&#243;n. La cooperaci&#243;n internacional dejar&#225; de ser un complemento para convertirse en una condici&#243;n necesaria de la recuperaci&#243;n.</p><p>La buena noticia es que, por primera vez en muchos a&#241;os, existen condiciones para que esa cooperaci&#243;n sea posible. El restablecimiento de relaciones con organismos financieros internacionales abre una ventana que hasta hace pocos meses parec&#237;a cerrada. Ser&#237;a un error convertir esa ayuda en un nuevo terreno de confrontaci&#243;n pol&#237;tica. Despu&#233;s de un terremoto, los pa&#237;ses no necesitan discursos sobre soberan&#237;a; necesitan ingenieros, maquinaria, hospitales, agua potable, electricidad y capacidad para reconstruir.</p><p>La historia econ&#243;mica demuestra que los grandes desastres pueden convertirse en puntos de inflexi&#243;n. Algunos pa&#237;ses aprovecharon esas tragedias para modernizar su infraestructura, fortalecer sus instituciones y construir econom&#237;as m&#225;s resilientes. Otros quedaron atrapados durante d&#233;cadas en un ciclo de destrucci&#243;n y precariedad. La diferencia nunca estuvo &#250;nicamente en la fuerza del terremoto, sino en la calidad de la respuesta colectiva.</p><p>M&#225;s all&#225; de la emergencia inmediata, esta tragedia tambi&#233;n deja una lecci&#243;n pol&#237;tica imposible de ignorar. La reconstrucci&#243;n de Venezuela exige algo m&#225;s que recursos financieros o asistencia internacional: requiere un liderazgo con legitimidad democr&#225;tica y capacidad para construir consensos. El pa&#237;s necesita dise&#241;ar una hoja de ruta que permita alcanzar acuerdos pol&#237;ticos amplios, conducir a un gobierno elegido democr&#225;ticamente y dotarlo del respaldo necesario para impulsar las reformas econ&#243;micas e institucionales que la recuperaci&#243;n demanda. Ning&#250;n programa de reconstrucci&#243;n ser&#225; sostenible si no descansa sobre instituciones leg&#237;timas, reglas claras y un pacto pol&#237;tico que ofrezca estabilidad, genere confianza y permita movilizar el apoyo de la comunidad internacional y de la inversi&#243;n privada.</p><p>Por eso creo que este terremoto no solo ha movido la tierra. Tambi&#233;n ha desplazado por completo el horizonte econ&#243;mico de Venezuela. Las proyecciones que hac&#237;amos hace apenas una semana probablemente ya no describen el pa&#237;s que tendremos al cierre de este a&#241;o. La econom&#237;a venezolana acaba de entrar en una nueva etapa y la rapidez con la que logremos combinar el esfuerzo del Estado, la capacidad demostrada por el sector privado y la sociedad civil, y el apoyo decidido de la comunidad internacional, determinar&#225; no solo el desempe&#241;o econ&#243;mico de 2026, sino las posibilidades reales de recuperaci&#243;n durante la pr&#243;xima d&#233;cada.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El Estado que Venezuela ya no puede pagar]]></title><description><![CDATA[Sin sostenibilidad fiscal no habr&#225; estabilidad duradera. Y sin reformar el Estado, la sostenibilidad fiscal seguir&#225; siendo una promesa.]]></description><link>https://aroliveros.substack.com/p/el-estado-que-venezuela-ya-no-puede</link><guid isPermaLink="false">https://aroliveros.substack.com/p/el-estado-que-venezuela-ya-no-puede</guid><dc:creator><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></dc:creator><pubDate>Mon, 08 Jun 2026 12:03:20 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KTGZ!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3797b040-2326-43d0-9dc1-319c9aa1dc8c_1080x1080.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay una contradicci&#243;n que atraviesa hoy a la econom&#237;a venezolana: todos queremos estabilidad cambiaria e inflaci&#243;n baja, pero pocos est&#225;n dispuestos a discutir una de las condiciones indispensables para lograr ambas. En 2025 la inflaci&#243;n cerr&#243; cerca de 500% y, pese a las importantes intervenciones cambiarias realizadas por el gobierno durante los &#250;ltimos meses, la econom&#237;a sigue mostrando episodios recurrentes de presi&#243;n sobre el tipo de cambio. La inflaci&#243;n sigue siendo superior a 600% (abril 2026) y la brecha cambiaria est&#225; por encima del 30%. </p><p>Detr&#225;s de esa realidad existe un problema m&#225;s profundo que el mercado cambiario. Venezuela contin&#250;a operando con un Estado cuyo tama&#241;o y estructura fueron dise&#241;ados para una econom&#237;a que ya no existe. Un Estado que dispone de muchos menos ingresos que en el pasado, que tiene acceso extremadamente limitado al financiamiento (de hecho, hoy es inexistente) y que enfrenta enormes dificultades para sostener sus compromisos de manera permanente.</p><p>Por eso considero que uno de los debates econ&#243;micos m&#225;s importantes de los pr&#243;ximos a&#241;os no ser&#225; el precio del petr&#243;leo, las sanciones o la evoluci&#243;n de las licencias internacionales. Ser&#225; la viabilidad del propio Estado venezolano.</p><blockquote><p>Y es un debate inc&#243;modo porque obliga a reconocer algo que durante a&#241;os se ha evitado: no habr&#225; estabilidad macroecon&#243;mica sostenible sin una reforma profunda del sector p&#250;blico.</p></blockquote><h2>El origen del problema</h2><p>Durante d&#233;cadas Venezuela construy&#243; un aparato estatal bajo la premisa de que los ingresos petroleros ser&#237;an suficiente para financiarlo indefinidamente.</p><p>Mientras los ingresos crec&#237;an, el tama&#241;o del Estado dej&#243; de ser una preocupaci&#243;n. Se multiplicaron organismos, empresas p&#250;blicas, programas y estructuras administrativas. La eficiencia pas&#243; a un segundo plano porque el petr&#243;leo compensaba muchos errores.</p><p>Pero la Venezuela de hoy es otra.</p><p>Los ingresos petroleros son significativamente menores a los de los a&#241;os de bonanza. El acceso a los mercados financieros internacionales pr&#225;cticamente desapareci&#243;. La capacidad de endeudamiento es m&#237;nima. Y aun as&#237; seguimos operando con una estructura estatal que fue concebida para un contexto completamente distinto.</p><p>La consecuencia es evidente: una presi&#243;n permanente sobre las finanzas p&#250;blicas.</p><p>Y cuando las finanzas p&#250;blicas entran en tensi&#243;n, tarde o temprano terminan afectando la inflaci&#243;n y el mercado cambiario.</p><p>La experiencia venezolana de las &#250;ltimas dos d&#233;cadas es contundente. Cada vez que el Estado pierde capacidad para financiar sus gastos de manera sostenible, los desequilibrios terminan manifest&#225;ndose en inflaci&#243;n, depreciaci&#243;n de la moneda y p&#233;rdida de confianza.</p><p>Por eso la sostenibilidad fiscal no es una discusi&#243;n secundaria. Es uno de los pilares fundamentales de cualquier estrategia de estabilizaci&#243;n econ&#243;mica. Y m&#225;s cuando no hay financiamiento: todo el exceso de gasto se financia con expansi&#243;n monetaria impactando negativamente la inflaci&#243;n y el tipo de cambio. </p><h2>La reforma m&#225;s dif&#237;cil</h2><p>Reconocer el problema es relativamente sencillo. Resolverlo es mucho m&#225;s complejo.</p><p>Construir un Estado viable exige revisar su tama&#241;o, redefinir funciones, eliminar duplicidades y concentrar recursos en aquellas &#225;reas donde la presencia p&#250;blica es realmente indispensable.</p><p>Eso inevitablemente implica revisar la n&#243;mina p&#250;blica. Y aqu&#237; aparece una de las discusiones m&#225;s sensibles de todo el proceso. Millones de venezolanos dependen directa o indirectamente del empleo p&#250;blico. Reducir estructuras estatales sin generar mecanismos alternativos de inserci&#243;n laboral puede producir costos sociales significativos.</p><p>Sin embargo, tambi&#233;n es cierto que mantener estructuras que el pa&#237;s no puede financiar tiene consecuencias. De hecho, una de las grandes paradojas venezolanas es que la defensa de un aparato estatal sobredimensionado ha terminado deteriorando precisamente las condiciones de vida de quienes trabajan en &#233;l. La inflaci&#243;n ha pulverizado el poder adquisitivo de los salarios p&#250;blicos y la precariedad de los servicios estatales afecta diariamente a trabajadores y ciudadanos.</p><div class="pullquote"><p>En otras palabras, preservar el tama&#241;o del Estado no necesariamente protege a quienes dependen de &#233;l. En muchos casos ocurre exactamente lo contrario.</p></div><h2>El problema del financiamiento</h2><p>La situaci&#243;n se vuelve a&#250;n m&#225;s compleja cuando se observa el contexto financiero.</p><p>Muchos pa&#237;ses que emprendieron reformas estatales profundas pudieron apoyarse en organismos multilaterales, l&#237;neas de cr&#233;dito internacionales o programas especiales de financiamiento que permitieron absorber los costos iniciales de la transici&#243;n.</p><p>Venezuela no cuenta hoy con esa posibilidad. El acceso al financiamiento externo sigue siendo extremadamente limitado y las restricciones financieras son evidentes. Eso significa que el pa&#237;s enfrenta una situaci&#243;n particularmente dif&#237;cil: necesita transformar su estructura estatal precisamente cuando dispone de menos recursos para hacerlo.</p><p>La reforma requiere dinero para capacitaci&#243;n, reconversi&#243;n laboral, fortalecimiento institucional y protecci&#243;n social. Pero el Estado carece de los recursos que normalmente facilitan esos procesos. Es una de las principales razones por las cuales este desaf&#237;o resulta tan complejo.</p><h2>Las sanciones son un obst&#225;culo, pero no la explicaci&#243;n completa</h2><p>Cada vez que surge esta discusi&#243;n aparece un argumento recurrente: las sanciones hacen imposible avanzar en una reforma profunda del Estado.</p><p>Es cierto que las sanciones han reducido m&#225;rgenes de maniobra. Han limitado el acceso al financiamiento internacional, han encarecido operaciones y han dificultado la recuperaci&#243;n de sectores estrat&#233;gicos de la econom&#237;a. Negarlo ser&#237;a desconocer una realidad evidente.</p><p>Pero tambi&#233;n es cierto que las sanciones se han convertido en una explicaci&#243;n demasiado conveniente para evitar discutir problemas que exist&#237;an mucho antes de su implementaci&#243;n. La sobredimensi&#243;n del Estado venezolano no naci&#243; con las sanciones. Tampoco la dependencia extrema de la renta petrolera, la proliferaci&#243;n de organismos con funciones redundantes o la incapacidad para financiar de forma sostenible el gasto p&#250;blico. Todos esos problemas estaban presentes mucho antes.</p><p>Por eso me preocupa cuando el debate se limita a atribuir las dificultades exclusivamente a factores externos. Esa narrativa corre el riesgo de transformar un problema estructural interno en una explicaci&#243;n coyuntural.</p><p>La realidad es m&#225;s inc&#243;moda. Incluso si ma&#241;ana desaparecieran todas las sanciones, Venezuela seguir&#237;a necesitando una reforma profunda del Estado. Seguir&#237;a siendo necesario revisar el tama&#241;o de la administraci&#243;n p&#250;blica, redefinir competencias, racionalizar estructuras y construir un sector p&#250;blico compatible con los ingresos reales del pa&#237;s.</p><p>Lo que est&#225; en juego no es solamente un problema de recursos. Es un problema de voluntad pol&#237;tica, porque reducir el tama&#241;o del Estado tiene costos pol&#237;ticos inmediatos. Implica tomar decisiones impopulares, enfrentar resistencias internas y asumir conflictos que ning&#250;n gobierno desea administrar y m&#225;s frente a los retos pol&#237;ticos y electorales que se perfilan en el horizonte. </p><p>Es mucho m&#225;s sencillo atribuir la inviabilidad financiera exclusivamente a factores externos que reconocer que una parte importante del problema est&#225; dentro de casa. Las sanciones explican por qu&#233; la reforma es m&#225;s dif&#237;cil. Lo que no explican es por qu&#233; durante a&#241;os se ha evitado discutir seriamente su necesidad.</p><h2>Sin reforma del Estado no habr&#225; estabilidad duradera</h2><p>En Venezuela solemos buscar soluciones r&#225;pidas para problemas estructurales. Adem&#225;s, la gente aspira a que la soluci&#243;n llegue pronto dado que el deterioro lleva mucho tiempo. </p><p>Queremos estabilidad cambiaria, inflaci&#243;n baja y recuperaci&#243;n del ingreso. Pero con frecuencia evitamos discutir las condiciones necesarias para alcanzar esos objetivos. La reestructuraci&#243;n del Estado no resolver&#225; por s&#237; sola todos los problemas econ&#243;micos del pa&#237;s. No garantizar&#225; autom&#225;ticamente el crecimiento ni eliminar&#225; de inmediato las distorsiones acumuladas durante a&#241;os. Pero s&#237; constituye una condici&#243;n necesaria para construir estabilidad.</p><p>Un pa&#237;s no puede aspirar a una moneda estable si su sector p&#250;blico es fiscalmente insostenible. No puede controlar la inflaci&#243;n de forma permanente si el gasto termina superando sistem&#225;ticamente los ingresos. Tampoco puede generar confianza cuando los agentes econ&#243;micos perciben que los desequilibrios fiscales reaparecer&#225;n tarde o temprano.</p><div class="pullquote"><p>La verdadera prueba no ser&#225; anunciar la reforma. La verdadera prueba ser&#225; ejecutarla.</p></div><h2>Un desaf&#237;o que exige acuerdos, no decretos</h2><p>Hay un &#250;ltimo elemento que suele quedar fuera de la discusi&#243;n. La reforma del Estado probablemente constituye uno de los mayores desaf&#237;os que enfrenta Venezuela en las pr&#243;ximas d&#233;cadas. Y precisamente por esa raz&#243;n no puede convertirse en el proyecto de un gobierno, una administraci&#243;n o un grupo pol&#237;tico espec&#237;fico.</p><p>Necesita convertirse en un objetivo nacional. Las reformas estatales exitosas en el mundo han requerido consensos amplios, legitimidad social y acuerdos pol&#237;ticos duraderos. No se sostienen &#250;nicamente mediante decretos ni sobreviven a punta de imposiciones administrativas.</p><p>Venezuela necesitar&#225; construir consensos alrededor de esta transformaci&#243;n. Consensos entre distintos actores pol&#237;ticos. Consensos con el sector privado. Consensos con los trabajadores p&#250;blicos que inevitablemente ser&#225;n afectados por los cambios. Y consensos con una sociedad que ha aprendido a desconfiar de cualquier promesa de reforma.</p><p>Porque al final no estamos discutiendo simplemente cu&#225;ntos ministerios deben existir o cu&#225;ntos organismos deben fusionarse. Estamos discutiendo qu&#233; tipo de Estado puede sostener Venezuela durante las pr&#243;ximas d&#233;cadas.</p><p>La estabilidad cambiaria, el control de la inflaci&#243;n y la recuperaci&#243;n econ&#243;mica depender&#225;n en buena medida de esa respuesta. Y aunque las restricciones externas influyen, la decisi&#243;n fundamental sigue estando dentro del pa&#237;s.</p><p>La pregunta ya no es si Venezuela necesita reformar su Estado. La pregunta es si existe la voluntad pol&#237;tica para asumir el costo de hacerlo y la capacidad para construir los acuerdos que esa transformaci&#243;n exige. Ah&#237; se jugar&#225; una parte importante del futuro econ&#243;mico venezolano.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Más intervención, misma incertidumbre: el peso del mercado paralelo en Venezuela]]></title><description><![CDATA[Mientras millones de d&#243;lares entran a la banca, el mercado paralelo contin&#250;a definiendo expectativas, precios y comportamiento econ&#243;mico. Ignorarlo ha limitado el impacto de la pol&#237;tica cambiaria.]]></description><link>https://aroliveros.substack.com/p/mas-intervencion-misma-incertidumbre</link><guid isPermaLink="false">https://aroliveros.substack.com/p/mas-intervencion-misma-incertidumbre</guid><dc:creator><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></dc:creator><pubDate>Mon, 18 May 2026 12:31:42 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KTGZ!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3797b040-2326-43d0-9dc1-319c9aa1dc8c_1080x1080.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay algo profundamente contradictorio (y preocupante) en lo que ocurre hoy en el mercado cambiario en Venezuela: el gobierno ha inyectado cerca de US$ 4.000 millones al sistema financiero en lo que va de 2026 y, aun as&#237;, la brecha entre la tasa oficial y la paralela sigue siendo elevada. La inflaci&#243;n desacelera, s&#237;, pero mucho m&#225;s lento de lo que cabr&#237;a esperar con un volumen de intervenci&#243;n de esta magnitud.</p><p>En cualquier econom&#237;a convencional, un aumento tan fuerte de la oferta de divisas deber&#237;a traducirse en una reducci&#243;n m&#225;s visible de la brecha cambiaria y en una moderaci&#243;n m&#225;s r&#225;pida de las presiones inflacionarias. Pero Venezuela hace tiempo dej&#243; de responder a esquemas convencionales. Y precisamente all&#237; est&#225; el problema: la estrategia cambiaria sigue operando bajo una visi&#243;n incompleta de c&#243;mo funciona realmente la econom&#237;a venezolana. Adem&#225;s de una visi&#243;n no integral con la pol&#237;tica fiscal, pero de eso no vamos a hablar por los momentos. </p><p>La pol&#237;tica oficial ha descansado principalmente en vender d&#243;lares a trav&#233;s de la banca para contener presiones sobre la tasa oficial. El flujo ha aumentado de manera importante y eso es evidente en las cifras. Sin embargo, el comportamiento de la brecha revela que el problema no es &#250;nicamente de cantidad de divisas. Tambi&#233;n es un problema de dise&#241;o.</p><h2>El error de ignorar el mercado paralelo</h2><p>La econom&#237;a venezolana no se mueve exclusivamente dentro del circuito bancario formal. Una parte enorme de las transacciones cambiarias ocurre en el mercado paralelo, que tiene diferentes caras: menudeo callejero, aplicativos cripto, tasas de frontera, entre otros. All&#237; operan pymes, peque&#241;os comerciantes, trabajadores independientes, importadores, informales y ciudadanos comunes que necesitan comprar o vender divisas para proteger ingresos, reponer inventarios o simplemente transar en una econom&#237;a donde la confianza monetaria sigue siendo extremadamente d&#233;bil.</p><p><em>Ese mercado no es marginal ni transitorio. Es estructural.</em></p><p>Y all&#237; est&#225; una de las principales debilidades de la estrategia actual: el Estado ha intentado estabilizar el sistema cambiario actuando casi exclusivamente sobre el mercado formal, mientras deja relativamente intacto el espacio donde se forman buena parte de las expectativas econ&#243;micas de la poblaci&#243;n.</p><p>Porque en Venezuela el paralelo no es solo una tasa de referencia financiera. Es tambi&#233;n una referencia psicol&#243;gica. Influye en precios, estructuras de costos, m&#225;rgenes comerciales y decisiones de consumo. Incluso empresas que operan formalmente terminan observ&#225;ndolo porque saben que muchos de sus clientes y proveedores tambi&#233;n lo hacen. El mercado paralelo tiene un peso significativo en la formaci&#243;n de precios y las expectativas.</p><p>Por eso, cuando el paralelo sube, el impacto econ&#243;mico va mucho m&#225;s all&#225; del tama&#241;o real del movimiento. Lo que cambia no es solamente el precio del d&#243;lar; cambia la percepci&#243;n de estabilidad.</p><p><em>Y en econom&#237;as fr&#225;giles, las expectativas importan tanto como los flujos.</em></p><h2>Reducir la brecha no es un tema financiero, es un tema econ&#243;mico</h2><p>A veces se habla de la brecha cambiaria como si fuera un asunto exclusivamente t&#233;cnico o propio del sistema financiero. No lo es. La reducci&#243;n de la brecha tiene efectos directos sobre el funcionamiento cotidiano de la econom&#237;a.</p><p>Una brecha m&#225;s peque&#241;a ayuda a estabilizar expectativas y reduce la incertidumbre con la que operan empresas y consumidores. Cuando las tasas comienzan a converger, las compa&#241;&#237;as pueden planificar mejor precios, inventarios y estrategias comerciales. Disminuye la necesidad de coberturas defensivas y se reduce parte de la presi&#243;n especulativa sobre bienes y servicios.</p><p>Tambi&#233;n mejora la formaci&#243;n de precios. En econom&#237;as con brechas elevadas, muchas empresas terminan utilizando referencias cambiarias distintas dependiendo del tipo de operaci&#243;n, del acceso a divisas o del riesgo percibido. Eso distorsiona costos, dificulta la competencia y genera comportamientos preventivos que terminan alimentando inflaci&#243;n. La brecha cambiaria es el factor de mayor distorsi&#243;n de los precios en Venezuela, especialmente en d&#243;lares. En 2024, cuando buena parte del a&#241;o, hubo una brecha baja y estable, los precios en d&#243;lares subieron a una tasa anual de 8 %. En abril de 2026, la tasa anual de la inflaci&#243;n medida en d&#243;lares es de 35 %. Aunque no es el &#250;nico factor, la ampliaci&#243;n de la brecha ha jugado un rol fundamental. </p><p>Adem&#225;s, una menor brecha reduce incentivos al arbitraje y a actividades improductivas asociadas a las diferencias entre mercados. En lugar de concentrarse en mecanismos financieros defensivos, las empresas pueden enfocarse m&#225;s en productividad, expansi&#243;n comercial e inversi&#243;n.</p><p>Y hay otro elemento importante: la reducci&#243;n de la brecha mejora la percepci&#243;n de estabilidad general de la econom&#237;a. En Venezuela, donde la memoria inflacionaria sigue muy viva, la gente observa el mercado cambiario como un term&#243;metro emocional. Cuando la distancia entre tasas baja de forma sostenida, tambi&#233;n se modera parte de la ansiedad econ&#243;mica que condiciona decisiones de consumo, ahorro y fijaci&#243;n de precios.</p><div class="callout-block" data-callout="true"><p>Por eso estabilizar el mercado cambiario no es simplemente &#8220;ordenar el d&#243;lar&#8221;. Es crear mejores condiciones para que la econom&#237;a funcione con menos distorsiones y menor volatilidad.</p></div><h2>M&#225;s d&#243;lares no garantizan estabilidad</h2><p>Aqu&#237; es donde la estrategia comienza a mostrar sus l&#237;mites. Porque no basta con vender m&#225;s divisas si esas divisas no logran influir sobre el mercado que realmente moldea expectativas. El resultado es el que vemos hoy: intervenciones r&#233;cord coexistiendo con una brecha todav&#237;a inc&#243;moda y una inflaci&#243;n que sigue desacelerando con demasiada lentitud.</p><p>Adem&#225;s, este esquema tiene costos importantes. Mantener niveles elevados de intervenci&#243;n consume recursos valiosos en una econom&#237;a donde el frente fiscal sigue siendo vulnerable y donde todav&#237;a existen problemas importantes en el mecanismo de formaci&#243;n de la tasa de cambio.</p><p>Durante a&#241;os se construy&#243; la idea de que el mercado paralelo era poco menos que una anomal&#237;a especulativa, adem&#225;s de ilegal. Pero la realidad termin&#243; imponi&#233;ndose: ese mercado se convirti&#243; en un mecanismo funcional para amplios sectores de la econom&#237;a que no encuentran suficiente profundidad, acceso o agilidad en el circuito formal.</p><p>Ignorarlo no lo hace desaparecer.</p><div class="callout-block" data-callout="true"><p>Los mercados paralelos no se reducen mediante discursos ni controles. Se reducen cuando pierden relevancia econ&#243;mica. Y eso solo ocurre cuando el mercado oficial logra ofrecer suficiente profundidad, transparencia, acceso y capacidad de arbitraje.</p></div><h2>La discusi&#243;n que el gobierno evita</h2><p>Por eso creo que el gobierno necesita revisar un aspecto central de su estrategia: la ausencia de una acci&#243;n m&#225;s directa sobre el mercado paralelo.</p><p>S&#233; que este tema genera resistencias pol&#237;ticas e ideol&#243;gicas. Pero la econom&#237;a no funciona sobre consignas. Funciona sobre incentivos, acceso y confianza. Si una parte importante de la poblaci&#243;n y de las empresas utiliza el paralelo para transar divisas, cualquier estrategia seria de estabilizaci&#243;n tiene que incorporar esa realidad en lugar de actuar como si no existiera.</p><p>Eso no implica desmontar el mercado oficial ni legitimar el desorden cambiario. Implica reconocer d&#243;nde se est&#225;n formando realmente las expectativas que luego terminan impactando precios e inflaci&#243;n.</p><p>La brecha cambiaria no es solamente un problema financiero. Tambi&#233;n es un problema de confianza. Y mientras esa distancia siga elevada, la econom&#237;a continuar&#225; operando bajo incertidumbre: empresas m&#225;s cautelosas, consumidores m&#225;s defensivos y una inflaci&#243;n que encuentra mecanismos para resistirse a bajar.</p><p>Por eso he insistido en distintas entrevistas recientes en algo que considero clave: la estabilizaci&#243;n cambiaria no puede medirse &#250;nicamente por cu&#225;ntos d&#243;lares vende el Estado. El verdadero indicador es si esas intervenciones logran modificar expectativas y reducir de forma sostenible la brecha.</p><p>Y hoy, claramente, eso todav&#237;a no est&#225; ocurriendo.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Hoy vs Mañana]]></title><description><![CDATA[Venezuela: corto plazo versus mediano plazo&#8230; Al ritmo de Bad Bunny]]></description><link>https://aroliveros.substack.com/p/hoy-vs-manana</link><guid isPermaLink="false">https://aroliveros.substack.com/p/hoy-vs-manana</guid><dc:creator><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></dc:creator><pubDate>Thu, 30 Apr 2026 18:11:23 GMT</pubDate><enclosure url="https://api.substack.com/feed/podcast/196029947/72b12f8c138a4bfae783246f515e24de.mp3" length="0" type="audio/mpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Venezuela: corto plazo versus mediano plazo&#8230; Al ritmo de Bad Bunny</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Primero la inflación: la secuencia que Venezuela no puede volver a ignorar]]></title><description><![CDATA[La secuencia importa: anclar la inflaci&#243;n, reducir la brecha cambiaria y luego reconstruir el poder adquisitivo en un contexto de mayores ingresos externos.]]></description><link>https://aroliveros.substack.com/p/primero-la-inflacion-la-secuencia</link><guid isPermaLink="false">https://aroliveros.substack.com/p/primero-la-inflacion-la-secuencia</guid><dc:creator><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></dc:creator><pubDate>Mon, 13 Apr 2026 15:19:15 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KTGZ!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3797b040-2326-43d0-9dc1-319c9aa1dc8c_1080x1080.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>La econom&#237;a venezolana hoy vive una paradoja inc&#243;moda: hay m&#225;s actividad que hace unos a&#241;os, pero cada d&#237;a somos m&#225;s pobres en t&#233;rminos reales. Crecer sin estabilidad de precios no es progreso; es apenas una ilusi&#243;n que se desvanece en la caja registradora o en el d&#237;a a d&#237;a de los ciudadanos.</p><p>El dato es contundente. Venezuela cerr&#243; 2025 con una inflaci&#243;n cercana a 500%, en el umbral de la hiperinflaci&#243;n. Y lejos de corregirse con claridad, en 2026 la din&#225;mica sigue siendo agresiva: marzo termin&#243; con un inflaci&#243;n anual en bol&#237;vares de 650% y en d&#243;lares de 36%. Al mismo tiempo, el pa&#237;s se mueve en un contexto petrolero m&#225;s favorable que abre una ventana de ingresos extraordinarios. Es decir, conviven deterioro interno y oportunidad externa.</p><p>Aqu&#237; no hay espacio para matices: la prioridad n&#250;mero uno de los pr&#243;ximos meses debe ser bajar la inflaci&#243;n. No es un tema t&#233;cnico ni un debate acad&#233;mico. Es la condici&#243;n m&#237;nima para que cualquier otra variable econ&#243;mica como inversi&#243;n, consumo y cr&#233;dito tenga sentido.</p><p>Porque la inflaci&#243;n en Venezuela no es solo un fen&#243;meno monetario. Es una combinaci&#243;n de expectativas desancladas, debilidad institucional y, sobre todo, un problema cambiario profundo. Cuando el tipo de cambio pierde referencia, los precios dejan de responder a costos y empiezan a responder al miedo y las expectativas. Es un escenario de &#8220;s&#225;lvese quien pueda&#8221;. La expresi&#243;n de todo eso es la depreciaci&#243;n del tipo de cambio y la evoluci&#243;n de la brecha cambiaria. </p><p>Cuando empresas y comercios anticipan que el bol&#237;var seguir&#225; perdiendo valor, ajustan precios incluso antes de que ocurra el movimiento. Es una l&#243;gica defensiva, racional en un entorno inestable, pero con un efecto agregado claro: inflaci&#243;n persistente y destrucci&#243;n del poder adquisitivo. </p><p><strong>Ah&#237; entra el segundo frente cr&#237;tico: la brecha cambiaria.</strong></p><p>La diferencia entre el tipo de cambio oficial y el paralelo no es un detalle t&#233;cnico. Es uno de los principales generadores de distorsi&#243;n en toda la econom&#237;a. Cuando esa brecha se ampl&#237;a, lo que tenemos no es un mercado, sino m&#250;ltiples referencias de valor compitiendo entre s&#237;.</p><p>Y eso rompe todo: rompe la formaci&#243;n de precios, rompe la contabilidad empresarial y rompe la confianza. Adem&#225;s, introduce incentivos perversos: arbitraje, decisiones financieras que sustituyen decisiones productivas y una econom&#237;a cada vez m&#225;s opaca.</p><div class="pullquote"><p>Reducir la inflaci&#243;n sin cerrar la brecha cambiaria es, simplemente, inviable. Son dos variables que se retroalimentan. Si el mercado no cree en la tasa oficial, los precios se seguir&#225;n fijando con otra referencia.</p></div><p>Ahora bien, <strong>hay un tercer elemento que suele dominar el discurso p&#250;blico, pero que rara vez se aborda con la secuencia correcta: la recuperaci&#243;n del poder adquisitivo.</strong></p><p>Aqu&#237; conviene ser directo. El ingreso real no se recupera por decreto. No se logra aumentando salarios nominales en un entorno inflacionario. De hecho, hacerlo sin anclas macroecon&#243;micas tiende a empeorar el problema.</p><p>La secuencia correcta es otra y no es negociable:</p><ul><li><p>Primero, estabilizar precios.</p></li><li><p>Luego, reducir la brecha cambiaria.</p></li><li><p>Finalmente, recuperar el ingreso real.</p></li></ul><p>Invertir ese orden es repetir errores que ya han tenido costos demasiado altos.</p><p>Por &#250;ltimo, hay una dimensi&#243;n adicional que no podemos ignorar: <strong>la estabilidad econ&#243;mica tambi&#233;n es estabilidad pol&#237;tica.</strong></p><p>Una econom&#237;a donde los precios suben de forma descontrolada, donde el tipo de cambio no tiene referencia clara y donde el ingreso pierde valor semana a semana, es una econom&#237;a que acumula tensiones. La gente no protesta por teor&#237;as econ&#243;micas; protesta porque no le alcanza.</p><p>Y cuando eso se vuelve persistente, lo que se erosiona no es solo el consumo: es la confianza. Por eso, bajar la inflaci&#243;n, reducir la brecha cambiaria y recuperar el poder adquisitivo no es solo una agenda econ&#243;mica. Es una condici&#243;n necesaria para evitar que la situaci&#243;n pol&#237;tica se desborde. </p><p><strong>En el mediano plazo, sin embargo, hay una discusi&#243;n m&#225;s estructural que Venezuela no puede seguir postergando: la construcci&#243;n de instituciones democr&#225;ticas s&#243;lidas. </strong>No se trata de un tema abstracto ni normativo. La evidencia comparada es clara: el crecimiento sostenible no depende solo de ingresos, ni siquiera de ciclos favorables como el petrolero, sino de reglas de juego estables, Estado de derecho y mecanismos de rendici&#243;n de cuentas. Las econom&#237;as que logran sostener el crecimiento en el tiempo son aquellas donde las instituciones garantizan derechos, limitan arbitrariedades y generan confianza para invertir y producir. En el caso venezolano, eso implica avanzar hacia un entorno donde las decisiones econ&#243;micas no dependan de discrecionalidad, sino de normas claras y previsibles. Sin ese anclaje institucional, cualquier mejora (por significativa que sea) ser&#225; transitoria. </p><p><strong>Hay una oportunidad que no se puede ignorar.</strong></p><p>El contexto petrolero luce m&#225;s favorable y abre espacio para ingresos extraordinarios que podr&#237;an ubicarse entre US$10.000 y US$14.000 millones adicionales en el corto plazo. Esto no es menor: bien gestionados, estos recursos pueden traducirse en mayor oferta de divisas, menor presi&#243;n cambiaria y una reducci&#243;n sostenida de la inflaci&#243;n.</p><p>Pero este punto est&#225; directamente vinculado al marco geopol&#237;tico, particularmente al enfoque que ha venido delineando la administraci&#243;n de Donald Trump hacia Venezuela. Ese enfoque, m&#225;s all&#225; de matices, puede entenderse por fases, tal como la propia administraci&#243;n Trump lo ha se&#241;alado. </p><p>Esta primera fase de estabilizaci&#243;n muestra una flexibilizaci&#243;n condicionada: </p><p>Licencias, aperturas parciales y mecanismos controlados que permiten recuperaci&#243;n del flujo petrolero. Aqu&#237; comienza a verse la recuperaci&#243;n de ingresos y una mayor actividad econ&#243;mica, aunque con distorsiones persistentes.</p><p>Un esquema donde el foco no es solo la presi&#243;n, sino la administraci&#243;n de flujos: permitir cierta normalizaci&#243;n operativa bajo condiciones espec&#237;ficas, incluyendo mecanismos de supervisi&#243;n sobre los ingresos.</p><p>En este punto si Venezuela logra canalizar esos mayores ingresos petroleros dentro de un esquema ordenado, con disciplina fiscal, reglas claras y fortalecimiento de reservas, entonces s&#237; pueden convertirse en un ancla para estabilizar la econom&#237;a.</p><p>Pero si esos recursos entran en un sistema desordenado, sin credibilidad y con incentivos distorsionados, el resultado ser&#225; el de siempre: m&#225;s presi&#243;n cambiaria, m&#225;s inflaci&#243;n y, en consecuencia, m&#225;s deterioro del ingreso. Venezuela ya ha vivido ese ciclo.</p><p>Por eso, la discusi&#243;n de fondo no es si vienen m&#225;s ingresos. Es qu&#233; se hace con ellos dentro de este nuevo contexto internacional. Si se aprovecha esta ventana (alineando pol&#237;tica econ&#243;mica con ese nuevo entorno externo) el impacto puede ser decisivo: menor inflaci&#243;n, reducci&#243;n de la brecha cambiaria y condiciones reales para recuperar el poder adquisitivo.</p><p>Porque al final, la evidencia es clara: sin estabilidad, el crecimiento no se siente. Y sin estabilidad econ&#243;mica e instituciones cre&#237;bles, la estabilidad pol&#237;tica tampoco est&#225; garantizada.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El comercio aguarda su turno...]]></title><description><![CDATA[La reactivaci&#243;n del sector comercial y de servicios no ser&#225; inmediata pero vendr&#225; en el mediano plazo y toca prepararse.]]></description><link>https://aroliveros.substack.com/p/el-comercio-aguarda-su-turno</link><guid isPermaLink="false">https://aroliveros.substack.com/p/el-comercio-aguarda-su-turno</guid><dc:creator><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></dc:creator><pubDate>Thu, 09 Apr 2026 18:11:11 GMT</pubDate><enclosure url="https://api.substack.com/feed/podcast/193716964/854c749bcfeb908d373803a0eb89cc0e.mp3" length="0" type="audio/mpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>La reactivaci&#243;n del sector comercial y de servicios no ser&#225; inmediata pero vendr&#225; en el mediano plazo y toca prepararse. </p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La economía de las "olas": Cómo leer la recuperación desigual en Venezuela]]></title><description><![CDATA[Hay algo que no termina de cuadrar en la percepci&#243;n de la Venezuela de hoy: seguimos siendo una econom&#237;a fr&#225;gil y con desequilibrios estructurales importantes, pero, al mismo tiempo, empiezan a aparecer se&#241;ales claras de reactivaci&#243;n en varios sectores.]]></description><link>https://aroliveros.substack.com/p/la-economia-de-las-olas-como-leer</link><guid isPermaLink="false">https://aroliveros.substack.com/p/la-economia-de-las-olas-como-leer</guid><dc:creator><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></dc:creator><pubDate>Wed, 25 Mar 2026 20:53:21 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KTGZ!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3797b040-2326-43d0-9dc1-319c9aa1dc8c_1080x1080.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay algo que no termina de cuadrar en la percepci&#243;n de la Venezuela de hoy: seguimos siendo una econom&#237;a fr&#225;gil y con desequilibrios estructurales importantes, pero, al mismo tiempo, empiezan a aparecer se&#241;ales claras de reactivaci&#243;n en varios sectores.<br>No es un rebote generalizado. Tampoco es un espejismo. Es algo mucho m&#225;s inc&#243;modo de leer y gestionar: una recuperaci&#243;n que ser&#225; desigual.<br>Y eso importa decirlo as&#237;, sin adornos.</p><p><br>Cerramos el 2025 con una inflaci&#243;n en bol&#237;vares cercana al 500% y m&#225;s de 35% en d&#243;lares. Venezuela est&#225; a las puertas de un nuevo ciclo hiperinflacionario. Sin embargo, adentr&#225;ndonos en 2026, y tras los eventos del 03 de enero, la trayectoria para la econom&#237;a es totalmente diferente: se espera que la inflaci&#243;n se desacelere, que la econom&#237;a crezca, un mayor flujo de caja en &#225;reas puntuales y, sobre todo, un cambio en las expectativas. Despu&#233;s de los eventos de principios de enero, el mercado reorden&#243; sus prioridades.<br>Y cuando eso pasa en Venezuela, la econom&#237;a no se mueve en bloque. Se mueve por "olas".</p><p><br><strong>La anatom&#237;a de las olas econ&#243;micas</strong><br></p><p>Entender en qu&#233; ola surfea tu negocio es fundamental para la planificaci&#243;n de este a&#241;o:</p><ul><li><p>La primera ola (La que arrastra): Ya est&#225; ocurriendo y es evidente. Hablamos de hidrocarburos, energ&#237;a y todo su ecosistema. No solo por el potencial de mayores ingresos para el pa&#237;s frente a 2025, sino por su efecto multiplicador inmediato sobre la log&#237;stica, los servicios industriales y ciertas &#225;reas de construcci&#243;n ligadas a dichos sectores.</p></li><li><p>La segunda ola (La silenciosa): Servicios empresariales e inmobiliarios, e incluso espacios vinculados a las contrataciones o servicios p&#250;blicos. Son sectores que reaccionan cuando hay un m&#237;nimo de previsibilidad. No necesitan certezas absolutas, solo un entorno ligeramente menos ca&#243;tico que el a&#241;o anterior.</p></li><li><p>La tercera ola (La recomposici&#243;n): El comercio y el retail. Aqu&#237; la narrativa exige cautela. No estamos viendo el "boom" de consumo de hace unos a&#241;os ni hay impulsos artificiales. Lo que hay es una recomposici&#243;n lenta, segmentada y con un cliente much&#237;simo m&#225;s exigente respecto a la propuesta de valor. Pero en el mediano plazo (3-4 a&#241;os) Venezuela se prepara para duplicar su PIB per c&#225;pita y all&#237; afloran las oportunidades.</p></li><li><p>Las olas tard&#237;as: Construcci&#243;n (residencial/comercial) y manufactura tradicional. Su potencial est&#225; intacto, pero dependen de un ox&#237;geno que sigue siendo escaso: cr&#233;dito bancario, financiamiento a largo plazo y reglas del juego que se sostengan en el tiempo.</p></li><li><p>La ola condicionada: Turismo y servicios locales. Tienen oportunidades, pero su techo lo marcan la infraestructura, la conectividad y el gran cuello de botella nacional: la institucionalidad.</p><p><br><strong>El impacto sectorial: &#191;D&#243;nde est&#225;n las oportunidades?</strong></p><p><br>Quedarse en la descripci&#243;n macro es insuficiente. Lo relevante para las empresas es qu&#233; implica esto en la din&#225;mica sectorial:</p><p><br>1. Hidrocarburos y energ&#237;a: La oportunidad no es autom&#225;tica. El verdadero reto no es solo bombear m&#225;s, sino gestionar los encadenamientos (transporte, mantenimiento, proveedores locales). Hay riesgo de cuellos de botella si no hay coordinaci&#243;n operativa. Un tema critico: electricidad. <br>2. Log&#237;stica: Es el gran ganador silencioso. El desaf&#237;o es escalar sin colapsar. Quien invierta hoy en tecnolog&#237;a y eficiencia de almacenamiento/transporte, capturar&#225; un valor inmenso.<br>3. Comercio y Retail: El consumidor cambi&#243;: es hiper-racional, sensible al precio y no perdona fallas en el servicio. Gana quien entienda los datos de su cliente, no quien simplemente inaugure m&#225;s metros cuadrados. La gran oportunidad: la di&#225;spora y el mercado de los &#8220;pobres&#8221;. <br>4. Alimentos y Agroindustria: La presi&#243;n de costos sigue alta, pero hay espacio para sustituir importaciones y atender una demanda base inel&#225;stica. El margen de ganancia ya no est&#225; en subir precios, sino en la eficiencia y la escala.<br>5. Salud y sector farmac&#233;utico: La demanda existe, pero choca con la barrera de la capacidad de pago y la falta de financiamiento. La ejecuci&#243;n comercial aqu&#237; es m&#225;s compleja de lo que parece. La diferenciaci&#243;n y experiencia de compra factores relevantes en el sector.<br>6. Tecnolog&#237;a y servicios B2B: Tienen una oportunidad de oro transversal: ayudar a que las otras empresas "surfeen" sus respectivas olas de manera eficiente (medios de pago, software log&#237;stico, optimizaci&#243;n).</p><p></p><p><br><strong>El reto puertas adentro: El timing como ventaja competitiva</strong></p><p><br>Hasta aqu&#237;, la radiograf&#237;a. Pero el punto cr&#237;tico (y donde muchas juntas directivas pueden equivocarse en 2026) est&#225; en la ejecuci&#243;n interna: operar en una econom&#237;a que se reactiva por ventanas de oportunidad exige entender que tu negocio no va a crecer en l&#237;nea recta. Y en Venezuela, esas ventanas se abren y se cierran r&#225;pido.<br>Durante a&#241;os, el manual corporativo venezolano fue de supervivencia: cuidar la caja, rotar inventario r&#225;pido y cubrirse de la devaluaci&#243;n. Esa disciplina sigue siendo v&#225;lida, pero ya no alcanza. Ahora, el mandato es crecer. Y crecer hoy implica moverse con agilidad y tomar riesgos medidos.</p><p><br>He visto empresas con excelentes capacidades quedarse atr&#225;s simplemente porque reaccionaron tarde. No porque el mercado no existiera, sino porque su estructura interna era muy pesada. En la Venezuela actual, no siempre gana el m&#225;s grande, sino el que ejecuta m&#225;s r&#225;pido.<br>Esto nos lleva a una tensi&#243;n inevitable: Caja vs. Mercado.<br>En 2025, la prioridad era sobrevivir y proteger la liquidez. A partir de 2026, sin abandonar la prudencia financiera, hay que salir a capturar mercado. Eso implica invertir en diferenciaci&#243;n, marketing y talento. Ya la competencia no es por ver qui&#233;n sobrevive, sino por ver qui&#233;n destaca.</p><div class="pullquote"><p><br>Hablar de "sectores ganadores" es un an&#225;lisis simplista. No hay victorias autom&#225;ticas. Hay sectores que entran antes al ciclo y empresas que entienden su momento, frente a otras que siguen operando como si estuvi&#233;ramos en 2019 o peor, en 2012.<br>Al final del d&#237;a, la pregunta que debes hacerte en tu comit&#233; de direcci&#243;n no es si la econom&#237;a se est&#225; recuperando o no. La pregunta verdaderamente inc&#243;moda es esta:<br>&#191;Est&#225; tu empresa preparada para cuando le toque su ola?<br>Porque hoy en Venezuela, el mayor riesgo para los negocios ya no es solo la crisis. Es no saber qu&#233; hacer cuando el entorno, aunque sea por un momento, empieza a mejorar. <br></p></div></li></ul><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://aroliveros.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">&#161;Gracias por leer Asdr&#250;bal R. Oliveros P. ! Suscr&#237;bete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Energía escasa, proyectos más largos… y una ventana para Venezuela]]></title><description><![CDATA[El mundo necesita m&#225;s energ&#237;a, pero producirla se est&#225; volviendo cada vez m&#225;s lento y costoso.]]></description><link>https://aroliveros.substack.com/p/energia-escasa-proyectos-mas-largos</link><guid isPermaLink="false">https://aroliveros.substack.com/p/energia-escasa-proyectos-mas-largos</guid><dc:creator><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></dc:creator><pubDate>Tue, 10 Mar 2026 14:52:17 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KTGZ!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3797b040-2326-43d0-9dc1-319c9aa1dc8c_1080x1080.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>En los &#250;ltimos meses, el repunte de las tensiones en Oriente Medio ha vuelto a recordarle al mundo algo que con frecuencia se olvida en el debate energ&#233;tico: la seguridad de suministro sigue siendo un tema central para la econom&#237;a global. Cuando los conflictos geopol&#237;ticos presionan al alza los precios del petr&#243;leo, los pa&#237;ses consumidores reaccionan buscando nuevas fuentes de abastecimiento. Sin embargo, la realidad de la industria energ&#233;tica hoy es mucho m&#225;s compleja que hace algunas d&#233;cadas.</p><p>Un informe reciente del <em>Global Energy Monitor</em> ofrece un dato revelador: el tiempo promedio que tarda un nuevo proyecto de petr&#243;leo o gas en entrar en operaci&#243;n ha aumentado de forma dram&#225;tica. Mientras entre 1960 y 1980 el desarrollo de nuevos yacimientos tomaba en promedio unos 4,9 a&#241;os, en 2025 ese plazo se ha extendido hasta cerca de 15 a&#241;os.</p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://aroliveros.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">&#161;Gracias por leer Asdr&#250;bal R. Oliveros P. ! Suscr&#237;bete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p>La explicaci&#243;n es relativamente sencilla: los proyectos f&#225;ciles ya se desarrollaron.</p><p>Durante gran parte del siglo XX, la industria petrolera explot&#243; yacimientos relativamente accesibles, con menores exigencias tecnol&#243;gicas y operativas. Hoy, en cambio, buena parte de los nuevos recursos se encuentran en zonas mucho m&#225;s complejas: aguas profundas, reservorios de alta presi&#243;n o campos con composiciones qu&#237;micas m&#225;s agresivas.</p><p>Esto eleva tanto el costo como el tiempo de desarrollo.</p><p>Scott Zimmerman, gerente de proyectos de Global Energy Monitor y autor del informe, lo resume de manera directa: la complejidad de los yacimientos convencionales est&#225; aumentando porque los proyectos m&#225;s sencillos ya fueron explotados. En consecuencia, los nuevos desarrollos implican mayores riesgos t&#233;cnicos, financieros y regulatorios.</p><p>La propia Agencia Internacional de la Energ&#237;a (AIE) ha advertido que la producci&#243;n de petr&#243;leo y gas ha enfrentado una ca&#237;da acelerada en varios mercados, en parte por la creciente dependencia de recursos como el <em>shale</em> o los desarrollos offshore profundos. Mantener la producci&#243;n global estable exige incorporar nuevos proyectos, pero estos requieren m&#225;s capital, m&#225;s tecnolog&#237;a y, sobre todo, m&#225;s tiempo.</p><p>Hoy no es extra&#241;o que el desarrollo de un yacimiento se extienda por m&#225;s de una d&#233;cada.</p><p>En muchos casos, adem&#225;s, los retrasos no responden solo a factores geol&#243;gicos o tecnol&#243;gicos. Las exigencias regulatorias y ambientales tambi&#233;n juegan un papel creciente. Evaluaciones de impacto ambiental m&#225;s estrictas, procesos de licenciamiento m&#225;s complejos y est&#225;ndares de seguridad m&#225;s exigentes han alargado los cronogramas de inversi&#243;n.</p><p>El caso del campo Rosebank, en el Mar del Norte, es ilustrativo. Descubierto en 2004, la decisi&#243;n final de inversi&#243;n no lleg&#243; sino hasta 2023, despu&#233;s de casi dos d&#233;cadas de evaluaciones t&#233;cnicas, regulatorias y ambientales.</p><p>En Rusia, algunos proyectos han enfrentado plazos a&#250;n m&#225;s largos. El campo de petr&#243;leo y gas de Chayandinskoye tard&#243; m&#225;s de 30 a&#241;os entre su descubrimiento y su entrada en operaci&#243;n. Y hacia adelante, el desaf&#237;o podr&#237;a ser mayor: Mosc&#250; estima que para 2030 cerca del 80% de su producci&#243;n provendr&#225; de reservas dif&#237;ciles de recuperar, lo que implica mayores requerimientos tecnol&#243;gicos y financieros, agravados adem&#225;s por las sanciones que han limitado el acceso a tecnolog&#237;a occidental.</p><p>En otras palabras, el mundo necesita m&#225;s energ&#237;a&#8230; pero producirla se est&#225; volviendo cada vez m&#225;s lento y costoso.</p><p>Y all&#237; aparece una dimensi&#243;n estrat&#233;gica que a menudo se subestima cuando se analiza el caso venezolano.</p><p>En un contexto donde desarrollar nuevos proyectos puede tomar entre 10 y 15 a&#241;os, o incluso m&#225;s, la existencia de reservas ya descubiertas, con infraestructura parcialmente instalada y experiencia operativa acumulada, adquiere un valor geopol&#237;tico mucho mayor.</p><p>Venezuela posee precisamente esa combinaci&#243;n.</p><p>El pa&#237;s cuenta con algunas de las mayores reservas de petr&#243;leo del mundo, con amplias &#225;reas a&#250;n subdesarrolladas, particularmente en la Faja del Orinoco y en campos de gas costa afuera. Adem&#225;s, buena parte de estos recursos ya han sido identificados y parcialmente evaluados, lo que reduce significativamente los tiempos de exploraci&#243;n frente a nuevos descubrimientos en otras regiones del planeta.</p><p>Para Estados Unidos, que en los &#250;ltimos a&#241;os ha buscado diversificar su seguridad energ&#233;tica frente a la volatilidad geopol&#237;tica global, este factor no es menor.</p><p>La l&#243;gica energ&#233;tica suele ser m&#225;s pragm&#225;tica que ideol&#243;gica.</p><p>Si el desarrollo de nuevos yacimientos en otras regiones puede tomar m&#225;s de una d&#233;cada y requerir inversiones extraordinarias en infraestructura, la reactivaci&#243;n de capacidades productivas en pa&#237;ses con reservas probadas y cercan&#237;a geogr&#225;fica se convierte en una alternativa mucho m&#225;s atractiva desde el punto de vista estrat&#233;gico.</p><p>Venezuela podr&#237;a encajar perfectamente en esa ecuaci&#243;n.</p><p>No se trata solo de petr&#243;leo. El potencial gas&#237;fero del pa&#237;s, particularmente en proyectos costa afuera, podr&#237;a jugar un papel relevante en un mercado global donde el gas natural est&#225; adquiriendo cada vez mayor importancia como combustible de transici&#243;n en la descarbonizaci&#243;n energ&#233;tica.</p><p>Por supuesto, convertir esa oportunidad en realidad exige resolver desaf&#237;os conocidos: reglas de juego claras, marcos regulatorios competitivos, capacidad de inversi&#243;n y reconstrucci&#243;n institucional en el sector energ&#233;tico.</p><p>Pero el contexto internacional est&#225; cambiando.</p><p>En un mundo donde los nuevos proyectos energ&#233;ticos tardan cada vez m&#225;s en materializarse, los pa&#237;ses que ya tienen reservas probadas y capacidad de reactivaci&#243;n r&#225;pida adquieren una ventaja estrat&#233;gica considerable.</p><p>La pregunta, en el caso venezolano, no es si existe el potencial.</p><p>La verdadera pregunta es si el pa&#237;s sabr&#225; aprovechar esta ventana.</p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://aroliveros.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">&#161;Gracias por leer Asdr&#250;bal R. Oliveros P. ! Suscr&#237;bete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Brecha cambiaria y estrategia empresarial: cuando cambia el eje del negocio]]></title><description><![CDATA[La reducci&#243;n gradual de la brecha cambiaria puede desplazar el eje de la estrategia empresarial. Entender y anticipar esa transici&#243;n ser&#225; clave para proteger m&#225;rgenes y capturar oportunidades.]]></description><link>https://aroliveros.substack.com/p/brecha-cambiaria-y-estrategia-empresarial</link><guid isPermaLink="false">https://aroliveros.substack.com/p/brecha-cambiaria-y-estrategia-empresarial</guid><dc:creator><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></dc:creator><pubDate>Mon, 02 Mar 2026 15:34:10 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KTGZ!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3797b040-2326-43d0-9dc1-319c9aa1dc8c_1080x1080.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Desde mediados de 2024, la brecha cambiaria ha sido el verdadero eje alrededor del cual se ha organizado la estrategia empresarial en Venezuela. M&#225;s que una variable macroecon&#243;mica, ha sido una condici&#243;n operativa cotidiana: la que define cu&#225;nto vale realmente vender, cu&#225;nto cuesta reponer, cu&#225;ndo conviene comprar y hasta cu&#225;nto riesgo puede asumir una empresa sin descapitalizarse.</p><p>En ese contexto, no es exagerado decir que el mayor desaf&#237;o financiero para una empresa en el pa&#237;s ha sido (y sigue siendo) la brecha. Porque en econom&#237;as con distorsiones cambiarias persistentes, la rentabilidad no depende solo de la eficiencia o de la demanda, sino de la capacidad de navegar ese diferencial sin que el capital de trabajo se diluya en el proceso.</p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://aroliveros.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">&#161;Gracias por leer Asdr&#250;bal R. Oliveros P. ! Suscr&#237;bete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p>Lo interesante es que ese eje, que durante tanto tiempo domin&#243; la l&#243;gica empresarial, comienza a moverse. El comportamiento reciente del mercado petrolero, junto con los ajustes en el r&#233;gimen de subastas de divisas, apunta a una reducci&#243;n gradual de la brecha a lo largo del a&#241;o. No se trata de una convergencia inmediata ni de un cambio estructural definitivo, pero s&#237; de una trayectoria distinta: una en la que el diferencial podr&#237;a ubicarse por debajo de 10 % hacia el cierre de 2026 si se sostienen los flujos externos y la operatividad cambiaria. Con lo cual, es un escenario que hay que contemplar.</p><p>Ese desplazamiento, aunque parezca t&#233;cnico, tiene implicaciones estrat&#233;gicas profundas. Porque cuando cambia la brecha, cambia el centro de gravedad del negocio.</p><p>Mientras la brecha es elevada, la empresa venezolana opera en modo defensivo. El objetivo no es ganar mercado sino evitar perder capital. Las decisiones m&#225;s importantes no pasan por marketing ni por posicionamiento, sino por garantizar reposici&#243;n, cubrir costos en divisas y evitar vender por debajo del costo econ&#243;mico. En ese entorno, vender m&#225;s no necesariamente significa ganar m&#225;s; incluso puede significar lo contrario si los precios no logran seguir el ritmo del costo cambiario impl&#237;cito.</p><p>Por eso, durante largos per&#237;odos recientes, la estrategia financiera ha dominado a la comercial. La l&#243;gica del negocio ha estado determinada por la protecci&#243;n del flujo de caja y del inventario antes que por la expansi&#243;n. No porque las empresas no quisieran crecer, sino porque el entorno obligaba a priorizar supervivencia sobre competencia.</p><p>Pero cuando la brecha comienza a reducirse, esa l&#243;gica se transforma. El diferencial cambiario pierde peso como determinante del precio relativo y reaparecen variables m&#225;s cl&#225;sicas: valor percibido, eficiencia operativa, posicionamiento, competencia. Es decir, el mercado vuelve a parecerse gradualmente a un mercado.</p><p>Este cambio suele ser subestimado. Muchas empresas tienden a pensar que una brecha menor es simplemente una mejora financiera. En realidad, es un cambio en la naturaleza del juego competitivo. Cuando el arbitraje cambiario deja de ser relevante, las ineficiencias dejan de estar ocultas y la competencia se vuelve m&#225;s visible y m&#225;s exigente. Adem&#225;s, de tener una econom&#237;a que oper&#243; aislada por muchos a&#241;os a una a estar nuevamente en el ojo de empresas e inversionistas. </p><p>En un entorno de brecha manejable (aunque no inexistente) las prioridades empresariales necesariamente se desplazan. La estructura de precios deja de ser solo defensiva, los m&#225;rgenes se redefinen y el crecimiento vuelve a depender m&#225;s de la propuesta de valor que de la capacidad de cobertura cambiaria. Incluso empresas que han operado con relativa comodidad en contextos distorsionados pueden encontrarse, de pronto, en un mercado m&#225;s competitivo del que estaban acostumbradas.</p><p>De all&#237; que el reto central para las empresas venezolanas en esta transici&#243;n no sea solo financiero ni solo comercial, sino de alineaci&#243;n entre ambos. Durante a&#241;os, finanzas y comercial han operado con l&#243;gicas distintas: una orientada a protegerse del entorno cambiario y la otra a sostener ventas en medio de esa restricci&#243;n. La reducci&#243;n de la brecha exige integrar esas visiones. Ni la estrategia financiera puede desaparecer (porque el riesgo macro sigue existiendo) ni la comercial puede seguir subordinada como antes.</p><p>La empresa que mejor navegue esta etapa ser&#225; la que entienda que no se trata de sustituir una l&#243;gica por otra, sino de reequilibrarlas.</p><p>En ese sentido, quiz&#225; la recomendaci&#243;n m&#225;s importante hoy es incorporar de forma expl&#237;cita el dise&#241;o de escenarios. En econom&#237;as estables, proyectar suele ser un ejercicio relativamente lineal; en Venezuela nunca lo ha sido, y menos en una fase de transici&#243;n cambiaria. Pensar el negocio bajo distintos niveles de brecha (alta, en reducci&#243;n o cercana a convergencia) permite anticipar decisiones en inventarios, precios, financiamiento o expansi&#243;n que de otro modo se toman tarde o de forma reactiva.</p><p>Prepararse para un entorno donde la brecha sea menor implica tambi&#233;n revisar supuestos que se han vuelto costumbre: estructuras de precios indexadas a distorsiones, niveles de inventario concebidos como cobertura cambiaria o estructuras de costos en divisas que el diferencial hac&#237;a tolerables. A medida que la brecha se reduce, esas configuraciones dejan de ser neutrales y pasan a afectar directamente la competitividad.</p><p>En el fondo, lo que est&#225; ocurriendo es que el entorno empresarial venezolano podr&#237;a estar entrando en otra etapa: una en la que la supervivencia financiera deja de ser el &#250;nico organizador de la estrategia y reaparece, con m&#225;s fuerza, la competencia. No porque desaparezcan los riesgos macroecon&#243;micos (que siguen presentes) sino porque el diferencial que domin&#243; la &#250;ltima d&#233;cada pierde centralidad relativa.</p><p>La brecha cambiaria ha sido, en buena medida, el lente a trav&#233;s del cual las empresas han interpretado el negocio en Venezuela. Si ese lente cambia, cambia tambi&#233;n la forma de decidir, de competir y de crecer.</p><p>Y como suele ocurrir en estos procesos, las empresas que antes internalicen el cambio de l&#243;gica ser&#225;n las que encuentren antes las oportunidades que abre la nueva etapa.</p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://aroliveros.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">&#161;Gracias por leer Asdr&#250;bal R. Oliveros P. ! Suscr&#237;bete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[¿Estabilidad cambiaria en Venezuela? ]]></title><description><![CDATA[Condiciones, l&#237;mites y lo que deben hacer las empresas]]></description><link>https://aroliveros.substack.com/p/estabilidad-cambiaria-en-venezuela</link><guid isPermaLink="false">https://aroliveros.substack.com/p/estabilidad-cambiaria-en-venezuela</guid><dc:creator><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></dc:creator><pubDate>Thu, 19 Feb 2026 21:07:03 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KTGZ!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3797b040-2326-43d0-9dc1-319c9aa1dc8c_1080x1080.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>La estabilizaci&#243;n del mercado cambiario venezolano no depende de un solo factor ni de decisiones puntuales. Es el resultado de cuatro frentes que deben moverse de forma coordinada: la oferta de divisas, el fortalecimiento de las reservas internacionales, el dise&#241;o del r&#233;gimen de subastas y la disciplina fiscal. Cuando alguno falla, el equilibrio se vuelve transitorio; cuando varios fallan a la vez, la inestabilidad regresa.</p><p>Hoy, a diferencia de otros momentos del ciclo reciente, hay condiciones objetivas para una mejora en el frente de oferta. El aumento esperado de la producci&#243;n petrolera y el relajamiento del esquema de sanciones apuntan a un incremento relevante de divisas disponibles para el sector privado. En t&#233;rminos operativos, esto podr&#237;a traducirse en una oferta mensual en el orden de US$ 400&#8211;500 millones canalizados hacia el mercado cambiario local, lo que implicar&#237;a un aumento cercano a 35 % respecto a lo ofertado en 2025 (incluyendo criptoactivos). Esa magnitud no elimina tensiones estructurales, pero s&#237; cambia el punto de partida respecto a los a&#241;os de mayor escasez.</p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://aroliveros.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">&#161;Gracias por leer Asdr&#250;bal R. Oliveros P. ! Suscr&#237;bete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p>Ahora bien, la oferta por s&#237; sola no estabiliza un mercado si no se acompa&#241;a de un balance externo m&#225;s s&#243;lido. El nivel de reservas internacionales sigue siendo el gran ancla de credibilidad del sistema cambiario. En el caso venezolano, esto pasa por dos elementos: recuperar el flujo de divisas hacia el banco central con reglas claras y transparencia, y normalizar el acceso a activos externos hoy no disponibles. All&#237; entran dos piezas potencialmente determinantes: la posibilidad de disponer de los Derechos Especiales de Giro (DEG) asignados a Venezuela en el FMI (que podr&#237;an transformarse en divisas l&#237;quidas e incorporarse a las reservas) y la recuperaci&#243;n del control efectivo sobre activos como el oro depositado en el exterior (Banco de Inglaterra). En un contexto de reservas extremadamente bajas, cualquiera de estos factores tendr&#237;a un efecto directo sobre la capacidad de intervenci&#243;n y respaldo del BCV.</p><p>El tercer pilar es institucional y, sin embargo, tiene efectos inmediatos en la din&#225;mica del mercado: el r&#233;gimen de subastas. La experiencia venezolana muestra que la opacidad, la discrecionalidad y la segmentaci&#243;n del acceso terminan alimentando la brecha cambiaria. Un esquema cre&#237;ble requiere tres condiciones b&#225;sicas: amplitud de participantes, reglas transparentes y consistencia entre el tipo de cambio resultante y la tasa oficial publicada. Si la tasa del BCV refleja efectivamente el precio de equilibrio que surge de las subastas, la brecha tiende a reducirse; si no, reaparecen los incentivos al arbitraje y se potencia las operaciones cambiarias fuera del sistema.</p><p>Pero el frente determinante, y el m&#225;s complejo en la coyuntura actual, sigue siendo el fiscal. Ning&#250;n esquema cambiario es sostenible si el d&#233;ficit p&#250;blico se financia de forma monetaria o cuasimonetaria. En Venezuela, la historia reciente es clara: los episodios de mayor estabilidad coincidieron con per&#237;odos de ca&#237;da del gasto real y menor financiamiento monetario. Por el contrario, cada expansi&#243;n fiscal sin financiamiento genuino termin&#243; traslad&#225;ndose al tipo de cambio. El problema es que el ajuste fiscal es pol&#237;ticamente costoso y socialmente sensible, por lo que tiende a postergarse. Tema clave en la Venezuela actual dada la din&#225;mica pol&#237;tica que vivimos. Esa es, hoy, la principal restricci&#243;n estructural para una estabilizaci&#243;n duradera.</p><h2>Qu&#233; significa esto para las empresas que operan en Venezuela</h2><p>Este contexto, mejor oferta de divisas potencial, pero fragilidad fiscal persistente, obliga a las empresas a moverse en una l&#243;gica de estabilidad incompleta: menos escasez cambiaria que en el pasado reciente, pero sin garant&#237;as de equilibrio permanente. En ese entorno, hay varias implicaciones estrat&#233;gicas claras.</p><p>Primero, la gesti&#243;n cambiaria vuelve a ser un tema de eficiencia operativa, no solo de cobertura. Con mayor disponibilidad relativa de divisas, la optimizaci&#243;n del acceso formal y la planificaci&#243;n de flujos en moneda extranjera pueden reducir costos financieros y de reposici&#243;n.</p><p>Segundo, la formaci&#243;n de precios debe seguir anclada en costos dolarizados y reposici&#243;n, pero el aumento de la oferta formal de divisas tender&#225; a reducir la dispersi&#243;n de costos entre competidores. Esto implica una transici&#243;n desde esquemas de pricing defensivo, dise&#241;ados para cubrir volatilidad extrema, hacia estrategias m&#225;s centradas en eficiencia, rotaci&#243;n y posicionamiento. A medida que la brecha se reduzca, la competencia por precio ser&#225; m&#225;s visible y directa.</p><p>Tercero, el entorno de mayor disponibilidad de divisas facilitar&#225; la importaci&#243;n y reposici&#243;n de inventarios, lo que probablemente intensifique la rivalidad en sectores transables. Empresas que operaron con protecci&#243;n impl&#237;cita por escasez cambiaria enfrentar&#225;n nuevos oferentes o reposicionamiento de marcas. En este contexto, la ventaja competitiva vuelve a depender de productividad, log&#237;stica, marca y gesti&#243;n comercial, m&#225;s que de acceso privilegiado a divisas.</p><p>Cuarto, la gesti&#243;n de liquidez en divisas gana relevancia estrat&#233;gica. En mercados parcialmente estabilizados, la ventaja competitiva suele estar en la capacidad de sostener inventarios y ciclos de importaci&#243;n cuando otros enfrentan restricciones. Aunque la oferta aumente, la fragilidad fiscal implica que la estabilidad no es irreversible.</p><p>En s&#237;ntesis, Venezuela puede entrar en una fase de mayor disponibilidad de divisas y menor presi&#243;n cambiaria relativa, pero sin correcci&#243;n fiscal sostenida, la estabilidad ser&#225; necesariamente fr&#225;gil. Para las empresas, esto no significa esperar un equilibrio definitivo, sino aprender a operar en un entorno que mejora, pero no se normaliza. Y en esa transici&#243;n, la estrategia cambiaria y competitiva deja de ser defensiva para convertirse nuevamente en un factor central de posicionamiento.</p><p>En el fondo, la discusi&#243;n cambiaria en Venezuela nunca ha sido solo monetaria. Es, sobre todo, una conversaci&#243;n sobre confianza: en las reglas, en las instituciones y en la sostenibilidad de las decisiones de pol&#237;ticas p&#250;blicas. El pa&#237;s puede tener m&#225;s divisas, incluso m&#225;s reservas, pero la estabilidad solo se vuelve cre&#237;ble cuando los actores econ&#243;micos sienten que no est&#225;n operando contra el reloj. Para las empresas, esto implica algo m&#225;s que gestionar d&#243;lares: supone volver a planificar con horizonte, competir en serio y asumir que, aun en un entorno que mejora, la disciplina financiera y estrat&#233;gica seguir&#225; siendo la diferencia entre crecer y simplemente resistir.</p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://aroliveros.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">&#161;Gracias por leer Asdr&#250;bal R. Oliveros P. ! Suscr&#237;bete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Mercado cambiario, sanciones y corresponsalía bancaria: implicaciones clave para las empresas en Venezuela]]></title><description><![CDATA[La normalizaci&#243;n de las operaciones en el mercado cambiario venezolano pasa, de manera inevitable, por un factor medular: el levantamiento de las sanciones al Banco Central de Venezuela (BCV) y a PDVSA.]]></description><link>https://aroliveros.substack.com/p/mercado-cambiario-sanciones-y-corresponsalia</link><guid isPermaLink="false">https://aroliveros.substack.com/p/mercado-cambiario-sanciones-y-corresponsalia</guid><dc:creator><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></dc:creator><pubDate>Mon, 26 Jan 2026 10:25:53 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KTGZ!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3797b040-2326-43d0-9dc1-319c9aa1dc8c_1080x1080.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>La normalizaci&#243;n de las operaciones en el mercado cambiario venezolano pasa, de manera inevitable, por un factor medular: el levantamiento de las sanciones al Banco Central de Venezuela (BCV) y a PDVSA. Sin esta condici&#243;n, es dif&#237;cil &#8212;cuando no inviable&#8212; construir un sistema de pagos eficiente, predecible y plenamente funcional desde y hacia Venezuela. La persistencia de sanciones mantiene al pa&#237;s parcialmente desconectado del sistema financiero internacional, lo que introduce fricciones relevantes en la intermediaci&#243;n cambiaria y en el flujo de divisas. Un factor clave desde 2017 y que ha impactado el sistema de pagos en el pa&#237;s: desde el uso de efectivo a criptomonedas. </p><p>Desde la &#243;ptica de las finanzas internacionales, este problema no es abstracto ni meramente institucional. Tiene consecuencias directas y tangibles sobre la operatividad de las empresas, su estructura de costos, su gesti&#243;n de tesorer&#237;a y, en &#250;ltima instancia, su viabilidad financiera.</p><p><strong>El rol cr&#237;tico de los bancos corresponsales</strong></p><p>Los bancos corresponsales son una pieza central del engranaje financiero global. A trav&#233;s de ellos se liquidan pagos internacionales, se compensan operaciones en moneda extranjera y se canalizan flujos comerciales y financieros entre pa&#237;ses. Su funci&#243;n va mucho m&#225;s all&#225; de la simple ejecuci&#243;n de transferencias: gestionan riesgos de cumplimiento, riesgo reputacional, riesgo legal y riesgo de contraparte.</p><p>Cuando un pa&#237;s &#8212;o sus principales instituciones financieras&#8212; se encuentra bajo un r&#233;gimen de sanciones, los bancos corresponsales tienden a restringir o cancelar relaciones para protegerse de eventuales penalidades regulatorias. En el caso venezolano, esto ha significado una reducci&#243;n dr&#225;stica del n&#250;mero de corresponsales disponibles, l&#237;mites operativos m&#225;s estrictos, mayores costos de transacci&#243;n y, en muchos casos, la imposibilidad de operar por canales bancarios tradicionales. En el caso espec&#237;fico de los mayores costos transaccionales, estos pueden representar hasta el 10% del margen bruto de las organizaciones lo que impacta seriamente la utilidad de los negocios. </p><p>El impacto macro es claro: menor profundidad del mercado cambiario, segmentaci&#243;n de la oferta de divisas y distorsiones en los mecanismos de formaci&#243;n del tipo de cambio. Pero el impacto micro, a nivel de empresa, suele ser incluso m&#225;s severo.</p><p><strong>Qu&#233; implica esto para las empresas venezolanas</strong></p><p>Para las empresas que operan en Venezuela, la debilidad de la red de corresponsal&#237;a bancaria se traduce en varios problemas estructurales:</p><ul><li><p>1. Mayor incertidumbre en los flujos de caja en divisas, al no existir garant&#237;as claras sobre tiempos y costos de liquidaci&#243;n.</p></li><li><p>2. Incremento de los costos financieros y operativos, producto de primas impl&#237;citas, intermediarios adicionales o mecanismos alternativos de pago.</p></li><li><p>3. Limitaciones para planificar importaciones, pagos a proveedores y repatriaci&#243;n de capitales, lo que afecta directamente la cadena de suministro.</p></li><li><p>4. Mayor exposici&#243;n al riesgo cambiario, en un entorno donde los instrumentos formales de cobertura son escasos o inexistentes.</p></li><li><p>5. Distorsiones en la fijaci&#243;n de los precios y m&#225;rgenes de ganancias, afectados adem&#225;s por la presencia de la brecha cambiaria. </p></li></ul><p>En este contexto, muchas empresas se ven forzadas a operar en mercados paralelos, con menor transparencia y mayor volatilidad, lo que erosiona m&#225;rgenes y dificulta la toma de decisiones de inversi&#243;n y/o la gesti&#243;n del capital de trabajo. </p><p><strong>La cobertura cambiaria deja de ser opcional</strong></p><p>Ante este escenario, el dise&#241;o de una estrategia de cobertura cambiaria deja de ser un tema t&#225;ctico y pasa a ser un componente central de la estrategia financiera corporativa. No se trata &#250;nicamente de &#8220;comprar d&#243;lares&#8221; o de reaccionar ante episodios de estr&#233;s cambiario, cada vez m&#225;s frecuentes en nuestra rutina econ&#243;mica, sino de construir un marco integral de gesti&#243;n de riesgos.</p><p>Una estrategia de cobertura bien dise&#241;ada debe partir de un diagn&#243;stico claro de la exposici&#243;n real de la empresa: estructura de ingresos y costos, moneda funcional, plazos de pago, sensibilidad del margen a variaciones del tipo de cambio y capacidad de acceso a divisas. All&#237; un concepto clave que hemos trabajado previamente es la construcci&#243;n del tipo de cambio impl&#237;cito del negocio, que permite entender de manera inherente a la naturaleza del negocio cu&#225;n expuesto puede estar a los vaivenes del tipo de cambio y de la brecha cambiaria. A partir de all&#237;, es clave combinar distintos mecanismos &#8212;operativos, financieros y contractuales&#8212; que permitan mitigar riesgos, aun en un entorno con severas restricciones institucionales.</p><p>En Venezuela, esto implica creatividad financiera, disciplina en la gesti&#243;n de tesorer&#237;a y una evaluaci&#243;n permanente de los riesgos legales y operativos asociados a cada alternativa. Tambi&#233;n exige asumir que la cobertura perfecta no existe, pero que una mala o inexistente estrategia de cobertura puede ser significativamente m&#225;s costosa.</p><p><strong>Una discusi&#243;n que trasciende lo econ&#243;mico</strong></p><p>Finalmente, conviene subrayar que la discusi&#243;n sobre el levantamiento de sanciones y la normalizaci&#243;n del sistema de pagos no es exclusivamente econ&#243;mica. Est&#225; profundamente atravesada por consideraciones pol&#237;ticas y geopol&#237;ticas. Sin embargo, mientras ese debate se resuelve &#8212;o no&#8212;, las empresas no pueden darse el lujo de esperar.</p><p>La gesti&#243;n del riesgo cambiario, la adaptaci&#243;n a un sistema financiero fragmentado y la toma de decisiones bajo alta incertidumbre seguir&#225;n siendo, por ahora, parte estructural del hacer negocios en Venezuela. Mientras los cambios o un eventual levantamiento de sanciones se materializa es crucial entender este entorno y actuar en consecuencia, pues aunque no se garantiza el &#233;xito, ignorarlo casi con certeza conduce al error.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Trump, nueva geopolítica global y Venezuela ]]></title><description><![CDATA[La reciente oleada de medidas de la administraci&#243;n Trump no solo est&#225; desafiando los cimientos del orden econ&#243;mico global, como bien argumenta Martin Wolf en el Financial Times, sino que est&#225; acelerando una reconfiguraci&#243;n geoecon&#243;mica profunda cuyo epicentro ya no est&#225; en Washington, ni tampoco en Bruselas, Pek&#237;n o Tokio, sino en la manera en que las potencias mayores perciben y redefinen sus relaciones con regiones enteras del mundo.]]></description><link>https://aroliveros.substack.com/p/trump-nueva-geopolitica-global-y</link><guid isPermaLink="false">https://aroliveros.substack.com/p/trump-nueva-geopolitica-global-y</guid><dc:creator><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></dc:creator><pubDate>Fri, 23 Jan 2026 16:39:03 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KTGZ!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3797b040-2326-43d0-9dc1-319c9aa1dc8c_1080x1080.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>La reciente oleada de medidas de la administraci&#243;n Trump no solo est&#225; desafiando los cimientos del orden econ&#243;mico global, como bien argumenta Martin Wolf en el Financial Times, sino que est&#225; acelerando una reconfiguraci&#243;n geoecon&#243;mica profunda cuyo epicentro ya no est&#225; en Washington, ni tampoco en Bruselas, Pek&#237;n o Tokio, sino en la manera en que las potencias mayores perciben y redefinen sus relaciones con regiones enteras del mundo. Esta transformaci&#243;n implica un replanteamiento del papel de Estados Unidos como garante de un sistema basado en normas y certidumbres, y una transici&#243;n palpable hacia un mundo m&#225;s competitivo, m&#225;s fragmentado y m&#225;s politizado en lo econ&#243;mico.</p><p>En este contexto, Am&#233;rica Latina &#8212;una regi&#243;n hist&#243;ricamente vinculada al mercado y al orden institucional estadounidense&#8212; se encuentra ante una encrucijada. La l&#243;gica tradicional de &#8220;reglas claras y estabilidad&#8221; parece ceder terreno ante una geoeconom&#237;a donde las decisiones se toman en funci&#243;n de intereses estrat&#233;gicos y pol&#237;ticos m&#225;s que de consensos multilaterales. Esto se traduce en un doble efecto para la regi&#243;n: por un lado, emergen incentivos para diversificar relaciones econ&#243;micas y pol&#237;ticas fuera de la esfera tradicional de Washington; y por otro, se intensifican tensiones con la potencia del Norte, que a menudo adoptan formas menos predecibles y m&#225;s coercitivas.</p><p>La pol&#237;tica comercial y estrat&#233;gica de Trump ha empujado a pa&#237;ses latinoamericanos a mirar m&#225;s all&#225; de Estados Unidos como su principal socio. Medidas arancelarias arbitrarias, amenazas comerciales y la percepci&#243;n de que Washington act&#250;a primero por motivos pol&#237;ticos han acelerado procesos de diversificaci&#243;n hacia China, Europa y otros actores del Sur global. Esta tendencia no es uniforme, pero es significativa: incluso gobiernos ideol&#243;gicamente cercanos a Estados Unidos est&#225;n ampliando su cartera de socios para reducir su exposici&#243;n a una administraci&#243;n estadounidense percibida como impredecible.  </p><p>Esto refleja una realidad m&#225;s amplia: el centro de gravedad geoecon&#243;mico mundial se est&#225; desplazando, no solo por el auge relativo de China, sino porque las naciones emergentes est&#225;n buscando alternativas que ofrezcan estabilidad y proyectos de largo plazo, no solo sanciones o presi&#243;n pol&#237;tica.</p><p>La situaci&#243;n de Venezuela ilustra de manera dram&#225;tica estas tensiones. En t&#233;rminos geopol&#237;ticos, las acciones estadounidenses han enviado se&#241;ales claras a gobiernos de la regi&#243;n: Washington est&#225; dispuesto a redefinir su zona de influencia en el hemisferio de forma m&#225;s expl&#237;cita y menos condicionada por marcos institucionales multilaterales existentes.  </p><p>Para actores globales como China y Rusia, la coyuntura ofrece oportunidades de reposicionamiento, tanto en t&#233;rminos de narrativa como de presencia econ&#243;mica, sobre todo cuando perciben que Estados Unidos intenta reconstituir su papel hegem&#243;nico sin la cooperaci&#243;n de otros actores clave.  </p><p>Lo que ocurre con Venezuela es m&#225;s que un conflicto bilateral: simboliza una transici&#243;n hacia un orden mundial multipolar, donde las armas tradicionales del poder &#8212;recursos naturales, alianzas regionales, econom&#237;a y diplomacia&#8212; se reconfiguran bajo nuevas reglas de competencia. Y para los pa&#237;ses de Am&#233;rica Latina, esto plantea un reto estrat&#233;gico: encontrar un equilibrio entre autonom&#237;a, integraci&#243;n regional y la gesti&#243;n de relaciones con grandes potencias, sin subordinar su desarrollo econ&#243;mico a la volatilidad de decisiones pol&#237;ticas externas.</p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Mercado petrolero y Venezuela]]></title><description><![CDATA[El nuevo informe de mercado petrolero de la Agencia Internacional de la Energ&#237;a vuelve a poner el foco en tres grandes temas: una demanda global que crece, pero cada vez a un ritmo m&#225;s moderado; una oferta que contin&#250;a expandi&#233;ndose con fuerza, especialmente fuera de la OPEP+; y un mercado que entra en 2026 con un super&#225;vit significativo de crudo.]]></description><link>https://aroliveros.substack.com/p/mercado-petrolero-y-venezuela</link><guid isPermaLink="false">https://aroliveros.substack.com/p/mercado-petrolero-y-venezuela</guid><dc:creator><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></dc:creator><pubDate>Wed, 21 Jan 2026 11:36:07 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KTGZ!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3797b040-2326-43d0-9dc1-319c9aa1dc8c_1080x1080.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>El nuevo informe de mercado petrolero de la <a href="chatgpt://generic-entity?number=0">Agencia Internacional de la Energ&#237;a</a> vuelve a poner el foco en tres grandes temas: una demanda global que crece, pero cada vez a un ritmo m&#225;s moderado; una oferta que contin&#250;a expandi&#233;ndose con fuerza, especialmente fuera de la OPEP+; y un mercado que entra en 2026 con un super&#225;vit significativo de crudo. El resultado es un entorno de precios contenidos, inventarios elevados y menor sensibilidad estructural frente a choques geopol&#237;ticos, lo que cambia de forma importante el balance de riesgos para productores e importadores.</p><p>A partir de ese diagn&#243;stico, el mensaje para el mercado petrolero global es bastante claro: aun cuando la demanda crece algo m&#225;s de lo previsto &#8212;cerca de 930 mil barriles diarios&#8212;, la oferta avanza a un ritmo muy superior. Esto consolida un escenario de exceso estructural de crudo, con el Brent movi&#233;ndose en torno a los US$ 60&#8211;65 por barril y con productores enfrentando el desaf&#237;o de sostener ingresos en un contexto de m&#225;rgenes m&#225;s estrechos.</p><p>Este contexto es clave para entender c&#243;mo se enmarcan las perspectivas petroleras de Venezuela. No estamos frente a un ciclo de escasez ni de precios altos que &#8220;resuelvan&#8221; por s&#237; solos los problemas de los pa&#237;ses productores. Al contrario, el escenario base es uno en el que producir m&#225;s no garantiza autom&#225;ticamente mayores ingresos y donde la eficiencia, los costos y las condiciones comerciales pasan a ser determinantes.</p><p>Para Venezuela, la primera implicaci&#243;n es que cualquier recuperaci&#243;n de la producci&#243;n ocurre en un mercado que no necesita barriles urgentes. El mundo tiene petr&#243;leo suficiente y, en ese sentido, el poder de negociaci&#243;n del productor es limitado. Esto obliga a ser mucho m&#225;s cuidadosos con descuentos, esquemas contractuales, inversi&#243;n y asociaciones. El crudo venezolano, mayoritariamente pesado, compite en un mercado donde los compradores tienen alternativas y pueden imponer condiciones. El punto positivo es que al eliminar sanciones, se reduce el descuento y se impulsa la producci&#243;n que puede ser absorbida por el mercado norteamericano, quien pasa a convertirse en nuestro socio petrolero m&#225;s importante. </p><p>La segunda implicaci&#243;n es macroecon&#243;mica. Con precios contenidos, el petr&#243;leo deja de ser un &#8220;salvavidas autom&#225;tico&#8221; para las cuentas externas y fiscales. Incluso con mayores vol&#250;menes exportados, los ingresos pueden crecer menos de lo esperado si los precios no acompa&#241;an. Esto refuerza la necesidad de una visi&#243;n m&#225;s realista sobre el rol del sector petrolero en la estabilizaci&#243;n econ&#243;mica y sobre los tiempos de una recuperaci&#243;n sostenible.</p><p>Y, finalmente, est&#225; el plano estrat&#233;gico. En un mundo con exceso de oferta, la discusi&#243;n petrolera para Venezuela no puede centrarse solo en cu&#225;nto producir, sino en c&#243;mo reinsertarse en el mercado: reglas claras, acuerdos de largo plazo, inversi&#243;n privada, capacidad operativa y gobernanza. Sin esos elementos, incluso una mejora en el entorno geopol&#237;tico tendr&#237;a efectos acotados.</p><p>En s&#237;ntesis, el mensaje del mercado es inc&#243;modo pero necesario: el petr&#243;leo sigue siendo relevante para Venezuela, pero ya no en un mundo de precios altos y escasez. El desaf&#237;o es reconstruir el sector en un entorno de abundancia global, donde la competitividad &#8212;y no la urgencia del mercado&#8212; es la variable decisiva.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Davos 2026: entre el libre comercio y el retorno del mercantilismo]]></title><description><![CDATA[Esta semana tendremos la reuni&#243;n anual del Foro Econ&#243;mico Mundial que vuelve a celebrarse en un contexto de alta fragmentaci&#243;n geopol&#237;tica y tensiones estructurales en el comercio global.]]></description><link>https://aroliveros.substack.com/p/davos-2026-entre-el-libre-comercio</link><guid isPermaLink="false">https://aroliveros.substack.com/p/davos-2026-entre-el-libre-comercio</guid><dc:creator><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></dc:creator><pubDate>Sun, 18 Jan 2026 22:40:56 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KTGZ!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3797b040-2326-43d0-9dc1-319c9aa1dc8c_1080x1080.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Esta semana tendremos la reuni&#243;n anual del Foro Econ&#243;mico Mundial que vuelve a celebrarse en un contexto de alta fragmentaci&#243;n geopol&#237;tica y tensiones estructurales en el comercio global. El p&#233;ndulo oscila, una vez m&#225;s, entre la defensa del libre comercio y el resurgimiento de enfoques claramente mercantilistas, con implicaciones directas sobre inversi&#243;n, cadenas de suministro y flujos financieros.</p><p>Este a&#241;o, Davos adquiere un significado particular por la magnitud y el perfil de los asistentes. La delegaci&#243;n de Estados Unidos, encabezada por Donald Trump, ser&#225; la m&#225;s numerosa de su historia reciente, reflejo del peso que Washington quiere imprimir a la agenda econ&#243;mica y estrat&#233;gica global. A ello se suma la presencia de Volodymyr Zelenskyy, junto a l&#237;deres europeos clave como Emmanuel Macron, la canciller brit&#225;nica Rachel Reeves y el alem&#225;n Friedrich Merz.</p><p>Las expectativas est&#225;n puestas en posibles avances en dos frentes centrales. El primero, la guerra y la reconstrucci&#243;n de Ucrania, donde Davos podr&#237;a servir como plataforma para destrabar consensos pol&#237;ticos y financieros, o al menos reencauzar conversaciones sobre su eventual adhesi&#243;n a la Uni&#243;n Europea. El segundo, la redefinici&#243;n de las reglas del comercio internacional, en un entorno donde subsidios, aranceles y pol&#237;ticas industriales vuelven a ocupar un rol protag&#243;nico.</p><p>No es un detalle menor que esta semana se cumpla un a&#241;o del regreso de Trump al Despacho Oval. En ese contexto, Davos tambi&#233;n se convierte en un escenario simb&#243;lico: un espacio donde el presidente estadounidense podr&#237;a buscar un &#8220;logro&#8221; geopol&#237;tico o estrat&#233;gico que refuerce su narrativa interna, incluso con gestos disruptivos &#8212;desde nuevas alianzas hasta temas tan sensibles como Groenlandia.</p><p>M&#225;s all&#225; de los titulares, Davos 2026 ser&#225; una se&#241;al temprana de hacia d&#243;nde se dirige el orden econ&#243;mico global: cooperaci&#243;n versus bloques, reglas multilaterales versus poder nacional, y pragmatismo econ&#243;mico frente a ideolog&#237;a. Leer correctamente esas se&#241;ales ser&#225; clave para gobiernos, empresas y mercados, incluyendo por supuesto, a Venezuela.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El regreso de Halliburton a Venezuela: una lectura desde el mercado laboral y la reconstrucción productiva]]></title><description><![CDATA[El posible retorno de Halliburton a Venezuela, anunciado por su CEO Jeff Miller en una reciente entrevista con el Financial Times, es una se&#241;al que trasciende el &#225;mbito petrolero.]]></description><link>https://aroliveros.substack.com/p/el-regreso-de-halliburton-a-venezuela</link><guid isPermaLink="false">https://aroliveros.substack.com/p/el-regreso-de-halliburton-a-venezuela</guid><dc:creator><![CDATA[Asdrubal Oliveros]]></dc:creator><pubDate>Fri, 16 Jan 2026 11:39:16 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KTGZ!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3797b040-2326-43d0-9dc1-319c9aa1dc8c_1080x1080.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>El posible retorno de <a href="chatgpt://generic-entity?number=0">Halliburton</a> a Venezuela, anunciado por su CEO Jeff Miller en una reciente entrevista con el <a href="chatgpt://generic-entity?number=1">Financial Times</a>, es una se&#241;al que trasciende el &#225;mbito petrolero. No se trata &#250;nicamente de producci&#243;n, sanciones o geopol&#237;tica energ&#233;tica. Se trata, sobre todo, de empleo, talento y capacidades productivas en un pa&#237;s que ha perdido buena parte de su capital humano calificado durante la &#250;ltima d&#233;cada.</p><p>&nbsp;Halliburton plantea un &#8220;regreso sencillo&#8221; al mercado venezolano bajo un supuesto clave: la recomposici&#243;n pol&#237;tica y regulatoria permitir&#237;a reactivar operaciones en cuesti&#243;n de meses. Esta afirmaci&#243;n no es menor. A diferencia de las empresas operadoras, las compa&#241;&#237;as de servicios petroleros funcionan con modelos de negocio m&#225;s flexibles: no requieren inversiones intensivas de largo plazo, sus activos son m&#243;viles y su principal ventaja competitiva reside en equipos t&#233;cnicos, tecnolog&#237;a y personal especializado.</p><p><strong>El empleo como variable estrat&#233;gica</strong></p><p>Desde la &#243;ptica del mercado laboral, este posible retorno abre varias l&#237;neas de an&#225;lisis relevantes:</p><p>1. Reactivaci&#243;n acelerada de la demanda de trabajo calificado</p><p>La estrategia inicial de Halliburton no se centra en nuevos desarrollos de gran escala, sino en la rehabilitaci&#243;n de pozos existentes y trabajos de intervenci&#243;n. Este tipo de operaci&#243;n es intensiva en mano de obra t&#233;cnica: ingenieros de petr&#243;leo, geocient&#237;ficos, t&#233;cnicos de campo, especialistas en mantenimiento, seguridad industrial, log&#237;stica y gesti&#243;n de proyectos.</p><p>En un pa&#237;s con alta informalidad y salarios deprimidos, la reaparici&#243;n de empleadores globales introduce una referencia distinta en t&#233;rminos de est&#225;ndares laborales, formaci&#243;n y productividad.&nbsp;</p><p>2. Talento venezolano como activo cr&#237;tico</p><p>Un dato especialmente relevante es que Halliburton mantiene alrededor de 600 profesionales venezolanos en sus operaciones globales. Esto sugiere que el regreso no partir&#237;a de cero, sino apoyado en redes de talento ya formadas, con experiencia internacional y conocimiento del pa&#237;s.</p><p>Aqu&#237; se abre una oportunidad concreta: esquemas de repatriaci&#243;n, rotaci&#243;n regional, transferencia de conocimiento y mentor&#237;a t&#233;cnica podr&#237;an convertirse en uno de los principales impactos positivos del proceso.</p><p>3. Capacitaci&#243;n, certificaci&#243;n y actualizaci&#243;n tecnol&#243;gica</p><p>La reconstrucci&#243;n de la infraestructura petrolera venezolana no puede hacerse con est&#225;ndares del pasado. Requiere protocolos modernos, nuevas tecnolog&#237;as y cumplimiento estricto de normas de seguridad y ambiente. Esto implica inversi&#243;n en capacitaci&#243;n continua, certificaciones t&#233;cnicas y formaci&#243;n de nuevos perfiles, con efectos de mediano plazo sobre la calidad del capital humano local.</p><p>4. Efectos indirectos sobre el empleo no petrolero</p><p>El retorno de empresas de servicios energ&#233;ticos genera un efecto arrastre significativo: transporte, alimentaci&#243;n industrial, servicios t&#233;cnicos, salud ocupacional, seguridad, mantenimiento, soporte administrativo y financiero.</p><p>En un contexto de bajo dinamismo econ&#243;mico, estos encadenamientos pueden tener un impacto relevante sobre el empleo formal en regiones tradicionalmente petroleras.</p><p><strong>Competencia, velocidad y contexto institucional</strong></p><p>Halliburton reconoce que otras firmas, como <a href="chatgpt://generic-entity?number=2">SLB</a>, conservan una ventaja relativa al haber mantenido presencia durante los a&#241;os de sanciones. Su apuesta, sin embargo, es distinta: velocidad de despliegue, conocimiento hist&#243;rico del terreno y capacidad log&#237;stica.</p><p>No obstante, el propio Jeff Miller subraya un punto cr&#237;tico: la necesidad de mecanismos claros de garant&#237;a de pago, especialmente en la relaci&#243;n con <a href="chatgpt://generic-entity?number=3">PDVSA</a>. La propuesta de respaldar contratos con flujos provenientes de exportaciones de crudo hacia Estados Unidos refleja una lecci&#243;n aprendida y un requisito indispensable para que la reactivaci&#243;n sea sostenible.</p><p><strong>M&#225;s all&#225; del petr&#243;leo</strong></p><p>Detr&#225;s de este movimiento hay una lectura geopol&#237;tica evidente: Estados Unidos busca reposicionar a sus empresas energ&#233;ticas en un mercado estrat&#233;gico del hemisferio, mientras Venezuela necesita recuperar capacidad productiva con urgencia. Pero el verdadero impacto estructural no se medir&#225; solo en barriles adicionales, sino en empleos creados, talento retenido y capacidades reconstruidas.</p><p>La pregunta central es otra:</p><p>&#191;Est&#225; Venezuela preparada &#8212;desde el punto de vista institucional, regulatorio y laboral&#8212; para absorber una reactivaci&#243;n relativamente r&#225;pida de la demanda de trabajo calificado?</p><p>Si el pa&#237;s logra acompa&#241;ar este proceso con reglas claras, respeto contractual y un entorno que incentive la formaci&#243;n y permanencia del talento, el regreso de Halliburton podr&#237;a marcar algo m&#225;s profundo que un ciclo petrolero: el inicio de una reconstrucci&#243;n productiva apoyada en capital humano.</p><p>Ese es, probablemente, el verdadero desaf&#237;o &#8212;y la gran oportunidad&#8212; que se abre en esta nueva etapa.</p>]]></content:encoded></item></channel></rss>