<script data-pm-proxy="intercept"></script><?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0"><channel><title><![CDATA[Contratapa Forn]]></title><description><![CDATA[Las contratapas de los viernes de Juan Forn]]></description><link>https://contratapaforn.substack.com</link><image><url>https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!3z3y!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fade3ccd2-a940-4e20-868c-20f26bdd05a2_1056x1056.png</url><title>Contratapa Forn</title><link>https://contratapaforn.substack.com</link></image><generator>Substack</generator><lastBuildDate>Sat, 05 Sep 2026 04:08:52 GMT</lastBuildDate><atom:link href="/__u/contratapaforn.substack.com/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/><copyright><![CDATA[Viernes de Forn]]></copyright><language><![CDATA[es]]></language><webMaster><![CDATA[contratapaforn@substack.com]]></webMaster><itunes:owner><itunes:email><![CDATA[contratapaforn@substack.com]]></itunes:email><itunes:name><![CDATA[Contratapa Forn]]></itunes:name></itunes:owner><itunes:author><![CDATA[Contratapa Forn]]></itunes:author><googleplay:owner><![CDATA[contratapaforn@substack.com]]></googleplay:owner><googleplay:email><![CDATA[contratapaforn@substack.com]]></googleplay:email><googleplay:author><![CDATA[Contratapa Forn]]></googleplay:author><itunes:block><![CDATA[Yes]]></itunes:block><item><title><![CDATA[YA SABEMOS LO SUFICIENTE ]]></title><description><![CDATA[Cuando el sueco Sven Lindqvist era chico, su abuela viv&#237;a con ellos.]]></description><link>https://contratapaforn.substack.com/p/ya-sabemos-lo-suficiente</link><guid isPermaLink="false">https://contratapaforn.substack.com/p/ya-sabemos-lo-suficiente</guid><dc:creator><![CDATA[Contratapa Forn]]></dc:creator><pubDate>Sat, 05 Sep 2026 02:46:22 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!3z3y!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fade3ccd2-a940-4e20-868c-20f26bdd05a2_1056x1056.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Cuando el sueco Sven Lindqvist era chico, su abuela viv&#237;a con ellos. La abuela ol&#237;a mal y era cachivachera. Creyendo que el olor proven&#237;a de las cosas que acumulaba bajo su cama, la madre de Lindqvist hac&#237;a peri&#243;dicas incursiones de expropiaci&#243;n al cuarto de la anciana. Lindqvist se adelantaba a su madre y se sumerg&#237;a debajo de aquella cama para salvar lo que pudiese de aquellas requisas, y despu&#233;s le devolv&#237;a el bot&#237;n a su abuela. Uno de sus rescates era un libro que aterraba a Lindqvist: el relato del sacerdote Edward Sj&#246;blom sobre sus experiencias como misionero en el Congo, donde dec&#237;a que el l&#225;tigo de piel de hipop&#243;tamo era la herramienta principal en el trato con los nativos. A veces los azotaba hasta caer vencido por la fiebre y los mismos azotados cuidaban de &#233;l hasta que pod&#237;a incorporarse de nuevo y hacer silbar el l&#225;tigo otra vez.</p><p>Los padres suecos tuvieron hasta 1966 derecho legal a azotar a sus hijos. Cuando los ni&#241;os suecos se portaban mal, sus madres los llevaban al bosque m&#225;s cercano a elegir una rama de abedul, que probaban dando cortos latigazos en el aire. Volv&#237;an con ella y el ni&#241;o hasta la casa y esperaban que el padre regresara del trabajo. Algunos recordar&#225;n el tormento al que somet&#237;a el se&#241;or Arlt a su hijo Roberto: le anunciaba por la noche que a la ma&#241;ana siguiente lo castigar&#237;a; el insomnio nocturno agigantaba el castigo. El padre de Lindqvist no era peor: informado por la madre de los sucesos del d&#237;a, entraba en la habitaci&#243;n, preguntaba al hijo si era cierto lo que hab&#237;a o&#237;do y proced&#237;a a azotarlo. Al principio era evidente para el ni&#241;o que el padre administraba el castigo a su pesar. Pero a partir de cierto umbral, el hijo empezaba a o&#237;r, en la manera en que respiraba su padre, que la incomodidad se iba convirtiendo en una rabia que lo hac&#237;a azotar con m&#225;s fuerza de la que se propon&#237;a. En un poema a su padre, Juan Gelman le pregunta: &#8220;&#191;Qu&#233; castigabas cuando me castigabas a m&#237;?&#8221;.</p><p>No s&#243;lo misioneros suecos participaron de aquella gesta civilizadora en el Congo. Tambi&#233;n lo hizo un marino polaco de apellido Korzeniowski, m&#225;s conocido por el seud&#243;nimo que us&#243; en sus libros: Joseph Conrad. Siete a&#241;os despu&#233;s de aquella experiencia, Conrad escribi&#243; El coraz&#243;n de las tinieblas, que culmina con un informe escrito con pulso tembloroso y enajenado por el coronel Kurtz desde el coraz&#243;n de la selva a los jerarcas de la Compa&#241;&#237;a en B&#233;lgica, anunci&#225;ndoles el advenimiento de &#8220;el horror, el horror&#8221;. El educador m&#225;s importante de ese tiempo, Herbert Spencer, sosten&#237;a que &#8220;todos los seres vivientes progresan mediante el castigo&#8221;. El primer ministro ingl&#233;s, Lord Salisbury, combin&#243; famosamente esa idea pedag&#243;gica con la teor&#237;a evolucionista de Darwin y declar&#243; famosamente: &#8220;El mundo puede ser dividido en naciones vivientes y naciones que desaparecen. Es natural que las naciones vivientes se vayan apropiando de los territorios de las que van sucumbiendo&#8221;.</p><p>Y si no sucumb&#237;an solas, ellos se encargaban de darles una peque&#241;a ayudita: el propio Darwin recuerda con asco, mientras escribe El origen del hombre, sus d&#237;as en la Patagonia en que asisti&#243; escandalizado a &#8220;la brutalidad de la caza del hombre en la Argentina, en la guerra contra el indio&#8221;. Enterado en Inglaterra de la gesta de Roca (contempor&#225;nea de la gesta del Congo en Africa), anota en su diario: &#8220;Est&#225;n convencidos de que es una guerra justiciera porque se lucha contra los b&#225;rbaros. Los terrenos liberados se reparten entre los vencedores&#8221;. Por la misma &#233;poca en que Conrad publica El coraz&#243;n de las tinieblas escribe a sus amigos Wells y Cunnighame Graham: &#8220;El honor, la justicia, la compasi&#243;n, la libertad, son ideas que no tienen creyentes verdaderos. Existen tan s&#243;lo hombres que, sin saber entender o sentir, se embriagan con palabras, las repiten a gritos, se imaginan que creen en ellas, sin regirse por otra cosa que el lucro, la ventaja personal, la vanidad&#8221;.</p><p>Cuando los ingleses inventaron la bala dum-dum, el proyectil fue prohibido entre Estados civilizados: s&#243;lo se permit&#237;a su uso para la caza mayor y para las guerras coloniales, porque &#8220;los salvajes&#8221; a veces segu&#237;an vivos despu&#233;s de haber sido alcanzados por cuatro o cinco proyectiles comunes. La bala dum-dum es una bala de punta hueca que multiplica su efecto: estalla dentro del cuerpo luego de hacer impacto en &#233;l. Europa invent&#243; la bala dum-dum y le estall&#243; adentro cincuenta a&#241;os despu&#233;s: Hitler en Mein Kampf elabora su plan de conquista imitando la operatoria del imperio ingl&#233;s (&#8220;El obvio requisito que necesita la raza germana para asegurar su subsistencia es extenderse: tal como Inglaterra se expandi&#243; por mar, Alemania debe expandirse por tierra&#8221;). La orden del d&#237;a era la misma, en los tiempos de la reina Victoria y Leopoldo de B&#233;lgica y en los tiempos de Hitler: &#8220;Dejad morir a aquellos a quienes las leyes del progreso se lo ordenan&#8221;. S&#243;lo que ahora los salvajes estaban en Europa y defin&#237;an qu&#233; razas y naciones deb&#237;an sucumbir &#8220;para hacer lugar&#8221;. Hitler sostuvo siempre que empez&#243; la guerra para dar m&#225;s tierras de labranza a los ciudadanos alemanes. Veinte a&#241;os despu&#233;s de esa guerra, los Estados europeos empezaron a pagar a sus campesinos para que dejasen de trabajar el campo.</p><p>&#8220;Lector, ya sabes lo suficiente. Yo tambi&#233;n lo s&#233;. No es conocimiento lo que nos falta. Lo que nos falta es el coraje para darnos cuenta de lo que ya sabemos y sacar conclusiones&#8221;, es la formidable frase que Sven Lindqvist nos tira en la cara en su formidable libro Exterminad a todos los salvajes. La dice al empezar y la repite al final, para que no nos queden dudas. Hay una edici&#243;n cara, espa&#241;ola, del libro de Lindqvist dando vueltas por librer&#237;as-boutique del continente e Internet, pero para cualquiera que quiera leerlo en nuestro pa&#237;s, lo public&#243; la Oficina de Publicaciones del CBC de la UBA. Hay en nuestra bendita universidad p&#250;blica argentina un profesor llamado Carlos Berbeglia, que puso a disposici&#243;n de todos los pibes que quieren entrar en la facultad este libro ejemplar. Ignoro si fue alguna vez o si sigue siendo de lectura obligatoria. S&#243;lo s&#233; que cuesta quince pesos y que fue por influjo de un periodista y docente patag&#243;nico de ascendencia sueca, llamado Carlos Kristensen, que se public&#243; el libro. El propio Kristensen, que hab&#237;a sufrido persecuci&#243;n y c&#225;rcel durante la dictadura militar, se encarg&#243; de traducirlo. Rob&#225;ndole horas al sue&#241;o y a la debilidad, por puro imperativo moral, lo tradujo y peregrin&#243; para que se publicara. No lleg&#243; a verlo impreso: muri&#243; el 19 de marzo de 1996, horas antes de que su traducci&#243;n entrara en imprenta. Pero me gusta pensar que en el ancho espectro de egresados de la universidad p&#250;blica argentina hay unos cuantos que leyeron ese libro y no lo han olvidado y alg&#250;n d&#237;a eso har&#225; una diferencia en nuestro pa&#237;s y entonces Carlos Kristensen descansar&#225;, por fin, en paz.</p><p></p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!djfd!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F6d283a5f-28b3-4c91-85df-12582e0ff328_320x298.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!djfd!, /__u/contratapaforn.substack.com/w_424, /__u/contratapaforn.substack.com/c_limit, /__u/contratapaforn.substack.com/f_webp, /__u/contratapaforn.substack.com/q_auto:good, 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hombre en overol manchado de aceite anuncia al mundo que el futuro ha llegado.]]></description><link>https://contratapaforn.substack.com/p/el-hombre-que-perdio-la-guerra-electrica</link><guid isPermaLink="false">https://contratapaforn.substack.com/p/el-hombre-que-perdio-la-guerra-electrica</guid><dc:creator><![CDATA[Contratapa Forn]]></dc:creator><pubDate>Fri, 28 Aug 2026 23:15:05 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!SDqc!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F44d457b9-cd1f-482d-8829-d56f5f83f800_320x411.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Un hombre en overol manchado de aceite anuncia al mundo que el futuro ha llegado. Su nombre es Thomas Alva Edison y promete que llevar&#225; la electricidad a todas las f&#225;bricas y hogares de Am&#233;rica y luego del mundo. Edison ven&#237;a de la nada, se hab&#237;a hecho solo: &#8220;&#191;Qu&#233; falta me hace ser ingeniero, matem&#225;tico o f&#237;sico? Si necesito uno, lo contrato&#8221;, era una de sus famosas frases. Para entonces ya hab&#237;a inventado el tel&#233;grafo y vendido los derechos de su patente a la Western Union. Con ese dinero hab&#237;a levantado su &#8220;f&#225;brica de inventos&#8221; en Menlo Park, Nueva Jersey, y aprendido la lecci&#243;n: esta vez no se limitar&#237;a a vender la patente de su nuevo invento; esta vez se quedar&#237;a &#233;l con todas las ganancias. El invento era la bombilla el&#233;ctrica y el generador el&#233;ctrico que la hac&#237;a funcionar. Con ellos se acabar&#237;an las l&#225;mparas de gas, las velas y candelabros, el engorroso uso de carb&#243;n y motores de vapor: el futuro era la electricidad y Edison era su due&#241;o. Entonces se presenta en Menlo Park un joven inmigrante serbio con una carta de presentaci&#243;n del socio de Edison en Europa. La carta dice: &#8220;Conozco dos grandes hombres de este tiempo. Uno de ellos es usted. El otro es el joven que porta esta carta&#8221;.</p><p>El joven en cuesti&#243;n se llamaba Nikola Tesla y era a la vez el hermano gemelo de Edison y su ant&#237;tesis. Como Edison, se hab&#237;a formado solo: logr&#243; que lo mandaran a estudiar a Praga, pero nunca se registr&#243; en la universidad (asist&#237;a a las clases de oyente y devoraba un libro tras otro en la biblioteca, sostenido por un r&#233;gimen de 72 tazas de caf&#233; al d&#237;a, como su admirado Voltaire); su cabeza funcionaba demasiado r&#225;pido y en demasiadas direcciones, entr&#243; como empleado raso en una de las filiales europeas de Edison en Budapest y seis meses despu&#233;s estaba enfrente del jefe m&#225;ximo en su reino de Menlo Park, y encima ten&#237;a el tup&#233; de corregirlo: seg&#250;n el joven Tesla, si la idea era electrificar Am&#233;rica, el generador de electricidad de Edison no deb&#237;a usar corriente continua sino alterna para transmitir la electricidad. La corriente continua s&#243;lo pod&#237;a transmitirse a una milla de distancia; con la alterna se pod&#237;a llegar infinitamente m&#225;s lejos. Edison se le ri&#243; en la cara: &#233;l sembrar&#237;a el pa&#237;s de generadores a raz&#243;n de uno por milla; &#233;se era el negocio. As&#237; comenz&#243; el duelo entre Tesla y Edison que se conoce como la Guerra El&#233;ctrica.</p><p>Como todos sabemos, la electricidad lleg&#243; al mundo por corriente alterna, y eso es m&#233;rito de Tesla, aunque para la Historia sea Edison el padre de la electricidad. El asunto fue as&#237;: asqueado por la necedad de su jefe, Tesla renunci&#243;, logr&#243; inventar y patentar un motor de asombrosa sencillez capaz de transmitir electricidad por corriente alterna y el se&#241;or Westinghouse (que se hab&#237;a hecho rico al inventar el freno de aire para el ferrocarril) lo contrat&#243; para ir contra Edison en la guerra de la electricidad. Imaginen la escena: un representante de Edison llegaba a una ciudad norteamericana en crecimiento (y todo estaba creciendo a velocidad pasmosa por entonces, los inmigrantes llegaban en oleadas, las ciudades se expand&#237;an de la noche a la ma&#241;ana, era la gran era de la urbanizaci&#243;n) y les ofrec&#237;a sus generadores, uno por milla, los que hicieran falta. Y detr&#225;s ven&#237;an los de Westinghouse y dec&#237;an: no necesitan m&#225;s que un generador, lo pondremos en las afueras y desde all&#237; les daremos electricidad a todos. Imaginen qui&#233;n ganaba la puja.</p><p>En un intento postrero, Edison empez&#243; una campa&#241;a sobre los peligros de la corriente alterna y logr&#243; que un esbirro suyo en el gobierno ordenara que el penal de Sing-Sing ejecutara a sus condenados por electrocuci&#243;n. La perversidad de Edison consisti&#243; en que se usara, no su corriente continua, sino corriente alterna para la silla el&#233;ctrica, para que el imaginario norteamericano la asociara con la muerte. Pero el banquero Morgan, que era el socio capitalista de Edison, fue m&#225;s expeditivo: desaloj&#243; a Edison de la direcci&#243;n de su compa&#241;&#237;a y se sent&#243; con Westinghouse a dividirse el mercado. A partir de entonces, Westinghouse se encarg&#243; de los motores y la General Electric (nombre con que Morgan rebautiz&#243; la Edison Company), de la transmisi&#243;n el&#233;ctrica por cableado. Edison pod&#237;a ser todo lo millonario que quisiera (de hecho, la invenci&#243;n del fon&#243;grafo le reportar&#237;a una fortuna), pero los que decid&#237;an el destino de Am&#233;rica lo hac&#237;an sentados en el Waldorf Astoria de Nueva York, cuando cerraba la Bolsa a una cuadra de all&#237; y comenzaban en aquellos salones las verdaderas negociaciones del d&#237;a, entre los Morgan y los Vanderbilt y los Mellon y los Astor... ya saben a qu&#233; caterva me refiero. En palabras de Mark Twain, esos que &#8220;quer&#237;an ganar la mayor cantidad de dinero lo m&#225;s r&#225;pido posible, de manera poco honrada en lo posible y honradamente si no quedaba m&#225;s remedio&#8221;.</p><p>As&#237; gana siempre la banca, y as&#237; fue como la Guerra El&#233;ctrica termin&#243; antes de empezar, salvo para Edison y Tesla, que se odiaron toda la vida. A Tesla lo perdi&#243; su caballerosidad europea: renunci&#243; a los derechos de su patente para que Westinghouse no perdiera la pulseada contra Morgan y, cincuenta a&#241;os despu&#233;s, termin&#243; sus d&#237;as viviendo de una modest&#237;sima pensi&#243;n que le pasaba la Westinghouse &#8220;en atenci&#243;n a los servicios prestados&#8221;. El sue&#241;o de Tesla era la transmisi&#243;n inal&#225;mbrica de la energ&#237;a por el mundo. En pos de esa quimera invent&#243; sin darse cuenta la radio, el control remoto, el radar, los rayos X, pero no los patent&#243;, o los patent&#243; pero perdi&#243; en los tribunales contra los poderosos. En el medio se code&#243; con Twain y Paderewski y Dvorak y hasta el mism&#237;simo Morgan lo citaba en los salones del Waldorf, cosa que enfurec&#237;a a Edison, quien hab&#237;a declarado: &#8220;El 95 por ciento del genio consiste en prever lo que no va a funcionar y Tesla es un hombre siempre a punto de hacer algo, vanas promesas sin aplicaciones pr&#225;cticas&#8221;. Por su parte Tesla sosten&#237;a: &#8220;Mis enemigos han conseguido neutralizarme convirti&#233;ndome en un visionario, un poeta&#8221;; es decir, un charlat&#225;n.</p><p>En 1915 corri&#243; el rumor de que la Academia Sueca iba a dar el Nobel a Edison y a Tesla. Tesla declar&#243; que no lo aceptar&#237;a si se lo daban a medias: &#8220;Soy un descubridor, no puedo compartirlo con un simple inventor&#8221;. En Estados Unidos estall&#243; tal fiebre de apuestas y titulares acerca de qui&#233;n lo ganar&#237;a que la Academia decidi&#243; no premiar a ninguno. Edison declar&#243;: &#8220;Me alegr&#243; igual privarlo de 20 mil d&#243;lares&#8221;, monto que daba el Nobel por entonces, una bicoca para &#233;l, una fortuna para Tesla. Un &#250;ltimo desaire coron&#243; el duelo: en 1917 se le otorg&#243; a Tesla la Medalla Edison, por &#8220;su aporte al desarrollo de la electricidad&#8221;. No tuvo el coraje de rechazarla: la medalla era de oro puro, pod&#237;a venderla por su peso y con eso pagar los sueldos atrasados de las dos &#250;ltimas colaboradoras que le quedaban, las &#250;nicas que segu&#237;an creyendo en la quimera de electrificar inal&#225;mbricamente el mundo.</p><p></p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!SDqc!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F44d457b9-cd1f-482d-8829-d56f5f83f800_320x411.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!SDqc!, /__u/contratapaforn.substack.com/w_424, /__u/contratapaforn.substack.com/c_limit, /__u/contratapaforn.substack.com/f_webp, /__u/contratapaforn.substack.com/q_auto:good, 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Miller.]]></description><link>https://contratapaforn.substack.com/p/no-mas-fotos</link><guid isPermaLink="false">https://contratapaforn.substack.com/p/no-mas-fotos</guid><dc:creator><![CDATA[Contratapa Forn]]></dc:creator><pubDate>Fri, 21 Aug 2026 13:30:41 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!YYL5!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F45cb3a7b-eaa8-41b0-b0b1-dc784d89f143_320x335.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Nadie sab&#237;a decirle que no a Lee Miller. As&#237; fue como logr&#243; desembarcar junto a las tropas aliadas en Normand&#237;a, convertida en corresponsal de guerra de la revista Vogue, si alguien puede imaginarse semejante cosa. Digo, que una revista de modas cubriera la guerra contra Hitler enviando al frente a una ex modelo vestida de combate. Pero Lee Miller no era una modelo cualquiera: de hecho, se trataba de la primera mujer que hab&#237;a pasado de un lado de la c&#225;mara al otro. En su Am&#233;rica natal hab&#237;a sido la primera Chica Kotex (es decir, la imagen del &#8220;escandaloso&#8221; primer aviso de compresas femeninas aparecido en una revista &#8220;de categor&#237;a&#8221; &#8211;eso s&#237;: fotografiada por el gran Steichen); luego hab&#237;a partido a Par&#237;s, donde se convirti&#243; en musa y amante de Man Ray adem&#225;s de enloquecerlo de celos con su promiscuidad; luego se intern&#243; en una cl&#237;nica en Suiza hasta alcanzar su peso &#8220;ideal&#8221; (con 45 kilos tendr&#237;a, seg&#250;n ella, las proporciones perfectas para que su cuerpo armonizara con el del diminuto millonario egipcio Aziz Bey y as&#237; poder casarse con &#233;l) y vaya a saberse cu&#225;nto tiempo habr&#237;a tardado en aburrirse de sus ex&#243;ticos pasatiempos en El Cairo (coleccionar serpientes y amantes, correr carreras nocturnas de camellos por el desierto, organizar con sus amigotes raids de saqueo en las excavaciones arqueol&#243;gicas, que consist&#237;an en robar piezas de una pir&#225;mide para plantarlas distra&#237;damente en otra), si el estallido de la Segunda Guerra no la hubiese confinado en Inglaterra.</p><p>Durante el bombardeo de Londres, Miller convenci&#243; a Vogue de hacer producciones de modas en la calle, entre los escombros. Como ninguna otra modelo se atrev&#237;a, posaba y se sacaba las fotos ella misma en las calles. Las fotos que entregaba a la revista daban mucha menos importancia a la modelo y los vestidos que al tel&#243;n de fondo (una de sus im&#225;genes m&#225;s poderosas era la de una iglesia bombardeada, de cuyo p&#243;rtico sal&#237;a una cascada de escombros como si fueran feligreses a la salida del oficio dominical), de manera que los de Vogue habr&#225;n respirado aliviados cuando Miller logr&#243; colarse en el contingente de prensa que acompa&#241;ar&#237;a el desembarco en Normand&#237;a. Pero no se esperaban lo que sucedi&#243; despu&#233;s.</p><p>A fines de abril de 1945, Miller entr&#243; junto con las tropas aliadas en el campo de concentraci&#243;n de Dachau. Esa misma tarde, junto a su amigo y amante Dave Scherman, fot&#243;grafo de la revista Life, consigui&#243; forzar la entrada de la residencia secreta de Hitler en Munich, sobre la Prinzregentenplatz (seg&#250;n dijo despu&#233;s, llevaba anotada la direcci&#243;n desde que hab&#237;a desembarcado en Normand&#237;a). Envi&#243; a Vogue dos rollos de fotos realizados esa jornada: uno era de fotos tomadas por ella, el otro era de fotos de ella tomadas por Scherman. En el primero se ve&#237;an im&#225;genes estremecedoras de cuerpos fam&#233;licos apilados unos encima de otros, con los ojos a&#250;n abiertos y la mueca de la muerte deform&#225;ndolos. Miller rog&#243; a Vogue que tuvieran el coraje de publicarlas y que titularan la nota con una sola palabra, en tama&#241;o cat&#225;strofe: &#8220;CREANLO&#8221;. En el otro rollo, enviado por equivocaci&#243;n, se ve&#237;a a Miller desnuda en la ba&#241;adera de Hitler. En el piso, a sus pies, yac&#237;an sus borcegu&#237;es embarrados y su uniforme de combate hecho un bollo. Cabe aclarar que en el momento en que Miller trataba de que el agua desprendiera de su cuerpo los horrores de Dachau en aquella ba&#241;adera de Munich, llegaba desde Berl&#237;n la noticia de que Hitler se hab&#237;a suicidado. Un fot&#243;grafo actual las exhibir&#237;a juntas en d&#237;ptico, y el curador de dicha muestra nos explicar&#237;a c&#243;mo &#8220;dialogan&#8221; ambas im&#225;genes, pero aqu&#233;lla no era una &#233;poca de dualidades dial&#243;gicas sino de dicotom&#237;as antag&#243;nicas, y Miller qued&#243; en la Historia no por las fotos que sac&#243;, sino por aquella imagen que la mostraba desnuda en la ba&#241;adera de Hitler.</p><p>La pudibundez y mojigater&#237;a de los &#8217;50 no eran para ella, o quiz&#225; la culpa fue de la guerra, de lo que hab&#237;a visto de la guerra. A los cuarenta a&#241;os tuvo su &#250;nico hijo, con Ronald Penrose, un admirador brit&#225;nico de los surrealistas que era homosexual hasta que la conoci&#243; y volvi&#243; a serlo despu&#233;s de probar en carne propia c&#243;mo era la vida junto a ella, en una granja en Sussex. Para entonces, Miller era una muerta en vida. Se desentendi&#243; de la fotograf&#237;a tal como se desentendi&#243; de su hijo y para cuando llegaron los &#8217;60 ya estaba demasiado quemada para participar de ellos o siquiera prestarles atenci&#243;n. Su muerte pas&#243; sin pena ni gloria, pero el hallazgo en el desv&#225;n de aquella granja de Sussex de su trabajo fotogr&#225;fico (cerca de cuatrocientas copias de las fotos que Miller consider&#243; lo suficientemente buenas como para agrandarlas y m&#225;s de treinta mil contactos y negativos) le dieron post-mortem el respeto que busc&#243; infructuosamente en vida. S&#243;lo hab&#237;a copiado sus fotos del desierto egipcio, de Londres bajo las bombas y de su paso por la guerra europea. Pero entre los contactos se encontraron joyas como una toma de 1930 de Pica-sso, Man Ray y ella misma (como ninfa desnuda) imitando el c&#233;lebre Almuerzo sobre la hierba de Manet.</p><p>Todas las biograf&#237;as sobre Lee Miller, incluyendo la que escribi&#243; su hijo, repiten en forma escalofriante que fue violada a los siete a&#241;os por &#8220;un amigo de la familia nunca identificado&#8221;, que le contagi&#243; gonorrea. La curaci&#243;n por ese entonces consist&#237;a en horribles enemas de cloruro de potasio, tan dolorosas que sus hermanos deb&#237;an ser trasladados a una casa a dos cuadras de distancia para que no oyeran sus aullidos. Tambi&#233;n dicen que su padre la fotografi&#243; desnuda desde la infancia hasta el fin de su adolescencia y que a los catorce Lee vio c&#243;mo se ahogaba delante de sus ojos un pretendiente que quer&#237;a atraer su atenci&#243;n. Seg&#250;n la leyenda, Man Ray descubri&#243; la solarizaci&#243;n (la manera surrealista de fotografiar, que consiste en sobreimprimir el negativo al positivo) intentando hacerle un retrato que la mostrara tal como era para &#233;l, cuando eran amantes. A&#241;os despu&#233;s, cuando vio aquellas fotos hechas en Londres durante la guerra en que Lee Miller posaba y se fotografiaba ella misma, vestida de largo, con los escombros producidos por las bombas a su alrededor, Man Ray dijo (o dicen que dijo): &#8220;As&#237; exactamente es c&#243;mo la ve&#237;a yo, y c&#243;mo la ve&#237;amos todos los surrealistas&#8221;. Ella no pensaba lo mismo. Encerrada en un cuarto de hotel en Par&#237;s despu&#233;s de la guerra, rodeada de botellas vac&#237;as de ginebra y frascos vac&#237;os de dexedrina, le escribi&#243; a su amigo Scherman: &#8220;No hay retrato posible de m&#237;. Soy un rompecabezas h&#250;medo cuyas piezas hinchadas no encajan. Por eso voy a dejar la fotograf&#237;a: para que ella me deje a m&#237;&#8221;.</p><p></p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!YYL5!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F45cb3a7b-eaa8-41b0-b0b1-dc784d89f143_320x335.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!YYL5!, /__u/contratapaforn.substack.com/w_424, /__u/contratapaforn.substack.com/c_limit, /__u/contratapaforn.substack.com/f_webp, /__u/contratapaforn.substack.com/q_auto:good, /__u/contratapaforn.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F45cb3a7b-eaa8-41b0-b0b1-dc784d89f143_320x335.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!YYL5!, /__u/contratapaforn.substack.com/w_848, 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invenci&#243;n del micr&#243;fono hab&#237;a generado un gigantesco malentendido.]]></description><link>https://contratapaforn.substack.com/p/pan-con-miel</link><guid isPermaLink="false">https://contratapaforn.substack.com/p/pan-con-miel</guid><dc:creator><![CDATA[Contratapa Forn]]></dc:creator><pubDate>Fri, 31 Jul 2026 15:40:09 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!3z3y!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fade3ccd2-a940-4e20-868c-20f26bdd05a2_1056x1056.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Joao Gilberto dec&#237;a que la invenci&#243;n del micr&#243;fono hab&#237;a generado un gigantesco malentendido. No se trataba de amplificar el sonido sino de poder hacer sentir a cada una de las personas de la platea que les estaba cantando al o&#237;do. Eso era lo que m&#225;s le gustaba: tocar bajito, toda la noche, sentado en un bar o un living, rodeado de un pu&#241;ado de fieles, y al amanecer, caf&#233; con leche y pan con miel para todos, pagado de su bolsillo, en alg&#250;n barcito que mirara al mar en Ipanema. Dice la leyenda que despu&#233;s de aquellas noches ofrec&#237;a llevar a cada uno a casa en su auto y que manejaba ignorando todos los sem&#225;foros rojos en su camino tal como ignoraba todas las leyes de composici&#243;n que reg&#237;an la m&#250;sica brasile&#241;a hasta que &#233;l agarr&#243; una guitarra por primera vez. Todos quer&#237;an pasarse la noche entera escuchando a Joao, pero nadie quer&#237;a ir en auto con &#233;l despu&#233;s. En esas vertiginosas traves&#237;as de madrugada por las avenidas de R&#237;o de principios de los &#8217;60, Joao repet&#237;a a quien se atreviera a ir a su lado que todo iba demasiado r&#225;pido, que hab&#237;a que serenar. &#8220;&#191;Por qu&#233; no manejas como tocas?&#8221;, le imploraban sus amigos. &#8220;&#191;Por qu&#233; no tocar&#225; como maneja?&#8221;, lo cuestionaban sus enemigos.</p><p>Joao prefiri&#243; no discutir. Invent&#243; la bossa nova y se fue a vivir a Estados Unidos. Lo curioso es que a Joao no le gustaba el jazz: &#8220;Eso no es samba&#8221;, le dijo una vez a Miles Davis (que lo persigui&#243; durante a&#241;os para tocar juntos). Eso mismo le pasaba a Elis Regina con Jobim y Gilberto: detestaba la bossa, no le parec&#237;a samba. En su primer disco puso una canci&#243;n que dec&#237;a &#8220;Samba eu canto assim&#8221;, y era casi jazz, pura personalidad, pero a la vez nadie se pareci&#243; tanto a Joao como Elis en eso del movimiento perpetuo siempre en el mismo lugar para alcanzar, a trav&#233;s de la repetici&#243;n siempre diferente, la forma perfecta. Glauber Rocha, que adoraba a Joao Gilberto (y so&#241;&#243; toda su vida filmar una versi&#243;n de Las palmeras salvajes de Faulkner ambientada en Bah&#237;a, con su amigo haciendo de cantor y guitarrista ciego) dec&#237;a que Joao feminiz&#243; la m&#250;sica brasile&#241;a introduciendo la dulzura, la delicadeza, y que por eso las mujeres se virilizaron para cantarle a la par (y daba como ejemplo las voces poderosas de Maria Beth&#226;nia y de Gal Costa, pero en particular la de Elis Regina, que no ven&#237;a de Bah&#237;a sino de Porto Alegre, era hija de lavandera, malhablada y de mal car&#225;cter como ninguna, y se hab&#237;a operado las tetas no para agrand&#225;rselas sino para reduc&#237;rselas).</p><p>El problema de la bossa fue que se la apropiaron los caretas, que acusaban a Elis y Beth&#226;nia y Gal de cantar &#8220;como negras&#8221;, por su potencia y su impudor. Gilberto Gil y Chico Buarque contestaron a su manera: en un show conjunto, Chico apareci&#243; con la cara pintada de negro y Gil con la cara pintada de blanco. Gil y Caetano Veloso hab&#237;an cometido pecado mortal al electrificar el samba. La izquierda los acus&#243; de colonizados, la derecha de vendepatrias. Gil les cant&#243; en la cara a unos y otros &#8220;Soy loco por ti Am&#233;rica&#8221; dedicada al Che Guevara, Caetano invit&#243; al escenario a Os Mutantes vestidos de hippies para cantar &#8220;E proibido proibir&#8221; (y cuando la rechifla les impidi&#243; cantar, Caetano grit&#243;: &#8220;&#161;Si son en pol&#237;tica como en est&#233;tica, estamos fritos!&#8221;). El gobierno militar invent&#243; el lema &#8220;Brasil, &#225;melo o d&#233;jelo&#8221; y mand&#243; al exilio a Caetano y a Gil. Tambi&#233;n le fueron a buscar la lengua a Joao Gilberto, para que condenara la electrificaci&#243;n del samba, pero Joao los dej&#243; mudos como siempre: dijo que la forma m&#225;s popular de la m&#250;sica en Bah&#237;a durante su juventud eran &#8220;os trios el&#233;tricos&#8221; (grupos de cavaquinho, guitarra y percusi&#243;n que tocaban desde camiones con altavoces que circulaban por las calles durante el carnaval versionando cl&#225;sicos &#8220;electrificados&#8221;, es decir tocados en ritmo de frevo enloquecido). Por eso, cuando oy&#243; por primera vez a Jimi Hendrix, Joao Gilberto dijo: &#8220;Bah&#237;a invent&#243; la distorsi&#243;n. Hendrix s&#243;lo la mejor&#243;&#8221;.</p><p>De todos los hijos musicales que tuvo Joao Gilberto, el m&#225;s distorsionado, el m&#225;s opuesto y el m&#225;s complementario tambi&#233;n, fue el negrazo Tim Maia. Para empezar, est&#225; la famosa exigencia a sus t&#233;cnicos de sonido: &#8220;Mais graves! Mais agudos! Mais eco! Mais retorno! MAIS TUDO!!!&#8221;. Hay una an&#233;cdota de los comienzos de Caetano y Chico: ambos participaban en un programa televisivo llamado Esta noite se improvisa. Los jurados les tiraban una palabra y ellos ten&#237;an que recordar una canci&#243;n famosa donde apareciera esa palabra. Caetano parec&#237;a la memoria ambulante de la radio brasile&#241;a de los a&#241;os &#8217;30 y &#8217;40, era capaz de imitar con igual maestr&#237;a a cantantes hombres y mujeres, y ten&#237;a al p&#250;blico en ascuas porque siempre eleg&#237;a canciones que tuvieran la palabra pedida cerca del final. Chico, que siempre dijo ser m&#225;s limitado que Caetano, optaba por inventar canciones en el momento, las adjudicaba a un autor conocido o ap&#243;crifo y esperaba con su cara de &#225;ngel la decisi&#243;n del jurado, que deliberaba y deliberaba por temor a quedar en rid&#237;culo. Tim Maia hac&#237;a un poco lo de Chico y otro poco lo de Caetano: ten&#237;a toda la m&#250;sica adentro y compon&#237;a tarareando, instrumento por instrumento, a alguien que supiera transcribir m&#250;sica. Tim Maia es el James Brown brasile&#241;o, o rei do fanki, como dicen ellos: siempre tuvo bandas grandes con secciones de vientos, de percusi&#243;n, coristas y mucho instrumento el&#233;ctrico. En sus shows, la iluminaci&#243;n estaba puesta de tal manera que nadie sab&#237;a si era blanco o negro. Tim no aceptaba limusinas; &#233;l viajaba en bondi: se hac&#237;a mandar un colectivo lleno de chicas, maconha y cerveza para llegar a sus shows (y el cachet deb&#237;a pag&#225;rsele en estricto efectivo, en bolsas de papel que acumulaba debajo de su cama). Regalaba dosis de LSD en sus conciertos, y declaraba: &#8220;No fumo, no bebo, no cojo, no me drogo. S&#243;lo miento un poquito&#8221;.</p><p>Hay una hermosa an&#233;cdota sobre Joao y &#233;l. Acababa de inaugurarse el Canecao en R&#237;o, y convencieron a Joao Gilberto para que viniera de EE.UU. a tocar. El tipo lleg&#243; solo con su guitarrita a la prueba de sonido, vio que el Canecao era un galp&#243;n de material y techo de chapa con ac&#250;stica imposible y, sin decir nada a nadie, decidi&#243; volverse al aeropuerto y pescar el primer avi&#243;n a Nueva York. Como la casa de sus amigos Os Novos Bahianos estaba cerca, en Botafogo, fue caminando hasta all&#225; y golpe&#243; la puerta. Le abri&#243; Tim Maia, enorme de gordo en su t&#250;nica, transpirado y verborr&#225;gico. Mirando a Joao de arriba a abajo (que iba como siempre, de traje y corbata y engominado), grit&#243; para adentro, a Os Novos Bahianos, a quienes estaba predicando las virtudes de la electrificaci&#243;n: &#8220;&#161;Llamaron a la polic&#237;a musical porque ten&#237;an miedo de que los convenciera!&#8221; Dice la leyenda que Tim se qued&#243; todo un d&#237;a y una noche escuchando a Joao cantar y tocar su guitarra, y despu&#233;s de desayunar juntos caf&#233; con leche y pan con miel en un bar, lo vio partir hacia el Galeao en el auto de Os Novos Bahianos con l&#225;grimas en los ojos.</p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!F9zX!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa9a8d537-0475-44dc-9739-fd14837cf637_232x232.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source 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isPermaLink="false">https://contratapaforn.substack.com/p/medio-centimetro-de-tristeza</guid><dc:creator><![CDATA[Contratapa Forn]]></dc:creator><pubDate>Fri, 24 Jul 2026 17:07:14 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!3z3y!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fade3ccd2-a940-4e20-868c-20f26bdd05a2_1056x1056.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hab&#237;a una vez una princesa que fue a ver a Freud para no suicidarse. Ten&#237;a 44 a&#241;os, la hab&#237;an criado para casarse, la hab&#237;an casado con el pr&#237;ncipe heredero de la corona de Grecia y Dinamarca, que result&#243; ser un homosexual rampante; desde entonces llevaba veinte a&#241;os buscando desesperadamente alcanzar la volupt&#233; (como llamaba al orgasmo) con diferentes amantes, que la hab&#237;an despreciado por fr&#237;a. Freud, que registr&#243; de inmediato la calidez humana debajo del t&#237;tulo nobiliario, la angustia sexual y la desesperaci&#243;n suicida de la princesa, y logr&#243; hablarle como nunca nadie le hab&#237;a hablado, fracas&#243; sin embargo con ella, seg&#250;n los anales del psicoan&#225;lisis. Logr&#243; que no se suicidara, s&#237; (la princesa Bonaparte muri&#243; de muerte natural a los ochenta a&#241;os, en su residencia de verano de Saint Tropez, sin haber probado jam&#225;s el sabor de la volupt&#233;, seg&#250;n propia confesi&#243;n); logr&#243; incluso que encontrara un sentido a la vida, y un poco el problema est&#225; ah&#237;, para los anales del psicoan&#225;lisis: porque luego de paciente, la princesa Marie Bonaparte se convirti&#243; en disc&#237;pula de Freud y luego en terapeuta, dedic&#243; sus desvelos y su fortuna a difundir el psicoan&#225;lisis en Francia, sac&#243; a Freud y a su familia de Viena y los instal&#243; en Londres, pag&#243; de su bolsillo la edici&#243;n de las obras completas de su maestro en alem&#225;n, tradujo ella misma algunas al franc&#233;s y solvent&#243; durante a&#241;os la Sociedad Psicoanal&#237;tica de Par&#237;s. Pero su terapia con Freud y su figura son una aberraci&#243;n para los anales psi, y ni les cuento para las feministas.</p><p>Me explico: Marie Bonaparte era bisnieta del hermano libertino de Napole&#243;n, Lucien. El padre la cri&#243; para casarse. El mismo se hab&#237;a casado con la heredera del casino de Montecarlo, y para su hija aspiraba a lo m&#225;s alto: alguna de las casas reales europeas. Marie perdi&#243; a la madre al mes de nacer. El padre la puso en manos de una abuela desp&#243;tica, pero la dejaba curiosear en el gabinete donde daba rienda suelta a su afici&#243;n: una cruza un poco macabra entre la etnograf&#237;a y la biolog&#237;a (pagaba expediciones al Africa, ten&#237;a en su estudio la calavera de Charlotte Corday, la asesina de Marat, y el cuerpo disecado de una mujer prehist&#243;rica). Una de esas tardes en el gabinete, Marie le dijo que quer&#237;a estudiar medicina. El padre le dijo que su destino era el altar, no la universidad. Ella se cas&#243;, le dio un t&#237;tulo a su padre y dos hijos a la corona griega, se entreg&#243; en vano a diferentes amantes (ella misma escribi&#243; sobre ellos, as&#237; que se los puede nombrar: Leandri, el edec&#225;n corso de su padre; Aristide Briand, el primer ministro franc&#233;s; Rudolph L&#246;wenstein, el psiquiatra que la deriv&#243; a Freud; el cirujano Josef Halban, del que hablaremos en breve), y cuando nada de eso funcion&#243;, se arm&#243; un gabinete parecido al de su padre y se sent&#243; a estudiar su problema: haci&#233;ndose pasar por m&#233;dica, logr&#243; 243 testimonios de mujeres que confirmaron su presentimiento hasta entonces inmencionable. La frigidez se deb&#237;a a que su cl&#237;toris estaba a tres cent&#237;metros de su vagina. El problema era anat&#243;mico. Las mujeres que ten&#237;an el cl&#237;toris a m&#225;s de dos cent&#237;metros y medio de la vagina eran fr&#237;gidas por eso. Hab&#237;a soluci&#243;n quir&#250;rgica y ella misma se someti&#243; a la prueba: le pidi&#243; al doctor Halban que le desplazara el cl&#237;toris medio cent&#237;metro hacia abajo. La operaci&#243;n se hizo, los resultados fueron nulos.</p><p>Freud escuch&#243; con espanto el relato de la princesa. En vano intent&#243; convencerla de que deb&#237;a superar la etapa f&#225;lica, que la atenci&#243;n al cl&#237;toris era mera nostalgia del pene, una forma de no asumir su condici&#243;n de mujer. La princesa se oper&#243; con Halban una segunda vez y Freud logr&#243; frenarla cuando iba a someterse por tercera vez a quir&#243;fano. Pero no pudo disuadirla del rol crucial del cl&#237;toris en la consecuci&#243;n de la volupt&#233;. Por diferencias mucho menores, Freud ech&#243; de su lado a un mont&#243;n de gente. Pero a la princesa la banc&#243;. Fue su amigo, su confesor y su consejero, y tambi&#233;n confi&#243; en ella, le dio la bendici&#243;n para que lo representara (y lo tradujera) en Francia, se puso en sus manos para que lo sacara de Austria, pidi&#243; que sus cenizas se guardaran en una urna griega que le hab&#237;a regalado la princesa. Por eso es doblemente significativo que estuviera refiri&#233;ndose a ella cuando escribi&#243; a&#241;os despu&#233;s su famosa frase: &#8220;La gran pregunta que nunca recibe respuesta y yo no estoy capacitado para responder, despu&#233;s de treinta a&#241;os de estudios sobre el alma femenina, es qu&#233; desea una mujer&#8221;.</p><p>La muerte eximi&#243; piadosamente a Freud de leer los libros de su amiga. La princesa Bonaparte no supo trabajar con otro criterio que el de su padre: el del aficionado asistem&#225;tico. Cuando teoriza es una cat&#225;strofe (Melanie Klein primero y las feministas despu&#233;s han escarnecido su summa te&#243;rica, el libro La sexualidad de la mujer), pero cuando es confesional, como en sus Cuadernos negros (donde habla de sus amantes, de su madre muerta, de su infancia, de su angustiosa insatisfacci&#243;n sexual), se expone con una franqueza que desarma. Dicen que tambi&#233;n como terapeuta era igual de heterodoxa: cuando part&#237;a con los primeros calores a su casa de Saint Tropez, recib&#237;a all&#237; a sus pacientes, les daba alojamiento y los mandaba de vuelta a Par&#237;s con su chofer (atend&#237;a en el jard&#237;n, bajo un casta&#241;o: una chaise longue para el paciente, y ella detr&#225;s en un sill&#243;n de mimbre, tejiendo crochet). Durante la guerra salv&#243; a m&#225;s de doscientas personas antes de irse ella misma a Egipto. Sus hijos dicen que fue flor de madre, su marido &#8211;el pr&#237;ncipe hel&#233;nico&#8211; le pidi&#243; que fuesen enterrados juntos (&#233;l muri&#243; primero) porque nadie le daba tanta paz como ella, fue generosa, amiga de mucha gente y enemiga de algunos que no tuvieron piedad con ella (Lacan fue el peor). En su vejez confes&#243; que el psicoan&#225;lisis le hab&#237;a procurado resignaci&#243;n, paz mental y la posibilidad de trabajar, pero que su vida estaba marcada por el fracaso y la a&#241;oranza de la volupt&#233;.</p><p>As&#237; como Freud no lleg&#243; a leer los libros de la princesa, la princesa no lleg&#243; a enterarse del status de pionera que le adjudicar&#237;a la sexolog&#237;a poco despu&#233;s de su muerte: Kinsey primero y Masters &amp; Johnson despu&#233;s reivindicaron los estudios de Marie Bonaparte, en especial la importancia del cl&#237;toris en el orgasmo de las mujeres. Tambi&#233;n el descubrimiento del Punto G se lo debemos a la princesa: Ernst Grafenberg (el Se&#241;or G del Punto G) sigui&#243; sus textos en busca de zonas er&#243;genas en la pared frontal de la vagina. Pero lo que m&#225;s me alucina a m&#237; es que incluso aquel exc&#233;ntrico trabajo de campo con 243 mujeres result&#243; asombrosamente preciso: los cirujanos pl&#225;sticos de la actualidad que se especializan en reconstrucci&#243;n vaginal fijan en exactamente dos cent&#237;metros y medio &#8220;la distancia armoniosa que debe haber entre el cl&#237;toris y la vagina&#8221;. Incluso esa leve versi&#243;n de la volupt&#233; &#8211;la de tener raz&#243;n&#8211; le fue negada en vida a la princesa Marie Bonaparte.</p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!bdBH!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd2108d78-d8eb-484e-98f6-fc5b1e42913a_232x271.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!bdBH!, /__u/contratapaforn.substack.com/w_424, /__u/contratapaforn.substack.com/c_limit, /__u/contratapaforn.substack.com/f_webp, /__u/contratapaforn.substack.com/q_auto:good, /__u/contratapaforn.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd2108d78-d8eb-484e-98f6-fc5b1e42913a_232x271.jpeg 424w, 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actividades culturales del campo &#8220;cojean de ambos pies&#8221;. Kolym&#225; es Siberia, el gulag, el infierno blanco, los olvidados de Dios. &#8220;Todo, salvo las piedras, nos estaba prohibido&#8221;, dice Varlam Shalamov. En Kolym&#225; los p&#225;jaros no cantan. Las flores, fugaces y an&#233;micas, no tienen olor. Ni los &#225;rboles huelen en ese corto verano de aire fr&#237;o que en realidad es una primavera enceguecedora, sin una gota de lluvia. Pero para el jefazo lo que le andaba faltando a la moral de los presos era actividad cultural. Mandaron llamar al preso encargado de tales menesteres, que en su vida real hab&#237;a sido mayor del Ej&#233;rcito Rojo, el mayor Pugachov, y &#233;ste le contest&#243; al jefazo que no se preocupara: &#8220;Estamos preparando una obra de la que hablar&#225; toda Kolym&#225;&#8221;. La obra era una fuga. Pugachov y los suyos eran una nueva especie en Kolym&#225;. Eran, como Shalamov, presos pol&#237;ticos, enemigos del pueblo. Pero no eran como los dem&#225;s prisioneros pol&#237;ticos llegados desde los a&#241;os &#8217;30 a Siberia: no se derrumbaban moralmente pregunt&#225;ndose qu&#233; hab&#237;an hecho, c&#243;mo pudo hacerles eso la Revoluci&#243;n. Eran hombres de acci&#243;n, puro reflejo animal: ven&#237;an de pelear como leones contra los nazis, de arriesgar el pellejo escapando de los lager para volver a sus filas y empu&#241;ar de nuevo las armas. Pero la guerra ya estaba ganada y Stalin los mand&#243; a Siberia. Los mand&#243; cuando acababa el oto&#241;o, creyendo que el invierno los quebrar&#237;a, los igualar&#237;a a los dem&#225;s presos pol&#237;ticos. Ellos se tomaron el invierno para estudiar el terreno, en condiciones infrahumanas, trazaron un plan enloquecido, esperaron el momento oportuno con la llegada de la primavera, y un d&#237;a se fugaron.</p><p>Los agarraron a todos. Los tuvieron que matar para agarrarlos, y al &#250;nico que agarraron vivo, agonizante, lo revivieron y despu&#233;s lo cosieron a balazos. Se desquitaron con &#233;l porque cuando s&#243;lo les faltaba encontrar a Pugachov, y lo encontraron, &#233;ste se dispar&#243; en el paladar la &#250;ltima bala que le quedaba, mir&#225;ndolos fieramente a los ojos. Dice Shalamov que cuando se enfrentaron los guardias y los presos fugados, ambos bandos exhibieron equivalente temeridad: los presos porque no iban a entregarse vivos, los guardias porque sab&#237;an que ser&#237;an convertidos en presos en cuanto sus superiores se enteraran de la fuga. Dice Shalamov que su pa&#237;s es un pa&#237;s de esperanzas absurdas, hechas de rumores, sospechas, conjeturas e hip&#243;tesis, y que por eso cualquier acontecimiento crece hasta convertirse en leyenda antes de que el informe del jefe local logre llegar, llevado por el m&#225;s veloz correo, hasta las altas esferas. Eso es la literatura rusa, si se lo piensa un poco (en el final de Los hermanos Karamazov, Dostoievski escribe: &#8220;Lo que se dice aqu&#237; se oye en toda Rusia&#8221;). La fuga de Pugachov, el relato de la fuga de Pugachov, corri&#243; como mercurio derramado por Kolym&#225;, fue la actividad cultural por excelencia de aquel verano y el invierno siguiente. Shalamov estaba all&#237; y vivi&#243; para contarlo. Lo cont&#243; en catorce p&#225;ginas alucinantes, y en otros setenta cuentos m&#225;s, que rara vez son m&#225;s largos, y a veces necesitan apenas tres p&#225;ginas para llegar hasta el fondo de la m&#233;dula espinal de quien las lee.</p><p>Shalamov hab&#237;a sido deportado a Siberia de jovencito, pas&#243; veinticuatro a&#241;os all&#225;, pudo volver reci&#233;n despu&#233;s de la muerte de Stalin: no ten&#237;a cincuenta y parec&#237;a de setenta (hab&#237;a quedado sordo, perdido la vista de un ojo, ten&#237;a Parkinson). Se pas&#243; los ocho a&#241;os siguientes escribiendo, uno tras otro, setenta cuentos como el de la fuga de Pugachov. Consideraba su vida acabada, s&#243;lo le importaba dejar en papel su experiencia en Kolym&#225; y tallaba cada pieza de su mosaico como un miniaturista loco. Hasta que, en noviembre de 1962, la revista Novy Mir public&#243; un cuento llamado &#8220;Un d&#237;a en la vida de Iv&#225;n Denisovich&#8221; de un desconocido llamado Alexander Solzhenitsyn. Era la primera descripci&#243;n del gulag que aparec&#237;a en letra impresa. Se dec&#237;a que el propio Kruschev hab&#237;a dado el visto bueno para que se publicara. Shalamov la ley&#243; en su cochambroso cuarto, le escribi&#243; a Solzhenitsyn (que era once a&#241;os menor y que hab&#237;a pasado diez a&#241;os menos que &#233;l en Siberia), le mostr&#243; sus cuentos, le pregunt&#243; qu&#233; hacer con ellos. Solzhenitsyn le dijo que no eran lo suficientemente &#8220;art&#237;sticos&#8221; (aunque a continuaci&#243;n le propuso que lo ayudara a escribir Archipi&#233;lago Gulag; Shalamov le contest&#243; que lo que ten&#237;a para contar s&#243;lo pod&#237;a escribirlo solo). Mientras tanto, Brezhnev eyect&#243; a Kruschev, acab&#243; con el deshielo, convirti&#243; a Solzhenitsyn en una bandera de la disidencia (y lo ech&#243; de la URSS cuando &#233;l logr&#243; filtrar a Occidente y publicar all&#225; su Archipi&#233;lago) y Shalamov sigui&#243; escribiendo como un muerto en vida sus cuentos. Cada vez escrib&#237;a menos, hasta que en 1973 no escribi&#243; m&#225;s. Pero algunos de esos cuentos empezaron a circular de mano en mano, en samizdat, alguien los cruz&#243; al otro lado y un peri&#243;dico de rusos blancos en Nueva York los public&#243;.</p><p>Shalamov repudi&#243; la publicaci&#243;n desde Novy Mir. Fue la primera y &#250;ltima prosa suya que vio en letra impresa en su vida. Dijo que no era un disidente, que no era bandera de nadie. Nadie le crey&#243;: o pensaron que era un cobarde o que lo hab&#237;an obligado a firmar. La mayor&#237;a cre&#237;a que lo hab&#237;an obligado: en 1979 el Pen Club franc&#233;s anunci&#243; que le dar&#237;a a Shalamov el Premio de la Libertad. Las autoridades rusas lo internaron en un asilo para d&#233;biles mentales, donde muri&#243;, ido y solo, tres a&#241;os despu&#233;s. El &#250;ltimo de sus Relatos de Kolym&#225; es la historia de una rama seca de alerce que llega por correo a Mosc&#250;. La destinataria la pone en una lata y llena la lata con agua de la canilla, &#8220;esa agua muerta de las ca&#241;er&#237;as moscovitas&#8221;. Pasan varios d&#237;as y la mujer se despierta una noche por un vago olor a trementina, que no sabe de d&#243;nde viene. Es la rama de alerce, las &#237;nfimas agujas de pinocha que asoman de sus nudos. El alerce es el &#250;nico &#225;rbol que huele en Kolym&#225;. De all&#237; viene la rama. La destinataria de la rama es la viuda de un poeta que muri&#243; en Kolym&#225;. Shalamov no la nombra, pero sabemos que es la extraordinaria Nadezhda Mandelstam, porque en otro cuento relata la muerte del gran Ossip (&#8220;sus compa&#241;eros de barraca ocultaron su muerte dos d&#237;as para quedarse con su raci&#243;n de pan, de modo que el poeta muri&#243; dos d&#237;as antes de su muerte, que lo sepan sus futuros bi&#243;grafos&#8221;). Dice Shalamov que, al principio, el olor del alerce parece el olor de la descomposici&#243;n, el olor de los muertos. Pero si uno inspira hondamente y con atenci&#243;n, comprende lentamente que &#233;se es el olor de la vida, de la resistencia, de la victoria.</p><p>La literatura rusa est&#225; hecha en madera de alerce. Shalamov nos lo ense&#241;&#243;.</p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!pbQV!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fcd4fa20b-070a-4477-aa48-7fba4658c89a_232x268.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!pbQV!, /__u/contratapaforn.substack.com/w_424, /__u/contratapaforn.substack.com/c_limit, /__u/contratapaforn.substack.com/f_webp, /__u/contratapaforn.substack.com/q_auto:good, /__u/contratapaforn.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fcd4fa20b-070a-4477-aa48-7fba4658c89a_232x268.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!pbQV!, /__u/contratapaforn.substack.com/w_848, /__u/contratapaforn.substack.com/c_limit, 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Le ofrec&#237; traerle audiolibros, le ofrec&#237; conseguirle una persona que le vaya a leer, y ocupar yo ese lugar los d&#237;as que voy a Buenos Aires. Le ofrec&#237; que encar&#225;semos juntos los siete tomos de En busca del tiempo perdido (yo leer&#237;a cada noche en Gesell hasta donde ella hubiera le&#237;do ese d&#237;a en Buenos Aires, y en mis d&#237;as all&#225; pod&#237;amos seguir leyendo los dos juntos o comentar lo le&#237;do hasta entonces). Propuse Proust porque ella se ha jactado siempre de su ascendencia francesa y nada le gusta m&#225;s que conversar sobre gente conocida: &#8220;&#191;Te acord&#225;s cuando el Franc&#233;s Dubois sobrevolaba con su avioneta la casa de La Cumbre, para avisar que lo fueran a buscar al aerodromo (ella pronuncia la palabra con el acento grave, en la segunda o) y que estuvieran los coloraditos listos cuando llegara?&#8221; (el coloradito era el trago de rigor en aquella casa: gin, campari y ralladura de lim&#243;n). Pero mi madre me contesta en monos&#237;labos que Proust era un snob; por un instante asoma su vieja personalidad, taxativamente pasional; es apenas un chispazo pero tiene su gracia escalofriante ver hasta d&#243;nde llega su influencia subterr&#225;nea en m&#237; (&#191;por haberle o&#237;do decir eso alguna vez yo no he podido nunca leer a Proust?).</p><p>Trat&#233; entonces de tentarla con Los gozos y las sombras, perspectiva poco promisoria para m&#237; pero sab&#237;a cu&#225;nto hab&#237;a disfrutado ella los tres tomazos de la novela y la miniserie (y me resultaba dif&#237;cil imaginar una lectura que fuese m&#225;s visual para ella, que creo que es lo que m&#225;s a&#241;ora). Pero tampoco consegu&#237; interesarla. En cambio, para mi sorpresa, me pidi&#243; que le contara qu&#233; estaba leyendo yo, qu&#233; libro llevaba ese d&#237;a en la mochila. Yo le he mentido descaradamente a mi madre a lo largo de la vida, me llev&#243; su tiempo pero aprend&#237; al fin a decirle lo que ella quiere o&#237;r. Y me pareci&#243; improbable que quisiera o&#237;r las impresionantes historias sobre trastornos de la vista que cuenta el neur&#243;logo Oliver Sacks en El ojo de la mente. Pero ella se mostr&#243; interesada en los casos cuando empec&#233; a contarle con cierta vacilaci&#243;n de un trastorno llamado alexia, que es la incapacidad de leer. Uno se levanta una ma&#241;ana, abre el diario y es como si estuviera escrito en cir&#237;lico (puede leer la hora en su reloj, pero no por los n&#250;meros sino por la ubicaci&#243;n de las agujas; puede &#8220;leer&#8221; un durazno pero no por su aspecto sino por el tacto, el olor o el sabor). Un escritor canadiense llamado Engel se despert&#243; un d&#237;a as&#237;. Lleg&#243; desesperado al hospital y una enfermera le pregunt&#243; si pod&#237;a escribir y Engel descubri&#243; para su estupor que s&#237; (pero no pod&#237;a leer lo que hab&#237;a escrito). En una &#233;poca se la llam&#243; ceguera a la palabra, hasta que Freud la bautiz&#243; agnosia visual. Engel miraba el cielo y ve&#237;a azul, ve&#237;a la calle y las personas como cualquiera de nosotros, pero como escritor era ciego: debi&#243; pasar de leer a escuchar y de escribir a dictar.</p><p>&#8220;Esa historia es m&#225;s para vos que para m&#237;&#8221;, se limita a decir mi madre. Le interesa m&#225;s lo de un profesor ingl&#233;s de religi&#243;n llamado Hull a quien le pas&#243; algo peor cuando se qued&#243; ciego, a los cuarenta, y su memoria e imaginaci&#243;n visual empezaron a escurr&#237;rsele entre los dedos: cada d&#237;a perd&#237;a un rostro, un paisaje, un color. Estaba tan pendiente de esa p&#233;rdida que tard&#243; en darse cuenta de c&#243;mo se le iban desarrollando los otros sentidos. Hull dice que de a poco empez&#243; a &#8220;o&#237;r&#8221; los objetos silenciosos, como los faroles de la calle o los autos estacionados: cuando pasaba junto a ellos era como si se espesara la atm&#243;sfera, los objetos le devolv&#237;an el sonido de sus pisadas. A una pianista h&#250;ngara que sufri&#243; una afasia a los sesenta le pas&#243; lo contrario, pero a la vez lo mismo. El af&#225;sico se despierta una ma&#241;ana y descubre que no puede hablar. Poco a poco descubre que tambi&#233;n ha perdido el habla interna; ya no puede hablarse a s&#237; mismo tampoco. De pronto toda queda limitado a lo visual: s&#243;lo puede expresar sus pensamientos y sentimientos a trav&#233;s de gestos m&#237;micos. Pero muchas v&#237;ctimas de afasia son capaces de desarrollar una intensificaci&#243;n compensatoria de sus capacidades no ling&#252;&#237;sticas, sobre todo la capacidad para &#8220;leer&#8221; las intenciones de los dem&#225;s a partir de sus gestos faciales e inflexiones vocales: tienen un don para detectar cu&#225;ndo la gente miente, por ejemplo.</p><p>El escritor canadiense descubri&#243; un d&#237;a que pod&#237;a identificar las letras individualmente, si ten&#237;a un l&#225;piz en la mano o dibujaba mentalmente el signo (lo entend&#237;a con la mano: s&#243;lo era capaz de &#8220;leer&#8221; al escribir). El profesor ingl&#233;s de religi&#243;n cuenta que cuando perdi&#243; la visi&#243;n central y se qued&#243; s&#243;lo con visi&#243;n perif&#233;rica descubri&#243; cu&#225;nto la subvaloramos: lo que vemos con el rabillo del ojo es lo que vemos m&#225;s distra&#237;damente, pero es la visi&#243;n perif&#233;rica, &#8220;rodeando&#8221; nuestra visi&#243;n central, lo que nos proporciona un contexto. Dice Hull que la identificaci&#243;n se basa en el conocimiento y la familiaridad se basa en el sentimiento. Y despu&#233;s se pregunta si la p&#233;rdida de imaginaci&#243;n visual no es un prerrequisito para el de-sarrollo pleno de los otros sentidos (Hull, como dije, es profesor de religi&#243;n). Miro a mi madre, que ha sido siempre muy religiosa, mientras digo esto. Ella est&#225; con la cara vuelta hacia la ventana, hacia la luz dorada de la tarde. Le digo que dice Hull que la ceguera lo acerc&#243; a la naturaleza (los sonidos, los olores, el tacto). Le digo que Hull tiene la costumbre de hacer preguntas cuando viaja, y que esas preguntas obligan al interlocutor a fijarse en cosas que hab&#237;a pasado por alto, lo obliga a ver mejor. El lenguaje sirve para ver, le digo a mi madre que dicen Hull y Oliver Sacks y el escritor canadiense y la pianista h&#250;ngara. Mi madre sonr&#237;e tristemente, gira la cabeza hacia m&#237; y dice: &#8220;&#191;No se est&#225; haciendo ya la hora de irte, mi querido? No quiero que pierdas el &#243;mnibus por m&#237;&#8221;.</p><p>Cuando Norman Mailer contest&#243; el Cuestionario Proust, describi&#243; as&#237; cu&#225;l era su viaje favorito: &#8220;El de vuelta a casa. La visi&#243;n desde el camino de las luces de mi casa de Provincetown&#8221;. Yo vuelvo a casa cada vez que salgo de la residencia donde vive mi madre en Belgrano. Camino por esas calles arboladas hasta el subte que me lleva a Retiro, donde espera el &#243;mnibus que me trae de vuelta a Gesell. Esas calles arboladas son en cierto modo como la entrada a Gesell, el momento en que uno sale de la ruta por la rotonda, baja la velocidad, abre la ventanilla, siente que ya est&#225; en casa. Son hermosas esas callecitas de Belgrano. Sin embargo, no hay trayecto m&#225;s triste para m&#237; que &#233;se, desde que salgo de la residencia donde vive mi madre hasta que el f&#225;rrago y el apretujamiento del subte me distraen misericordiosamente, a codazos.</p><p>Volver a casa. Eso quiere mi madre, eso queremos todos. Les deseo feliz a&#241;o, les deseo que puedan volver a casa.</p><p></p><p>Publicado el viernes 30 de diciembre de 2011</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[MEDIANOCHE EN UN MONOBLOCK DE SAN PETERSBURGO]]></title><description><![CDATA[Las &#250;ltimas fotos que se conocen de &#233;l se las sacaron con un celular en un vag&#243;n del metro de Petersburgo.]]></description><link>https://contratapaforn.substack.com/p/medianoche-en-un-monoblock-de-san</link><guid isPermaLink="false">https://contratapaforn.substack.com/p/medianoche-en-un-monoblock-de-san</guid><dc:creator><![CDATA[Contratapa Forn]]></dc:creator><pubDate>Fri, 03 Jul 2026 14:47:29 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!3z3y!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fade3ccd2-a940-4e20-868c-20f26bdd05a2_1056x1056.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Las &#250;ltimas fotos que se conocen de &#233;l se las sacaron con un celular en un vag&#243;n del metro de Petersburgo. Se est&#225; quedando pelado pero las mechas largas y desgre&#241;adas le llegan a los hombros, va en zapatillas sucias, un traje arrugado que le queda corto, sin corbata y con la camisa enteramente desprendida, flaco como un Cristo, la barba igual, la mirada perdida, las u&#241;as largas y sucias y curvadas hacia adentro como garras. El vag&#243;n va en direcci&#243;n sur, a K&#250;pchino, un barrio de monoblocks donde muere el metro. Todos los vecinos de K&#250;pchino saben qui&#233;n es Grisha Perelman y cu&#225;l es la puerta del &#237;nfimo departamento que comparte con su madre. Pero ninguno va a dec&#237;rselo a los periodistas y a los fan&#225;ticos de la matem&#225;tica que cada tanto merodean por ah&#237;.</p><p>Grisha Perelman resolvi&#243;, en el a&#241;o 2002, la Conjetura de Poincar&#233;, el problema insoluble por antonomasia del mundo de la matem&#225;tica. Ven&#237;a de esas mismas calles, hijo de madre sola y padre emigrado a Israel, acceso vedado a la universidad por ser jud&#237;o (incre&#237;ble pero cierto: en 1983 segu&#237;a rigiendo en la Rusia sovi&#233;tica el numerus clausus del zar: s&#243;lo dos plazas cada diez mil estudiantes), la &#250;nica chance que ten&#237;a Grisha Perelman de estudiar en la Universidad de Leningrado era entrando en el equipo sovi&#233;tico para las Olimp&#237;adas Matem&#225;ticas. Preparado por su madre y un ex presidiario de 19 a&#241;os, Grisha lo hizo. Viaj&#243; con el equipo sovi&#233;tico a Budapest, resolvi&#243; todos los problemas que le pusieron delante, gan&#243; con puntaje perfecto la medalla dorada, entr&#243; en la Universidad, brill&#243; tambi&#233;n ah&#237;, se lo disputaron el Instituto Matem&#225;tico Steklov de su pa&#237;s y la NYU de Nueva York, que al final lo convenci&#243; de aceptar al menos una estad&#237;a de un a&#241;o con ellos. Grisha fue, conoci&#243; el parnaso de la matem&#225;tica, incluso tuvo ocasi&#243;n de tratar a las dos luminarias de su rubro (el americano Richard Hamilton y el chino Shing Tung Yau), pero prefiri&#243; volver a Rusia, dijo que pensaba mejor all&#225;, se trajo cinco mil d&#243;lares de ese a&#241;o viviendo a leche y pan negro en Nueva York, seg&#250;n sus c&#225;lculos le dar&#237;an para mantenerse con su madre unos doce a&#241;os, en el Instituto Steklov le pagaban cien d&#243;lares al mes, ya no hab&#237;a Estado sovi&#233;tico, la Rusia de Yeltsin no ten&#237;a presupuesto para gastar en matem&#225;ticos.</p><p>Fundido a negro, placa con el a&#241;o 2002. Perelman cuelga en Internet, en tres entregas, cada una m&#225;s corta que la anterior, su resoluci&#243;n de la Conjetura de Poincar&#233;. Ha ignorado el protocolo de la matem&#225;tica: no se ampar&#243; en un padrino, no trabaj&#243; en equipo, no mand&#243; su trabajo a una revista seria, no esper&#243; pacientemente que se lo revisaran y aprobaran y le dieran turno de publicaci&#243;n, y se discutiera despu&#233;s en otros art&#237;culos. Simplemente lo colg&#243; en Internet. Hab&#237;a sido tan endiabladamente sint&#233;tico en su formulaci&#243;n (no ten&#237;a tiempo de chequear ciertos desarrollos, trabajaba solo) que dos equipos distintos, uno europeo y otro yanqui, estuvieron dos a&#241;os enteros chequeando cada paso de la resoluci&#243;n y luego sometieron sus resultados a las luminarias Hamilton y Yau, que llevaban d&#233;cadas rompi&#233;ndose la cabeza con ese tema sin encontrarle la vuelta, y al fin todos llegaron a la misma conclusi&#243;n: Grisha Perelman hab&#237;a resuelto la Conjetura de Poincar&#233;.</p><p>El venerable Sir John Ball, presidente de la Uni&#243;n Matem&#225;tica Internacional, vuela a Petersburgo a anunciarle a Grisha que se le va a entregar la Medalla Fields, el equivalente del Premio Nobel en el mundo de la matem&#225;tica, en un magno evento en Madrid al que concurrir&#225;n los tres mil matem&#225;ticos m&#225;s importantes del mundo (la medalla se la entregar&#225; el rey de Espa&#241;a), adem&#225;s del Premio Clay, de un mill&#243;n de d&#243;lares, por resolver el m&#225;s dif&#237;cil de los &#8220;siete enigmas del milenio&#8221;. Ball se espera una entrevista protocolar con el premiado, sonrisa de ambos a las c&#225;maras, apret&#243;n de manos y de vuelta a Cambridge. En cambio, despu&#233;s de dos agotadoras jornadas de diez horas seguidas sentado frente a frente con Grisha en una desangelada oficina del Instituto Steklov, no logra convencerlo de que acepte los honores.</p><p>En esos cuatro a&#241;os, Grisha tuvo que comerse varios sapos. Primero, el chino Yau present&#243; junto a dos disc&#237;pulos un paper que desarrollaba ideas de Perelman como propias (lo anunci&#243; con bombos y platillos en un megacongreso en Beijing auspiciado por empresarios de Hong Kong), despu&#233;s Hamilton se hizo el oso para no leer el trabajo de Grisha hasta que no le qued&#243; m&#225;s remedio (estaba esperando que le saliera un fondo fiduciario de cinco millones de d&#243;lares para investigar con su equipo lo que Perelman ya hab&#237;a demostrado solo). En nombre de la comunidad matem&#225;tica internacional, Ball intenta hacerle entender a Grisha que ve&#237;a transgresiones al c&#243;digo moral donde no las hab&#237;a. Dicen que Grisha le contest&#243; que pod&#237;a soportar que el mundo fuera imperfecto, pero no por eso deb&#237;a aceptar que el mundo de la matem&#225;tica lo fuera tambi&#233;n.</p><p>&#8220;Cuando no me conoc&#237;a nadie, ten&#237;a la opci&#243;n de callar. Ahora no puedo, soy demasiado conspicuo. S&#233; que la gran mayor&#237;a de los matem&#225;ticos son m&#225;s o menos honestos. Pero tambi&#233;n son conformistas. Tienden a tolerar a los que son menos honestos. De manera que prefiero renunciar a la comunidad matem&#225;tica&#8221;, dicen que le dijo a Ball hacia el fin de aquellas dos agotadoras jornadas. Y rechaz&#243; la medalla Fields (el primer matem&#225;tico de la historia en hacerlo) y rechaz&#243; el mill&#243;n de d&#243;lares del Premio Clay, y ah&#237; s&#237; le dio la mano a Ball, pero sin c&#225;maras delante, y se fue del Instituto por una puerta lateral y camin&#243; hasta la boca del metro y se volvi&#243; a su casa en la l&#237;nea sur que va a morir en los monoblocks de K&#250;pchino, tal como en esa foto que le sacaron hace poco por celular. Dicen los que lo conocen que Grisha toma seguido esa l&#237;nea, pero ya no para dirigirse al Instituto Steklov, sino para ir al teatro Mari&#237;nski (ex Kirov) adonde le gusta escuchar &#243;pera desde el gallinero: no le importa no ver el escenario, dice que ah&#237; arriba la ac&#250;stica es mejor y que lo que le interesa a &#233;l son las voces. Cuando vuelve, prepara el samovar y se sienta a contarle a su anciana madre la funci&#243;n a la que asisti&#243;. Dicen los vecinos que la luz queda encendida hasta tarde. Dicen que se los oye cantar y beber y hablar en lenguas o rezar, o quiz&#225; sea simplemente que se est&#225;n recitando uno a otro par&#225;grafos de teoremas como si fuesen poemas.</p><p></p><p>Publicado el viernes 16 de diciembre de 2011</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Y YO ME ALEJO MÁS DEL CIELO]]></title><description><![CDATA[En 1965, cuando los Hell&#8217;s Angels eran apenas cincuenta, un larguirucho con corte de pelo militar los encar&#243; en un bar de la ruta 101 y los convenci&#243; de que lo dejaran circular con ellos a cambio de un barril de cerveza y la inmortalidad.]]></description><link>https://contratapaforn.substack.com/p/y-yo-me-alejo-mas-del-cielo</link><guid isPermaLink="false">https://contratapaforn.substack.com/p/y-yo-me-alejo-mas-del-cielo</guid><dc:creator><![CDATA[Contratapa Forn]]></dc:creator><pubDate>Sat, 27 Jun 2026 14:38:06 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!3z3y!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fade3ccd2-a940-4e20-868c-20f26bdd05a2_1056x1056.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>En 1965, cuando los Hell&#8217;s Angels eran apenas cincuenta, un larguirucho con corte de pelo militar los encar&#243; en un bar de la ruta 101 y los convenci&#243; de que lo dejaran circular con ellos a cambio de un barril de cerveza y la inmortalidad. La inmortalidad ser&#237;a literaria, cuando el larguirucho se bajara de la moto y escribiera sobre ellos. El barril de cerveza no se los dio nunca. Todo lo que hoy sabemos sobre los Hell&#8217;s Angels lo invent&#243; ese larguirucho. Los propios Angels empezaron a hacer las cosas que &#233;l dec&#237;a que hac&#237;an, despu&#233;s de que &#233;l los hiciera famosos.</p><p>D&#233;jenme explicar de d&#243;nde ven&#237;a ese larguirucho y se entender&#225; mejor su constituci&#243;n qu&#237;mica (y es m&#225;s que pertinente hablar de eso cuando se habla de Hunter Thompson). HT ven&#237;a de Louisville, Kentucky. Las tres grandes industrias de Louisville eran las destiler&#237;as, los laboratorios y las tabacaleras. Y, como es leyenda, no hay escritor norteamericano que se haya metido adentro tantas drogas, tanto alcohol y tanto humo como Hunter Thompson. Cuando encar&#243; a los Hell&#8217;s Angels ya ten&#237;a 29 a&#241;os. Se hab&#237;a hecho periodista en la Fuerza A&#233;rea; hab&#237;a llegado a la Fuerza A&#233;rea a cambio de una reducci&#243;n de su condena a prisi&#243;n; lo hab&#237;an metido preso por intento de violaci&#243;n a los 17 (su versi&#243;n de los hechos: &#8220;Yo hice lo que me correspond&#237;a como joven caballero sure&#241;o y &#233;l hizo lo que le correspond&#237;a como veterano caballero sure&#241;o. Yo intent&#233; cogerle la hija y &#233;l intent&#243; matarme de un escopetazo. El debi&#243; haber puesto un lupanar para enriquecerse con esa hija puta que ten&#237;a, pero ya era rico, y yo era pobre, as&#237; que yo fui a prisi&#243;n y &#233;l se volvi&#243; a su casa. Y ella sigui&#243; cogiendo hasta que se cas&#243;&#8221;). Seg&#250;n sus amigos de la &#233;poca, lo que pas&#243; fue que todos los dem&#225;s partieron a las universidades caras y &#233;l no ten&#237;a billete y sus calificaciones eran tan horribles que ni so&#241;ar con aplicar a una beca, as&#237; que, para no quedarse solo cuando todos se iban, se hizo meter preso.</p><p>El resto de la leyenda ya lo saben, o pueden imaginarlo a partir de esa frase y esta otra (para citar la segunda frase necesito antes ambientarla, as&#237; que b&#225;nquenme este par&#233;ntesis: el a&#241;o es 1990, Hunter vive famosamente en Aspen, enloqueciendo a los vecinos a balazos, org&#237;as y dem&#225;s esc&#225;ndalos, una ex actriz porno lo lleva a juicio por acoso, el sheriff aprovecha la volada y ordena una requisa del rancho de Hunter, encuentran drogas de todo tipo y color, pero el an&#225;lisis dice que casi la totalidad de ellas son tan viejas que no hacen efecto, el juez se termina de fastidiar y cierra la causa cuando la acusada le hace ojitos desde el estrado al acusado, Hunter sale del tribunal exultante, encara al enjambre de c&#225;maras y periodistas que lo esperan, y ac&#225; viene la segunda frase: &#8220;Soy el &#250;nico ciudadano estadounidense que no tiene nada que ocultar&#8221;, declara. &#8220;Soy el presidente que Estados Unidos necesita&#8221;).</p><p>Estados Unidos se cans&#243; de Hunter Thompson como se hab&#237;a cansado de Hemingway para cuando &#233;ste se suicid&#243; de un balazo. Hunter se suicid&#243; igual. El hijo estaba en el cuarto de al lado y dice que oy&#243; un ruido como si se hubiera ca&#237;do un libro de un estante, as&#237; que no le dio importancia. El escritor Tom Robbins hab&#237;a dicho: &#8220;El d&#237;a en que Hunter muera, todos nos haremos instant&#225;neamente viejos&#8221;. Y quiz&#225;s &#233;se haya sido el problema: cuando se suicid&#243;, en 2005, Hunter iba a cumplir 67 a&#241;os (&#8220;Treinta y tres m&#225;s que los que necesitaba, treinta y tres putos a&#241;os de parodia&#8221;), su &#250;ltimo buen libro era de 1972, y entretanto todos se fueron poniendo viejos y perdiendo la paciencia con aquel buf&#243;n que segu&#237;a habitando un trip lis&#233;rgico llamado los 60 y pretendiendo que los dem&#225;s participaran de ese trip.</p><p>Lo que hizo Hunter Thompson fue esencialmente eso: tir&#243; un &#225;cido en la ponchera de la realidad norteamericana y los puso a todos a alucinar, hizo que todos vieran que el American Dream era una pesadilla de la que nadie quer&#237;a despertar. Se sabe que un &#225;cido nos queda rebotando adentro diez a&#241;os hasta que se extinguen sus &#250;ltimos efectos. Am&#233;rica aguant&#243; con los dientes apretados diez a&#241;os hasta que el &#225;cido que hab&#237;a tirado Hunter en la ponchera prescribi&#243;, y entonces se sumergi&#243; felizmente en los a&#241;os reaganianos y Hunter Thompson qued&#243; exitosamente desactivado. El colabor&#243; con entusiasmo en la operaci&#243;n. El momento cr&#237;tico, el comienzo del fin fue cuando Gary Trudeau lo meti&#243; como personaje en su tira pol&#237;tica Doonesbury. Trudeau lo caricaturiz&#243; (por pura admiraci&#243;n, cre&#237;a que estaba homenaje&#225;ndolo: he ah&#237; uno de los riesgosos efectos secundarios de la admiraci&#243;n) y a Hunter le pas&#243; lo mismo que les hab&#237;a pasado a los Hell&#8217;s Angels despu&#233;s de su libro: tambi&#233;n &#233;l se convirti&#243; en lo que dec&#237;an de &#233;l. Dej&#243; de escribirse su libreto. &#8220;Nadie sabe lo dif&#237;cil que es ser un dibujito y tratar de trabajar en serio a la vez&#8221;, confes&#243; con fastidio en su libro Better than Sex, donde reuni&#243; todos sus textos pol&#237;ticos (&#8220;Soy un political junkie: la pol&#237;tica me calienta la sangre m&#225;s que el sexo, m&#225;s que las drogas&#8221;).</p><p>Hay un momento que lo pinta por entero. Es 1975, la Rolling Stone lo manda a cubrir la evacuaci&#243;n norteamericana de Vietnam. Hunter monta su numerito habitual: instala un fumadero de opio en su habitaci&#243;n de hotel, se hace traer de Hong-Kong un sofisticado aparato que le permite escuchar todas las llamadas que se hacen desde la embajada de Saig&#243;n, est&#225; tan obsesionado con la evacuaci&#243;n que por supuesto se la pierde y entretanto no manda una sola l&#237;nea a la revista. La Rolling Stone lo despide por telegrama (&#8220;Ah&#237; estaba yo en zona de guerra sin cobertura m&#233;dica&#8221;), la esposa de Hunter lo llama por tel&#233;fono para decirle que s&#243;lo les quedan cuatrocientos d&#243;lares en la cuenta bancaria, Hunter corta y cuando vuelve a atender oye la voz de su amigo Tim Ferris, que llama borracho desde alg&#250;n rinc&#243;n del mundo para decirle que est&#225; en el fondo del pozo y no tiene c&#243;mo salir. &#8220;Bueno, si sirve de algo, yo tengo cuatrocientos d&#243;lares que podr&#237;a poner a tu disposici&#243;n&#8221;, le contesta pl&#225;cidamente Hunter, mientras todos los dem&#225;s ocupantes de su hotel en Saig&#243;n juntan a manotazos sus pertenencias y salen de raje al aeropuerto para no perderse el &#250;ltimo avi&#243;n que despegue del infierno.</p><p></p><p>Publicado el viernes 9 de diciembre de 2011</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El futuro llegó hace rato: cinco años sin Juan]]></title><description><![CDATA[Hace 3 a&#241;os que env&#237;o, todos los viernes, un newsletter con las contratapas de P&#225;gina 12 de Juan Forn.]]></description><link>https://contratapaforn.substack.com/p/el-futuro-llego-hace-rato-cinco-anos</link><guid isPermaLink="false">https://contratapaforn.substack.com/p/el-futuro-llego-hace-rato-cinco-anos</guid><dc:creator><![CDATA[Contratapa Forn]]></dc:creator><pubDate>Sat, 20 Jun 2026 16:10:28 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!3z3y!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fade3ccd2-a940-4e20-868c-20f26bdd05a2_1056x1056.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p><span>Hace 3 a&#241;os que env&#237;o, todos los viernes, un newsletter con las contratapas de P&#225;gina 12 de Juan Forn. Llegu&#233; un poco tarde a su obra, o quiz&#225;s cuando pude, y probablemente eso no sea ni demasiado tarde ni demasiado temprano. En el a&#241;o 2020 estaba de novia con Federico, un doctor en matem&#225;tica al que tambi&#233;n le gustaba mucho leer. Con &#233;l nos adentramos en el mundo de Juan Forn y lo convertimos en nuestro escritor favorito. As&#237; como algunas parejas tienen su esquina, su canci&#243;n o su d&#237;a del a&#241;o, nosotros lo ten&#237;amos a Juan. Y el d&#237;a que se muri&#243;, el domingo 20 de junio de 2021, con Fede nos est&#225;bamos peleando. Entrando, inevitablemente, en el ocaso de nuestro v&#237;nculo. Yo le&#237; la noticia en el celular y se me hel&#243; la sangre. Se muri&#243; Juan, le dije. Y supe inmediatamente que eso significaba tambi&#233;n el final de nuestra pareja. Y as&#237; fue, menos de un mes despu&#233;s est&#225;bamos separados.</span></p><p><span>Cuando estaban por cumplirse dos a&#241;os de la muerte de Juan, se me ocurri&#243; la idea de volver a leer todas sus contratapas, en orden cronol&#243;gico de aparici&#243;n, los d&#237;as viernes, tal como se publicaban en el diario. Le propuse la idea a unos amigos: comprarnos los libros donde se compilan todas sus publicaciones y comenzar a leer las contratapas al un&#237;sono. Comentarlas, reanimar el ritual. A mis amigos la idea los entusiasm&#243;, pero a m&#237; mucho m&#225;s que a ellos. Pens&#233; que era algo que pod&#237;a hacer feliz a m&#225;s personas. Que seguro &#233;ramos muchos los que extra&#241;&#225;bamos recibir los viernes esas cartas fornianas, esos textos cosidos a mano cada semana por un hombre exiliado en el mar de la costa argentina, que cada ma&#241;ana sal&#237;a a caminar por la playa para dejar que el paisaje, las piedras y el viento le indicaran el camino por el que deb&#237;an seguir sus historias.</span></p><p><span>Decid&#237; armar un newsletter para hacer ese env&#237;o semanal a todas las personas que quisieran recibirlo. Hoy tiene m&#225;s de 1.200 suscriptores. Y yo, cada viernes por la ma&#241;ana, leo la contratapa que me toca enviar, y luego, manual y cuidadosamente, la comparto con la comunidad que espera el env&#237;o. Soy, como pens&#233; en aquel momento, la canillita de Forn, y ning&#250;n t&#237;tulo me enorgullece tanto como ese.</span></p><p><span>Desde ese 7 de julio de 2023, cuando comenc&#233; a enviar las contratapas, algunos viernes pasan cosas raras. Algunas contratapas escritas hace m&#225;s de 10 a&#241;os coinciden exactamente con algo que est&#225; sucediendo en el momento actual. Juan escribe en 2011 sobre el clima de &#233;poca en la editorial donde trabajaba en los a&#241;os de la dictadura y esa contratapa llega justo el d&#237;a en el que se cumplen 50 a&#241;os del golpe de Estado en la Argentina. O como la contratapa enviada ayer, que lleg&#243; un d&#237;a antes del quinto aniversario de la muerte de Juan y en la que la frase &#8220;cinco a&#241;os&#8221; se repite en cinco oportunidades.</span></p><p><span>Cuando leo esas contratapas, a solas, y descubro esas sincronicidades misteriosas, me impresiona y quedo sin poder dar explicaciones. A veces alg&#250;n lector del newsletter responde al mail comentando lo mismo.</span></p><p><span>Creo que hay personas que est&#225;n conectadas con algo distinto, que tienen una antena, una br&#250;jula, un radar. Eso: un radar. Personas que, a&#250;n muertas, siguen sintonizando y funcionando como mediadores. Gente de los medios en el sentido m&#225;s estricto del t&#233;rmino. Medium.</span></p><p><span>Un amigo al que conoc&#237; justamente por algunas casualidades de la escritura, me dijo que cuando ley&#243; la noticia del newsletter de Juan, entendi&#243; que yo hab&#237;a programado una m&#225;quina que iba a enviar infinitamente las contratapas de Forn. Cada viernes, hasta que llegue la &#250;ltima y todo vuelva a empezar. Pens&#243; que hab&#237;a programado un sistema para que eso sucediera autom&#225;ticamente. Se impresion&#243; cuando supo que el env&#237;o es artesanal, manual, mucho m&#225;s precario de lo que &#233;l cre&#237;a.</span></p><p><span>Sin embargo, su idea me qued&#243; dando vueltas. Todav&#237;a quedan a&#241;os de env&#237;os: reci&#233;n vamos por el 2011. Pero alg&#250;n d&#237;a el tiempo y las contratapas se van a terminar. Y quiz&#225;s en ese momento haya que pensar en ese sistema, en ese loop forniano, para que todos los viernes, m&#225;s all&#225; de mi voluntad, esas contratapas sigan llegando. Sigan dando vueltas por el mundo, como se merecen.</span></p><p></p><p><span>Yanina Safirsztein</span></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[YO RECORDARÉ POR USTEDES]]></title><description><![CDATA[En Lituania, hasta que llegaron los nazis, pasaban cosas como &#233;sta: cuando en alg&#250;n diario de la capital no recordaban d&#243;nde hab&#237;a aparecido alg&#250;n art&#237;culo, llamaban a un joven de veinte a&#241;os que viv&#237;a en un pueblo de 22 familias y 98 habitantes, y &#233;l les daba la respuesta.]]></description><link>https://contratapaforn.substack.com/p/yo-recordare-por-ustedes</link><guid isPermaLink="false">https://contratapaforn.substack.com/p/yo-recordare-por-ustedes</guid><dc:creator><![CDATA[Contratapa Forn]]></dc:creator><pubDate>Fri, 19 Jun 2026 17:43:08 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!3z3y!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fade3ccd2-a940-4e20-868c-20f26bdd05a2_1056x1056.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>En Lituania, hasta que llegaron los nazis, pasaban cosas como &#233;sta: cuando en alg&#250;n diario de la capital no recordaban d&#243;nde hab&#237;a aparecido alg&#250;n art&#237;culo, llamaban a un joven de veinte a&#241;os que viv&#237;a en un pueblo de 22 familias y 98 habitantes, y &#233;l les daba la respuesta. Lo llamaban a la oficina de correo del pueblo, &#233;l dejaba lo que estaba haciendo, atend&#237;a el tel&#233;fono, les daba la respuesta (la sab&#237;a siempre) y volv&#237;a a lo suyo. El joven se llamaba Jonas Mekas, hab&#237;a empezado leyendo todos los libros y diarios viejos que hab&#237;a en su granja, y en las granjas vecinas, y en todas las casas del pueblo, y despu&#233;s sigui&#243; ampliando su radio de influencia con una t&#225;ctica infalible: iba al correo de cada pueblo, relojeaba a los que recib&#237;an paquetes con libros o revistas y los encaraba ah&#237; mismo para pedirles si le dejar&#237;an leer ese material cuando ellos lo hubieran terminado. A los veinte a&#241;os hab&#237;a le&#237;do pr&#225;cticamente todo lo que se hab&#237;a escrito en lituano. Adem&#225;s hab&#237;a publicado sus primeros poemas y de tanto en tanto bardeaba al peque&#241;o mundo literario lituano atacando su provincianismo. Pero igual lo llamaban de la capital cada vez que necesitaban algo y &#233;l sab&#237;a siempre la respuesta, y las cosas habr&#237;an seguido as&#237;, con el joven Mekas bardeando al peque&#241;o mundo literario lituano y escribiendo sus poemas y atendiendo llamados desde la capital en aquella aldea de 98 habitantes, hasta que lo agarraron los nazis y lo mandaron a conocer mundo.</p><p>Lo que le pas&#243; entonces a Jonas Mekas les pas&#243; a otros ocho millones de europeos: aquellos que sobrevivieron a los lager y, despu&#233;s de la rendici&#243;n del Reich, pasaron a boyar por los campos de desplazados porque no ten&#237;an ad&#243;nde volver. Jonas iba con su hermano Adolfas, tuvieron la suerte de que no los separaran. Pero no los quer&#237;a nadie: de Lituania les dec&#237;an que no volvieran porque iban a ir a parar a prisi&#243;n y ning&#250;n pa&#237;s mostraba especial inter&#233;s en recibir a dos lituanos que no serv&#237;an para nada salvo para devorar libros. Los campos de desplazados se iban vaciando y cerrando, los hermanos Mekas eran trasladados de un campo a otro, cinco a&#241;os estuvieron viviendo en barracas y haciendo el trabajo que nadie m&#225;s quer&#237;a hacer, en la Alemania en ruinas de posguerra, esperando que alg&#250;n pa&#237;s los recibiera. En los infinitos traslados de esos cinco a&#241;os, cada vez que se reportaban en un nuevo lugar y les revisaban sus escasos bultos, enfrentaban la misma pregunta: &#191;Y sus pertenencias? &#8220;No tenemos pertenencias, s&#243;lo tenemos libros&#8221;, contestaban los hermanos. Porque no hab&#237;an parado de leer en ning&#250;n momento de todos esos a&#241;os, lo que cayera en sus manos (&#8220;Nos permiten ir a la ciudad&#8221;, escribe en la primavera de 1945, &#8220;curioseamos en las librer&#237;as improvisadas en las calles, todo est&#225; en venta para poder conseguir comida, por supuesto no tenemos dinero para comprar nada, pero no deja de sorprenderme todo lo que se puede absorber de un libro con s&#243;lo tenerlo entre las manos&#8221;). Tampoco hab&#237;an parado de escribir: uno de esos bultos eran un manuscrito de Jonas, un diario que ven&#237;a llevando desde 1944. En una de esas p&#225;ginas hab&#237;a escrito: &#8220;Un diario es un lazo con uno mismo cuando se pierden todos los lazos, cuando todas las cosas en que uno cre&#237;a se desquiciaron&#8221;.</p><p>Todas las cosas en las que cre&#237;a Jonas Mekas se hab&#237;an desquiciado en esos a&#241;os. Hacia 1949 daba a Europa por perdida, quer&#237;a sac&#225;rsela de encima tanto como Europa quer&#237;a librarse de los descastados como &#233;l, y no ten&#237;a mayores esperanzas en los Estados Unidos cuando lleg&#243; con su hermano a Nueva York, donde comi&#243; mierda otros cinco a&#241;os m&#225;s, en infames l&#237;neas de montaje de una f&#225;brica, hasta que logr&#243; juntar los d&#243;lares para comprarse su primera c&#225;mara Bollex, con la que se convertir&#237;a en el patriarca del cine avant-garde norteamericano. Mekas es hoy un venerable anciano que va a cumplir noventa: en su ciudad sigue viajando en subte y haciendo con dos mangos sus pel&#237;culas caseras; en Europa y Jap&#243;n lo homenajean como el &#250;ltimo mohicano de una pandilla que va de John Cassavetes a Andy Warhol; en Lituania entienden su cine menos aun que en Nueva York, pero lo consideran un poetastro m&#225;s en el exilio, por los libritos que Mekas paga de su bolsillo y en los cuales re&#250;ne cada tanto sus poemas en lituano.</p><p>El dice que ha hecho b&#225;sicamente lo mismo toda su vida: en su pueblo, en los campos y en el Nuevo Mundo; leyendo, escribiendo y filmando. S&#243;lo se trataba de registrar cuanto pasara delante de sus ojos y estar disponible despu&#233;s para atender el llamado de quienes hubieran olvidado, aunque ya no quede vivo ninguno de los colegas que llamaban desde la capital a la oficina de correo de su pueblo. El t&#237;tulo de una de sus pel&#237;culas resume su vida y su credo art&#237;stico en ocho palabras: &#8220;Mientras avanzaba azarosamente vi fugaces destellos de belleza&#8221;. En aquel diario que escribi&#243; durante los cinco a&#241;os que pas&#243; en los campos y los primeros cinco a&#241;os en Nueva York (que lleva por t&#237;tulo Sin lugar ad&#243;nde ir y que termina el mismo d&#237;a en que compr&#243; la Bollex y empez&#243; a filmar), Mekas dice: &#8220;Intentamos esconderlo de cualquier modo pero siempre aparece, el lirismo&#8221;. Antes de siquiera imaginar lo que suceder&#237;a en su vida cuando aquella Bollex cayera en sus manos, escribi&#243;: &#8220;El cazador que quiere acertarle al ciervo no le dispara directamente, sino que apunta un poquito m&#225;s adelante. Lo mismo ocurre con la vida humana: tenemos que apuntar al momento siguiente para retratarla&#8221;.</p><p>Cuando los Mekas ya viv&#237;an en Nueva York, un matrimonio de viejos lituanos se present&#243; en medio de la noche en el infame departamento que ocupaban los hermanos en el Bowery. Eran las tres de la ma&#241;ana, los viejos ven&#237;an directo del aeropuerto, hab&#237;an volado desde Buenos Aires, donde desembocaron despu&#233;s de la guerra. Hab&#237;an logrado averiguar que un Jonas Mekas viv&#237;a en esa direcci&#243;n, por eso estaban all&#237;: porque se apellidaban Mekas y ten&#237;an un hijo llamado Jonas que se hab&#237;a perdido durante la guerra. &#8220;Cuando les abrimos se quedaron parados mir&#225;ndonos, y nosotros los miramos a ellos, y ellos lloraron, y nosotros lloramos tambi&#233;n porque no &#233;ramos el hijo que ellos ansiaban encontrar.&#8221; La &#250;ltima anotaci&#243;n que hab&#237;a hecho Mekas en su diario antes de que los aliados lo liberaran de los campos de trabajo para internarlo en los campos de desplazados dec&#237;a: &#8220;Hab&#237;a un hombre que se lo pasaba buscando una melod&#237;a que hab&#237;a o&#237;do hac&#237;a mucho tiempo. Hasta que un d&#237;a la encontr&#243;. Era s&#243;lo una nota, un tono, que hab&#237;a o&#237;do muchas veces: era el sonido de su propio llanto cuando dorm&#237;a&#8221;.</p><p></p><p>Publicado el viernes 2 de diciembre de 2011</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[HABLEMOS EN AFRICANO]]></title><description><![CDATA[Cuando le dijeron al venerable Count Basie que un tema suyo (&#8220;Rock-a-Bye Basie&#8221;) ven&#237;a de un riff de Dizzy Gillespie titulado &#8220;Dizzy Crawl&#8221;, Basie contest&#243;: &#8220;Pues as&#237; ser&#225;, porque Dizzy no va por ah&#237; atribuy&#233;ndose lo que no es de &#233;l.]]></description><link>https://contratapaforn.substack.com/p/hablemos-en-africano</link><guid isPermaLink="false">https://contratapaforn.substack.com/p/hablemos-en-africano</guid><dc:creator><![CDATA[Contratapa Forn]]></dc:creator><pubDate>Fri, 12 Jun 2026 13:44:11 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!3z3y!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fade3ccd2-a940-4e20-868c-20f26bdd05a2_1056x1056.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Cuando le dijeron al venerable Count Basie que un tema suyo (&#8220;Rock-a-Bye Basie&#8221;) ven&#237;a de un riff de Dizzy Gillespie titulado &#8220;Dizzy Crawl&#8221;, Basie contest&#243;: &#8220;Pues as&#237; ser&#225;, porque Dizzy no va por ah&#237; atribuy&#233;ndose lo que no es de &#233;l. En mi opini&#243;n, el 70 por ciento del jazz actual es obra suya, as&#237; que es m&#225;s que probable que &#8216;Rock-a-Bye Basie&#8217; tambi&#233;n sea de &#233;l&#8221;.</p><p>Pero hay un malentendido en la mitolog&#237;a del jazz que hace de Dizzy Gillespie un sat&#233;lite de Charlie Parker: el partenaire del genio, el trompetista loco que necesitaba Parker para aventurarse m&#225;s lejos, el d&#237;namo payasesco e incansable que pod&#237;a seguirle el tren como nadie y forzarlo a ir a fondo. Dicen los m&#250;sicos que tocaron con los dos que Parker pod&#237;a tocar pero no explicar lo que hac&#237;a (la famosa frase que le adjudic&#243; Cort&#225;zar: &#8220;Esto lo estoy tocando ma&#241;ana&#8221;); Dizzy, en cambio, no s&#243;lo te lo tocaba diez veces con su trompeta, sino que despu&#233;s se sentaba con tu instrumento y te mostraba c&#243;mo hacerlo: con Parker s&#243;lo se pod&#237;a ser espectador, a lo sumo acompa&#241;ante; Dizzy te hac&#237;a socio inmediato de sus hallazgos. Gillespie estaba obsesionado por la comunicaci&#243;n entre los m&#250;sicos negros. Se pas&#243; la vida repitiendo que en las plantaciones del Sur, cuando descubr&#237;an que dos esclavos hablaban en la misma lengua, vend&#237;an a uno de ellos. Tambi&#233;n les ten&#237;an prohibidos los tambores, porque eran un medio para comunicarse a la distancia. Cuando les arrebataron su lengua y sus tambores y los mandaron a la iglesia, a los negros s&#243;lo les qued&#243; la voz y las palmas para expresar el ritmo que llevaban en la sangre. Por eso la m&#250;sica negra norteamericana hab&#237;a evolucionado monorr&#237;tmicamente. Y, cuando Dizzy y Parker inventaron el bebop, necesitaban expandir la base r&#237;tmica para llegar adonde se propon&#237;an.</p><p>As&#237; entra Chano Pozo en esta historia. Es el a&#241;o 1947 y Dizzy est&#225; armando una big band, convencido de que no alcanza un quinteto para tocar bebop a fondo. La banda est&#225; enteramente compuesta de m&#250;sicos negros y Dizzy le suma un cubano reci&#233;n llegado a Nueva York que toca la conga como un demonio pero no lee m&#250;sica y no habla una palabra de ingl&#233;s. El resto de los m&#250;sicos piensa que es una joda de Dizzy cuando &#233;ste les dice que se comuniquen &#8220;en africano&#8221; con Chano, como hace &#233;l. Chano era un negro malandra que ven&#237;a de un barrio bravo de La Habana llamado El Africa. Con sus tambores incendiarios y sus sones en lengua abaku&#225; se hab&#237;a convertido en el rey de las comparsas habaneras (su &#8220;Conga de los Dandys&#8221; era el himno del Carnaval), pero no lo dejaban grabar su m&#250;sica, por negro y por malandra, as&#237; que despu&#233;s de un oscuro episodio en que reclam&#243; autor&#237;a por una conga y recibi&#243; un balazo que a&#250;n ten&#237;a alojado en la espalda, se fue a Nueva York y aterriz&#243; como un meteorito en la big band de Dizzy.</p><p>Max Roach, uno de los legendarios bateristas de aquella banda, cuenta que la secci&#243;n r&#237;tmica estaba enloqueciendo tratando de acoplar al nuevo integrante hasta que Chano lleg&#243; un d&#237;a al ensayo y reparti&#243; tambores y cencerros a toda la banda y dio a cada m&#250;sico un ritmo distinto y les mostr&#243; c&#243;mo pod&#237;an entrelazarse, y los puso a hacer lo mismo con las voces, como si fueran instrumentos, y cuando lleg&#243; Dizzy le dijo que hab&#237;a compuesto un tema o dos. Eran &#8220;Manteca&#8221; y &#8220;Cubana Be, Cubana Bop&#8221;, que le volaron la cabeza al p&#250;blico cuando los estrenaron en el Carnegie Hall y ser&#237;an los mayores &#233;xitos de la carrera de Gillespie.</p><p>La big band de Dizzy parti&#243; a Europa. El trayecto, en barco, fue accidentado (hubo tormenta todo el viaje, los &#250;nicos que sub&#237;an a desayunar era Chano y Dizzy, que se devoraban los diecisiete desayunos servidos) y el comienzo de gira tambi&#233;n (el empresario sueco era tan poco confiable que Chano se echaba a dormir en la puerta de su habitaci&#243;n cada noche para que no se escapara con la recaudaci&#243;n), pero tuvieron a&#250;n m&#225;s &#233;xito que en Nueva York. Los suecos no quer&#237;an dejarlos ir, los dinamarqueses y los belgas tampoco, los ingleses les rogaron que hicieran una parada en Londres y los franceses quedaron tan enloquecidos con Chano (el mism&#237;simo Django Reinhardt estuvo en el concierto de la Salle Pleyel y dijo que nunca hab&#237;a o&#237;do algo igual) que le ofrecieron una c&#225;tedra de percusi&#243;n para convencerlo de que se quedara a vivir en Par&#237;s (Chano no quiso saber nada; el baterista Kenny Clarke acept&#243; el convite en su lugar). La repercusi&#243;n fue tan grande que, al volver, les ofrecieron una gira por todo el sur norteamericano, coronada con una serie de conciertos en California. Pero Chano no lleg&#243; nunca a California. En mitad de la gira le robaron las congas, volvi&#243; a Nueva York a agenciarse otras (y un poco de hero&#237;na) y, en la noche del 3 de diciembre de 1948, v&#237;spera de Santa B&#225;rbara, fecha que en Cuba se tapizaban los altares de rojo y los tambores convocaban al guerrero Chang&#243;, Chano entr&#243; al Rio Lounge de Spanish Harlem, deposit&#243; una moneda en la victrola y se puso a danzar al explosivo ritmo de &#8220;Manteca&#8221; (su manera de honrar a Santa B&#225;rbara y Chang&#243;), cuando un hombre apodado El Cabito Mu&#241;oz, a quien su participaci&#243;n en la guerra hab&#237;a dejado medio psic&#243;tico, le vaci&#243; el cargador de su pistola en el pecho. Minutos antes, en la calle, Chano le hab&#237;a reclamado al Cabito, a su manera matona, quince d&#243;lares de hero&#237;na que le deb&#237;a hac&#237;a meses. En la morgue, cuando le sacaron los zapatos al cad&#225;ver, encontraron en ellos hero&#237;na por valor de cien d&#243;lares y mil quinientos d&#243;lares m&#225;s en billetes de cien, cobrados esa misma tarde por las regal&#237;as de &#8220;Manteca&#8221;.</p><p>Veinticinco a&#241;os m&#225;s tarde, Gillespie estaba en un programa de radio en su honor y pusieron el tema &#8220;Swing Low, Sweet Cadillac&#8221;. Dizzy se puso a elogiar las congas que sonaban y a explicar que &#233;se era el sonido irrepetible del gran Chano Pozo, cuando el locutor coment&#243; t&#237;midamente que en la ficha del disco dec&#237;a que era Dizzy quien tocaba las congas. Gillespie se quebr&#243; y entre sollozos dijo al aire: &#8220;Perd&#243;name, perd&#243;name, Chano, t&#250; que est&#225;s ah&#237; arriba entre las altas instancias&#8221;. Pero no lo dijo en ingl&#233;s: lo dijo en africano, de manera que los &#250;nicos que supieron qu&#233; estaba diciendo Dizzy fueron los viejos miembros de la big band del &#8217;47 que participaban del homenaje.</p><p></p><p>Publicado el viernes 25 de noviembre de 2011</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[EL ESTORNUDO DE UNA MOSCA (KAGELMÜSIK)]]></title><description><![CDATA[El ni&#241;o Mauricio Kagel se cans&#243; de que en la escuela y en las casas de sus compa&#241;eritos le dijeran que no hab&#237;a nacido un d&#237;a cualquiera (su cumplea&#241;os era el 24 de diciembre).]]></description><link>https://contratapaforn.substack.com/p/el-estornudo-de-una-mosca-kagelmusik</link><guid isPermaLink="false">https://contratapaforn.substack.com/p/el-estornudo-de-una-mosca-kagelmusik</guid><dc:creator><![CDATA[Contratapa Forn]]></dc:creator><pubDate>Sat, 06 Jun 2026 00:15:23 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!3z3y!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fade3ccd2-a940-4e20-868c-20f26bdd05a2_1056x1056.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>El ni&#241;o Mauricio Kagel se cans&#243; de que en la escuela y en las casas de sus compa&#241;eritos le dijeran que no hab&#237;a nacido un d&#237;a cualquiera (su cumplea&#241;os era el 24 de diciembre). Finalmente encar&#243; a su madre y le pregunt&#243;: &#8220;&#191;Qu&#233; m&#225;s pas&#243; el d&#237;a que nac&#237;?&#8221;. La madre le contest&#243;: &#8220;Las mujeres no suelen leer el diario en la sala de parto&#8221;. No se piense que mam&#225; Kagel era desamorada con su hijo. Todo lo contrario: la casa de los Kagel rebasaba de libros y revistas y diarios viejos (pap&#225; Kagel fue toda su vida librero, editor, imprentero, le&#237;a hasta en la ducha, literalmente), pero mam&#225; Kagel se las arregl&#243; para hacer entrar un piano en el atestado living de la casa y tambi&#233;n un violoncello; y adem&#225;s, profesores particulares de ambos instrumentos, nada de Conservatorio para Mauricio: la madre quer&#237;a que el hijo se fuera inclinando naturalmente al instrumento con el que tuviera mayor empat&#237;a. Hubo tambi&#233;n un arpa, despu&#233;s de que mam&#225; Kagel viera una en la vidriera de la Casa Ricordi, un d&#237;a que paseaba con su hijo, y convenciera a los empujones al peque&#241;o Mauricio para que se colara en la vidriera y &#8220;sintiera&#8221; el instrumento. Es una escena sin par: el ni&#241;o flequilludo y encorbatado acunando un arpa en la vidriera de Ricordi, contemplado por su madre con absoluto embeleso. Algo ve el hijo en los ojos de la madre en ese momento que hace completamente anecd&#243;tico el hecho de que abandonara las lecciones de arpa a los pocos meses y que despu&#233;s dejara el violoncello y a&#241;os m&#225;s tarde el piano y a&#241;os despu&#233;s tambi&#233;n el pa&#237;s, para irse a Alemania a los 27 a&#241;os a inventar una nueva especie de m&#250;sica.</p><p>Mauricio Kagel fue un argentino de extramuros. Uno de esos tantos que se van a hacer afuera lo que no pueden hacer ac&#225;, lo logran (John Cage: &#8220;El mejor m&#250;sico europeo que conozco es argentino y se llama Mauricio Kagel&#8221;) y se pasan la vida at&#243;nitos de que ac&#225; no les den ni pelota. El caso Kagel tiene final feliz: dos a&#241;os antes de su muerte, el Col&#243;n le dedic&#243; una Semana Kagel, lo hicieron Ciudadano Ilustre de la Ciudad, y c&#243;mo no iban a hacerlo ilustre si el tipo acababa de darle un momento inmortal a Buenos Aires. La Semana Kagel coronaba con la ejecuci&#243;n de Una brisa, una gloriosa pieza musical para 111 ciclistas que consist&#237;a en lo siguiente: la concurrencia deb&#237;a salir al foyer del Col&#243;n, a la entrada &#8220;linda&#8221; del teatro, la de la calle Libertad, y por ah&#237; pasaban 111 ciclistas en compacto contingente, unos silbando, otros entonando una vocal o una consonante, otros haciendo sonar r&#237;tmicamente el timbre de sus bocinas. Hab&#237;an cortado la calle, se hab&#237;a juntado una multitud. El espect&#225;culo dur&#243; menos de un minuto, pero las caras de los ciclistas, y las del p&#250;blico del Col&#243;n, y las de los transe&#250;ntes curiosos, y hasta las de los camar&#243;grafos de la tele y de los polic&#237;as que cortaban el tr&#225;nsito, eran una y la misma. Si me permiten un s&#237;mil delirante, pero en cierto modo af&#237;n, fue como si Kagel hubiera logrado proyectar en el cielo nocturno de Buenos Aires la expresi&#243;n que vio en la cara de su madre aquel d&#237;a desde la vidriera de Ricordi. Me falt&#243; agregar que, en la partitura de la pieza, Kagel dice que la alegr&#237;a de los ciclistas se debe a que son m&#250;sicos a quienes se ha otorgado una nueva sala de concierto largamente prometida y hacia all&#225; marchan, pedaleando. Los m&#250;sicos y la audiencia no tienen que saber, aclara Kagel en una c&#225;ustica nota final, &#8220;que las mejores butacas para el concierto de apertura han sido concedidas a los pol&#237;ticos de la ciudad, precisamente aquellos que supieron obstaculizar el proyecto una y otra vez&#8221;.</p><p>Cuando cay&#243; el Muro en 1989, Kagel estren&#243; una pieza que titul&#243; Oda interrogadora, en la que se repet&#237;a: &#8220;&#191;Libertad? &#191;Igualdad? &#191;Fraternidad? &#191;Cu&#225;ndo?&#8221;, y en las notas de la partitura aclaraba a los int&#233;rpretes que el acento deb&#237;a estar puesto siempre en la cuarta palabra. En El tribuno, una pieza musical radiof&#243;nica &#8220;para orador pol&#237;tico y altavoces&#8221;, de 1978, el cantante entona estent&#243;reamente: &#8220;&#161;Somos una naci&#243;n de fronteras abiertas! &#161;Sin fronteras no hay naci&#243;n! &#161;He creado la polic&#237;a para preservar la dicha! &#161;Qui&#233;n no se siente libre entre nosotros! &#161;La polic&#237;a son ustedes!&#8221;.</p><p>Dec&#237;a que hac&#237;a esas cosas porque el arte de lo ac&#250;stico debe ser tan sutil que permita o&#237;r el estornudo de las moscas. Dec&#237;a que, con la electr&#243;nica temprana de los a&#241;os &#8217;50, se crey&#243; que los sonidos sinusoidales y las m&#225;quinas hab&#237;an abierto las puertas de un universo sonoro ilimitado, pero con el tiempo result&#243; que esos sonidos electr&#243;nicos se desgastaban mucho m&#225;s r&#225;pido que el anticuado ta&#241;ido de una flauta. Dec&#237;a a sus colegas hiperintelectuales que no hab&#237;a que tenerle miedo a la armon&#237;a tradicional. Dec&#237;a que componer no sirve para nada si los compositores no tienen la fuerza de ser absolutamente francos en sus composiciones. Dec&#237;a que la m&#250;sica iba hacia el teatro, pero que la manifestaci&#243;n perfecta de su idea de la m&#250;sica eran los ensayos generales con piano (es decir, sin orquesta y con los int&#233;rpretes vestidos de civil: lo teatral de lo cotidiano y lo cotidiano de lo teatral hechos m&#250;sica). Dec&#237;a que la enfermedad de la sociedad es la sociedad misma, que trata de curarse por medios que enferman. Dec&#237;a que hab&#237;a que aprender a vivir ac&#250;sticamente.</p><p>En su libro Palimpsestos se pregunta por qu&#233; escriben libros los compositores. &#191;La m&#250;sica no les es suficiente? Y se contesta: &#8220;Jam&#225;s he pretendido ser escritor. Todo lo que he intentado formular en palabras habr&#237;a sido imposible hacerlo por medio de notas. La m&#250;sica es un vaso comunicante tan pol&#237;glota como ambiguo. Como dec&#237;a Val&#233;ry, la palabra tiene la &#250;ltima palabra&#8221;. La mayor parte de lo que Kagel escribi&#243; lo hizo en alem&#225;n. El dec&#237;a que expresarse en una lengua extranjera que no dominaba del todo le evitaba la tentaci&#243;n de la floritura intelectual: lo obligaba sin remedio a la s&#237;ntesis, a la precisi&#243;n. Dicen que hasta el fin de sus d&#237;as habl&#243; alem&#225;n como un inmigrante y que su argentino hablado ya ten&#237;a rotundos ecos teutones. Se pas&#243; la vida teniendo que contestar si era alem&#225;n o argentino. Termin&#243; diciendo que era jud&#237;o. Personalmente creo que deber&#237;a haber dicho: jud&#237;o de Buenos Aires, de las librer&#237;as y bares y cines de la calle Corrientes de los a&#241;os &#8217;50, que es lo que fue toda su vida. Sesenta a&#241;os despu&#233;s de su nacimiento, en una cantata que &#233;l prefiri&#243; definir como &#8220;noticias truncas para bar&#237;tono e instrumentos&#8221; y que titul&#243; El 24 de diciembre de 1931, se dio el gusto de averiguar finalmente qu&#233; hab&#237;a pasado el d&#237;a en que naci&#243;. El &#250;ltimo de los hechos ocurridos durante aquella jornada fue la noticia de que todas las campanas de las iglesias de Norteam&#233;rica hab&#237;an sido sincronizadas con las de Jerusal&#233;n para anunciar juntas la Navidad. Kagel agrega en las notas de la partitura que la obra debe culminar al son de las campanadas desenfrenadas que se expanden de una punta a la otra del norte del continente, mientras en Buenos Aires son las cinco de la ma&#241;ana y las campanas locales se estremecen imperceptiblemente y un an&#243;nimo beb&#233; nacido en la v&#237;spera cree o&#237;r por primera vez en su vida el sonido que hace una mosca cuando estornuda.</p><p></p><p>Publicado el viernes 18 de noviembre de 2011</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[EN LOS SUEÑOS EMPIEZAN LAS RESPONSABILIDADES ]]></title><description><![CDATA[Cuando el jovencito Saul Bellow ley&#243; por primera vez a Delmore Schwartz, supo al instante que era la voz que hab&#237;an estado esperando, &#233;l y Am&#233;rica toda, y parti&#243; en peregrinaci&#243;n al Greenwich Village de Nueva York a conocerlo, a rendirle tributo, a absorber de &#233;l todo lo que pudiera y, por supuesto, a envidiarle cara a cara el talento, la suerte, la fama.]]></description><link>https://contratapaforn.substack.com/p/en-los-suenos-empiezan-las-responsabilidades</link><guid isPermaLink="false">https://contratapaforn.substack.com/p/en-los-suenos-empiezan-las-responsabilidades</guid><dc:creator><![CDATA[Contratapa Forn]]></dc:creator><pubDate>Fri, 29 May 2026 13:28:11 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!3z3y!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fade3ccd2-a940-4e20-868c-20f26bdd05a2_1056x1056.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Cuando el jovencito Saul Bellow ley&#243; por primera vez a Delmore Schwartz, supo al instante que era la voz que hab&#237;an estado esperando, &#233;l y Am&#233;rica toda, y parti&#243; en peregrinaci&#243;n al Greenwich Village de Nueva York a conocerlo, a rendirle tributo, a absorber de &#233;l todo lo que pudiera y, por supuesto, a envidiarle cara a cara el talento, la suerte, la fama. Porque con apenas dos a&#241;os m&#225;s que Bellow y un solo libro (En los sue&#241;os empiezan las responsabilidades), Schwartz ya hab&#237;a tomado el cielo por asalto: de izquierda a derecha, del Partisan Review a la revista Time, de Harvard a los bares del Village, &#233;l hablaba y todos callaban de golpe para escucharlo. Schwartz era esencialmente un poeta. Aunque escrib&#237;a ensayos y cuentos tan brillantes como sus poemas, era esencialmente una voz irresistible. Bellow se arrim&#243; encandilado, como disc&#237;pulo, pero al mismo tiempo como secreto par de Schwartz, porque en lo m&#225;s &#237;ntimo sent&#237;a que &#233;l tambi&#233;n estaba destinado a una voz equivalente y a equivalente grandeza. Schwartz ha de haberle sacado la ficha enseguida porque eran tal para cual: hijos de la Depresi&#243;n, jud&#237;os pobres de padres inmigrantes que vieron en la inteligencia, en los libros, la posibilidad de construirse a s&#237; mismos y salir al mundo y decir &#8220;Eh, todos, escuchen&#8221;, y tener la convicci&#243;n absoluta de que el mundo se iba a parar a escuchar.</p><p>La cuesti&#243;n es que hicieron contacto al instante, y durante un tiempo glorioso Bellow fue para Schwartz el compadre perfecto: partenaire, sparring, alma gemela, cofrade de delirios. Eran los euf&#243;ricos a&#241;os posteriores al fin de la Segunda Guerra, todo era posible, todo estaba empezando de nuevo, y Schwartz le hizo creer a Bellow que no s&#243;lo eran el futuro de la literatura norteamericana, sino que en cualquier momento ser&#237;an convocados desde lo m&#225;s alto para definir el nuevo orden de las cosas en su pa&#237;s. Bellow iba subido a la ola de Schwartz, era imposible resistirse. D&#233;jenme decir algo sobre la estampa de Schwartz. En un arranque de candorosa pretenciosidad, sus padres le hab&#237;an dado el patricio nombre de Delmore, y &#233;l respondi&#243; fison&#243;micamente a su nombre con tan asombrosa fidelidad que esa estampa se transmiti&#243; a su actitud ante el mundo. Hasta sus peores enemigos lo llamaban Delmore, que no era lo mismo que decirle Schwartz. Quiero decir con esto que Delmore Schwartz cre&#237;a realmente que lo ten&#237;a todo, que estaba llamado a llegar m&#225;s alto que cualquier otro escritor americano. Hab&#237;a le&#237;do todos los libros, los ten&#237;a a todos danzando en un guiso bullente en su interior, todo eso encontrar&#237;a plena expresi&#243;n a trav&#233;s de su voz, y eso pas&#243; a ocupar tanto espacio en su febril cabeza que no le dejaba tiempo para escribir los libros que supuestamente deb&#237;a escribir entretanto. Bellow, en cambio, entendi&#243; bien r&#225;pido que &#233;l no era Delmore, que a un rusito de Chicago m&#225;s val&#237;a escribir los libros que seguir desvel&#225;ndose con el llamado de las altas esferas, y se fue a Par&#237;s con dos mangos, a encontrar su voz. Aunque ya estaba un poco grande, igual la encontr&#243;: escribi&#243; Augie March (&#8220;I am an American, Chicago born...&#8221;) y volvi&#243; a su tierra y con esa misma voz escribi&#243; Herzog (&#8220;If I&#8217;m out of my mind, it&#8217;s allright with me...&#8221;) y, mientras tanto, los sue&#241;os de grandeza de Delmore Schwartz hab&#237;an ido virando a pesadillas, el estupor de no haber sido el que iba a ser lo hab&#237;a convertido en un monstruo autodestructivo que, en 1966, termin&#243; muerto en un hotel para indigentes del Bowery. El cad&#225;ver estuvo dos d&#237;as en la morgue de Nueva York hasta que supieron qui&#233;n era. Nadie se acordaba de &#233;l. Mejor dicho, se acordaban demasiado bien de las hom&#233;ricas borracheras, los brotes psic&#243;ticos, las internaciones en Bellevue, las escapadas del loquero, las apariciones fantasmales en el Village, los autos chocados, las llamadas telef&#243;nicas furiosas a las cinco de la ma&#241;ana, demandando lo que le correspond&#237;a, porque Schwartz crey&#243; hasta el fin de sus d&#237;as que ten&#237;a &#8220;derecho soberano sobre la fortuna del mundo&#8221;.</p><p>En los momentos de gloria, cuando tuvieron brevemente a su cargo todo el departamento de literatura de Harvard, Schwartz y Bellow sellaron en una noche de borrachera su amistad, su confianza en el futuro mutuo, firm&#225;ndose sendos cheques en blanco (&#8220;&#191;Qu&#233; clase de norteamericanos ser&#237;amos si fu&#233;semos inocentes respecto del dinero?&#8221;). Nueve a&#241;os despu&#233;s, cuando Schwartz estaba envenenado con el &#233;xito de Bellow y su propio ocaso, le escribi&#243; en una carta (en l&#225;piz y en un papel arrugado, metido de cualquier manera en un sobre igual de sucio y arrugado): &#8220;&#191;Quieres saber por qu&#233; te la tengo jurada? Porque t&#250; cre&#237;ste que yo iba a ser el gran poeta del siglo. Viniste desde Chicago y me lo dijiste. Y yo te cre&#237;&#8221;.</p><p>Nueve a&#241;os despu&#233;s de la muerte de Schwartz, Bellow escribi&#243; una novela que cuenta la historia de su amistad y su enemistad con &#233;l. Est&#225; todo: la admiraci&#243;n a distancia, el acercamiento, el rol de disc&#237;pulo confidente, la competencia, las primeras grietas de la decepci&#243;n, la envidia, la pelea, el triunfo, la contemplaci&#243;n del fracaso del otro, el mal sabor de ser el que gan&#243;, el que vio morir al otro. Parecen personas casi, aunque sean escritores. En un momento glorioso, un personaje femenino les dice a los dos: &#8220;Las mejores cosas de la vida son gratis. Eso significa que no puedes regatear con ellas&#8221;. Y uno de ellos mira al otro y le dice: &#8220;Eres igual de imb&#233;cil que yo. Te crees cualquier cosa si est&#225; bien dicha&#8221;. El libro se llama El legado de Humboldt porque Humboldt, el muerto que muere indigente y olvidado, le deja algo al vivo, que es exitoso y millonario, pero s&#243;lo va a quedarse al final con el legado que le dej&#243; el hombre que m&#225;s lo odiaba en el mundo, y ese legado alude genialmente a aquellos mutuos cheques en blanco. En uno de los momentos de m&#225;xima camarader&#237;a de los dos personajes en el libro, Bellow los pone a escribir un gui&#243;n para Hollywood que ambos est&#225;n seguros de que va a hacerlos millonarios: es la historia de Amundsen y el italiano Nobile y la llegada al Polo Norte. Amundsen quer&#237;a llegar al Polo Sur, en realidad, y no pod&#237;a juntar la plata para la expedici&#243;n, le apareci&#243; un financista que le propuso llegar al Polo Norte en globo, que era m&#225;s factible y m&#225;s barato que llegar en barco a la Ant&#225;rtida, llevaron a Nobile como piloto, que era el as de los dirigibles. El italiano se envenen&#243; de que Amundsen se llevara los laureles y convenci&#243; a Mussolini que le financiara una nueva expedici&#243;n. El globo cay&#243; en el Artico y el primero en salir a rescatarlos en un hidroavi&#243;n fue Amundsen, que odiaba a Nobile. El avi&#243;n de Amundsen se perdi&#243; en una tormenta y nunca se lo encontr&#243;. Nobile fue rescatado por un barco ruso y volvi&#243;, maltrecho pero vivo, a una Italia que lo celebr&#243; euf&#243;ricamente como h&#233;roe, para su estupor y malsabor. Hollywood descart&#243; de un plumazo la idea: a qui&#233;n le importaba Umberto Nobile, qui&#233;n se acordaba de &#233;l. Y a qui&#233;n le importaba Delmore Schwartz, qui&#233;n se acordaba de &#233;l hasta que su mayor enemigo, el hombre que lo hab&#237;a traicionado, el que le hab&#237;a robado la gloria, lo rescat&#243; del olvido.</p><p></p><p>Publicado el viernes 11 de noviembre de 2011</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[CZARDA TRISTE POR HUNGRÍA]]></title><description><![CDATA[Los h&#250;ngaros dicen que salvaron a Europa de los turcos.]]></description><link>https://contratapaforn.substack.com/p/czarda-triste-por-hungria</link><guid isPermaLink="false">https://contratapaforn.substack.com/p/czarda-triste-por-hungria</guid><dc:creator><![CDATA[Contratapa Forn]]></dc:creator><pubDate>Fri, 15 May 2026 14:59:52 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!3z3y!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fade3ccd2-a940-4e20-868c-20f26bdd05a2_1056x1056.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Los h&#250;ngaros dicen que salvaron a Europa de los turcos. Que debieron soportar 150 a&#241;os de dominio otomano, pero que una parte de su territorio, el principado de Transilvania, m&#225;s precisamente el pueblo szekely, fue el basti&#243;n que resisti&#243; y fren&#243; a los turcos. Durante el imperio Habsburgo, los szekely dec&#237;an: &#8220;El emperador puede dormir en paz; nosotros velamos sus fronteras&#8221;. Los szekely se jactaban de ser m&#225;s h&#250;ngaros que todos sus compatriotas y de hablar un h&#250;ngaro mucho m&#225;s puro y musical que el del resto de Hungr&#237;a. Incluso los hijos de un zapatero eran pr&#237;ncipes de la verba. Digo zapatero porque el padre de los hermanos Rajk era zapatero, y de sus hijos voy a hablar hoy. Con el fin de la Primera Guerra viene el Tratado de Versailles, que desmiembra famosamente a Hungr&#237;a (la redujo a un tercio de su territorio), momento en que los szekely pasan, de un d&#237;a para el otro, a ser parte de Rumania. Ni el apellido h&#250;ngaro les dejan: a los Rajk pasan a llamarlos Rajku. Pero los Rajk no quer&#237;an tener ni una letra de rumanos, y menos que menos la nacionalidad. Migran a Budapest para poder seguir siendo h&#250;ngaros.</p><p>El hermano mayor, que se llama Endre, descubre al mismo tiempo que es bueno para hacer negocios y para la pol&#237;tica, ambas cosas gracias a su verba. El hermano m&#225;s joven, que se llama Lazlo, tambi&#233;n se mete en pol&#237;tica, pero porque descubre que odia los negocios, el dinero, el capital. Lazlo se hace comunista, cae preso, lo destierran, se va a pelear en la Guerra Civil Espa&#241;ola, cae preso cuando cruza a Francia, lo repatrian a Hungr&#237;a, que para entonces ha pactado con Hitler y tiene a los Cruces Flechadas en el poder, y cuando desemboca en una c&#225;rcel h&#250;ngara se entera de que su hermano Endre es el segundo hombre m&#225;s poderoso en el Budapest de la guerra: es el comisario de alimentos de la ciudad y mano derecha del tirano Szalasi.</p><p>Hace ocho a&#241;os que los dos hermanos no se ven. El fin de la guerra est&#225; pr&#243;ximo, nada frena el avance de los rusos, los Cruces Flechadas entran en un frenes&#237; de sangre durante esa postrera espera: someten a juicio sumario y se ponen a ejecutar a todos los prisioneros pol&#237;ticos, los cad&#225;veres se amontonan en el patio de la prisi&#243;n. Endre se presenta en el improvisado tribunal cuando est&#225;n juzgando a Lazlo, exige declarar como testigo y hace gala de su verba para abrumar a los fiscales y lograr que se posponga y posponga la condena hasta que todo se desmadra con la llegada de los rusos y la precipitada huida de los Cruces Flechadas y del propio Endre, que logra llegar a Austria y de all&#237; a Alemania, donde es apresado por los aliados al fin de la guerra y encarcelado en un campo de funcionarios pr&#243;fugos, a la espera de que Budapest pida su repatriaci&#243;n para juzgarlo.</p><p>El nuevo gobierno h&#250;ngaro es, por supuesto, comunista, y uno de sus hombres fuertes, uno de los m&#225;s respetados por sus camaradas, es Lazlo Rajk, ese cuadro templado en la clandestinidad y las c&#225;rceles antes y despu&#233;s de luchar en Espa&#241;a. Tan confiable es Lazlo que se le encarga la creaci&#243;n de la polic&#237;a secreta del nuevo r&#233;gimen (el AVO), y luego el Ministerio del Interior. En medio de esa carrera mete&#243;rica, pide testificar en la causa de repatriaci&#243;n de su hermano y hace gala de su verba para convencer al tribunal de que ese hombre que llamaba a su l&#237;der &#8220;Hermano y Gu&#237;a de la Naci&#243;n&#8221; y que declar&#243;, cuando los yanquis lo interrogaron, que &#233;l no era antisemita sino a-semita (&#8220;simplemente creo que Hungr&#237;a no necesita a los jud&#237;os&#8221;), tambi&#233;n salv&#243; del hambre a muchos h&#250;ngaros durante el sitio de Budapest, y consigue as&#237; bloquear la deportaci&#243;n y pagar la deuda que ten&#237;a con &#233;l.</p><p>Desde su pobre exilio provinciano en Alemania, Endre va enter&#225;ndose por radio del ascenso de su hermano menor en el parnaso comunista. Y, de pronto, lo inesperado: Lazlo es acusado de traidor a la patria durante la &#250;ltima purga stalinista. Es 1949. Los enemigos del d&#237;a son los desviacionistas como el general Tito, que os&#243; decir que Yugoslavia no necesita de la URSS. Y ya se sabe c&#243;mo son los szekely con el tema patriotismo. Para peor, Tito conoc&#237;a a Lazlo de Espa&#241;a y lo ha elogiado p&#250;blicamente. Hungr&#237;a necesita mandar un mensaje de inequ&#237;voca sumisi&#243;n a Mosc&#250;: el juicio de Lazlo se transmite en directo por radio, y as&#237; es c&#243;mo millones de h&#250;ngaros, dentro y fuera de su pa&#237;s (como Endre), escuchan con estupor a Lazlo Rajk autoincriminarse desde el estrado: el szekely loco de la verba incendiaria hace un mea culpa abyecto, monocorde, que ahorra todo trabajo al fiscal. Se dice que le hab&#237;an prometido ponerlo en un avi&#243;n con su mujer y su hijito de cinco meses, y permitirle una nueva vida en Pek&#237;n (el PC chino a veces recib&#237;a a los proscriptos por Stalin). Se dice que reci&#233;n cuando lo llevaban al cadalso entendi&#243; lo que iba a pasar y grit&#243;: &#8220;&#161;Camaradas, esto no es lo que me hab&#237;an prometido!&#8221;.</p><p>El caso Rajk se convirti&#243; en una causa c&#233;lebre. Siete a&#241;os despu&#233;s de ocurrido el hecho, ya con Kruschev en el poder, se rehabilit&#243; post-mortem a Lazlo y se le permiti&#243; a la viuda recuperar el cuerpo. Ella dijo que, ya que hab&#237;an juzgado p&#250;blicamente a su marido, exig&#237;a un funeral p&#250;blico. Se juntaron cien mil personas. La viuda no quiso discursos. El AVO se declar&#243; incapaz de infiltrar y boicotear el multitudinario evento: sus agentes m&#225;s veteranos dec&#237;an que s&#243;lo Lazlo Rajk hubiera sabido c&#243;mo hacerlo. La mecha encendida en esa silenciosa manifestaci&#243;n (la primera de tal envergadura en pa&#237;ses comunistas) estall&#243; con todo su ruido s&#243;lo dos semanas despu&#233;s, con la famosa insurrecci&#243;n de Hungr&#237;a de 1956 y su posterior sometimiento a los tanques rusos, mientras Occidente miraba hacia otra parte, como siempre.</p><p>Los a&#241;os pasaron. Endre muri&#243;. La viuda de Lazlo muri&#243;. Gorbachov lleg&#243; al poder en Rusia y anunci&#243; la Glasnost y la Perestroika, y aquel beb&#233; de cinco meses llamado Lazlo Rajk hijo, ya hecho un hombre, motoriz&#243; la rehabilitaci&#243;n y entierro p&#250;blico de Imre Nagy, el pol&#237;tico m&#225;rtir de la insurrecci&#243;n de 1956. Fueron m&#225;s de 300 mil personas. Esta vez s&#237; hubo discursos y, como consecuencia, el ag&#243;nico gobierno comunista abri&#243; ese mismo d&#237;a su frontera con Austria y Hungr&#237;a se convirti&#243; en el pasillo por el cual los alemanes del Este pasaban a Alemania Occidental: el Muro ya estaba roto, aunque faltaran un par de d&#237;as para que se vieran los primeros mazazos por TV. Subido al viento de la Historia, Lazlo Rajk hijo se present&#243; como candidato socialdem&#243;crata en las primeras elecciones despu&#233;s de la ca&#237;da del Muro. Sali&#243; segundo. Fue derrotado por el F&#243;rum Democr&#225;tico, el partido que defend&#237;a los valores nacionalistas reaccionarios a los que hab&#237;a adherido su t&#237;o Endre. Hasta el d&#237;a de hoy siguen en el poder. Se jactan de saber qu&#233; quieren los h&#250;ngaros mejor que todos los dem&#225;s h&#250;ngaros. Hablan de lo magyar como los szekely hablaban de s&#237; mismos. El viento de la Historia enloquece siempre que sopla en Mitteleuropa.</p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!dCUW!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0f117e98-6676-4718-a1a3-01c007066c9b_232x212.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!dCUW!, /__u/contratapaforn.substack.com/w_424, /__u/contratapaforn.substack.com/c_limit, /__u/contratapaforn.substack.com/f_webp, /__u/contratapaforn.substack.com/q_auto:good, /__u/contratapaforn.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0f117e98-6676-4718-a1a3-01c007066c9b_232x212.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!dCUW!, /__u/contratapaforn.substack.com/w_848, 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isPermaLink="false">https://contratapaforn.substack.com/p/el-hermano-muerto</guid><dc:creator><![CDATA[Contratapa Forn]]></dc:creator><pubDate>Sat, 09 May 2026 02:39:34 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!3z3y!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fade3ccd2-a940-4e20-868c-20f26bdd05a2_1056x1056.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Mark Twain ten&#237;a un hermano gemelo en su infancia. Para diferenciarlos le ataban a cada uno una cinta a la mu&#241;eca, de un color diferente. Un d&#237;a los dejaron solos en la ba&#241;adera y uno se ahog&#243;. El chapoteo en el agua hab&#237;a desatado las cintas, de manera que nunca se supo a ciencia cierta cu&#225;l de los dos hab&#237;a muerto. &#8220;Desde entonces no s&#233; si yo soy yo o mi hermano&#8221;, remataba siempre la an&#233;cdota Twain.</p><p>Philip Dick tambi&#233;n naci&#243; con una hermana melliza. La llamaron Jane. La madre crey&#243; que la leche que ten&#237;a alcanzaba para amamantar a los dos, que no iba a necesitar refuerzo. Los beb&#233;s pasaron hambre durante semanas, hasta que la peque&#241;a Jane muri&#243;, y as&#237; fue c&#243;mo el peque&#241;o Philip pas&#243; a recibir la raci&#243;n de leche materna que necesita un beb&#233; para sobrevivir. D&#233;jenme agregar que la mam&#225; de Philip Dick ten&#237;a una hermana que, a&#241;os despu&#233;s, tambi&#233;n tuvo mellizos. Cuando los beb&#233;s eran peque&#241;os muri&#243; la madre. El viudo dijo haber recibido un mensaje de ultratumba de la difunta en que le ped&#237;a que se casara con la cu&#241;ada. Fue a inform&#225;rselo a la madre de Dick. Brev&#237;simo perfil de la madre de Dick: era secretaria, era progre, cri&#243; sola a su hijo en el ambiente libertario de Berkeley, despreciaba en el marido de su cu&#241;ada todo lo que hab&#237;a despreciado en su propio marido (lo que ambos ten&#237;an de americano medio) pero, para sorpresa de todos, incluido el propio viudo, acept&#243; como una aut&#243;mata la &#250;ltima voluntad de su hermana y hubo boda. Se celebr&#243; cuando Dick ten&#237;a 24 a&#241;os. Desde entonces hasta que muri&#243;, treinta a&#241;os despu&#233;s, Dick confes&#243; a quien quisiera o&#237;rlo que su madre cri&#243; al m&#225;s perfecto american style a los hijos mellizos de su hermana despu&#233;s de matar de hambre a uno de los mellizos salidos de su propio vientre y de repetirle al otro durante toda su infancia que quien debi&#243; haber muerto era &#233;l. A diferencia de Mark Twain, Dick tuvo desde su m&#225;s temprana infancia quien le recordara cada d&#237;a que &#233;l no era el muerto, que &#233;l era &#233;l y no su hermana.</p><p>Quiz&#225; no se deba a eso, o al menos no enteramente, pero Philip Dick es El Paranoico Que Ten&#237;a Raz&#243;n: el hombre que entendi&#243; mejor que nadie las implicaciones del Gran Hermano de Orwell de una manera que ni el propio Foucault pudo hacer, y ni hablemos del pobre, heroico, admirable Orwell. En 1971, cuando llevaba publicadas treinta novelitas de ciencia-ficci&#243;n y varios a&#241;os sin escribir, Dick volvi&#243; un d&#237;a a su casa y se la encontr&#243; devastada. Con el m&#243;dico monto del premio Hugo por El hombre en el castillo, se hab&#237;a comprado un enorme archivador met&#225;lico con cerradura donde guardaba todos sus papeles, toneladas de papeles. Que se llevaran su adorado equipo de m&#250;sica y sus discos (Dick era un mel&#243;mano terminal, trabaj&#243; durante diez a&#241;os de vendedor en una disquer&#237;a) no le import&#243; tanto como que hubieran despanzurrado su cofre, su ata&#250;d de metal, su caja de Pandora. No eran meros ladrones si hab&#237;an usado esa clase de explosivo y se hab&#237;an llevado sus papeles. Por eso, lo primero que sinti&#243; Dick al toparse con ese espect&#225;culo no fue desaz&#243;n sino una satisfacci&#243;n euf&#243;rica, que le dur&#243; escas&#237;simos segundos, pero tuvo la potencia de un pico de anfetamina: &#8220;Yo sab&#237;a que no era paranoia. Yo sab&#237;a que ten&#237;a raz&#243;n&#8221;.</p><p>Por supuesto, el flujo de ideas no se detuvo ah&#237;. Continu&#243;, imparable, y acto seguido Dick ya estaba pensando que ven&#237;an por &#233;l, que lo mandar&#237;an a un campo de concentraci&#243;n en Alaska, que Nixon era un rojo, un comunista infiltrado en las filas macartistas para llegar al poder y convertir al pa&#237;s de la libertad en una colonia criptosovi&#233;tica. Nixon se hab&#237;a abierto paso como Stalin, eliminando rivales, &#191;a qui&#233;n otro hab&#237;an favorecido los asesinatos de Jack y Bobby Kennedy y Martin Luther King y el atentado a Wallace? A Tricky Dick, a Richard Nixon, al hombre que re&#237;a como una hiena: su n&#233;mesis. Como todos sabemos, el duelo entre El Hombre Que R&#237;e y El Paranoico Que Ten&#237;a Raz&#243;n lo gan&#243; Philip Dick. Ya no escrib&#237;a, y cre&#237;a que no escribir&#237;a m&#225;s, cuando estall&#243; Watergate. Ya se lo hab&#237;an comido los demonios (hab&#237;a entrado en su etapa m&#237;stica, para desaz&#243;n de sus fans: ellos quer&#237;an o&#237;rlo hablar de Ubik, de los clanes de la Luna Alfana, y &#233;l les dec&#237;a que el Imperio del Mal era en realidad el Imperio Romano y que &#233;l era San Pablo y su misi&#243;n era &#8220;contar la verdad&#8221;), pero igual celebr&#243; como un derviche la ca&#237;da de Nixon, aull&#225;ndole al televisor y habl&#225;ndole a su doble, un cristiano de las primeras catacumbas llamado Tom&#225;s que habitaba en su interior y que, seg&#250;n Dick, era su coequiper en la tarea de difundir el mensaje, la verdad. Hasta aquel instante en que Dick desvi&#243; los ojos del televisor, le dijo: &#8220;Se acab&#243;, ganamos&#8221;. Y descubri&#243; que Tom&#225;s ya no estaba, que no ten&#237;a con quien celebrar aquel triunfo, que tendr&#237;a que ocuparse solo de pregonar la verdad.</p><p>Volvi&#243; a escribir. Ya no necesitaba anfetaminas, ten&#237;a adentro una droga m&#225;s potente: el suero de la verdad, el verdadero Suero de la Verdad. Esas ocho mil p&#225;ginas son s&#243;lo para los fans terminales de Dick, que por supuesto las consideran la cima de su obra, la verdad revelada. Y est&#225;n quienes lo prefieren paranoico, antes de que supiera que ten&#237;a raz&#243;n: esa especie de Kafka bestia, electrificado, corcoveando como cable de alto voltaje en la tormenta. Una vez le preguntaron cu&#225;ndo y c&#243;mo hab&#237;a empezado a escribir ciencia ficci&#243;n, y contest&#243; que fue despu&#233;s de leer un cuentito de Fredric Brown en que un grupo internacional de cient&#237;ficos construye la computadora m&#225;s compleja imaginable, le almacena todos los datos del saber humano y, cuando est&#225; lista, le hacen la primera pregunta (&#8220;&#191;Dios existe?&#8221;). Y la m&#225;quina contesta: &#8220;Ahora s&#237;&#8221;.</p><p>Dick le adjudicaba a Jung una frase que en realidad era su propia conclusi&#243;n de lo que hab&#237;a le&#237;do en Jung: &#8220;Los dioses de anta&#241;o se han convertido en enfermedades para los hombres de hoy&#8221;. En Ubik escribi&#243;: &#8220;Lo real es aquello en lo que Dios cree&#8221; (ubik por &#8220;ubicuo&#8221;: el que est&#225; en todas partes). Cuando empezaron a admirarlo en los &#8217;60, dijo: &#8220;He escrito y vendido 23 novelas, y son todas horribles menos una, y no estoy seguro de cu&#225;l es&#8221;. Como dijo inigualablemente Pablo Capanna, lleva m&#225;s tiempo leer sus libros que el tiempo que le llev&#243; a &#233;l escribirlos. Pasa igual que con Arlt, dijo Piglia: no importa d&#243;nde uno tropiece con las torpezas, no se puede salir del trance. La &#250;ltima de las esposas de Dick le dec&#237;a, en cambio, que era el nuevo Dostoievski, el hombre que lo hab&#237;a entendido todo.</p><p>Cuando Dick muri&#243;, en 1982, apareci&#243; el padre a retirar el cuerpo y se lo llev&#243; a enterrar a la parcela donde estaba enterrada la peque&#241;a Jane. Era una parcela doble y ten&#237;a una doble l&#225;pida, con los nombres de los dos hermanos. S&#243;lo hubo que grabar la fecha de muerte en la que correspond&#237;a a Philip. La doble l&#225;pida estaba esperando a su segundo ocupante con la fecha de deceso en blanco desde el lejano d&#237;a en que hab&#237;an enterrado a la peque&#241;a Jane, cuando el peque&#241;o Philip era un beb&#233; de cinco semanas.</p><p></p><p>Publicado el viernes 28 de octubre de 2011</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[LOS ENDEMONIADOS]]></title><description><![CDATA[Pareciera que s&#243;lo el cine puede contar la Rusia actual.]]></description><link>https://contratapaforn.substack.com/p/los-endemoniados</link><guid isPermaLink="false">https://contratapaforn.substack.com/p/los-endemoniados</guid><dc:creator><![CDATA[Contratapa Forn]]></dc:creator><pubDate>Sat, 02 May 2026 19:24:42 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!3z3y!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fade3ccd2-a940-4e20-868c-20f26bdd05a2_1056x1056.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Pareciera que s&#243;lo el cine puede contar la Rusia actual. O que la Rusia actual s&#243;lo da para malas pel&#237;culas, con su mafia, sus nacionalistas y su versi&#243;n salvaje del capitalismo salvaje. Pero la incre&#237;ble relaci&#243;n con los libros que tienen los rusos es capaz de todo. Miren, si no, el duelo que se est&#225; dirimiendo en estos d&#237;as en Mosc&#250;. No me refiero al baile de Natacha que ofrecer&#225;n al mundo Putin y Medvedev, uno dejando de ser primer ministro para volver a ser presidente y el otro dejando de ser presidente para volver a ser primer ministro. Esa coreograf&#237;a es para que la televisi&#243;n occidental llene unas horas de programaci&#243;n con enviados en directo ofreciendo su an&#225;lisis a c&#225;mara, embutidos en gorros de astrac&#225;n con la c&#250;pula del Kremlin a sus espaldas. Los rusos est&#225;n mucho m&#225;s pendientes de otro duelo que ocurre en bambalinas, entre un millonario convertido en preso c&#233;lebre y un segund&#243;n del gabinete a quien los polit&#243;logos de Occidente adjudican todo el m&#233;rito de esa coreograf&#237;a de Estado que vienen bailando con gracia de aut&#243;matas Putin y Medvedev en la &#250;ltima d&#233;cada.</p><p>Hasta donde se sabe, ese querub&#237;n demon&#237;aco llamado Vladislav Surkov es hijo de madre soltera, nacido en los confines de Rusia y llegado a Mosc&#250; en plena Perestroika con el prop&#243;sito de hacer teatro de protesta, pero muy pronto vir&#243; al mundo de las relaciones p&#250;blicas en la euforia sin ley post-derrumbe de la URSS. Su hobby eran las artes marciales y las peleas callejeras, y en un dojo moscovita conoci&#243; a uno de los j&#243;venes magnates que surg&#237;an de la nada en la Rusia en esos a&#241;os, Mijail Kodorkovski, quien lo contrat&#243; como guardaespaldas, luego como asesor de imagen, despu&#233;s como mano derecha de su imperio y, cuando Surkov le exigi&#243; que lo hiciera socio, se pelearon. Mientras Kodorkovski segu&#237;a acrecentando su fortuna, Surkov se sum&#243; a la campa&#241;a pol&#237;tica para que Putin alcanzara la presidencia. Surkov crane&#243; para &#233;l una astut&#237;sima combinaci&#243;n de realpolitik stalinista con herramientas del marketing pol&#237;tico capitalista. Es leyenda que nadie dura mucho en el entorno de Putin, pero Surkov logr&#243; evitar las sucesivas purgas (cuando se empez&#243; a hablar hace poco de sus ambiciones presidenciales, filtr&#243; a la prensa el dato de que es hijo de padre checheno, una manera eficaz de autoimpugnarse como candidato) y hay unos cuantos que creen que &#233;l mismo orquesta esas purgas desde su despacho, donde conviven libros de Lyotard y Negroponte con retratos de Tupac Shakur y el Che Guevara.</p><p>Con su mejor cara de M&#237;ster Bean, Surkov puede producir una pel&#237;cula sat&#237;rica anti-Putin de un director de moda y afiliarlo al partido el d&#237;a del estreno, organizar manifestaciones de skinheads nacionalistas y mandar a reprimirlas, negociar con grupos empresarios la privatizaci&#243;n de un gasoducto y orquestar la posterior campa&#241;a de expropiaci&#243;n y c&#225;rcel de esos mismos empresarios. Por esa raz&#243;n huyeron de Rusia el hoy magnate futbolero Roman Abramovich y dem&#225;s corsarios de las privatizaciones realizadas en la era Yeltsin, cuando Putin alcanz&#243; el poder y los se&#241;al&#243; como grandes culpables del derrumbe econ&#243;mico del pa&#237;s. Kodorkovski, que para entonces hab&#237;a alcanzado seg&#250;n la revista Forbes el t&#237;tulo de hombre m&#225;s rico de Rusia, no se fue: sobreestim&#243; su poder (es leyenda que en una reuni&#243;n con Putin le son&#243; el celular y atendi&#243; como si el presidente no estuviera delante) y subestim&#243; el poder de su ex empleado. En octubre de 2003, dos d&#237;as despu&#233;s de agasajar a Dick Cheney (el socio de Bush) en su mansi&#243;n de Mosc&#250;, fue apresado en un operativo comando televisado en directo (la TV es feudo de Surkov) cuando bajaba de su avi&#243;n privado en un aer&#243;dromo de Siberia.</p><p>Seg&#250;n sus compa&#241;eros del Pabell&#243;n 4, Kodorkovski se pas&#243; el primer mes en la c&#225;rcel tumbado en su litera, at&#243;nito, y despu&#233;s hizo lo que hacen los rusos cuando caen presos: se puso a escribir. Cinco meses despu&#233;s apareci&#243; en una revista econ&#243;mica un art&#237;culo firmado por &#233;l, titulado &#8220;La crisis del liberalismo ruso&#8221;. No era una acusaci&#243;n a sus perseguidores, sino un ataque a sus defensores (&#8220;Desde el Pabell&#243;n 4, donde resido hoy, puedo ver m&#225;s claramente que aquellos apoltronados en ambientes m&#225;s confortables&#8221;). La opini&#243;n general fue que el Kremlin lo hab&#237;a forzado a hacerlo o lo hab&#237;a fraguado (los viejos h&#225;bitos). Kodorkovski contraatac&#243; con otra ep&#237;stola, y otra, y otra (en una, llamada &#8220;Prisi&#243;n, Propiedad y Libertad&#8221;, escribe: &#8220;Hab&#237;a muchas cosas que antes no pod&#237;a decir porque atentaban contra mi patrimonio. Eso es la tiran&#237;a de la propiedad. Ahora que estoy en prisi&#243;n no defiendo mi propiedad sino el derecho a decir lo que pienso&#8221;), y alcanz&#243; por fin status de causa c&#233;lebre a principios de este a&#241;o, cuando se publicaron sus Ensayos reunidos, con una foto en tapa que lo muestra entre rejas (la misma foto que el Kremlin us&#243; hace ocho a&#241;os, a trav&#233;s de su prensa af&#237;n, anunciando la suerte que correr&#237;an los magnates vendepatria en la Rusia de Putin; s&#243;lo que ahora, en la tapa del libro de Kodorkovski, parece decir: &#8220;Mientras yo est&#233; entre rejas, todo Rusia es una prisi&#243;n&#8221;).</p><p>El libro trep&#243; al tope de las listas de best-sellers, peleando el primer puesto con una novela llamada Casi cero, firmada por un tal Natan Dubovitsky (perm&#237;tanme se&#241;alar que la esposa de Surkov se llama Natalya Dubovitskaya) y con un pr&#243;logo del propio Surkov, donde niega enf&#225;ticamente haber escrito el libro y asegura que es el mejor que ha le&#237;do en su vida. La cosa no termina ah&#237;. La versi&#243;n teatral del libro que no escribi&#243; Surkov es el &#233;xito de la temporada en Mosc&#250;. Las entradas se revenden en el mercado negro a quinientos d&#243;lares y algunos de los que pagan esa cifra reciben s&#243;lo un almohad&#243;n para acomodarse en el piso, en los pasillos laterales de la sala. El director de la obra (Kirill Serebrennikov, el hombre que est&#225; renovando el cine y el teatro rusos) ha incluido varios cambios en la pieza. El protagonista, que en la novela era un RR.PP. meramente corrupto, ahora es f&#225;ustico: no s&#243;lo vende su alma al demonio, sino que en el desenlace de la pieza desaf&#237;a al mism&#237;simo para recuperarla, en una mesa de negociaci&#243;n. Para los moscovitas, esa mesa es Rusia. No es que crean que, porque Kodorkovski se haga el profeta, es mucho mejor que Surkov: saben que son dos endemoniados (aunque lo condenaron por evasi&#243;n impositiva, a Kodorkovski se le adjudican varias muertes de empresarios rivales, por las que fue condenado in absentia su jefe de seguridad, que por supuesto est&#225; pr&#243;fugo). Lo que les pasa a los moscovitas y al resto de los rusos es que, a pesar de setenta a&#241;os de realismo socialista y treinta m&#225;s de degradaci&#243;n capitalista, todav&#237;a tienen en el adn el reflejo instant&#225;neo de reconocimiento cuando tienen delante una buena novela rusa. Y en &#233;sta van todos por la misma p&#225;gina: ya saben todos que el verdadero duelo que hay en la Santa Madre Rusia es entre el hombre que est&#225; tras bambalinas y el que est&#225; tras las rejas, mientras el mundo habla de Putin y Medvedev.</p><p></p><p>Publicado el viernes 21 de octubre de 2011</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[EL HOMBRE QUE ODIABA LAS NOVELAS]]></title><description><![CDATA[Aquellos que quieran saber con qu&#233; se mamaba Faulkner para escribir as&#237;, pueden encontrar la respuesta en un ins&#243;lito evento que tiene lugar en Londres en 1854, cuando el c&#243;nsul americano en esa ciudad reuni&#243; en su casa a los exiliados revolucionarios europeos para que conocieran al futuro presidente Buchanan, de paso por Inglaterra.]]></description><link>https://contratapaforn.substack.com/p/el-hombre-que-odiaba-las-novelas</link><guid isPermaLink="false">https://contratapaforn.substack.com/p/el-hombre-que-odiaba-las-novelas</guid><dc:creator><![CDATA[Contratapa Forn]]></dc:creator><pubDate>Fri, 24 Apr 2026 15:39:03 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!3z3y!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fade3ccd2-a940-4e20-868c-20f26bdd05a2_1056x1056.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Aquellos que quieran saber con qu&#233; se mamaba Faulkner para escribir as&#237;, pueden encontrar la respuesta en un ins&#243;lito evento que tiene lugar en Londres en 1854, cuando el c&#243;nsul americano en esa ciudad reuni&#243; en su casa a los exiliados revolucionarios europeos para que conocieran al futuro presidente Buchanan, de paso por Inglaterra. Era un gesto pol&#237;tico: demostrar a las monarqu&#237;as europeas de qu&#233; parte estaba el Nuevo Mundo. La lista de invitados era un resumen de las fracasadas revoluciones de 1848: Garibaldi y Mazzini por Italia, Victor Hugo y Ledru-Rollin por Francia, Kossuth por Hungr&#237;a, Worcel por Polonia y el gran Alexander Herzen por Rusia. Durante la velada se brind&#243; copiosamente por el advenimiento de &#8220;una federaci&#243;n de pueblos libres europeos&#8221; y un futuro de concordia entre ellos y la joven democracia americana. El c&#243;nsul hizo venir a su esposa para que acompa&#241;ara en guitarra la entonaci&#243;n a coro de &#8220;La Marsellesa&#8221; y la bebida ofrecida era un ponche especialmente preparado para la ocasi&#243;n, con bourbon de Kentucky (&#8220;nuestra bebida nacional&#8221;, como anunci&#243; el c&#243;nsul). Terminaron todos peleados menos de dos horas despu&#233;s. Se pregunta Herzen en sus fabulosas memorias si el fracaso de la velada pudo deberse a la bebida servida, que parec&#237;a &#8220;hecha de pimienta roja embebida en vitriolo&#8221; y que &#8220;embrutec&#237;a el paladar, ro&#237;a la garganta y estallaba en llamas en el pecho de quienes la beb&#237;an&#8221;.</p><p>Herzen se fue de Rusia para combatir el zarismo, la autocracia, la servidumbre. Quer&#237;a la igualdad entre los hombres, la democracia, pero cuando vio la democracia en Occidente se asque&#243; enseguida de los burgueses (como buen arist&#243;crata los ve&#237;a poca cosa, mezquinos, miserables) y entendi&#243; que no le quedaba otra que hacerse revolucionario. Se pas&#243; la vida predic&#225;ndola, desde el diario La Campana, que imprim&#237;a de su bolsillo en Inglaterra y enviaba clandestinamente a Rusia. En la dedicatoria de sus ensayos reunidos, le dice a su hijo: &#8220;No construimos; destruimos. No proclamamos una nueva verdad; abolimos una vieja mentira. La &#250;nica religi&#243;n que te dejo es la religi&#243;n revolucionaria de la transformaci&#243;n social. Es una religi&#243;n sin para&#237;so, sin recompensas, sin siquiera conciencia de s&#237;, porque una revoluci&#243;n no puede tener conciencia&#8221;. Entreg&#243; ese libro a su hijo solemnemente en la Navidad de 1855, en la coqueta mansi&#243;n que habitaba en Twickenham, delante de su familia y una cincuentena de invitados, al pie de un gigantesco &#225;rbol de Navidad lleno de regalos para todos.</p><p>Cuando Bakunin logr&#243; huir de su cautiverio en Siberia y llegar hasta Jap&#243;n, le escribi&#243; desde all&#237; a Herzen para que le pagara el pasaje en barco hasta Londres. Herzen se lo llev&#243; a vivir en su casa. Hasta que el ama de llaves alemana le hizo un ultim&#225;tum: o Bakunin o yo. Herzen opt&#243; por el ama de llaves. Pero mantuvo su cari&#241;o por Bakunin: cuando Garibaldi le pregunta por carta si puede confiarse en el pron&#243;stico de Bakunin acerca de la inminencia de la Revoluci&#243;n en Rusia (en 1862), Herzen contesta que &#8220;hay en mi viejo amigo una inveterada tendencia a confundir el segundo mes de embarazo con el noveno&#8221;. Bakunin, por su parte, le reprochaba festivamente a Herzen: &#8220;&#191;Sabes cu&#225;l es tu mayor debilidad? Que eres incapaz de dejarte cegar por un entusiasmo&#8221;.</p><p>Herzen se cre&#237;a el colmo de la sensatez mientras llevaba una vida que parec&#237;a una novela por entregas y en la que involucraba a todos sus amigos libertarios. La historia es as&#237;: al exiliarse de Rusia, el primer destino de Herzen fue Par&#237;s (hasta que la monarqu&#237;a rusa solicit&#243; a la monarqu&#237;a francesa que lo expulsaran), all&#237; conoci&#243; a un joven poeta alem&#225;n llamado Georg Herwegh, que hab&#237;a desafiado a la monarqu&#237;a alemana con su pol&#233;mico &#8220;Poema de un hombre que est&#225; vivo&#8221;. Herwegh era el h&#233;roe del momento pero lleg&#243; a Par&#237;s sin una moneda. Herzen lo acogi&#243; como hijo, como diamante en bruto, como delf&#237;n. No s&#243;lo adopt&#243; al poeta sino a la familia del poeta (Herwegh estaba casado y ten&#237;a hijos, que conviv&#237;an con los de Herzen). Pero he aqu&#237; que el joven Herwegh era el ep&#237;tome del poeta rom&#225;ntico y enamor&#243; a la mujer de Herzen. Se desat&#243; entre ellos una pasi&#243;n incombustible y m&#225;s que inc&#243;moda. El poeta primero exigi&#243; que se les permitiera vivir su amor, luego pidi&#243; a Herzen que lo matara, luego lo ret&#243; a duelo. Negro de ira, Herzen convoc&#243; a un tribunal de honor libertario para que dirimiera el asunto: bombarde&#243; de cartas a Mazzini, a Lasalle, a Michelet, para que dijeran qu&#233; correspond&#237;a hacer. En determinado momento, el libertario alem&#225;n Vogt se ofreci&#243; a matar &#233;l a Herwegh, para que Herzen no se ensuciara las manos (y tambi&#233;n, probablemente, para que dejara en paz a las cabezas del movimiento). Herzen le contesta que la proposici&#243;n es abominable y despu&#233;s, a solas, escribe enfurecido en su diario que lo que deber&#237;a haber hecho Vogt, de ser un caballero, era &#8220;realizar el asunto sin preguntarme&#8221;. En medio de todo esto muere la mujer de Herzen y a &#233;l se le parte el coraz&#243;n y se va a vivir a Londres con sus hijos, donde se encuentra con su adorado amigo de infancia Ogarev, a quien procede a hacerle lo mismo que le hab&#237;a hecho Herwegh a &#233;l: enamorarle a la mujer y demandar el derecho a vivir ese amor. Esta vez no hizo falta convocar tribunal de honor (los libertarios de Europa respiraron aliviados): Ogarev era tan manso que concedi&#243; el capricho a la apasionada pareja y se fue a vivir con una prostituta a la que quer&#237;a reformar (convirti&#233;ndola en asistente y enfermera de sus sesiones de l&#225;udano). Herzen se cas&#243; con la mujer de Ogarev. Ogarev sigui&#243; siendo su mano derecha en La Campana hasta el triste final del diario, y fue tambi&#233;n el m&#225;s fiel de sus interlocutores: a &#233;l dirigi&#243; Herzen sus &#250;ltimos lamentos por el fracaso que cre&#237;a que hab&#237;a sido su vida, en conmovedoras cartas, cuando se fue a morir a Suiza.</p><p>En esos lamentos, Herzen menciona cu&#225;nto detesta las novelas y el nuevo furor que despiertan: &#8220;Las novelas no cambian la vida de nadie&#8221;, le escribe a Ogarev. Tres a&#241;os antes hab&#237;a dado a imprenta sus fabulosas memorias (Mi pasado y pensamientos). Sabemos que Turgueniev le envi&#243; a Flaubert (aunque no logr&#243; que &#233;ste la leyera) una traducci&#243;n al franc&#233;s de ese libro, con el modern&#237;simo argumento de que se le&#237;a como una novela. Dostoievski y Tolstoi, que nunca coincidieron en nada entre ellos y menos que menos con Turgueniev, leyeron de igual manera la versi&#243;n rusa: se la devoraron como una novela, vieron en ella la combinaci&#243;n de ethos y pathos, relato y reflexi&#243;n, brillantez y profundidad, que quer&#237;an poner en sus propios libros. Quiz&#225; la vida de Herzen fue un fracaso (&#8220;la m&#225;s brillante nulidad de su tiempo&#8221;, dice de &#233;l el holand&#233;s Ian Buruma) y las novelas no cambien la vida de nadie, pero a m&#237; me gusta pensar que las memorias que escribi&#243; aquel hombre que odiaba las novelas cambiaron silenciosamente la vida de los dos m&#225;s grandes novelistas de todos los tiempos, porque leer ese libro les cambi&#243; la concepci&#243;n que ten&#237;an de la novela, &#191;y qu&#233; otra cosa es la vida para un novelista que la manera en que cuenta la vida?</p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!iili!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff075ce5e-bd7f-4367-b6c9-33b4998b882e_232x318.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" 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medicina. Ten&#237;a cuarenta, la misma edad que yo, cuando la conoc&#237;. A los veintiocho le hab&#237;an descubierto por puro azar que la absurda cantidad y variedad de enfermedades que hab&#237;a sufrido desde su infancia eran en realidad una sola: una maldici&#243;n llamada lupus, que en la jerga m&#233;dica se conoce como &#8220;mariposa negra&#8221;, porque el menor aleteo que d&#233; en cualquier rinc&#243;n del cuerpo que la alberga puede generar una cat&#225;strofe en el resto de ese organismo. Hasta entonces, los m&#233;dicos le hab&#237;an tratado por separado todas las flaquezas de su sistema inmunol&#243;gico, porque aparec&#237;an en momentos distintos, con per&#237;odos considerables de normalidad en el medio. Pero a los veintiocho, un chequeo de rutina desemboc&#243; en una bater&#237;a interminable de an&#225;lisis y el diagn&#243;stico final (lupus sist&#233;mico) explic&#243; retroactivamente cada uno de aquellos s&#237;ntomas y comenzaron a tratarla en consecuencia, con muy pocas esperanzas.</p><p>En los doce a&#241;os siguientes hab&#237;a perdido un ri&#241;&#243;n, despu&#233;s parte del &#250;tero, m&#225;s tarde se le secaron los conductos lagrimales (&#8220;S&#237;, no puedo llorar; hace ya tres a&#241;os de eso, al final te acostumbr&#225;s&#8221;) y en cualquier momento pod&#237;a sobrevenirle una septicemia, un aneurisma o un episodio card&#237;aco, me cont&#243; la noche en que la conoc&#237;. Seg&#250;n los par&#225;metros m&#233;dicos, era una incongruencia en movimiento. La reacci&#243;n de su organismo al lupus era tan infrecuente que la tomaron como caso testigo y llevaba desde entonces m&#225;s de diez a&#241;os yendo una vez por mes a la Academia de Medicina para que los especialistas intentaran decular qu&#233; era lo que la manten&#237;a entre nosotros.</p><p>Bastaba tener delante a esa mujer para sentir que estaba viva de una manera que uno jam&#225;s hab&#237;a visto. Era como si estuviese enferma de vida. Y contagiara a quien tuviera enfrente. No hay mujer hermosa que no tenga conciencia de su belleza, pero hay algunas pocas, poqu&#237;simas, que eligen no ofrecer esa informaci&#243;n al p&#250;blico: la conservan para una segunda instancia de intimidad. Son m&#225;gicas, desde el momento en que dejan de ser invisibles. Hasta que reparamos en ellas parecen hechas para no llamar la atenci&#243;n, para que las sorteemos inadvertidamente en nuestro camino. Y, de golpe, no podemos parar de mirarlas, no queremos otra cosa que tocarlas, s&#243;lo nos importa mantenernos a su lado el tiempo que nos sea posible.</p><p>Hab&#237;a algo entre ella y la vida que era hipn&#243;tico. Como esos cantos rodados que el mar deposita en la playa, esas peque&#241;as piedras sometidas durante qui&#233;n sabe cu&#225;nto tiempo a la abrasi&#243;n marina, hasta que su forma, su textura, su color (es decir, la suma de su hermosura) es efecto de ese desgaste; as&#237; era ella. Esa sensaci&#243;n produc&#237;a: todo lo hermoso en ella hab&#237;a sido tallado por la enfermedad, por su resistencia a esa enfermedad. Y uno sent&#237;a que iba a ser cada d&#237;a m&#225;s hermosa, hasta el &#250;ltimo. A su lado, el desgaste de la vida no ro&#237;a: pul&#237;a. A su lado no hab&#237;a lugar para el miedo.</p><p>En su Diario, Gombrowicz escribe, despu&#233;s de leer un libro de Simone Weil: &#8220;Contemplo a esta mujer con estupor, y me pregunto de qu&#233; manera, por qu&#233; magia logr&#243; el ajuste interior que le permiti&#243; enfrentarse con lo que a m&#237; me destroza. Y me encuentro con ella en una casa vac&#237;a, por as&#237; decirlo, en un momento en que tan dif&#237;cil me es huir de m&#237; mismo&#8221;. Quiero decir que, cuando la conoc&#237;, yo era una piltrafa. Ven&#237;a de zafar por mero azar de un coma pancre&#225;tico. T&#233;cnicamente hablando era un sobreviviente, pero me sent&#237;a de manteca. La orden m&#233;dica era que ten&#237;a que limitarme a vivir de manera literalmente opuesta a la que hab&#237;a vivido hasta entonces (es decir, aprender a parar antes de sentir el cansancio; no dejarme llevar nunca; y lo &#250;nico que yo sab&#237;a hacer era dejarme llevar: por los p&#225;lpitos, por la adrenalina, por la prepotencia de la voluntad, por el equ&#237;voco candor de creerme inmune o al menos lej&#237;simo de la muerte). Mi interpretaci&#243;n de esa maldita consigna m&#233;dica era una cat&#225;strofe: para decirlo mal y pronto, ten&#237;a tanto miedo a morirme como a vivir. Eran casi una sola cosa, y eran mucho m&#225;s que una sola cosa. Reci&#233;n cuando uno puede separarlas empieza a volver, fui entendiendo con el tiempo, y no voy a abundar en el tema por razones supersticiosas muy profundas. No se habla de eso sin volver ah&#237;.</p><p>Lo cierto es que, hasta el momento en que ella me dirigi&#243; la palabra, yo no la hab&#237;a registrado siquiera. Podr&#237;a alegar que en mi estado de entonces no estaba precisamente para andar mirando minas. Pero no ser&#237;a cierto: incluso entubado en la sala de terapia intensiva del hospital hab&#237;a sentido esa reverberaci&#243;n tan familiar en cuanto se acercaba a mi cama una enfermera m&#237;nimamente atractiva. Pero con ella fue otra cosa. Hay algo peor que nos digan cobarde: que tengan raz&#243;n. Y la noche en que la conoc&#237; ella se acerc&#243; porque me oli&#243; el miedo. Hay una hermandad de los enfermos, una hermandad de la desgracia, y desde que pas&#233; por ese trance yo creo fervientemente en ella. A veces nos toca dar, a veces nos toca recibir, en esa hermandad. Y aquella noche yo tuve la suerte de que esa mujer me contara su historia. Nunca m&#225;s nos volvimos a ver. Muy de tanto en tanto recibo un mail de ella y me llena de dicha poder decir que sigue viva, tantos a&#241;os despu&#233;s: viva como s&#243;lo ella sabe estar viva. Pero no hemos vuelto a vernos, y dudo que lo hagamos. Ella vive en un mundo y yo en otro. Como me dijo aquella noche: &#8220;Con escribirlo te lo vas a sacar de adentro; lo tuyo se reduce a eso. Yo, mi ni&#241;o, estoy en otra pel&#237;cula, funci&#243;n continua&#8221;.</p><p>Estuve a&#241;os penando, pero escrib&#237; ese libro y ella fue el comod&#237;n que me dio la clave, y termin&#243; siendo el personaje central y el sost&#233;n emocional de todo lo que pude decir. Por haberla conocido pude escribir ese libro y por escribir ese libro pude desembocar en el que soy. Cuando lo termin&#233;, pens&#233; llamarlo La mala sangre, porque de eso trataba: de mi familia, de mi enfermedad (bilis significa &#8220;mala sangre&#8221; en griego, el p&#225;ncreas es el que se encarga de que la bilis no envenene nuestro organismo), de los secretos familiares que envenenan a las familias. Pero despu&#233;s entend&#237; que en toda familia hay tambi&#233;n un talism&#225;n que las salva, y ella es mi talism&#225;n y mi familia, y supe que el libro deb&#237;a llevar su nombre, el que le puse para hacerla sangre de mi sangre, el que sigo usando para convocarla en momentos de zozobra: Mar&#237;a Domecq, Mar&#237;a Domecq, Mar&#237;a Domecq.</p><p></p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RLne!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F69b4ffeb-f280-4fed-bf8d-cdddc23ebfe9_320x370.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RLne!, /__u/contratapaforn.substack.com/w_424, /__u/contratapaforn.substack.com/c_limit, /__u/contratapaforn.substack.com/f_webp, 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Walser invita a su hermanito menor Robert desde Berl&#237;n.]]></description><link>https://contratapaforn.substack.com/p/habla-mas-bajo-que-no-te-oigo</link><guid isPermaLink="false">https://contratapaforn.substack.com/p/habla-mas-bajo-que-no-te-oigo</guid><dc:creator><![CDATA[Contratapa Forn]]></dc:creator><pubDate>Fri, 10 Apr 2026 23:30:49 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!3z3y!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fade3ccd2-a940-4e20-868c-20f26bdd05a2_1056x1056.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>El pintor suizo Karl Walser invita a su hermanito menor Robert desde Berl&#237;n. &#8220;Ven a triunfar conmigo&#8221;, le dice. Karl es un pintor de &#233;xito, se encarga de los decorados de las celebradas puestas de Max Reinhardt en los teatros de la ciudad, las mujeres lo adoran. Berl&#237;n es el centro de Europa y Karl ha hecho circular lo que escribe su hermanito entre varios editores, que han mostrado sumo inter&#233;s. Todos los signos son auspiciosos. El hermanito menor llega a Berl&#237;n como un enfant terrible, aunque ya tiene 37 a&#241;os. Lo primero que hace deja at&#243;nito al hermano mayor: se inscribe en una escuela de criados. Mientras Karl logra que se publiquen dos libros de su hermano (cuyas portadas &#233;l mismo ilustra), el menor de los Walser aprende a lustrar zapatos y plater&#237;a, a servir la mesa y preparar la toilette vespertina de los grandes se&#241;ores. Dura s&#243;lo un mes en la escuela de criados y tres como ayuda de c&#225;mara en un castillo de la Alta Silesia. A su regreso, en otros tres meses, escribe una novela sobre el tema, titulada Jakob von Gunten, que el hermano Karl una vez m&#225;s logra publicar. Hasta Praga llega la curiosidad por el extra&#241;o personaje. Franz Kafka le dice a su amigo Max Brod: &#8220;&#191;No has le&#237;do a&#250;n el Jakob von Gunten de Robert Walser?&#8221;. Los manuales de literatura dir&#225;n un siglo despu&#233;s: &#8220;En el a&#241;o 1910, tres a&#241;os antes de publicar por primera vez, Kafka lee a Walser&#8221;.</p><p>Pero est&#225;bamos en Berl&#237;n, y el menor de los Walser bebe demasiado, aunque, &#191;qui&#233;n no bebe en Berl&#237;n en esos tiempos? Tambi&#233;n sus gustos son un poco extra&#241;os, pero, &#191;qui&#233;n no tiene gustos extra&#241;os en el Berl&#237;n de entonces? El peque&#241;o Robert prefiere el sonido que hacen los discos de pasta al romperse entre sus manos que al sonar en un fon&#243;grafo, y nada le fascina m&#225;s que calzar o descalzar a una mujer, en lo posible desconocida, en lo posible rolliza, en lo posible en p&#250;blico, y si ella no repara en lo que sucede con su pie, tanto mejor. Hace ambas cosas (romper discos en casas ajenas, ganarse patadas a desgano en tabernas de mala muerte) con la discreci&#243;n del que se cree invisible, durante cuatro a&#241;os, hasta que su hermano le anuncia que va a casarse y que ya no podr&#225; alojarlo. Walser escribe a la Asociaci&#243;n de Escritores Suizos para que lo repatrien y descubre, estupefacto, que no saben qui&#233;n es: ignoran que abandon&#243; asqueado la patria, ignoran que est&#225; ofreci&#233;ndoles que recuperen al hijo descarriado.</p><p>La Primera Guerra completa el trabajo de invisibilizarlo. Vive en pensiones de mala muerte en Berna y en Biel. Karl le escribe desde Berl&#237;n: &#8220;No tienes el menor talento para dejar recuerdos detr&#225;s de ti. Brillas s&#243;lo hacia adentro. Debes cambiar&#8221;. No produce ning&#250;n efecto. Desde el momento en que acepta un trabajo, s&#243;lo piensa en abandonarlo. Dice que carece de tiempo para trabajar porque est&#225; buscando trabajo. Dice que le gustar&#237;a enfermarse, pero no puede. Dice que hay que convertir la humillaci&#243;n en una profesi&#243;n. Tambi&#233;n camina distancias absurdas: de su habitaci&#243;n en Berna hasta la cima del Niesen, desde Biel hasta Lausana o Friburgo, ocho, diez horas de marcha que le dejan los zapatos a la miseria, pero el alma menos atormentada. Mientras Kafka muere en Alemania, &#233;l contesta a un periodista del Berliner Tagblatt que le ofrece publicar algo en sus p&#225;ginas: &#8220;Estimado se&#241;or, le ruego que deje de creer en m&#237;&#8221;. En 1929 se interna en el manicomio de Herisau. No publica hace a&#241;os. Desde que perdi&#243; la voz, lo persiguen otras voces. Pero ah&#237; est&#225; mejor. &#8220;Me agrada que aqu&#237; no me comprenda pr&#225;cticamente nadie. Los que comprenden acceden a nuestro interior y nos hacen da&#241;o con su comprensi&#243;n.&#8221; Dice que su estado es incurable, pero que est&#225; sano. Dice que puede comer perfectamente. Que puede, y necesita, caminar. Logra que los m&#233;dicos le autoricen sus proverbiales caminatas de 50 o 60 kil&#243;metros diarios. Durante treinta y cinco har&#225; continuamente los mismos trayectos cotidianos, con nieve o con sol. All&#237; lo encontrar&#225; Carl Seelig, un callado admirador que logr&#243; convertirse en su albacea y lo acompa&#241;&#243; en esas caminatas durante a&#241;os y dej&#243; en un libro las conversaciones que tuvo con &#233;l durante esas traves&#237;as.</p><p>Tambi&#233;n le sac&#243; fotos. Walser iba de traje y chaleco y corbata y sombrero en sus caminatas, pero parec&#237;a que hubiese dormido vestido. La camisa arrugada, la corbata ra&#237;da, el pantal&#243;n demasiado corto, los toscos zapatos llenos de barro, con un prado en flor al fondo o un paisaje nevado. La foto m&#225;s impresionante del libro es del 25 de diciembre de 1956 y no la sac&#243; Seelig. Walser hab&#237;a salido solo a caminar; Seelig se hab&#237;a quedado en Z&#252;rich ese d&#237;a porque su perro Ajax amaneci&#243; enfermo. Walser est&#225; ca&#237;do en la nieve, boca arriba, muerto, una mano a medio camino del coraz&#243;n, el sombrero a unos metros, las huellas de sus propias pisadas hasta all&#237; son las &#250;nicas manchas oscuras en el manto blanco de nieve. As&#237; muri&#243; Robert Walser.</p><p>Pero hay otra escena, de la que no hay foto, que deber&#237;a acompa&#241;ar el final en todo relato de su vida. Ocurre unos a&#241;os antes de internarse en Herisau. Lo invitan inesperadamente a leer en p&#250;blico en Z&#252;rich, en una sociedad literaria de pacotilla. El decide hacer el trayecto a pie, para pensar qu&#233; leer, mientras se repite: &#8220;Los poetas t&#237;midos son cosa del pasado. El que aspira al &#233;xito debe bajarse los pantalones delante de la multitud y prostituirse hasta devenir un vendedor de su propia mercanc&#237;a&#8221;. Llega a Z&#252;rich s&#243;lo un par de horas antes de la lectura. El atribulado director de la velada le pide que al menos hagan una prueba en voz alta en el auditorio vac&#237;o. Walser consiente desva&#237;damente. No se puede leer as&#237;, dice el director. &#8220;Si no leo en voz muy baja, no va a o&#237;rse lo que digo&#8221;, argumenta Walser. El director mira el aspecto de Walser y decide contratar a un actor para que lea. Walser consiente desva&#237;damente. Entra el p&#250;blico. El autor que la audiencia ha acudido a escuchar y cuya inasistencia por enfermedad se anuncia desde el estrado est&#225; sentado en primera fila, sobre el costado, escuch&#225;ndose a s&#237; mismo. El actor lee mal. Nadie se da cuenta. Hay t&#237;midos aplausos al final y desbande. Walser, que aplaudi&#243; desva&#237;damente, es el &#250;ltimo en retirarse de la sala en penumbras. El actor se lleva casi la totalidad de sus honorarios. No queda ni para pagar una noche de pensi&#243;n. Walser abandona la ciudad a pie. Pueden poner nieve en la escena, si quieren, para que as&#237; se noten m&#225;s las huellas de sus pisadas alej&#225;ndose para siempre de nosotros.</p><p></p><p>Publicado el viernes 23 de septiembre de 2011</p>]]></content:encoded></item></channel></rss>