<script data-pm-proxy="intercept"></script><?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0"><channel><title><![CDATA[cortitayalpie]]></title><description><![CDATA[El mundo del fútbol al alcance de todos]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com</link><image><url>https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Ttw9!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fbucketeer-e05bbc84-baa3-437e-9518-adb32be77984.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fdfa513f8-f4ef-449b-b2c5-e280ad2bd886_910x910.png</url><title>cortitayalpie</title><link>https://cortitayalpie.substack.com</link></image><generator>Substack</generator><lastBuildDate>Fri, 04 Sep 2026 17:48:12 GMT</lastBuildDate><atom:link href="/__u/cortitayalpie.substack.com/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/><copyright><![CDATA[cortitayalpie by Juanjo Montero]]></copyright><language><![CDATA[es]]></language><webMaster><![CDATA[cortitayalpie@substack.com]]></webMaster><itunes:owner><itunes:email><![CDATA[cortitayalpie@substack.com]]></itunes:email><itunes:name><![CDATA[cortitayalpie]]></itunes:name></itunes:owner><itunes:author><![CDATA[cortitayalpie]]></itunes:author><googleplay:owner><![CDATA[cortitayalpie@substack.com]]></googleplay:owner><googleplay:email><![CDATA[cortitayalpie@substack.com]]></googleplay:email><googleplay:author><![CDATA[cortitayalpie]]></googleplay:author><itunes:block><![CDATA[Yes]]></itunes:block><item><title><![CDATA[Los ojos de mis hijos]]></title><description><![CDATA[La segunda estrella. Vivida en el sof&#225;. Con la familia. Con dos ni&#241;os llorando de emoci&#243;n por primera vez en su vida.]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com/p/espana-campeona-mundial-2026-cronica</link><guid isPermaLink="false">https://cortitayalpie.substack.com/p/espana-campeona-mundial-2026-cronica</guid><dc:creator><![CDATA[cortitayalpie]]></dc:creator><pubDate>Wed, 22 Jul 2026 15:02:20 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/37d312b1-ebc5-4355-ac8d-840bd6d2912a_768x512.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>El domingo, en alg&#250;n momento entre el minuto 106 y el pitido final, entend&#237; una cosa que llevaba a&#241;os sospechando.</p><p>Que el f&#250;tbol no va, en el fondo, de f&#250;tbol.</p><p>Que va de otra cosa.</p><p>Va de mi hijo peque&#241;o abraz&#225;ndome despu&#233;s del gol de Ferran, con la cara descompuesta de una emoci&#243;n que no hab&#237;a sentido nunca antes. Va de mi hijo mayor, m&#225;s contenido, mir&#225;ndonos a todos con esos ojos que a&#250;n no saben del todo qu&#233; est&#225; pasando pero que entienden que algo importante est&#225; ocurriendo en esta casa, esta noche, con toda esta gente gritando. Va de mi mujer gritando un gol de un jugador que ni siquiera sab&#237;a que exist&#237;a. Va del vecino de arriba, al que o&#237;mos gritar a trav&#233;s del techo, unido a nosotros por un cristal invisible que solo se activa unas pocas veces en la vida.</p><p>Va de eso.</p><p>Va de la humanidad reunida en un sal&#243;n, en un bar, en una plaza, en un pa&#237;s entero, alrededor de una pelota que rueda al otro lado del Atl&#225;ntico.</p><p>Va de la vida compartida.</p><h2>El gol de Ferran</h2><p>Fue en el minuto 106. Pr&#243;rroga. Cabezazo de Nico Williams baj&#225;ndola. Ferran Torres apareciendo por el segundo palo. Zurdazo. Gol.</p><p>Los que est&#225;bamos ah&#237;, en el sal&#243;n, saltamos como saltan los que llevan toda la vida esperando saltar as&#237;. Una explosi&#243;n de felicidad contenida.</p><p>El peque&#241;o lloraba.</p><p>Lloraba de verdad. No de tristeza, no de miedo, no de cansancio: lloraba de esa emoci&#243;n que solo aparece cuando algo que llevas queriendo mucho tiempo se materializa de golpe. Con seis a&#241;os, mi hijo estaba viviendo, en directo, su primer momento de conmoci&#243;n colectiva. Su primer estallido patrio. Su primer <em>nosotros</em> verdaderamente sentido.</p><p>El mayor, m&#225;s despistado,  no lloraba. Pero miraba al peque&#241;o llorar. Y sab&#237;a. Sab&#237;a que aquello era importante. Sab&#237;a que algo grande acababa de ocurrir en su casa. Cuando termin&#243; el partido, se abraz&#243; a mi.</p><p>Nunca voy a olvidar esos segundos. Ni ellos tampoco.</p><h2>La memoria heredada</h2><p>Yo aprend&#237; a querer al f&#250;tbol con once a&#241;os, con el codazo de Tassotti a Luis Enrique en USA 94. Aprend&#237; que este deporte tambi&#233;n nos romp&#237;a el coraz&#243;n. Aprend&#237; que aficionarse era, sobre todo, comprometerse con el sufrimiento.</p><p>Despu&#233;s, a los veintisiete, en Sud&#225;frica 2010, aprend&#237; lo contrario. Aprend&#237; que el f&#250;tbol tambi&#233;n nos pod&#237;a dar la alegr&#237;a m&#225;s grande de nuestras vidas. Aprend&#237; lo que era llorar de felicidad viendo a una selecci&#243;n levantar la copa. Aprend&#237; que la espera acaba, a veces, exactamente como debe acabar.</p><p>Y anoche, con cuarenta y tres a&#241;os, aprend&#237; algo nuevo.</p><p>Aprend&#237; que la alegr&#237;a no solo se vive: <strong>se transmite</strong>.</p><p>Que mis hijos ya no van a crecer como crec&#237; yo, dudando siempre de que Espa&#241;a pudiera ganar algo. Van a crecer sabiendo que su selecci&#243;n tiene dos estrellas. Van a crecer con la certeza tranquila del hijo del vencedor. Van a crecer viendo camisetas rojas con dos estrellas bordadas en el pecho, sin siquiera saber que hubo un tiempo en que aquello era pura fantas&#237;a.</p><p>Sus ojos el domingo, eran tambi&#233;n el momento exacto en que esa memoria se les instalaba para siempre.</p><p>Van a recordar el 19 de julio de 2026 toda su vida. Van a recordar el sof&#225;. Van a recordar a los abuelos abraz&#225;ndose. Van a recordarme a m&#237;, saltando como un loco. Van a recordar el gol de Ferran. Van a recordar la cara de Rodri levantando el Bal&#243;n de Oro. Van a recordar a De la Fuente sonriendo con esa contenci&#243;n tan suya. Van a recordar la copa dorada pasando de manos en manos.</p><p>Y alg&#250;n d&#237;a, cuando tengan mis a&#241;os, se lo contar&#225;n a los suyos. Como yo cuento el codazo de Tassotti. Como yo cuento el gol de Iniesta. Como se cuentan las cosas que importan.</p><h2>Lo que une</h2><p>Alguien me pas&#243; el lunes un <a href="https://www.instagram.com/reel/DbAhd2yj-dP/?igsh=c21yZWkyazR5MHV4">v&#237;deo</a> que os dejo :</p><p></p><div class="native-video-embed" data-component-name="VideoPlaceholder" data-attrs="{&quot;mediaUploadId&quot;:&quot;8dd604c2-7433-4a29-9f13-ac555794e055&quot;,&quot;duration&quot;:null}"></div><p>Hablando de una idea sencilla: que el f&#250;tbol es de las pocas cosas que quedan capaces de unirnos a todos por igual.</p><p>Es cierto. Y ayer se demostr&#243;.</p><p>El domingo y el lunes en Espa&#241;a se abrazaron desconocidos en la Plaza de Cibeles. Se abrazaron abuelos con nietos en salones familiares. Se abrazaron parejas que llevaban meses discutiendo. Se abrazaron vecinos que apenas se saludan en el ascensor. Se abrazaron aficionados del Real Madrid y del Bar&#231;a y del Atleti y del Athletic y del Espanyol y del Betis y del Valencia y del Sevilla y del C&#225;diz, olvidando durante unas horas todas las peleas que llenan las tertulias del a&#241;o entero. Se abrazaron votantes de PP, PSOE, Vox, Sumar, Podemos, Junts, EH Bildu, olvidando durante unas horas todas las trincheras que llenan los informativos del a&#241;o entero.</p><p>Se abraz&#243; Espa&#241;a.</p><p>Por un rato.</p><p>Como se abraz&#243; Francia en 1998 con Zidane. Como se abraz&#243; Alemania en 2006 con Klinsmann. Como se abraz&#243; la propia Espa&#241;a en 2010 con Iniesta. Como se abraz&#243; Argentina en 2022 con Messi.</p><p>El f&#250;tbol no arregla los problemas de un pa&#237;s. No paga las hipotecas. No cura enfermedades. No baja el precio de la vida. No resuelve conflictos pol&#237;ticos. Pero durante unas horas es capaz de suspender todas esas peleas y recordarnos que, debajo de las diferencias, somos tambi&#233;n una comunidad. Somos tambi&#233;n un <em>nosotros</em>.</p><p>Y eso, mi gente, no es poco.</p><p>En un mundo cada vez m&#225;s fragmentado, cada vez m&#225;s polarizado, cada vez m&#225;s enfrentado por dentro, tener algo que nos una durante unas horas es un regalo. Un regalo peque&#241;o, transitorio, imperfecto. Pero un regalo.</p><p>Y por eso, aunque el f&#250;tbol tenga sus miserias &#8212;los mundiales en Qatar, los sobornos de la FIFA, los sueldos obscenos, el racismo en las gradas, la corrupci&#243;n de los directivos&#8212;, sigue mereci&#233;ndonos la pena. Porque por debajo de todas esas miserias sigue habiendo esto. Sigue habiendo un sal&#243;n como el m&#237;o de anoche. Sigue habiendo un hijo de once a&#241;os llorando de emoci&#243;n por primera vez en su vida. Sigue habiendo un padre abrazando a su hijo mientras la copa Gazzaniga pasa de mano en mano al otro lado de una pantalla.</p><p>Sigue habiendo esto.</p><p>Y esto, mientras siga habi&#233;ndolo, ser&#225; suficiente.</p><h2>La segunda estrella</h2><p>Hoy, mi&#233;rcoles 22 de julio de 2026, Espa&#241;a tiene dos estrellas en la camiseta.</p><p>Mis hijos ya no van a conocer nunca una camiseta espa&#241;ola con solo una.</p><p>Su padre les acompa&#241;ar&#225; durante a&#241;os, cont&#225;ndoles c&#243;mo era el f&#250;tbol antes. C&#243;mo era vivir con la maldici&#243;n del 94. C&#243;mo era aprender a perder finales. C&#243;mo era el trauma acumulado de generaciones. C&#243;mo eran los inviernos espa&#241;oles del f&#250;tbol, largos y grises, en los que casi nadie cre&#237;a que fuera posible ganar nada.</p><p>Pero ellos ya no van a vivirlo as&#237;.</p><p>Ellos ya han visto ganar. Ya han visto llorar al padre de alegr&#237;a. Ya han saltado en el sof&#225; con los cu&#241;ados abrazados. Ya han aprendido, con once a&#241;os, que este pa&#237;s s&#237; puede.</p><p>Que este pa&#237;s puede.</p><p>Y con esa certeza en el bolsillo, van a construir su relaci&#243;n con el f&#250;tbol de una manera completamente distinta a la que construimos los que ven&#237;amos de Tassotti y Al-Ghandour y Zidane. Van a ser aficionados de un pa&#237;s campe&#243;n. Van a poder esperar cosas grandes sin ese miedo antiguo. Van a creer.</p><p>Es un regalo que les hemos dado.</p><p>Y es un regalo que nos hemos dado a nosotros mismos.</p><p>Muchas gracias, Espa&#241;a.</p><p>Muchas gracias, chavales.</p><p>Muchas gracias, Rodri.</p><p>Muchas gracias, Ferran.</p><p>Muchas gracias, De la Fuente.</p><p>Muchas gracias, Lamine.</p><p>Muchas gracias, Nico.</p><p>Muchas gracias a todos.</p><h2>Y ahora</h2><p>Ahora, respiramos.</p><p>Ahora, dejamos que los ni&#241;os vuelvan a jugar en la calle con las mismas ganas de siempre, pero con una alegr&#237;a distinta dentro del pecho.</p><p>Ahora, releemos con calma las cr&#243;nicas del partido, mientras el cuerpo baja poco a poco del pico emocional.</p><p>Ahora, en alg&#250;n momento de esta ma&#241;ana o de esta tarde, cerramos los ojos y volvemos a revivir el minuto 106.</p><p>Y sonre&#237;mos.</p><p>Porque hemos ganado.</p><p>Otra vez.</p><p>Y esta vez ellos tambi&#233;n lo saben.</p><p><em>&#8212; Juanjo Montero, cortitayalpie, 22</em></p><p><em> de julio de 2026</em></p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La final]]></title><description><![CDATA[Espa&#241;a-Argentina. Domingo. East Rutherford. La segunda estrella al alcance]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com/p/previa-espana-argentina-final-2026</link><guid isPermaLink="false">https://cortitayalpie.substack.com/p/previa-espana-argentina-final-2026</guid><dc:creator><![CDATA[cortitayalpie]]></dc:creator><pubDate>Thu, 16 Jul 2026 17:31:25 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/d39cbd17-53b8-4109-beb2-b1cd94e38b34_1600x900.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<h3>Volvemos a una final.</h3><p>La segunda de nuestra historia. La primera desde Johannesburgo.</p><p>Diecis&#233;is a&#241;os despu&#233;s de Iniesta corriendo con la camiseta de Dani Jarque por dentro. Diecis&#233;is a&#241;os despu&#233;s de Casillas parando a Robben. Diecis&#233;is a&#241;os despu&#233;s de Puyol saltando como un le&#243;n contra Neuer.</p><p>Volvemos.</p><p>Con otra generaci&#243;n. Otra bandera, s&#237;, la misma. Otra manera de jugar. Otra edad para nosotros, los que vivimos aquella noche del Soccer City con veintisiete a&#241;os y ahora tenemos cuarenta y tres. Los mismos aficionados. Las mismas manos temblando.</p><p>Volvemos a una final del mundo.</p><p>Y esta vez, enfrente, Argentina.</p><h2>No es cualquier Argentina</h2><p>Es la campeona vigente. Es Messi cerrando su carrera. Es la selecci&#243;n que gan&#243; Qatar 2022 rompiendo 36 a&#241;os de sequ&#237;a. Es Scaloni. Es el equipo que en este Mundial ha sufrido en cada eliminatoria y ha ganado en el descuento. Es el que ayer, en Atlanta, jug&#243; vestido de azul oscuro homenajeando a Maradona 86, y remont&#243; a Inglaterra 2-1 con goles de Enzo Fern&#225;ndez en el 85 y Lautaro de cabeza en el 90+2.</p><p>Es la selecci&#243;n con la m&#237;stica intacta.</p><p>Y con Messi.</p><p>39 a&#241;os. Su &#250;ltimo Mundial ahora s&#237;. Sin discusi&#243;n. La despedida del genio.</p><p>Enfrente, un chico de 18 a&#241;os criado en La Mas&#237;a. Lamine Yamal. Nacido en 2007, el a&#241;o en que Messi gan&#243; su primer Bal&#243;n de Oro.</p><p>El futuro contra el presente.</p><p>El pr&#243;ximo genio contra el que se va.</p><p>Pi&#233;nsalo.</p><h2>Nuestro camino</h2><p>Nadie nos daba nada al principio de este Mundial.</p><p>Ven&#237;amos de tres eliminaciones seguidas. Brasil 2014 en fase de grupos. Rusia 2018 en octavos. Qatar 2022 en octavos. La generaci&#243;n dorada retirada. La transici&#243;n sin acabar. Muchos daban a Espa&#241;a por acabada.</p><p>Y hemos ido de menos a m&#225;s.</p><p>Austria 3-0. Portugal 1-0 &#8212;eliminando a Cristiano en su &#250;ltimo Mundial, otro c&#237;rculo cerr&#225;ndose&#8212;. B&#233;lgica 2-1. Y Francia 2-0 en semis, con Oyarzabal abriendo antes del descanso y Porro sentenciando en la segunda parte.</p><p>La clave, contra Francia: maniatar. No dejarles pensar. No dejar a Mbapp&#233; expresarse. Rodri devorando el centro. Pedri manejando ritmos. Merino apareciendo por sorpresa. Y la Furia madura, con oficio, con la calma del que sabe.</p><p>No fue &#233;pica. Fue madurez.</p><p>No fue Iniesta en el 116. Fue algo distinto, pero igual de v&#225;lido.</p><p>Fue una selecci&#243;n haciendo lo que hab&#237;a que hacer.</p><h2>Lo que nos jugamos</h2><p>La segunda estrella.</p><p>El ingreso en el club exclusivo de las selecciones bicampeonas del mundo: Uruguay, Italia, Alemania, Brasil, Argentina, Francia. Solo seis. Espa&#241;a ser&#237;a la s&#233;ptima. En 96 a&#241;os de historia mundialista.</p><p>Confirmar que aquella noche del 2010 no fue accidente.</p><p>Demostrarle al f&#250;tbol mundial que Espa&#241;a es potencia consolidada, no episodio aislado.</p><p>Unir a dos generaciones &#8212;la de Casillas y la de Lamine&#8212; en un mismo relato de &#233;xito.</p><p>Cerrar de manera definitiva la era del trauma espa&#241;ol.</p><p>Y quiz&#225;s &#8212;quiz&#225;s&#8212; cerrar la era Messi-Cristiano con la coronaci&#243;n del sucesor genial que vamos a poner en el campo con la 19 en la espalda.</p><p>Todo eso est&#225; en juego el domingo.</p><h2>Y por si fuera poco</h2><p>Si Argentina gana, se convierte en la primera selecci&#243;n en ganar dos Mundiales consecutivos desde el Brasil de Pel&#233; en 1958 y 1962.</p><p>Sesenta y cuatro a&#241;os sin que nadie repita t&#237;tulo mundialista.</p><p>La haza&#241;a m&#225;s dif&#237;cil del f&#250;tbol moderno, al alcance del equipo de Scaloni.</p><p>Pi&#233;nsalo tambi&#233;n.</p><p>No solo nos jugamos la nuestra: nos jugamos negarles a ellos la suya.</p><h2>El sof&#225;</h2><p>El domingo ver&#233; la final en casa. Con mi mujer al lado. Con mis hijos. Con mis suegros y cu&#241;ada, al fin y al cabo con la FAMILIA, con lo importante.</p><p>Los ni&#241;os vivir&#225;n su primera final del mundo de Espa&#241;a con la intensidad con la que yo viv&#237; el codazo de Tassotti en el 94. Con la intensidad con la que viv&#237; el gol de Iniesta en el 2010. Con la intensidad con la que se viven los momentos que se quedan grabados para siempre.</p><p>Cerrar&#233; los ojos antes del pitido inicial.</p><p>Y recordar&#233;.</p><p>Recordar&#233; a Iniesta corriendo con la camiseta blanca. Recordar&#233; a Puyol saltando. Recordar&#233; a Casillas parando lo imposible. Recordar&#233; a Del Bosque sonriendo con contenci&#243;n. Recordar&#233; a mi padre, callado, viendo la final del 2010 conmigo.</p><p>Y luego los abrir&#233;.</p><p>Y ver&#233; a Lamine calentando. A Rodri esperando el saque de centro. A De la Fuente con los brazos cruzados. A Oyarzabal con el brazalete.</p><p>Y sabr&#233; que ha empezado otra vez.</p><h2>Cierro</h2><p>No me atrevo a predecir nada.</p><p>Despu&#233;s de tantos Mundiales, de tantas eliminaciones injustas, de tantas noches en las que el f&#250;tbol me rompi&#243; el coraz&#243;n: no me atrevo.</p><p>Solo s&#233; que vamos a estar all&#237;.</p><p>Con la misma intensidad que estuvimos hace diecis&#233;is a&#241;os.</p><p>Con las manos temblando.</p><p>Con el pecho apretado.</p><p>Con la esperanza intacta.</p><p>Vamos, Espa&#241;a.</p><p>Vamos, chavales.</p><p>Que ya casi est&#225;.</p><p><em>&#8212; Juanjo Montero, cortitayalpie, 16 de julio de 2026</em></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Dios tenía la mano izquierda]]></title><description><![CDATA[40 a&#241;os de los cuatro minutos que no viv&#237;]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com/p/dios-tenia-la-mano-izquierda</link><guid isPermaLink="false">https://cortitayalpie.substack.com/p/dios-tenia-la-mano-izquierda</guid><dc:creator><![CDATA[cortitayalpie]]></dc:creator><pubDate>Mon, 22 Jun 2026 13:23:21 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/a8fa68a4-f885-413f-b522-0bf75d303052_1200x900.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p># Dios ten&#237;a la mano izquierda</p><p>*40 a&#241;os de los cuatro minutos que no viv&#237;*</p><p>---</p><p>Yo ten&#237;a tres a&#241;os.</p><p>No vi la Mano de Dios. No vi el Gol del Siglo. No estaba en el Azteca ni delante de un televisor ni en ning&#250;n sitio donde pudiera recordar nada: estaba aprendiendo a atarme los cordones, probablemente, en un junio cualquiera de un Madrid que no me pregunt&#243; si quer&#237;a enterarme de lo que pasaba a nueve mil kil&#243;metros. Cuando aquellos cuatro minutos ocurrieron, yo no exist&#237;a para el f&#250;tbol todav&#237;a.</p><p>Y sin embargo los conozco de memoria. Los he gastado. Los he visto tantas veces que podr&#237;a narrarlos con los ojos cerrados, con la voz quebrada de V&#237;ctor Hugo metida en el o&#237;do como una oraci&#243;n que uno reza sin entender del todo pero que sabe entera. *Barrilete c&#243;smico, &#191;de qu&#233; planeta viniste?* Yo no escuch&#233; eso en directo. Yo lo hered&#233;.</p><p>Esa es la diferencia, y de eso va esta pieza. Hay quien vivi&#243; la Mano de Dios. Y hay quienes, como yo, la recibimos ya hecha leyenda, ya doblada mil veces, ya convertida en mito antes de que tuvi&#233;ramos edad de juzgarla. Para los de mi generaci&#243;n, aquellos cuatro minutos del 22 de junio de 1986 nunca fueron noticia. Fueron siempre, desde el primer fotograma que vimos, mito. Y un mito no se discute: se venera.</p><p>---</p><p>## I. El escenario antes del f&#250;tbol</p><p>Hac&#237;a calor en Ciudad de M&#233;xico. El Azteca a mediod&#237;a, ciento catorce mil personas, el sol cayendo a plomo sobre un campo de altura donde el aire se respira con esfuerzo. Cuartos de final de un Mundial. Argentina contra Inglaterra.</p><p>Pero no era solo Argentina contra Inglaterra, y todo el que estaba all&#237; lo sab&#237;a aunque nadie lo dijera del todo en voz alta. Cuatro a&#241;os antes, en el Atl&#225;ntico Sur, dos pa&#237;ses se hab&#237;an matado por unas islas. Malvinas todav&#237;a estaba caliente. Los muertos todav&#237;a ten&#237;an nombre y madre. Y aunque los jugadores repet&#237;an en las ruedas de prensa que aquello era f&#250;tbol y solo f&#250;tbol, hab&#237;a una herida debajo del c&#233;sped que ning&#250;n protocolo pod&#237;a tapar.</p><p>Yo no tuve que vivir esa tensi&#243;n para sentirla cuando, a&#241;os despu&#233;s, me sent&#233; a entender qu&#233; hab&#237;a pasado. Lleg&#243; conmigo, en el paquete. Nadie me cont&#243; la Mano de Dios sin contarme antes Malvinas. Ven&#237;an pegadas. Y quiz&#225; por eso, para m&#237;, aquel partido nunca fue un partido: fue un ajuste de cuentas que el f&#250;tbol le permiti&#243; a un pa&#237;s que hab&#237;a perdido la guerra de verdad.</p><p>---</p><p>## II. El minuto 51</p><p>Y entonces, el pu&#241;o.</p><p>Bal&#243;n en el &#225;rea, salida desconfiada del portero Shilton, y un hombre de metro sesenta y cinco saltando contra un ingl&#233;s que le sacaba una cabeza, gan&#225;ndole un bal&#243;n imposible por arriba. Imposible, claro, porque no lo gan&#243; con la cabeza. Lo gan&#243; con la mano izquierda, escondida junto a la sien, en un gesto tan descarado y tan r&#225;pido que el &#225;rbitro tunecino no vio nada y los ingleses tardaron en cre&#233;rselo.</p><p>Aqu&#237; est&#225; la primera cara de la moneda. Y aqu&#237; es donde la pieza podr&#237;a ponerse moralista, se&#241;alar con el dedo, hablar de injusticia. Pero yo no puedo. Yo hered&#233; a Maradona con la Mano puesta. Nunca lo conoc&#237; sin ella. Nunca tuve que perdon&#225;rsela, porque cuando lleg&#243; a m&#237; ya era parte de &#233;l, indistinguible del genio, parte de la misma criatura.</p><p>*La mano de Dios y la cabeza de Maradona*, dijo &#233;l despu&#233;s, con esa cara de no haber roto un plato que es, en el fondo, la cara del pibe del potrero que hace la travesura y mira al cielo silbando. Trampa, s&#237;. Pero trampa como herencia cultural, como viveza, como la picaresca de quien creci&#243; sin nada y aprendi&#243; que sobrevivir era, tambi&#233;n, hacer trampas a un mundo que te hac&#237;a trampas a ti. No lo cuento para excusarlo. Lo cuento porque as&#237; me lleg&#243;: ya entendido, ya perdonado por una cultura entera antes de que yo naciera para juzgarlo.</p><p>---</p><p>## III. El minuto 55</p><p>Cuatro minutos despu&#233;s, la otra cara.</p><p>Maradona recibe en su propio campo, de espaldas, casi en el centro. Gira. Y arranca. Y a partir de ah&#237; el f&#250;tbol se convierte en otra cosa: sesenta metros, once toques, medio equipo de Inglaterra qued&#225;ndose por el camino como bolos, como si el c&#233;sped los fuera tragando. Hodge, Reid, Butcher, Fenwick, otra vez Shilton. Todos en el suelo. Y la pelota cosida al pie izquierdo como si fuera una prolongaci&#243;n del cuerpo, como si la gravedad funcionara distinto para &#233;l.</p><p>El Gol del Siglo. La FIFA lo nombrar&#237;a as&#237; oficialmente a&#241;os m&#225;s tarde, pero no hizo falta votaci&#243;n para saberlo: lo supimos todos, lo supe yo vi&#233;ndolo cuarenta a&#241;os tarde, en una pantalla, con la piel erizada igual que si estuviera pasando en ese instante.</p><p>Y aqu&#237; pasa algo que para m&#237; es el coraz&#243;n de todo: el segundo gol llega como una redenci&#243;n inmediata del primero. Como si el propio f&#250;tbol, avergonzado de haber dejado pasar la trampa, le hubiera dado a Maradona la oportunidad de demostrar, cuatro minutos despu&#233;s, que no necesitaba la mano. Que pod&#237;a hacerlo todo solo, con el pie, con el genio puro. La trampa y la prueba de que la trampa sobraba, una detr&#225;s de otra, en el mismo hombre, en la misma tarde, en el mismo arco del Azteca.</p><p>---</p><p>## IV. Por qu&#233; los dos goles no se anulan</p><p>Aqu&#237; es donde quiero detenerme, porque es la idea que sostiene todo lo dem&#225;s.</p><p>Durante cuarenta a&#241;os, mucha gente ha intentado quedarse solo con uno de los dos goles. Los ingleses, con la Mano: la trampa, el robo, la herida. Los rom&#225;nticos, con el slalom: la genialidad, el arte, la pureza. Cada bando elige su minuto y descarta el otro.</p><p>Yo creo que se equivocan los dos. Porque los cuatro minutos son indivisibles. Qu&#237;tale la Mano a Maradona y dejas de tener a Maradona: tienes a un futbolista extraordinario, a un crack, a uno m&#225;s en la lista de los enormes. La Mano es lo que lo vuelve mito, porque el mito &#8212;todos los mitos&#8212; necesita el pecado. Necesita la sombra para que la luz signifique algo. Aquiles necesita el tal&#243;n. Maradona necesita el pu&#241;o.</p><p>No fue trampa *y luego* genialidad, como dos hechos sueltos que el azar puso juntos. Fueron las dos caras de una misma criatura que no se puede partir sin matarla. Para amar a Maradona entero hay que amarlo con la Mano dentro. Y yo, que lo hered&#233; as&#237;, nunca tuve que elegir. Me lo dieron completo: santo y pecador en el mismo aliento, en los mismos cuatro minutos, y lo vener&#233; sin pedir explicaciones.</p><p>---</p><p>Da la casualidad &#8212;pero las casualidades del f&#250;tbol nunca son del todo casualidad&#8212; de que hoy es 22 de junio.</p><p>Hoy, exactamente cuarenta a&#241;os despu&#233;s de aquellos cuatro minutos en el Azteca, Argentina vuelve a salir a un campo de un Mundial. A las siete de la tarde, hora espa&#241;ola, contra Austria. Sin Diego, claro. Diego ya no est&#225;, y el dolor de eso es otra pieza, otra herida, otro d&#237;a.</p><p>Pero saldr&#225;n. Y cargar&#225;n, lo sepan o no, con todo lo que aquel hombre dej&#243;. Los que jueguen esta tarde tampoco vivieron el 86: la mayor&#237;a ni hab&#237;a nacido. Ellos tambi&#233;n lo heredaron. Tambi&#233;n recibieron la Mano y el Gol del Siglo ya hechos leyenda, ya gastados en pantallas, ya convertidos en la cosa que significa ponerse esa camiseta. Como yo. Como tantos.</p><p>Y ah&#237; est&#225;, creo, lo m&#225;s bonito de todo. El mito no es un museo. No es una vitrina con la pelota detr&#225;s del cristal. El mito sigue latiendo, pasa de mano en mano, de generaci&#243;n en generaci&#243;n, dentro y fuera del campo. Cada vez que la albiceleste pisa el c&#233;sped de un Mundial, aquellos cuatro minutos vuelven a respirar un poco.</p><p>Yo ten&#237;a tres a&#241;os y no vi nada. Lo hered&#233; todo. Y esta tarde, cuando Argentina salga al campo cuarenta a&#241;os despu&#233;s, lo volver&#233; a heredar otra vez &#8212;porque el f&#250;tbol que de verdad nos marca casi nunca es el que vimos con nuestros propios ojos. Es el que alguien, alguna vez, nos ense&#241;&#243; a amar.</p><p>---</p><p><strong>Posdata: la zurda, otra vez</strong></p><p>Y entonces, mientras escrib&#237;a esto, el f&#250;tbol decidi&#243; rimar.</p><p>Hoy, este mismo 22 de junio, cuarenta a&#241;os exactos despu&#233;s de aquellos cuatro minutos, Lionel Messi se ha convertido en el m&#225;ximo goleador de la historia de los Mundiales. Dos goles a Austria, dieciocho en total, y la cima de una tabla que nadie hab&#237;a tocado nunca en soledad.</p><p>El primero lo marc&#243; de primera, al primer palo. De zurda.</p><p>No s&#233; si creer en las casualidades, pero esta cuesta. La zurda de Diego cumple cuarenta a&#241;os el d&#237;a que la zurda de Leo se vuelve la m&#225;s goleadora de todas. Dos argentinos, dos eras, un mismo d&#237;a del calendario. Como si alguien, en alg&#250;n sitio, llevara la cuenta.</p><p>Diego nunca fue el m&#225;ximo goleador de nada. Su r&#233;cord eran otros: el regate imposible, la mano imperdonable, el aliento partido en dos caras. Lo de Messi es distinto &#8212;m&#225;s limpio, sin pecado, sin sombra que perdonar&#8212;. Pero los une el mismo pie, la misma camiseta, el mismo pa&#237;s que aprendi&#243; a querer el f&#250;tbol como quien quiere a un hijo dif&#237;cil.</p><p>Yo hered&#233; a uno. A Maradona, con la Mano puesta, sin tener que elegir. Y me ha tocado vivir al otro, en directo esta vez, marcando de zurda el d&#237;a del aniversario del primero. El mito no es museo. Pasa de mano en mano, de pie en pie, de zurda en zurda. Y hoy, sin que nadie lo planeara, volvi&#243; a respirar.</p><p>---</p><p>Cortita y al Pie</p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Todos los Mundiales]]></title><description><![CDATA[Empezamos el 17 de mayo con Uruguay 1930.]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com/p/todos-los-mundiales</link><guid isPermaLink="false">https://cortitayalpie.substack.com/p/todos-los-mundiales</guid><dc:creator><![CDATA[cortitayalpie]]></dc:creator><pubDate>Fri, 12 Jun 2026 12:03:46 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Ttw9!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fbucketeer-e05bbc84-baa3-437e-9518-adb32be77984.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fdfa513f8-f4ef-449b-b2c5-e280ad2bd886_910x910.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Empezamos el 17 de mayo con Uruguay 1930. Hemos cerrado el 11 de  junio con Qatar 2022, el d&#237;a que arranc&#243; el Mundial 2026.</p><p>22 art&#237;culos. 96 a&#241;os de f&#250;tbol. Casi 80.000 palabras.</p><p>Aqu&#237; dejo el &#237;ndice completo, ordenado cronol&#243;gicamente, para que  puedas leer la serie con calma cuando quieras.</p><p><strong>Los inicios (1930-1950)</strong></p><ul><li><p>Uruguay 1930 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/uruguay-1930?r=1lswa2">El primer Mundial</a></p></li><li><p>Italia 1934 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/italia-1934?r=1lswa2">El Mundial de Mussolini</a></p></li><li><p>Francia 1938 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/francia-1938?r=1lswa2">Antes del silencio</a></p></li><li><p>Brasil 1950 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/brasil-1950?r=1lswa2">El Maracanazo</a></p></li></ul><p><strong>La era dorada (1954-1970)</strong></p><ul><li><p>Suiza 1954 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/suiza-1954?r=1lswa2">El Milagro de Berna</a></p></li><li><p>Suecia 1958 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/suecia-1958?r=1lswa2">Pel&#233;, 17 a&#241;os</a></p></li><li><p>Chile 1962 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/chile-1962?r=1lswa2">Garrincha</a></p></li><li><p>Inglaterra 1966 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/inglaterra-1966?r=1lswa2">En casa</a></p></li><li><p>M&#233;xico 1970 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/mexico-1970?r=1lswa2">Brasil eterno</a></p></li></ul><p><strong>Los setenta (1974-1982)</strong></p><ul><li><p>Alemania 1974 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/alemania-1974?r=1lswa2">Cruyff</a></p></li><li><p>Argentina 1978 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/argentina-1978?r=1lswa2">Los confeti del Monumental</a></p></li><li><p>Espa&#241;a 1982 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/espana-1982?r=1lswa2">Naranjito</a></p></li></ul><p><strong>La era Maradona-Messi (1986-2022)</strong></p><ul><li><p>M&#233;xico 1986 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/mexico-1986?r=1lswa2">La Mano de Dios</a></p></li><li><p>Italia 1990 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/italia-1990?r=1lswa2">Notti magiche</a></p></li><li><p>EE.UU. 1994 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/estados-unidos-1994?r=1lswa2">Mi primer Mundial</a></p></li><li><p>Francia 1998 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/francia-1998?r=1lswa2">Black-Blanc-Beur</a></p></li><li><p>Corea-Jap&#243;n 2002 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/corea-japon-2002?r=1lswa2">Asia debuta</a></p></li><li><p>Alemania 2006 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/alemania-2006?r=1lswa2">Sommerm&#228;rchen</a></p></li><li><p>Sud&#225;frica 2010 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/sudafrica-2010?r=1lswa2">Por fin nosotros &#11088;</a></p></li><li><p>Brasil 2014 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/brasil-2014?r=1lswa2">Mineirazo</a></p></li><li><p>Rusia 2018 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/rusia-2018?r=1lswa2">Mbapp&#233; irrumpe</a></p></li><li><p>Qatar 2022 &#8212; <a href="/__u/cortitayalpie.substack.com/p/qatar-2022?r=1lswa2">Messi, por fin &#11088;</a></p></li></ul><p>---</p><p>Gracias por leerme. Hasta el pr&#243;ximo Mundial.</p><p>Juanjo</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Qatar 2022]]></title><description><![CDATA[El vig&#233;simo segundo Mundial. El &#250;ltimo cap&#237;tulo de esta serie. La final m&#225;s &#233;pica jam&#225;s jugada. Y, finalmente, Lionel Messi levantando la copa Gazzaniga sobre su cabeza en Lusail, cerrando el c&#237;rculo.]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com/p/qatar-2022</link><guid isPermaLink="false">https://cortitayalpie.substack.com/p/qatar-2022</guid><dc:creator><![CDATA[cortitayalpie]]></dc:creator><pubDate>Thu, 11 Jun 2026 17:31:12 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!LiHU!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F64603058-a230-4f5f-a728-1769473b360a_640x360.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hoy es 11 de junio de 2026.</p><p>Es jueves. Empieza el Mundial n&#250;mero 23 de la historia. Estados Unidos, M&#233;xico y Canad&#225; organizan, por primera vez, el primer Mundial de 48 selecciones. En unas horas, en California, en Nueva York, en Ciudad de M&#233;xico, en Toronto, las gradas se llenar&#225;n para ver el partido inaugural. Las c&#225;maras enfocar&#225;n a futbolistas nuevos &#8212;algunos no han nacido todav&#237;a cuando esta serie empez&#243; a escribirse&#8212; vestidos con camisetas que a&#250;n no sabemos cu&#225;les ser&#225;n las relevantes. Otra historia que empieza. Otro mes de pasi&#243;n global. Otra entrega del relato eterno del f&#250;tbol.</p><p>Y yo, hoy, cierro esta serie de 22 art&#237;culos que empez&#243; hace casi cuatro semanas con Uruguay 1930.</p><p>He decidido hacerlo coincidiendo con el inicio del nuevo Mundial. Es un gesto deliberado. Quer&#237;a que la &#250;ltima pieza de esta historia se publicara el mismo d&#237;a en que arrancara la siguiente. Que el final de una conversaci&#243;n con el pasado fuera, al mismo tiempo, el principio de la siguiente conversaci&#243;n con el presente. Las historias del f&#250;tbol, como las de la vida, no terminan: se relevan. Se acumulan. Se enredan en cadena, una con la siguiente.</p><p>Y de todas las historias que el f&#250;tbol nos ha regalado en estos 96 a&#241;os de Mundiales, no hay ninguna m&#225;s perfecta para cerrar esta serie que la de Qatar 2022.</p><p>Porque Qatar 2022 no es solo un Mundial. Es el cierre de una era. La consagraci&#243;n definitiva del jugador que muchos consideramos el mejor de la historia. La redenci&#243;n de Argentina despu&#233;s de 36 a&#241;os de espera. La final m&#225;s &#233;pica jam&#225;s jugada. El &#250;ltimo gran momento de una generaci&#243;n dorada que se despide del f&#250;tbol internacional. Y, tambi&#233;n, el Mundial m&#225;s controvertido pol&#237;ticamente desde 1978, organizado por un pa&#237;s acusado de violar sistem&#225;ticamente los derechos humanos, con miles de obreros migrantes muertos en la construcci&#243;n de los estadios. La gloria y el horror, otra vez, juntos. El f&#250;tbol entero, condensado en cuatro semanas de Lusail y Doha.</p><p>Esta es la historia de Qatar 2022. La de Messi levantando la copa con la sonrisa de quien ya no tiene nada que demostrar. La de Mbapp&#233; marcando tres goles en una final y perdi&#233;ndola. La de Dibu Mart&#237;nez convertido en h&#233;roe nacional argentino. La de un Mundial en oto&#241;o-invierno por primera vez en la historia. Y la del f&#250;tbol cerrando, de manera quiz&#225;s demasiado perfecta, una historia que llevaba decades pidiendo este final.</p><h2>El Mundial que no deb&#237;a existir</h2><p>Conviene empezar por lo inc&#243;modo.</p><p>Qatar 2022 nunca deb&#237;a haber sido en Qatar. Cuando la FIFA, en aquella votaci&#243;n de diciembre de 2010 &#8212;la misma que adjudic&#243; Rusia 2018&#8212;, decidi&#243; llevar el Mundial al peque&#241;o emirato del Golfo P&#233;rsico, el mundo del f&#250;tbol se qued&#243; at&#243;nito. Qatar ten&#237;a 2,9 millones de habitantes. No ten&#237;a tradici&#243;n futbol&#237;stica reconocible. Su clima en verano &#8212;cuando se juegan tradicionalmente los Mundiales&#8212; alcanza los 50 grados cent&#237;grados. No ten&#237;a estadios construidos. No ten&#237;a liga importante. No ten&#237;a nada de lo que un pa&#237;s necesita para organizar un torneo de esta magnitud.</p><p>Pero ten&#237;a algo m&#225;s importante: dinero. Y aparentemente, seg&#250;n las m&#250;ltiples investigaciones que vendr&#237;an despu&#233;s, los sobornos correctos a los directivos de la FIFA. Sepp Blatter, presidente de la FIFA en aquel momento, presidir&#237;a una votaci&#243;n que m&#225;s tarde admitir&#237;a que hab&#237;a sido un error. Pero el da&#241;o estaba hecho.</p><p>Qatar dedic&#243; <strong>m&#225;s de 200.000 millones de d&#243;lares</strong> a preparar el Mundial. Diez veces m&#225;s que cualquier otro anfitri&#243;n en la historia. Construy&#243; ocho estadios de cero, varios de ellos con sistemas de aire acondicionado al aire libre &#8212;tecnolog&#237;a que casi no hab&#237;a existido antes&#8212;. Construy&#243; un sistema de metro entero en Doha. Cre&#243; hoteles, carreteras, infraestructura tur&#237;stica completa.</p><p>Y, sobre todo, contrat&#243; mano de obra migrante en condiciones que rozaban la esclavitud moderna. La mayor&#237;a procedente de India, Pakist&#225;n, Banglad&#233;s, Nepal, Filipinas. Confiscaci&#243;n de pasaportes. Salarios miserables. Jornadas de doce horas bajo temperaturas extremas. Viv&#237;an hacinados en barracones. Y, seg&#250;n las cifras conservadoras (las reales fueron probablemente mayores), <strong>miles de obreros murieron</strong> durante los doce a&#241;os de construcci&#243;n. <em>The Guardian</em> public&#243;, antes del Mundial, un reportaje devastador con datos: m&#225;s de 6.500 muertes de trabajadores migrantes durante las obras. Qatar neg&#243; las cifras. La FIFA mir&#243; hacia otro lado. Los Mundialistas viajaron igualmente.</p><p>Hubo, adem&#225;s, otros aspectos pol&#233;micos. La homosexualidad es ilegal en Qatar y se castiga con penas de c&#225;rcel. Varios jugadores europeos quisieron protestar llevando brazaletes arco&#237;ris durante los partidos. La FIFA los prohibi&#243; bajo amenaza de tarjetas amarillas. Las protestas fracasaron. Los derechos de las mujeres, restringidos. La libertad de prensa, tambi&#233;n. Aficionados extranjeros fueron arrestados o expulsados por mostrar banderas LGTBI. Era el Mundial menos libre del siglo XXI.</p><p>Y, sin embargo, all&#237; se jug&#243;. Y all&#237; ocurri&#243; lo que probablemente fue la final m&#225;s conmovedora de toda la historia del f&#250;tbol. Las contradicciones del deporte rey, otra vez. Como en Argentina 78, como en Rusia 2018. El f&#250;tbol coexistiendo con violaciones de derechos humanos. La gloria y el horror, una vez m&#225;s, en la misma habitaci&#243;n.</p><p>Para colmo, la FIFA tuvo que <strong>cambiar las fechas del torneo</strong>. Por primera vez en la historia, un Mundial se jug&#243; en <strong>noviembre y diciembre</strong>, no en junio y julio. El calor catar&#237; en verano hac&#237;a f&#237;sicamente imposible jugar f&#250;tbol al aire libre. Los aficionados europeos vivieron el Mundial con fr&#237;o en sus casas. Los calendarios de las ligas nacionales se vieron seriamente afectados. Una rareza que no se repetir&#225;, probablemente, en muchas d&#233;cadas.</p><h2>La derrota inaugural</h2><p>Argentina lleg&#243; al Mundial como uno de los favoritos. Liderada por Lionel Messi en su quinto Mundial (y, dec&#237;a &#233;l, &#250;ltimo), hab&#237;a ganado la Copa Am&#233;rica de 2021 &#8212;el primer t&#237;tulo de Messi con su selecci&#243;n, despu&#233;s de tres finales perdidas&#8212; y la Finalissima de 2022 contra Italia. El equipo, dirigido por Lionel Scaloni, llegaba con una racha de <strong>36 partidos invicto</strong>. Era el favorito junto con Brasil y Francia.</p><p>El <strong>22 de noviembre de 2022</strong>, en el primer partido, Argentina se enfrentaba a Arabia Saud&#237; en el estadio Lusail.</p><p>Yo lo ve&#237;a con todos los nervios acumulados de las eliminaciones de Messi con la albiceleste: 2006 (cuartos), 2010 (cuartos), 2014 (subcampe&#243;n sin tocar la copa), 2018 (octavos). Cuatro Mundiales perdidos. Cuatro fracasos. Y este era el &#250;ltimo.</p><p>Argentina se adelant&#243; 1-0 con un penalti transformado por Messi. Era el 26&#186; partido de Messi en un Mundial, r&#233;cord absoluto en la historia masculina. Pero, <strong>inexplicablemente</strong>, en la segunda parte, Arabia Saud&#237; marc&#243; dos goles. Saleh Al-Shehri en el 48. Salem Al-Dawsari, una volea espectacular, en el 53.</p><p><strong>Arabia Saud&#237; 2 &#8212; Argentina 1.</strong></p><p>Otra vez. Otra vez Messi siendo Messi en Argentina. Otra vez la maldici&#243;n. Otra vez el primer partido perdido contra el rival m&#225;s d&#233;bil. La cr&#237;tica argentina enloqueci&#243;. Las redes sociales se llenaron de memes catastrofistas. <em>Otra vez no</em>, pens&#225;bamos los aficionados sudamericanos y los simpatizantes desde Espa&#241;a. <em>Esta es la &#250;ltima oportunidad de Messi. No puede ser</em>.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!ed4e!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe0b36269-4ee1-4bae-89f6-8561de788774_655x370.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!ed4e!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe0b36269-4ee1-4bae-89f6-8561de788774_655x370.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!ed4e!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe0b36269-4ee1-4bae-89f6-8561de788774_655x370.jpeg 848w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!ed4e!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1272, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe0b36269-4ee1-4bae-89f6-8561de788774_655x370.jpeg 1272w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!ed4e!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1456, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe0b36269-4ee1-4bae-89f6-8561de788774_655x370.jpeg 1456w" sizes="100vw"><img src="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!ed4e!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe0b36269-4ee1-4bae-89f6-8561de788774_655x370.jpeg" width="655" height="370" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/e0b36269-4ee1-4bae-89f6-8561de788774_655x370.jpeg&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:null,&quot;height&quot;:370,&quot;width&quot;:655,&quot;resizeWidth&quot;:null,&quot;bytes&quot;:null,&quot;alt&quot;:&quot;Argentina 1-2 Arabia Saudita (22 de Nov., 2022) Resultado Final - 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Habl&#243; con calma a su vestuario. Record&#243; a sus compa&#241;eros que ten&#237;an dos partidos m&#225;s para clasificar. Que no era el final. Que solo era una piedra m&#225;s en el camino.</p><p>Y entonces, Argentina gan&#243; <strong>seis partidos seguidos</strong>. M&#233;xico 2-0 (con un golazo de Messi). Polonia 2-0. Australia 2-1 en octavos. Holanda <strong>4-3 en penaltis tras pr&#243;rroga</strong> en los cuartos m&#225;s tensos del torneo. Croacia 3-0 en semifinales con dos asistencias m&#225;gicas de Messi a Juli&#225;n &#193;lvarez. Y, finalmente, la final contra Francia.</p><h2>La final</h2><p><strong>18 de diciembre de 2022</strong>. Estadio Lusail, Doha. 88.966 espectadores. Argentina contra Francia. Messi contra Mbapp&#233;. Una final que sobre el papel parec&#237;a equilibrada y que termin&#243; siendo, en cualquier criterio, <strong>la final m&#225;s &#233;pica jam&#225;s jugada en la historia del f&#250;tbol</strong>.</p><p>Yo la vi en mi sal&#243;n de Madrid, con 39 a&#241;os. Con la mujer al lado, con los amigos conectados por WhatsApp. Con la sensaci&#243;n f&#237;sica de que iba a presenciar algo hist&#243;rico, sin saber todav&#237;a qu&#233;. La hora de Doha desplazada de la nuestra, las tres de la tarde espa&#241;ola.</p><p>Y empez&#243; con autoridad argentina absoluta.</p><p><strong>Minuto 23</strong>. Falta sobre Di Mar&#237;a en el &#225;rea francesa, despu&#233;s de una jugada en la que Demb&#233;l&#233; lo derrib&#243; descaradamente. Penalti. Messi se acerca al punto fat&#237;dico. Enga&#241;a a Lloris. <strong>1-0 Argentina</strong>. Con ese gol, Messi se convert&#237;a en el <strong>primer jugador en marcar en cada ronda eliminatoria</strong> de un solo Mundial (octavos, cuartos, semifinales y final). R&#233;cord hist&#243;rico.</p><p><strong>Minuto 36</strong>. Argentina ataca con una jugada espectacular. Messi recibe en el centro, conduce, deja a Mac Allister. Mac Allister filtra a &#193;lvarez. &#193;lvarez le devuelve a Di Mar&#237;a. Di Mar&#237;a, abriendo el espacio con una conducci&#243;n larga, cruza el bal&#243;n al fondo. <strong>2-0 Argentina</strong>. Una jugada de cinco pases que parec&#237;a coreografiada. Era el sue&#241;o de cualquier t&#233;cnico futbol&#237;stico: la mejor cara de aquella Argentina. Di Mar&#237;a, recuperado de lesiones recientes, dejaba su firma en una final del mundo.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!602m!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F66aac609-a374-439f-9eb5-7de45eb65137_728x728.webp" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!602m!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F66aac609-a374-439f-9eb5-7de45eb65137_728x728.webp 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!602m!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F66aac609-a374-439f-9eb5-7de45eb65137_728x728.webp 848w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!602m!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1272, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F66aac609-a374-439f-9eb5-7de45eb65137_728x728.webp 1272w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!602m!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1456, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F66aac609-a374-439f-9eb5-7de45eb65137_728x728.webp 1456w" sizes="100vw"><img src="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!602m!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F66aac609-a374-439f-9eb5-7de45eb65137_728x728.webp" width="728" height="728" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/66aac609-a374-439f-9eb5-7de45eb65137_728x728.webp&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:null,&quot;height&quot;:728,&quot;width&quot;:728,&quot;resizeWidth&quot;:null,&quot;bytes&quot;:null,&quot;alt&quot;:&quot;Video. 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El gol de &#193;ngel Di Mar&#237;a para el 2 a 0 frente a Francia en la final  del Mundial 2022 en Qatar | La Opini&#243;n Austral" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!602m!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F66aac609-a374-439f-9eb5-7de45eb65137_728x728.webp 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!602m!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F66aac609-a374-439f-9eb5-7de45eb65137_728x728.webp 848w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!602m!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1272, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F66aac609-a374-439f-9eb5-7de45eb65137_728x728.webp 1272w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!602m!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1456, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F66aac609-a374-439f-9eb5-7de45eb65137_728x728.webp 1456w" sizes="100vw" loading="lazy"></picture><div class="image-link-expand"><div class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><p>Al descanso, <strong>2-0 Argentina</strong>. Aplausos. Sonrisas. Pero tambi&#233;n el recordatorio: nos quedaban 45 minutos. Y enfrente segu&#237;a Francia.</p><p>Y entonces, en la segunda parte, algo cambi&#243;.</p><p>Argentina, conservadora, dej&#243; de presionar. Francia, despertando del letargo, empez&#243; a tener la pelota. Didier Deschamps hizo cambios. Y a partir del minuto 70, los argentinos sentimos por primera vez ese gusanito conocido: <em>cuidado, esto no est&#225; cerrado</em>.</p><p><strong>Minuto 80</strong>. Falta lateral francesa. La pelota llega a Kingsley Coman, que entra al &#225;rea y es derribado por Di Mar&#237;a. <strong>Penalti</strong>. Mbapp&#233; se acerca al punto. Picada cruzada. <strong>2-1</strong>.</p><p><strong>Minuto 81</strong>. <em>Uno minuto despu&#233;s</em>. Apenas pasaron noventa segundos. Mbapp&#233; recibe una pared con Thuram en el borde del &#225;rea argentina. Engancha un disparo perfecto. <strong>2-2</strong>.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!M_JM!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff35f35a2-8614-4154-825b-0b5975706e4c_1920x1080.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!M_JM!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff35f35a2-8614-4154-825b-0b5975706e4c_1920x1080.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!M_JM!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff35f35a2-8614-4154-825b-0b5975706e4c_1920x1080.jpeg 848w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!M_JM!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1272, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff35f35a2-8614-4154-825b-0b5975706e4c_1920x1080.jpeg 1272w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!M_JM!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1456, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff35f35a2-8614-4154-825b-0b5975706e4c_1920x1080.jpeg 1456w" sizes="100vw"><img src="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!M_JM!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff35f35a2-8614-4154-825b-0b5975706e4c_1920x1080.jpeg" width="1456" height="819" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/f35f35a2-8614-4154-825b-0b5975706e4c_1920x1080.jpeg&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:null,&quot;height&quot;:819,&quot;width&quot;:1456,&quot;resizeWidth&quot;:null,&quot;bytes&quot;:null,&quot;alt&quot;:&quot;V&#205;DEO: el gol de Mbapp&#233; 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en noventa segundos. Mi sal&#243;n, mi WhatsApp, mi cabeza: todos en p&#225;nico. <em>Esto no puede ser</em>. <em>Otra vez. Otra vez Argentina perdiendo lo que ten&#237;a ganado</em>. <em>Otra vez Messi sin Mundial</em>. La sensaci&#243;n de cat&#225;strofe inminente.</p><p>Pr&#243;rroga. Y aqu&#237;, otra vez, lo &#233;pico.</p><p><strong>Minuto 108</strong>. Lautaro Mart&#237;nez, reci&#233;n entrado, dispara al palo. La pelota rebota. Messi llega y la empuja a la red. <strong>3-2 Argentina</strong>. Locura colectiva. La copa, otra vez, parec&#237;a suya.</p><p><strong>Minuto 118</strong>. S&#243;lo dos minutos para el pitido final. Mac Allister tira un bal&#243;n largo a Mbapp&#233;. Montiel intenta despejar, lo toca con el brazo. <strong>Penalti</strong>. Mbapp&#233; otra vez. Calmo, fr&#237;o, irreal. <strong>3-3</strong>. La pelota dentro. Mbapp&#233; acababa de hacer un <strong>hat-trick en una final del Mundial</strong>, haza&#241;a que solo hab&#237;a logrado Geoff Hurst en Wembley 1966. Y, a&#250;n m&#225;s impresionante, mientras lo hac&#237;a, su equipo iba perdiendo.</p><p>Pitido final de la pr&#243;rroga. <strong>3-3</strong>. A los penaltis.</p><h2>Los penaltis</h2><p>Antes de los penaltis, hubo un detalle clave que pocos vieron. En el &#250;ltimo minuto de la pr&#243;rroga, Kolo Muani &#8212;reci&#233;n entrado&#8212; se qued&#243; <strong>solo frente a Dibu Mart&#237;nez</strong>, el portero argentino. Estaba a un metro de marcar el 4-3 que sentenciar&#237;a el Mundial para Francia. Y Dibu, con una de las paradas m&#225;s milagrosas jam&#225;s vistas, le sac&#243; la pelota con el pie izquierdo. Si esa entra, no hay penaltis. No hay historia. No hay Mundial para Messi.</p><p>Pero Dibu la sac&#243;.</p><p>Y llegamos a los penaltis. Mbapp&#233; marc&#243; el primero de Francia. <strong>1-0</strong>. Messi marc&#243; el primero de Argentina, con la calma absoluta del genio. <strong>1-1</strong>.</p><p>Y entonces, Coman &#8212;el segundo franc&#233;s&#8212; fue parado por <strong>Dibu Mart&#237;nez</strong>. Locura argentina. <strong>1-2 Argentina</strong>. Argentina pasaba adelante. Tchouameni, el tercero franc&#233;s, fall&#243; su tiro. <strong>1-3 Argentina</strong>. La copa se acercaba.</p><p>Argentina marc&#243; todos los suyos. Paredes, Dybala, Leandro Paredes, todos transformaron. Y el &#250;ltimo, <strong>Gonzalo Montiel</strong>, el lateral derecho, levant&#243; el bal&#243;n en el punto de penalti. La c&#225;mara enfoc&#243; a Messi en la zona de los suplentes. Las manos en la cintura. La cara casi infantil. <em>Vamos, Gonzalo. Vamos.</em></p><p>Montiel dispar&#243;. La pelota entr&#243; pegada al palo.</p><p><strong>Argentina, campeona del mundo por tercera vez. Despu&#233;s de 36 a&#241;os de espera. Messi, por fin.</strong></p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!LiHU!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F64603058-a230-4f5f-a728-1769473b360a_640x360.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!LiHU!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F64603058-a230-4f5f-a728-1769473b360a_640x360.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!LiHU!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F64603058-a230-4f5f-a728-1769473b360a_640x360.jpeg 848w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!LiHU!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1272, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F64603058-a230-4f5f-a728-1769473b360a_640x360.jpeg 1272w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!LiHU!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1456, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F64603058-a230-4f5f-a728-1769473b360a_640x360.jpeg 1456w" sizes="100vw"><img src="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!LiHU!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F64603058-a230-4f5f-a728-1769473b360a_640x360.jpeg" width="640" height="360" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/64603058-a230-4f5f-a728-1769473b360a_640x360.jpeg&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:null,&quot;height&quot;:360,&quot;width&quot;:640,&quot;resizeWidth&quot;:null,&quot;bytes&quot;:null,&quot;alt&quot;:&quot;Argentina campe&#243;n: la albiceleste vence a Francia en &#8220;la mejor final de  todos los tiempos\&quot; 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despu&#233;s</h2><p>Lo que pas&#243; en los minutos siguientes no se puede contar del todo, porque no se puede contar lo que se vive una sola vez en la historia.</p><p>Messi corri&#243; hacia sus compa&#241;eros. Los abraz&#243;. Cay&#243; al c&#233;sped llorando. Sus compa&#241;eros lo levantaron a hombros. Lo pasearon por todo el Lusail. La cara de Messi &#8212;35 a&#241;os, cuatro Mundiales perdidos, criticad&#237;simo en Argentina durante a&#241;os&#8212; era la de un ni&#241;o finalmente liberado del peso de toda una vida. La cara de quien se permiti&#243; creer, por fin, que lo hab&#237;a conseguido.</p><p>En la ceremonia de premios, el emir de Qatar le puso a Messi un <strong>bisht</strong> &#8212;la capa tradicional &#225;rabe negra con bordados dorados&#8212; sobre su camiseta. Algunos criticaron el gesto como apropiaci&#243;n cultural forzada por parte del anfitri&#243;n. Pero las im&#225;genes son de las m&#225;s c&#233;lebres del f&#250;tbol moderno: <strong>Messi levantando la copa Gazzaniga con el bisht negro sobre los hombros</strong>, sobre los suyos los compa&#241;eros, todos llorando, todos abrazados. La copa que llevaba 36 a&#241;os esperando, finalmente en sus manos.</p><p>Y al otro lado del podio, <strong>Mbapp&#233;</strong>. Bota de Oro con 8 goles. Hat-trick en la final. <strong>Mejor jugador del Mundial</strong>, pero perdedor. Sin copa. Camin&#243; solo &#8212;como Zidane en 2006&#8212; hacia los vestuarios, despu&#233;s de recibir el premio individual. Macron, en la tribuna, intent&#243; consolarlo con un abrazo. Mbapp&#233;, fr&#237;o, casi sin reaccionar. Aquella final perdida le marcar&#237;a profundamente.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!3BhF!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F69b8137c-0197-4709-a2c1-136755481cd6_1200x840.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!3BhF!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F69b8137c-0197-4709-a2c1-136755481cd6_1200x840.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!3BhF!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F69b8137c-0197-4709-a2c1-136755481cd6_1200x840.jpeg 848w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!3BhF!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1272, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F69b8137c-0197-4709-a2c1-136755481cd6_1200x840.jpeg 1272w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!3BhF!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1456, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F69b8137c-0197-4709-a2c1-136755481cd6_1200x840.jpeg 1456w" sizes="100vw"><img src="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!3BhF!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F69b8137c-0197-4709-a2c1-136755481cd6_1200x840.jpeg" width="1200" height="840" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/69b8137c-0197-4709-a2c1-136755481cd6_1200x840.jpeg&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:null,&quot;height&quot;:840,&quot;width&quot;:1200,&quot;resizeWidth&quot;:null,&quot;bytes&quot;:null,&quot;alt&quot;:&quot;Clasificaci&#243;n final del Mundial de Qatar y premios: &#191;en qu&#233; 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Messi sobre los hombros de Kun Ag&#252;ero. Messi besando la copa. Messi tirado en el c&#233;sped llorando. Los argentinos en las calles de Buenos Aires &#8212;seg&#250;n las estimaciones, <strong>cinco millones de personas</strong> salieron al Obelisco esa noche&#8212; celebrando la copa m&#225;s esperada de la historia del pa&#237;s.</p><p>En Espa&#241;a, en Madrid, en mi sal&#243;n, lloramos tambi&#233;n. Quien siga el f&#250;tbol con coraz&#243;n no pod&#237;a no llorar viendo aquello. Messi se merec&#237;a la copa. Argentina se la merec&#237;a. Y el f&#250;tbol, finalmente, hab&#237;a cumplido la promesa que llevaba d&#233;cadas haci&#233;ndonos a quienes lo am&#225;bamos: que las historias de redenci&#243;n existen. Que el genio, si insiste, eventualmente recibe lo que le corresponde. Que la espera, aunque sea largu&#237;sima, a veces termina como debe terminar.</p><h2>Argentina</h2><p>Para Argentina, aquella noche fue lo que Sud&#225;frica 2010 fue para nosotros, los espa&#241;oles. La copa que llevaba d&#233;cadas esperando. La copa que nadie cre&#237;a ya que llegar&#237;a. La copa que justificaba a&#241;os de frustraci&#243;n acumulada.</p><p>36 a&#241;os desde M&#233;xico 1986. <strong>36 a&#241;os entre la copa de Maradona y la de Messi</strong>. Dos generaciones argentinas hab&#237;an crecido sin ver a su selecci&#243;n levantar la copa Gazzaniga. Dos generaciones de chicos argentinos hab&#237;an aprendido a querer al f&#250;tbol desde el dolor, como nosotros en Espa&#241;a antes de 2010.</p><p>Y entonces, en Qatar, una sola noche, todo el sufrimiento acumulado se borr&#243;. La generaci&#243;n de Maradona y la de Messi se daban la mano simb&#243;licamente. Maradona, que hab&#237;a muerto en noviembre de 2020 &#8212;dos a&#241;os antes de Qatar&#8212;, no pudo ver el triunfo. Pero estuvo presente de muchas formas: en la camiseta de Messi (siempre tuvo el 10 dedicado al Diego), en los homenajes, en los recuerdos. La copa de Messi era tambi&#233;n, simb&#243;licamente, la copa que Diego le hab&#237;a deseado y que nunca pudo ver levantar a su sucesor.</p><h2>El &#250;ltimo Messi</h2><p>Tras la final, Messi anunci&#243; que jugar&#237;a algunos partidos m&#225;s con la selecci&#243;n pero que probablemente este ser&#237;a su &#250;ltimo Mundial.</p><p>Hizo bien en cumplir lo de &#8220;probablemente&#8221; sin afirmar. Porque, a sus 35 a&#241;os entonces, era razonable pensar que no llegar&#237;a a 2026. Pero aqu&#237; estamos. Hoy, 11 de junio de 2026. Y Messi &#8212;ya con casi 39 a&#241;os, jugando en el Inter Miami&#8212; est&#225; convocado con Argentina para este Mundial que arranca. No ser&#225; el protagonista absoluto como en Qatar. Pero estar&#225;. Y eso ya es regalo suficiente.</p><p>Quiz&#225;s, en alguna ronda eliminatoria, marque alg&#250;n gol. Quiz&#225;s d&#233; alguna asistencia. Quiz&#225;s juegue de mediapunta retrasado, conservando energ&#237;as. Quiz&#225;s solo entre desde el banquillo en algunos partidos. Pero estar&#225;. Y el f&#250;tbol, que es injusto en tantas cosas, en esto al menos ha sido generoso: nos permite ver a Messi por &#250;ltima vez &#8212;ahora s&#237;, sin discusi&#243;n, &#250;ltimo Mundial&#8212; en el escenario m&#225;s grande.</p><h2>Las vi&#241;etas</h2><p>M&#225;s all&#225; de la final, Qatar 2022 dej&#243; otras historias importantes.</p><p><strong>Marruecos</strong> se convirti&#243; en la <strong>primera selecci&#243;n africana en alcanzar semifinales</strong> en la historia de un Mundial. Una haza&#241;a enorme. Walid Regragui, el t&#233;cnico, condujo a sus jugadores eliminando a B&#233;lgica, a Espa&#241;a (en octavos, en penaltis, otra eliminaci&#243;n de los nuestros), a Portugal. Perdi&#243; en semis contra Francia. Pero termin&#243; cuarto &#8212;puesto hist&#243;rico para una selecci&#243;n &#225;rabe y africana&#8212;. Las celebraciones en Marrakech, en Casablanca, en Rabat, en Madrid (con su gran comunidad marroqu&#237;), fueron impresionantes.</p><p><strong>Croacia</strong> &#8212;otra vez&#8212; lleg&#243; hasta semifinales. Modri&#263;, con 37 a&#241;os, todav&#237;a rindiendo. Perdi&#243; contra Argentina por 3-0 en una semifinal donde dos asistencias de Messi a &#193;lvarez fueron de lo m&#225;s bello del torneo. Croacia termin&#243; tercera. Otro Mundial brillante.</p><p><strong>Brasil</strong>, con Neymar al frente, cay&#243; en cuartos contra Croacia en penaltis tras un partido &#233;pico. Otra decepci&#243;n para los pentacampeones, que ya llevan desde 2002 sin levantar la copa.</p><p><strong>Espa&#241;a</strong>, dirigida por Luis Enrique (el del codazo de Tassotti, ahora seleccionador), cay&#243; en octavos contra Marruecos en penaltis. Otra eliminaci&#243;n temprana. Pero la generaci&#243;n que vendr&#237;a &#8212;Yamal, Pedri, Gavi&#8212; promet&#237;a. Cuatro a&#241;os despu&#233;s, podr&#237;a haber otra historia.</p><p><strong>Cristiano Ronaldo</strong>, jugando su quinto Mundial con Portugal, vivi&#243; el m&#225;s doloroso de los cinco. Suplente en algunos partidos. Eliminado en cuartos contra Marruecos. Su &#250;ltima oportunidad de copa del mundo se le escapaba sin gloria. La contraparte de la historia de Messi: el rival eterno, sin el cierre feliz.</p><h2>Por qu&#233; importa Qatar 2022</h2><p>Por al menos tres razones que se entrelazan.</p><p>La primera: porque consagr&#243; a Messi como el mejor jugador de la historia. Esa frase, durante a&#241;os, hab&#237;a sido discutida. Maradona o Messi. Pel&#233; o Messi. Hasta Qatar, el argumento contra Messi era el mismo: <em>nunca gan&#243; un Mundial</em>. La copa de Qatar borr&#243; ese argumento. Y, despu&#233;s de eso, el debate pr&#225;cticamente termin&#243;. Messi ha ganado todo: ocho Balones de Oro (r&#233;cord absoluto), m&#250;ltiples Champions, Ligas, Copas de Am&#233;rica, una Finalissima, y un Mundial. Ning&#250;n otro futbolista ha ganado tanto en su carrera. Su grandeza, ahora, no es discutible. Es de los que ya no se discuten. Es Messi. Punto.</p><p>La segunda: porque demostr&#243; que el f&#250;tbol puede regalar finales que ya no se vuelven a ver. La final de Qatar 2022 no es como otras finales. Es la final. La que se contar&#225; dentro de 50 a&#241;os como referencia. La que tiene m&#225;s drama, m&#225;s giros, m&#225;s emoci&#243;n, m&#225;s belleza que cualquier otra final mundial. Tres goles cada equipo en 120 minutos. Un hat-trick perdiendo. Un Messi cumpliendo el destino. Un Dibu Mart&#237;nez heroico. Una ceremonia con bisht y l&#225;grimas. Cinco millones de argentinos en el Obelisco. Cada elemento de la final podr&#237;a haber sido por s&#237; mismo hist&#243;rico. Juntos forman algo casi irrepetible. El f&#250;tbol, cada cuatro a&#241;os, nos sorprende. Pero a veces, una sola vez por generaci&#243;n, nos regala algo que va m&#225;s all&#225; de la sorpresa: nos regala lo perfecto.</p><p>Y la tercera: porque cerr&#243; un ciclo hist&#243;rico. Brasil 1970 fue el mejor equipo. Maradona 86 fue el mejor jugador. Sud&#225;frica 2010 fue, para nosotros los espa&#241;oles, el cierre del trauma. Y Qatar 2022 fue el cierre de la era moderna del f&#250;tbol: la era de la dualidad Messi-Cristiano, la era del 4-3-3 ofensivo nacido en el Barcelona de Guardiola, la era de los grandes campeonatos europeos como motor econ&#243;mico del f&#250;tbol global. Lo que viene a partir de 2026 ser&#225; otra cosa. Otra generaci&#243;n. Otros nombres. Otros sistemas. Quiz&#225;s incluso otra geograf&#237;a: hoy mismo el Mundial arranca con 48 selecciones por primera vez. La FIFA expande, el f&#250;tbol cambia, los protagonistas se relevan. Pero la era anterior &#8212;la que nos dio Messi, Cristiano, Iniesta, Xavi, Zidane, los Bleus de 1998, el tiki-taka, los penaltis del 2002, los goles de Carlos Alberto&#8212; se cerr&#243; en Lusail, el 18 de diciembre de 2022, cuando Messi levant&#243; la copa con el bisht sobre los hombros.</p><p>A partir de aqu&#237;, todo lo que venga ser&#225; nuevo cap&#237;tulo.</p><h2>El cierre de esta serie</h2><p>Cuando empec&#233; esta serie hace casi un mes, con Uruguay 1930, sab&#237;a que la iba a cerrar hoy. Sab&#237;a que el &#250;ltimo art&#237;culo coincidir&#237;a con el inicio del Mundial 2026. Era el guion deliberado: empezar con el primer Mundial de la historia y cerrar con el &#250;ltimo publicado, en el momento exacto en que arranca el siguiente.</p><p>Ha sido un viaje extraordinario. He vuelto a ver, a estudiar, a contar, los Mundiales que vi de ni&#241;o (USA 94, Francia 98), los que vi de joven (Corea 2002, Alemania 2006), los que viv&#237; con la madurez del aficionado (Sud&#225;frica 2010, Qatar 2022), y los que solo conoc&#237;a por relatos &#8212;los anteriores a mi nacimiento, todos los Mundiales de la era pre-Maradona&#8212;. He aprendido m&#225;s sobre el f&#250;tbol en estas cuatro semanas de escritura que en a&#241;os de seguirlo como aficionado. He llorado con Pel&#233; jurando no volver. He sufrido con Cruyff perdiendo la final de M&#250;nich. He rabiado con los confeti del Monumental tapando lo que tapaban. He gritado con Maradona regateando ingleses. He aplaudido con Zidane caminando hacia el vestuario. He celebrado con Iniesta y la camiseta de Dani Jarque. Y, finalmente, he llorado con Messi cumpliendo la promesa.</p><p>Y ahora, llegado el momento, no me queda m&#225;s que despedirme.</p><p>Esta serie ha sido un acto de amor al f&#250;tbol. A su historia. A los hombres y mujeres que lo han jugado, narrado, sufrido, celebrado. A los aficionados &#8212;como t&#250;, lector de cortitayalpie&#8212; que entienden que ver un partido de f&#250;tbol no es solo ver veintid&#243;s tipos detr&#225;s de una pelota. Es ver memoria colectiva. Es ver pol&#237;tica, sociedad, identidad nacional, individualidad genial. Es ver, en el mejor de los casos, lo que el ser humano puede hacer cuando se atreve a so&#241;ar en colectivo.</p><p>Hoy empieza el Mundial 2026. Habr&#225; otro genio que aparecer&#225; inesperadamente. Otra final eterna. Otro Mineirazo o Maracanazo o gol de Iniesta que nadie esperaba. Otros aficionados llorando en sus salones por motivos que a&#250;n no podemos imaginar. Habr&#225; historia, en una palabra. Habr&#225; f&#250;tbol.</p><p>Y all&#237; estar&#233; yo, en mi sal&#243;n de Madrid, viendo cada partido. Tomando notas. Pensando, sin querer, en cu&#225;l de los protagonistas de hoy se convertir&#225; en parte de la pr&#243;xima serie cuando llegue 2030.</p><p>Pero, sobre todo, gozando del momento. Como debe gozarse un Mundial.</p><p>Hay una imagen final con la que cerrar todo esto.</p><p>Es Lionel Messi en el Lusail, despu&#233;s del pitido final. Tirado en el c&#233;sped, llorando. Sus compa&#241;eros corriendo hacia &#233;l. La copa Gazzaniga esperando a unos metros. El estadio entero &#8212;argentinos, sauditas, europeos, todos&#8212; aplaudiendo. La promesa cumplida. La maldici&#243;n rota. El destino, finalmente, generoso.</p><p>Por encima de Messi, el cielo nocturno de Doha. Por debajo, el c&#233;sped del Lusail. Y en &#233;l, un genio argentino de 35 a&#241;os, alcanzando lo que llevaba toda la vida persiguiendo. Llorando como un ni&#241;o. Como nosotros tambi&#233;n lloramos, al verlo. Como llorar&#225; el aficionado que reconozca en la imagen el momento exacto en que el f&#250;tbol, una vez m&#225;s, cumpli&#243; la promesa que nos hace cada cuatro a&#241;os.</p><p>Cuando hoy empiece el Mundial 2026, otra promesa se abrir&#225;. Otro genio, quiz&#225;s todav&#237;a no nacido o todav&#237;a no descubierto, empezar&#225; a escribir el camino que ya hemos visto recorrer a Maradona, a Pel&#233;, a Zidane, a Iniesta, a Messi. Y nosotros, los aficionados, volveremos a poner el coraz&#243;n en el bal&#243;n. Sin saber si nos lo va a romper o nos lo va a hacer estallar de alegr&#237;a.</p><p>Eso es lo bonito.</p><p>Eso es lo que nos hace volver, cada cuatro a&#241;os, a la pantalla.</p><p>A querer.</p><p>Una vez m&#225;s.</p><p>Para siempre.</p><p><strong>FIN DE LA SERIE.</strong></p><div><hr></div><p><em>Gracias por leerme estas cuatro semanas. Esta serie ha sido lo m&#225;s grande que he escrito jam&#225;s. Que disfruten del Mundial 2026 tanto como yo he disfrutado cont&#225;ndoles los anteriores. Hasta la pr&#243;xima.</em></p><p><em>&#8212; Juanjo Montero, 11 de junio de 2026, Madrid.</em></p><p><em>cortitayalpie.substack.com</em></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Rusia 2018]]></title><description><![CDATA[El vig&#233;simoprimer Mundial. La final m&#225;s controvertida desde 1966: cuatro goles, un VAR debutando, un autogol, un penalti discutido, y un adolescente entrando en la historia.]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com/p/rusia-2018</link><guid isPermaLink="false">https://cortitayalpie.substack.com/p/rusia-2018</guid><dc:creator><![CDATA[cortitayalpie]]></dc:creator><pubDate>Wed, 10 Jun 2026 17:31:17 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!1n94!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F164a926b-85e9-4914-ab0c-bb3309e3f34f_1920x1080.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay im&#225;genes que cierran un Mundial mejor que ninguna otra. Y en Rusia 2018, esa imagen es de las m&#225;s raras que ha dado el f&#250;tbol.</p><p>15 de julio de 2018. Estadio Luzhniki, Mosc&#250;. Final del Mundial. Acabado el partido. Francia, campeona del mundo por segunda vez despu&#233;s de veinte a&#241;os. La ceremonia de premios. Los jugadores en el podio. La copa Gazzaniga preparada. Y entonces, sobre las cabezas de todos, abri&#233;ndose el cielo de Mosc&#250;, empieza a caer una tromba de agua b&#237;blica. Lluvia torrencial. Diluvio.</p><p>Y, sobre el podio, Vladimir Putin &#8212;el presidente ruso, anfitri&#243;n del Mundial&#8212; protegido por un asistente con un paraguas enorme, mientras todos los dem&#225;s se empapan. Macron, presidente de Francia, saltando como un ni&#241;o bajo la lluvia, sonriendo, abrazando jugadores. Modri&#263;, capit&#225;n croata, recibiendo el Bal&#243;n de Oro como mejor jugador del torneo, con la cara descompuesta de tristeza, tambi&#233;n empapado. Los jugadores franceses bailando con la copa bajo el agua. La presidenta de Croacia, Kolinda Grabar-Kitarovi&#263;, abrazando llorando a los jugadores croatas con el vestido pegado al cuerpo.</p><p>Y Putin. Seco. Bajo su paraguas. Solo &#233;l seco. Solo &#233;l protegido. Como una met&#225;fora visual perfecta del Mundial que acababa de organizar: un anfitri&#243;n en su burbuja blindada, mientras el mundo del f&#250;tbol &#8212;y el mundo real&#8212; se mojaba a su alrededor.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!QY8I!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fbf638743-adde-4d58-b248-909474d0a13f_655x368.webp" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!QY8I!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, 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La de un Mundial brillante deportivamente y pol&#233;mico pol&#237;ticamente. La del estreno del VAR. La de la irrupci&#243;n de un chico de 19 a&#241;os llamado Kylian Mbapp&#233;. La de la Croacia m&#225;s improbable llegando a la primera final de su corta historia como naci&#243;n. La del segundo t&#237;tulo franc&#233;s, veinte a&#241;os despu&#233;s del primero. Y la de un anfitri&#243;n &#8212;Rusia, gobernada por Putin&#8212; que organizaba el Mundial cuatro a&#241;os despu&#233;s de invadir Crimea, dos a&#241;os despu&#233;s de las acusaciones de manipulaci&#243;n electoral en Estados Unidos, y solo seis a&#241;os antes de invadir Ucrania.</p><p>Lo del f&#250;tbol fue espectacular. Lo del contexto, complicado.</p><h2>El anfitri&#243;n m&#225;s controvertido</h2><p>Hay que poner las cosas en su sitio.</p><p>Cuando la FIFA adjudic&#243; a Rusia el Mundial de 2018 (en la misma votaci&#243;n de diciembre de 2010 en la que adjudic&#243; Qatar 2022 &#8212;una doble votaci&#243;n que sigue siendo investigada por corrupci&#243;n tantos a&#241;os despu&#233;s&#8212;), Rusia parec&#237;a una elecci&#243;n normal. Una potencia europea, una candidatura s&#243;lida, un mercado importante. Sin m&#225;s sospechas que las habituales en cualquier proceso de la FIFA.</p><p>Pero entre 2010 y 2018 pasaron muchas cosas. En 2014, Rusia anex&#243; Crimea &#8212;territorio entonces ucraniano&#8212; y fue expulsada del G8 por ello. En 2015, la guerra civil siria entr&#243; en una fase compleja con intervenci&#243;n militar rusa. En 2016, agencias de inteligencia estadounidenses acusaron a Rusia de interferir en las elecciones presidenciales que gan&#243; Donald Trump. En 2018, semanas antes del Mundial, el envenenamiento del exesp&#237;a Skripal en Salisbury (Reino Unido) provoc&#243; la expulsi&#243;n coordinada de diplom&#225;ticos rusos por una docena de pa&#237;ses occidentales.</p><p>El Mundial llegaba en pleno deshielo&#8230; al rev&#233;s. Rusia y Occidente estaban m&#225;s enfrentados que en cualquier momento desde la Guerra Fr&#237;a. Y, sin embargo, all&#237; iba a celebrarse el evento deportivo m&#225;s global del planeta.</p><p>Hubo llamadas al boicot que no prosperaron. Ning&#250;n pa&#237;s occidental retir&#243; su selecci&#243;n. Los aficionados europeos viajaron en masa a las once ciudades sedes. La FIFA defendi&#243; que <em>el deporte y la pol&#237;tica no se mezclan</em> &#8212;un argumento dudoso que esta serie ha visto refutado sistem&#225;ticamente desde 1934&#8212;. Y el Mundial se jug&#243;. Con la sombra del Kremlin sobre cada estadio. Con un Putin omnipresente en las gradas. Con las redes propagand&#237;sticas rusas exprimiendo cada partido como instrumento de poder blando.</p><p>En lo organizativo, hay que decirlo, el Mundial fue impecable. Los aficionados extranjeros volvieron sorprendidos por la hospitalidad rusa, por la limpieza de las ciudades, por la seguridad. La narrativa de <em>Rusia no es tan terrible como te la pintan</em> fue parte del &#233;xito. Y, en cierta forma, eso era exactamente lo que el Kremlin buscaba: que el mundo viera una Rusia amable, organizada, occidental. Una operaci&#243;n de imagen colosal. Funcion&#243;. Hasta que en febrero de 2022, Rusia invadi&#243; Ucrania entera, y todos los aficionados europeos que hab&#237;an pasado por Mosc&#250; en aquel verano se preguntaron si no hab&#237;an sido c&#243;mplices, sin saberlo, de una operaci&#243;n de propaganda mucho mayor.</p><p>Pero eso era despu&#233;s. En 2018, lo &#250;nico que importaba era el f&#250;tbol. Y el f&#250;tbol fue, en realidad, brillante.</p><h2>El estreno del VAR</h2><p>Rusia 2018 fue el <strong>primer Mundial con VAR</strong>. El sistema de revisi&#243;n por v&#237;deo que llevaba a&#241;os discuti&#233;ndose y test&#225;ndose en ligas nacionales, finalmente debutaba en el torneo m&#225;s importante del f&#250;tbol.</p><p>El argumento era simple: despu&#233;s de d&#233;cadas de errores arbitrales decisivos &#8212;desde el gol fantasma de Wembley en 1966 hasta el codazo de Tassotti a Luis Enrique en 1994, pasando por las pol&#233;micas de Corea 2002&#8212;, la tecnolog&#237;a ten&#237;a que entrar al f&#250;tbol. Las c&#225;maras, las repeticiones, el ojo electr&#243;nico. La FIFA, despu&#233;s de d&#233;cadas de resistencia, cedi&#243;. Y el VAR lleg&#243; a Rusia 2018.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!9bqL!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F24cdd57f-59b2-4f44-a4bc-ec80bc6906ea_1200x810.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!9bqL!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F24cdd57f-59b2-4f44-a4bc-ec80bc6906ea_1200x810.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!9bqL!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, 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Hubo aciertos enormes: penaltis correctamente concedidos que un &#225;rbitro humano nunca habr&#237;a visto, goles validados o anulados correctamente, manos sancionadas con justicia. Pero hubo tambi&#233;n las primeras pol&#233;micas modernas: revisiones que tomaban demasiado tiempo, decisiones discutibles, la sensaci&#243;n de que el VAR no eliminaba el debate sino que lo trasladaba a un nuevo nivel.</p><p>La final misma fue un ejemplo perfecto. Pero llegaremos a eso.</p><h2>Las sorpresas que cambiaron todo</h2><p>Rusia 2018 fue, junto con Corea 2002, uno de los Mundiales m&#225;s sorprendentes de la historia. Y la primera gran sorpresa lleg&#243; muy pronto.</p><p><strong>Alemania</strong>, defensora del t&#237;tulo, <strong>cay&#243; eliminada en fase de grupos</strong>. La Mannschaft de Joachim L&#246;w &#8212;la misma que hab&#237;a ganado Brasil 2014, la misma que hab&#237;a construido un proyecto paciente desde 2006&#8212; perdi&#243; en su debut contra <strong>M&#233;xico</strong> (1-0), gan&#243; por la m&#237;nima a Suecia (2-1 con un golazo ag&#243;nico de Kroos en el descuento), y volvi&#243; a caer 0-2 contra <strong>Corea del Sur</strong> en el &#250;ltimo partido de grupo. Adi&#243;s. Eliminada por primera vez en fase de grupos en toda su historia mundialista. Para algunos comentaristas, fue la mayor sorpresa de un Mundial desde la eliminaci&#243;n de Francia en Corea 2002.</p><p>Los aficionados coreanos, despu&#233;s del partido contra Alemania, lloraron de alegr&#237;a. Los jugadores se abrazaban llorando. Para Corea del Sur, derrotar a la campeona del mundo era el momento m&#225;s alto de su f&#250;tbol nacional. Y para Alemania, una humillaci&#243;n parecida a la del Mineirazo &#8212;aunque por motivos distintos&#8212;. El ciclo L&#246;w, que tan brillante hab&#237;a sido, llegaba a su fin amargo. El t&#233;cnico seguir&#237;a en el cargo unos a&#241;os m&#225;s, pero ya marcado.</p><p><strong>Argentina</strong> tambi&#233;n sufri&#243;. La de Messi, con un Sampaoli desorganizado, casi qued&#243; fuera en fase de grupos: perdi&#243; contra Croacia 3-0 con un Messi anulado por la prensi&#243;n de los rivales y empat&#243; dos partidos antes de pasar como segunda de grupo por los pelos. En octavos cay&#243; 4-3 contra Francia en uno de los partidos m&#225;s vibrantes del torneo &#8212;del que hablaremos enseguida&#8212;. Otra eliminaci&#243;n temprana de Messi. Otra herida en su carrera con la albiceleste. Pasar&#237;an cuatro a&#241;os m&#225;s hasta su redenci&#243;n.</p><p><strong>Espa&#241;a</strong>, en otra historia complicada, lleg&#243; al Mundial con una crisis institucional descomunal: <strong>dos d&#237;as antes del partido inaugural</strong>, Julen Lopetegui &#8212;el seleccionador&#8212; fue despedido por la federaci&#243;n tras anunciar el Real Madrid que lo fichar&#237;a despu&#233;s del Mundial sin consultarlo. Fernando Hierro, sin experiencia previa, tom&#243; el banquillo de urgencia. Espa&#241;a empat&#243; 3-3 con Portugal en un Cristiano-Ronaldo-show (hat-trick del portugu&#233;s), gan&#243; a Ir&#225;n 1-0, empat&#243; con Marruecos 2-2. Pas&#243; como primera de grupo por los pelos. Y, en octavos, perdi&#243; <strong>en penaltis contra Rusia, la anfitriona</strong>. Otra eliminaci&#243;n temprana. Otra crisis. La generaci&#243;n dorada del 2010 quedaba muy atr&#225;s.</p><p><strong>Brasil</strong>, sin tanto trauma pero tambi&#233;n lejos del <em>hexa</em>, cay&#243; en cuartos contra B&#233;lgica. <strong>Portugal</strong> se fue en octavos. <strong>Inglaterra</strong>, en cambio, tuvo el mejor Mundial en d&#233;cadas: lleg&#243; a semifinales por primera vez desde Italia 90, dirigida por Gareth Southgate.</p><p>El cuadro de Mundial, partido a partido, fue dejando un panorama distinto al esperado.</p><h2>La Croacia que lleg&#243; hasta el final</h2><p>Y entonces, contra todos los pron&#243;sticos, una selecci&#243;n peque&#241;a empez&#243; a sostener su sue&#241;o impensable.</p><p><strong>Croacia</strong>, pa&#237;s de apenas cuatro millones de habitantes, independiente desde 1991 despu&#233;s de la desintegraci&#243;n de Yugoslavia, hab&#237;a hecho un Mundial digno en 1998 (tercer puesto) y otros torneos discretos despu&#233;s. En Rusia 2018, sin embargo, lleg&#243; con la generaci&#243;n de su vida: <strong>Luka Modri&#263;</strong>, mediocampista del Real Madrid, considerado uno de los mejores jugadores del mundo en su puesto; <strong>Ivan Rakiti&#263;</strong> del Barcelona; <strong>Mario Mand&#382;uki&#263;</strong> de la Juventus; <strong>Ivan Peri&#353;i&#263;</strong> del Inter; <strong>Domagoj Vida</strong> y <strong>Dejan Lovren</strong> atr&#225;s. Una columna entera de &#233;lite, con experiencia en los grandes clubes europeos. Pero, sobre todo, con Modri&#263;: el cerebro absoluto, el organizador, el alma del equipo.</p><p>Croacia gan&#243; su grupo, incluyendo aquel 3-0 a Argentina. Y a partir de ah&#237; entr&#243; en la fase de eliminatorias que cambiar&#237;a su historia futbol&#237;stica para siempre. Tres partidos de pr&#243;rroga seguidos. Tres veces 120 minutos en el campo. Tres veces ganando ag&#243;nicamente.</p><ul><li><p><strong>Octavos</strong>: Croacia 1-1 Dinamarca, victoria en penaltis (Suba&#353;i&#263; par&#243; tres tiros, haza&#241;a).</p></li><li><p><strong>Cuartos</strong>: Croacia 2-2 Rusia (anfitriona), victoria en penaltis (otra vez Suba&#353;i&#263; heroico).</p></li><li><p><strong>Semifinales</strong>: Croacia 2-1 Inglaterra despu&#233;s de pr&#243;rroga, con gol decisivo de Peri&#353;i&#263; y Mand&#382;uki&#263;.</p></li></ul><p>Tres partidos consecutivos llegando al desgaste f&#237;sico extremo. La f&#243;rmula que ning&#250;n manual recomienda para llegar fresco a una final. Pero Croacia sigui&#243;. Modri&#263;, con sus 32 a&#241;os, jugando sin parar, dirigiendo, corriendo. Es dif&#237;cil pensar en un capit&#225;n que haya llevado a su equipo tan lejos carg&#225;ndolo tanto &#233;l mismo desde el medio campo.</p><p>Croacia lleg&#243; a la final con piernas cansadas pero con ilusi&#243;n total. Era la primera vez que el pa&#237;s peque&#241;o de los Balcanes alcanzaba una final del mundo. Y enfrente: Francia.</p><h2>El partido de Mbapp&#233; contra Argentina</h2><p>Pero antes de la final, conviene detenerse en un partido. Porque cambi&#243; la cara del f&#250;tbol para los siguientes diez a&#241;os.</p><p>30 de junio de 2018. Octavos de final. Kaz&#225;n Arena. Francia 4-3 Argentina. Un partido de los que se ven una vez por d&#233;cada.</p><p>Argentina, con Messi en la versi&#243;n m&#225;s sufrida de su carrera con la albiceleste, llegaba como favorita por su nombre, no por su f&#250;tbol. Sampaoli ten&#237;a un equipo descoordinado. Francia, en cambio, dirigida por Didier Deschamps &#8212;el capit&#225;n campe&#243;n del 98&#8212;, era joven, veloz, con varios jugadores reci&#233;n llegados a la &#233;lite.</p><p>Argentina se adelant&#243; 1-0 con un fenomenal disparo de Di Mar&#237;a desde fuera del &#225;rea. Empat&#243; Francia con un autogol forzado por Griezmann. Mercado adelant&#243; a Argentina 2-1. Y entonces, Francia despleg&#243; la cara: tres goles seguidos en la segunda parte. Dos de ellos de un chico de 19 a&#241;os reci&#233;n cumplidos que hasta hace pocos meses jugaba en el M&#243;naco. Y el otro de Pavard, con un disparo desde fuera del &#225;rea tan espectacular que gan&#243; el premio al mejor gol del torneo.</p><p>El chico de 19 a&#241;os era <strong>Kylian Mbapp&#233;</strong>. Y aquel partido fue su carta de presentaci&#243;n al planeta.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!D3QS!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F59f8a41a-0668-40bb-91d0-abca24a92df0_1920x1080.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!D3QS!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F59f8a41a-0668-40bb-91d0-abca24a92df0_1920x1080.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!D3QS!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, 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y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><p></p><p>Mbapp&#233; no se limit&#243; a marcar dos goles. Mbapp&#233; corri&#243; 60 metros con la pelota pegada al pie en la jugada del primer gol franc&#233;s, dejando defensores argentinos atr&#225;s como si estuvieran clavados, hasta que solo Otamendi pudo derribarlo en el &#225;rea. Penalti, que transform&#243; Griezmann. Pero la jugada en s&#237; &#8212;aquella carrera de 60 metros&#8212; ya era un momento hist&#243;rico. Argentina, vi&#233;ndolo correr, vi&#233;ndose superada por un adolescente, supo en aquel momento que el f&#250;tbol estaba cambiando.</p><p>Mbapp&#233; marc&#243; dos goles. Le concedieron el premio al <em>Mejor Jugador Joven</em> del torneo. Y, sobre todo, demostr&#243; al mundo entero lo que muchos sospechaban: que &#233;l era el sucesor l&#243;gico de la l&#237;nea Cristiano-Messi. El pr&#243;ximo gran genio del f&#250;tbol global. Su irrupci&#243;n en aquel partido de octavos contra Argentina es, junto con otros momentos selectos como el Maradona del 86, una de las apariciones m&#225;s espectaculares de un jugador joven en un Mundial. Una declaraci&#243;n: <em>aqu&#237; estoy, soy esto, vais a ver</em>.</p><p>Argentina cay&#243;. Messi tuvo que ver desde el c&#233;sped c&#243;mo otro chaval &#8212;con 19 a&#241;os, ocho menos que &#233;l en el 86 cuando lleg&#243; a Argentina 78 inmaduro&#8212; se llevaba el espect&#225;culo. Para Messi, frustraci&#243;n acumulada. Para Mbapp&#233;, comienzo de su mito. La historia volver&#225; a juntarlos cuatro a&#241;os despu&#233;s, en otra final.</p><h2>La final</h2><p>15 de julio de 2018. Estadio Luzhniki, Mosc&#250;. 78.011 espectadores. Francia contra Croacia.</p><p>Francia llegaba descansada, con su mejor jugador desbordando. Croacia llegaba con la ilusi&#243;n hist&#243;rica pero con las piernas pesadas tras tres pr&#243;rrogas seguidas. Era, sobre el papel, una final asim&#233;trica. Y, sin embargo, fue brillante.</p><p><strong>Minuto 18</strong>. Falta lateral para Francia que muchos consideraron simulaci&#243;n de Griezmann. Centro de Griezmann al &#225;rea. Mand&#382;uki&#263;, intentando despejar de cabeza, marca en propia puerta. <strong>1-0 Francia</strong>. El primer gol en propia puerta en una final de Mundial.</p><p>Croacia no se vino abajo. <strong>Minuto 28</strong>. Modri&#263; sac&#243; una falta cerca del &#225;rea. La pelota fue rechazada al borde. <strong>Ivan Peri&#353;i&#263;</strong> recibi&#243;, ajust&#243; el cuerpo y dispar&#243; cruzado con la zurda. La pelota se meti&#243; tocando ligeramente en Varane. <strong>1-1</strong>.</p><p>Y entonces, <strong>minuto 33</strong>, lleg&#243; el momento que define este Mundial. C&#243;rner de Griezmann al &#225;rea croata. La pelota bot&#243; dentro del &#225;rea. Peri&#353;i&#263;, intentando despejar, toc&#243; la pelota con el brazo en alto. &#191;Mano? Discutible. El &#225;rbitro argentino N&#233;stor Pitana no pit&#243; nada inmediatamente. Pero pidi&#243; ver el VAR.</p><p>Y aqu&#237;, primer momento hist&#243;rico del Mundial: <strong>revisi&#243;n VAR</strong> en la final del mundo. Pitana fue a la pantalla. Estuvo varios minutos viendo la repetici&#243;n. El estadio entero en silencio. Las c&#225;maras enfocando a Pitana de espaldas, gesticulando. Y, finalmente, su decisi&#243;n: <strong>penalti</strong>.</p><p>Para los franceses, justicia. Para los croatas, robo. Para el mundo entero, debate. &#191;Era penalti claro? Las im&#225;genes dejaban margen para la duda: el brazo de Peri&#353;i&#263; estaba alto, pero la pelota llegaba muy r&#225;pido. &#191;Era movimiento natural o no? Las opiniones se dividieron entonces y siguen divididas hoy. Pero la decisi&#243;n fue pitada. Y Griezmann transform&#243; el penalti. <strong>2-1 Francia</strong>.</p><p>El primer penalti decidido por VAR en una final del mundo. Una marca hist&#243;rica que el &#225;rbitro argentino llevar&#225; para siempre. Y un precedente: el VAR hab&#237;a llegado para quedarse.</p><p>En la segunda parte, Francia mostr&#243; su nivel. <strong>Minuto 59</strong>: jugada de pase exquisita comenzada por Pogba, conducida por Mbapp&#233;, lateral a Griezmann, devoluci&#243;n a Pogba, que primero fue tapado y luego, en el rebote, dispar&#243; con la zurda al &#225;ngulo. <strong>3-1</strong>. Una jugada de equipo perfecta.</p><p><strong>Minuto 65</strong>: Mbapp&#233;, en una contra perfecta, recibi&#243; a 25 metros del &#225;rea. Acomod&#243; el cuerpo y dispar&#243; raso, cruzado, con la fuerza precisa. La pelota entr&#243; pegada al palo izquierdo. <strong>4-1</strong>. Mbapp&#233; se convirti&#243;, con 19 a&#241;os y 207 d&#237;as, en el <strong>primer adolescente en marcar en una final de Mundial desde Pel&#233; en 1958</strong>. Sesenta a&#241;os exactos entre uno y otro. La l&#237;nea hist&#243;rica se cerraba con un gesto.</p><p>Croacia maquill&#243; en el 69 con un error garrafal de Lloris &#8212;el portero franc&#233;s&#8212;, que intent&#243; conducir la pelota cerca de su &#225;rea, Mand&#382;uki&#263; se la rob&#243; al rebote y la meti&#243; a placer. <strong>4-2</strong>. Pero ya era simb&#243;lico.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!1n94!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F164a926b-85e9-4914-ab0c-bb3309e3f34f_1920x1080.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!1n94!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F164a926b-85e9-4914-ab0c-bb3309e3f34f_1920x1080.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!1n94!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, 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xmlns="http://www.w3.org/2000/svg"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" 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Veinte a&#241;os despu&#233;s de la primera (Par&#237;s 1998). Didier Deschamps, capit&#225;n entonces y entrenador ahora, se convirti&#243; en el <strong>tercer hombre en ganar un Mundial como jugador y como t&#233;cnico</strong>, despu&#233;s de M&#225;rio Zagallo (Brasil) y Franz Beckenbauer (Alemania). Una rareza hist&#243;rica.</p><h2>Los premios</h2><p>Hubo dos repartos individuales que merecen menci&#243;n.</p><p><strong>Bal&#243;n de Oro</strong> del Mundial: <strong>Luka Modri&#263;</strong>. Premio al mejor jugador del torneo. Modri&#263; gan&#243; pese a perder la final, reconocimiento merecido por su labor tit&#225;nica llevando a Croacia hasta donde lleg&#243;. Pocos meses despu&#233;s, ganar&#237;a tambi&#233;n el Bal&#243;n de Oro de Francia Football, el premio mundial. Fue el primer futbolista en doce a&#241;os que romp&#237;a el dominio Messi-Cristiano (que ten&#237;an los Balones de Oro entre 2007 y 2017). Modri&#263;, con 33 a&#241;os, en una temporada hist&#243;rica.</p><p><strong>Bota de Oro</strong>: <strong>Harry Kane</strong>, capit&#225;n de Inglaterra. Seis goles. La mayor&#237;a de penalti, lo que gener&#243; alguna pol&#233;mica sobre su m&#233;rito real. Pero era el m&#225;ximo goleador. Y Inglaterra, con &#233;l de capit&#225;n, hab&#237;a vuelto a creer en s&#237; misma futbol&#237;sticamente.</p><p><strong>Mejor Jugador Joven</strong>: <strong>Kylian Mbapp&#233;</strong>. Cuatro goles en el torneo. Velocidad, descaro, talento. Su consagraci&#243;n mundial.</p><h2>La lluvia y Putin</h2><p>Y volvemos al inicio. A la imagen de Putin protegido por el paraguas mientras todos se mojaban.</p><p>Era una met&#225;fora demasiado perfecta para ignorarla. El presidente ruso &#8212;que llevaba a&#241;os construyendo una imagen de l&#237;der fuerte, controlador, omnipotente&#8212; estaba all&#237; seco, en su propio teatro de poder, mientras los dem&#225;s se empapaban con la lluvia b&#237;blica. Macron, euf&#243;rico, presidente de la Francia campeona, saltando bajo el agua. La presidenta croata, Kolinda Grabar-Kitarovi&#263;, una de las im&#225;genes m&#225;s bellas del Mundial: abrazando a sus jugadores llorando, totalmente mojada, sin importarle el protocolo, sin paraguas, llorando con ellos. La diferencia entre los dos modelos de liderazgo &#8212;Putin protegido en su burbuja, Grabar-Kitarovi&#263; mezcl&#225;ndose con el pueblo bajo la lluvia&#8212; se materializ&#243; en aquella ceremonia.</p><p>Cuatro a&#241;os despu&#233;s, en febrero de 2022, Rusia invadir&#237;a Ucrania. Aquel Mundial ser&#237;a revisado retrospectivamente como una operaci&#243;n de imagen del Kremlin antes de su escalada militar. Los aficionados europeos que hab&#237;an viajado a Mosc&#250; aquel verano se preguntar&#237;an si hab&#237;an sido c&#243;mplices. La FIFA, criticada. La narrativa de <em>el deporte y la pol&#237;tica no se mezclan</em> qued&#243;, otra vez, expuesta como falsa.</p><p>Pero esa es historia posterior. En aquel verano de 2018, lo &#250;nico que ve&#237;amos era una final magn&#237;fica con el primer VAR de un Mundial, un chico de 19 a&#241;os marcando en la &#250;ltima final, y Croacia haciendo historia con una de las generaciones m&#225;s bonitas del f&#250;tbol moderno.</p><h2>Por qu&#233; importa Rusia 2018</h2><p>Por tres razones que conviven.</p><p>La primera: porque introdujo el VAR en el f&#250;tbol mundial. Despu&#233;s de d&#233;cadas de errores arbitrales decisivos &#8212;el gol fantasma de Wembley, Tassotti, Al-Ghandour, tantos otros&#8212;, la tecnolog&#237;a lleg&#243; por fin al deporte rey. Y, como cualquier herramienta nueva, gener&#243; tanto soluciones como problemas. El VAR no elimin&#243; el debate arbitral, lo traslad&#243;. Pero, en l&#237;neas generales, ha reducido los errores m&#225;s groseros. La final de Rusia 2018, con su penalti pitado tras revisi&#243;n, marc&#243; el cambio de era. A partir de aqu&#237;, cada Mundial vendr&#237;a con c&#225;maras revisando jugadas. El f&#250;tbol entr&#243; en su modernidad tecnol&#243;gica.</p><p>La segunda: porque marc&#243; el debut global de una nueva generaci&#243;n. Mbapp&#233;, con 19 a&#241;os, dijo <em>aqu&#237; estoy</em>. Modri&#263;, con 33, dijo <em>a&#250;n estoy</em>. Harry Kane se consagr&#243; como Bota de Oro. Croacia demostr&#243; que un pa&#237;s peque&#241;o con buena planificaci&#243;n puede llegar a una final del mundo. El f&#250;tbol, como cualquier deporte, se renueva por relevos. Y Rusia 2018 fue uno de esos relevos visibles: una generaci&#243;n tomando el testigo de otra. Cuatro a&#241;os despu&#233;s, en Qatar, esa misma generaci&#243;n &#8212;Mbapp&#233; especialmente&#8212; estar&#237;a en otra final, esta vez frente a Messi. El c&#237;rculo se completar&#237;a.</p><p>Y la tercera, m&#225;s inc&#243;moda: porque demostr&#243;, una vez m&#225;s, que el f&#250;tbol no puede separarse de la pol&#237;tica, por mucho que la FIFA lo intente. Rusia 2018 fue el ejemplo perfecto de c&#243;mo un r&#233;gimen autoritario puede usar el deporte como herramienta de poder blando. Putin organiz&#243; un Mundial impecable mientras anexaba Crimea, interven&#237;a en Siria, manipulaba elecciones occidentales. Y el mundo &#8212;incluidos los aficionados europeos, incluida la FIFA&#8212; mir&#243; hacia otro lado. Cuatro a&#241;os despu&#233;s, Rusia invadi&#243; Ucrania entera. Y muchos pensaron, en retrospectiva: <em>deber&#237;amos haber visto lo que se ven&#237;a</em>. Pero ya era tarde.</p><p>Hay una imagen final que cierra este Mundial. No es la de Mbapp&#233; marcando ni la de Pogba celebrando ni la de Modri&#263; con el Bal&#243;n de Oro. Es la de la presidenta croata, Kolinda Grabar-Kitarovi&#263;, abrazando llorando a sus jugadores derrotados bajo la lluvia, totalmente empapada, sin importarle nada. Cada vez que los pol&#237;ticos saben qu&#233; importa de verdad &#8212;no el protocolo, no la imagen, sino la humanidad&#8212; el f&#250;tbol les da una oportunidad de demostrarlo. Y aquella mujer la aprovech&#243;. Lo hizo bien. Peque&#241;o momento universal.</p><p>Cuando el 11 de junio empiece el Mundial 2026, otra vez en Am&#233;rica, el VAR seguir&#225; ah&#237;. Mbapp&#233;, con cuatro a&#241;os m&#225;s encima, seguir&#225; ah&#237; (juega ahora en el Real Madrid). Modri&#263;, casi al final de su carrera, tal vez tambi&#233;n. Y Croacia, con su generaci&#243;n que ya envejece, intentar&#225; repetir el milagro de Rusia. Probablemente no lo conseguir&#225;. Pero la imagen de aquella final, con la lluvia cayendo sobre el Luzhniki, con Putin seco bajo el paraguas y todos los dem&#225;s mojados, seguir&#225; siendo una de las m&#225;s fotog&#233;nicas del f&#250;tbol moderno.</p><p>Ma&#241;ana hablaremos de Qatar 2022. De Messi, finalmente. Del Mundial m&#225;s controvertido jam&#225;s organizado. De la final m&#225;s &#233;pica de toda la historia del f&#250;tbol. Y del cierre absoluto de esta serie: la pieza estrella que coincide con el inicio del Mundial 2026.</p><p>Pero hoy qued&#233;monos con esa imagen final.</p><p>Con la lluvia cayendo sobre Mosc&#250;.</p><p>Con Macron saltando bajo el agua.</p><p>Con Putin seco bajo el paraguas.</p><p>Y con Mbapp&#233;, 19 a&#241;os, sabiendo que un Mundial nunca es solo un Mundial.</p><p>Que es, tambi&#233;n, una entrada definitiva en la leyenda.</p><p>Para los que se atreven a marcar el gol que les corresponde.</p><p>En la final que les toca.</p><p>A la edad que llegan.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Brasil 2014]]></title><description><![CDATA[El vig&#233;simo Mundial. La humillaci&#243;n m&#225;s grande de la historia del f&#250;tbol: el 7-1 que dej&#243; a Brasil llorando en su propia casa. Y un Messi caminando junto a la copa que ya no podr&#237;a tocar.]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com/p/brasil-2014</link><guid isPermaLink="false">https://cortitayalpie.substack.com/p/brasil-2014</guid><dc:creator><![CDATA[cortitayalpie]]></dc:creator><pubDate>Tue, 09 Jun 2026 17:30:37 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!nuS-!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa6011843-b774-47e9-9661-62500f7c7918_1280x720.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay cifras que no se pueden mirar con calma. Que parecen errores tipogr&#225;ficos. Que cuando se ven escritas, generan ese momento microsc&#243;pico de pensar: <em>no, no puede ser eso, debe ser un cuatro mal puesto, o un dos</em>.</p><p>Siete a uno.</p><p>El 8 de julio de 2014, en el estadio Mineir&#227;o de Belo Horizonte, semifinal del Mundial, Alemania humill&#243; a Brasil 7-1.</p><p>Siete goles. En semifinales. Contra el anfitri&#243;n. Contra el pentacampe&#243;n. Contra el equipo que ten&#237;a que cerrar, en su propia casa, las heridas abiertas del <em>Maracanazo</em> de 1950 que abrimos en el segundo cap&#237;tulo de esta serie. Y en cambio recibi&#243; un golpe peor que aquel. Una humillaci&#243;n m&#225;s profunda. Un trauma colectivo que a&#250;n hoy, casi doce a&#241;os despu&#233;s, los brasile&#241;os no han podido digerir del todo.</p><p><strong>Cinco goles en veintinueve minutos</strong>. Cinco goles entre el minuto 11 y el 29. Cuatro de ellos en una sola racha de seis minutos. Una secuencia tan irreal que los espectadores brasile&#241;os del Mineir&#227;o dejaron de gritar, dejaron de protestar, dejaron de hacer cualquier cosa. Solo se sentaron en sus butacas con los ojos abiertos, llorando en silencio. Algunos abraz&#225;ndose entre desconocidos. Otros cubri&#233;ndose la cara con las manos. Otros aplaudiendo a los alemanes, en un gesto entre la rendici&#243;n y el reconocimiento de algo que estaba pasando ante sus ojos y que ning&#250;n manual del f&#250;tbol pod&#237;a explicar.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!DKSF!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff69a3752-2827-4ef2-9a6f-36869c32e3cc_1199x781.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!DKSF!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, 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La del Mundial que se prometi&#243; como la coronaci&#243;n definitiva del f&#250;tbol brasile&#241;o y que termin&#243; siendo su mayor humillaci&#243;n. La del 7-1 que reescribi&#243; el imaginario colectivo del pa&#237;s. La del Mundial en el que Alemania &#8212;la Alemania renovada por Klinsmann y L&#246;w desde el Sommerm&#228;rchen de 2006&#8212; alcanz&#243; la cima del f&#250;tbol mundial. La de un Messi llegando a su primera final y perdi&#233;ndola en el minuto 113. La del <em>Mineirazo</em> cerrando un c&#237;rculo tr&#225;gico que se abri&#243; en el Maracanazo del 50.</p><p>Y es, tambi&#233;n, la historia de la primera vez en mi vida adulta que Espa&#241;a &#8212;reci&#233;n coronada en Sud&#225;frica&#8212; se fue de un Mundial sin pena ni gloria, eliminada en la fase de grupos, demostrando que la era dorada del <em>tiki-taka</em> ten&#237;a fecha de caducidad.</p><p>Vamos por partes.</p><h2>El Mundial que ten&#237;a que cerrar el c&#237;rculo</h2><p>Para entender Brasil 2014 hay que entender lo que significaba. Brasil hab&#237;a organizado un Mundial en 1950 &#8212;el del Maracanazo, el del trauma original&#8212;. Sesenta y cuatro a&#241;os despu&#233;s, le volv&#237;a a tocar. Y la simetr&#237;a no era casual: la FIFA hab&#237;a pensado deliberadamente en que el Mundial del 2014 fuera la oportunidad hist&#243;rica para que Brasil cerrara aquella herida abierta. Las heridas, en el f&#250;tbol como en la vida, se cierran con tiempo y con reparaci&#243;n. Y Brasil 2014 era la reparaci&#243;n.</p><p>El simbolismo se cargaba a&#250;n m&#225;s por el detalle del estadio. El <strong>Maracan&#225;</strong>, donde 60 a&#241;os antes Obdulio Varela hab&#237;a levantado la copa Jules Rimet bajo un silencio sepulcral de 200.000 brasile&#241;os, hab&#237;a sido elegido sede de la final del nuevo Mundial. La misma cancha. El mismo estadio. La misma simbolog&#237;a. Brasil tendr&#237;a la oportunidad, en el mismo lugar exacto del trauma, de ganar la copa que casi tuvo en 1950. Era el guion perfecto. El guion que el pa&#237;s entero so&#241;aba en voz alta. El guion del <em>hexa</em>: el sexto Mundial brasile&#241;o.</p><p>Por eso Brasil 2014 estaba cargado de presi&#243;n desde su anuncio. Y por eso la organizaci&#243;n del torneo se hizo en medio de protestas sociales enormes. En 2013, el a&#241;o antes del Mundial, Brasil hab&#237;a vivido una serie de manifestaciones masivas conocidas como las <em>Jornadas de Junho</em>: millones de personas en las calles de todo el pa&#237;s protestando contra la corrupci&#243;n, el deterioro de los servicios p&#250;blicos (educaci&#243;n, sanidad, transporte), y, muy especialmente, contra el enorme gasto p&#250;blico en estadios para un Mundial cuyos beneficios no llegar&#237;an al pueblo. <em>N&#227;o vai ter Copa</em>, gritaban los manifestantes: <em>No habr&#225; Mundial</em>. La frase se convirti&#243; en el lema de un movimiento social que lleg&#243; a poner en peligro la organizaci&#243;n del torneo.</p><p>Brasil 2014 naci&#243;, pues, atravesado por contradicciones: el f&#250;tbol como religi&#243;n nacional, pero tambi&#233;n el f&#250;tbol como elemento de injusticia social. La fiesta deportiva, pero tambi&#233;n el dinero p&#250;blico mal gastado. La ilusi&#243;n del hexa, pero tambi&#233;n la rabia colectiva contra una &#233;lite pol&#237;tica que llevaba a&#241;os usando el f&#250;tbol como bandera mientras el pa&#237;s real se deterioraba.</p><p>Doce estadios, en doce ciudades. Una inversi&#243;n que super&#243; los 11.000 millones de d&#243;lares &#8212;el Mundial m&#225;s caro hasta entonces&#8212;. Algunos estadios construidos en regiones con poco arraigo futbol&#237;stico (Manaus, Cuiab&#225;) que despu&#233;s del Mundial quedaron pr&#225;cticamente inutilizados, como elefantes blancos comiendo polvo en lugares improbables. La FIFA cobr&#243; su cuota. Los pol&#237;ticos cobraron sus comisiones. Y los brasile&#241;os pagaron la factura.</p><h2>La selecci&#243;n brasile&#241;a: Neymar y el peso de un pa&#237;s</h2><p>El equipo brasile&#241;o llegaba al Mundial con esperanzas razonables pero no euforia. La Brasil de Felip&#227;o (Luiz Felipe Scolari) &#8212;el mismo t&#233;cnico que hab&#237;a ganado el Mundial del 2002 con Ronaldo&#8212; no ten&#237;a la generaci&#243;n gigante de aquellos a&#241;os. Ten&#237;a a un &#250;nico jugador de clase mundial: <strong>Neymar Jr.</strong>, 22 a&#241;os, reci&#233;n fichado por el Barcelona, due&#241;o de una t&#233;cnica brillante, capaz de momentos geniales pero todav&#237;a joven, todav&#237;a irregular.</p><p>Junto a Neymar, jugadores correctos sin m&#225;s: David Luiz como central (reci&#233;n fichado por el Paris Saint-Germain por una cifra r&#233;cord), Thiago Silva como capit&#225;n y otro central de &#233;lite, J&#250;lio C&#233;sar en porter&#237;a, Marcelo y Dani Alves en los laterales, Oscar y Hulk en el ataque junto a Neymar. Era un buen equipo. Pero no era el Brasil de 1970 ni el de 1982. Y, sin embargo, el pa&#237;s le pidi&#243; a aquella selecci&#243;n que ganara en casa, que cerrara el c&#237;rculo, que cumpliera con la m&#237;stica. Una presi&#243;n enorme para un equipo simplemente bueno.</p><p>Brasil arranc&#243; el Mundial sufriendo. 3-1 a Croacia con pol&#233;mica arbitral (un penalti dudoso pitado por el &#225;rbitro japon&#233;s Yuichi Nishimura a favor de Brasil). Empate 0-0 con M&#233;xico (con Guillermo Ochoa, el portero mexicano, gigantesco). 4-1 a Camer&#250;n (alivio).</p><p>En octavos, contra Chile, sufrieron lo indecible: 1-1 en 120 minutos, victoria en penaltis con un J&#250;lio C&#233;sar parando dos. Una victoria de las que dejan al equipo emocionalmente vac&#237;o, sin gasolina para los siguientes pasos.</p><p>Y en cuartos, contra Colombia, ocurri&#243; la primera gran tragedia del Mundial brasile&#241;o: <strong>Neymar se lesion&#243; gravemente</strong>. En el minuto 86, ya con Brasil ganando 2-1, el colombiano Juan Camilo Z&#250;&#241;iga le golpe&#243; la espalda con la rodilla en una entrada brutal. Neymar cay&#243; al c&#233;sped gritando de dolor. Fractura de la tercera v&#233;rtebra lumbar. Adi&#243;s al Mundial.</p><p>Brasil se qued&#243; sin su &#250;nica gran estrella para las semifinales contra Alemania. Y, adem&#225;s, tambi&#233;n sin <strong>Thiago Silva</strong>, el capit&#225;n y mejor central del equipo, que vio una amarilla en aquel partido contra Colombia que le hizo ver la suspensi&#243;n por acumulaci&#243;n. Doble baja capital. Una de las peores combinaciones posibles antes del partido m&#225;s importante.</p><p>Y aun as&#237;, los brasile&#241;os llegaron al Mineir&#227;o de Belo Horizonte el 8 de julio con la esperanza intacta. <em>Vamos a ganar por Neymar</em>, gritaban. <em>Por la camiseta</em>, <em>por la copa</em>, <em>por el hexa</em>. La afici&#243;n incluso llev&#243; al estadio una <strong>gorra y una camiseta de Neymar</strong> que pasearon por el campo durante el calentamiento, como gesto sentimental. El homenaje al &#237;dolo ca&#237;do. Toda la pasi&#243;n brasile&#241;a concentrada en una sola noche.</p><p>Iban a aprender, en pocos minutos, que la pasi&#243;n no garantiza nada.</p><h2>El Mineirazo</h2><p>8 de julio de 2014. Estadio Mineir&#227;o, Belo Horizonte. Brasil contra Alemania. 58.141 espectadores. El &#225;rbitro mexicano Marco Antonio Rodr&#237;guez. Y un partido que iba a entrar en los libros de historia no por su victoria, sino por su masacre.</p><p>Alemania hab&#237;a llegado al Mundial mejor que nadie. Joachim L&#246;w, el t&#233;cnico que hab&#237;a recogido el legado de Klinsmann despu&#233;s de 2006, hab&#237;a construido durante ocho a&#241;os una m&#225;quina perfecta. Manuel Neuer en porter&#237;a &#8212;el portero m&#225;s completo del mundo, <em>sweeper-keeper</em> que jugaba con los pies como un central&#8212;; Lahm, Boateng, Hummels en defensa; Schweinsteiger, Khedira, Kroos en el medio; Mesut &#214;zil, Thomas M&#252;ller, Miroslav Klose arriba. Era el resultado de aquella reconstrucci&#243;n que hab&#237;a empezado en el <em>Sommerm&#228;rchen</em> del 2006. Era una de las mejores Alemanias jam&#225;s vistas.</p><p>Pero nadie esperaba lo que ocurri&#243;.</p><p><strong>Minuto 11</strong>. C&#243;rner alem&#225;n. Thomas M&#252;ller queda libre en el &#225;rea brasile&#241;a, sin marca. Cabezazo c&#243;modo. <strong>1-0</strong>.</p><p>Hasta aqu&#237;, normal. Un c&#243;rner mal defendido. Lo que pasa en cualquier partido.</p><p><strong>Minuto 23</strong>. Centro de M&#252;ller. Miroslav Klose la pica suave, sin &#225;ngulo, con la calma de quien ha marcado 15 goles en Mundiales y sabe lo que hace. J&#250;lio C&#233;sar la para con dificultad. La pelota le rebota, vuelve a Klose. Y Klose, sin pensar, la mete a la red. <strong>2-0</strong>.</p><p>Aquel gol ten&#237;a un significado especial: Klose, con esa anotaci&#243;n, <strong>superaba a Ronaldo Naz&#225;rio como m&#225;ximo goleador hist&#243;rico de los Mundiales</strong>, con 16 goles. Lo hac&#237;a precisamente contra Brasil, en suelo brasile&#241;o, en una semifinal. La iron&#237;a no pod&#237;a ser m&#225;s cruel.</p><p><strong>Minuto 24</strong>. Un minuto despu&#233;s. Toni Kroos, reci&#233;n entrado en jugada, prepara un disparo desde el borde del &#225;rea. La defensa brasile&#241;a, como si no estuviera, no le presiona. Kroos chuta. La pelota entra. <strong>3-0</strong>.</p><p><strong>Minuto 26</strong>. Dos minutos despu&#233;s. Kroos otra vez. Recibe en la frontal tras una p&#233;rdida brasile&#241;a en el centro del campo. Engancha con la derecha. Gol. <strong>4-0</strong>.</p><p><strong>Minuto 29</strong>. Tres minutos despu&#233;s. Khedira y &#214;zil bordan una jugada por la izquierda. Khedira recibe al borde del &#225;rea. Tira raso. Gol. <strong>5-0</strong>.</p><p>Cinco goles en dieciocho minutos. Cuatro en cinco minutos. Brasil no hab&#237;a encajado cinco goles en un partido oficial desde 1939. No hab&#237;a recibido tantos en una sola fase del juego JAM&#193;S. Era la peor humillaci&#243;n deportiva del pa&#237;s en 75 a&#241;os de historia futbol&#237;stica profesional.</p><p>Y los espectadores brasile&#241;os del Mineir&#227;o hab&#237;an dejado de saber qu&#233; hacer. Las c&#225;maras enfocaban a ni&#241;os llorando. A adultos llorando. A abuelos llorando. A familias enteras llorando en sus butacas, sin levantar la voz, sin protestar, simplemente derramando l&#225;grimas mientras la pesadilla segu&#237;a. <em>N&#227;o acredito</em>, se les le&#237;a en los labios. <em>No me lo creo</em>. Y entre las im&#225;genes m&#225;s reproducidas: un hombre solo, calvo, llorando con la cara en las manos, una imagen que se hizo viral en cuesti&#243;n de minutos y se convirti&#243; en el s&#237;mbolo visual del Mineirazo.</p><p>El segundo tiempo fue m&#225;s misericordioso. Pero solo un poco. Sch&#252;rrle marc&#243; dos m&#225;s en el 69 y en el 79. <strong>7-0 Alemania</strong>. Y a falta de un minuto, Oscar marc&#243; el gol del honor brasile&#241;o. <strong>7-1</strong>. El marcador final. La cifra que ya no se borrar&#237;a jam&#225;s.</p><p>Al pitido final, los brasile&#241;os no protestaron. No se enfadaron. No silbaron. Aplaudieron a los alemanes. Aplaudieron con esa tristeza educada del que reconoce que ha presenciado algo hist&#243;rico, aunque ese algo fuera la humillaci&#243;n de su propia selecci&#243;n. Los alemanes, conscientes del momento, celebraron con contenci&#243;n &#8212;Joachim L&#246;w les pidi&#243; que no exagerasen la celebraci&#243;n&#8212;. Sami Khedira, en plena emoci&#243;n, dijo: <em>No es para celebrar, es algo que nunca olvidaremos</em>. Hubo respeto. Hubo elegancia. Hubo conciencia de que aquello hab&#237;a sido demasiado.</p><p>David Luiz, el capit&#225;n accidental por la ausencia de Thiago Silva, dio una rueda de prensa entre l&#225;grimas: <em>Quer&#237;amos darle una alegr&#237;a al pueblo y tristemente no lo logramos. Por eso quiero pedirle disculpas a todo el mundo, a todos los hinchas brasile&#241;os, a quienes so&#241;&#225;bamos con hacer sonre&#237;r de alegr&#237;a</em>. Su frase, suya, dolorosa, marc&#243; el cierre simb&#243;lico del trauma colectivo.</p><p>En las calles de Brasil, esa noche, hubo desmanes. Banderas quemadas. Disturbios en varias ciudades. La rabia popular contra Felip&#227;o, contra David Luiz, contra la organizaci&#243;n del Mundial. Las protestas sociales del 2013 (<em>N&#227;o vai ter Copa</em>) hab&#237;an terminado siendo prof&#233;ticas en otro sentido: hab&#237;a habido Copa, s&#237;, pero a costa de la dignidad nacional.</p><p>El t&#233;rmino <em>Mineirazo</em> naci&#243; esa misma noche y se qued&#243; para siempre. Es el sucesor moderno del Maracanazo de 1950. Es la nueva referencia tr&#225;gica del f&#250;tbol brasile&#241;o. Es la herida que sustituye a la herida anterior. Y, parad&#243;jicamente, la cumple: si el Maracanazo hab&#237;a sido un trauma colectivo por una derrota inesperada en una final, el Mineirazo lo fue por una derrota inesperada en una semifinal pero con una intensidad de humillaci&#243;n nunca vista. El c&#237;rculo del trauma brasile&#241;o se cerraba con un nuevo trauma, peor que el original, en un pa&#237;s que llevaba 60 a&#241;os intentando librarse del primer fantasma.</p><h2>La final: Messi y G&#246;tze</h2><p>13 de julio de 2014. Estadio do Maracan&#225;, R&#237;o de Janeiro. 74.738 espectadores. Alemania contra Argentina. Y, por fin, <strong>Lionel Messi</strong> llegaba a una final de Mundial.</p><p>Messi ten&#237;a 27 a&#241;os. Era considerado, desde hac&#237;a media d&#233;cada, el mejor jugador del planeta &#8212;cuatro Balones de Oro consecutivos (2009, 2010, 2011, 2012)&#8212;. Pero su trayectoria con Argentina hasta entonces hab&#237;a sido frustrante: una final perdida de la Copa Am&#233;rica en 2007, una eliminaci&#243;n en cuartos en el Mundial de Sud&#225;frica 2010, otra eliminaci&#243;n en cuartos en la Copa Am&#233;rica de 2011. Argentina, con Messi de protagonista, no hab&#237;a ganado nada importante. Las cr&#237;ticas argentinas hacia &#233;l eran feroces: <em>no rinde con la albiceleste como con el Bar&#231;a</em>, <em>no le siente la camiseta</em>, <em>no es Maradona</em>. Como si Maradona fuera el patr&#243;n medible y todo el resto, una decepci&#243;n.</p><p>Brasil 2014 era la oportunidad. Messi llevar&#237;a a Argentina al t&#237;tulo o ser&#237;a recordado para siempre como el genio que se qued&#243; a las puertas. Y el camino hab&#237;a sido prometedor. Argentina, dirigida por Alejandro Sabella, hab&#237;a superado la fase de grupos con cierta autoridad. Hab&#237;a batido a Suiza en octavos (con un gol ag&#243;nico de Di Mar&#237;a en el minuto 118). Hab&#237;a superado a B&#233;lgica en cuartos (gol de Higua&#237;n). Y hab&#237;a eliminado a Holanda en semifinales por penaltis tras un 0-0 sin emociones. Messi llegaba a la final sin haber estado deslumbrante, pero presente.</p><p>Enfrente, Alemania. La que ven&#237;a de hacer 7 a Brasil. La que jugaba el f&#250;tbol m&#225;s completo del mundo en aquel momento.</p><p>El partido fue tenso, sin grandes ocasiones en el primer tiempo. Higua&#237;n tuvo una jugada clar&#237;sima en el minuto 21: recibi&#243; un bal&#243;n filtrado tras error de Kroos, se qued&#243; solo frente a Neuer, y dispar&#243; fuera. La gran ocasi&#243;n argentina. La que pudo cambiar el partido. Pero fall&#243;.</p><p>En la segunda parte, Messi tuvo la suya: recibi&#243; en el medio, encar&#243; a la defensa alemana, se meti&#243; en el &#225;rea y dispar&#243;. La pelota se fue rozando el palo. <em>Otra que no entra</em>. La leyenda Messi, postergada otra vez.</p><p>Cero a cero al final de los 90 minutos. Pr&#243;rroga.</p><p>Y entonces, minuto 113. El partido se acercaba al destino que muchos tem&#237;an: penaltis. Y los argentinos sab&#237;an que en los penaltis, jugando contra alemanes, no hab&#237;a historia muy alentadora.</p><p>Pero Alemania no dej&#243; que llegaran all&#237;. En el 113, <strong>Mario G&#246;tze</strong> &#8212;el suplente de Klose, reci&#233;n entrado al campo, 22 a&#241;os, baby face&#8212; recibi&#243; un centro alto de Andr&#233; Sch&#252;rrle por la izquierda. Se ajust&#243; el pecho con elegancia para bajar la pelota, dej&#243; botar un segundo, y con la pierna izquierda chut&#243; cruzado, raso, perfecto. Manuel Romero (el portero argentino) lleg&#243; tarde. <strong>1-0 Alemania</strong>.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!I97M!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe06da4e8-5ee5-4701-99f6-377cff652d37_460x345.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!I97M!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe06da4e8-5ee5-4701-99f6-377cff652d37_460x345.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!I97M!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, 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El chico de 22 a&#241;os. El suplente. El que hab&#237;a entrado fresco. Marcaba el gol m&#225;s importante de su carrera. Y de toda una d&#233;cada del f&#250;tbol alem&#225;n.</p><p>Alemania, campeona del mundo por cuarta vez. Su primer t&#237;tulo desde 1990 (Italia). Y, simb&#243;licamente, su primer Mundial despu&#233;s de la reunificaci&#243;n de los dos pa&#237;ses. <em>Die Mannschaft</em>, completada, cerraba el ciclo que hab&#237;a arrancado en el Sommerm&#228;rchen del 2006. Un viaje largo de ocho a&#241;os hasta la cima. Joachim L&#246;w, el t&#233;cnico introvertido, levant&#243; la copa Gazzaniga en el Maracan&#225;. Manuel Neuer, considerado el mejor portero del Mundial. Thomas M&#252;ller, m&#225;ximo goleador alem&#225;n del torneo con cinco goles. Era el triunfo de una construcci&#243;n paciente.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!nuS-!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa6011843-b774-47e9-9661-62500f7c7918_1280x720.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!nuS-!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa6011843-b774-47e9-9661-62500f7c7918_1280x720.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!nuS-!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, 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Messi caminando hacia el podio, tras el partido, con la cabeza baja. En la ceremonia de premios, le entregaron el Bal&#243;n de Oro como mejor jugador del torneo. Una decisi&#243;n pol&#233;mica &#8212;muchos cre&#237;an que el verdadero mejor hab&#237;a sido James Rodr&#237;guez&#8212;. Pero el reconocimiento individual no le compensaba nada. La copa Gazzaniga, dorada, brillante, estaba a unos pocos pasos. Pero pertenec&#237;a a otros. Y la fotograf&#237;a m&#225;s famosa del Mundial es esa: Messi caminando junto a la copa con la mirada perdida, sin tocarla, casi sin atreverse a mirarla. Su mejor amigo en el dolor.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!fu0m!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F684514b7-b6e5-4efa-bc71-0b2f136a0950_651x300.webp" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!fu0m!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F684514b7-b6e5-4efa-bc71-0b2f136a0950_651x300.webp 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!fu0m!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, 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colombiano, descubierto por el mundo entero en este Mundial. Marc&#243; 6 goles &#8212;incluido uno espectacular contra Uruguay, una volea con el cuerpo orientado que se considera uno de los mejores goles de Mundial del siglo XXI&#8212;. Bota de Oro del torneo. Colombia, eliminada en cuartos por Brasil, se fue del Mundial con la frente alta y con su nuevo h&#233;roe nacional.</p><p><strong>Costa Rica</strong>, dirigida por Jorge Luis Pinto, lleg&#243; a cuartos eliminando a Italia, Inglaterra y Grecia. Otra sorpresa centroamericana, despu&#233;s de la de USA 94. Demostr&#243; que el f&#250;tbol global segu&#237;a abriendo espacios.</p><p><strong>Estados Unidos</strong>, dirigido por J&#252;rgen Klinsmann (s&#237;, el mismo del Sommerm&#228;rchen alem&#225;n, ahora seleccionador estadounidense), pas&#243; la fase de grupos en el dur&#237;simo <em>Grupo de la Muerte</em> (Alemania, Portugal, Ghana, EE.UU.). Lleg&#243; a octavos. Otra se&#241;al del avance silencioso del f&#250;tbol americano.</p><p><strong>Holanda</strong>, dirigida por Louis van Gaal, hizo un Mundial enorme. 5-1 a Espa&#241;a (eliminando a la campeona vigente en el debut), victoria sobre Chile, sobre M&#233;xico, sobre Costa Rica en cuartos. Cay&#243; en semifinales contra Argentina en penaltis. Acab&#243; tercera. Y Robin van Persie marc&#243; uno de los goles del Mundial: una volea de cabeza al estilo <em>salm&#243;n</em> contra Espa&#241;a, una imagen para siempre.</p><p><strong>Espa&#241;a</strong>, defendiendo t&#237;tulo de Sud&#225;frica 2010, fue eliminada en fase de grupos. <strong>5-1 contra Holanda</strong> en el debut (con aquel gol salm&#243;n de Van Persie), <strong>2-0 contra Chile</strong>, victoria est&#233;ril 3-0 contra Australia cuando ya est&#225;bamos fuera. La era del tiki-taka hab&#237;a terminado. Casillas, Xavi, Iniesta, Xabi Alonso, Villa, Puyol (ya retirado) eran demasiado mayores. El sistema no se renovaba. Vicente del Bosque, criticad&#237;simo, sali&#243; de aquel Mundial con la sensaci&#243;n de cierre de ciclo. Era el fin de aquella generaci&#243;n dorada. La copa de Johannesburgo hab&#237;a sido el momento &#225;lgido. Brasil 2014, el principio del declive. Para los aficionados espa&#241;oles, una ca&#237;da dura. Pero, despu&#233;s de 2010, las decepciones nos pesaban menos.</p><h2>Por qu&#233; importa Brasil 2014</h2><p>Por al menos tres razones que se entrelazan.</p><p>La primera: porque demostr&#243; que el f&#250;tbol puede ser, tambi&#233;n, crueldad colectiva. El Mineirazo no fue solo una derrota deportiva: fue una humillaci&#243;n nacional. Brasil aprendi&#243;, esa tarde de Belo Horizonte, lo que era ver a su propia selecci&#243;n destruida con seis goles antes del descanso, en su propio pa&#237;s, durante un Mundial que hab&#237;a sido organizado para coronarlos. Es una experiencia colectiva dif&#237;cil de imaginar para quien no la vivi&#243;. Y el f&#250;tbol, capaz como pocas otras cosas de generar tanto consuelo, tambi&#233;n es capaz de generar dolores comparables. El Mineirazo es el ejemplo extremo. La prueba viva de que el f&#250;tbol puede romperte un pa&#237;s en una sola tarde.</p><p>La segunda: porque consagr&#243; el dominio alem&#225;n de la era moderna. Aquella Alemania de L&#246;w hab&#237;a sido construida paciente, sistem&#225;ticamente, durante ocho a&#241;os. Desde la apuesta valiente de Klinsmann en 2006 hasta la coronaci&#243;n de 2014. Una d&#233;cada entera. Y lo que gan&#243; no fue solo la copa: fue la confirmaci&#243;n de que se puede construir un equipo nacional con paciencia, con un proyecto a largo plazo, con visi&#243;n estructural. Es una lecci&#243;n que el f&#250;tbol moderno todav&#237;a discute: &#191;se gana con genios individuales (Maradona 86, Iniesta 2010) o con sistemas pacientes? Brasil 2014 dio una respuesta clara: ambas cosas. Pero la segunda es m&#225;s reproducible. M&#225;s ense&#241;able. M&#225;s exportable. Y Alemania 2014 es la encarnaci&#243;n perfecta de esa filosof&#237;a constructiva.</p><p>Y la tercera: porque sentenci&#243; a una generaci&#243;n argentina. Messi lleg&#243; a su primera final, perdi&#243;, y no volver&#237;a a una hasta ocho a&#241;os despu&#233;s. Esa imagen suya caminando junto a la copa sin tocarla se convirti&#243; en el s&#237;mbolo de su carrera con Argentina: el genio que nunca pudo coronarse con su selecci&#243;n. Una herida que el Messi del 2014 no pod&#237;a a&#250;n saber que ser&#237;a curada en Qatar 2022. Pero esa es la historia de pasado ma&#241;ana. En Brasil 2014, la imagen es la otra: la del derrotado. Del que llega tan lejos y se queda a un paso. Esa fotograf&#237;a sintetiza no solo la tragedia personal de Messi en aquel momento, sino la dificultad hist&#243;rica de Argentina para coronarse en la era post-Maradona. Diez Mundiales sin levantar copa entre 1986 y 2022. Tres finales perdidas (1990, 2014, y entre medias varias eliminaciones cercanas). Aquel verano brasile&#241;o, Messi prob&#243; la copa con los ojos. Y la copa se le escap&#243;.</p><p>Hay una imagen final que cierra este Mundial. Es la del hombre brasile&#241;o llorando en la grada del Mineir&#227;o, con la cara entre las manos. Calvo, mediana edad, camiseta de la <em>Sele&#231;&#227;o</em>. Un hincha cualquiera. Pero su imagen recorri&#243; el mundo entero despu&#233;s del 7-1, convertida en meme, en GIF, en s&#237;mbolo. Y todav&#237;a hoy, cuando alguien menciona el Mineirazo, esa cara aparece en alg&#250;n rinc&#243;n de internet.</p><p>Cuando el 11 de junio empiece el Mundial 2026, otra vez en Am&#233;rica (Estados Unidos, Canad&#225;, M&#233;xico), Brasil volver&#225; a jugar. Otra generaci&#243;n &#8212;Vin&#237;cius, Rodrygo, Endrick&#8212; intentar&#225; escribir la historia que aquella de Neymar no pudo. Pero el Mineirazo seguir&#225; all&#237;, como referencia, como advertencia, como herida abierta. Cada vez que Brasil pierda un partido importante, alguien recordar&#225; el 8 de julio de 2014. Cada vez que un equipo encaje cinco goles en treinta minutos, los comentaristas dir&#225;n: <em>como en el Mineir&#227;o</em>. La cifra 7-1 ha entrado en el lenguaje futbol&#237;stico universal. Es ahora una unidad de medida del dolor.</p><p>Ma&#241;ana hablaremos de Rusia 2018. Del primer Mundial de Mbapp&#233;. De Francia campeona por segunda vez. Del VAR estren&#225;ndose. Y de un anfitri&#243;n pol&#233;mico que organiz&#243; el Mundial mientras anexaba Crimea.</p><p>Pero hoy qued&#233;monos con esa tarde de Belo Horizonte.</p><p>Con los siete goles alemanes.</p><p>Con los brasile&#241;os llorando en silencio en sus butacas.</p><p>Con el c&#237;rculo del Maracanazo cerr&#225;ndose, sesenta y cuatro a&#241;os despu&#233;s, no con la copa esperada, sino con una humillaci&#243;n todav&#237;a peor.</p><p>Y con la lecci&#243;n eterna del f&#250;tbol: que las heridas, a veces, no se cierran. A veces solo se sustituyen por otras heridas. A veces el destino, en lugar de redimir, dobla la apuesta.</p><p>Y aquella tarde, en el Mineir&#227;o, Brasil aprendi&#243; eso.</p><p>A su pesar.</p><p>Para siempre.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Sudáfrica 2010]]></title><description><![CDATA[La primera vez que &#193;frica organiza la fiesta. Las vuvuzelas que se metieron en cada sal&#243;n del mundo. Y la noche eterna en que, despu&#233;s de ochenta a&#241;os de espera, Espa&#241;a grit&#243; campeona por primera vez.]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com/p/sudafrica-2010</link><guid isPermaLink="false">https://cortitayalpie.substack.com/p/sudafrica-2010</guid><dc:creator><![CDATA[cortitayalpie]]></dc:creator><pubDate>Mon, 08 Jun 2026 17:30:43 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!636W!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F209d9699-c9a5-4b03-8b28-e4ae53a6cfad_913x497.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay piezas, en toda esta serie, que se merecen un comienzo distinto.</p><p>Esta es la m&#237;a.</p><p>Porque Sud&#225;frica 2010 no es un Mundial cualquiera. Es el Mundial de mi generaci&#243;n, la que viene del trauma de USA 94 con once a&#241;os, la que ya hab&#237;a acumulado tres derrotas en cuartos (Tassotti, Al-Ghandour, Zidane en octavos), la que hab&#237;a aprendido a querer a la selecci&#243;n desde el dolor, desde la sospecha permanente de que esto del f&#250;tbol nunca iba a darnos la copa. La que llevaba toda la vida diciendo <em>quiz&#225;s este a&#241;o</em>, <em>quiz&#225;s esta generaci&#243;n</em>, <em>quiz&#225;s esta vez s&#237;</em>, y la que llevaba toda la vida volviendo a casa con la cabeza baja. La copa la hab&#237;an levantado Brasil cinco veces. Italia y Alemania, cuatro. Argentina, Francia, Uruguay, Inglaterra. Todos menos nosotros. Ochenta a&#241;os de f&#250;tbol mundial sin que Espa&#241;a, la cuna del Real Madrid y del Barcelona, la liga que daba jugadores al mundo entero, hubiera tocado el cielo ni una sola vez.</p><p>Yo ten&#237;a 27 a&#241;os aquel verano. Veintisiete. Toda una vida acumulada de Mundiales perdidos. Y la noche del 11 de julio de 2010, sentado en alg&#250;n lugar de Espa&#241;a viendo el Soccer City Stadium de Johannesburgo, ocurri&#243; por fin lo que llev&#225;bamos d&#233;cadas esperando. En el minuto 116 de una final tensa, fea, dur&#237;sima, contra una Holanda que parec&#237;a dispuesta a romperle las piernas a Xavi y a Iniesta, lleg&#243; el pase de Cesc, el control de Iniesta, el disparo seco al fondo de la porter&#237;a de Stekelenburg. Gol.</p><p>Espa&#241;a. Campeona del mundo.</p><p>A&#250;n hoy, casi diecis&#233;is a&#241;os despu&#233;s, escribir esa frase me eriza la piel. Es de las pocas veces que el f&#250;tbol ha cumplido exactamente la promesa que llevaba a&#241;os haci&#233;ndonos. Aquella generaci&#243;n &#8212;la de Casillas, Puyol, Xavi, Iniesta, Villa, Torres, Ramos, Piqu&#233;, Busquets, Xabi Alonso&#8212; consigui&#243; lo que ninguna otra hab&#237;a conseguido. Y lo hizo con un estilo de juego que iba a marcar el f&#250;tbol mundial durante a&#241;os: el <em>tiki-taka</em>. La posesi&#243;n absoluta. El pase corto, infinito, paciente. La idea de que el bal&#243;n tambi&#233;n es defensa, que mientras t&#250; lo tienes, el rival no.</p><p>Esta es la historia de Sud&#225;frica 2010. La del primer Mundial en &#193;frica. La de las vuvuzelas que se metieron en el imaginario sonoro mundial. La del paso del f&#250;tbol por un continente que ya no pod&#237;a ser ignorado. La de Diego Forl&#225;n, mejor jugador del torneo. La del <em>Pulpo Paul</em> prediciendo resultados desde Alemania. La de Asamoah Gyan fallando el penalti que hubiera dado a &#193;frica su primera semifinal. La de Holanda volviendo a perder una final, su tercera. Y, sobre todo, la noche que el f&#250;tbol espa&#241;ol llevaba ochenta a&#241;os esperando.</p><h2>El Mundial llega a &#193;frica</h2><p>Para entender 2010 hay que entender lo que significaba que el Mundial se jugara en Sud&#225;frica.</p><p>&#193;frica llevaba d&#233;cadas pidiendo un Mundial. Continente entero, 54 pa&#237;ses, hambre futbol&#237;stica enorme, jugadores brillantes exportados a Europa, pero ninguna oportunidad de albergar el torneo. La FIFA, finalmente, decidi&#243; ceder. En 2004 adjudic&#243; el Mundial 2010 a Sud&#225;frica. Y lo hizo en un contexto cargado de simbolismo: Sud&#225;frica sal&#237;a hac&#237;a apenas diecis&#233;is a&#241;os del apartheid, el sistema de segregaci&#243;n racial que hab&#237;a dividido al pa&#237;s durante medio siglo. Nelson Mandela, el hombre que hab&#237;a encarnado la reconciliaci&#243;n entre blancos y negros tras su liberaci&#243;n en 1990, era todav&#237;a un referente vivo aunque ya fr&#225;gil.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RcU2!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F4a05134d-29fc-4dc2-8ed1-ede892f265ad_862x485.webp" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RcU2!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F4a05134d-29fc-4dc2-8ed1-ede892f265ad_862x485.webp 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RcU2!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F4a05134d-29fc-4dc2-8ed1-ede892f265ad_862x485.webp 848w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RcU2!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1272, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F4a05134d-29fc-4dc2-8ed1-ede892f265ad_862x485.webp 1272w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RcU2!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1456, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F4a05134d-29fc-4dc2-8ed1-ede892f265ad_862x485.webp 1456w" sizes="100vw"><img src="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RcU2!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F4a05134d-29fc-4dc2-8ed1-ede892f265ad_862x485.webp" width="862" height="485" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/4a05134d-29fc-4dc2-8ed1-ede892f265ad_862x485.webp&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:null,&quot;height&quot;:485,&quot;width&quot;:862,&quot;resizeWidth&quot;:null,&quot;bytes&quot;:null,&quot;alt&quot;:&quot;Qui&#233;n gan&#243; el Mundial 2010: goleador, figura y m&#225;s datos - TyC Sports&quot;,&quot;title&quot;:null,&quot;type&quot;:null,&quot;href&quot;:null,&quot;belowTheFold&quot;:true,&quot;topImage&quot;:false,&quot;internalRedirect&quot;:null,&quot;isProcessing&quot;:false,&quot;align&quot;:null,&quot;offset&quot;:false}" class="sizing-normal" alt="Qui&#233;n gan&#243; el Mundial 2010: goleador, figura y m&#225;s datos - TyC Sports" title="Qui&#233;n gan&#243; el Mundial 2010: goleador, figura y m&#225;s datos - TyC Sports" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RcU2!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F4a05134d-29fc-4dc2-8ed1-ede892f265ad_862x485.webp 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RcU2!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F4a05134d-29fc-4dc2-8ed1-ede892f265ad_862x485.webp 848w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RcU2!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1272, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F4a05134d-29fc-4dc2-8ed1-ede892f265ad_862x485.webp 1272w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RcU2!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1456, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F4a05134d-29fc-4dc2-8ed1-ede892f265ad_862x485.webp 1456w" sizes="100vw" loading="lazy"></picture><div class="image-link-expand"><div class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><p>Llevar el Mundial a un pa&#237;s que hab&#237;a sido paria internacional pocos a&#241;os antes era un mensaje pol&#237;tico enorme. Era decir: <em>&#193;frica pertenece al mundo, tambi&#233;n en el f&#250;tbol</em>. Era reconocer que el deporte rey pod&#237;a estar en cualquier lugar. Era un homenaje impl&#237;cito al propio Mandela, que hab&#237;a usado el deporte &#8212;especialmente el rugby en 1995&#8212; como herramienta de reconciliaci&#243;n nacional.</p><p>Sud&#225;frica organiz&#243; el Mundial con esfuerzo enorme. Diez estadios. Carreteras nuevas. Tren r&#225;pido entre Johannesburgo y Pretoria. Una inversi&#243;n que el pa&#237;s, todav&#237;a con desigualdades inmensas, hizo con la convicci&#243;n de que aquello le abrir&#237;a puertas internacionales. Las cr&#237;ticas internas fueron duras: muchos sudafricanos preguntaron por qu&#233; se gastaba tanto dinero en estadios cuando millones de personas segu&#237;an viviendo en chabolas. Pero la FIFA insisti&#243;. Y el Mundial lleg&#243;.</p><p>El partido inaugural, el 11 de junio de 2010 (curiosamente la misma fecha, diecis&#233;is a&#241;os despu&#233;s, en que arrancar&#225; el Mundial 2026), enfrent&#243; a Sud&#225;frica con M&#233;xico. 1-1. Siphiwe Tshabalala, delantero local, marc&#243; el primer gol del torneo con un misil al &#225;ngulo. El Soccer City explot&#243;. &#193;frica celebraba su primer Mundial. Y el sonido que sonar&#237;a durante todo el mes hizo su aparici&#243;n masiva: el zumbido permanente, agudo, hipn&#243;tico, irritante, m&#225;gico, de las vuvuzelas.</p><h2>Las vuvuzelas</h2><p>Hay que detenerse un segundo. Porque las vuvuzelas son, junto con el <em>tiki-taka</em> espa&#241;ol, la otra gran marca cultural de aquel verano sudafricano.</p><p>La vuvuzela era una trompeta de pl&#225;stico, larga, recta, que los aficionados sudafricanos llevaban usando en sus estadios desde a&#241;os atr&#225;s. Cuando miles de ellas sonaban a la vez, produc&#237;an un ruido continuo, agudo, parecido al zumbido de un enjambre de abejas gigantes. Para los aficionados locales, era el sonido del f&#250;tbol. Para los europeos y sudamericanos, fue un <em>shock cultural</em>. Las cadenas de televisi&#243;n se quejaron: el sonido de fondo de los partidos era ese zumbido permanente, sin pausas, que tapaba los gritos de la grada, los cantos, los himnos. Los jugadores se quejaron: no o&#237;an las indicaciones de los entrenadores ni las llamadas de sus compa&#241;eros. La FIFA debati&#243; prohibirlas. Sud&#225;frica se plant&#243;: <em>son nuestras, son la voz del pueblo, no las quit&#233;is</em>.</p><p>Y al final, claro, no se quitaron. Y se quedaron en la memoria sonora del Mundial para siempre. Si hoy alguien menciona Sud&#225;frica 2010, se oye el zumbido. Si hoy alguien escucha una vuvuzela en cualquier lugar del mundo, recuerda 2010. Es una de las pocas veces que un Mundial ha dejado un legado <em>ac&#250;stico</em>. La banda sonora literal de un torneo.</p><h2>La Espa&#241;a que iba a perder</h2><p>Espa&#241;a llegaba al Mundial como campeona de Europa. En 2008, bajo Luis Aragon&#233;s, hab&#237;a ganado la Eurocopa de Austria-Suiza con un f&#250;tbol espectacular: posesi&#243;n, paciencia, asociaciones. Era el principio del <em>tiki-taka</em>. Tras Aragon&#233;s, Vicente del Bosque &#8212;el t&#233;cnico calmado del bigote, ex-jugador del Real Madrid&#8212; hab&#237;a heredado el equipo y lo hab&#237;a llevado al Mundial sin perder un solo partido en la fase de clasificaci&#243;n. Diez victorias en diez partidos. Espa&#241;a, con esa Eurocopa en el bolsillo y aquel r&#233;cord, era favorita.</p><p>Pero ya conoc&#237;amos a Espa&#241;a. Conoc&#237;amos su forma de fallar precisamente cuando todos esperaban que ganara. Por eso, cuando empez&#243; el Mundial y en el primer partido <strong>perdimos 1-0 contra Suiza</strong> &#8212;Suiza, esa modesta selecci&#243;n sin estrellas, contra la que cualquiera dar&#237;a por hecho la victoria&#8212;, muchos pensamos: <em>otra vez</em>. Otra vez la maldici&#243;n. Otra vez la decepci&#243;n. Otra vez Espa&#241;a siendo Espa&#241;a.</p><p>La cr&#237;tica fue dur&#237;sima. Del Bosque, criticad&#237;simo. La prensa enloquecida. <em>Esta generaci&#243;n tampoco</em>, escrib&#237;an los m&#225;s derrotistas. <em>Otra Eurocopa que no se convierte en Mundial</em>. La sensaci&#243;n, en mi sal&#243;n y supongo que en el de millones de espa&#241;oles, era de tristeza anticipada. Tristeza acumulada de muchos a&#241;os. La maldici&#243;n segu&#237;a. Espa&#241;a nunca ganar&#237;a.</p><p>Y entonces, ocurri&#243; lo m&#225;s bonito que ha hecho una selecci&#243;n espa&#241;ola jam&#225;s: nos cre&#237;mos a Del Bosque.</p><h2>La remontada del torneo</h2><p>Espa&#241;a gan&#243; los siguientes seis partidos. Y los gan&#243; <em>todos por 1-0</em>. Cada uno de ellos. Honduras 2-0 fue el &#250;nico en la fase de grupos en el que se sumaron dos goles. Pero a partir de ah&#237;: Chile 2-1 (con gol en propia puerta), Portugal 1-0, Paraguay 1-0, Alemania 1-0, Holanda 1-0. Una serie de victorias por la m&#237;nima que evidenciaban algo: aquel equipo, aunque no marcaba a borbotones, no encajaba apenas. Y, sobre todo, controlaba el bal&#243;n como nadie. La frase que se hizo com&#250;n durante aquellas semanas: <em>Espa&#241;a puede no marcar, pero no le marcan</em>. El <em>tiki-taka</em> defensivo. Si t&#250; tienes la pelota, el rival no puede atacarte.</p><p>Aquella manera de jugar ten&#237;a nombre y filosof&#237;a. Y ten&#237;a dos arquitectos: <strong>Xavi Hern&#225;ndez</strong> e <strong>Andr&#233;s Iniesta</strong>. Dos centrocampistas del Barcelona, criados en La Mas&#237;a, due&#241;os de una t&#233;cnica de pase tan refinada que parec&#237;a m&#225;gica. Xavi era el director: el hombre que recib&#237;a el bal&#243;n en cualquier zona, levantaba la cabeza, encontraba el espacio antes que nadie, y manten&#237;a el ritmo de la posesi&#243;n durante minutos enteros. Iniesta era el ejecutor: el hombre que aparec&#237;a donde no se le esperaba, el que romp&#237;a la defensa con conducciones imposibles, el que asist&#237;a o terminaba. Junto a ellos, Busquets como pivote (joven, callado, fundamental), Xabi Alonso como complemento, y un Cesc F&#224;bregas que entraba desde el banquillo. Cinco mediocampistas en el sistema. Cinco creadores. Cinco intelectuales del f&#250;tbol jugando juntos.</p><p>Detr&#225;s, una defensa que se acoplaba al sistema: Sergio Ramos lateral derecho ofensivo, Joan Capdevila lateral izquierdo veterano, Gerard Piqu&#233; (en su primer Mundial) y <strong>Carles Puyol</strong> como centrales. Puyol &#8212;el capit&#225;n del Bar&#231;a, melena leonina, defensor de hierro, alma del vestuario&#8212; iba a ser uno de los h&#233;roes inesperados del torneo. Y en la porter&#237;a, <strong>Iker Casillas</strong>, capit&#225;n de Espa&#241;a, el portero del Real Madrid, considerado uno de los mejores del mundo en su puesto. <em>San Iker</em>. Su patio era el del Bernab&#233;u, pero su patria era Espa&#241;a.</p><p>Arriba, <strong>David Villa</strong> como goleador (termin&#243; con cinco goles, segundo m&#225;ximo goleador del Mundial), <strong>Fernando Torres</strong> que llegaba lesionado y nunca encontrar&#237;a su mejor versi&#243;n, y <strong>Pedro</strong> como suplente &#250;til.</p><p>Era una mezcla extra&#241;a: ocho jugadores del Barcelona que jugaban juntos en clubes &#8212;donde Guardiola estaba forjando el mejor equipo del siglo XXI&#8212; con jugadores del Real Madrid encabezados por Casillas. Dos equipos rivales ac&#233;rrimos en la liga, unidos bajo Del Bosque en la selecci&#243;n. La cohesi&#243;n que se logr&#243; aquel verano es uno de los peque&#241;os milagros gerenciales del f&#250;tbol moderno. Del Bosque consigui&#243; que se quisieran. Y desde ah&#237;, todo fue posible.</p><h2>El cabezazo de Puyol</h2><p>En semifinales, el partido m&#225;s importante hasta entonces de la era moderna del f&#250;tbol espa&#241;ol. Contra Alemania. La Alemania joven, ofensiva, valiente, de Joachim L&#246;w &#8212;el que hab&#237;a heredado el equipo de Klinsmann&#8212;. La Alemania de Schweinsteiger, Khedira, M&#252;ller, Mesut &#214;zil. La Alemania que hab&#237;a goleado a Argentina 4-0 en cuartos en uno de los partidos m&#225;s asombrosos del torneo.</p><p>7 de julio de 2010. Moses Mabhida Stadium de Durban. Y Espa&#241;a hizo lo que Espa&#241;a hac&#237;a: controlar el bal&#243;n, no concederle ocasiones al rival, esperar el momento.</p><p>El momento lleg&#243; en el minuto 73. C&#243;rner sacado por Xavi desde la izquierda. El bal&#243;n fue al primer palo, alto, peligroso. Y Carles Puyol &#8212;1,78 de altura, peinado salvaje, sin marca clara en aquella zona&#8212; salt&#243; como un le&#243;n. Cabece&#243; con todo el cuerpo, con todo el orgullo de un capit&#225;n, con toda la fuerza que un Mundial puede sacar de un futbolista. La pelota entr&#243; pegada al palo. Manuel Neuer, el portero alem&#225;n, no toc&#243; nada.</p><p><strong>1-0 Espa&#241;a. A la final.</strong></p><p>El cabezazo de Puyol es uno de los goles m&#225;s c&#233;lebres de la historia del f&#250;tbol espa&#241;ol. La imagen de Puyol corriendo a celebrar con el pu&#241;o alzado, la melena al viento, la cara descompuesta de emoci&#243;n, ha quedado grabada en el imaginario colectivo. Era un capit&#225;n haciendo lo que un capit&#225;n debe hacer: aparecer en el momento decisivo. Era un central marcando el gol m&#225;s importante del Mundial. Era el alma del equipo materializ&#225;ndose en una jugada.</p><p>Aquel gol nos met&#237;a en la primera final mundial de la historia de Espa&#241;a. Lo que hab&#237;a parecido imposible durante ochenta a&#241;os, estaba all&#237;: a noventa minutos. Solo hab&#237;a que ganar a Holanda, que en la otra semifinal hab&#237;a batido a Uruguay 3-2 en otro partidazo. El sue&#241;o estaba a un partido. Solo uno.</p><h2>La final</h2><p>11 de julio de 2010. Soccer City de Johannesburgo. 84.490 espectadores. Fr&#237;o sudafricano de invierno austral. Espa&#241;a de azul. Holanda de naranja. Y todo el peso del mundo encima.</p><p>Yo lo ve&#237;a en Conil (C&#225;diz) con mi novia (ahora mi mujer) y con mis padres. Los nervios eran f&#237;sicos, palpables. Llev&#225;bamos toda la vida esperando una noche as&#237;. Y ahora estaba aqu&#237;. Pero tambi&#233;n el miedo: &#191;y si volv&#237;a a ocurrir lo de siempre?, &#191;y si la maldici&#243;n todav&#237;a no se hab&#237;a roto?, &#191;y si lo que llev&#225;bamos d&#233;cadas esperando se nos escapaba otra vez en la &#250;ltima frontera?</p><p>La final empez&#243; tensa. Holanda, dirigida por Bert van Marwijk, hab&#237;a llegado a aquella final con un planteamiento brutal: anular el f&#250;tbol espa&#241;ol a base de patadas. Los holandeses, hist&#243;ricamente jugadores de f&#250;tbol total, aquel d&#237;a decidieron jugar feo. Patear. Cortar. Romper. El &#225;rbitro ingl&#233;s Howard Webb sac&#243; <strong>catorce tarjetas amarillas</strong> &#8212;r&#233;cord hist&#243;rico en una final de Mundial&#8212;. Hubo entradas que merecieron rojas y no las vieron. La m&#225;s famosa: la patada de <strong>Nigel de Jong al pecho de Xabi Alonso</strong> en plena carrera, una agresi&#243;n digna de las artes marciales que Webb solo castig&#243; con amarilla cuando hab&#237;a sido roja directa. Si Webb hubiera expulsado a de Jong all&#237;, la final habr&#237;a tenido otro curso.</p><p>Espa&#241;a no se desmoraliz&#243;. Xavi segu&#237;a buscando el pase. Iniesta segu&#237;a intentando jugar. Pero cada conducci&#243;n era cortada con falta. Cada bal&#243;n filtrado, con golpe. Holanda no jugaba, destru&#237;a. Y el partido entr&#243; en una espiral de juego sucio, faltas, paradas, sin ocasiones claras. 0-0 al final del primer tiempo. 0-0 al final de los 90 minutos.</p><p>Pero en el minuto 62, lleg&#243; el momento que m&#225;s miedo me dio en toda mi vida deportiva. <strong>Arjen Robben</strong>, en una contra perfecta, recibi&#243; un pase entre las l&#237;neas de Sneijder y se qued&#243; solo frente a Casillas. Solo. Solo. Solo. <em>Solo frente al portero, otra vez, otra historia que se repetir&#237;a una vez m&#225;s, otra vez el destino contra Espa&#241;a</em>, pens&#233; yo en mi sal&#243;n. Pensamos todos.</p><p>Y Casillas, <em>San Iker</em>, sali&#243; perfecto. Sin precipitarse. Sin tirarse. Esper&#243; al recorte de Robben y, con la pierna derecha, desvi&#243; el bal&#243;n. La pelota se fue por la l&#237;nea de fondo. <strong>Holanda no marcaba</strong>. Casillas se levant&#243; como si nada, sacudi&#233;ndose el polvo. Era un h&#233;roe sin saberlo.</p><p>Aquella parada, dir&#225; Iniesta a&#241;os despu&#233;s, fue tan decisiva como su propio gol del 116. Sin ella, no habr&#237;a habido pr&#243;rroga. Sin ella, no habr&#237;a habido el momento Iniesta.</p><p>Pr&#243;rroga. M&#225;s patadas. M&#225;s amarillas. M&#225;s miedo en el sal&#243;n. Y, en el minuto 109, Heitinga vio su segunda amarilla por agarrar a Iniesta y dej&#243; a Holanda con diez. Pero el reloj corr&#237;a hacia los penaltis. Hacia el desenlace que Espa&#241;a, hist&#243;ricamente, perd&#237;a siempre.</p><h2>El minuto 116</h2><p>Y entonces, lleg&#243; el momento. El que voy a recordar mientras viva.</p><p>Jes&#250;s Navas le pasa a Fernando Torres en banda derecha. Torres centra. La pelota le llega a Cesc F&#224;bregas que ha entrado desde el banquillo. Cesc levanta la cabeza, ve a Iniesta entrando al &#225;rea central por la espalda de la defensa, y le filtra un pase exquisito. Iniesta, con el cuerpo orientado, controla con el pecho. Le viene a la pierna derecha. Y, sin pensarlo demasiado, sin precipitarse, dispara raso, cruzado, con seguridad de quien no se va a equivocar.</p><p>La pelota pasa entre Stekelenburg y el palo. Y entra.</p><p><strong>1-0 Espa&#241;a. Minuto 116.</strong></p><p>S&#233; exactamente lo que pas&#243; despu&#233;s. Salt&#233;. Grit&#233; con un grito que no he vuelto a producir nunca m&#225;s, una mezcla de descarga emocional acumulada durante d&#233;cadas y de incredulidad pura. Mi padre salt&#243;. Mi novia salt&#243;. La calle entera, fuera, se llen&#243; de gritos al instante, en una sincron&#237;a nacional que se daba por primera vez en mi vida. Todo el pa&#237;s gritando a la vez. Espa&#241;a entera estallando.</p><p>En el campo, Iniesta corri&#243; hacia la banda con los brazos abiertos, y entonces hizo el gesto que dar&#237;a la vuelta al mundo: se quit&#243; la camiseta de la selecci&#243;n. Debajo llevaba otra camiseta blanca con una dedicatoria escrita: <em><strong>&#8220;Dani Jarque, siempre con nosotros.&#8221;</strong></em> Daniel Jarque era un central del Espanyol que hab&#237;a sido buen amigo de Iniesta y hab&#237;a muerto repentinamente un a&#241;o antes, a los 26 a&#241;os, de un paro card&#237;aco. Iniesta le dedicaba el gol m&#225;s importante de su vida. La imagen es de las m&#225;s bellas y emotivas del f&#250;tbol moderno: el h&#233;roe absoluto del Mundial dedicando su momento eterno a un amigo muerto. Pura humanidad bajo los focos de Johannesburgo.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!N5PF!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa3579c78-2f40-479d-9c6e-f0c7da972c11_1200x675.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!N5PF!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa3579c78-2f40-479d-9c6e-f0c7da972c11_1200x675.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!N5PF!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, 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Cornell&#224;&quot;,&quot;title&quot;:null,&quot;type&quot;:null,&quot;href&quot;:null,&quot;belowTheFold&quot;:true,&quot;topImage&quot;:false,&quot;internalRedirect&quot;:null,&quot;isProcessing&quot;:false,&quot;align&quot;:null,&quot;offset&quot;:false}" class="sizing-normal" alt="El homenaje eterno de Iniesta a Dani Jarque y la camiseta que reposa en  Cornell&#224;" title="El homenaje eterno de Iniesta a Dani Jarque y la camiseta que reposa en  Cornell&#224;" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!N5PF!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa3579c78-2f40-479d-9c6e-f0c7da972c11_1200x675.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!N5PF!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, 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Pero le dio igual. A Espa&#241;a le dio igual. Al mundo entero, viendo aquel gesto, le dio igual.</p><p>Los &#250;ltimos minutos del partido fueron eternos. Holanda atacaba con desesperaci&#243;n, pero ya con diez hombres y sin convicci&#243;n. Casillas paraba todo lo poco que llegaba. Y, en alg&#250;n momento, Howard Webb pit&#243; el final.</p><p><strong>Campeones del mundo.</strong></p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!636W!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F209d9699-c9a5-4b03-8b28-e4ae53a6cfad_913x497.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!636W!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F209d9699-c9a5-4b03-8b28-e4ae53a6cfad_913x497.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!636W!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F209d9699-c9a5-4b03-8b28-e4ae53a6cfad_913x497.jpeg 848w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!636W!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1272, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F209d9699-c9a5-4b03-8b28-e4ae53a6cfad_913x497.jpeg 1272w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!636W!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1456, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F209d9699-c9a5-4b03-8b28-e4ae53a6cfad_913x497.jpeg 1456w" sizes="100vw"><img src="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!636W!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F209d9699-c9a5-4b03-8b28-e4ae53a6cfad_913x497.jpeg" width="913" height="497" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/209d9699-c9a5-4b03-8b28-e4ae53a6cfad_913x497.jpeg&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:null,&quot;height&quot;:497,&quot;width&quot;:913,&quot;resizeWidth&quot;:null,&quot;bytes&quot;:null,&quot;alt&quot;:&quot;Espa&#241;a - 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Casillas, capit&#225;n, fue el primero en levantar la copa Gazzaniga, antes besando a su novia Sara Carbonero en una de las im&#225;genes m&#225;s reproducidas. Puyol, Xavi, Iniesta, Villa, Ramos, Piqu&#233;: todos abrazados, todos llorando, todos sin cre&#233;rselo. Del Bosque, levantado a hombros, casi sin emoci&#243;n aparente &#8212;siempre fue un hombre contenido&#8212;, sonriendo con los ojos brillantes.</p><p>En Espa&#241;a, miles de personas salieron a las calles. Cibeles, Madrid, llena hasta los topes. Sevilla, Barcelona, Bilbao, Valencia, Vigo, Palma de Mallorca: cada plaza de cada ciudad espa&#241;ola explot&#243; con la mayor celebraci&#243;n futbol&#237;stica que el pa&#237;s jam&#225;s hab&#237;a vivido. La gente lloraba abrazada a desconocidos. Los himnos sonaban. Las banderas ondeaban. Era una emoci&#243;n colectiva que jam&#225;s hab&#237;a existido a esa escala.</p><p>Y para los que ven&#237;amos del trauma de USA 94, del robo de Corea 2002, del Zidane del 2006: para los que ya hab&#237;amos perdido la esperanza muchas veces: aquella noche fue una catarsis. Aprendimos, en una sola noche, que el f&#250;tbol tambi&#233;n pod&#237;a dar alegr&#237;as. Que Espa&#241;a tambi&#233;n pod&#237;a ganar. Que la espera, largu&#237;sima, hab&#237;a terminado.</p><h2>La generaci&#243;n</h2><p>Aquella selecci&#243;n no fue un golpe de suerte. Fue el producto de una era dorada del f&#250;tbol espa&#241;ol que estaba dominando Europa.</p><p>El Barcelona de Pep Guardiola, entre 2008 y 2012, fue uno de los mejores equipos club de la historia del f&#250;tbol. Ganaron todo: Champions, Ligas, Copas, Mundiales de clubes. Y en aquel Bar&#231;a jugaban ocho de los campeones del mundo de 2010: Vald&#233;s, Piqu&#233;, Puyol, Busquets, Xavi, Iniesta, Pedro, Villa. La mitad del once campe&#243;n del mundo era del Bar&#231;a. Y la otra mitad estaba sostenida por Casillas y Ramos del Real Madrid.</p><p>Cuando se mira hacia atr&#225;s, aquella generaci&#243;n &#8212;entre 2008 y 2012&#8212; gan&#243; <strong>dos Eurocopas y un Mundial seguidos</strong>. Una triple corona consecutiva sin precedentes en la historia del f&#250;tbol europeo de selecciones. Y lo hicieron jugando con un estilo identificable: el tiki-taka. La posesi&#243;n absoluta. La filosof&#237;a del bal&#243;n. Esa era de dominio espa&#241;ol cambi&#243; la forma en que se conceb&#237;a el f&#250;tbol moderno. Pep Guardiola export&#243; esas ideas a M&#250;nich y a Manchester. El tiki-taka se estudi&#243; en academias de f&#250;tbol de todo el mundo. La Spain de aquella d&#233;cada fue una marca futbol&#237;stica global.</p><p>Hoy, casi diecis&#233;is a&#241;os despu&#233;s, muchos de aquellos protagonistas est&#225;n retirados o cerca de retirarse. Iniesta jug&#243; hasta 2024 en Emiratos &#193;rabes. Xavi entren&#243; al Bar&#231;a. Casillas se retir&#243; en 2020 tras problemas card&#237;acos. Puyol, retirado en 2014, lleva a&#241;os de directivo y comentarista. Pero la generaci&#243;n, en su mejor momento, dej&#243; una marca imborrable: nos ense&#241;&#243; a ganar.</p><h2>Por qu&#233; importa Sud&#225;frica 2010</h2><p>Por al menos tres razones que valen la pena.</p><p>La primera: porque consagr&#243; al f&#250;tbol como deporte verdaderamente global. El primer Mundial en &#193;frica &#8212;tras los primeros en Asia (2002) y Am&#233;rica (1994)&#8212; cerr&#243; el c&#237;rculo. La FIFA, con todos sus defectos, hab&#237;a logrado llevar el torneo a todos los continentes en menos de dos d&#233;cadas. Sud&#225;frica organiz&#243; la fiesta con orgullo, con esfuerzo, con las vuvuzelas como banda sonora, con Mandela fr&#225;gil pero presente. Aquel verano fue una declaraci&#243;n: el f&#250;tbol era de todos. No solo de los europeos y sudamericanos que llevaban invent&#225;ndoselo desde 1930. Tambi&#233;n de los africanos. Tambi&#233;n de cualquier rinc&#243;n del mundo que quisiera abrazarlo.</p><p>La segunda: porque demostr&#243; que el f&#250;tbol tambi&#233;n puede premiar el estilo. Durante d&#233;cadas, el f&#250;tbol moderno hab&#237;a castigado a las selecciones jugadoras (Holanda 74, Brasil 82, Argentina del propio Maradona). El clich&#233; futbol&#237;stico dec&#237;a que para ganar Mundiales hab&#237;a que ser pragm&#225;tico, defensivo, eficiente. Espa&#241;a 2010 rompi&#243; ese clich&#233;. Gan&#243; jugando bien. Gan&#243; con un estilo. Gan&#243; controlando la pelota, no destruyendo el juego rival. Y, al ganar, marc&#243; el camino para el f&#250;tbol de los a&#241;os siguientes. El tiki-taka como filosof&#237;a global. La idea de que se puede ganar siendo el equipo que m&#225;s arriesga, el que m&#225;s asocia, el que m&#225;s cuida el bal&#243;n. Esa lecci&#243;n sigue vigente hoy, en el f&#250;tbol que veremos en 2026.</p><p>Y la tercera, la m&#225;s personal: porque cumpli&#243;, por fin, la promesa que el f&#250;tbol espa&#241;ol llevaba ochenta a&#241;os haci&#233;ndonos. Mi generaci&#243;n, la que ten&#237;a 27 a&#241;os aquel verano, hab&#237;a acumulado tantas derrotas, tantas eliminaciones injustas, tantos <em>casi lo conseguimos</em>, que hab&#237;a aprendido a querer a la selecci&#243;n desde el dolor. Aprendimos a quererla precisamente porque nos romp&#237;a el coraz&#243;n con regularidad cada cuatro a&#241;os. Aprendimos, con USA 94, qu&#233; era la desilusi&#243;n. Aprendimos, con Corea 2002, qu&#233; era la injusticia. Aprendimos, con Alemania 2006, qu&#233; era acumular fracasos. Y, contra todo, aquella noche de Johannesburgo, aprendimos tambi&#233;n qu&#233; era ganar. Qu&#233; era ganar de verdad. Qu&#233; era ver a tu selecci&#243;n levantar la copa por primera vez. Es una experiencia que solo se vive una vez. Y es la que justifica todo el dolor anterior. <em>Por esto se sufre</em>, decimos cuando llega. <em>Por esto vali&#243; la pena seguir esperando.</em> Y es verdad.</p><p>Hay una imagen final que cierra este Mundial. Es Iniesta corriendo con la camiseta de Dani Jarque debajo de la oficial, brazos abiertos, gritando hacia la grada. Es Casillas levantando la copa con Sara Carbonero en la pantalla del estadio. Es Del Bosque sin saber bien qu&#233; cara poner. Es Puyol llorando con los ojos cerrados. Es toda Espa&#241;a, fuera del estadio, en cada plaza de cada ciudad, gritando a la vez una sola palabra: <em>campeones</em>.</p><p>Cuando el 11 de junio empiece el Mundial 2026, otra vez en Am&#233;rica (con Estados Unidos, M&#233;xico y Canad&#225;), Espa&#241;a volver&#225; a jugar. Otros jugadores. Otra generaci&#243;n. Otros sue&#241;os. Pero el aficionado espa&#241;ol que vio aquella noche de Johannesburgo en 2010 sabr&#225;, con una serenidad que no ten&#237;a antes, que es posible. Que la copa puede llegar. Que la espera, por larga que sea, a veces termina. Y que cuando termina, lo hace en una sola noche, con un gol de cualquier compa&#241;ero a cualquier compa&#241;ero, en el minuto 116 de una final fea, en Johannesburgo, en julio, con la dedicatoria a un amigo muerto escrita debajo de la camiseta oficial.</p><p>Esa noche vali&#243; por todas las noches anteriores. Por las de USA 94. Por las de Corea 2002. Por las de Alemania 2006. Por todas las decepciones que nos hab&#237;a dado el f&#250;tbol espa&#241;ol durante d&#233;cadas. Esa noche fue el pago. Fue la justificaci&#243;n de todo. Fue la forma en que el f&#250;tbol nos dijo, por fin, que s&#237;, que el sufrimiento no hab&#237;a sido en vano.</p><p>Ma&#241;ana hablaremos de Brasil 2014. Del segundo Mundial brasile&#241;o. Del <em>Mineirazo</em> hist&#243;rico: el 7-1 que humill&#243; a la <em>Sele&#231;&#227;o</em> en su propia casa. Y del gol ag&#243;nico de Mario G&#246;tze que dio la copa a Alemania en el Maracan&#225;, cerrando un c&#237;rculo iniciado en 1950.</p><p>Pero hoy qued&#233;monos con el minuto 116 del Soccer City.</p><p>Con Iniesta corriendo con la camiseta blanca.</p><p>Con Casillas levantando la copa Gazzaniga.</p><p>Con todos nosotros gritando <em>campeones</em>, por una vez, sin tener que a&#241;adir <em>casi</em>.</p><p>Porque aquella noche, finalmente, fue verdad.</p><p>Y todav&#237;a lo es.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Alemania 2006]]></title><description><![CDATA[La final m&#225;s sonora jam&#225;s jugada. La salida m&#225;s triste imaginable de uno de los genios m&#225;s grandes del f&#250;tbol. Y un capit&#225;n italiano abrazado al cielo de Berl&#237;n.]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com/p/alemania-2006</link><guid isPermaLink="false">https://cortitayalpie.substack.com/p/alemania-2006</guid><dc:creator><![CDATA[cortitayalpie]]></dc:creator><pubDate>Sun, 07 Jun 2026 09:00:45 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!mUUk!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F259754e0-9f78-4c94-870a-7e099da33079_958x596.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay una imagen que define todo este Mundial. Pero no es lo que se podr&#237;a esperar.</p><p>No es Cannavaro levantando la copa en Berl&#237;n. No es Klinsmann saltando en el banquillo. No es siquiera Materazzi cabeceando el empate. Es otra cosa. Es un hombre calvo, vestido de azul franc&#233;s, caminando solo hacia los vestuarios del Olympiastadion. Un hombre que ha jugado 16 partidos con su selecci&#243;n en cuatro Mundiales. Que es el mejor jugador franc&#233;s de la historia. Que estaba a 11 minutos de ganar su segunda copa del mundo. Que era, sin discusi&#243;n, el alma de aquella final.</p><p>Y que se va al vestuario expulsado. Por un cabezazo. En la &#250;ltima jugada importante de su carrera profesional. Pasando, dicen los relatos, junto a la copa que ya no podr&#225; levantar.</p><p>Zinedine Zidane.</p><p>Hay finales que se ganan. Hay finales que se pierden. Y luego est&#225; la del 9 de julio de 2006 en Berl&#237;n: una final que se decidi&#243; no con un gol, ni con una parada, ni siquiera con un penalti, sino con un gesto. Una embestida. La frente del mejor jugador del torneo &#8212;probablemente del mundo&#8212; hundida con violencia animal en el pecho de un defensa italiano. La c&#225;mara perdi&#233;ndose el momento exacto. El &#225;rbitro argentino Horacio Elizondo enter&#225;ndose de la jugada gracias al cuarto &#225;rbitro mientras todos los aficionados ya hab&#237;an visto cien veces la repetici&#243;n en sus pantallas. La tarjeta roja. La salida lenta de Zidane, cabeza baja, hacia los vestuarios. La final eternamente marcada por aquel gesto.</p><p>Esta es la historia de Alemania 2006. La del <em>Sommerm&#228;rchen</em> &#8212;el cuento de verano alem&#225;n&#8212;. La del pa&#237;s que aprendi&#243; por fin a sentirse orgulloso sin culpas. La de Italia campeona en medio de su mayor esc&#225;ndalo dom&#233;stico. La de un capit&#225;n llamado Cannavaro abrazado a la copa Gazzaniga sobre el c&#233;sped de Berl&#237;n. Y la del cabezazo m&#225;s sonoro jam&#225;s dado en un campo de f&#250;tbol.</p><h2>Alemania reconcilia con sus banderas</h2><p>Para entender 2006 hay que entender lo que era Alemania entonces.</p><p>Alemania, en la primera d&#233;cada del siglo XXI, era todav&#237;a un pa&#237;s atravesado por el peso de su pasado. La Segunda Guerra Mundial, el nazismo, el genocidio jud&#237;o, la divisi&#243;n en dos Alemanias durante la Guerra Fr&#237;a. Aunque la reunificaci&#243;n hab&#237;a llegado en 1990, los alemanes segu&#237;an viviendo con una relaci&#243;n complicada con sus s&#237;mbolos nacionales. Sacar una bandera alemana a la calle, sin contexto deportivo, pod&#237;a verse mal. Sentirse orgulloso de ser alem&#225;n, decirlo en voz alta, todav&#237;a cargaba un peso hist&#243;rico dif&#237;cil de explicar.</p><p>Y entonces lleg&#243; el Mundial. Y todo cambi&#243;, al menos durante unas semanas.</p><p>Los alemanes empezaron a colgar banderas en sus balcones. A pintarse las caras de tricolor. A salir a las plazas a cantar el himno con voz alta. Aquel verano de 2006, por primera vez desde la guerra, los alemanes se reconciliaron, durante un mes, con su propia bandera. No la enarbolaban como gesto pol&#237;tico, ni como reivindicaci&#243;n, ni como nostalgia. La enarbolaban porque su selecci&#243;n jugaba en casa, ganaba, llegaba a semifinales con un f&#250;tbol valiente y ofensivo, y aquello les hac&#237;a sentirse orgullosos del pa&#237;s que eran, en presente, sin las cargas del pasado.</p><p>Los alemanes le pusieron un nombre bell&#237;simo a aquella experiencia colectiva: <strong>Sommerm&#228;rchen</strong>. <em>El cuento de verano</em>. Una expresi&#243;n que ha pasado a los libros de historia y que a&#250;n hoy se usa para definir aquel mes excepcional. Sommerm&#228;rchen no fue solo un &#233;xito deportivo: fue una operaci&#243;n de psicolog&#237;a colectiva, una catarsis nacional, un momento de reconciliaci&#243;n de un pa&#237;s con su propia identidad. El f&#250;tbol consigui&#243;, durante unas semanas, lo que la pol&#237;tica no hab&#237;a sabido hacer en sesenta a&#241;os.</p><p>Y el responsable principal de aquel cuento fue, parad&#243;jicamente, un seleccionador que casi nadie quer&#237;a: <strong>J&#252;rgen Klinsmann</strong>.</p><h2>La revoluci&#243;n de Klinsmann</h2><p>Klinsmann hab&#237;a sido un goleador legendario de Alemania (113 partidos, 47 goles internacionales, campe&#243;n del mundo en Italia 90, campe&#243;n de Europa en 1996). Pero como entrenador era principiante. Viv&#237;a en California, dirig&#237;a la selecci&#243;n a distancia, con apoyo de Joachim L&#246;w como asistente. Cuando le nombraron seleccionador en 2004, la federaci&#243;n alemana y la prensa lo recibieron con escepticismo: &#191;un t&#233;cnico sin experiencia?, &#191;uno que ni siquiera vive en Alemania?, &#191;uno que apenas conoce el f&#250;tbol moderno?</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!-U2j!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd435eef3-19cb-408b-adb1-c7203456dc21_318x159.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!-U2j!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd435eef3-19cb-408b-adb1-c7203456dc21_318x159.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!-U2j!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd435eef3-19cb-408b-adb1-c7203456dc21_318x159.jpeg 848w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!-U2j!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1272, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd435eef3-19cb-408b-adb1-c7203456dc21_318x159.jpeg 1272w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!-U2j!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1456, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd435eef3-19cb-408b-adb1-c7203456dc21_318x159.jpeg 1456w" sizes="100vw"><img src="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!-U2j!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd435eef3-19cb-408b-adb1-c7203456dc21_318x159.jpeg" width="318" height="159" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/d435eef3-19cb-408b-adb1-c7203456dc21_318x159.jpeg&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:null,&quot;height&quot;:159,&quot;width&quot;:318,&quot;resizeWidth&quot;:null,&quot;bytes&quot;:8642,&quot;alt&quot;:null,&quot;title&quot;:null,&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;href&quot;:null,&quot;belowTheFold&quot;:true,&quot;topImage&quot;:false,&quot;internalRedirect&quot;:&quot;https://cortitayalpie.substack.com/i/200889300?img=https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd435eef3-19cb-408b-adb1-c7203456dc21_318x159.jpeg&quot;,&quot;isProcessing&quot;:false,&quot;align&quot;:null,&quot;offset&quot;:false}" class="sizing-normal" alt="" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!-U2j!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd435eef3-19cb-408b-adb1-c7203456dc21_318x159.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!-U2j!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd435eef3-19cb-408b-adb1-c7203456dc21_318x159.jpeg 848w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!-U2j!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1272, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd435eef3-19cb-408b-adb1-c7203456dc21_318x159.jpeg 1272w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!-U2j!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1456, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd435eef3-19cb-408b-adb1-c7203456dc21_318x159.jpeg 1456w" sizes="100vw" loading="lazy"></picture><div></div></div></a></figure></div><p></p><p>Pero Klinsmann era astuto. Sab&#237;a que Alemania hab&#237;a ca&#237;do en una espiral defensiva, conservadora, gris. Una imagen que el mundo asociaba con el orden teut&#243;nico pero que ya no entusiasmaba a nadie, ni siquiera a los propios alemanes. Y decidi&#243;, en contra de los cr&#237;ticos, romper con esa tradici&#243;n.</p><p>Construy&#243; un equipo joven, ofensivo, valiente. Apost&#243; por delanteros desconocidos como Miroslav Klose y Lukas Podolski. Por un mediocampista en ascenso llamado Bastian Schweinsteiger. Por Philipp Lahm, un lateral peque&#241;o y veloz. Acept&#243; la marcha de Oliver Kahn &#8212;el h&#233;roe del 2002, todav&#237;a gran portero pero ya con 37 a&#241;os&#8212; y apost&#243; por Jens Lehmann. Decisiones audaces, criticadas, que terminaron siendo la base del resurgir alem&#225;n que dominar&#237;a el f&#250;tbol de la d&#233;cada siguiente.</p><p>Y, sobre todo, cambi&#243; la mentalidad: Alemania iba a atacar. Iba a divertir al p&#250;blico. Iba a ganarse el cari&#241;o del pa&#237;s jugando con alegr&#237;a, no con eficacia. Es lo que prometi&#243;. Y, en buena parte, lo que cumpli&#243;.</p><p>Alemania empez&#243; el Mundial goleando 4-2 a Costa Rica con un Klose imparable. Despu&#233;s se impuso a Polonia (1-0) y a Ecuador (3-0). En octavos elimin&#243; a Suecia 2-0. En cuartos, en Berl&#237;n, tuvo el partido m&#225;s emocionante: 1-1 con Argentina al final de los 120 minutos, y victoria en penaltis con un Lehmann gigante.</p><p>Tras la victoria contra Argentina hubo un incidente que muchos recuerdan: una bronca tumultuosa entre jugadores de ambos equipos al pitido final. El asistente Joachim L&#246;w tuvo que separar a su gente. Una imagen pol&#233;mica, s&#237;, pero que tambi&#233;n mostr&#243; el orgullo recuperado de los alemanes: ya no eran los rivales sosos y educados de antes. Eran un equipo apasionado, vivo, que defend&#237;a su territorio.</p><p>En semifinales, Alemania cay&#243; ante Italia. 2-0 en la pr&#243;rroga, con dos goles ag&#243;nicos a falta de cuatro minutos para los penaltis. Una derrota dura, pero digna. Klinsmann sali&#243; de aquel Mundial habiendo logrado algo que poca gente esperaba: devolver el cari&#241;o del pueblo alem&#225;n a su selecci&#243;n, y, de paso, devolver al pa&#237;s las ganas de sacar banderas a la calle.</p><p>Cuando se dio cuenta de la dimensi&#243;n del fen&#243;meno, Klinsmann dimiti&#243; poco despu&#233;s del Mundial, dejando el cargo a su asistente Joachim L&#246;w, que dirigir&#237;a a Alemania hasta el campeonato del mundo de Brasil 2014. Pero la semilla la hab&#237;a plantado &#233;l. Sommerm&#228;rchen fue su legado.</p><h2>Italia, contra todo, bajo el peso del Calciopoli</h2><p>Mientras Alemania viv&#237;a su cuento de verano, Italia llegaba al Mundial bajo el peso de uno de los mayores esc&#225;ndalos del f&#250;tbol italiano de la historia.</p><p>En mayo de 2006, semanas antes del Mundial, estall&#243; el caso <strong>Calciopoli</strong>. Una trama de ama&#241;o de partidos, contactos irregulares entre directivos de clubes y &#225;rbitros, que afect&#243; a varios equipos grandes de la Serie A: Juventus, Milan, Lazio, Fiorentina. La Juventus &#8212;donde jugaban varios titulares de la selecci&#243;n italiana, incluyendo Cannavaro y Buffon&#8212; ser&#237;a degradada a Serie B, perder&#237;a dos scudetti, y ver&#237;a c&#243;mo varios de sus directivos eran condenados. Era el mayor terremoto institucional del f&#250;tbol italiano en d&#233;cadas.</p><p>Marcello Lippi, el seleccionador, lleg&#243; al Mundial con varios de sus jugadores bajo el shock psicol&#243;gico del esc&#225;ndalo. Algunos no sab&#237;an si tendr&#237;an club al volver. Otros viv&#237;an entre titulares de prensa que los se&#241;alaban sin distinci&#243;n. Era el contexto menos favorable imaginable para una selecci&#243;n.</p><p>Y, sin embargo, Italia hizo lo italiano: convirti&#243; la presi&#243;n en motivaci&#243;n, el aislamiento en cohesi&#243;n, el esc&#225;ndalo en motor. Lippi construy&#243; una mentalidad de sitio: nadie cre&#237;a en ellos, perfecto, lo demostrar&#237;an. Y avanz&#243; por el cuadro sin sustos: 2-0 a Ghana, 1-1 con USA (con expulsi&#243;n injusta de Daniele de Rossi por un codazo, que se perder&#237;a partidos por castigo), 2-0 a Rep&#250;blica Checa. Pas&#243; como primera de grupo. En octavos sufri&#243; contra Australia (1-0 con pol&#233;mico penalti en el &#250;ltimo minuto). En cuartos elimin&#243; a Ucrania 3-0. En semifinales, en Dortmund, bati&#243; a Alemania 2-0 en una pr&#243;rroga &#233;pica, con dos goles a falta de tres minutos.</p><p>Y lleg&#243; a la final con un equipo blindado psicol&#243;gicamente. Cannavaro, el capit&#225;n, central peque&#241;o y &#225;gil, jugando la mejor temporada de su vida (ganar&#237;a el Bal&#243;n de Oro ese a&#241;o). Buffon en porter&#237;a, el mejor del mundo en su puesto. Una defensa de hierro. Y arriba, Materazzi, el otro central, el que iba a ser protagonista no por su f&#250;tbol, sino por sus palabras.</p><h2>La final m&#225;s sonora</h2><p>9 de julio de 2006. Olympiastadion de Berl&#237;n. 69.000 espectadores. Italia contra Francia. Una de las finales m&#225;s cargadas de subtexto de la historia.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!3QfL!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff44fdcf6-78c0-4a27-9c41-b70601d6f82a_1920x1080.webp" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!3QfL!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff44fdcf6-78c0-4a27-9c41-b70601d6f82a_1920x1080.webp 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!3QfL!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, 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y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><p></p><p>Francia llegaba con Zinedine Zidane jugando el &#250;ltimo partido de su carrera. Hab&#237;a anunciado meses antes su retirada definitiva. Era <em>Su</em> &#250;ltima oportunidad. Y la <em>Bleu</em> hab&#237;a llegado a la final por la mano de su capit&#225;n: un golazo contra Espa&#241;a en octavos (Espa&#241;a, otra vez eliminada), un golazo a Brasil en cuartos (s&#237;, Brasil, el pentacampe&#243;n), una asistencia clave en semis contra Portugal. Zidane hab&#237;a firmado un Mundial absolutamente sublime en su &#250;ltima cita. Era el favorito al Bal&#243;n de Oro del torneo.</p><p>Italia, con su mentalidad de sitio. Sin presi&#243;n externa, pero con la rabia interna del Calciopoli.</p><p>A los <strong>siete minutos</strong>, lleg&#243; la primera jugada decisiva. Florent Malouda cay&#243; dentro del &#225;rea tras un encontronazo con Materazzi. Penalti dudoso, discutible, pero pitado. Y entonces, Zidane se acerc&#243; al punto fatal con la calma del veterano absoluto. Sin tomar carrerilla apenas. Picando suavemente, casi por el medio, en una de las panenkas m&#225;s famosas de la historia. La pelota golpe&#243; el larguero por dentro y baj&#243;. <strong>1-0 Francia</strong>. Una jugada de pura insolencia futbol&#237;stica.</p><p>Italia reaccion&#243; pronto. <strong>Diecinueve minutos</strong>, c&#243;rner de Pirlo. Materazzi &#8212;el mismo del penalti&#8212; sale del marcaje, salta m&#225;s alto que todo el mundo y cabecea con violencia al fondo. <strong>1-1</strong>.</p><p>Y a partir de ah&#237;, el partido se atragant&#243;. Italia, con su orden defensivo legendario, se cerr&#243;. Francia atacaba pero sin claridad. Henry prob&#243;. Rib&#233;ry prob&#243;. Zidane intent&#243; conducir el juego. Pero la cosa no avanzaba. 1-1 al final de los 90 minutos. Pr&#243;rroga.</p><p>En la pr&#243;rroga, dos episodios clave. Primero: Buffon par&#243; un cabezazo de Zidane que iba al &#225;ngulo. Una de las mejores paradas de la historia, con el genio franc&#233;s ya dispuesto a celebrar. <strong>Si esa entra, Francia es campeona</strong>. No entr&#243;. Buffon, con la mano izquierda, la sac&#243;.</p><p>Y luego, minuto 110, el momento que define este Mundial para siempre.</p><h2>El cabezazo</h2><p>Zidane y Materazzi caminan juntos hacia el centro del campo, tras una jugada parada. Intercambian palabras. Materazzi tira ligeramente de la camiseta de Zidane.</p><p>Lo que ocurre exactamente entre ellos en ese momento, durante esos segundos cruciales, sigue sin estar del todo claro. Lo que s&#237; sabemos &#8212;porque lo confirmaron ambos a&#241;os despu&#233;s&#8212; es que Materazzi pronunci&#243; una frase ofensiva sobre la hermana o la familia de Zidane. Despu&#233;s de a&#241;os de versiones contradictorias, el propio Materazzi reconoci&#243; en 2024 lo que dijo: <em>&#8220;Tu hermana&#8221;</em>, o palabras de ese estilo, en respuesta a una propuesta sarc&#225;stica de Zidane de intercambiar camisetas. Algo as&#237; como <em>&#8220;prefiero tu hermana&#8221;</em>. Una groser&#237;a de campo.</p><p>Para Zidane, fue suficiente. Camin&#243; dos pasos, se gir&#243;, y embisti&#243; a Materazzi con la frente directamente en el pecho. Un golpe brutal, decidido, casi animal. Materazzi cay&#243; como un peso muerto.</p><p>La c&#225;mara principal no capt&#243; el momento. El &#225;rbitro Horacio Elizondo, argentino, tampoco lo vio. Pero el cuarto &#225;rbitro le avis&#243; por el pinganillo, despu&#233;s de revisar im&#225;genes. Tras una pausa, Elizondo se acerc&#243; a Zidane y le mostr&#243; la tarjeta roja.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!o199!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd66283e4-c29c-4624-819f-93d98d875502_326x512.webp" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!o199!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd66283e4-c29c-4624-819f-93d98d875502_326x512.webp 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!o199!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, 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Sin discutir. Camin&#243; hacia el vestuario con la cabeza baja, sin mirar atr&#225;s. Pasando, seg&#250;n el relato m&#225;s c&#233;lebre, junto a la copa Gazzaniga que ya nunca podr&#237;a levantar. <em>La salida m&#225;s triste imaginable de uno de los m&#225;s grandes</em>. La imagen, vista por miles de millones de personas en todo el mundo, recorri&#243; el planeta. Era el cierre dram&#225;tico de una carrera gloriosa.</p><p>M&#225;s tarde, en una entrevista, Zidane se disculpar&#237;a: <em>&#8220;No fue bonito. Pido perd&#243;n a los ni&#241;os que lo vieron.&#8221;</em> Pero tambi&#233;n a&#241;adir&#237;a que jam&#225;s se disculpar&#237;a con Materazzi: <em>&#8220;Antes me morir&#237;a que pedirle perd&#243;n.&#8221;</em> La controversia sigui&#243; viva durante a&#241;os. &#191;Justific&#243; Materazzi el cabezazo con sus palabras? &#191;Justifica algo, alguna vez, una agresi&#243;n as&#237;? Las opiniones se dividieron entonces y siguen divididas hoy. Pero los hechos son los hechos: Zidane se fue. Francia se qued&#243; con diez. El partido segu&#237;a 1-1.</p><h2>Los penaltis</h2><p>Y vino lo que ven&#237;a. La final, sin m&#225;s goles en la pr&#243;rroga, se decidi&#243; en los penaltis. Italia, especialista. Francia, sin Zidane.</p><p>Tirador a tirador: Pirlo marc&#243;. Wiltord marc&#243;. Materazzi marc&#243;. Trezeguet... fall&#243;. Su disparo golpe&#243; el larguero y sali&#243;. Era el primer fallo de la tanda.</p><p>Y despu&#233;s de Trezeguet, los italianos no fallaron ninguno. De Rossi, Del Piero, Grosso: todos certeros. 5-3 para Italia tras el &#250;ltimo penalti de Grosso. <strong>Italia, campeona del mundo por cuarta vez.</strong> Su primer t&#237;tulo desde Espa&#241;a 1982. Veinticuatro a&#241;os despu&#233;s.</p><p>Cannavaro recibi&#243; la copa Gazzaniga de manos del presidente alem&#225;n Horst K&#246;hler. La levant&#243; al cielo de Berl&#237;n con esa cara de quien sabe que est&#225; viviendo el momento m&#225;s alto de su carrera. La fotograf&#237;a es de las m&#225;s usadas en historias del f&#250;tbol moderno: el capit&#225;n peque&#241;ito, ya con 33 a&#241;os, sosteniendo el trofeo dorado con una sonrisa que iluminaba el Olympiastadion.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!mUUk!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F259754e0-9f78-4c94-870a-7e099da33079_958x596.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!mUUk!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, 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Bajo el peso del Calciopoli. Con un seleccionador, Lippi, que hizo el milagro de mantener al equipo unido en medio del peor esc&#225;ndalo deportivo de la historia italiana. Y con un capit&#225;n que dirigi&#243; desde la defensa una de las trayectorias m&#225;s s&#243;lidas vistas en un Mundial.</p><h2>Lo que dej&#243;</h2><p>M&#225;s all&#225; del cabezazo y de la copa, Alemania 2006 dej&#243; otras im&#225;genes importantes.</p><p>Trinidad y Tobago, debutando en un Mundial, sac&#225;ndole un empate a Suecia. Italia eliminando a Australia con un penalti pol&#233;mico en el &#250;ltimo minuto. Brasil cayendo en cuartos ante Francia con un Zidane sublime que humill&#243; a Ronaldo, Ronaldinho y compa&#241;&#237;a. Argentina &#8212;con Riquelme dirigiendo el juego, con Mascherano y Crespo, con un Messi joven entrando desde el banquillo&#8212; eliminada en cuartos contra Alemania por penaltis. La irrupci&#243;n definitiva de Cristiano Ronaldo, ya en Portugal, llegando a semifinales. La eliminaci&#243;n de Espa&#241;a, otra vez en octavos contra Francia (con gol de Zidane), siguiendo nuestra maldici&#243;n.</p><p>Y, por encima de todo, el resurgir alem&#225;n. Klinsmann hab&#237;a sembrado lo que L&#246;w cosechar&#237;a en los a&#241;os siguientes: una era dorada de la <em>Mannschaft</em> que llegar&#237;a a Brasil 2014 a coronarse pentacampeona del mundo.</p><p>Pero la historia que se cuenta cuando alguien dice &#8220;Alemania 2006&#8221;, aunque la copa la levantara Cannavaro, sigue siendo la otra. La de Zidane. La del cabezazo. La de la salida m&#225;s amarga imaginable.</p><h2>Por qu&#233; importa Alemania 2006</h2><p>Por tres razones que se entrelazan.</p><p>La primera: porque demostr&#243; c&#243;mo un Mundial puede reconciliar a un pa&#237;s consigo mismo. <em>Sommerm&#228;rchen</em> no fue un fen&#243;meno deportivo: fue un fen&#243;meno cultural y psicol&#243;gico nacional. Alemania, sesenta a&#241;os despu&#233;s de la guerra, aprendi&#243; por fin a sacar sus banderas a la calle sin culpas. A cantar el himno en plazas p&#250;blicas. A sentirse orgullosa de ser lo que era, en presente, sin las cargas del pasado. El f&#250;tbol consigui&#243; lo que ninguna pol&#237;tica hab&#237;a podido lograr antes. Y, aunque la utop&#237;a no dur&#243; eternamente (como tampoco dur&#243; la francesa de 1998), aquel mes alem&#225;n dej&#243; una marca duradera en la autopercepci&#243;n del pa&#237;s. Hoy, casi veinte a&#241;os despu&#233;s, los alemanes todav&#237;a se refieren a aquel verano como un punto de inflexi&#243;n.</p><p>La segunda: porque consagr&#243; la idea de que el f&#250;tbol moderno es psicolog&#237;a tanto como t&#233;cnica. Italia gan&#243; aquel Mundial no por jugar mejor que Francia, no por ser t&#233;cnicamente superior a Brasil o Alemania, sino por tener una cohesi&#243;n grupal absoluta forjada en el contexto adverso del Calciopoli. Lippi entendi&#243; que el mejor mensaje para sus jugadores era <em>&#8220;el mundo est&#225; contra nosotros, demostremos que ellos est&#225;n equivocados&#8221;</em>. Funcion&#243;. Y demostr&#243; &#8212;si todav&#237;a hac&#237;a falta demostrarlo despu&#233;s de tantos otros ejemplos en esta serie&#8212; que un Mundial no se gana solo con once jugadores, sino con un grupo, una idea, un relato compartido. El f&#250;tbol moderno es esto: filosof&#237;a, no solo t&#225;ctica.</p><p>Y la tercera, la m&#225;s dolorosa: porque cerr&#243; una de las carreras m&#225;s gloriosas de la historia del f&#250;tbol de la peor manera imaginable. Zidane hab&#237;a sido uno de los tres o cuatro mejores jugadores de su generaci&#243;n. Quiz&#225;s uno de los diez mejores de la historia. Hab&#237;a ganado todo: Mundial, Eurocopa, Champions, Liga, Balones de Oro. Estaba retir&#225;ndose como un dios. Y, en el &#250;ltimo partido de su vida, no aguant&#243;. Dej&#243; que las palabras de un rival lo arrastraran hasta el gesto que jam&#225;s podr&#237;a olvidar. Pidi&#243; perd&#243;n a los ni&#241;os que lo vieron, dijo, <em>pero antes me morir&#237;a que ped&#237;rselo a Materazzi</em>. La grandeza y la fragilidad humanas, juntas, en un solo gesto. Esa imagen del calvo marsell&#233;s caminando lentamente hacia los vestuarios, pasando junto a la copa que ya no levantar&#237;a, es probablemente la imagen m&#225;s triste y m&#225;s humana del f&#250;tbol moderno. Porque nos recuerda que los h&#233;roes tambi&#233;n son personas. Que el orgullo, la rabia, la herida personal, pesan m&#225;s que cualquier trofeo. Que un Mundial puede perderse no por talento, sino por temperamento.</p><p>Hay una imagen final que cierra este Mundial. Es de Cannavaro, s&#237;, levantando la copa con esa sonrisa amplia, abrazado a Buffon. Pero tambi&#233;n es de Zidane: solo, caminando hacia los vestuarios, sin Mundial, sin gloria, sin segunda final ganada. Las dos im&#225;genes coexisten en la memoria. La del campe&#243;n y la del derrotado. Las dos caras de aquel verano alem&#225;n. Las dos caras del f&#250;tbol, siempre.</p><p>Cuando el 11 de junio empiece el Mundial 2026, los alemanes &#8212;y los italianos, y los franceses, y los aficionados de cualquier rinc&#243;n del mundo&#8212; recordar&#225;n aquel verano de hace casi 20 a&#241;os. Sus banderas en los balcones. Su Klinsmann saltando. Su Cannavaro alzando la copa. Su Zidane caminando, derrotado, hacia el vestuario.</p><p>Ma&#241;ana hablaremos de Sud&#225;frica 2010. De vuvuzelas. De la primera vez que el f&#250;tbol pisa &#193;frica del Sur. Y &#8212;por fin&#8212; de aquella noche de Johannesburgo en que Espa&#241;a, despu&#233;s de d&#233;cadas de espera, grit&#243; campeona. De Iniesta. De Casillas. De Puyol. De una generaci&#243;n dorada que escribi&#243;, por fin, la historia que tantos llev&#225;bamos a&#241;os esperando.</p><p>Pero hoy qued&#233;monos con esa imagen.</p><p>Con el calvo de Marsella caminando solo hacia los vestuarios del Olympiastadion.</p><p>Sin Mundial. Sin gloria final. Sin segunda copa que poner junto a la primera.</p><p>Con la cabeza baja.</p><p>Y la frente, por una vez, dolida m&#225;s por dentro que por fuera.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Corea-Japón 2002]]></title><description><![CDATA[El decimos&#233;ptimo Mundial. El primero fuera de Europa y Am&#233;rica. La redenci&#243;n de Ronaldo. La indignaci&#243;n arbitral m&#225;s grande de la historia. Espa&#241;a eliminada en cuartos por motivos que a&#250;n queman.]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com/p/corea-japon-2002</link><guid isPermaLink="false">https://cortitayalpie.substack.com/p/corea-japon-2002</guid><dc:creator><![CDATA[cortitayalpie]]></dc:creator><pubDate>Sat, 06 Jun 2026 09:00:50 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!e3h0!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb13d41f4-7cff-40e9-9ab8-03a633227b5b_750x485.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay Mundiales que se recuerdan por sus campeones. Otros, por sus goles. Otros, por sus historias humanas. Y luego est&#225; Corea-Jap&#243;n 2002, que se recuerda, sobre todo, por una rabia.</p><p>Una rabia colectiva. Compartida por italianos y espa&#241;oles. Por aficionados europeos en general. Por entendidos del f&#250;tbol que vieron, en directo y a c&#225;mara lenta, c&#243;mo el torneo m&#225;s importante del planeta se convert&#237;a durante varias eliminatorias en algo distinto al f&#250;tbol que conoc&#237;an. En algo que parec&#237;a guionizado para que el anfitri&#243;n, Corea del Sur, llegase lo m&#225;s lejos posible. Goles leg&#237;timos anulados. Faltas brutales sin sancionar. Tarjetas amarillas que se transformaban en rojas para los jugadores rivales. Una sucesi&#243;n de decisiones arbitrales tan llamativas, tan repetidas, tan unidireccionales, que durante meses se sospech&#243; &#8212;y a&#250;n hoy muchos lo creen&#8212; que hubo algo m&#225;s que mala suerte. Que hubo intenci&#243;n. Que hubo, en el peor sentido de la palabra, pol&#237;tica.</p><p>Espa&#241;a fue una de las grandes v&#237;ctimas. Y para muchos de nosotros, los que ya hab&#237;amos vivido USA 94 con Tassotti y Salinas, fue la confirmaci&#243;n de algo que sospech&#225;bamos: que est&#225;bamos malditos. Que Espa&#241;a siempre se quedaba a las puertas, siempre por la peor de las razones, siempre con el mismo regusto a injusticia. Hace ocho a&#241;os, el codo de Tassotti. Ahora, los &#225;rbitros de Corea. Y faltaban todav&#237;a cuatro a&#241;os m&#225;s de espera hasta que, en Sud&#225;frica 2010, logr&#225;ramos por fin la copa que tantas generaciones de aficionados llevaban so&#241;ando. Pero la espera era todav&#237;a larga.</p><p>Esta es la historia de Corea-Jap&#243;n 2002. La del primer Mundial fuera de Europa y Am&#233;rica. El primero asi&#225;tico. El primero con dos sedes simult&#225;neas. El de Ronaldo redimido. El de Brasil pentacampe&#243;n. Y, s&#237;, el del &#225;rbitro Gamal Al-Ghandour anul&#225;ndonos goles leg&#237;timos en cuartos contra los anfitriones surcoreanos.</p><h2>Un Mundial donde nadie hab&#237;a estado</h2><p>Para entender 2002 hay que entender la decisi&#243;n pol&#237;tica que lo precedi&#243;.</p><p>La FIFA quer&#237;a globalizar el f&#250;tbol. Despu&#233;s de Estados Unidos en 1994, era hora de dar el siguiente paso: Asia. El continente m&#225;s poblado del planeta segu&#237;a siendo, futbol&#237;sticamente, casi un territorio virgen. Jap&#243;n ten&#237;a una liga joven (la J-League naci&#243; en 1993) pero pujante. Corea del Sur era una potencia regional con tradici&#243;n copera. Las dos ten&#237;an dinero suficiente para organizar.</p><p>Lo curioso es lo que pas&#243; con las candidaturas. Tanto Jap&#243;n como Corea presentaron candidaturas separadas, ambas fuertes. La votaci&#243;n de la FIFA estaba enconada, sin que ninguna lograra mayor&#237;a. Entonces, en un gesto in&#233;dito en la historia del torneo, la FIFA propuso lo impensable: que organizaran el Mundial los dos juntos. Una sede compartida. Diez estadios en cada pa&#237;s. Una organizaci&#243;n dual, complicad&#237;sima, llena de fricciones culturales y pol&#237;ticas (Jap&#243;n y Corea ten&#237;an cuentas pendientes hist&#243;ricas por la ocupaci&#243;n japonesa de la pen&#237;nsula). Pero la idea cuaj&#243;. Y ambos pa&#237;ses aceptaron.</p><p>La log&#237;stica fue una pesadilla. Equipos volando entre dos pa&#237;ses distintos, con visados, diferencias horarias, dos federaciones organizadoras enzarzadas en disputas. El presidente de la FIFA, Sepp Blatter, llegar&#237;a a&#241;os despu&#233;s a calificar la experiencia como <em>&#8220;una pesadilla&#8221;</em>, y prometer&#237;a que jam&#225;s volver&#237;a a haber un Mundial con dos sedes (esa promesa, parad&#243;jicamente, se romper&#225; en 2026 con tres sedes: Estados Unidos, M&#233;xico y Canad&#225;).</p><p>Pero a pesar del caos organizativo, el Mundial fue un &#233;xito comercial. Estadios llenos. Aficionados japoneses y coreanos descubriendo el f&#250;tbol con un entusiasmo nuevo. El Mundial dejaba Europa y Am&#233;rica, y se expand&#237;a. La FIFA hab&#237;a cumplido su misi&#243;n globalizadora.</p><h2>Los sorpresones</h2><p>Corea-Jap&#243;n 2002 fue, sin discusi&#243;n, <strong>el Mundial de las sorpresas m&#225;s grandes de la era moderna</strong>.</p><p>Empez&#243; el primer d&#237;a con un bombazo: Senegal, en su debut absoluto en un Mundial, venci&#243; 1-0 a Francia, la campeona vigente, en el partido inaugural. Los Bleus &#8212;los del <em>Black-Blanc-Beur</em> del 98, los de Zidane, Henry, Trezeguet, Vieira&#8212; se desplomaron. Zidane hab&#237;a llegado lesionado del muslo y no jug&#243; aquel partido. Tampoco volver&#237;a a jugar bien en el torneo. Francia, defensora del t&#237;tulo, se fue a casa <strong>en primera fase, sin marcar un solo gol</strong>. Una de las eliminaciones m&#225;s sonadas de la historia.</p><p>Senegal sigui&#243; haciendo historia: lleg&#243; a cuartos. Turqu&#237;a, otra sorpresa enorme, tambi&#233;n. Estados Unidos &#8212;&#161;Estados Unidos!&#8212; alcanz&#243; cuartos tambi&#233;n, eliminando a Portugal y a M&#233;xico por el camino. Argentina, una de las favoritas, cay&#243; eliminada en primera fase tras perder con Inglaterra (gol de penalti de Beckham, que se quitaba as&#237; la espina de su expulsi&#243;n del 98) y empatar con Suecia. Italia caer&#237;a en octavos contra Corea del Sur, en circunstancias que ya contaremos. Y Espa&#241;a... bueno, Espa&#241;a tambi&#233;n.</p><p>Era un Mundial donde todo el statu quo se desordenaba. Donde los gigantes europeos ca&#237;an. Donde los outsiders escrib&#237;an historia. Donde el f&#250;tbol parec&#237;a haber decidido sacudirse las jerarqu&#237;as y dar oportunidades a quienes nunca las hab&#237;an tenido.</p><p>Eso, en s&#237; mismo, era bonito. El problema fue c&#243;mo se lleg&#243; all&#237; en algunos casos.</p><h2>El &#225;rbitro Byron Moreno</h2><p>18 de junio de 2002. Octavos de final. Daejeon, Corea del Sur. Italia contra Corea del Sur.</p><p>El &#225;rbitro era el ecuatoriano <strong>Byron Moreno</strong>. Un nombre que a&#250;n hoy hace temblar a cualquier italiano que viviera aquel verano. El partido empez&#243; con Italia adelant&#225;ndose. Christian Vieri marc&#243; de cabeza. Italia jugaba bien, controlaba, deb&#237;a sentenciar. Pero entonces empez&#243; lo otro.</p><p>Moreno permiti&#243; juego dur&#237;simo de los coreanos sobre los italianos. Faltas brutales no sancionadas. Codazos al stoppage. Patadas que en cualquier partido habr&#237;an terminado con expulsiones. Italia jugaba a un f&#250;tbol europeo m&#225;s sofisticado; Corea, a base de presi&#243;n y f&#237;sico extremo, con la complicidad arbitral. Vieri fall&#243; unas cuantas ocasiones que en condiciones normales habr&#237;a enchufado. Y entonces llegaron las decisiones que hicieron historia.</p><p>A los 88 minutos, Corea empat&#243; con un gol de Seol Ki-hyeon. Pr&#243;rroga. Y a los 103, Damiano Tommasi marc&#243; un gol leg&#237;timo que Moreno <strong>anul&#243; por fuera de juego inexistente</strong>. Las repeticiones lo demostraron al instante: era gol limpio. No se concedi&#243;.</p><p>Pocos minutos despu&#233;s, Francesco Totti &#8212;el capit&#225;n italiano&#8212; recibi&#243; una falta dentro del &#225;rea coreana. Las repeticiones, otra vez, dejaron claro que era penalti claro. Moreno pit&#243; al rev&#233;s: amonest&#243; a Totti <strong>por simulaci&#243;n</strong>. Era su segunda amarilla. Expulsado.</p><p>Y a los 117 minutos, Ahn Jung-hwan &#8212;delantero coreano que entonces jugaba en el Perugia italiano&#8212; marc&#243; el gol de oro (entonces se aplicaba esa regla: el primer gol de la pr&#243;rroga sentenciaba el partido). Corea del Sur a cuartos. Italia a casa.</p><p>La reacci&#243;n italiana fue de furia colectiva. <em>L&#8217;Italia &#232; stata cacciata da un Mondiale sporco dove arbitri e guardalinee vengono usati come sicari</em>, escribi&#243; el legendario Giorgio Tosatti en el <em>Corriere della Sera</em>: <em>&#8220;Italia ha sido expulsada de un Mundial sucio donde &#225;rbitros y jueces de l&#237;nea son utilizados como sicarios&#8221;</em>. El due&#241;o del Perugia rompi&#243; el contrato de Ahn Jung-hwan inmediatamente. Y la FIFA, sintiendo la presi&#243;n, anunci&#243; una investigaci&#243;n sobre Byron Moreno. La investigaci&#243;n nunca lleg&#243; a ninguna parte. Pero Moreno, a&#241;os despu&#233;s, ser&#237;a expulsado del arbitraje, y a&#250;n m&#225;s tarde acabar&#237;a detenido en Estados Unidos por tr&#225;fico de drogas. Una ca&#237;da en desgracia digna de novela.</p><p>&#191;Hubo ama&#241;o? La pregunta sigue abierta. No hay pruebas concluyentes. Pero la sucesi&#243;n de errores arbitrales, todos en la misma direcci&#243;n, en un partido tan crucial, en un torneo donde el anfitri&#243;n necesitaba ese paso para llegar lejos, es estad&#237;sticamente dif&#237;cil de explicar como mera coincidencia.</p><p>Italia no fue el final del esc&#225;ndalo. Lo peor ven&#237;a cuatro d&#237;as despu&#233;s.</p><h2>Espa&#241;a contra Corea: el robo</h2><p>22 de junio de 2002. Cuartos de final. Gwangju, Corea del Sur. Espa&#241;a contra Corea del Sur.</p><p>Yo ten&#237;a 19 a&#241;os. Viv&#237;a el Mundial con la rabia acumulada del 94, todav&#237;a. Ven&#237;amos de pasar la fase de grupos con tres victorias seguidas (Eslovenia, Paraguay, Sud&#225;frica). En octavos hab&#237;amos eliminado a Irlanda 4-3 en penaltis tras un partido sufrid&#237;simo. Lleg&#225;bamos a cuartos con la sensaci&#243;n de que esta vez s&#237; pod&#237;a ser.</p><p>El &#225;rbitro fue el egipcio <strong>Gamal Al-Ghandour</strong>. Y, con todo respeto al hombre, la actuaci&#243;n que firm&#243; aquella noche sigue siendo, para los aficionados espa&#241;oles, uno de los grandes traumas hist&#243;ricos de nuestra selecci&#243;n.</p><p>Empez&#243; relativamente bien. Espa&#241;a, con Hierro y Puyol atr&#225;s, Helguera y Baraja en el centro, Joaqu&#237;n en la banda, Ra&#250;l y Morientes arriba. Coreaba el partido, sin desbordar pero con dominio. Y entonces, el primer episodio. Saque de falta en el &#225;rea coreana, jugada confusa, <strong>Helguera mete el bal&#243;n en propia puerta</strong> &#8212;y el &#225;rbitro anula un gol coreano por fuera de juego dudoso justo antes de que pase&#8212;. Vale, beneficio mutuo. Vamos.</p><p>En la pr&#243;rroga, sin embargo, lleg&#243; lo grave. <strong>Joaqu&#237;n</strong>, en banda derecha, recibe una asistencia y, antes de poner el centro, la pelota parece estar <strong>dentro del campo</strong> seg&#250;n las repeticiones (puedes verla incluso hoy en YouTube: el bal&#243;n estaba claramente dentro). Joaqu&#237;n centra. Morientes cabecea perfecto y mete el bal&#243;n al fondo de la red. <strong>2-1 Espa&#241;a. A semifinales.</strong></p><p>El juez de l&#237;nea, sin embargo, hab&#237;a levantado el bander&#237;n antes incluso de que Joaqu&#237;n centrara. <em>Antes incluso</em>. Fuera por la l&#237;nea de fondo. Gol anulado. Las repeticiones, una vez m&#225;s, lo dejaron claro: la pelota nunca sali&#243;. Era gol limpio.</p><p>Y antes de eso, en la primera parte, otro gol anulado a Espa&#241;a: un saque de falta de Iv&#225;n de Pedro que entra desviado por un coreano. Anulado, tambi&#233;n, por motivos discutibles.</p><p>Espa&#241;a perdi&#243; los penaltis. Fue Joaqu&#237;n, iron&#237;as del f&#250;tbol, quien fall&#243; el suyo. Hong Myung-bo, el capit&#225;n coreano, transform&#243; el &#250;ltimo que sentenci&#243;. Corea del Sur, primera selecci&#243;n asi&#225;tica en llegar a semifinales en la historia de los Mundiales.</p><p>Espa&#241;a, otra vez, a casa entre l&#225;grimas. Los aficionados espa&#241;oles, en la madrugada de aquel verano, gritando contra la televisi&#243;n, contra Al-Ghandour, contra Blatter, contra el f&#250;tbol entero. Iv&#225;n Helguera tuvo que ser sujetado por sus compa&#241;eros para no enfrentarse al &#225;rbitro al final del partido. Las im&#225;genes son tristes y a la vez nuestras: la indignaci&#243;n de una generaci&#243;n que aprend&#237;a, por segunda vez en ocho a&#241;os, que la justicia y el f&#250;tbol no siempre van juntas.</p><p>Para los aficionados espa&#241;oles de cierta edad, los nombres de Tassotti y Al-Ghandour est&#225;n al mismo nivel. Son los dos villanos arbitrales de nuestra historia. Los dos hombres que, sin querer o queri&#233;ndolo, retrasaron en una d&#233;cada nuestra primera estrella mundial.</p><h2>Brasil y la redenci&#243;n de Ronaldo</h2><p>Mientras tanto, en la otra parte del cuadro, ocurr&#237;a algo bell&#237;simo. Brasil, sin la presi&#243;n absoluta del 98, jugaba un f&#250;tbol vistoso, ofensivo, con un tridente atacante que sigue dando que hablar veintitr&#233;s a&#241;os despu&#233;s.</p><p><strong>Ronaldo Naz&#225;rio</strong>, <em>El Fen&#243;meno</em>. <strong>Rivaldo</strong>. <strong>Ronaldinho</strong>. <em>Los Tres R</em>. Tres genios brasile&#241;os jugando juntos. Cada uno con su estilo: Ronaldo el goleador puro, recuperado por fin de aquella convulsi&#243;n misteriosa del 98 y de las m&#250;ltiples lesiones de rodilla que casi le hab&#237;an retirado; Rivaldo, zurdo magistral del Barcelona, due&#241;o de un disparo demoledor; Ronaldinho, mago joven de pies imposibles y sonrisa eterna, que llegaba al Mundial casi como suplente y sal&#237;a como una estrella global.</p><p>Ronaldo era el alma de aquel Brasil. Despu&#233;s de cuatro a&#241;os de calvario m&#233;dico &#8212;lleg&#243; a creer que no volver&#237;a a jugar al f&#250;tbol&#8212;, regres&#243; al Mundial con ganas de devorarse el torneo. Y lo hizo. Marc&#243; en cada eliminatoria. Marc&#243; dos goles a Turqu&#237;a en semifinales. Marc&#243; los dos goles de la final contra Alemania. Termin&#243; el Mundial con <strong>ocho goles</strong>: Bota de Oro. La redenci&#243;n m&#225;s absoluta posible de aquel hombre que cuatro a&#241;os antes hab&#237;a sido el villano (o la v&#237;ctima) de la final de Par&#237;s.</p><p>La final, 30 de junio, en el International Stadium de Yokohama. Brasil contra Alemania. Las dos selecciones m&#225;s laureadas del mundo. Final cl&#225;sica, esta vez sin pol&#233;micas. 0-0 en la primera parte, con el portero alem&#225;n Oliver Kahn &#8212;<em>el Tit&#225;n</em>&#8212; gigantesco, parando todo lo que llegaba. Kahn hab&#237;a sido el alma de aquella Alemania en todo el torneo. Ser&#237;a, adem&#225;s, el primer portero de la historia en ganar el Bal&#243;n de Oro de un Mundial (mejor jugador del torneo).</p><p>Pero en la segunda parte, Kahn cometi&#243; el &#250;nico error del Mundial. Un disparo flojo de Rivaldo se le escurri&#243; entre las manos, y Ronaldo, oportunista como siempre, lo enganch&#243; para el 1-0. Diez minutos despu&#233;s, otro gol de Ronaldo sell&#243; el partido. 2-0. Brasil, pentacampe&#243;n del mundo. La primera selecci&#243;n en ganar cinco veces.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!e3h0!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb13d41f4-7cff-40e9-9ab8-03a633227b5b_750x485.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!e3h0!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb13d41f4-7cff-40e9-9ab8-03a633227b5b_750x485.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!e3h0!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, 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Aplaudido por sus rivales brasile&#241;os, que reconocieron en &#233;l al verdadero gigante del torneo. La imagen del portero alem&#225;n, derrotado, solo, contemplando el c&#233;sped vac&#237;o mientras los brasile&#241;os celebraban, es una de las m&#225;s emocionantes de aquella d&#233;cada. La belleza y el dolor del f&#250;tbol, otra vez, juntos.</p><p>Y para Ronaldo, finalmente, la redenci&#243;n. El hombre que hab&#237;a vivido el infierno del 98, que casi se hab&#237;a retirado por las lesiones, que hab&#237;a llorado en silencio durante a&#241;os, levantaba ahora la copa con una sonrisa abierta. Era el cierre perfecto de una historia personal de superaci&#243;n. Cuatro a&#241;os antes, el villano. Ahora, el h&#233;roe.</p><h2>El nuevo rostro del f&#250;tbol</h2><p>M&#225;s all&#225; de las pol&#233;micas, Corea-Jap&#243;n 2002 dej&#243; im&#225;genes que han marcado el imaginario del f&#250;tbol moderno.</p><p>Aficionados japoneses despidiendo con aplausos a los rivales tras una derrota. Aficionados coreanos vestidos de rojo en mareas humanas perfectas en cada partido del anfitri&#243;n. Pantallas gigantes en plazas de Tokio y Se&#250;l con cientos de miles de personas viendo los partidos juntos. El f&#250;tbol asi&#225;tico demostrando que ten&#237;a un p&#250;blico apasionado, que entend&#237;a el deporte, que merec&#237;a estar en la conversaci&#243;n global.</p><p>Aquel Mundial cambi&#243; la geopol&#237;tica del f&#250;tbol. Despu&#233;s de 2002, ya no se pod&#237;a pensar Asia como un mercado emergente: era un mercado central. Los grandes clubes europeos empezaron a hacer giras asi&#225;ticas. Los patrocinadores asi&#225;ticos entraron en masa en el f&#250;tbol europeo. Jugadores asi&#225;ticos (Park Ji-sung en el Manchester United, Nakata en la Roma, despu&#233;s Son Heung-min en el Tottenham, hoy Lee Kang-in en el PSG) empezaron a tener carreras de &#233;lite en Europa.</p><p>El epicentro econ&#243;mico y futbol&#237;stico del planeta empez&#243; a desplazarse. No del todo, no r&#225;pido, pero empez&#243;. Y aquel Mundial fue el primer paso visible de esa transformaci&#243;n. El primer Mundial que no se jug&#243; en occidente. El primero que demostr&#243; que el f&#250;tbol ya no era solo cosa de europeos y sudamericanos.</p><h2>Por qu&#233; importa Corea-Jap&#243;n 2002</h2><p>Por al menos tres razones que conviven.</p><p>La primera: porque demostr&#243; que el f&#250;tbol es global, no euroc&#233;ntrico. La organizaci&#243;n de un Mundial en Asia, con &#233;xito comercial enorme y con sorpresas continentales (Senegal eliminando a Francia, Turqu&#237;a a semifinales, Estados Unidos a cuartos, Corea a semifinales), reescribi&#243; las jerarqu&#237;as mentales del deporte. A partir de 2002, los aficionados europeos y sudamericanos ya no pod&#237;an dar por hecho que los Mundiales se jugar&#237;an siempre en sus casas y ser&#237;an siempre ganados por sus equipos. El f&#250;tbol se hab&#237;a hecho verdaderamente planetario.</p><p>La segunda: porque expuso la fragilidad arbitral. Las pol&#233;micas de Byron Moreno y Gamal Al-Ghandour fueron tan llamativas, tan repetidas, tan unidireccionales, que dieron a la FIFA un argumento que llevaba a&#241;os necesitando para introducir tecnolog&#237;a en el arbitraje. La l&#237;nea recta entre Corea 2002 y el VAR moderno es directa. Sin las indignaciones de aquel verano &#8212;italianas, espa&#241;olas, sumadas a las que ya exist&#237;an desde antes&#8212;, el VAR habr&#237;a llegado m&#225;s tarde. Hoy, cuando una c&#225;mara de gol-line decide milim&#233;tricamente si un bal&#243;n cruz&#243; la l&#237;nea, est&#225; cumpliendo la promesa t&#225;cita que la FIFA hizo despu&#233;s de 2002: nunca m&#225;s un Mundial decidido por errores arbitrales tan groseros. La tecnolog&#237;a lleg&#243; tarde, pero lleg&#243;. Y es en parte gracias &#8212;o por culpa&#8212; de aquel verano coreano.</p><p>Y la tercera: porque devolvi&#243; la &#233;pica a Ronaldo. El Fen&#243;meno hab&#237;a vivido el peor momento posible para un futbolista cuatro a&#241;os antes: caer en la final del Mundial sin poder explicar por qu&#233;. Las lesiones le hab&#237;an atormentado durante a&#241;os. Mucha gente cre&#237;a que ya no volver&#237;a a ser &#233;l mismo. Y, sin embargo, en Yokohama, marcando los dos goles de la final, ganando la Bota de Oro, levantando la copa, Ronaldo escribi&#243; uno de los relatos de redenci&#243;n m&#225;s bellos del f&#250;tbol moderno. Demostr&#243; que las segundas oportunidades existen. Que un genio puede caer al abismo y volver. Es de las pocas historias del deporte que terminan exactamente como deben terminar.</p><p>Hay una imagen final que cierra este Mundial. Ronaldo, en el Yokohama lleno hasta los topes, abrazado a Cafu &#8212;el capit&#225;n brasile&#241;o&#8212; levantando la copa Gazzaniga. Los dos con esa sonrisa ancha y &#250;nica de quien ha tocado el cielo despu&#233;s de creer que no lo ver&#237;a nunca. Cafu en su tercera final consecutiva (94, 98, 2002), r&#233;cord absoluto. Ronaldo, recuperado del calvario m&#233;dico y emocional. Brasil, pentacampe&#243;n.</p><p>Pero tambi&#233;n, en alg&#250;n rinc&#243;n de Espa&#241;a, miles de aficionados de nuestra generaci&#243;n &#8212;los que ven&#237;amos del trauma del 94, los que ahora viv&#237;amos el trauma del 2002&#8212; pensando una sola cosa: <em>otra vez no</em>. <em>&#191;Cu&#225;ndo nos toca a nosotros?</em> La copa, la gloria, la fiesta colectiva que tantas naciones hab&#237;an tenido y que Espa&#241;a a&#250;n no pod&#237;a siquiera so&#241;ar. Cuatro a&#241;os m&#225;s de espera. Despu&#233;s, ocho m&#225;s. La paciencia del aficionado espa&#241;ol tendr&#237;a que ser inmensa para llegar, por fin, a aquella noche sudafricana del 11 de julio de 2010 en Johannesburgo. Pero esa historia es ya casi la del final de esta serie.</p><p>Cuando el 11 de junio empiece el Mundial 2026, otra vez en parte en Estados Unidos pero tambi&#233;n en Canad&#225; y M&#233;xico, el f&#250;tbol seguir&#225; expandi&#233;ndose. Ser&#225; el primer Mundial de 48 selecciones. El primero verdaderamente global. Y, en cada nuevo pa&#237;s que vea f&#250;tbol con pasi&#243;n, estar&#225; el legado de Corea-Jap&#243;n 2002: el primer Mundial que se atrevi&#243; a salir del eje euro-americano.</p><p>Ma&#241;ana hablaremos de Alemania 2006. De <em>Sommerm&#228;rchen</em>, el cuento de verano. De Italia campeona en una final marcada por el cabezazo m&#225;s sonoro de todos los tiempos. Del Zidane que se despidi&#243; de la forma m&#225;s triste posible.</p><p>Pero hoy qued&#233;monos con las dos im&#225;genes de aquel verano coreano. Por un lado, Ronaldo levantando la copa en Yokohama con la sonrisa ancha del redimido. Por otro, Iv&#225;n Helguera siendo sujetado por sus compa&#241;eros para no agredir al &#225;rbitro Al-Ghandour en Gwangju. Las dos caras del mismo Mundial. La gloria y la injusticia. Lo mejor y lo peor del f&#250;tbol.</p><p>Otra vez, en cuatro semanas. Como siempre.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Francia 1998]]></title><description><![CDATA[El decimosexto Mundial. La primera vez que un torneo cur&#243; las heridas de un pa&#237;s, durante un mes. Una selecci&#243;n hecha de hijos de inmigrantes humillando a Brasil 3-0.]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com/p/francia-1998</link><guid isPermaLink="false">https://cortitayalpie.substack.com/p/francia-1998</guid><dc:creator><![CDATA[cortitayalpie]]></dc:creator><pubDate>Fri, 05 Jun 2026 17:30:41 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!oUOX!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff1c2a880-0943-4a74-a48d-6b2737a74aff_853x480.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay Mundiales que se juegan en un pa&#237;s. Otros, los m&#225;s raros, atraviesan ese pa&#237;s entero. Lo transforman. Lo descosen. Lo recosen. Lo dejan distinto durante un tiempo, antes de que las grietas vuelvan a abrirse poco a poco.</p><p>Francia 1998 fue uno de esos.</p><p>Y conviene contarlo desde el principio, porque la historia es excepcional. En el verano de 1998, Francia era un pa&#237;s en plena confusi&#243;n identitaria. Los a&#241;os noventa hab&#237;an tra&#237;do olas migratorias enormes desde las antiguas colonias &#8212;&#193;frica del Norte, &#193;frica Subsahariana, el Caribe&#8212;. La extrema derecha de Jean-Marie Le Pen llevaba a&#241;os ganando terreno electoral, denunciando la &#8220;invasi&#243;n&#8221; inmigrante y proponiendo modelos de &#8220;Francia francesa&#8221; excluyentes. El propio Le Pen hab&#237;a declarado, antes del Mundial, que la selecci&#243;n que iba a representar al pa&#237;s no era <em>verdaderamente francesa</em> porque ten&#237;a demasiados negros y &#225;rabes. Era el aire que se respiraba.</p><p>Y entonces, en julio de 1998, esos hijos y nietos de inmigrantes a los que Le Pen se&#241;alaba &#8212;encabezados por un calvo introvertido nacido en Marsella, hijo de inmigrantes argelinos cabilios; un capit&#225;n nacido en Vannes; un central de origen ghan&#233;s; un lateral nacido en Guayana; un delantero senegal&#233;s-argelino; y muchos m&#225;s&#8212; ganaron el Mundial. En casa. Contra el favorit&#237;simo Brasil. Por 3-0 en el Stade de France de Saint-Denis. Y el pa&#237;s entero, incluyendo much&#237;simas personas que hab&#237;an votado al Frente Nacional pocos meses antes, sali&#243; a los Campos El&#237;seos a celebrarlo, abrazando a esa selecci&#243;n multi&#233;tnica como si nunca hubiera dudado de ella.</p><p>Por un mes, Francia se reconcili&#243; consigo misma. Aprendi&#243; a ver, sin disimulo, que esos chavales eran <em>Francia</em>. Hijos del pa&#237;s. Suyos. Le pusieron incluso un nombre simp&#225;tico a aquel proyecto humano: <em>Black-Blanc-Beur</em> &#8212;negros, blancos, magreb&#237;es&#8212;. Una versi&#243;n moderna del <em>bleu-blanc-rouge</em> tricolor de la bandera. Un pa&#237;s tan diverso como hermoso, pensaba Francia aquel verano.</p><p>Las grietas volver&#237;an pronto. La utop&#237;a dur&#243; poco. Le Pen llegar&#237;a a la segunda vuelta presidencial en 2002, menos de cuatro a&#241;os despu&#233;s. Pero aquel mes de julio del 98, Francia crey&#243; en s&#237; misma como hac&#237;a d&#233;cadas que no cre&#237;a. Y el f&#250;tbol &#8212;ese juego absurdo de hombres detr&#225;s de un bal&#243;n&#8212; fue el catalizador. La medicina pasajera de un pa&#237;s enfermo.</p><p>Esta es la historia de Francia 1998. La de la consagraci&#243;n de Zinedine Zidane. La de la &#250;ltima gran selecci&#243;n anfitriona que gan&#243; en casa hasta el d&#237;a de hoy. Y la del primer Mundial verdaderamente moderno: 32 selecciones (por primera vez), debutes de cuatro continentes diferentes, audiencias globales record. El f&#250;tbol entrando en la era de masas que a&#250;n hoy vivimos.</p><h2>Un Mundial m&#225;s grande</h2><p>Francia 1998 fue el primer Mundial con 32 selecciones. Las anteriores ediciones hab&#237;an tenido 16 (hasta 1978) o 24 (de 1982 a 1994). La FIFA, viendo el &#233;xito comercial de USA 94 y el apetito global por el torneo, decidi&#243; ampliarlo. 32 equipos, ocho grupos de cuatro, octavos de final eliminatorios, dieciseisavos eliminados.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!UQGw!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F4f5b2775-2d7b-4662-9254-f757af7f3794_800x498.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!UQGw!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, 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Francia 98 fij&#243; la estructura del f&#250;tbol mundial moderno tal y como la conocimos durante un cuarto de siglo. Una contribuci&#243;n silenciosa pero enorme al juego.</p><p>Hubo cuatro debutantes hist&#243;ricos: Croacia, Jamaica, Jap&#243;n y Sud&#225;frica.Cuatro continentes diferentes representados por nuevos pa&#237;ses. El f&#250;tbol segu&#237;a expandi&#233;ndose. Y entre esos debutantes, uno marcar&#237;a profundamente el torneo: <strong>Croacia</strong>, reci&#233;n independizada de la antigua Yugoslavia desde apenas 1991, llegar&#237;a en su primer Mundial nada menos que a tercer puesto. Con Davor Suker como Bota de Oro (seis goles). Una haza&#241;a enorme para un pa&#237;s peque&#241;o que estaba a&#250;n reconstruy&#233;ndose de la guerra.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!urR4!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5ba34bbd-4b52-45fe-8b0c-bb60018bb374_1296x729.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!urR4!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5ba34bbd-4b52-45fe-8b0c-bb60018bb374_1296x729.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!urR4!, 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Bajo Javier Clemente &#8212;el mismo del 94&#8212;, llegamos a Francia como favoritos secundarios, con una buena generaci&#243;n (Ra&#250;l, Hierro, Guardiola, Luis Enrique). Y nos eliminaron en primera fase. Tras un empate inicial con Nigeria (3-2 a favor de los africanos, en uno de los partidos m&#225;s espectaculares del torneo), perdimos cualquier opci&#243;n de pasar. Una decepci&#243;n colectiva enorme, agravada por el hecho de que justo cuatro a&#241;os despu&#233;s de la herida abierta de USA 94, esper&#225;bamos vengarnos del mundo. No pudimos. Esa generaci&#243;n, dirigida por Clemente, ser&#237;a recordada como una de las grandes oportunidades perdidas. Lo que no sab&#237;amos &#8212;ni so&#241;&#225;bamos&#8212; era que doce a&#241;os m&#225;s tarde, otra generaci&#243;n recoger&#237;a el testigo y har&#237;a historia. Pero esa es otra historia, la de Sud&#225;frica 2010.</p><h2>El equipo de Aim&#233; Jacquet</h2><p>Francia llegaba al Mundial con un equipo construido pacientemente por <strong>Aim&#233; Jacquet</strong>, un seleccionador de perfil bajo, criticado durante meses por la prensa francesa por su falta de carisma y por &#8212;seg&#250;n los cr&#237;ticos&#8212; su excesiva prudencia t&#225;ctica. La prensa, especialmente <em>L&#8217;&#201;quipe</em>, hab&#237;a sido despiadada con &#233;l. Le acusaban de no ser &#8220;europeo&#8221;, de no tener la est&#233;tica que merec&#237;a el f&#250;tbol moderno. Quer&#237;an a Houllier, quer&#237;an a Wenger, quer&#237;an a cualquiera menos a Jacquet.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!wPoa!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F2712ef86-2bc9-4206-b509-c7cc3916d94b_1200x1200.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!wPoa!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F2712ef86-2bc9-4206-b509-c7cc3916d94b_1200x1200.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!wPoa!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, 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Un equipo de verdad, no una colecci&#243;n de estrellas. Con Didier Deschamps como capit&#225;n &#8212;un mediocampista discreto pero genial al que llamaban &#8220;el aguador de Bilbao&#8221; por su capacidad de organizar partidos sin alardes&#8212;; con Marcel Desailly, central elegante y duro nacido en Ghana; con Lilian Thuram, lateral derecho de origen guayan&#233;s; con Bixente Lizarazu, lateral izquierdo vasco; con Laurent Blanc, central que se besaba la cabeza calva de su portero Fabien Barthez antes de cada partido en una superstici&#243;n que se hizo culto; con Patrick Vieira, mediocentro de origen senegal&#233;s; con Youri Djorkaeff y Christian Karembeu como d&#250;o de creadores; con un delantero centro algo limitado, St&#233;phane Guivarc&#8217;h, que pasar&#237;a a la historia como el goleador que no marc&#243; ning&#250;n gol en el Mundial que gan&#243; su selecci&#243;n.</p><p>Y, por encima de todos, <strong>Zinedine Zidane</strong>. <em>Zizou</em>.</p><p>Hay que detenerse en &#233;l, porque es el centro de esta historia.</p><h2>El calvo de La Castellane</h2><p>Zinedine Yazid Zidane hab&#237;a nacido en 1972 en La Castellane, uno de los barrios m&#225;s pobres y conflictivos del norte de Marsella, hijo de inmigrantes argelinos cabilios huidos de la guerra de independencia. Padre almacenero, madre ama de casa, cinco hermanos. El t&#237;pico chaval de barrio que crec&#237;a jugando al f&#250;tbol en la plaza del bloque con los amigos del barrio.</p><p>Era distinto en su manera de jugar. Mientras los dem&#225;s corr&#237;an, &#233;l caminaba. Mientras los dem&#225;s tiraban, &#233;l pensaba. Ten&#237;a un cuerpo grande para su edad pero no era atl&#233;tico: era elegante. Daba pases que nadie ve&#237;a. Recib&#237;a el bal&#243;n de espaldas y se giraba con una facilidad imposible. Hac&#237;a un movimiento que despu&#233;s llamar&#237;an <em>la ruleta</em>, girando sobre s&#237; mismo con el bal&#243;n pegado al pie, dejando atr&#225;s a los rivales como si estuvieran clavados al suelo.</p><p>A los 14 a&#241;os, un cazatalentos del Cannes lo descubri&#243;. A los 17, debutaba en primera divisi&#243;n francesa. A los 22, ya jugaba con la selecci&#243;n. En 1996 fich&#243; por la Juventus, donde ganar&#237;a dos <em>scudetti</em> y se convertir&#237;a en uno de los mejores mediocentros del mundo.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!WEe9!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F30023107-348e-450c-97a1-8b8496924a3e_201x251.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!WEe9!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F30023107-348e-450c-97a1-8b8496924a3e_201x251.jpeg 424w, 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El Mundial cambiar&#237;a eso para siempre. Esa pieza definitiva en su carrera &#8212;el sello que separa a los muy grandes de los inmortales&#8212; iba a llegar en su propio pa&#237;s, en julio de 1998, despu&#233;s de un episodio inicial que estuvo a punto de hac&#233;rselo perder todo.</p><h2>El cabezazo a Fuad</h2><p>En el segundo partido de Francia, contra Arabia Saud&#237;, Zidane cometi&#243; una de las acciones m&#225;s absurdas de su carrera. Tras un encontronazo con el saud&#237; Fuad Amin, Zidane lo pisote&#243; con sa&#241;a. El &#225;rbitro lo expuls&#243;. Dos partidos de sanci&#243;n. Iba a perderse el siguiente partido contra Dinamarca y los octavos contra Paraguay.</p><p>Francia, sin &#233;l, sufri&#243;. Gan&#243; por la m&#237;nima a Paraguay (1-0, gol de oro en la pr&#243;rroga). Y Zidane volvi&#243; a tiempo para los cuartos, contra Italia. Un partido tenso que termin&#243; 0-0 y se decidi&#243; por penaltis (4-3 a Francia, con un h&#233;roe inesperado: Fabien Barthez en porter&#237;a).</p><p>Y en semifinales, contra Croacia, que sorprendentemente hab&#237;a llegado tan lejos, Francia se adelant&#243; por su lateral derecho Lilian Thuram &#8212;un defensa con dos goles en toda su carrera internacional, ambos esa misma noche, en la semifinal del Mundial&#8212;. 2-1 al final. Francia, en la final, contra Brasil, el favorito absoluto.</p><h2>La convulsi&#243;n misteriosa</h2><p>Y aqu&#237; ocurri&#243; lo m&#225;s extra&#241;o que ha ocurrido jam&#225;s en la antesala de una final del mundo.</p><p>12 de julio de 1998. La final estaba prevista para las tres de la tarde, hora de Par&#237;s. Brasil, con el favorito absoluto, llegaba con un Ronaldo Naz&#225;rio &#8212;<em>El Fen&#243;meno</em>&#8212; en estado de gracia. 21 a&#241;os, cuatro goles en el torneo, m&#225;xima estrella mundial. El mejor jugador del planeta, sin discusi&#243;n.</p><p>Por la ma&#241;ana, en el hotel de Brasil, Ronaldo sufri&#243; una convulsi&#243;n. Algunos compa&#241;eros dijeron despu&#233;s que pareci&#243; una crisis epil&#233;ptica. Le llevaron al hospital de urgencia. Le hicieron pruebas. Y, milagrosamente, lo declararon &#8220;apto&#8221; para jugar. Aunque nadie estaba seguro de qu&#233; hab&#237;a pasado realmente.</p><p>La lista oficial de Brasil para la final, entregada a la FIFA antes del partido, no inclu&#237;a a Ronaldo en el once inicial. Era Edmundo, su suplente, quien iba a jugar de delantero centro. Pero a &#250;ltima hora &#8212;apenas 45 minutos antes del partido&#8212; la lista se cambi&#243;. Ronaldo entr&#243;. Edmundo se qued&#243; fuera.</p><p>&#191;Qu&#233; hab&#237;a pasado? Las teor&#237;as se multiplicaron y se siguen multiplicando todav&#237;a hoy. Que si Nike hab&#237;a presionado para que Ronaldo jugase, ya que era su gran activo publicitario. Que si la federaci&#243;n brasile&#241;a hab&#237;a forzado a un Ronaldo no recuperado a salir al campo. Que si los sponsors hab&#237;an amenazado con consecuencias econ&#243;micas. Que si Ronaldo hab&#237;a insistido &#233;l mismo en jugar pese a estar mal. Nada de eso se ha podido probar nunca. Lo que s&#237; se vio es lo que ocurri&#243; en el campo: un Ronaldo claramente fuera de s&#237;, lento, ausente, casi caminando, incapaz de generar las jugadas que hab&#237;a generado durante todo el torneo.</p><p>Sin Ronaldo verdadero, Brasil no era Brasil.</p><h2>Los dos cabezazos</h2><p>Hubo m&#225;s cosas en la final, pero la historia la cuentan dos jugadas. Dos cabezazos. Dos balones parados.</p><p>Primer cabezazo. Minuto 27. Saque de c&#243;rner desde la izquierda de Petit. Centro al &#225;rea brasile&#241;a. Zidane, que se hab&#237;a liberado de la marca de Leonardo, lleg&#243; al primer palo y cabece&#243; con direcci&#243;n, fuerza y precisi&#243;n perfecta. Taffarel, el portero brasile&#241;o, no se movi&#243;. La pelota entr&#243; pegada al palo. <strong>1-0 Francia</strong>.</p><p>Segundo cabezazo. Minuto 46, justo antes del descanso. Otro c&#243;rner, esta vez desde la derecha de Djorkaeff. Otra vez Zidane en el &#225;rea. Otra vez un cabezazo perfecto, esta vez al segundo palo. <strong>2-0 Francia</strong>.</p><p>Dos cabezazos. Dos goles de c&#243;rner. El mismo jugador. En la final del mundo. En su pa&#237;s. En el Stade de France.</p><p>Para alguien que no era especialmente alto ni cabeceaba especialmente bien, era una serie de coincidencias casi imposible. Era la firma del destino. Era la noche en que un calvo introvertido de Marsella, hijo de inmigrantes argelinos, se convert&#237;a en el h&#233;roe de toda Francia.</p><p>En la segunda parte, Brasil intent&#243; remontar. Sin claridad, sin Ronaldo verdadero, sin convicci&#243;n. En el minuto 68, Marcel Desailly fue expulsado por doble amarilla, dejando a Francia con 10 hombres. Pero ya nada cambi&#243; el partido. En el minuto 90+1, en una contra perfecta, Emmanuel Petit marc&#243; el 3-0. Sentencia. Cinco minutos despu&#233;s, el &#225;rbitro marroqu&#237; Said Belqola pit&#243; el final.</p><p><strong>Francia, campeona del mundo por primera vez en su historia.</strong></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!oUOX!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff1c2a880-0943-4a74-a48d-6b2737a74aff_853x480.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!oUOX!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff1c2a880-0943-4a74-a48d-6b2737a74aff_853x480.jpeg 424w, 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y medio de personas salieron a los Campos El&#237;seos de Par&#237;s aquella noche. La avenida m&#225;s famosa del mundo, desde la Concorde hasta el Arco de Triunfo, era un mar humano. M&#250;sica, cantos, banderas tricolores, banderas argelinas, banderas senegalesas, banderas marroqu&#237;es, banderas martiniquesas, banderas guayanesas. Todas mezcladas. Todas francesas.</p><p>En la fachada del Arco de Triunfo se proyect&#243; la cara de Zidane con la frase <em>Merci Zizou</em>. <em>Gracias, Zizou</em>. La imagen recorri&#243; el mundo. Un hijo de inmigrantes argelinos, con su cara proyectada sobre el monumento al soldado desconocido franc&#233;s, s&#237;mbolo de la patria. La utop&#237;a de un pa&#237;s reconciliado, durante una noche.</p><p>El presidente Jacques Chirac, en la tribuna, saltaba como un ni&#241;o. La selecci&#243;n entera dio la vuelta de honor con Zidane levantado a hombros por sus compa&#241;eros. En el vestuario, la fiesta. En las calles, la euforia. En cada esquina del pa&#237;s, miles de bocinazos.</p><p>Francia, multi&#233;tnica, mestiza, hija de su pasado colonial, abrazaba su realidad como nunca lo hab&#237;a hecho. La selecci&#243;n no era <em>demasiado negra y &#225;rabe</em>, como hab&#237;a dicho Le Pen. Era exactamente el pa&#237;s. Y el pa&#237;s, esa noche, se reconoc&#237;a a s&#237; mismo en ellos.</p><h2>La utop&#237;a que dur&#243; poco</h2><p>Pero la realidad volvi&#243; pronto. Las grietas se reabrieron. Apenas cuatro a&#241;os despu&#233;s, en abril de 2002, Jean-Marie Le Pen llegaba a la segunda vuelta presidencial contra Jacques Chirac. La extrema derecha xen&#243;foba que el verano del 98 parec&#237;a superada, volv&#237;a con fuerza. <em>Black-Blanc-Beur</em> se demostr&#243;, no como un destino, sino como un espejismo bonito.</p><p>Y, sin embargo, hay quien sostiene que aquel mes de julio cambi&#243; algo. Que abri&#243; una grieta en el sentido contrario. Que demostr&#243; &#8212;aunque sea durante un solo verano&#8212; que era posible imaginar una Francia distinta. M&#225;s diversa. M&#225;s mezclada. M&#225;s reconciliada con su propia historia.</p><p>Hoy, casi 30 a&#241;os despu&#233;s, los franceses recuerdan 1998 con una nostalgia mezclada de tristeza. Como si fuera la &#250;ltima vez en que el pa&#237;s crey&#243; verdaderamente en s&#237; mismo. Como si fuera la juventud perdida de una idea. Los ni&#241;os que vieron a Zidane levantar la copa son hoy adultos, padres de familia, que les cuentan a sus hijos c&#243;mo fue aquello. C&#243;mo se sinti&#243; ser franc&#233;s aquella noche.</p><p>Y eso &#8212;ese recuerdo colectivo de una noche feliz que ya no volvi&#243;&#8212; es lo que sigue siendo Francia 1998. Una promesa de pa&#237;s. Un futuro que no lleg&#243; del todo, pero que existi&#243; en una sola noche, en una sola avenida, bajo una sola luz proyectada sobre un Arco de Triunfo.</p><h2>Por qu&#233; importa Francia 1998</h2><p>Por tres razones que valen la pena.</p><p>La primera: porque demostr&#243; que el f&#250;tbol puede ser, durante un mes, lo m&#225;s importante en la vida de un pa&#237;s. Y digo <em>importante</em> en el sentido m&#225;s serio. Francia, en julio de 1998, no estaba viviendo un &#233;xito deportivo. Estaba viviendo una reconciliaci&#243;n consigo misma. La selecci&#243;n campeona, multi&#233;tnica, hija de las periferias urbanas y de las antiguas colonias, fue el reflejo en el que el pa&#237;s se atrevi&#243; a mirarse durante unas semanas. Y se gust&#243;. El f&#250;tbol consigui&#243; algo que la pol&#237;tica no hab&#237;a sabido hacer: poner un espejo en el que franceses diversos pudieran verse y sentirse juntos. Esa funci&#243;n simb&#243;lica es algo que muy pocos deportes pueden cumplir. El f&#250;tbol, en sus mejores momentos, s&#237;.</p><p>La segunda: porque consagr&#243; a Zidane como &#237;dolo y, sobre todo, como s&#237;mbolo. A partir de aquella noche, Zidane dej&#243; de ser un futbolista para convertirse en algo m&#225;s grande: un personaje cultural franc&#233;s, comparable a cualquier figura del cine o de la canci&#243;n. Hijo de inmigrantes argelinos, de barrio dif&#237;cil, callado y elegante, Zizou se convirti&#243; en el rostro de una idea: que la integraci&#243;n es posible, que el talento puede venir de cualquier sitio, que un calvo silencioso de La Castellane pod&#237;a estar proyectado en el Arco de Triunfo. Esa simbolog&#237;a durar&#237;a hasta 2006, donde el propio Zidane &#8212;en otra final mundial, tambi&#233;n contra Italia&#8212; protagonizar&#237;a otro episodio cargado, esta vez m&#225;s triste. Pero esa es la historia de pasado ma&#241;ana.</p><p>Y la tercera: porque fij&#243; la estructura del f&#250;tbol mundial moderno. 32 selecciones, ocho grupos, eliminatoria directa desde octavos. El formato que conocimos durante un cuarto de siglo, hasta el cambio a 48 que veremos por primera vez en 2026. Cada Mundial que hemos visto entre 1998 y 2022 ha tenido la estructura inventada (o consolidada) en Francia 98. Y el &#233;xito de aquel torneo &#8212;con sus debuts continentales, sus audiencias masivas, su impacto cultural&#8212; convenci&#243; a la FIFA y a los aficionados de que el formato funcionaba. Francia 98 cierra la era de los Mundiales peque&#241;os y abre la era de los Mundiales globales que a&#250;n hoy seguimos viendo.</p><p>Hay una imagen final para cerrar este Mundial. Es una imagen que no se film&#243; en el Stade de France, sino en una calle cualquiera del extrarradio parisino. Una madre argelina, con velo, abrazando a su hijo de seis a&#241;os delante de un televisor encendido, los dos mirando hacia la pantalla donde Zidane levantaba la copa. Aquel ni&#241;o, sin saberlo, estaba aprendiendo lo que su pa&#237;s era capaz de ser cuando se atrev&#237;a a serlo. Aquella madre, sin saberlo del todo, sent&#237;a que su hijo &#8212;franc&#233;s, argelino, todo a la vez&#8212; podr&#237;a ser cualquier cosa que quisiera, porque Zizou tambi&#233;n hab&#237;a nacido en un barrio as&#237;, y mira d&#243;nde hab&#237;a llegado.</p><p>Cuando el 11 de junio empiece el Mundial de 2026, en cada pa&#237;s habr&#225; familias as&#237;, viendo partidos as&#237;, sintiendo cosas as&#237;. El f&#250;tbol es esto: la posibilidad de que un ni&#241;o cualquiera mire hacia una pantalla y vea, ah&#237;, la versi&#243;n m&#225;s completa de s&#237; mismo. La que a&#250;n no es. La que podr&#237;a ser. La que sus padres so&#241;aron para &#233;l. Zidane fue eso, durante a&#241;os, para miles de ni&#241;os en Francia y m&#225;s all&#225;. La encarnaci&#243;n de un pa&#237;s posible.</p><p>Ma&#241;ana hablaremos de Corea-Jap&#243;n 2002. Del primer Mundial fuera de Europa y Am&#233;rica. De los anfitriones surcoreanos llegando a semifinales en condiciones pol&#233;micas. De Ronaldo, finalmente, redimido. Y de Espa&#241;a siendo eliminada en otros cuartos injustos, ahora por penaltis y &#225;rbitros dudosos.</p><p>Pero hoy qued&#233;monos con la imagen de la cara de Zidane proyectada en el Arco de Triunfo.</p><p><em>Merci Zizou.</em></p><p>Con la avenida llena de banderas tricolores y de banderas magreb&#237;es, todas mezcladas.</p><p>Con la promesa de un pa&#237;s que, durante una noche, supo querer a sus hijos diversos.</p><p>Con un calvo callado de La Castellane levantando una copa de oro sobre su cabeza, y reconciliando, durante un mes, a una Francia que llevaba a&#241;os peleada consigo misma.</p><p>A veces, el f&#250;tbol puede ser eso.</p><p>Casi nada m&#225;s.</p><p>Pero tambi&#233;n casi nada menos.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Estados Unidos 1994]]></title><description><![CDATA[El decimoquinto Mundial. El primero que recuerdo entero, con once a&#241;os. El que me ense&#241;&#243; qu&#233; era la desilusi&#243;n. El de Tassotti rompi&#233;ndole la nariz a Luis Enrique sin penalti. El del calor que mataba.]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com/p/estados-unidos-1994</link><guid isPermaLink="false">https://cortitayalpie.substack.com/p/estados-unidos-1994</guid><dc:creator><![CDATA[cortitayalpie]]></dc:creator><pubDate>Thu, 04 Jun 2026 17:31:09 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!I5FU!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F66c44208-06a5-4469-94bc-d6b6efba986e_419x565.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Antes de empezar a contar este Mundial, conviene una confesi&#243;n personal.</p><p>USA 1994 es mi primer Mundial. El primero que viv&#237; entero, con conciencia, con once a&#241;os reci&#233;n cumplidos. El primero en el que me sent&#233; delante de un televisor a sufrirlo de verdad, a memorizar alineaciones, a coleccionar cromos, a debatir con mis amigos del cole. Y, sobre todo, el primero que me ense&#241;&#243; algo que el f&#250;tbol ense&#241;a a todos los aficionados tarde o temprano: lo que es la desilusi&#243;n.</p><p>Porque tengo grabada, todav&#237;a hoy, treinta y dos a&#241;os despu&#233;s, una imagen que no me he podido quitar de la cabeza. La pelota pasando entre las piernas del <em>Pitu</em> Abelardo. Ese momento exacto. Es una imagen que vive en m&#237; como un recuerdo casi f&#237;sico. La televisi&#243;n, el sof&#225; de casa, mi coraz&#243;n de ni&#241;o par&#225;ndose en aquel instante. Y luego, lo que vino despu&#233;s: Roberto Baggio plant&#225;ndose ante Zubizarreta, recort&#225;ndolo y marcando el 2-1 que nos eliminaba. Italia a semifinales. Espa&#241;a a casa. Mi primer luto futbol&#237;stico.</p><p>Y por si fuera poco, en el descuento, lo que ya no fue tristeza sino indignaci&#243;n: el codazo brutal de Mauro Tassotti rompi&#233;ndole la nariz a Luis Enrique dentro del &#225;rea. La sangre. La cara de Lucho gritando, ensangrentada, sin que el &#225;rbitro pitara nada. El penalti que no fue. El partido que se nos escap&#243; de las peores maneras posibles. Aquel verano americano fue, para muchos cr&#237;os espa&#241;oles de aquella generaci&#243;n, una iniciaci&#243;n al desencanto. Aprendimos que el f&#250;tbol no premia al que m&#225;s lo merece. Aprendimos que un codo puede romper algo m&#225;s que una nariz: puede romper un sue&#241;o colectivo.</p><p>Pero antes de llegar all&#237;, conviene contarlo desde el principio. Porque USA 1994 fue mucho m&#225;s que aquella tarde de Foxboro. Fue Rom&#225;rio, Baggio, el &#250;ltimo de Maradona, el calor que asfixiaba, los Estados Unidos descubriendo el f&#250;tbol, y el primer penalti volado al cielo en la historia de las finales mundialistas.</p><h2>El Mundial al pa&#237;s sin f&#250;tbol</h2><p>La elecci&#243;n fue pol&#233;mica. Estados Unidos no ten&#237;a tradici&#243;n futbol&#237;stica importante. No ten&#237;a liga profesional fuerte &#8212;la NASL hab&#237;a muerto en 1984&#8212;. El soccer era, para la mayor&#237;a de estadounidenses, ese deporte raro que jugaban en otros pa&#237;ses. Y, sin embargo, la FIFA decidi&#243; organizar all&#237; el Mundial. La raz&#243;n era simple: el mercado m&#225;s grande del mundo, el m&#225;s rico, el que faltaba conquistar. Si el f&#250;tbol quer&#237;a ser verdaderamente global, ten&#237;a que penetrar en Estados Unidos.</p><p>La condici&#243;n, eso s&#237;, fue clara: la FIFA exigi&#243;, como contrapartida a la concesi&#243;n, que Estados Unidos se comprometiera a crear una liga profesional. De aquel compromiso naci&#243;, en 1996, la MLS. La que hoy alberga a Messi en el Inter Miami, a tantos veteranos europeos, a todo un ecosistema futbol&#237;stico. Sin USA 1994, la MLS no existir&#237;a. Y sin la MLS, el Mundial 2026 (organizado entre Estados Unidos, Canad&#225; y M&#233;xico) ser&#237;a impensable. Hay una l&#237;nea recta entre aquel verano americano y lo que veremos dentro de pocos d&#237;as.</p><p>El experimento, en t&#233;rminos comerciales, fue un &#233;xito arrollador. El Mundial de USA 1994 sigue siendo, hoy, <strong>el Mundial con la mayor asistencia media de espectadores de toda la historia</strong>: 68.991 personas por partido. M&#225;s que ning&#250;n otro, ni siquiera los recientes. Los estadios eran enormes &#8212;el Rose Bowl de Pasadena, el Foxboro de Boston, el Soldier Field de Chicago&#8212; y se llenaban. Los americanos, sorprendentemente, fueron al f&#250;tbol en masa. La fiesta funcion&#243;.</p><p>Pero hab&#237;a un problema. Y era enorme.</p><h2>El calor que mataba</h2><p>Los partidos se jugaron en pleno verano, en estadios sin sombra, a mediod&#237;a o primera hora de la tarde en muchos casos, para favorecer los horarios televisivos europeos. Y Estados Unidos, en junio y julio, es un horno. Temperaturas de 35, 38, incluso 40 grados con humedades alt&#237;simas. Los jugadores europeos &#8212;acostumbrados a verano centroeuropeo o mediterr&#225;neo&#8212; sufrieron como nunca.</p><p>Hay un detalle revelador: por primera vez en la historia, la FIFA permiti&#243; pausas de hidrataci&#243;n durante los partidos. Los futbolistas perd&#237;an entre tres y cinco kilos por encuentro solo por sudoraci&#243;n. Algunos terminaron literalmente vomitando en el campo. El Italia-Bulgaria de semifinales se jug&#243; con una sensaci&#243;n t&#233;rmica cercana a los 45 grados, y los jugadores ten&#237;an que apoyarse en las rodillas en cada parada del juego para no caer agotados.</p><p>Aquel calor cambi&#243; t&#225;cticamente el torneo. Los equipos que mejor se adaptaron &#8212;Brasil, con jugadores acostumbrados al tr&#243;pico&#8212; sacaron ventaja. Los que peor &#8212;los europeos del centro y norte&#8212; sufrieron. Era una desventaja deportiva real, no un mero detalle ambiental. Y los italianos, por ejemplo, llegaron a la final exhaustos. Probablemente perdieron la final, en parte, por agotamiento f&#237;sico.</p><h2>Maradona expulsado</h2><p>Y entonces, el episodio m&#225;s triste del torneo. El que cierra, definitivamente, la historia que llevamos contando desde 1986.</p><p>Argentina ven&#237;a con Maradona como capit&#225;n. A sus 33 a&#241;os, recuperado a medias, dolido de los tobillos eternos, hab&#237;a vuelto a la selecci&#243;n tras la sanci&#243;n por coca&#237;na de 1991. Su historia personal era ya un caos sin remedio. Pero segu&#237;a siendo Maradona. Y en aquel Mundial empez&#243; como siempre: arrasando.</p><p>Marc&#243; un golazo a Grecia en el primer partido. Lo celebr&#243; corriendo hacia la c&#225;mara de televisi&#243;n, los ojos saltones de adrenalina, gritando con una intensidad casi animal. Era el Maradona de siempre: rabia, pasi&#243;n, talento. Argentina gan&#243; 4-0. Diego segu&#237;a vivo.</p><p>Tras el segundo partido contra Nigeria &#8212;otra victoria argentina&#8212;, los oficiales antidopaje le hicieron un test sorpresa. Y dio positivo. Una combinaci&#243;n de efedrina y otras cinco sustancias estimulantes. La FIFA, esta vez s&#237;, fue dur&#237;sima: suspensi&#243;n inmediata. Maradona, fuera del Mundial.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!LEFG!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe9fc3ca2-c6ce-413b-a1c8-26a7fe26848e_1296x729.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!LEFG!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe9fc3ca2-c6ce-413b-a1c8-26a7fe26848e_1296x729.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!LEFG!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, 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Su &#250;ltimo Mundial. Su &#250;ltima imagen en una selecci&#243;n. Y fue as&#237;: arrancada a la mitad, deslucida, en un titular policial en lugar de en un golazo &#233;pico. Argentina, sin &#233;l, fue eliminada por Ruman&#237;a en octavos. El argentino que ocho a&#241;os antes hab&#237;a dominado al mundo, ahora se iba a casa por dopaje, llorando ante las c&#225;maras: <em>&#8220;Me cortaron las piernas&#8221;</em>. La frase, suya, dolorosa, ha quedado como epitafio simb&#243;lico.</p><p>Maradona no volver&#237;a a jugar un Mundial. Diego ya no ser&#237;a Diego. El mito hab&#237;a llegado a su final amargo, justo donde el f&#250;tbol &#8212;que tantas veces le hab&#237;a dado todo&#8212; le quitaba lo &#250;ltimo que le quedaba: su despedida con dignidad.</p><h2>La Brasil de los hermanos</h2><p>Mientras tanto, Brasil llegaba a aquel Mundial con el peso de 24 a&#241;os sin ganar. Desde M&#233;xico 1970 no levantaba la copa. Tres Mundiales seguidos sin alcanzar las cumbres. El sentimiento brasile&#241;o era de hambre, de necesidad, de cierre de cuenta.</p><p>El equipo, dirigido por Carlos Alberto Parreira, no era el Brasil bohemio de S&#243;crates y Zico que hab&#237;a dominado los corazones en 1982. Era un Brasil m&#225;s pragm&#225;tico, defensivo en algunos pasajes, f&#237;sico. Pero arriba ten&#237;a a dos delanteros que har&#237;an historia: <strong>Rom&#225;rio</strong> y <strong>Bebeto</strong>.</p><p>Rom&#225;rio, el bajito del Barcelona, t&#233;cnico letal, mortal en el &#225;rea, era el cerebro y la pierna izquierda. Bebeto, su compa&#241;ero del Deportivo de La Coru&#241;a, era el complemento perfecto: m&#225;s alto, oportunista, due&#241;o de un olfato goleador raro. Juntos formaron una de las parejas atacantes m&#225;s recordadas del f&#250;tbol moderno. Rom&#225;rio marc&#243; cinco goles en el Mundial. Bebeto, tres. Ambos celebraron sus goles con coreograf&#237;as que se hicieron ic&#243;nicas.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Jun_!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb23f135b-3610-49a0-8039-e108db90394d_256x197.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Jun_!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb23f135b-3610-49a0-8039-e108db90394d_256x197.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Jun_!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb23f135b-3610-49a0-8039-e108db90394d_256x197.jpeg 848w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Jun_!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1272, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb23f135b-3610-49a0-8039-e108db90394d_256x197.jpeg 1272w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Jun_!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1456, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb23f135b-3610-49a0-8039-e108db90394d_256x197.jpeg 1456w" sizes="100vw"><img src="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Jun_!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb23f135b-3610-49a0-8039-e108db90394d_256x197.jpeg" width="256" height="197" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/b23f135b-3610-49a0-8039-e108db90394d_256x197.jpeg&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:null,&quot;height&quot;:197,&quot;width&quot;:256,&quot;resizeWidth&quot;:null,&quot;bytes&quot;:9764,&quot;alt&quot;:null,&quot;title&quot;:null,&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;href&quot;:null,&quot;belowTheFold&quot;:true,&quot;topImage&quot;:false,&quot;internalRedirect&quot;:&quot;https://cortitayalpie.substack.com/i/200589451?img=https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb23f135b-3610-49a0-8039-e108db90394d_256x197.jpeg&quot;,&quot;isProcessing&quot;:false,&quot;align&quot;:null,&quot;offset&quot;:false}" class="sizing-normal" alt="" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Jun_!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb23f135b-3610-49a0-8039-e108db90394d_256x197.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Jun_!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb23f135b-3610-49a0-8039-e108db90394d_256x197.jpeg 848w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Jun_!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1272, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb23f135b-3610-49a0-8039-e108db90394d_256x197.jpeg 1272w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Jun_!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1456, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb23f135b-3610-49a0-8039-e108db90394d_256x197.jpeg 1456w" sizes="100vw" loading="lazy"></picture><div></div></div></a></figure></div><p></p><p>La m&#225;s famosa: el gesto de Bebeto contra Holanda en cuartos. Bebeto acababa de ser padre d&#237;as antes, y al marcar corri&#243; hasta la banda, fingi&#243; mecer un beb&#233; invisible en sus brazos, y se le sumaron Rom&#225;rio y Mazinho haciendo lo mismo. Aquella celebraci&#243;n del beb&#233; imaginario es uno de los iconos visuales del f&#250;tbol moderno. Hoy lo siguen repitiendo padres futbolistas en todo el mundo. Naci&#243; all&#237;, en aquel Brasil-Holanda americano.</p><p>Brasil elimin&#243; a Estados Unidos en octavos (1-0, golazo de Bebeto), a Holanda en cuartos (3-2, en uno de los mejores partidos del torneo), a Suecia en semifinales (1-0, gol de Rom&#225;rio). Y lleg&#243; a la final, sin haber perdido un solo partido, decidido a romper la maldici&#243;n de 24 a&#241;os.</p><h2>Italia, contra todo</h2><p>Italia lleg&#243; a la final por la puerta de atr&#225;s. Empez&#243; el Mundial fatal. Perdi&#243; 1-0 contra Irlanda en el primer partido. Empat&#243; con M&#233;xico. Apenas se clasific&#243; como tercera de grupo. Y casi cae en octavos contra Nigeria, en uno de los partidos m&#225;s memorables del torneo.</p><p>Italia perd&#237;a 1-0, con Zola expulsado, a solo dos minutos del final. Aquello parec&#237;a sentenciado. Pero entonces, <strong>Roberto Baggio</strong> &#8212;<em>Il Divin Codino</em>, la divina coleta, considerado el mejor jugador italiano de su generaci&#243;n&#8212; rescat&#243; a Italia en el minuto 88 con un gol salvador. Llev&#243; el partido a la pr&#243;rroga, donde transform&#243; &#233;l mismo el penalti decisivo que meti&#243; a Italia en cuartos.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!whHz!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff626313c-f3eb-4ad5-9231-5ba25ba328d3_444x653.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!whHz!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff626313c-f3eb-4ad5-9231-5ba25ba328d3_444x653.png 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!whHz!, 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Baggio empez&#243; a brillar. Coleta al viento, regates imposibles, goles decisivos. Marc&#243; los dos goles contra Espa&#241;a en cuartos (incluyendo el 2-1 que nos elimin&#243;), marc&#243; los dos de la semifinal contra Bulgaria (un 2-1 sufrido). Era &#233;l, pr&#225;cticamente &#233;l solo, llevando a Italia a una final que nadie le hab&#237;a dado al principio del torneo.</p><p>Pero llegamos a esa eliminatoria contra Espa&#241;a. Y aqu&#237; perm&#237;tanme volver a la confesi&#243;n inicial.</p><h2>Espa&#241;a 1 &#8212; Italia 2</h2><p>9 de julio de 1994. Foxboro Stadium, Boston. 53.400 espectadores. Espa&#241;a de Javier Clemente contra Italia de Arrigo Sacchi.</p><p>Aquella Espa&#241;a ten&#237;a algo. Era una buena generaci&#243;n: Zubizarreta en porter&#237;a; Ferrer, Abelardo, Otero, Sergi en defensa; Caminero, Bakero, Goikoetxea en el medio; Luis Enrique y Salinas arriba. Ven&#237;amos de golear 3-0 a Suiza en octavos. La ilusi&#243;n estaba alta. Pens&#225;bamos que esta era la nuestra. Yo, con once a&#241;os, lo cre&#237;a firmemente.</p><p>A los 26 minutos, <strong>Dino Baggio</strong> (el otro Baggio, sin parentesco con Roberto pero con apellido id&#233;ntico) marc&#243; un golazo desde fuera del &#225;rea. Imposible para Zubizarreta. 1-0 Italia.</p><p>Espa&#241;a no se vino abajo. En la segunda parte, en el minuto 59, <strong>Caminero</strong> &#8212;que estaba siendo el mejor espa&#241;ol del Mundial&#8212; empat&#243;. 1-1. El partido se equilibr&#243;. Ten&#237;a la sensaci&#243;n, todav&#237;a recuerdo esa sensaci&#243;n, de que &#237;bamos a ganar.</p><p>Y entonces, el minuto 83. La jugada que a&#250;n, treinta y dos a&#241;os despu&#233;s, sigue clavada. Pase largo desde el medio campo. Julio Salinas se escapa entre dos defensores italianos y entra solo al &#225;rea. Solo. Gianluca Pagliuca le sale al encuentro. Es el momento que cualquier delantero sue&#241;a. <strong>El 2-1 al alcance</strong>.</p><p>Y Salinas no falla del todo: dispara raso, cruzado. Pero Pagliuca, agigantado, lo desv&#237;a con un pie en una salida perfecta. La pelota se va por la l&#237;nea de fondo. Espa&#241;a no marca. Espa&#241;a no sentencia.</p><p>Recuerdo el silencio de mi sal&#243;n. El &#8220;no puede ser&#8221; murmurado de mi padre. Veintinueve a&#241;os despu&#233;s de aquella tarde, a&#250;n siento el fr&#237;o de esa frustraci&#243;n. Era el momento. Y se nos escap&#243;.</p><p>Cinco minutos despu&#233;s, minuto 88. Pase de Giuseppe Signori, reci&#233;n entrado, hacia el &#225;rea espa&#241;ola. <strong>Roberto Baggio</strong> corre. Es m&#225;s r&#225;pido que Abelardo &#8212;el <em>Pitu</em>, central asturiano del Sporting&#8212;. La pelota llega entre las piernas de Abelardo, que la deja pasar sin querer, con uno de esos gestos que el f&#250;tbol castiga sin clemencia. Baggio entra al &#225;rea, encara a Zubizarreta, lo recorta hacia su derecha y empuja la pelota a la red.</p><p>2-1 Italia.</p><p>Aquel bal&#243;n pasando entre las piernas de Abelardo es la imagen m&#225;s dolorosa de mi infancia futbol&#237;stica. La sigo viendo n&#237;tida. La incapacidad de hacer nada cuando un destino que ve&#237;as llegar se materializa de la peor manera. Once a&#241;os, sal&#243;n familiar, fin del sue&#241;o. Ese era el aprendizaje.</p><p>Pero la cosa no termin&#243; ah&#237;.</p><h2>El codo de Tassotti</h2><p>Descuento, minuto 93. Espa&#241;a, desesperada, vuelca a por el empate. Centro al &#225;rea italiano. Luis Enrique &#8212;Lucho, con 24 a&#241;os, en su primer Mundial&#8212; se cuela entre dos defensas para intentar rematar. Y entonces, <strong>Mauro Tassotti</strong>, lateral del Milan, le clava un codazo brutal en plena cara.</p><p>Sangre. Mucha sangre. La nariz rota. Luis Enrique cae al suelo, se levanta tambale&#225;ndose, gritando hacia el &#225;rbitro, pidiendo a gritos lo que era obvio: penalti, expulsi&#243;n, lo que correspond&#237;a.</p><p>El &#225;rbitro h&#250;ngaro S&#225;ndor Puhl no pit&#243; nada.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!0uKu!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F50ef9179-b18f-4b62-9375-acc18844ae1e_980x980.avif" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!0uKu!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, 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Los compa&#241;eros teniendo que sujetarlo para que no se fuera a por Tassotti. El final del partido inmediatamente despu&#233;s. La eliminaci&#243;n. El llanto silencioso de un cr&#237;o de once a&#241;os en Galicia, en Madrid, en Sevilla, en Bilbao, en cualquier rinc&#243;n de Espa&#241;a.</p><p>Aquella imagen de Luis Enrique sangrando es uno de los iconos visuales m&#225;s doloros del f&#250;tbol espa&#241;ol. A&#250;n hoy, cuando Espa&#241;a e Italia se enfrentan en cualquier competici&#243;n, los peri&#243;dicos espa&#241;oles la rescatan. <em>&#8220;Italia, no lo hemos olvidado&#8221;</em>, escrib&#237;a Marca a&#241;os despu&#233;s. Y es cierto. No lo hemos olvidado. No hay forma.</p><p>La justicia, eso s&#237;, lleg&#243; despu&#233;s. La FIFA, bas&#225;ndose en im&#225;genes televisivas (por primera vez en la historia del Mundial), suspendi&#243; a Tassotti durante <strong>ocho partidos</strong>. La sanci&#243;n m&#225;s larga jam&#225;s impuesta hasta entonces a un jugador en un Mundial. Tassotti, adem&#225;s, no volvi&#243; a jugar nunca m&#225;s con la selecci&#243;n italiana. Su carrera internacional termin&#243; con aquel codazo. Pero a nosotros no nos serv&#237;a de nada. Italia ya estaba en semifinales. Espa&#241;a, en casa, llorando.</p><p>Italia lleg&#243; a la final por culpa, o gracias, a aquel codo. Lo digo as&#237; porque Espa&#241;a, con el codazo bien pitado, habr&#237;a tenido un penalti en el descuento, con un Tassotti expulsado, en el 93. Quiz&#225;s habr&#237;amos empatado. Quiz&#225;s habr&#237;amos pasado nosotros a semifinales. Es la pregunta que siempre quedar&#225; abierta. El gran &#8220;y si&#8221; de mi generaci&#243;n futbolera.</p><h2>La final m&#225;s absurda</h2><p>17 de julio de 1994. Rose Bowl, Pasadena, Los &#193;ngeles. 94.194 espectadores. Brasil contra Italia. Las dos selecciones m&#225;s laureadas del mundo, empatadas a tres t&#237;tulos cada una.</p><p>Y fue, posiblemente, la peor final de la historia de los Mundiales.</p><p>Cero a cero al final de los 90 minutos. Cero a cero al final de la pr&#243;rroga. Ni un solo gol. Brasil intent&#243;, sin claridad. Italia, agotada por el calor y el camino terrible que hab&#237;a hecho hasta ah&#237;, apenas pudo defender. Rom&#225;rio y Bebeto, neutralizados. Roberto Baggio, lejos de su mejor nivel, lesionado del muslo derecho. Era casi una final-zombi entre dos selecciones que llegaban exhaustas a la cita.</p><p>Por primera vez en la historia, una final del mundo se decidi&#243; en los penaltis.</p><p>Y aqu&#237; lleg&#243; la imagen final. Baresi, el capit&#225;n italiano, fall&#243; el primero. Pagliuca y Taffarel se anularon a s&#237; mismos. Massaro fall&#243; otro para Italia. Brasil pasaba 3-2 con el &#250;ltimo tiro pendiente: el de Roberto Baggio.</p><p>El Divin Codino. El hombre que hab&#237;a llevado a Italia hasta all&#237; casi &#233;l solo. La estrella del torneo. La esperanza de un pa&#237;s entero.</p><p>Baggio se acerc&#243; a la pelota. El estadio entero contuvo la respiraci&#243;n. Tom&#243; carrerilla y dispar&#243;.</p><p>La pelota vol&#243; por encima del larguero.</p><p>Roberto Baggio no fall&#243;: vol&#243; la pelota muy por encima de la porter&#237;a. La mand&#243; al cielo de Pasadena. La imagen de &#233;l, de espaldas a la c&#225;mara, con las manos en la cintura, mirando hacia la porter&#237;a desde la que la pelota hab&#237;a desaparecido hacia el azul, es una de las m&#225;s reproducidas del f&#250;tbol mundial. Vencido. Inm&#243;vil. Solo. En la final del Mundial.</p><p>Brasil, campe&#243;n del mundo por cuarta vez. Despu&#233;s de 24 a&#241;os de espera. Rom&#225;rio, m&#225;ximo goleador del torneo, levant&#243; la copa. Y los brasile&#241;os, en el Rose Bowl, bailaron como sab&#237;an bailar.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!I5FU!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F66c44208-06a5-4469-94bc-d6b6efba986e_419x565.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!I5FU!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F66c44208-06a5-4469-94bc-d6b6efba986e_419x565.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!I5FU!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, 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La imagen que qued&#243; fue la otra. La de Baggio, derrotado, contemplando el vac&#237;o. La de un hombre que lo hab&#237;a dado todo y al final se qued&#243; con esa carga emocional para siempre.</p><p>A&#241;os despu&#233;s, Roberto Baggio admitir&#237;a que aquel penalti fallado lo persigue todav&#237;a hoy. <em>&#8220;Los penaltis los fallan los que se atreven a tirarlos&#8221;</em>, escribi&#243;. Pero la cicatriz es eterna. El divino qued&#243; marcado por aquel error en el momento exacto en que m&#225;s necesitaba acertar. La belleza y la tragedia del f&#250;tbol, otra vez, juntas: el mejor jugador del torneo, fallando el penalti decisivo de la final.</p><h2>Por qu&#233; importa USA 1994</h2><p>Por al menos cuatro razones que se entrecruzan.</p><p>La primera: porque demostr&#243; que el f&#250;tbol es global. Estados Unidos &#8212;el pa&#237;s sin tradici&#243;n futbol&#237;stica, el esc&#233;ptico, el basti&#243;n del b&#233;isbol y el rugby americano&#8212; acogi&#243; el Mundial con m&#225;s entusiasmo del que muchos europeos ten&#237;amos. Aquellos estadios llenos, aquellas asistencias r&#233;cord, fueron la prueba de que el f&#250;tbol no necesita historia local para conmover. Que es un idioma universal. Y de aquel &#233;xito comercial naci&#243; la MLS, que hoy es la liga que aloja a Messi, a Su&#225;rez, a tantos. Sin USA 94, el f&#250;tbol moderno tal y como lo conocemos ser&#237;a muy distinto.</p><p>La segunda: porque desnud&#243; la crueldad arbitral. El codazo de Tassotti a Luis Enrique sin sanci&#243;n inmediata, el penalti que no fue, generaron una indignaci&#243;n colectiva en Espa&#241;a que a&#250;n hoy no se ha curado del todo. Pero tambi&#233;n provocaron algo bueno: la FIFA empez&#243; a usar im&#225;genes televisivas para sancionar conductas violentas a posteriori. La sanci&#243;n de ocho partidos a Tassotti fue la primera de la historia mundialista basada en video evidencia. Un primer paso &#8212;t&#237;mido, s&#237;, pero un paso&#8212; hacia el VAR moderno, hacia un f&#250;tbol que ya no permite la impunidad total. Mi indignaci&#243;n de ni&#241;o de once a&#241;os, multiplicada por miles, contribuy&#243; a empujar el cambio.</p><p>La tercera: porque cerr&#243; la era de Maradona. Diego se fue del Mundial expulsado por dopaje. Una salida indigna, terrible. El hombre que ocho a&#241;os antes hab&#237;a sido dios, ahora se iba con la cabeza baja, llorando. Es dif&#237;cil pensar en una ca&#237;da m&#225;s dolorosa. Pero el f&#250;tbol es cruel, y los genios suelen acabar mal cuando se mezclan con sus demonios. Maradona, en 1994, ya estaba en plena espiral descendente que terminar&#237;a con su muerte en 2020. Aquel Mundial fue su despedida. Una despedida fea.</p><p>Y la cuarta: porque me dio mi primera desilusi&#243;n futbol&#237;stica. S&#233; que esto es personal, no hist&#243;rico. Pero es v&#225;lido. Cada aficionado tiene un Mundial que recordar&#225; para siempre como aquel en que aprendi&#243; a sufrir. El m&#237;o fue USA 94. Tassotti rompi&#233;ndole la nariz a Luis Enrique. Baggio marcando entre las piernas del Pitu Abelardo. Salinas fallando ante Pagliuca. Mi padre apagando la tele en silencio. La sensaci&#243;n primeriza de que el f&#250;tbol no es justo, de que el equipo que m&#225;s quieres puede ser eliminado en cualquier momento, de que el codazo en la cara de tu jugador favorito puede quedar impune.</p><p>A esa generaci&#243;n de cr&#237;os espa&#241;oles de los noventa, USA 94 nos ense&#241;&#243; algo importante: que querer a una selecci&#243;n es comprometerse con el sufrimiento. Que las copas son escasas, que las eliminaciones son frecuentes, que las injusticias forman parte del juego. Tendr&#237;amos que esperar diecis&#233;is a&#241;os m&#225;s, hasta Sud&#225;frica 2010, para que Espa&#241;a nos diera, por fin, la copa que nos compensara todos aquellos disgustos. Pero esa es la historia de pasado ma&#241;ana.</p><p>Hay una imagen final para cerrar este Mundial. Roberto Baggio, de espaldas, mirando hacia el lugar donde su pelota hab&#237;a desaparecido hacia el cielo de Pasadena. La derrota m&#225;s sublime en t&#233;rminos visuales. Un hombre solo, vencido, con el peso de todo Italia sobre los hombros. La belleza y el dolor del f&#250;tbol, ah&#237;, juntos, sintetizados en una sola fotograf&#237;a.</p><p>Cuando el 11 de junio empiece el Mundial de 2026, otra vez en Estados Unidos (con Canad&#225; y M&#233;xico, esta vez), el f&#250;tbol volver&#225; a aquel pa&#237;s que en 1994 lo descubri&#243;. Habr&#225; nuevos Tassottis, nuevos Baggios, nuevos Salinas fallando ante Pagliucas, nuevos cr&#237;os de once a&#241;os aprendiendo qu&#233; es la desilusi&#243;n por primera vez. Es la maquinaria infinita del f&#250;tbol: cada Mundial repite las mismas historias con caras distintas. Nuevas heridas, nuevas alegr&#237;as, nuevos sue&#241;os rotos.</p><p>Ma&#241;ana hablaremos de Francia 1998. Del primer Mundial en color real con tecnolog&#237;a moderna. De Zidane <em>cabeceando a Brasil</em>. De los <em>Bleus</em> multi&#233;tnicos celebrando en los Campos El&#237;seos. Y de c&#243;mo el f&#250;tbol cur&#243;, por un mes, las heridas francesas.</p><p>Pero hoy qued&#233;monos con la pelota pasando entre las piernas del Pitu Abelardo. Con la cara ensangrentada de Luis Enrique. Con Baggio mirando al cielo de Pasadena. Y con un cr&#237;o de once a&#241;os aprendiendo, sin saberlo, lo que era amar al f&#250;tbol: aceptar que la mayor&#237;a de las veces, te va a romper el coraz&#243;n.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Italia 1990]]></title><description><![CDATA[El decimocuarto Mundial. Notti magiche. Un h&#233;roe inesperado salido de los suburbios de Palermo. Maradona regresa a su N&#225;poles para enfrentarse a Italia. Un africano de 38 a&#241;os bailando en cada gol. Y]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com/p/italia-1990</link><guid isPermaLink="false">https://cortitayalpie.substack.com/p/italia-1990</guid><dc:creator><![CDATA[cortitayalpie]]></dc:creator><pubDate>Wed, 03 Jun 2026 17:30:13 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!-Ek-!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd7c2890e-76f3-47a0-a19b-6f9eac640e6a_1296x729.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay Mundiales que se recuerdan por los goles. Otros, por sus campeones. Algunos, por las cat&#225;strofes. Y luego est&#225; Italia 1990. Que se recuerda, sobre todo, por una canci&#243;n.</p><p><em>Notti magiche</em>. Noches m&#225;gicas. <em>Inseguendo un gol</em>. Persiguiendo un gol. <em>Sotto il cielo di un&#8217;estate italiana</em>. Bajo el cielo de un verano italiano. Compuesta por Edoardo Bennato y Gianna Nannini, la canci&#243;n oficial del Mundial se meti&#243; en los hogares italianos, despu&#233;s en los de medio mundo, y se qued&#243; all&#237; para siempre. A&#250;n hoy, cuando la oye un italiano de cierta edad, lo lleva de vuelta a aquel verano. Al verano en que Italia, anfitriona, so&#241;&#243; con ganar su cuarta copa en casa, y se qued&#243; a las puertas, llorando, en su propio templo del sur, en el San Paolo de N&#225;poles, contra el &#237;dolo m&#225;s improbable.</p><p>Esta es la historia de Italia 1990. La de un Mundial que produjo el menor n&#250;mero de goles por partido de la era moderna &#8212;apenas 2,21 de media&#8212;, que cambi&#243; las reglas del f&#250;tbol para siempre, y que aun as&#237; dej&#243; un pu&#241;ado de im&#225;genes inolvidables. La del h&#233;roe inesperado: Salvatore Schillaci, <em>Tot&#242;</em>, un humilde delantero siciliano que entr&#243; al torneo desconocido y sali&#243; hecho dios nacional. La de Maradona regresando a N&#225;poles, su segunda casa, para eliminar a Italia con la complicidad de los napolitanos. La de Camer&#250;n, contra todo pron&#243;stico, llegando a cuartos. Y la del primer Mundial decidido por penaltis en su propia final.</p><p>Y, conviene contarlo desde el principio, fue tambi&#233;n el &#250;ltimo Mundial de Alemania Occidental como tal. Un Mundial bisagra: del viejo orden al nuevo. Del muro de Berl&#237;n ca&#237;do en noviembre del 89 a la reunificaci&#243;n alemana de octubre del 90, justo despu&#233;s del torneo. La selecci&#243;n campeona, que pocos meses despu&#233;s dejar&#237;a de existir como tal.</p><h2>Italia recib&#237;a al mundo</h2><p>Italia organizaba su segundo Mundial, 56 a&#241;os despu&#233;s del fascista de Mussolini. Esta vez sin uniformes negros, sin saludos romanos, sin telegramas a Roma exigiendo t&#237;tulos. Esta vez, una democracia europea madura, con una de las ligas m&#225;s potentes del mundo &#8212;la Serie A de los ochenta era el destino so&#241;ado de cualquier gran jugador, con Maradona en el N&#225;poles, Van Basten y Gullit en el Milan, Matth&#228;us en el Inter&#8212;.</p><p>Doce sedes en doce ciudades. Estadios renovados o construidos de cero para la ocasi&#243;n, con presupuestos enormes y obras pol&#233;micas. Una mascota t&#237;mida llamada <em>Ciao</em>: un mu&#241;eco de palitos con los colores de la bandera italiana, sin la personalidad arrolladora de Naranjito ocho a&#241;os antes. Una organizaci&#243;n tan italiana como cab&#237;a esperar: ca&#243;tica en los detalles, espectacular en lo importante. Y, sobre todo, una promesa colectiva: ganar la copa en casa.</p><p>Italia llegaba al torneo con un equipo construido por Azeglio Vicini en torno a una columna s&#243;lida: el portero Walter Zenga, considerado entonces el mejor del mundo; los defensas del Inter (Bergomi, Maldini); el motor Donadoni; las dos puntas oficiales, Vialli y Carnevale. Y, en el banquillo, un suplente cualquiera: un sustituto bajito, sin pasado en grandes equipos, sin recorrido en la <em>Azzurra</em>. Un siciliano humilde reci&#233;n comprado por la Juventus tras una buena temporada en Sicilia. Se llamaba Salvatore Schillaci. <em>Tot&#242;</em>. Y entr&#243; al Mundial sin que nadie esperara nada de &#233;l.</p><h2>La sorpresa que abri&#243; el torneo</h2><p>El partido inaugural se jug&#243; en San Siro, Mil&#225;n, el 8 de junio de 1990. Argentina &#8212;la campeona del mundo, la de Maradona&#8212; contra Camer&#250;n. Sobre el papel, un tr&#225;mite. En la realidad, una bomba.</p><p>Camer&#250;n, que ya hab&#237;a hecho un papel digno en Espa&#241;a 1982, llegaba con un equipo dur&#237;simo, f&#237;sico, que entend&#237;a el f&#250;tbol como guerra. Argentina, sin Bilardo del 86 &#8212;segu&#237;a Bilardo, s&#237;, pero con un equipo m&#225;s viejo, m&#225;s lento&#8212;, llegaba a Mil&#225;n como favorita absoluta. Y perdi&#243;. 1-0. Con dos camaroneses expulsados, con un gol de cabeza de Fran&#231;ois Omam-Biyik tras un error garrafal del portero argentino Pumpido, y con la imagen de Maradona, en su vuelta al San Siro (estadio rival de su N&#225;poles), siendo abucheado por los aficionados del Inter durante todo el partido.</p><p>Aquel 1-0 fue la mayor sorpresa de un partido inaugural de Mundial hasta entonces. Y plant&#243; la semilla de algo m&#225;s grande: Camer&#250;n no hab&#237;a sido casualidad. Ir&#237;a llegando lejos. Mucho m&#225;s lejos de lo que cualquier <em>experto</em> hab&#237;a imaginado.</p><h2>Roger Milla, el abuelo bailar&#237;n</h2><p>Aquel Camer&#250;n ten&#237;a un secreto que el mundo a&#250;n no conoc&#237;a bien. Su nombre era <strong>Roger Milla</strong>.</p><p>Milla era una leyenda africana ya retirada de la selecci&#243;n. Hab&#237;a jugado el Mundial del 82 en Espa&#241;a, donde Camer&#250;n hab&#237;a ca&#237;do eliminada en primera fase pese a no perder un solo partido. Ten&#237;a 38 a&#241;os en 1990 &#8212;edad casi imposible para un futbolista profesional de &#233;lite&#8212; y hab&#237;a vuelto a la selecci&#243;n por insistencia del presidente camerun&#233;s, Paul Biya, casi como gesto sentimental. Iba a ser suplente. Iba a ser un homenaje viviente, un abuelo del banquillo.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!o4HM!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc5ffb45a-8cc5-4d6e-b34a-cee615ca910e_2048x1536.avif" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!o4HM!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc5ffb45a-8cc5-4d6e-b34a-cee615ca910e_2048x1536.avif 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!o4HM!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, 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Cuatro. Entrando desde el banquillo, casi siempre en la segunda parte. Marc&#243; dos veces a Ruman&#237;a. Dos veces a Colombia en octavos &#8212;en un partido que se decidi&#243; en la pr&#243;rroga, con el segundo gol naciendo de un error suicida del portero Higuita, que intent&#243; regatear en el centro del campo y perdi&#243; la pelota&#8212;. Y cada uno de sus goles los celebr&#243; igual: corriendo hasta la bandera de c&#243;rner, llevando la mano al sombrero invisible, moviendo las caderas en un baile que r&#225;pidamente se hizo viral antes de que existiera la palabra <em>viral</em>.</p><p>El baile de Milla en el c&#243;rner es uno de los iconos del Mundial. Y el Camer&#250;n de aquel verano, contra todo, se convirti&#243; en la primera selecci&#243;n africana de la historia en alcanzar los cuartos de final de un Mundial. Cay&#243; all&#237;, eliminada por Inglaterra, en un partidazo &#233;pico que acab&#243; 3-2 tras pr&#243;rroga, con dos penaltis transformados por Lineker. Pero Camer&#250;n ya hab&#237;a hecho historia. Y abri&#243; la puerta a un f&#250;tbol africano que ya no soltar&#237;a su parte del pastel.</p><h2>La irrupci&#243;n de Tot&#242; Schillaci</h2><p>Mientras tanto, en el campo italiano, Vicini empez&#243; alineando a Vialli y Carnevale. No funcionaron. En el primer partido contra Austria, con Italia atascada y sin generar, Vicini hizo un cambio: sac&#243; a Carnevale y meti&#243; a Schillaci. A los tres minutos en el campo, Tot&#242; marc&#243;. Cabezazo de matador, ojos saltones de felicidad incr&#233;dula. Italia 1, Austria 0. El Ol&#237;mpico de Roma rugi&#243;.</p><p>Aquella celebraci&#243;n de Schillaci &#8212;los ojos enormes, la sonrisa abierta, el correr sin saber ad&#243;nde&#8212; ser&#237;a la imagen que definir&#237;a el verano italiano. Schillaci era todo lo contrario al jugador moderno. Era un chico de los suburbios de Palermo, criado en una Sicilia pobre y polvorienta, llegado a la &#233;lite por casualidad y m&#233;rito, sin academia, sin marketing, sin estilo. Un humilde. Y los italianos &#8212;que se reconocen mejor en los humildes que en los h&#233;roes engominados&#8212; lo adoptaron como hijo.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!xQfJ!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F6001490a-8c50-4d4e-8cca-c7ccb4cdfbe5_2000x1500.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!xQfJ!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F6001490a-8c50-4d4e-8cca-c7ccb4cdfbe5_2000x1500.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!xQfJ!, 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Seis goles. Bota de Oro del Mundial. Pas&#243;, en seis partidos, de ser un suplente desconocido a h&#233;roe nacional, leyenda eterna. Esos ojos saltones celebrando, esa locura sencilla, son hoy uno de los grandes s&#237;mbolos del f&#250;tbol del siglo XX.</p><p>Hay una nota triste. Salvatore Schillaci muri&#243; en septiembre de 2024, con 59 a&#241;os, v&#237;ctima de un c&#225;ncer de colon. Italia entera lo llor&#243;. La primera ministra Meloni le dedic&#243; un mensaje en X: <em>el delantero de las noches m&#225;gicas de Italia 90.</em> Era exactamente eso. Aquel Mundial fue su vida entera concentrada en cuatro semanas.</p><h2>Maradona regresa a N&#225;poles</h2><p>Y ahora, el episodio m&#225;s cargado emocionalmente del torneo. Y posiblemente uno de los m&#225;s impredecibles que se hayan vivido en un Mundial.</p><p>Italia lleg&#243; a semifinales como anfitriona invicta. Su rival: Argentina. La campeona vigente. La de Maradona. &#191;Y d&#243;nde se jug&#243; el partido? En el Estadio San Paolo de <strong>N&#225;poles</strong>.</p><p>Aqu&#237; hay que detenerse. Maradona, desde 1984, jugaba en el Napoli. Hab&#237;a llevado al humilde club del sur de Italia a su primer scudetto en 1987, a otro en 1990, a una UEFA en 1989. Los napolitanos, hist&#243;ricamente marginados y desde&#241;ados por el rico norte italiano (Mil&#225;n, Tur&#237;n), hab&#237;an encontrado en aquel argentino bajito de Villa Fiorito a su mes&#237;as. Lo veneraban con devoci&#243;n casi religiosa. Murales suyos cubr&#237;an las paredes de los barrios pobres. Ni&#241;os bautizados Diego. Iglesias improvisadas con su imagen.</p><p>Y ahora, ese mismo Diego, vestido de Argentina, se enfrentaba a Italia en SU estadio. Era el l&#237;o psicol&#243;gico m&#225;s imposible que el f&#250;tbol haya creado.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!gsQX!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F08f73d4a-3a05-4567-8cbc-dcaabc12eaca_1920x1080.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!gsQX!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F08f73d4a-3a05-4567-8cbc-dcaabc12eaca_1920x1080.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!gsQX!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, 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Y solt&#243; una frase incendiaria: les record&#243; a los napolitanos que el resto de Italia los despreciaba 364 d&#237;as al a&#241;o. Que los llamaban <em>terroni</em> (palurdos del sur), que los discriminaban, que los miraban con desprecio. Solo el d&#237;a del partido, dijo, los dem&#225;s italianos los iban a &#8220;abrazar&#8221;. Una vez perdido el partido, los volver&#237;an a humillar como siempre. <em>&#191;Vais a apoyar a un pa&#237;s que os trata as&#237;?</em></p><p>La frase corri&#243; por N&#225;poles como p&#243;lvora. El partido se carg&#243; de tensi&#243;n pol&#237;tica. La afici&#243;n napolitana se dividi&#243;. Algunos llevaron pancartas hostiles a Maradona. Otros, secretamente o no, se preguntaron si en realidad no les conven&#237;a m&#225;s perder. Era una atm&#243;sfera enrarecida, electrificada, sin precedentes.</p><p>3 de julio de 1990. San Paolo. Italia 1, Argentina 1 en los 90 minutos. Schillaci hab&#237;a abierto el marcador en la primera parte, naturalmente. Caniggia, asistido por Maradona, hab&#237;a empatado en la segunda. Pr&#243;rroga sin goles. Y a los penaltis.</p><p>Y aqu&#237;, otro guion imposible. Maradona, cojo, dolorido del tobillo durante todo el Mundial &#8212;lleg&#243; arrastr&#225;ndose, no como en el 86&#8212;, marc&#243; su penalti. Italia fall&#243; dos. Argentina pas&#243; a la final.</p><p>Italia eliminada en su propio Mundial. En el San Paolo. Por Maradona. Con la complicidad &#8212;no del todo culpable, no del todo inocente&#8212; de los napolitanos que durante a&#241;os lo hab&#237;an convertido en su dios.</p><p>Las im&#225;genes del Ol&#237;mpico de Roma horas despu&#233;s, con Maradona pitado y abucheado por los italianos durante la final, son sintom&#225;ticas: aquel hombre se hab&#237;a convertido oficialmente en el villano absoluto de Italia. El &#237;dolo de N&#225;poles, el enemigo del resto del pa&#237;s. La fractura sur-norte italiana, expresada en un solo cuerpo. <em>Diego haga lo que haga ya no es nuestro</em>, escribir&#237;a un columnista de Mil&#225;n.</p><h2>Las l&#225;grimas de Gazza</h2><p>La otra semifinal se jug&#243; el d&#237;a siguiente, en Tur&#237;n. Alemania Federal contra Inglaterra. Y nos dej&#243; otra imagen para la historia.</p><p>Inglaterra, con un equipo creativo dirigido por Bobby Robson, llegaba a la primera semifinal mundialista desde 1966. Su gran estrella era un mediocampista joven, gordito, irreverente, due&#241;o de una t&#233;cnica magn&#237;fica y una cabeza inestable: Paul Gascoigne, <em>Gazza</em>. Un fen&#243;meno popular en Inglaterra. Un chaval problem&#225;tico. Un genio futbol&#237;stico.</p><p>El partido fue 1-1. Penaltis. Inglaterra perdi&#243; porque Stuart Pearce y Chris Waddle fallaron los suyos. Pero antes, en el minuto 99 de la pr&#243;rroga, hab&#237;a ocurrido algo emocionalmente devastador: a Gazza, hasta entonces excelente en el partido, le hab&#237;an sacado una segunda amarilla por una falta t&#225;ctica. Eso significaba que, si Inglaterra ganaba aquel partido, &#233;l no podr&#237;a jugar la final.</p><p>La c&#225;mara de la BBC enfoc&#243; a Gascoigne sentado en el suelo, llorando. Llorando como un ni&#241;o en plena semifinal del Mundial, frente a millones de televidentes en todo el mundo. El presentador brit&#225;nico Gary Lineker hizo un gesto al banquillo se&#241;alando hacia &#233;l, como diciendo <em>&#8220;est&#225; mal, atendedlo, no se va a recuperar&#8221;</em>. Las l&#225;grimas de Gazza se convirtieron en uno de los iconos visuales del Mundial, y, m&#225;s all&#225;, en uno de los momentos que cambiaron culturalmente al deporte ingl&#233;s. Hasta entonces, el f&#250;tbol ingl&#233;s se asociaba con la dureza, el hooliganismo, los hombres que no lloran. Las l&#225;grimas de un futbolista grande, vistas por todo el pa&#237;s en horario familiar, contribuyeron a humanizar el f&#250;tbol, a romper estereotipos masculinos. Fue, seg&#250;n muchos soci&#243;logos, un punto de inflexi&#243;n en la percepci&#243;n cultural del deporte en el Reino Unido.</p><p>Inglaterra perdi&#243;. Gazza no jugar&#237;a una final. Su carrera, marcada por el alcohol y los problemas mentales, se torcer&#237;a pronto. Pero aquellas l&#225;grimas son ya patrimonio del f&#250;tbol moderno.</p><h2>La final m&#225;s fea</h2><p>8 de julio de 1990. Estadio Ol&#237;mpico de Roma. Alemania Federal contra Argentina. La revancha de M&#233;xico 86. Pero sin gracia.</p><p>Argentina llegaba a la final como un equipo herido. Caniggia, suspendido por dos amarillas. Maradona, cojo, agotado, f&#237;sicamente al borde. Bilardo hab&#237;a construido una catenaccio c&#237;nico para esquivar al rival, defensa cerrada y a esperar. El equipo hab&#237;a llegado a la final sin convencer a nadie, perdiendo el partido inaugural, marcando apenas cinco goles en seis partidos, sufriendo en cada eliminatoria.</p><p>Alemania, en cambio, llegaba como el mejor equipo del torneo. Beckenbauer dirig&#237;a desde el banquillo &#8212;cuatro a&#241;os despu&#233;s de haber sido subcampe&#243;n en 1986, ahora estaba probando demostrar que tambi&#233;n sab&#237;a ganar como t&#233;cnico&#8212;. El equipo era el de Matth&#228;us, Brehme, V&#246;ller, Klinsmann, Berthold. S&#243;lido, organizado, letal.</p><p>Y la final, en justicia, fue una pena. Argentina no quer&#237;a jugar. Se cerr&#243; atr&#225;s con el &#250;nico objetivo de aguantar. Alemania atac&#243; toda la noche pero sin claridad. Y la tensi&#243;n acumulada explot&#243; en violencia: Pedro Monz&#243;n se convirti&#243; en el primer jugador expulsado en una final de Mundial en la historia, en el minuto 65, por una entrada criminal sobre Klinsmann. M&#225;s tarde, Dezotti vio la segunda amarilla y dej&#243; a Argentina con nueve.</p><p>Y en el minuto 85, lleg&#243; el momento. Penalti pitado al alem&#225;n Sensini por derribar a V&#246;ller. Decisi&#243;n dur&#237;sima, repetidamente protestada por los argentinos, sostenida por el &#225;rbitro mexicano &#201;dgar Codesal. Brehme lo transform&#243;. 1-0 Alemania.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!-Ek-!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd7c2890e-76f3-47a0-a19b-6f9eac640e6a_1296x729.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!-Ek-!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd7c2890e-76f3-47a0-a19b-6f9eac640e6a_1296x729.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!-Ek-!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, 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Quedaban cinco minutos. No pudo m&#225;s. El &#225;rbitro pit&#243; el final. Alemania, campeona del mundo por tercera vez (1954, 1974, 1990). Empataba con Italia y Brasil en el palmar&#233;s mundialista. Y se convert&#237;a en la &#250;ltima selecci&#243;n que ganaba como Alemania Federal: cuatro meses despu&#233;s, en octubre de 1990, las dos Alemanias se reunificar&#237;an.</p><p>Maradona, durante la entrega de medallas, hizo un gesto de rechazo a la copa cuando pas&#243; por su lado. Lloraba abiertamente. Ser&#237;a su &#250;ltimo partido en una final. Su &#250;ltimo gran torneo. El comienzo del declive: la sanci&#243;n por coca&#237;na en 1991, los problemas con la justicia, las depresiones, las reca&#237;das. El Maradona del 86, dios, ya no volver&#237;a. Aquel verano italiano, jam&#225;s del todo recuperado del esfuerzo y la enfermedad, fue su despedida amarga.</p><h2>Italia 1990 cambi&#243; el f&#250;tbol</h2><p>La final de Roma fue la confirmaci&#243;n de un problema que el Mundial entero hab&#237;a dejado claro: el f&#250;tbol se estaba volviendo aburrido.</p><p>Italia 90 produjo el menor n&#250;mero de goles por partido en la era moderna: solo 2,21 de media. La mayor&#237;a de equipos jugaban con cinco defensas, con presi&#243;n retrasada, con pases atr&#225;s constantes al portero, con t&#225;cticas defensivas en busca de empate y penaltis. El espect&#225;culo decreci&#243; hasta niveles preocupantes. La gente, despu&#233;s de 32 a&#241;os de Pel&#233;, Cruyff, Maradona, empezaba a aburrirse.</p><p>Y aqu&#237; Italia 90 cambi&#243; el f&#250;tbol para siempre. La FIFA, asustada por las cifras de audiencia y la calidad est&#233;tica del juego, introdujo dos reformas radicales para el Mundial siguiente, USA 94:</p><p><strong>Primera: la regla del pase atr&#225;s al portero.</strong> Hasta 1990, un defensa pod&#237;a pasarle el bal&#243;n al portero, este pod&#237;a cogerlo con las manos, sostenerlo todo el tiempo que quisiera, y devolverlo al juego cuando le viniera bien. Era una forma de gastar tiempo c&#237;nica, especialmente eficaz para los equipos que ganaban por m&#237;nimas diferencias. Tras Italia 90, eso se prohibi&#243;: el portero ya no puede coger con las manos un bal&#243;n cedido voluntariamente por un compa&#241;ero. Esta sola regla revolucion&#243; el juego, hizo m&#225;s activo el rol del portero, elimin&#243; los pases de defensa al portero como forma de paro.</p><p><strong>Segunda: tres puntos por victoria.</strong> Hasta entonces, la victoria val&#237;a dos puntos. Italia 90 demostr&#243; que muchos equipos prefer&#237;an empatar y asegurar un punto antes que arriesgar para ganar dos. La FIFA cambi&#243; a tres puntos por victoria. Recompensa al que arriesga. Castigo al que se conforma.</p><p>Ambas reglas siguen vigentes hoy. Ambas hicieron el f&#250;tbol m&#225;s atractivo. Y ambas tienen su origen en el aburrimiento que provoc&#243; Italia 90.</p><h2>Por qu&#233; importa Italia 1990</h2><p>Por tres razones que la historia ha decantado.</p><p>La primera: porque consagr&#243; la idea de que el f&#250;tbol es tambi&#233;n narrativa, no solo deporte. Italia 90, con sus pocos goles y su est&#233;tica cuestionable, dej&#243; un pu&#241;ado de historias que han sobrevivido todo. Schillaci con los ojos saltones, Roger Milla bailando, Gazza llorando, Maradona traicionando a Italia en su N&#225;poles. Esas im&#225;genes valen, en el imaginario colectivo, mucho m&#225;s que las estad&#237;sticas de goles. Un Mundial, ya lo sab&#237;amos, no es solo lo que pasa en el campo: es lo que se queda contado despu&#233;s. Italia 90 es la prueba de que un Mundial con poco f&#250;tbol puede dejar mucha memoria.</p><p>La segunda: porque cambi&#243; las reglas del juego. La presi&#243;n que gener&#243; el aburrimiento de Italia 90 dio lugar a dos reformas (la del pase al portero y la de los tres puntos por victoria) que siguen estructurando el f&#250;tbol moderno. Cada vez que vemos a un portero jugar con los pies, o que un equipo arriesga al final de un partido para llevarse los tres puntos en lugar de conformarse con uno, estamos viendo el legado de Italia 90. Un Mundial poco brillante que, parad&#243;jicamente, fue el catalizador de cambios profundos hacia el f&#250;tbol moderno que despu&#233;s amar&#237;amos.</p><p>Y la tercera: porque demuestra que los h&#233;roes, en el f&#250;tbol, pueden venir de cualquier sitio. Schillaci era un humilde delantero siciliano, nuevo en la selecci&#243;n, suplente al inicio. Roger Milla, un abuelo africano que iba a ser homenajeado. Camer&#250;n, una selecci&#243;n que casi nadie tomaba en serio. Y, sin embargo, fueron los protagonistas. Mientras los grandes nombres &#8212;Maradona cojo, los favoritos europeos&#8212; jugaban torneos discretos, los desconocidos brillaron. Eso, en el fondo, es lo m&#225;s bonito que tiene el f&#250;tbol: que la fama y el dinero no garantizan nada cuando empieza el partido. Que el bal&#243;n, a veces, encuentra a los m&#225;s improbables.</p><p>Hay una imagen final. Schillaci celebrando un gol, con los ojos enormes, sin saber del todo d&#243;nde est&#225;, abrazado por todo el banquillo italiano. Es el resumen perfecto del Mundial: la felicidad descontrolada de un humilde que se encuentra, de pronto, viviendo lo que nunca so&#241;&#243;. <em>Notti magiche</em>. Noches m&#225;gicas.</p><p>Cuando el 11 de junio empiece el Mundial de 2026, en alg&#250;n momento, un jugador desconocido entrar&#225; desde el banquillo, marcar&#225; un gol decisivo, y celebrar&#225; con esa locura inocente con la que solo celebran los que no esperaban estar ah&#237;. Y, sin saberlo del todo, estar&#225; repitiendo el verano de Tot&#242;. El verano en que un siciliano de los suburbios se convirti&#243;, durante seis partidos, en la cara del f&#250;tbol mundial.</p><p>Ma&#241;ana hablaremos de Estados Unidos 1994. Del primer Mundial en un pa&#237;s sin tradici&#243;n futbol&#237;stica. De Rom&#225;rio y Bebeto, <em>los hermanos</em>. Del penalti que Roberto Baggio fall&#243; al cielo. Y del calor extremo que casi acaba con los europeos.</p><p>Pero hoy qued&#233;monos con los ojos saltones de Tot&#242; Schillaci.</p><p>Con Milla bailando junto a la bandera de c&#243;rner.</p><p>Con Gazza llorando.</p><p>Con Maradona traicionando a Italia en su N&#225;poles.</p><p>Y con esas <em>noches m&#225;gicas</em>, <em>sotto il cielo di un&#8217;estate italiana</em>, que siguen sonando en alg&#250;n rinc&#243;n de la memoria.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[México 1986]]></title><description><![CDATA[El decimotercer Mundial. La historia m&#225;s grande contada por un solo hombre. La venganza simb&#243;lica de las Malvinas. La Mano de Dios. El gol del siglo. Y Diego Armando Maradona escribiendo, en cuatro se]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com/p/mexico-1986</link><guid isPermaLink="false">https://cortitayalpie.substack.com/p/mexico-1986</guid><dc:creator><![CDATA[cortitayalpie]]></dc:creator><pubDate>Tue, 02 Jun 2026 17:30:39 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!ols-!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F02579b39-744a-48dd-9af4-2f6bb8340c62_1936x1180.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay piezas, en toda esta serie, que se merecen un comienzo distinto.</p><p>Esta es una de ellas.</p><p>Porque M&#233;xico 1986 no es un Mundial sobre un pa&#237;s, ni sobre una selecci&#243;n, ni sobre una idea futbol&#237;stica, ni sobre una &#233;poca. Es un Mundial sobre un hombre. Un solo hombre. Un futbolista que entr&#243; en el torneo siendo, ya, una de las estrellas m&#225;s conocidas del planeta, y sali&#243; convertido en algo m&#225;s grande, m&#225;s misterioso, m&#225;s definitivo: en un mito. En la categor&#237;a m&#225;s alta que el f&#250;tbol concede. En leyenda viva.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Zhsa!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d221905-0ad1-4fe9-a0f2-f448423a914a_3840x857.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Zhsa!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d221905-0ad1-4fe9-a0f2-f448423a914a_3840x857.png 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Zhsa!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d221905-0ad1-4fe9-a0f2-f448423a914a_3840x857.png 848w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Zhsa!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1272, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d221905-0ad1-4fe9-a0f2-f448423a914a_3840x857.png 1272w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Zhsa!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1456, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d221905-0ad1-4fe9-a0f2-f448423a914a_3840x857.png 1456w" sizes="100vw"><img src="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Zhsa!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d221905-0ad1-4fe9-a0f2-f448423a914a_3840x857.png" width="1456" height="325" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/5d221905-0ad1-4fe9-a0f2-f448423a914a_3840x857.png&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:null,&quot;height&quot;:325,&quot;width&quot;:1456,&quot;resizeWidth&quot;:null,&quot;bytes&quot;:212094,&quot;alt&quot;:null,&quot;title&quot;:null,&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;href&quot;:null,&quot;belowTheFold&quot;:false,&quot;topImage&quot;:true,&quot;internalRedirect&quot;:&quot;https://cortitayalpie.substack.com/i/200319275?img=https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d221905-0ad1-4fe9-a0f2-f448423a914a_3840x857.png&quot;,&quot;isProcessing&quot;:false,&quot;align&quot;:null,&quot;offset&quot;:false}" class="sizing-normal" alt="" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Zhsa!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d221905-0ad1-4fe9-a0f2-f448423a914a_3840x857.png 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Zhsa!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d221905-0ad1-4fe9-a0f2-f448423a914a_3840x857.png 848w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Zhsa!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1272, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d221905-0ad1-4fe9-a0f2-f448423a914a_3840x857.png 1272w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Zhsa!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_1456, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_auto, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d221905-0ad1-4fe9-a0f2-f448423a914a_3840x857.png 1456w" sizes="100vw" fetchpriority="high"></picture><div></div></div></a></figure></div><p></p><p>Maradona.</p><p>Diego Armando Maradona Franco. Veintis&#233;is a&#241;os reci&#233;n cumplidos. 1,65 metros de altura, sesenta y siete kilos de peso, pierna izquierda m&#225;gica, pierna derecha residual, centro de gravedad baj&#237;simo, fuerza desproporcionada para su tama&#241;o, rabia acumulada desde la cuna de la pobreza. Argentina entera puesta sobre sus hombros. Y, encima de todo, una cuenta pendiente con un pa&#237;s que solo cuatro a&#241;os antes hab&#237;a matado a m&#225;s de seiscientos j&#243;venes argentinos en una guerra est&#250;pida por unas islas remotas.</p><p>M&#233;xico 1986 es lo que pas&#243; cuando todo eso convergi&#243; en un solo cuerpo durante un mes.</p><p>Esta es su historia. La del Mundial que pudo no jugarse en M&#233;xico. La del calor extremo y la altitud que mataba a los europeos. La del partido m&#225;s simb&#243;lico que ha visto este deporte. Del gol m&#225;s infame y del gol m&#225;s bello, marcados con cuatro minutos de diferencia. Y de la final que cumpli&#243; la promesa que un chaval hab&#237;a hecho en el 78 cuando lo dejaron fuera.</p><h2>El Mundial que cambi&#243; de pa&#237;s</h2><p>M&#233;xico no iba a organizar 1986. El Mundial estaba adjudicado a Colombia desde 1974. Pero Colombia, en plena espiral de violencia interna, con el narcotr&#225;fico desbordado y la econom&#237;a hundida, comunic&#243; a la FIFA en 1982 que renunciaba: no pod&#237;a afrontar el coste. La FIFA qued&#243; con un Mundial sin sede a cuatro a&#241;os vista.</p><p>Hubo que improvisar. Estados Unidos, Brasil, Canad&#225; y M&#233;xico presentaron candidaturas. Y gan&#243; M&#233;xico, que no se postulaba con tanta fuerza, pero que ten&#237;a dos ventajas decisivas: ya hab&#237;a organizado un Mundial en 1970, con &#233;xito enorme; y ten&#237;a la infraestructura pr&#225;cticamente lista. Estadio Azteca, hoteles, transporte: todo a punto.</p><p>Solo un detalle complic&#243; las cosas: el 19 de septiembre de 1985, ocho meses antes del Mundial, un terremoto devastador sacudi&#243; Ciudad de M&#233;xico. M&#225;s de diez mil muertos, seg&#250;n las cifras oficiales (las reales probablemente fueron mayores). Cientos de edificios destruidos. El pa&#237;s, de nuevo &#8212;como Chile en 1962&#8212;, tuvo que organizar el Mundial sobre escombros recientes. Y, como entonces, lo hizo. Con esfuerzo enorme y orgullo herido.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!99Tw!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F937b2ff6-57b5-4903-bde4-7fb7d98b0d3f_1200x630.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!99Tw!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F937b2ff6-57b5-4903-bde4-7fb7d98b0d3f_1200x630.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!99Tw!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, 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usado en 1974, 1978 y 1982. A partir de aqu&#237;, los equipos pasaban de grupos directamente a octavos eliminatorios. El esquema actual. El que sigue vigente hoy en Mundiales de 32 (y vigente, ma&#241;ana, en los Mundiales de 48).</p><h2>El hombre que lleg&#243; a M&#233;xico</h2><p>Para entender lo que pas&#243; hay que entender qui&#233;n era Maradona aquel verano.</p><p>Maradona ven&#237;a del barro. Literalmente. Nacido en 1960 en Lan&#250;s, en el Gran Buenos Aires, criado en Villa Fiorito &#8212;uno de los barrios m&#225;s pobres del conurbano, sin agua corriente, sin electricidad fiable, casas de chapa&#8212;. Era el quinto hijo de una familia obrera de origen guaran&#237; y croata. A los nueve a&#241;os ya hac&#237;a malabarismos en el descanso de los partidos de primera divisi&#243;n argentina, sacando algunos pesos. A los quince, debut&#243; en Argentinos Juniors. A los diecis&#233;is, jug&#243; con la selecci&#243;n absoluta.</p><p>Tras la decepci&#243;n de no ser convocado para 1978 &#8212;Menotti lo descart&#243; por inmaduro&#8212;, hab&#237;a crecido. Boca Juniors. Barcelona, donde tuvo una experiencia complicada: una hepatitis grave, una lesi&#243;n en el tobillo provocada por una patada criminal del <em>Carnicero de Bilbao</em> (Andoni Goikoetxea), una pelea masiva en la final de Copa del Rey contra el Athletic, broncas con la directiva. Espa&#241;a no funcion&#243;.</p><p>En 1984, fich&#243; por el N&#225;poles. Un club mediano del sur italiano, hist&#243;ricamente pobre comparado con los grandes del norte (Juventus, Milan, Inter). Y all&#237;, en N&#225;poles &#8212;una ciudad sure&#241;a, mediterr&#225;nea, pobre, marginada, parecida a la Buenos Aires de su infancia&#8212;, Maradona se sinti&#243; en casa por primera vez en a&#241;os. Empez&#243; a sacar al N&#225;poles del anonimato. Le llevar&#237;a al primer scudetto de su historia en 1987. Y los napolitanos, en respuesta, lo adoptaron como un dios.</p><p>Cuando Maradona lleg&#243; a M&#233;xico en mayo de 1986, era ya uno de los dos o tres mejores jugadores del mundo. Pero todav&#237;a le faltaba algo. Le faltaba <strong>eso</strong>. El sello definitivo. El acto que separa a los muy grandes de los inmortales: ganar un Mundial.</p><p>Espa&#241;a 82 hab&#237;a sido una decepci&#243;n amarga. Le hab&#237;a llegado con apenas 21 a&#241;os, mal preparado, y Argentina hab&#237;a ca&#237;do eliminada en la segunda fase. El propio Maradona, expulsado en el &#250;ltimo partido contra Brasil, hab&#237;a salido del torneo entre l&#225;grimas y verg&#252;enza. Sab&#237;a que M&#233;xico era su oportunidad. Y se la tom&#243; como una cuesti&#243;n personal.</p><h2>El equipo del capit&#225;n</h2><p>El entrenador de aquella Argentina era <strong>Carlos Salvador Bilardo</strong>, un m&#233;dico ginec&#243;logo que hab&#237;a sido futbolista del Estudiantes de La Plata violento de los setenta. Su filosof&#237;a era diametralmente opuesta a la de Menotti, el ex-seleccionador del 78. Bilardo era pragm&#225;tico, defensivo, obsesionado por el orden t&#225;ctico. Donde Menotti hablaba de filosof&#237;a y belleza, Bilardo hablaba de cent&#237;metros y de marcajes.</p><p>Pero Bilardo entendi&#243; una cosa b&#225;sica. Ten&#237;a a Maradona. Y tener a Maradona significaba que su sistema pod&#237;a ser cualquier cosa, mientras le permitiera al genio expresarse. Dise&#241;&#243; un 3-5-2 at&#237;pico, con cinco jugadores en el medio campo dedicados a recuperar balones y d&#225;rselos a Diego. El resto era simple: dejar a Maradona el bal&#243;n y los espacios. Que &#233;l hiciera lo dem&#225;s.</p><p>El resto del equipo, sin alardes, cumpl&#237;a: Pumpido en porter&#237;a. Brown, Cuciuffo, Ruggeri en defensa. Giusti, Olarticoechea, Burruchaga en el medio. Valdano arriba con Maradona. Era un equipo de obreros con un genio. Como cantar&#237;an a&#241;os despu&#233;s los aficionados argentinos: <em>&#8220;un equipo de carniceros y Maradona&#8221;</em>. Bilardo y Maradona, sin embargo, supieron exprimir esa f&#243;rmula.</p><h2>El camino a cuartos</h2><p>Argentina pas&#243; la fase de grupos con autoridad: 3-1 a Corea del Sur, 1-1 con Italia (Maradona, gol), 2-0 a Bulgaria. En octavos, 1-0 a Uruguay (que ya no era la de antes), con tant&#237;sima dificultad como cab&#237;a esperar.</p><p>Y entonces, los cuartos. El partido que la historia ten&#237;a guardado.</p><h2>Argentina contra Inglaterra</h2><p>22 de junio de 1986. Estadio Azteca, Ciudad de M&#233;xico. 114.580 espectadores. Calor sofocante. Altitud que mataba. Argentina contra Inglaterra. Pero no era un partido cualquiera.</p><p>Cuatro a&#241;os antes, en abril de 1982, Argentina e Inglaterra hab&#237;an librado una guerra. La Guerra de las Malvinas (o de las Falklands, seg&#250;n el bando). El r&#233;gimen militar argentino, en sus estertores, hab&#237;a invadido las islas brit&#225;nicas del Atl&#225;ntico Sur. Margaret Thatcher hab&#237;a enviado la flota. En diez semanas, los brit&#225;nicos recuperaron las Malvinas. Murieron 649 soldados argentinos &#8212;muchos de ellos chicos de 18 a&#241;os en cumplimiento del servicio militar obligatorio, mal armados, peor preparados&#8212; y 255 brit&#225;nicos. La derrota argentina precipit&#243; la ca&#237;da de la dictadura. Pero la herida qued&#243; abierta.</p><p>Cuatro a&#241;os despu&#233;s, los dos pa&#237;ses se enfrentaban en una cancha de f&#250;tbol en M&#233;xico. Oficialmente, Bilardo y los jugadores argentinos repet&#237;an que era <em>solo un partido</em>, que la pol&#237;tica y el deporte no se mezclaban. Pero todos sab&#237;an que eso era mentira. Sab&#237;an que aquel partido era una venganza simb&#243;lica posible. Una manera de devolver, al menos en el c&#233;sped, lo que en las islas no se hab&#237;a podido devolver.</p><p>Maradona, a&#241;os despu&#233;s, fue claro: <em>&#8220;Para nosotros era una revancha. Como si hubi&#233;ramos ido a reconquistar las Malvinas.&#8221;</em> No era literal. Era simb&#243;lico. Pero era real.</p><p>Primer tiempo, 0-0. Aburrido, t&#225;ctico, con los dos equipos midi&#233;ndose. Inglaterra, dirigida por Bobby Robson, jugaba ordenada pero sin chispa. Argentina insinuaba algo, pero sin desatar a su genio.</p><p>En el minuto 51 ocurri&#243; la jugada que cambi&#243; la historia.</p><h2>La Mano de Dios</h2><p>Maradona, en el centro del campo, le pas&#243; la pelota a Valdano. Valdano la perdi&#243; en el &#225;rea. El defensa ingl&#233;s Hodge intent&#243; despejar con la cabeza hacia atr&#225;s. La pelota subi&#243; en par&#225;bola hacia su propio portero, Peter Shilton. Y entonces apareci&#243; Maradona, llegando al &#225;rea desde atr&#225;s, saltando hacia el bal&#243;n.</p><p>Shilton, que med&#237;a 1,85, levant&#243; los pu&#241;os para despejar la pelota. Maradona, que med&#237;a 1,65, salt&#243; alargando el brazo izquierdo. La pelota toc&#243; el pu&#241;o de Maradona &#8212;no la cabeza, no el hombro: el pu&#241;o&#8212; y se col&#243; a la red.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!T3Zv!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff2db4a0b-f32b-4807-8aaa-240ccd2b6290_860x608.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!T3Zv!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff2db4a0b-f32b-4807-8aaa-240ccd2b6290_860x608.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!T3Zv!, 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El juez de l&#237;nea, Bogdan Dotchev, tampoco. Maradona, que s&#237; sab&#237;a exactamente lo que hab&#237;a hecho, corri&#243; a celebrar como si nada, con la astucia del estafador. Los ingleses protestaron furiosos. El gol se concedi&#243;. 1-0 Argentina.</p><p>Las im&#225;genes televisivas, vistas inmediatamente despu&#233;s, no dejaban lugar a la duda: gol con la mano. Trampa. Ilegal. Pero ya estaba subido al marcador y ya no se pod&#237;a cambiar (en 1986 no exist&#237;a el VAR, claro).</p><p>En la rueda de prensa posterior, le preguntaron a Maradona si hab&#237;a marcado con la mano. Respondi&#243; con una frase que ha quedado para la historia: <em>&#8220;Fue un poco con la cabeza de Maradona y otro poco con la mano de Dios.&#8221;</em></p><p>La frase recorri&#243; el mundo. Bautiz&#243; el gol. Le dio nombre, dignidad, mito. La <em>Mano de Dios</em> se convirti&#243; en una expresi&#243;n universal. Maradona, m&#225;s tarde, en sus memorias, ya admitir&#237;a sin tapujos: <em>&#8220;En su momento lo llam&#233; &#8216;la mano de Dios&#8217;. &#161;Pamplinas! Fue la mano de Diego.&#8221;</em></p><p>Para los ingleses, hasta hoy, es la mayor injusticia que ha sufrido su selecci&#243;n. Para los argentinos, es parte del folclore: un gui&#241;o p&#237;caro, una &#8220;viveza criolla&#8221;, la victoria del d&#233;bil sobre el fuerte usando la astucia, la &#8220;venganza&#8221; simb&#243;lica por las Malvinas. Maradona, en aquel gesto, no era solo un futbolista: era un personaje que encarnaba la rabia y la p&#237;cara desfachatez de toda una cultura. El sur del mundo dando un golpe simb&#243;lico al norte. Tramposo, s&#237;. Pero tambi&#233;n cat&#225;rtico para los suyos.</p><p>Y cuatro minutos despu&#233;s, vino la otra cara de la moneda. La parte limpia. La parte sublime.</p><h2>El Gol del Siglo</h2><p>Minuto 55. Maradona recibi&#243; el bal&#243;n en su propio campo, en el c&#237;rculo central. Iba marcado por Beardsley. Lo dej&#243; atr&#225;s con un quiebro de cintura. Hodge se le acerc&#243; por su izquierda. Lo dej&#243; atr&#225;s tambi&#233;n. Empez&#243; a correr hacia adelante. Reid, otro ingl&#233;s, intent&#243; cerrarle. Maradona pas&#243; por su lado sin reducir velocidad.</p><p>Estaba en el campo ingl&#233;s. Lo segu&#237;an tres defensas. Butcher y Fenwick lo presionaban en paralelo. Maradona segu&#237;a corriendo. Cinco metros. Diez metros. Quince metros. La pelota como pegada al pie, casi no la miraba, la conduc&#237;a con la pierna izquierda como si fuera una extensi&#243;n del cuerpo. Entr&#243; en el &#225;rea. Fenwick le esperaba. Lo dej&#243; atr&#225;s. Shilton sali&#243; de la porter&#237;a. Maradona amag&#243; hacia un lado, recort&#243;, y, cuando Shilton se hab&#237;a tirado al suelo intentando cubrir el &#225;ngulo, pic&#243; la pelota suavemente por el otro lado, con la pierna izquierda, hacia la red.</p><p>Diez segundos. Sesenta metros de carrera. Once toques de bal&#243;n. Cinco rivales superados (Beardsley, Reid, Butcher, Fenwick, Shilton; Butcher dos veces). El segundo gol m&#225;s bello de la historia, seg&#250;n muchos rankings. Para muchos otros, el primero, por delante del de Carlos Alberto en 1970.</p><p>El comentarista argentino V&#237;ctor Hugo Morales, viendo el gol en directo desde la cabina del Azteca, grit&#243; una de las narraciones m&#225;s famosas del deporte: <em>&#8220;Genio, genio, genio... &#161;goooool! &#161;Goooool! &#161;Quiero llorar, Dios santo, viva el f&#250;tbol! &#161;Qu&#233; jugad&#243;n! &#161;Diego! &#161;Maradona! Es para llorar, perd&#243;nenme... Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos. Barrilete c&#243;smico, &#191;de qu&#233; planeta viniste para dejar en el camino a tanto ingl&#233;s, para que el pa&#237;s sea un pu&#241;o apretado gritando por Argentina?&#8221;</em></p><p>Esa frase, <em>&#8220;barrilete c&#243;smico, &#191;de qu&#233; planeta viniste?&#8221;</em>, ha quedado como uno de los grandes himnos al genio futbol&#237;stico jam&#225;s pronunciados. Un narrador que se convierte en poeta porque el momento, simplemente, exige poes&#237;a.</p><p>Argentina gan&#243; 2-1. Gary Lineker descont&#243; a falta de diez minutos. Pero el partido ya estaba escrito. Maradona se hab&#237;a vengado de las Malvinas. Maradona hab&#237;a marcado el gol m&#225;s infame y el gol m&#225;s sublime con cuatro minutos de diferencia. Maradona era ya, m&#225;s all&#225; de cualquier discusi&#243;n t&#233;cnica, el due&#241;o de aquel Mundial.</p><h2>Y luego, B&#233;lgica</h2><p>En semifinales, contra B&#233;lgica, Maradona volvi&#243; a marcar dos goles. El segundo de aquellos goles &#8212;menos famoso que los de Inglaterra pero igual de espectacular&#8212;, otro slalom magn&#237;fico por el centro del &#225;rea, regateando a tres belgas antes de cruzar a la red. Hay quien lo considera incluso m&#225;s impresionante t&#233;cnicamente que el &#8220;Gol del Siglo&#8221;, aunque el contexto, sin el peso simb&#243;lico del partido contra Inglaterra, le ha restado mitolog&#237;a.</p><p>Argentina 2-0. A la final.</p><p>Mientras tanto, en la otra semifinal, Alemania Federal venci&#243; a Francia 2-0. La Francia de Platini &#8212;subcampeona de Europa en 1984, considerada una de las grandes generaciones francesas&#8212; qued&#243; eliminada por segundo Mundial consecutivo en semifinales. Una historia tr&#225;gica que tardar&#237;an doce a&#241;os en revertir.</p><h2>La final: Argentina contra Alemania</h2><p>29 de junio de 1986. Estadio Azteca otra vez. La misma cancha donde Brasil hab&#237;a hecho historia en 1970. La misma donde Maradona se hab&#237;a vengado de Inglaterra. Argentina contra Alemania Federal. La favorita contra el rival m&#225;s correoso. El gran espect&#225;culo contra el orden.</p><p>Argentina empez&#243; dominando. Brown, en una jugada de c&#243;rner, marc&#243; el 1-0. Valdano, tras una contra, marc&#243; el 2-0 a falta de un cuarto de hora. Argentina dominaba claramente. Estaba a punto de ganar su segundo Mundial. Y entonces, Alemania despert&#243;.</p><p>Rummenigge, el viejo capit&#225;n alem&#225;n, descont&#243; el 2-1 al minuto 73 tras un c&#243;rner. Y ocho minutos despu&#233;s, V&#246;ller empat&#243; con otro cabezazo en otro c&#243;rner. 2-2. Quedaban siete minutos. El Azteca, en silencio, viendo c&#243;mo se le escapaba una final que ten&#237;a controlada.</p><p>Y entonces, una vez m&#225;s, Maradona.</p><p>Minuto 83. Recibi&#243; un bal&#243;n en el centro del campo, rodeado de alemanes. Levant&#243; la cabeza. Vio a Burruchaga corriendo libre hacia el centro del &#225;rea alem&#225;n. Y filtr&#243; un pase con la pierna izquierda, perfectamente medido, entre dos defensas, dejando solo a Burruchaga frente a Schumacher (s&#237;, el mismo de Battiston).</p><p>Burruchaga no fall&#243;. Dispar&#243; cruzado, raso, junto al palo. 3-2 Argentina.</p><p>Esa jugada tambi&#233;n es Maradona, aunque no haya marcado &#233;l. La asistencia es de las que solo dan los muy grandes: vista, picada, perfecci&#243;n. Algunos dir&#237;an que aquel pase, en t&#233;rminos puramente t&#233;cnicos, vale tanto como cualquiera de sus goles. Es la firma del genio puesta a disposici&#243;n del colectivo.</p><p>Pitido final. Argentina, campeona del mundo por segunda vez. Maradona, capit&#225;n a sus veintis&#233;is a&#241;os, levant&#243; la copa en el Azteca. La promesa hecha en 1978, cuando lo dejaron fuera con diecisiete a&#241;os, estaba cumplida.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!ols-!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F02579b39-744a-48dd-9af4-2f6bb8340c62_1936x1180.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!ols-!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F02579b39-744a-48dd-9af4-2f6bb8340c62_1936x1180.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!ols-!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, 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En las siete partidos de Argentina, Maradona marc&#243; cinco goles y dio cinco asistencias. Es decir, <strong>particip&#243; directamente en diez de los catorce goles de su equipo</strong>: el 71% de la producci&#243;n ofensiva total. Y en los partidos clave &#8212;desde octavos a la final&#8212;, su participaci&#243;n directa fue todav&#237;a mayor.</p><p>Ninguna otra figura del f&#250;tbol ha llevado en sus hombros un Mundial entero como Maradona en M&#233;xico 86. Ni Pel&#233; en 1958. Ni Beckenbauer en 1974. Ni Zidane en 1998. Ni siquiera el propio Messi en 2022. La actuaci&#243;n individual m&#225;s completa, sostenida y decisiva que ha visto el torneo es la de aquel chaval de 1,65 metros, en cuatro semanas mexicanas, llevando a Argentina hasta el cielo.</p><h2>Por qu&#233; importa M&#233;xico 1986</h2><p>Por una raz&#243;n sencilla y enorme: porque demostr&#243; que un solo hombre puede, todav&#237;a, en el f&#250;tbol moderno, marcar la diferencia absoluta entre ganar y no ganar.</p><p>El f&#250;tbol del siglo XXI tiende a ser cada vez m&#225;s colectivo, m&#225;s t&#225;ctico, m&#225;s quir&#250;rgico. Los entrenadores son protagonistas. Los sistemas mandan sobre los individuos. La preparaci&#243;n f&#237;sica y los an&#225;lisis de datos pesan tanto como el talento. Y, sin embargo, hay momentos &#8212;cada vez m&#225;s raros, pero existen&#8212; en los que un solo jugador puede romper todo eso. Hacer que la planificaci&#243;n m&#225;s prolija se vea destruida por la imaginaci&#243;n de un solo pie izquierdo. Convertir la previsi&#243;n en humo.</p><p>Maradona, en 1986, fue la prueba m&#225;s absoluta de eso. Y, por ello, su Mundial sigue siendo el ideal lejano que cada generaci&#243;n de aficionados busca volver a ver. <em>&#8220;Que aparezca otro Maradona&#8221;</em>, decimos cuando no aparece nadie capaz de hacer lo que &#233;l. Pero no aparece. Ni Messi, en su mejor versi&#243;n, lleg&#243; al nivel del Diego del 86. Hay un consenso casi un&#225;nime: aquellas cuatro semanas mexicanas son lo m&#225;s cerca que un futbolista ha estado, jam&#225;s, de ser un dios.</p><p>Y hay otra raz&#243;n, m&#225;s sutil. M&#233;xico 1986 nos ense&#241;&#243; que el f&#250;tbol puede ser, a la vez, infame y sublime. La misma persona &#8212;el mismo Maradona&#8212;, en el mismo partido &#8212;Argentina-Inglaterra&#8212;, en el mismo intervalo de cuatro minutos, hizo lo m&#225;s vergonzoso y lo m&#225;s bello. La trampa y la genialidad. La Mano de Dios y el Gol del Siglo. Las dos est&#225;n all&#237;, conviviendo, formando parte del mismo personaje y del mismo legado. No se pueden separar. No se deben separar. Maradona es las dos cosas. El f&#250;tbol es las dos cosas.</p><p>Por eso, cuando muri&#243; Maradona en noviembre de 2020, el mundo llor&#243; de una manera que no se llora a otros futbolistas. Porque no lloraba solo a un jugador: lloraba a un personaje completo, hecho de luz y sombra, de redenci&#243;n y ca&#237;da, de gloria y miseria. La coca&#237;na, las depresiones, los problemas de salud, los hijos sin reconocer, los excesos. Maradona vivi&#243; como nadie y se rompi&#243; como nadie. Pero antes, en aquel verano del 86, hab&#237;a sido, durante un mes, exactamente el mejor jugador de f&#250;tbol que el planeta ha visto.</p><p>Hay una imagen final. Maradona, en el centro del Azteca, levantando la copa Gazzaniga sobre su cabeza despu&#233;s de la final. Una cara de ni&#241;o feliz. Treinta a&#241;os despu&#233;s, en sus memorias, escribir&#237;a que aquel fue el d&#237;a m&#225;s feliz de su vida. Que cuando subi&#243; al balc&#243;n de la Casa Rosada en Buenos Aires con la copa, mirando a una multitud delirante, supo que ya hab&#237;a cumplido. Que todo lo dem&#225;s &#8212;las medallas en Italia, las pol&#233;micas, las ca&#237;das, las resurrecciones&#8212; era ep&#237;logo. Que su vida, futbol&#237;sticamente, alcanz&#243; la meta justo all&#237;, en aquel campo del Azteca, con veintis&#233;is a&#241;os, levantando la copa con sus propias manos.</p><p>Cuando el 11 de junio empiece el Mundial de 2026, todo el f&#250;tbol estar&#225; buscando, sin saberlo del todo, otro Maradona. Otra cuatro semanas como las del 86. Otro genio capaz de cargar un pa&#237;s. Casi seguro, no aparecer&#225;. Casi seguro, lo veremos en los Messi, los Mbapp&#233;, los Vin&#237;cius, los Yamal: destellos cercanos, momentos brillantes, jugadas memorables. Pero no aquello.</p><p>Aquello fue irrepetible. Aquello fue Maradona. En M&#233;xico. En el 86.</p><p>Ma&#241;ana hablaremos de Italia 1990. De <em>Notti Magiche</em>. De Schillaci, el nuevo h&#233;roe inesperado. De Maradona-Caniggia eliminando a Italia en San Paolo (su N&#225;poles). Y de una final agria entre Argentina y Alemania, otra vez.</p><p>Pero hoy qued&#233;monos con dos goles, separados por cuatro minutos, en el calor de M&#233;xico.</p><p>Con el barrilete c&#243;smico.</p><p>Con el genio que vino de la villa miseria.</p><p>Y con la certeza, por ahora y para siempre, de que aquello que pas&#243; en el Azteca en 1986 no lo veremos otra vez.</p><p>Aunque sigamos esper&#225;ndolo.</p><p>Cada cuatro a&#241;os.</p><p>Sin falta.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[España 1982]]></title><description><![CDATA[El duod&#233;cimo Mundial. La primera vez que Espa&#241;a organiz&#243; la fiesta. Naranjito. La muerte del f&#250;tbol bonito en Sarri&#225;. La patada criminal de Schumacher a Battiston. Y la redenci&#243;n de un hombre prohibid]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com/p/espana-1982</link><guid isPermaLink="false">https://cortitayalpie.substack.com/p/espana-1982</guid><dc:creator><![CDATA[cortitayalpie]]></dc:creator><pubDate>Mon, 01 Jun 2026 17:31:04 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!QIis!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F27136722-047b-4272-af28-18f905cde78a_630x630.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay una imagen que define este Mundial mejor que cualquier estad&#237;stica.</p><p>Es el 5 de julio de 1982. Estadio de Sarri&#225;, Barcelona. Hace un calor sofocante. Italia acaba de eliminar a Brasil, la favorita absoluta, en uno de los partidos m&#225;s extraordinarios que jam&#225;s se hayan jugado. Y por todo el campo, los brasile&#241;os est&#225;n tirados. Llorando. Algunos boca abajo en el c&#233;sped. S&#243;crates, el m&#233;dico-fil&#243;sofo, vencido. Falc&#227;o sentado en el suelo con la cabeza entre las manos. Zico, llorando como un ni&#241;o. Toninho Cerezo, inm&#243;vil.</p><p>Aquella imagen tiene un significado profund&#237;simo. No es solo una selecci&#243;n que ha perdido un partido importante. Es el funeral de una idea del f&#250;tbol. La Brasil de 1982 era, seg&#250;n muchos cronistas, la mejor selecci&#243;n que se vio en aquel Mundial. Posiblemente, junto a Brasil 1970 y Holanda 1974, una de las tres m&#225;s bellas que ha visto el deporte. Jugaba con una libertad casi insolente, con cuatro mediocampistas creadores (S&#243;crates, Cerezo, Falc&#227;o, Zico), con un f&#250;tbol que era m&#250;sica.</p><p>Y se fue a casa.</p><p>Por culpa de un hombre que volv&#237;a de una sanci&#243;n por ama&#241;o de partidos.</p><p>Esta es la historia de Espa&#241;a 1982. La del primer Mundial organizado en Espa&#241;a. El de Naranjito y la <strong>furia</strong> todav&#237;a sin estrellas. El de la patada m&#225;s brutal jam&#225;s vista. El del fin del f&#250;tbol bonito. Y el de Paolo Rossi, el goleador prohibido, redimido de la peor manera: marcando los goles m&#225;s importantes del Mundial.</p><p>El primer Mundial en Espa&#241;a</p><p>Hasta 1982, Espa&#241;a no hab&#237;a sido sede de un Mundial. Y le tocaba con todo a favor. El f&#250;tbol espa&#241;ol, en aquella &#233;poca, era una de las ligas m&#225;s potentes de Europa, con el Real Madrid y el Barcelona ya entonces como referencias mundiales. El pa&#237;s, que llevaba apenas siete a&#241;os en democracia tras la muerte de Franco en 1975, quer&#237;a usar el Mundial como vitrina de su transici&#243;n.</p><p>Diecisiete estadios. Catorce ciudades. La final en el Bernab&#233;u. Por primera vez, adem&#225;s, el Mundial pasaba de 16 a 24 selecciones, ampliando enormemente la fiesta y dando entrada a equipos que nunca hab&#237;an estado: Argelia, Honduras, Kuwait, Camer&#250;n, Nueva Zelanda. La FIFA quer&#237;a un Mundial verdaderamente global, y este lo fue.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!QIis!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F27136722-047b-4272-af28-18f905cde78a_630x630.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!QIis!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F27136722-047b-4272-af28-18f905cde78a_630x630.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!QIis!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, 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La primera de la historia con personalidad propia y verdadero &#233;xito comercial: <strong>Naranjito</strong>. Una naranja antropomorfa, con uniforme espa&#241;ol, sonrisa eterna, ojos enormes. Naranjito invadi&#243; la merchandising, las teles, los &#225;lbumes. Se convirti&#243;, para bien y para mal, en el icono visual del Mundial. Hoy es objeto de nostalgia o de cari&#241;o ir&#243;nico, pero entonces fue un fen&#243;meno de masas. Una manera de domesticar el evento, de hacerlo amable, infantil, pr&#243;ximo.</p><p>La selecci&#243;n espa&#241;ola, por su parte, llegaba al Mundial con la presi&#243;n enorme de la anfitriona. Sin embargo, no era un equipo a la altura. Se rumoreaba que la <strong>furia roja</strong> &#8212;con jugadores excelentes como Arconada, Camacho, Quini, Juanito, Santillana&#8212; pod&#237;a ser sorpresa. Pero la realidad fue otra: Espa&#241;a fue una de las grandes decepciones del torneo. Eliminada en la segunda fase, sin pena ni gloria, con un f&#250;tbol gris.</p><p>El Mundial no lo iban a ganar los anfitriones. Lo iban a jugar otros.</p><p><strong>La Brasil que enamor&#243; al mundo</strong></p><p>Antes de hablar del campe&#243;n, hay que hablar del equipo que todos recuerdan.</p><p>Brasil 1982 era una org&#237;a t&#233;cnica. S&#243;crates, el capit&#225;n, un mediocampista alto, barbudo, m&#233;dico de profesi&#243;n (de ah&#237; su apodo, *El Doctor*), fil&#243;sofo en sus declaraciones, comunista declarado, fumador empedernido, jugaba como un ajedrecista, dando pases que parec&#237;an dise&#241;ados con regla y comp&#225;s. Falc&#227;o, brazos largos y precisi&#243;n letal en el disparo lejano. Toninho Cerezo, lucha y elegancia. Y por supuesto, Zico, *El Galinho* &#8212;el gallito&#8212;, considerado por muchos el mejor jugador del mundo en aquel momento, heredero directo de la l&#237;nea Pel&#233;-Garrincha, capaz de las jugadas m&#225;s imaginativas.</p><p>Aquellos cuatro juntos, en el centro del campo, eran ciencia ficci&#243;n.</p><p>Brasil empez&#243; arrasando. 2-1 a la URSS con un gol de S&#243;crates. 4-1 a Escocia con genialidad colectiva. 4-0 a Nueva Zelanda. Y en la segunda fase de grupos &#8212;el extra&#241;o formato heredado de 1974, ahora con grupos de tres&#8212;, le bastaba un empate contra Italia para meterse en semifinales. Antes hab&#237;a despachado a Argentina (la campeona del mundo, recordemos, con Maradona ya de titular) por 3-1.</p><p>Italia, por su lado, llegaba a aquel partido decisivo casi de prestado. Hab&#237;a pasado la primera fase con tres empates espantosos &#8212;contra Polonia, Per&#250; y Camer&#250;n&#8212;, fichando al segundo puesto por una peque&#241;a diferencia de goles. Era el peor Italia que se recordaba. Su seleccionador, Enzo Bearzot, recib&#237;a cr&#237;ticas demoledoras en la prensa italiana. Su delantero centro, Paolo Rossi, no hab&#237;a marcado un solo gol y parec&#237;a estar a a&#241;os luz de su nivel.</p><p>Pero, aun as&#237;, eliminada Argentina, Italia llegaba a su partido decisivo contra Brasil sabiendo lo &#250;nico cierto: o ganaba, o se iba a casa.</p><p><strong>Sarri&#225;: la muerte del f&#250;tbol bonito</strong></p><p>5 de julio de 1982. Estadio de Sarri&#225;, Barcelona, propiedad del Espanyol. Calor brutal de mediod&#237;a catal&#225;n. Brasil con su f&#250;tbol m&#225;gico. Italia con un partido a vida o muerte.</p><p>Y se desat&#243; uno de los partidos m&#225;s bellos y m&#225;s despiadados de la historia.</p><p>Rossi marc&#243; a los cinco minutos. Cabezazo tras un centro. 1-0 Italia. Pero Brasil reaccion&#243;: S&#243;crates empat&#243; con un disparo seco al &#225;ngulo. 1-1. El Sarri&#225; era una fiesta del f&#250;tbol que ni la propia FIFA se pod&#237;a permitir desear.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!r5Ux!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fab419481-9e8f-4c77-ab03-d53f10526c42_865x642.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!r5Ux!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fab419481-9e8f-4c77-ab03-d53f10526c42_865x642.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!r5Ux!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, 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Brasil insisti&#243;. Falc&#227;o, en una jugada que a&#250;n se ense&#241;a como modelo, recibi&#243; en el borde del &#225;rea y dispar&#243; con su zurda imposible al &#225;ngulo contrario. 2-2 Brasil. Y aqu&#237;, en este punto, Brasil iba a la semifinal por la diferencia de goles. Solo ten&#237;an que mantenerlo. Solo ten&#237;an que defender. Pero esa palabra, *defender*, no estaba en el vocabulario de aquella selecci&#243;n.</p><p>Brasil sigui&#243; atacando. Como siempre. Como sab&#237;an. Como les ped&#237;a su filosof&#237;a.</p><p>Y en el minuto 74, en un c&#243;rner, el bal&#243;n rebot&#243; dentro del &#225;rea y Paolo Rossi, ese chico que no marcaba en a&#241;os, lo enganch&#243; casi sin querer. 3-2 Italia. Hat-trick del hombre prohibido. Brasil ten&#237;a 16 minutos para conseguir un gol que cambiara la historia.</p><p>No lleg&#243;. Italia se cerr&#243; atr&#225;s, defendi&#243; como sabe Italia, y Dino Zoff &#8212;el portero veterano, 40 a&#241;os cumplidos&#8212; hizo una parada milagrosa en el &#250;ltimo minuto sobre un cabezazo de Oscar. El &#225;rbitro pit&#243; el final. Brasil hab&#237;a sido eliminada.</p><p>Y se desplomaron.</p><p>S&#243;crates, sentado en el suelo, mirando al vac&#237;o. Zico, llorando. Cerezo, destrozado, llorando tambi&#233;n, devastado por aquel pase suyo que hab&#237;a costado el 2-1. Falc&#227;o, con la mirada perdida. Por todo el campo, los brasile&#241;os ca&#237;dos. El p&#250;blico italiano celebraba. El campo era un cuadro: el de la derrota m&#225;s cruel imaginable. La de los mejores eliminados por los peores. La del f&#250;tbol bonito ca&#237;do ante el f&#250;tbol pragm&#225;tico.</p><p>Aquel partido se ha llamado, desde entonces, &#8220;la muerte del f&#250;tbol bonito&#8221; o &#8220;el d&#237;a que muri&#243; el <strong>jogo bonito</strong>&#8221;. Y tiene raz&#243;n quien lo dice. Despu&#233;s de Sarri&#225;, Brasil empez&#243; a renunciar a su estilo hist&#243;rico. Las generaciones posteriores &#8212;la de 1994 con Rom&#225;rio, la de 2002 con Ronaldo&#8212; ganaron, pero ya nunca con el atrevimiento ofensivo del 82. Sarri&#225; marc&#243; un cambio cultural. El miedo a perder se impuso a la voluntad de gustar. El f&#250;tbol moderno empez&#243; all&#237;.</p><p>Y para Bobby Charlton, comentando en la cabina, fue &#8221;<strong>el partido m&#225;s grande que he visto en mi vida</strong>&#8221;. Brasil perdi&#243;. Pero gan&#243; la memoria.</p><p><strong>La patada de Sevilla</strong></p><p>Esa misma semana, en Sevilla, en el S&#225;nchez Pizju&#225;n, se jugaba la otra semifinal: Alemania Federal contra Francia. Otro partidazo hist&#243;rico, por motivos distintos. Y otro episodio que pasar&#237;a a la infamia.</p><p>El partido estaba 1-1 cuando, en el minuto 60, el franc&#233;s Patrick Battiston entr&#243; al &#225;rea alemana solo, perseguido por el portero alem&#225;n **Harald Schumacher**. Battiston toc&#243; la pelota suave hacia adelante, intentando picarla por encima del portero. Schumacher, sin intenci&#243;n alguna de jugar el bal&#243;n, salt&#243; con la cadera por delante y la rodilla al frente, y embisti&#243; a Battiston en plena cara con la fuerza de un boxeador.</p><p>El franc&#233;s cay&#243; como un peso muerto. Inconsciente. Le faltaban dos o tres dientes. Ten&#237;a dos v&#233;rtebras fracturadas. Estuvo varios minutos sin reaccionar sobre el c&#233;sped, mientras sus compa&#241;eros le hac&#237;an reanimaci&#243;n. Lo sacaron en camilla, todav&#237;a inconsciente, hacia el hospital.</p><p>&#191;Qu&#233; hizo el &#225;rbitro neerland&#233;s Charles Corver? Nada. Ni amarilla. Ni roja. Ni siquiera falta. Pit&#243; saque de puerta para Alemania. Schumacher, mientras Battiston se desangraba, se preparaba para reanudar el juego como si nada hubiera ocurrido.</p><p>La impunidad fue, y sigue siendo, una de las grandes verg&#252;enzas de la historia del f&#250;tbol. Schumacher despu&#233;s declar&#243;, con frialdad germ&#225;nica: *&#8221;Si solo le faltan dientes, le pago los dientes.&#8221;* La frase recorri&#243; el mundo. Los franceses lo odiaron durante a&#241;os. Battiston nunca volvi&#243; a ser el mismo.</p><p>El partido se prolong&#243;. Acab&#243; 3-3 tras una pr&#243;rroga loca. Y se decidi&#243; por los primeros penaltis de la historia de un Mundial: Alemania gan&#243; 5-4. Schumacher, incre&#237;blemente, fue el h&#233;roe alem&#225;n, parando dos lanzamientos. Francia volvi&#243; a casa rota, con su mejor generaci&#243;n &#8212;la de Platini, Giresse, Tigana, Battiston&#8212; vencida injustamente.</p><p>Espa&#241;a 1982 nos dej&#243; una de las cumbres del f&#250;tbol (Sarri&#225;) y una de las peores agresiones impunes (Sevilla). Dos caras de la misma moneda, en la misma semana, en la misma Espa&#241;a.</p><p><strong>La final: Italia campeona</strong></p><p>11 de julio de 1982. Estadio Santiago Bernab&#233;u, Madrid. Italia contra Alemania Federal. La final no era la que el mundo hab&#237;a so&#241;ado &#8212;todos hubieran querido ver a Brasil&#8212;, pero era la que tocaba.</p><p>Italia jugaba con un equipo veterano, casi de vieja guardia. Dino Zoff, el portero capit&#225;n, ten&#237;a cuarenta a&#241;os: ser&#237;a el jugador m&#225;s mayor en ganar un Mundial hasta entonces. Y los j&#243;venes &#8212;Tardelli, Conti, Antognoni&#8212; rodeaban a un Paolo Rossi finalmente desatado.</p><p>Primer tiempo soso. Cabrini fall&#243; un penalti. 0-0 al descanso. Alemania cre&#237;a que a&#250;n pod&#237;a.</p><p>En el minuto 57 lleg&#243; el momento. Rossi, otra vez Rossi, marc&#243; de cabeza tras un centro: 1-0. Su sexto gol del torneo, ganando ya con claridad la Bota de Oro. En el minuto 68, Marco Tardelli marc&#243; el 2-0 con un disparo cruzado desde el borde del &#225;rea, y luego corri&#243; hacia el banquillo con los brazos abiertos, gritando <strong>&#161;Goool! &#161;Goool!</strong> con los ojos llorosos en lo que se conoce desde entonces como &#8221;<strong>el grito de Tardelli</strong>&#8221;: una de las im&#225;genes m&#225;s emotivas y reproducidas de la historia de los Mundiales. Era pura catarsis. Era todo lo que un jugador puede sentir cuando marca un gol as&#237;. En el minuto 81, Altobelli sentenci&#243; el 3-0. Breitner maquill&#243; para Alemania el 3-1. Pero ya no hab&#237;a nada que hacer.</p><p>Italia, campeona del mundo. Por tercera vez. Cuarenta y cuatro a&#241;os despu&#233;s de su &#250;ltimo t&#237;tulo, en 1938. Empatando el r&#233;cord de Brasil con tres mundiales.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!NqZk!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F27acabfc-02d0-4e90-b2bb-12c65d1710ac_1280x720.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!NqZk!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F27acabfc-02d0-4e90-b2bb-12c65d1710ac_1280x720.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!NqZk!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, 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gritando <strong>&#161;Non ci prendono pi&#249;</strong>! (&#8221;&#161;Ya no nos cogen m&#225;s!&#8221;). La imagen del veterano presidente celebrando el gol de Tardelli es uno de los iconos pol&#237;ticos-deportivos m&#225;s entra&#241;ables jam&#225;s filmados.</p><p>Y arriba, en el palco, Dino Zoff levant&#243; la copa con sus cuarenta a&#241;os. El portero, el capit&#225;n, el veterano. Cerr&#243; su carrera con la gloria m&#225;xima.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!80Nr!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc4a4988c-a87d-4084-aa7e-5e8a0c7b59ea_1024x683.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!80Nr!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc4a4988c-a87d-4084-aa7e-5e8a0c7b59ea_1024x683.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!80Nr!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, 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Conviene contar su historia entera, porque es de las m&#225;s conmovedoras del f&#250;tbol.</p><p>En 1980, Italia vivi&#243; uno de los mayores esc&#225;ndalos de su historia futbol&#237;stica: el <strong>Totonero</strong>. Una red de apuestas ilegales en las que estaban implicados varios jugadores de la Serie A. Rossi, joven estrella del Perugia, fue acusado de participar en el ama&#241;o de un partido. &#201;l siempre neg&#243; las acusaciones, alegando que hab&#237;a sido un malentendido. Pero la justicia federal italiana lo conden&#243;: <strong>tres a&#241;os de suspensi&#243;n</strong>, despu&#233;s reducidos a dos.</p><p>Rossi pas&#243; dos a&#241;os sin jugar. Apartado del f&#250;tbol profesional. Su carrera, prometedora, parec&#237;a destrozada. Cuando volvi&#243;, en abril de 1982, estaba fuera de forma, sin ritmo, sin confianza. La Juventus lo fich&#243; casi como apuesta. Bearzot, el seleccionador, lo convoc&#243; al Mundial entre cr&#237;ticas furibundas de los periodistas, que lo consideraban un fantasma.</p><p>Y los tres primeros partidos del Mundial parecieron darles la raz&#243;n. Rossi no tocaba el bal&#243;n. Era lent&#237;simo. No marcaba. La prensa italiana ped&#237;a a gritos su salida del equipo. Bearzot resisti&#243; la presi&#243;n y lo mantuvo.</p><p>Entonces vino Brasil. Tres goles. Polonia: dos goles. Alemania en la final: uno m&#225;s. <strong>Seis goles en tres partidos</strong>. Bota de Oro y Bal&#243;n de Oro del Mundial. M&#225;s tarde, ese mismo a&#241;o, Bal&#243;n de Oro europeo. La redenci&#243;n m&#225;s absoluta que ha vivido un futbolista. De villano sospechoso a h&#233;roe nacional en cuatro partidos.</p><p>Rossi muri&#243; en diciembre de 2020, a los 64 a&#241;os, de c&#225;ncer. Italia lo llor&#243; como a un hijo. &#8221;<strong>Pablito</strong>&#8221;, como lo llamaban con cari&#241;o, hab&#237;a escrito una de las p&#225;ginas m&#225;s bellas del f&#250;tbol.</p><p><strong>Por qu&#233; importa Espa&#241;a 1982</strong></p><p>Por al menos cuatro razones que valen la pena.</p><p>La primera: porque dio al mundo dos partidos para la eternidad. Italia-Brasil en Sarri&#225; e Italia-Alemania en la final son, ambos, candidatos serios al Olimpo de los partidos memorables. Y eso sin contar el Alemania-Francia de Sevilla, que tambi&#233;n compite por entrar en esa lista. Tres partidos cumbre en un solo Mundial. Es much&#237;simo.</p><p>La segunda: porque marc&#243; un cambio cultural. Sarri&#225; fue, como hemos dicho, &#8220;la muerte del f&#250;tbol bonito&#8221;. A partir de 1982, las grandes selecciones empezaron a tomarse en serio el equilibrio, la disciplina t&#225;ctica, la protecci&#243;n defensiva. Brasil dej&#243; de ser Brasil tal como la conoc&#237;amos hasta entonces. El f&#250;tbol moderno, con su &#233;nfasis en el orden y la eficacia, empieza en esa derrota. Para bien y para mal.</p><p>La tercera: porque ampli&#243; el Mundial a 24 selecciones y mostr&#243; que el formato funcionaba. Espa&#241;a 82 demostr&#243; que el f&#250;tbol pod&#237;a ser verdaderamente global, con representaci&#243;n africana, asi&#225;tica y centroamericana significativa. Hoy 32 equipos parecen pocos y en 2026 vamos a 48. Pero ese camino de expansi&#243;n empieza aqu&#237;.</p><p>Y la cuarta: porque es uno de esos pocos Mundiales en los que se cumple la justicia po&#233;tica. Paolo Rossi, condenado injustamente &#8212;o injustamente excesivamente&#8212;, regres&#243; al f&#250;tbol y firm&#243; la actuaci&#243;n individual m&#225;s rotunda de toda la historia. Es de esas historias que el deporte regala muy de vez en cuando, y que devuelven la fe en algo: en la capacidad de redenci&#243;n, en el segundo acto, en el milagro de la oportunidad bien aprovechada. Rossi nos ense&#241;&#243; que un jugador puede caer hasta el fondo y, aun as&#237;, levantarse para escribir su mejor cap&#237;tulo. No siempre pasa. Pero a veces s&#237;.</p><p>Hay una imagen final para cerrar. Aquel 5 de julio de 1982, mientras los brasile&#241;os lloraban tirados en el c&#233;sped del Sarri&#225;, Paolo Rossi se acerc&#243; a algunos de ellos, los abraz&#243;, les dijo lo grandes que hab&#237;an sido. Hay una foto c&#233;lebre de S&#243;crates levant&#225;ndose con dignidad y d&#225;ndole la mano a Rossi. *El doctor* y *Pablito*. El derrotado y el redimido. El f&#250;tbol del coraz&#243;n y el f&#250;tbol del c&#225;lculo. Reconoci&#233;ndose, despu&#233;s del partido, como dos caras de la misma cosa hermosa que se llama jugar al f&#250;tbol.</p><p>Cuando el 11 de junio empiece el Mundial de 2026, en cada partido, en cada eliminatoria, en cada agon&#237;a, ocurrir&#225;n cosas parecidas. Equipos brillantes caer&#225;n ante equipos m&#225;s pragm&#225;ticos. Goleadores prohibidos volver&#225;n de la nada. &#193;rbitros mirar&#225;n para otro lado en patadas criminales. Y, con suerte, tambi&#233;n, alguien marcar&#225; un gol y correr&#225; hacia el banquillo gritando como Tardelli, derramando todas las emociones de una vida.</p><p>Espa&#241;a 1982 nos ense&#241;&#243; a esperar todo eso. Lo mejor y lo peor. Casi siempre en el mismo torneo.</p><p>Casi siempre, incluso, en la misma semana.</p><p>Ma&#241;ana hablaremos de M&#233;xico 1986. Del segundo Mundial mexicano. Del calor de la altitud. De Inglaterra-Argentina. De la Mano de Dios. Y del gol del siglo.</p><p>Hablaremos, por fin, de Diego Armando Maradona.</p><p>Pero hoy qued&#233;monos con el llanto del Sarri&#225;.</p><p>Con S&#243;crates sentado en el suelo. Con Tardelli gritando. Con un Rossi resucitado.</p><p>Con una Espa&#241;a de Naranjitos y trofeos que se le escapaban a la <strong>furia</strong>.</p><p>Y con la certeza, ya plenamente confirmada, de que un Mundial nunca es solo un Mundial. Es siempre un pa&#237;s entero metido en un bal&#243;n.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Argentina 1978]]></title><description><![CDATA[El und&#233;cimo Mundial. La historia m&#225;s oscura de toda la serie. Una dictadura asesina utilizando el f&#250;tbol para esconder treinta mil muertos. Un 6-0 sospechoso.]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com/p/argentina-1978</link><guid isPermaLink="false">https://cortitayalpie.substack.com/p/argentina-1978</guid><dc:creator><![CDATA[cortitayalpie]]></dc:creator><pubDate>Sun, 31 May 2026 10:00:11 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!xoRj!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe7edc5c3-94af-4169-abde-b9ca3f6d5614_600x600.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Hay un detalle que conviene poner desde el principio, antes incluso de hablar de f&#250;tbol, porque sin &#233;l esta historia no se entiende.</p><p>El Estadio Monumental de River Plate, donde Argentina gan&#243; su primera Copa del Mundo el 25 de junio de 1978, se encuentra a unos setecientos metros en l&#237;nea recta de la Escuela de Mec&#225;nica de la Armada. La ESMA. Uno de los centros clandestinos de detenci&#243;n y tortura m&#225;s activos de la dictadura militar argentina. Por all&#237; pasaron unos cinco mil detenidos durante los a&#241;os del r&#233;gimen, y de all&#237; salieron muy pocos con vida. Mientras los aficionados celebraban la victoria de la Albiceleste en el Monumental, a setecientos metros, algunos de los presos pod&#237;an escuchar los gritos de gol entremezclados con los suyos propios.</p><p>Esa es la doble verdad de Argentina 1978. La fiesta y el horror, separados por menos de un kil&#243;metro. Las copas levantadas al cielo y los gritos ahogados en s&#243;tanos. La euforia del f&#250;tbol y la pesadilla de una naci&#243;n en plena dictadura.</p><p>Conviene contar las dos. Porque las dos son verdad. Y porque cualquier intento de separarlas, de quedarse solo con la &#233;pica deportiva, ser&#237;a traicionar la complejidad de lo que realmente pas&#243; aquel verano austral.</p><p>Esta es la historia de Argentina 1978. La de un f&#250;tbol bell&#237;simo jugado en el momento m&#225;s oscuro del pa&#237;s. La del paralelismo m&#225;s exacto con Italia 1934, cuarenta y cuatro a&#241;os despu&#233;s, ahora en Sudam&#233;rica. Y la de la primera estrella argentina, lograda en circunstancias que a&#250;n hoy, casi medio siglo despu&#233;s, siguen sin estar del todo aclaradas.</p><p>El pa&#237;s que organizaba el Mundial</p><p>Argentina hab&#237;a sido designada sede en 1966. En aquel momento, el pa&#237;s viv&#237;a una de sus fases relativamente m&#225;s estables, dentro de la inestabilidad permanente que caracterizaba a la Argentina del siglo XX. Pero entre la designaci&#243;n y el torneo pasaron doce a&#241;os. Y, en esos a&#241;os, todo cambi&#243;.</p><p>El 24 de marzo de 1976, una junta militar encabezada por el general Jorge Rafael Videla derroc&#243; al gobierno de Isabel Per&#243;n. Comenz&#243; lo que el propio r&#233;gimen llam&#243;, eufem&#237;sticamente, el &#8220;Proceso de Reorganizaci&#243;n Nacional&#8221;. Lo que en realidad fue una de las dictaduras m&#225;s feroces del siglo XX en Am&#233;rica Latina.</p><p>Los datos hoy est&#225;n establecidos. Unos treinta mil desaparecidos, seg&#250;n los organismos de derechos humanos. Detenciones masivas, torturas sistem&#225;ticas, &#8220;vuelos de la muerte&#8221; en los que se arrojaban personas vivas al oc&#233;ano desde aviones militares. Beb&#233;s robados a las madres detenidas y entregados a familias del r&#233;gimen. Una represi&#243;n met&#243;dica, planificada, dirigida principalmente contra cualquier disidencia: opositores pol&#237;ticos, estudiantes, sindicalistas, periodistas, sacerdotes progresistas. La maquinaria de exterminio funcion&#243; durante toda la dictadura, que dur&#243; hasta 1983.</p><p>En medio de ese horror, le tocaba al pa&#237;s organizar el Mundial.</p><p>La pregunta era inevitable: &#191;se pod&#237;a organizar una fiesta deportiva mientras se asesinaba a la propia poblaci&#243;n? La respuesta del r&#233;gimen fue obvia: por supuesto, y de hecho era necesario. Como hab&#237;a hecho Mussolini en 1934, como har&#237;a tantas veces el poder con el deporte, Videla y los suyos vieron en el Mundial una oportunidad de oro. Una operaci&#243;n de lavado de imagen colosal. Una pantalla de humo para tapar lo que pasaba en los s&#243;tanos. Una herramienta de propaganda que pondr&#237;a a Argentina en los hogares de medio mundo con la cara amable del f&#250;tbol y no con la cruda de la represi&#243;n.</p><p>Hubo voces internacionales que pidieron el boicot. En varios pa&#237;ses europeos, sobre todo en Holanda y los pa&#237;ses escandinavos, movimientos c&#237;vicos exigieron a sus selecciones que no fueran. La FIFA y los gobiernos miraron hacia otro lado. Las selecciones fueron. Solo Johan Cruyff, el mejor jugador del mundo &#8212;el alma del subcampe&#243;n de 1974&#8212;, renunci&#243; a participar. Durante d&#233;cadas se especul&#243; con razones pol&#237;ticas: aversi&#243;n a la dictadura, principios morales. Cruyff dej&#243; que la sospecha creciera. En 2008, ya mayor, aclar&#243;: la raz&#243;n principal fue un intento de secuestro de su familia en Barcelona meses antes, que lo dej&#243; traumatizado y le hizo decidir no viajar tan lejos. Como fuera, su ausencia debilit&#243; a la favorita y priv&#243; al Mundial de su mayor estrella.</p><p>La paradoja de Menotti</p><p>Y entonces llega uno de los personajes m&#225;s fascinantes y contradictorios de toda esta historia: C&#233;sar Luis Menotti.</p><p>Menotti era el seleccionador argentino. Pero no era un militar, ni mucho menos un partidario del r&#233;gimen. Era exactamente lo contrario. Hombre de izquierdas declarado, simpatizante del peronismo de la rama progresista, intelectual del f&#250;tbol, fumador empedernido, melena larga y desafiante, con un discurso futbol&#237;stico cargado de filosof&#237;a y un compromiso ideol&#243;gico que no se molestaba en esconder. Sus posiciones pol&#237;ticas eran las de la juventud universitaria que la dictadura persegu&#237;a.</p><p>Y, sin embargo, all&#237; estaba: dirigiendo la selecci&#243;n del pa&#237;s que organizaba el Mundial bajo Videla. Era una contradicci&#243;n insostenible, pero se sostuvo. &#191;Por qu&#233;? Porque Menotti ten&#237;a un objetivo deportivo claro &#8212;ganar el Mundial&#8212; y porque su prestigio como entrenador era demasiado grande para que el r&#233;gimen lo apartase sin coste. Y porque &#233;l, como muchos otros, se dec&#237;a a s&#237; mismo que ganar&#237;a el Mundial para el pueblo, no para los generales. Una racionalizaci&#243;n que a&#241;os despu&#233;s, en entrevistas, ha matizado con la sinceridad del tiempo.</p><p>Menotti construy&#243; un equipo a su imagen: ofensivo, t&#233;cnico, con un toque casi bohemio. Renunci&#243; a llamar al joven Maradona, de diecisiete a&#241;os, consider&#225;ndolo todav&#237;a no preparado. La decisi&#243;n rompi&#243; el coraz&#243;n del chaval, que llor&#243; cuando se lo comunicaron. Maradona se prometi&#243; a s&#237; mismo aquel d&#237;a que alg&#250;n d&#237;a ganar&#237;a un Mundial para Argentina. Y lo cumplir&#237;a, ocho a&#241;os despu&#233;s, en M&#233;xico 86. Pero esa es otra historia.</p><p>En el centro del equipo, Menotti puso a un hombre con el pelo largo y oscuro hasta los hombros, mostacho prominente, ojos de viejo: Mario Alberto Kempes. El Matador. El &#250;nico jugador del equipo que jugaba en Europa (en el Valencia). Goleador letal, r&#225;pido, t&#233;cnico, due&#241;o de un disparo demoledor. Ser&#237;a el alma futbol&#237;stica del Mundial argentino.</p><p>El Mundial, partido a partido</p><p>Argentina debut&#243; con dudas: 2-1 ante Hungr&#237;a, con susto incluido. Luego venci&#243; a Francia 2-1, en otro partido sufrido. Y empezaba a parecer que aquel equipo no era el ganador inevitable que el r&#233;gimen necesitaba.</p><p>Pero, mientras tanto, Holanda &#8212;ahora sin Cruyff&#8212; hac&#237;a un Mundial discreto. Pasaba sin convencer. La fantas&#237;a del 74 era un recuerdo lejano. Quien s&#237; brillaba, en cambio, era Italia, que lleg&#243; hasta semifinales con un equipo joven dirigido por Enzo Bearzot y un delantero llamado Paolo Rossi, del que el mundo a&#250;n no sab&#237;a lo que ser&#237;a capaz de hacer cuatro a&#241;os despu&#233;s.</p><p>Argentina pas&#243; la primera fase como segunda de grupo, detr&#225;s de Italia, que les hab&#237;a ganado 1-0. Y entonces, en la segunda fase de grupos &#8212;el extra&#241;o formato heredado de 1974&#8212;, comenzaron los partidos en los que se decidi&#243; la final.</p><p>Y entonces, lleg&#243; el partido m&#225;s sospechoso de la historia de los Mundiales.</p><p>El 6-0 de Rosario</p><p>Era el 21 de junio de 1978, en el estadio Gigante de Arroyito, en Rosario. Argentina necesitaba ganar a Per&#250; por al menos cuatro goles para superar a Brasil en el grupo y meterse en la final. Cuatro goles. Una haza&#241;a enorme contra cualquier rival, especialmente contra un Per&#250; que hab&#237;a sido la sorpresa de la fase de grupos derrotando a Escocia 3-1. Brasil, mientras tanto, jugaba contra Polonia ese mismo d&#237;a, dos horas antes, y gan&#243; 3-1. Ahora era turno de Argentina: necesitaba un milagro.</p><p>Y el milagro lleg&#243;. Argentina gole&#243; 6-0. Cuatro goles a los cincuenta minutos. Seis al final. Cumpli&#243; y se meti&#243; en la final.</p><p>Demasiado limpio. Demasiado f&#225;cil. Demasiado sospechoso.</p><p>Y las preguntas empezaron a multiplicarse desde el primer momento, y nunca se han apagado del todo. &#191;Por qu&#233; Per&#250;, que hab&#237;a jugado bien hasta entonces, se desplom&#243; as&#237;? &#191;Por qu&#233; su portero, Ram&#243;n &#8220;Cachito&#8221; Quiroga &#8212;nacido en Argentina, naturalizado peruano&#8212; tuvo una de las peores actuaciones imaginables? &#191;Por qu&#233; Videla en persona, junto al secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger, entr&#243; al vestuario peruano antes del partido a &#8220;saludar&#8221; a los jugadores? &#191;Por qu&#233;, diez d&#237;as despu&#233;s de la final, el gobierno argentino concedi&#243; a Per&#250; un cr&#233;dito millonario &#8220;no reembolsable&#8221;? &#191;Por qu&#233;, en los d&#237;as previos al partido, Argentina envi&#243; 35.000 toneladas de grano a Per&#250; &#8212;cantidad similar a la que se manda tras cat&#225;strofes humanitarias&#8212;?</p><p>Las teor&#237;as se han multiplicado durante medio siglo. Algunos jugadores peruanos han hablado en distintas direcciones: unos defendiendo que perdieron limpiamente, otros sugiriendo presiones, otros guardando silencio. En 2012, un ex-senador peruano declar&#243; abiertamente que el partido hab&#237;a sido ama&#241;ado a cambio de granos, dinero y la liberaci&#243;n de prisioneros pol&#237;ticos peruanos. La FIFA nunca ha investigado seriamente. La Argentina democr&#225;tica que vino despu&#233;s tampoco. Brasil, eliminada, sigue convencida de que la robaron.</p><p>&#191;Hubo ama&#241;o? Probablemente nunca lo sabremos del todo. Lo que s&#237; sabemos es que las dos dictaduras &#8212;la de Videla y la de Morales Berm&#250;dez en Per&#250;&#8212; ten&#237;an motivos y medios. Y lo que tambi&#233;n sabemos es que el peso de las evidencias circunstanciales es muy alto. Tan alto que aquel 6-0 sigue siendo, casi cincuenta a&#241;os despu&#233;s, una de las grandes manchas en la historia de los Mundiales. Una sombra que ning&#250;n confeti consigui&#243; ocultar.</p><p>La final: contra Holanda, otra vez</p><p>25 de junio de 1978. Estadio Monumental de River Plate, Buenos Aires. Argentina contra Holanda. La anfitriona contra la subcampeona del 74. El partido que el r&#233;gimen necesitaba ganar.</p><p>Y empez&#243; con un episodio bochornoso. Argentina retras&#243; deliberadamente la salida al campo, dejando a los holandeses esperando bajo una lluvia de papel picado en el t&#250;nel, con el p&#250;blico insult&#225;ndolos. Cuando por fin salieron al campo, los argentinos protestaron por una venda que llevaba en la mano Ren&#233; van der Kerkhof, alegando que era peligrosa. M&#225;s retraso. M&#225;s papel picado. M&#225;s insultos. Era una guerra psicol&#243;gica desnuda, sin disimulo. Funcion&#243;.</p><p>A los 38 minutos, Kempes adelant&#243; a Argentina con el primer gol del partido. Un disparo cruzado tras una jugada en el &#225;rea. 1-0. El Monumental rugi&#243;. Holanda empat&#243; a falta de nueve minutos para el final, con un cabezazo del reci&#233;n entrado Dick Nanninga. 1-1.</p><p></p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!xoRj!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe7edc5c3-94af-4169-abde-b9ca3f6d5614_600x600.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!xoRj!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe7edc5c3-94af-4169-abde-b9ca3f6d5614_600x600.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!xoRj!, 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Rob Rensenbrink, el extremo izquierdo, tuvo una ocasi&#243;n clar&#237;sima en el &#225;rea argentina. Dispar&#243; con todo. La pelota golpe&#243; en el palo y sali&#243;. A cent&#237;metros del 2-1 holand&#233;s que habr&#237;a ganado el Mundial. Dos veces seguidas, en 1974 y 1978, Holanda llegaba a una final, jugaba bien, y la pelota se negaba a entrar.</p><p>Pr&#243;rroga. Y aqu&#237; Argentina, con el p&#250;blico volcado y los rivales agotados, sentenci&#243;. En el minuto 105, Kempes marc&#243; el 2-1 tras una jugada confusa en el &#225;rea. Y en el minuto 115, Daniel Bertoni, asistido por el propio Kempes, marc&#243; el 3-1 definitivo.</p><p>Argentina, campeona del mundo. Por primera vez. En su tierra. Bajo la dictadura.</p><p>Mario Kempes termin&#243; como m&#225;ximo goleador del torneo con seis goles. Ser&#237;a elegido mejor jugador del Mundial. Sus melenas al viento, sus mostachos, su elegancia goleadora se convirtieron en el icono visual de aquel verano argentino.</p><p>Los holandeses, al pitido final, se negaron a participar en la ceremonia de entrega de la copa. Salieron del campo en silencio, abandonando el escenario. La cuarta vez consecutiva que Holanda llegaba a una final del mundo &#8212;o se quedaba a las puertas&#8212; y se iba con las manos vac&#237;as. Su segunda final perdida seguida. La historia m&#225;s triste del f&#250;tbol moderno, hasta entonces.</p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!mJyI!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd4c019e6-ff40-4af9-8416-8ff920bcda77_596x900.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!mJyI!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd4c019e6-ff40-4af9-8416-8ff920bcda77_596x900.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!mJyI!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, 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Videla en el palco, sonriente. Los jugadores recibiendo la copa de manos del dictador. Las im&#225;genes recorrieron el mundo: Argentina, seg&#250;n las fotos, era un pa&#237;s feliz, pr&#243;spero, organizado, que sab&#237;a recibir al mundo y ganarle al mundo. Justo lo que la junta militar quer&#237;a que viera el extranjero.</p><p>La realidad era distinta. A pocos kil&#243;metros del Monumental, en la ESMA y en otros centros clandestinos repartidos por todo el pa&#237;s, la represi&#243;n segu&#237;a a marcha forzada. El Mundial no detuvo la maquinaria de exterminio. Apenas la disimul&#243;. Los hijos de los desaparecidos segu&#237;an naciendo en cautiverio y siendo robados. Los disidentes segu&#237;an cayendo. Los &#8220;vuelos de la muerte&#8221; segu&#237;an despegando.</p><p>Hay un dato que a&#250;n hoy estremece. Las Madres de Plaza de Mayo, las mujeres que se reun&#237;an en silencio cada jueves en la plaza frente a la Casa Rosada exigiendo saber d&#243;nde estaban sus hijos desaparecidos, fueron pr&#225;cticamente las &#250;nicas voces argentinas que se atrevieron a denunciar la barbarie durante el Mundial. Algunos periodistas extranjeros las entrevistaron. Las im&#225;genes circularon por el mundo, contradiciendo la versi&#243;n oficial. Pero pocos se atrevieron a hacer la conexi&#243;n completa: que el pa&#237;s que estaba ganando el Mundial era el mismo pa&#237;s que estaba haciendo desaparecer a treinta mil personas.</p><p>M&#225;s tarde, ya en democracia, varios jugadores de aquel equipo argentino expresar&#237;an cierto malestar. Osvaldo Ardiles, el centrocampista que despu&#233;s triunfar&#237;a en el Tottenham, ha sido el m&#225;s expl&#237;cito en reconocer la incomodidad: Yo era universitario. Si hab&#237;a un jugador que sab&#237;a, era yo. Cre&#237; que las acusaciones eran propaganda, pero eran la verdad. Otros han preferido el silencio. El propio Menotti, durante d&#233;cadas, defendi&#243; que su triunfo era del pueblo, no del r&#233;gimen. Una racionalizaci&#243;n leg&#237;tima, pero insuficiente. Porque el r&#233;gimen, finalmente, fue quien levant&#243; la copa.</p><p>El f&#250;tbol mientras tanto</p><p>No conviene tampoco, en justicia, reducir Argentina 1978 a un cuento de horror. Porque hubo f&#250;tbol bueno. Hubo f&#250;tbol muy bueno.</p><p>La Argentina de Menotti, t&#233;cnicamente, era buena. Ten&#237;a a Passarella, uno de los grandes centrales de la historia. A Ardiles, elegante. A Luque, goleador. A Kempes, demoledor. Jugaba un f&#250;tbol de toque, ofensivo, con pretensiones est&#233;ticas que iban m&#225;s all&#225; de la simple eficacia. Hubo partidos brillantes, jugadas memorables, momentos en que el Monumental rug&#237;a por motivos puramente futbol&#237;sticos.</p><p>Y hubo otras historias menores que merecen menci&#243;n. La Tunisia que se convirti&#243; en el primer equipo africano en ganar un partido en un Mundial (1-0 a M&#233;xico). La Escocia que apost&#243; por un t&#233;cnico extravagante y volvi&#243; a casa antes de tiempo entre humillaciones. El Brasil dirigido por Coutinho que perdi&#243; mal lo que pudo haber ganado bien. El gol de Archie Gemmill contra Holanda que a&#250;n hoy se cita como uno de los m&#225;s bellos de la historia, marcado por un escoc&#233;s contra todo pron&#243;stico.</p><p>El f&#250;tbol existi&#243;. El f&#250;tbol import&#243;. Es solo que el f&#250;tbol, en 1978, no era lo &#250;nico.</p><p>Por qu&#233; importa Argentina 1978</p><p>Por la raz&#243;n m&#225;s inc&#243;moda y m&#225;s necesaria de todas: porque nos recuerda que el f&#250;tbol nunca es solo f&#250;tbol.</p><p>Argentina 1978 es el segundo gran ejemplo, despu&#233;s de Italia 1934, de c&#243;mo una dictadura puede secuestrar un Mundial y convertirlo en herramienta de propaganda. Cuarenta y cuatro a&#241;os separan a Mussolini de Videla, pero el mecanismo es exactamente el mismo: organizar un torneo brillante, ganarlo en casa con la ayuda de &#225;rbitros generosos y rivales convenientes, y usar las im&#225;genes para tapar lo que pasa puertas adentro. La diferencia es que en 1934 algunos pod&#237;an no saber del todo lo que era el fascismo italiano; en 1978, en cambio, la informaci&#243;n sobre los desaparecidos argentinos ya estaba en los medios internacionales. El mundo sab&#237;a. Y, sin embargo, jug&#243;.</p><p>Esa es una de las grandes preguntas &#233;ticas que deja este Mundial. &#191;Hasta qu&#233; punto las federaciones de f&#250;tbol y los gobiernos son c&#243;mplices cuando juegan en pa&#237;ses que violan los derechos humanos? La pregunta no es ret&#243;rica. Se ha repetido en Argentina 1978, en Rusia 2018, en Qatar 2022. Se repetir&#225;. El f&#250;tbol moderno convive con esos dilemas. Y cada vez que un torneo se organiza en un lugar problem&#225;tico, el espejo del 78 est&#225; ah&#237;, recordando.</p><p>Y hay una segunda raz&#243;n, m&#225;s personal, m&#225;s &#237;ntima. Porque entre la multitud que escuch&#243; por radio aquel campeonato en Buenos Aires hab&#237;a un chaval de diecisiete a&#241;os que hab&#237;a sido descartado del equipo. Llor&#243; al saberlo. Y se prometi&#243; a s&#237; mismo que volver&#237;a. Que alg&#250;n d&#237;a ganar&#237;a un Mundial para Argentina, en serio, con todo el peso del t&#237;tulo sobre sus hombros. Ese chaval cumplir&#237;a la promesa de la forma m&#225;s espectacular imaginable, contra los inventores del f&#250;tbol moderno, con la mano y con los pies, en el calor de M&#233;xico del 86.</p><p>Pero esa es la historia de pasado ma&#241;ana.</p><p>Hoy qued&#233;monos con el contraste imposible. Con el confeti del Monumental y los gritos de la ESMA, separados por menos de un kil&#243;metro. Con Kempes melenudo levantando la copa y las Madres de Plaza de Mayo girando en silencio por una plaza vac&#237;a. Con la fiesta y el horror. Con la gloria deportiva y el peor crimen colectivo de la historia argentina, ocurriendo a la vez, en el mismo lugar, en el mismo verano.</p><p>Eso es Argentina 1978. La doble verdad. La que conviene no olvidar nunca, ni siquiera cuando vemos a Messi levantando la copa en Qatar, ni siquiera cuando el 11 de junio de este a&#241;o arranque el Mundial 2026 con todos sus colores y sus banderas. Porque detr&#225;s de cada estrella siempre hay algo m&#225;s. Y porque ese &#8220;algo m&#225;s&#8221; merece, tambi&#233;n, ser contado.</p><p>Ma&#241;ana hablaremos de Espa&#241;a 1982. Del Mundial en casa que promet&#237;a y decepcion&#243;. De la furia roja que a&#250;n no sab&#237;a ganar. De Paolo Rossi resucitando contra Brasil. Y de un alem&#225;n llamado Schumacher que estuvo a punto de matar a un franc&#233;s llamado Battiston.</p><p>Pero hoy qued&#233;monos con los confeti.</p><p>Sabiendo todo lo que tapaban.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Alemania 1974]]></title><description><![CDATA[El d&#233;cimo Mundial. La derrota m&#225;s bella de la historia del f&#250;tbol. La Naranja Mec&#225;nica que invent&#243; una manera nueva de jugar y aun as&#237; perdi&#243;. La copa nueva que a&#250;n hoy levantan los campeones. Y el pa]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com/p/alemania-1974</link><guid isPermaLink="false">https://cortitayalpie.substack.com/p/alemania-1974</guid><dc:creator><![CDATA[cortitayalpie]]></dc:creator><pubDate>Sat, 30 May 2026 12:00:49 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!CXcl!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa857e4dc-b9e3-4b24-a27a-24a299caa66d_1200x675.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay una jugada que define todo este Mundial. Sucedi&#243; en el minuto 1.</p><p>M&#225;s exactamente: a los 53 segundos del pitido inicial de la final. Estadio Ol&#237;mpico de M&#250;nich, 7 de julio de 1974. Final del Mundial. Holanda contra Alemania Federal. Y Holanda toca el bal&#243;n. Toca y toca. Catorce, quince, diecis&#233;is pases seguidos, sin que ning&#250;n jugador alem&#225;n llegue a rozarlo. Es una posesi&#243;n hipn&#243;tica, casi insultante, como si los holandeses estuvieran calentando en lugar de jugar la final del mundo.</p><p>Y entonces, en el pase n&#250;mero diecisiete, Johan Cruyff &#8212;el capit&#225;n, la estrella, el mejor jugador del planeta&#8212; recibe el bal&#243;n en su propio campo. Se gira y arranca. Conduce. Acelera. Acelera m&#225;s. Cruza el centro del campo, encara al &#225;rea alemana, deja atr&#225;s a un defensa, a dos, a tres. Cuando va a entrar en el &#225;rea, lo derriban.</p><p>Penalti.</p><p>Neeskens lo transforma. 1-0 para Holanda. Minuto 2 de la final del Mundial. Alemania todav&#237;a no hab&#237;a tocado el bal&#243;n.</p><p>Es probablemente el comienzo de partido m&#225;s arrogante, m&#225;s espectacular y m&#225;s bello que se ha visto en una final del mundo. Y, sin embargo, ah&#237; mismo, en ese gesto, est&#225; la semilla de lo que viene despu&#233;s. Porque Holanda iba a perder esa final. No por jugar peor. Por jugar mejor de la cuenta.</p><p>Esta es la historia de Alemania 1974. La de la primera selecci&#243;n que se atrevi&#243; a reinventar el f&#250;tbol. La del segundo mejor equipo de la historia que tampoco gan&#243; &#8212;despu&#233;s de los Magiares M&#225;gicos del 54&#8212;. La del trofeo nuevo que sustituy&#243; al que Brasil se hab&#237;a quedado para siempre. Y la del enfrentamiento m&#225;s cargado de simbolismo que ha vivido una final: Holanda contra Alemania, casi treinta a&#241;os despu&#233;s de la guerra.</p><p>Conviene contarla con calma. Porque es una de las historias m&#225;s hermosas que tiene este deporte.</p><h2>Una idea nueva</h2><p>Para entender 1974 hay que entender de d&#243;nde ven&#237;a Holanda.</p><p>A principios de los a&#241;os setenta, en los campos de f&#250;tbol holandeses estaba pasando algo que casi nadie hab&#237;a notado todav&#237;a. Un equipo, el Ajax de &#193;msterdam, dirigido por un visionario llamado Rinus Michels, estaba inventando una manera distinta de jugar. La llamaban <em>Totaalvoetbal</em>: f&#250;tbol total.</p><p>La idea era de una simplicidad revolucionaria. Hasta entonces, en el f&#250;tbol, cada jugador ten&#237;a una posici&#243;n. El lateral derecho jugaba de lateral derecho. El centrocampista, de centrocampista. El delantero, arriba. Las posiciones eran como casillas en un tablero: cada pieza, en su sitio.</p><p>Michels propuso lo contrario. Que cualquier jugador pudiera ocupar cualquier posici&#243;n. Que, si el lateral derecho sub&#237;a a atacar, el extremo bajara a cubrir su hueco. Que el central pudiera incorporarse al ataque. Que el delantero pudiera defender. Movimiento permanente, intercambios constantes, presi&#243;n asfixiante para recuperar el bal&#243;n en campo rival. Un f&#250;tbol fluido, l&#237;quido, casi coreogr&#225;fico. Una marea naranja que se desplazaba sobre el campo de forma colectiva, sin posiciones r&#237;gidas, devorando los espacios.</p><p>Para que funcionara, todos los jugadores ten&#237;an que saber jugar en todas las posiciones. Ten&#237;an que entender el juego como un todo, no como una parcela. Era exigente. Era dif&#237;cil de ense&#241;ar. Y, sobre todo, era completamente distinto a c&#243;mo el mundo entero entend&#237;a el f&#250;tbol.</p><p>El Ajax lo aplic&#243;. Y empez&#243; a ganar Copas de Europa: en 1971, 1972 y 1973. Tres seguidas. Demoli&#243; al resto del f&#250;tbol europeo con un estilo que dejaba a los rivales corriendo detr&#225;s del bal&#243;n sin entender qu&#233; pasaba. En el centro de aquel Ajax, el alma del proyecto, hab&#237;a un hombre: <strong>Johan Cruyff</strong>.</p><h2>El profeta</h2><p>A Cruyff lo llaman a veces &#8220;El Profeta del Gol&#8221;. Pero quiz&#225;s ser&#237;a m&#225;s justo llamarlo simplemente &#8220;El Profeta&#8221;. Porque su impacto en el f&#250;tbol va mucho m&#225;s all&#225; de los goles. Cruyff cambi&#243; la manera de pensar el juego. No solo de jugarlo: de imaginarlo.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!HaiH!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F734ee351-b843-4877-a4a7-9815bccc8c2f_700x395.webp" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!HaiH!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F734ee351-b843-4877-a4a7-9815bccc8c2f_700x395.webp 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!HaiH!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, 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Encadenaba cigarrillos como si fueran respiraciones. No parec&#237;a un atleta, sino un intelectual con uniforme de f&#250;tbol. Y, sin embargo, en el campo era un fen&#243;meno: velocidad, regate, visi&#243;n perif&#233;rica, capacidad de marcar y de hacer marcar, liderazgo natural. M&#225;s que un jugador, una conciencia. El cerebro que entend&#237;a el sistema entero y lo mov&#237;a a voluntad.</p><p>Cuando en 1973 Rinus Michels se fue al Barcelona, Cruyff le sigui&#243;. All&#237; jugar&#237;a la mejor temporada de su vida y, de paso, marcar&#237;a un gol de tac&#243;n al Atl&#233;tico de Madrid que pasar&#237;a a la historia como <em>el gol imposible</em>. En Espa&#241;a lo idolatraron. En todo el mundo, lo reconocieron: era, sin discusi&#243;n, el mejor jugador del planeta tras la retirada de Pel&#233;.</p><p>En 1974, Cruyff lleg&#243; al Mundial al frente de Holanda con un &#250;nico objetivo: traducir a una selecci&#243;n nacional lo que hab&#237;a hecho en el Ajax. Convertir a Holanda en una versi&#243;n expandida del Ajax. Llevar el f&#250;tbol total a la cima del mundo. Y le sali&#243;. Casi.</p><h2>Un Mundial peculiar</h2><p>El de 1974 fue un Mundial con un formato extra&#241;o que merece la pena explicar. Despu&#233;s de la fase de grupos, no hab&#237;a cuartos ni semifinales. Los ocho equipos clasificados pasaban a una segunda fase de grupos: dos grupos de cuatro, otra liguilla, y los ganadores de cada grupo iban directos a la final. Sin partidos eliminatorios entre medias. Un sistema que recordaba al de Brasil 1950 y que no volver&#237;a a usarse m&#225;s tras 1978.</p><p>Holanda fue colocada en el grupo segundo con Brasil (la campeona del 70, ya sin Pel&#233;), Argentina y Alemania Oriental. Y empez&#243; a humillarlos uno por uno. 4-0 a Argentina, con goles repartidos y un Cruyff exhibicionista. 2-0 a Alemania Oriental. Y entonces, en el partido decisivo de aquella fase, contra Brasil, los holandeses se atrevieron a algo casi sacr&#237;lego: humillar a los tricampeones.</p><p>Aquel Holanda-Brasil del 3 de julio de 1974 fue, dicen muchos historiadores, el punto exacto en que el f&#250;tbol cambi&#243; de due&#241;o. Brasil, todav&#237;a considerada la mejor del mundo, no entend&#237;a nada. Los holandeses presionaban en todas las zonas, intercambiaban posiciones a una velocidad que mareaba, hac&#237;an parecer torpes a los herederos de Pel&#233;. Holanda gan&#243; 2-0, con goles de Neeskens y Cruyff. Y el gol de Cruyff fue espectacular: una volea cruzada tras un centro de Krol, marcando casi sin equilibrio, en una postura imposible. La era del f&#250;tbol total no era una promesa: era un hecho.</p><p>Holanda lleg&#243; a la final sin haber encajado un solo gol en cinco partidos. Cero goles. Cinco victorias y un humillaci&#243;n detr&#225;s de otra. Eran, sin discusi&#243;n, el mejor equipo del torneo. Y se hab&#237;an ganado un mont&#243;n de neutrales: el mundo entero, en aquel verano de 1974, quer&#237;a que Holanda ganara.</p><p>Mientras, Alemania Federal &#8212;la anfitriona&#8212; hab&#237;a hecho un torneo discreto. Hab&#237;a perdido nada menos que contra Alemania Oriental en la primera fase (un partidazo cargado de simbolismo pol&#237;tico en plena Guerra Fr&#237;a: el &#250;nico partido oficial entre las dos Alemanias hasta la reunificaci&#243;n). Su t&#233;cnico, Helmut Sch&#246;n, estuvo al borde del colapso. La plantilla, dividida por una disputa sobre las primas, casi se amotin&#243;. Hizo falta la mano firme de Franz Beckenbauer, el capit&#225;n, para mantener al grupo unido.</p><p>Beckenbauer, <em>Der Kaiser</em>, era el contrapunto perfecto a Cruyff. Fr&#237;o, elegante, l&#237;der por temperamento m&#225;s que por carisma. Hab&#237;a inventado una posici&#243;n &#8212;el <em>l&#237;bero</em>, el central que se incorporaba al ataque con criterio&#8212;. Era, junto con Cruyff, uno de los dos mejores jugadores del mundo. Y, junto con Gerd M&#252;ller, <em>Der Bomber</em> &#8212;m&#225;ximo goleador hist&#243;rico de Alemania, un letal cazagoles de &#225;rea&#8212;, formaba la columna de un equipo correoso, eficiente, sin grandes alardes pero dur&#237;simo de batir.</p><p>Holanda contra Alemania. La fantas&#237;a contra el orden. Cruyff contra Beckenbauer. El f&#250;tbol que iba a ser contra el f&#250;tbol que era.</p><p>Toda Europa contuvo la respiraci&#243;n.</p><h2>Lo que ven&#237;a detr&#225;s de la final</h2><p>Antes de contar el partido, conviene detenerse un momento en el subtexto. Porque aquella final no era solo f&#250;tbol.</p><p>Estamos hablando de Holanda contra Alemania, treinta a&#241;os despu&#233;s de la ocupaci&#243;n nazi. Holanda hab&#237;a sido invadida y ocupada brutalmente por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. La memoria colectiva holandesa a&#250;n sangraba: el hambre del invierno del 44, los deportados, los Pa&#237;ses Bajos arrasados. Para los holandeses de cierta generaci&#243;n, jugar contra Alemania nunca era <em>solo jugar</em>. Era otra cosa.</p><p>Cruyff lo hab&#237;a dejado caer en los d&#237;as previos: aquella final ten&#237;a un significado especial, dec&#237;a. No usaba la palabra &#8220;venganza&#8221; &#8212;era demasiado listo para eso&#8212;, pero la idea estaba en el aire. Vencer a Alemania, en Alemania, en una final del mundo, con el mejor f&#250;tbol jam&#225;s visto, ser&#237;a un cierre simb&#243;lico imposible de mejorar. Un pa&#237;s peque&#241;o humillando al gigante que lo hab&#237;a aplastado.</p><p>Por eso, tambi&#233;n, el partido empez&#243; como empez&#243;. Por eso aquellos primeros minutos de posesi&#243;n hipn&#243;tica. Por eso Cruyff arranc&#243; arrogante al minuto y medio. Por eso el penalti. Holanda no quer&#237;a ganar la final: quer&#237;a pasearla, exhibirla, humillar a Alemania con los movimientos elegantes del f&#250;tbol total.</p><p>Y eso fue, parad&#243;jicamente, su perdici&#243;n.</p><h2>La final</h2><p>Como ya hemos dicho: Holanda 1-0 al minuto 2, sin que Alemania hubiera tocado el bal&#243;n. Penalti convertido por Neeskens. El comienzo m&#225;s espectacular imaginable.</p><p>Pero aqu&#237; est&#225; la lecci&#243;n. Porque despu&#233;s del gol, Holanda no busc&#243; el segundo. No se lanz&#243; a por el partido. Toc&#243; el bal&#243;n. Lo hizo circular. Dej&#243; pasar los minutos creando ocasiones bonitas pero sin sentenciar. Quer&#237;a &#8212;y esto se lo han reprochado siempre a Cruyff y los suyos&#8212; <em>jugar</em> a Alemania, no ganarles. Humillarlos con la pelota, no romperlos en el marcador.</p><p>Y Alemania despert&#243;.</p><p>A los 25 minutos, en una jugada en el &#225;rea holandesa, el &#225;rbitro ingl&#233;s Jack Taylor se&#241;al&#243; otro penalti, esta vez a favor de Alemania. Falta sobre Bernd H&#246;lzenbein. Discutible, como casi todos los penaltis. Pero pitado. Paul Breitner lo transform&#243;. 1-1.</p><p>Aquel empate hizo a&#241;icos algo m&#225;s que el resultado. Hizo a&#241;icos la convicci&#243;n holandesa de que aquello iba a ser un paseo. Hizo a&#241;icos la idea de que Alemania era inferior. Cambi&#243; la psicolog&#237;a del partido. Holanda dej&#243; de jugar relajada. Empez&#243; a sentir la presi&#243;n de tener que ganar de verdad, en serio, sin filigranas.</p><p>Y en el minuto 43, dos antes del descanso, lleg&#243; el zarpazo. Centro al &#225;rea holandesa. Gerd M&#252;ller, el cazador, se enred&#243; un poco con el bal&#243;n, pareci&#243; perderlo, lo recuper&#243; con una pierna en una postura imposible y, casi sin &#225;ngulo, lo cruz&#243; por el suelo a la red. 2-1 para Alemania.</p><p>Era un gol de M&#252;ller. De los suyos. De los que solo &#233;l sab&#237;a hacer: feos, brutales, definitivos. Un gol que no era bonito, pero que era de oro. Era exactamente lo opuesto al f&#250;tbol holand&#233;s. Y, sin embargo, contaba lo mismo: sub&#237;a al marcador.</p><p>Holanda volvi&#243; al vestuario perdiendo. El mundo entero estaba en shock.</p><p>En la segunda parte, Holanda atac&#243;. Atac&#243; con todo lo que ten&#237;a. Lo intent&#243; por dentro, por fuera, con Cruyff baj&#225;ndose a buscar juego, con Neeskens golpeando puertas, con Rep, con Rensenbrink. Pero algo no funcionaba ya. Tal vez el desconcierto del primer empate. Tal vez la dureza de los marcajes alemanes &#8212;Berti Vogts persigui&#243; a Cruyff por todo el campo, pegado a &#233;l como una sombra, neutraliz&#225;ndolo con minuciosidad&#8212;. Tal vez, simplemente, que un equipo no puede pasar de la euforia inicial al esfuerzo desesperado sin pagar un precio.</p><p>Alemania resisti&#243;. Sepp Maier, el portero, par&#243; todo lo que lleg&#243;. Beckenbauer organiz&#243; la defensa con una calma de mariscal. Y cuando el &#225;rbitro Taylor pit&#243; el final, el marcador segu&#237;a siendo 2-1 para Alemania.</p><p>Holanda hab&#237;a perdido. Holanda hab&#237;a perdido jugando mejor. Holanda hab&#237;a perdido la final m&#225;s absurda y m&#225;s cruel de todos los tiempos. Y a Alemania, anfitriona, le tocaba la gloria por segunda vez en su historia.</p><h2>Una copa nueva</h2><p>Aquel 7 de julio de 1974, en el centro del campo del Ol&#237;mpico de M&#250;nich, se entreg&#243; por primera vez un trofeo que sigue estando en juego hoy: la <strong>Copa del Mundo de la FIFA</strong>, tambi&#233;n llamada <em>Copa Gazzaniga</em> por su dise&#241;ador, el italiano Silvio Gazzaniga.</p><p>Hab&#237;a hecho falta una copa nueva por motivos sencillos pero contundentes: Brasil, al ganar su tercer Mundial en 1970, se hab&#237;a quedado con la Copa Jules Rimet original en propiedad para siempre. La copa de plata peque&#241;a, la que hab&#237;a viajado en una maleta de G&#233;nova a Montevideo en 1930, la que hab&#237;a estado escondida en una caja de zapatos durante la guerra, la que hab&#237;a recorrido todos los Mundiales anteriores, ya no estaba disponible.</p><p>Gazzaniga dise&#241;&#243; una copa nueva, muy distinta a la anterior. M&#225;s alta, m&#225;s estilizada, fundida en oro macizo, con dos figuras humanas estilizadas que sostienen el mundo en lo alto. Una pieza m&#225;s moderna, m&#225;s aerodin&#225;mica, m&#225;s en consonancia con la est&#233;tica de los a&#241;os setenta. Y, sobre todo, sin propiedad: nadie se la podr&#237;a quedar nunca para siempre. Los ganadores la levantar&#237;an, la conservar&#237;an cuatro a&#241;os, y la devolver&#237;an a la FIFA. Cada Mundial, una nueva oportunidad de tocarla.</p><p>Franz Beckenbauer, <em>Der Kaiser</em>, fue el primer capit&#225;n que levant&#243; esa copa. Lo hizo en el centro del campo de M&#250;nich, con Holanda llorando a su alrededor. Y, desde entonces, esa misma copa &#8212;la misma exacta, salvo por las peque&#241;as placas con los nombres de los campeones grabadas en la base&#8212; ha sido levantada por Beckenbauer, Passarella, Maradona, Matth&#228;us, Dunga, Deschamps, Cafu, Cannavaro, Casillas, Lahm, Lloris, Messi. Y la levantar&#225; alg&#250;n capit&#225;n m&#225;s, en 2026, en Estados Unidos.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!CXcl!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa857e4dc-b9e3-4b24-a27a-24a299caa66d_1200x675.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!CXcl!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa857e4dc-b9e3-4b24-a27a-24a299caa66d_1200x675.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!CXcl!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, 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La Copa Gazzaniga, hoy ya simplemente &#8220;la copa del mundo&#8221;, naci&#243; en aquella ceremonia.</p><h2>El detalle delicioso de las banderas</h2><p>Hay un detalle peque&#241;&#237;simo, casi c&#243;mico, que define perfectamente el esp&#237;ritu de aquel Mundial.</p><p>El partido m&#225;s importante del torneo, la final, empez&#243; con retraso. &#191;Por qu&#233;? Porque alguien del personal del estadio, al preparar la ceremonia de clausura previa al partido, se hab&#237;a llevado las banderas de los c&#243;rneres. Y al terminar la ceremonia se hab&#237;a olvidado de ponerlas de nuevo. Cuando los jugadores salieron al campo, listos para jugar la final del mundo ante 75.000 personas y millones de televidentes, descubrieron que no hab&#237;a banderines en las cuatro esquinas.</p><p>Hubo que detenerlo todo. Buscar las banderas. Volver a colocarlas. Demora absurda, casi entra&#241;able. La final del mundo retrasada por culpa de cuatro trapos de tela en las esquinas. Es una de esas an&#233;cdotas que el f&#250;tbol guarda en sus rincones, una sonrisa peque&#241;&#237;sima en medio del drama de los grandes acontecimientos.</p><h2>Por qu&#233; importa Alemania 1974</h2><p>Por varias razones que conviven, todas hermosas a su manera.</p><p>La primera: porque Holanda 1974, como la Hungr&#237;a 54, demostr&#243; que el f&#250;tbol no premia al mejor. Premia al que gana. La Naranja Mec&#225;nica fue el segundo mejor equipo de la historia que no se llev&#243; la copa, despu&#233;s de los Magiares M&#225;gicos. Y tambi&#233;n el segundo en convertir su derrota en inmortalidad. Hoy se estudian, se veneran, se imitan. Hoy todo el f&#250;tbol moderno &#8212;el del Bar&#231;a de Guardiola, el del Bayern de los &#250;ltimos a&#241;os, el de cualquier equipo que presione alto y atacante&#8212; bebe directamente de aquel manantial holand&#233;s. Cruyff no gan&#243; el Mundial. Pero el f&#250;tbol que jugamos y que vemos hoy es, en gran medida, el suyo. La derrota le concedi&#243; la victoria m&#225;s grande: la influencia eterna.</p><p>La segunda: porque consagr&#243; una idea revolucionaria. El &#8220;f&#250;tbol total&#8221; no era solo un sistema t&#225;ctico. Era una filosof&#237;a del juego. La idea de que todos los jugadores deben saber jugar en todas las posiciones. De que el espacio se devora con movimiento colectivo, no con genialidad individual. De que la presi&#243;n es ataque. De que el equipo manda sobre el jugador. Esas ideas, en 1974, sonaban a ciencia ficci&#243;n. Hoy son ABC en cualquier academia del mundo. El f&#250;tbol moderno empieza en aquella Holanda.</p><p>La tercera: porque introdujo en el imaginario colectivo una figura nueva, la del genio total. Cruyff, despu&#233;s del Mundial, jug&#243; cuatro temporadas m&#225;s en el Bar&#231;a y se retir&#243; sin volver a una selecci&#243;n nacional importante. Pero su segundo acto, como entrenador y fil&#243;sofo del juego, fue casi m&#225;s influyente que el primero. El Dream Team del Bar&#231;a de los noventa, el sistema que llevar&#237;a despu&#233;s a la Espa&#241;a campeona del mundo en 2010, los principios que a&#250;n hoy organiza un equipo cuando ataca por dentro y presiona arriba: todo viene de Cruyff. Otro hombre cuya cabeza fue tan importante como sus pies.</p><p>Y la cuarta, m&#225;s sutil: porque desde 1974, los campeones del mundo levantan una copa dise&#241;ada para no quedarse en manos de nadie. La Copa Gazzaniga es de oro, s&#237;, pero sobre todo es de paso. Pasa de capit&#225;n a capit&#225;n cada cuatro a&#241;os. Es el s&#237;mbolo perfecto de un torneo que no admite propietarios: las naciones la sostienen un rato y la sueltan. Brasil ya tuvo la suya y se la qued&#243; en 1970, pero a partir de ahora la copa es de todos y de nadie. Es un cambio simb&#243;lico important&#237;simo. Y empez&#243; aquel 7 de julio en M&#250;nich.</p><p>Hay una &#250;ltima imagen para cerrar. Johan Cruyff, al pitido final, no se qued&#243; a aplaudir a Alemania ni a recibir la medalla de subcampe&#243;n. Se fue al vestuario sin saludar a casi nadie, con la cara descompuesta. La derrota le doli&#243; como solo duelen las derrotas absurdas, las que sabes que no merec&#237;as. Le doli&#243; tanto que a&#241;os despu&#233;s, ya retirado, decidir&#237;a no jugar el Mundial de 1978 en Argentina, declinando la convocatoria por motivos siempre algo nebulosos &#8212;se habl&#243; de un secuestro frustrado de su familia, de razones pol&#237;ticas por la dictadura argentina, de cansancio&#8212;. Como fuera, Cruyff jam&#225;s disputar&#237;a otra final del mundo. Aquella en M&#250;nich, perdida injustamente, fue su &#250;nica oportunidad.</p><p>Y, sin embargo, hoy, cincuenta y pocos a&#241;os despu&#233;s, cuando alguien pregunta cu&#225;l es la mejor selecci&#243;n que ha jugado un Mundial sin ganarlo, casi todo el mundo da la misma respuesta: la Holanda de Cruyff de 1974.</p><p>Cuando el 11 de junio empiece el Mundial de 2026, en alg&#250;n momento, durante alg&#250;n partido, veremos a un equipo presionar arriba, recuperar la pelota, intercambiar posiciones, mover al rival con paciencia hasta quebrarlo. Y estaremos viendo, sin saberlo del todo, un eco de aquel verano de 1974. De aquellos hombres de naranja. De aquel hombre flaco con el bal&#243;n pegado al pie. Del f&#250;tbol que iba a ser y que sigue siendo todav&#237;a hoy.</p><p>Ma&#241;ana hablaremos de Argentina 1978. De otra dictadura usando el f&#250;tbol como propaganda, como hizo Mussolini en 1934. De Kempes con sus melenas. Del pol&#233;mico 6-0 a Per&#250; que a&#250;n hoy se discute. Y de c&#243;mo Cruyff, finalmente, no fue.</p><p>Pero hoy qued&#233;monos con aquellos diecisiete pases iniciales en M&#250;nich.</p><p>Con la pelota circulando entre los holandeses sin que Alemania pudiera tocarla.</p><p>Con la arrogancia perfecta del que se sabe mejor.</p><p>Y con la lecci&#243;n eterna: que en el f&#250;tbol, como en la vida, ser el mejor no garantiza nada. Solo el respeto eterno de los que vienen despu&#233;s.</p><p>Y, a veces, eso vale m&#225;s que una copa.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[México 1970]]></title><description><![CDATA[El noveno Mundial. La cima absoluta del f&#250;tbol. El mejor equipo que jam&#225;s existi&#243;. El regreso del rey. El gol m&#225;s bello de la historia. Y la tarde en que el deporte toc&#243; algo parecido a la perfecci&#243;n.]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com/p/mexico-1970</link><guid isPermaLink="false">https://cortitayalpie.substack.com/p/mexico-1970</guid><dc:creator><![CDATA[cortitayalpie]]></dc:creator><pubDate>Fri, 29 May 2026 17:31:21 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!he_0!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F1c6aa1a3-29be-41df-9962-42e280ccdb4e_3000x1926.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay una pregunta que el f&#250;tbol no ha podido resolver en m&#225;s de medio siglo.</p><p>&#191;Cu&#225;l es el mejor equipo de selecciones que ha existido jam&#225;s?</p><p>Se han escrito textos. Se han hecho documentales. Han discutido los grandes entrenadores, los grandes jugadores, los grandes cronistas. Y, salvo excepciones contad&#237;simas, casi todos llegan a la misma respuesta. Hay una sola candidatura que se impone con una claridad casi un&#225;nime, una claridad que el tiempo, en lugar de erosionar, va engrandeciendo.</p><p>Brasil del 70.</p><p>No es solo un campe&#243;n. Es un patr&#243;n. Una referencia eterna. El equipo que cualquier discusi&#243;n sobre f&#250;tbol debe nombrar en alg&#250;n momento. La selecci&#243;n que jug&#243; como sue&#241;an jugar las dem&#225;s. La que convirti&#243; un torneo deportivo en una manifestaci&#243;n art&#237;stica. La que, cincuenta y seis a&#241;os despu&#233;s, sigue siendo el sue&#241;o contra el que todo lo dem&#225;s compite y pierde.</p><p>Esta es su historia. La del Mundial en color, retransmitido por primera vez por sat&#233;lite al planeta entero. La del regreso del rey humillado en 1966. La del gol m&#225;s bello jam&#225;s marcado. Y la de un pa&#237;s que, en medio de una dictadura militar feroz, encontr&#243; en once hombres con camiseta amarilla el mejor consuelo posible.</p><p>Pero conviene empezar por el principio. Por el caos.</p><h2>El comienzo torcido</h2><p>Tres meses antes de levantar la Copa Jules Rimet &#8212;la copa original, de plata, la misma que hab&#237;a sobrevivido a la guerra escondida en una caja de zapatos&#8212;, Brasil parec&#237;a un desastre.</p><p>En marzo de 1970, en un campo embarrado de R&#237;o de Janeiro, la <em>Sele&#231;&#227;o</em> jug&#243; un amistoso contra el Bangu, un modesto equipo local. Empataron 1-1. Los aficionados los abuchearon sin piedad. La selecci&#243;n campeona del mundo de 1958 y 1962, la favorita te&#243;rica para revalidar el t&#237;tulo tras la decepci&#243;n del 66, estaba siendo silbada por su propio p&#250;blico.</p><p>El problema ven&#237;a de arriba. La preparaci&#243;n hab&#237;a sido ca&#243;tica, las decisiones t&#233;cnicas err&#225;ticas. Y el r&#233;gimen militar que gobernaba Brasil desde el golpe de 1964 &#8212;encabezado entonces por el general Em&#237;lio Garrastazu M&#233;dici, el m&#225;s duro de los presidentes de la dictadura&#8212; observaba con inquietud. Brasil estaba en plena fase represiva, la peor del r&#233;gimen, con torturas sistem&#225;ticas y desapariciones, y aquel gobierno necesitaba que la selecci&#243;n ganara. Necesitaba la copa como s&#237;mbolo, como distracci&#243;n, como bandera.</p><p>M&#233;dici no se anduvo con sutilezas. A pocas semanas del Mundial, intervino directamente: hizo destituir al seleccionador, Jo&#227;o Saldanha, un hombre culto, de izquierdas, comunista declarado, que se hab&#237;a peleado con el general por motivos que iban desde lo t&#225;ctico hasta lo ideol&#243;gico. Cuenta la leyenda que Saldanha lleg&#243; a decir que &#233;l no le dec&#237;a a M&#233;dici c&#243;mo gobernar el pa&#237;s y que esperaba lo mismo a la inversa. La hostilidad acab&#243; con su despido.</p><p>En su lugar, el r&#233;gimen coloc&#243; a M&#225;rio Zagallo, ex-jugador del bicampeonato del 58 y 62, hombre prudente, sin filiaci&#243;n pol&#237;tica conocida. Zagallo asumi&#243; el cargo con apenas semanas de margen para preparar el Mundial. Y empez&#243; a trabajar.</p><p>Lo que ocurri&#243; despu&#233;s es uno de los grandes misterios y maravillas del f&#250;tbol: c&#243;mo un equipo en plena turbulencia, abucheado por su gente, con el t&#233;cnico reci&#233;n impuesto por una dictadura, en tres meses se transform&#243; en la mejor selecci&#243;n de la historia.</p><h2>La gran lista</h2><p>Zagallo heredaba un grupo de futbolistas excepcionales. Pero el legado del seleccionador anterior inclu&#237;a un debate que iba a definir el equipo: el de jugar con Pel&#233; y Tost&#227;o a la vez.</p><p>El argumento contra era t&#233;cnico: ambos eran delanteros centro, jugaban en la misma zona, pod&#237;an estorbarse. El argumento a favor era po&#233;tico: dos genios siempre se entienden. Zagallo eligi&#243; el camino del poeta. Los puso a los dos. Y no se equivoc&#243;.</p><p>Conviene detenerse en aquella lista de delanteros, porque es probablemente la combinaci&#243;n m&#225;s letal y bella que ha alineado jam&#225;s una selecci&#243;n.</p><p><strong>Pel&#233;</strong>, el rey, vuelto del dolor de 1966 con 29 a&#241;os y la edad perfecta. Ya no era el adolescente sorprendente de 1958 ni el lesionado prematuro del 62. Era ahora un futbolista completo, maduro, que ve&#237;a el juego dos segundos antes que el resto, capaz de cualquier cosa con cualquier pierna y la cabeza. En 1970, Pel&#233; era el mejor jugador del planeta y lo sab&#237;a. Quer&#237;a redimir las humillaciones anteriores. Quer&#237;a dejarlo claro al mundo entero.</p><p><strong>Tost&#227;o</strong>, el menos c&#233;lebre fuera de Brasil pero adorado dentro: peque&#241;o, t&#233;cnico, de toque exquisito, ojos que ve&#237;an cosas que los dem&#225;s no ve&#237;an. Hab&#237;a llegado al Mundial casi de milagro: meses antes le hab&#237;a impactado un bal&#243;n en el ojo, una lesi&#243;n grav&#237;sima que estuvo a punto de retirarlo del f&#250;tbol. Una operaci&#243;n arriesgad&#237;sima en Houston lo salv&#243;. Jug&#243; M&#233;xico 70 con un ojo reci&#233;n recuperado y un instinto de pase casi sobrenatural.</p><p><strong>Gerson</strong>, el cerebro: zurdo magistral, fumador empedernido (era famoso por encender un cigarrillo nada m&#225;s entrar en el vestuario), pasador deslumbrante, due&#241;o absoluto del centro del campo. Si Pel&#233; era la magia y Tost&#227;o la finura, Gerson era la inteligencia, la geometr&#237;a, el director de orquesta.</p><p><strong>Rivelino</strong>, el del bigote y la zurda imposible: extremo izquierdo que regateaba como nadie, due&#241;o de un disparo demoledor y de un quiebro corporal &#8212;el famoso <em>el&#225;stico</em>&#8212; que sigue intent&#225;ndose hoy en los campos de todo el mundo. Era el alma rebelde del equipo, el m&#225;s callejero, el que m&#225;s alegr&#237;a daba.</p><p><strong>Jairzinho</strong>, el hurac&#225;n: el extremo derecho m&#225;s veloz y potente del torneo, fuerte como un toro, due&#241;o de una pierna derecha que cargaba como un misil. Iba a hacer historia: ser&#237;a el primer jugador (y, hasta hoy, uno de los muy pocos) en marcar en todos los partidos de un Mundial, incluida la final.</p><p>Cinco delanteros casi titulares en el mismo equipo. La cr&#237;tica de la &#233;poca dec&#237;a que era inviable: que no se pod&#237;a jugar con cinco diez &#8212;cinco creadores, cinco artistas&#8212;. Zagallo demostr&#243; que s&#237; se pod&#237;a. Construy&#243; detr&#225;s de ellos un equipo equilibrado: Carlos Alberto como capit&#225;n y lateral derecho din&#225;mico, Clodoaldo como mediocampista de quites, Brito y Piazza en el centro de la zaga, Everaldo en el otro lateral, y un portero, F&#233;lix, que era el eslab&#243;n discutible pero que cumpli&#243;.</p><p>Y los lanz&#243; al campo a hacer arte.</p><h2>El primer Mundial en color</h2><p>Antes de contar los partidos, hay que entender lo que M&#233;xico 1970 supuso para la historia de la imagen.</p><p>Fue el primer Mundial retransmitido en color a gran escala v&#237;a sat&#233;lite. La televisi&#243;n llevaba a&#241;os existiendo, pero la mayor&#237;a del mundo hab&#237;a visto los Mundiales anteriores en blanco y negro y con cobertura limitada. M&#233;xico 70 fue distinto. La FIFA, junto con las cadenas de televisi&#243;n y los avances tecnol&#243;gicos del momento, hicieron posible que cientos de millones de personas en todo el planeta vieran los partidos a color y, en muchos casos, en directo.</p><p>Esto cambi&#243; el f&#250;tbol para siempre. Por primera vez, el mundo entero pudo ver al verde del c&#233;sped, al amarillo intenso de la camiseta brasile&#241;a, al cabello dorado de los rubios europeos contra el moreno andaluz, al azul cielo del cielo mexicano. La imagen del f&#250;tbol entr&#243; en los hogares con una potencia visual que nunca hab&#237;a tenido. Y result&#243; que, precisamente en aquel Mundial, hab&#237;a un equipo que parec&#237;a haber sido dise&#241;ado para ese momento. Brasil jugaba en amarillo, exhib&#237;a un f&#250;tbol que era pura coreograf&#237;a, hac&#237;a cosas hermosas. Era, literalmente, f&#250;tbol para televisar en color.</p><p>El impacto cultural fue inmenso. Brasil 1970 se convirti&#243;, gracias a la combinaci&#243;n de su talento y de la nueva tecnolog&#237;a, en la primera selecci&#243;n verdaderamente global. La gente de Tokio, de Berl&#237;n, de Buenos Aires, de Bangkok, vio a Pel&#233; y Jairzinho y Carlos Alberto. Y se enamor&#243; del f&#250;tbol. Para muchos pa&#237;ses, M&#233;xico 70 fue el momento en que descubrieron de verdad lo que era esto. Y lo descubrieron en color, jugado por dioses amarillos.</p><h2>El partido antes de la final</h2><p>Brasil lleg&#243; a M&#233;xico y empez&#243; arrollando. Goleadas a Checoslovaquia (4-1), a Ruman&#237;a (3-2 con dos goles de Pel&#233; en una versi&#243;n exhibicionista). Y, en el segundo partido, lleg&#243; &#8220;la final antes de la final&#8221;: Brasil contra Inglaterra, la campeona del mundo vigente.</p><p>Era el cl&#225;sico de aquellos a&#241;os. Los inventores contra los nuevos amos. Los del orden contra los de la fantas&#237;a. Se jug&#243; en Guadalajara, con un calor sofocante y a 1.500 metros de altitud, condiciones a las que los brasile&#241;os se adaptaron mucho mejor que los ingleses, exhaustos por el clima y el ox&#237;geno enrarecido.</p><p>Y en aquel partido se produjeron dos de las im&#225;genes m&#225;s recordadas de toda la historia de los Mundiales.</p><p>La primera: Pel&#233; cabece&#243; un bal&#243;n con todo a la escuadra. Imposible. Gordon Banks, el portero ingl&#233;s &#8212;el mismo que hab&#237;a alzado la copa cuatro a&#241;os antes&#8212; estaba en el otro palo. La pelota iba a entrar, eso era seguro. Hasta que Banks, que parec&#237;a superado, vol&#243; milagrosamente hacia atr&#225;s y, con la punta de los dedos, desvi&#243; el bal&#243;n por encima del larguero. La parada m&#225;s imposible jam&#225;s vista, dicen los que entienden. Pel&#233;, al ver el bal&#243;n salir, se llev&#243; las manos a la cabeza, incr&#233;dulo. Banks, hoy considerado uno de los grandes porteros de la historia, firm&#243; all&#237; su monumento eterno.</p><p>La segunda: el cambio de camisetas final entre Pel&#233; y Bobby Moore, el capit&#225;n ingl&#233;s. Una imagen de elegancia futbol&#237;stica, dos genios reconoci&#233;ndose mutuamente, dos rivales trat&#225;ndose con respeto mutuo en pleno calor mexicano. Aquella foto, en blanco y negro pese a estar tomada en el Mundial en color, es uno de los iconos visuales del f&#250;tbol del siglo XX. Pura grandeza.</p><p>Brasil gan&#243; 1-0, con gol de Jairzinho. Aquel partido fue, m&#225;s que cualquier otro de la fase de grupos, la declaraci&#243;n de intenciones: Brasil estaba listo para reinar.</p><h2>El camino a la final</h2><p>Cuartos: 4-2 a Per&#250;. Brasil exhibi&#243; un f&#250;tbol vertiginoso, con Pel&#233; y Tost&#227;o entendi&#233;ndose como si hubieran jugado juntos toda la vida.</p><p>Semifinales: 3-1 a Uruguay. La Uruguay del Maracanazo, otra vez. Brasil exorciz&#243; por en&#233;sima vez el fantasma del 50, en un partido dur&#237;simo en el que Pel&#233; protagoniz&#243; una de sus jugadas m&#225;s mitol&#243;gicas: dej&#243; pasar un bal&#243;n por delante del portero uruguayo, lo amag&#243; al rebasarlo y, cuando estaba en posici&#243;n de disparar, fall&#243; el remate. El gol que no fue. Una jugada tan hermosa que se sigue mostrando como ejemplo de imaginaci&#243;n pura, aunque no acabara en la red.</p><p>Mientras tanto, la otra semifinal, la europea, deparaba uno de los partidos m&#225;s espectaculares de toda la historia del f&#250;tbol: Italia 4-3 Alemania Federal, en el estadio Azteca. Un encuentro de cinco goles en la pr&#243;rroga, con remontadas y contrarremontadas, llamado por los italianos &#8220;Il Partido del Siglo&#8221; (<em>Partita del Secolo</em>), recordado todav&#237;a con un monumento en la entrada del Azteca con la inscripci&#243;n en italiano <em>Estadio Azteca rinde homenaje a las selecciones de Italia (4) y Alemania (3), protagonistas del Partido del Siglo en el Mundial de 1970</em>. Italia gan&#243;, agotada, y se gan&#243; el derecho a perder contra Brasil tres d&#237;as despu&#233;s.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!2H-z!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc7e7a1d6-24c3-49b4-bb23-b4694a78c85f_626x470.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!2H-z!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc7e7a1d6-24c3-49b4-bb23-b4694a78c85f_626x470.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!2H-z!, 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Estadio Azteca, Ciudad de M&#233;xico. 107.412 espectadores. Brasil contra Italia. Las dos selecciones m&#225;s laureadas del mundo, ambas con dos t&#237;tulos previos. El equipo ganador se quedar&#237;a con la Copa Jules Rimet original para siempre, seg&#250;n la norma que premiaba al primer tricampe&#243;n. La copa en juego no era solo deportiva: era de propiedad.</p><p>Brasil salt&#243; al campo con todo: F&#233;lix; Carlos Alberto, Brito, Piazza, Everaldo; Clodoaldo, Gerson; Jairzinho, Pel&#233;, Tost&#227;o, Rivelino. El cuadro m&#225;gico al completo.</p><p>A los 18 minutos, lleg&#243; el primer gol. Y fue de manual. Rivelino centr&#243; desde la izquierda. Pel&#233; salt&#243;, parec&#237;a colgarse en el aire &#8212;los testigos dicen que se qued&#243; suspendido un segundo entero, desafiando la gravedad&#8212;, y cabece&#243; cruzado, imparable. 1-0. Era su &#250;nico gol del torneo &#8212;los rivales lo hab&#237;an marcado a base de cuidarlo, pero esta vez no pudieron evitarlo&#8212; y el m&#225;s importante. El rey hab&#237;a marcado en una final.</p><p>Italia empat&#243; antes del descanso. Roberto Boninsegna aprovech&#243; un error garrafal entre la zaga y el portero F&#233;lix. 1-1. Recordatorio inc&#243;modo de que aquel equipo, pese a su grandeza, no era invulnerable. Brasil se fue al vestuario empatando una final que ten&#237;a que ganar.</p><p>En la segunda parte, todo cambi&#243;. Gerson, el zurdo del cigarrillo, marc&#243; el 2-1 con un disparo desde fuera del &#225;rea tras un pase del propio Pel&#233;. La maquinaria amarilla empezaba a engrasarse.</p><p>En el minuto 71, Jairzinho marc&#243; el 3-1, tras una jugada iniciada por Pel&#233; y rematada por el hurac&#225;n brasile&#241;o. Con ese gol, Jairzinho complet&#243; la haza&#241;a: gol en los seis partidos del Mundial, incluida la final. Una marca que solo otro jugador, en circunstancias muy espec&#237;ficas, se acercar&#237;a jam&#225;s.</p><p>Y entonces, en el minuto 86, con el partido ya decidido, lleg&#243; el momento. El gol que iba a definir no ya el partido, ni el Mundial, sino la idea misma de lo que el f&#250;tbol puede llegar a ser.</p><h2>El gol</h2><p>Hay que verlo despacio.</p><p>Tost&#227;o presiona en defensa, en el &#225;rea propia, y recupera el bal&#243;n. Lo cede atr&#225;s, a Clodoaldo, que en el c&#237;rculo central regatea a cuatro italianos seguidos &#8212;cuatro, contados&#8212; con una sucesi&#243;n de fintas de cintura tan elegantes que parece estar bailando, no jugando. Clodoaldo abre a Rivelino, en la banda izquierda, que la avanza unos metros y abre largo hacia la derecha, a Jairzinho, que viene desde atr&#225;s. Jairzinho la conduce con su caracter&#237;stico vigor por la banda derecha, sortea a un defensa, y la cede al centro, donde Pel&#233; la espera, justo en la frontal del &#225;rea, con un italiano &#8212;Burgnich&#8212; pegado.</p><p>Pel&#233; recibe. Tiene mil opciones: disparar, regatear, encarar a Burgnich. Pero hace otra cosa. Toca el bal&#243;n con la suela, sin mirar, hacia su derecha. Lo toca sin levantar la cabeza. Lo toca con esa intuici&#243;n telep&#225;tica que solo tienen los muy grandes. Y deja la pelota muerta, mansa, en el espacio exacto al que llega, en ese instante, su capit&#225;n: Carlos Alberto.</p><p>El lateral derecho, que hab&#237;a hecho un esprint largo de cincuenta metros desde su posici&#243;n original, llega con todo el cuerpo lanzado. No frena. No piensa. Engancha la pelota con la derecha, sin parar la carrera, y la cruza con un disparo seco, raso, al palo largo. La pelota entra rugiendo en la red. 4-1. Estadio Azteca delirando. Carlos Alberto corre con los brazos abiertos, gritando.</p><p>Han pasado m&#225;s de cincuenta a&#241;os. Y aquel gol sigue siendo, seg&#250;n casi todos los rankings y casi todos los expertos, el mejor gol jam&#225;s marcado en un Mundial. Posiblemente el mejor gol de la historia del f&#250;tbol. Compite, en esa categor&#237;a tan exclusiva, con un solo rival real: el segundo gol de Maradona a Inglaterra en 1986. Pero ese ya lo contaremos en su momento.</p><p>El gol de Carlos Alberto no fue solo bonito. Fue una declaraci&#243;n. Brasil, con la final ya ganada 3-1, no se conform&#243;. No quer&#237;a simplemente ganar el Mundial: quer&#237;a firmarlo. Y lo firm&#243; con una jugada de nueve pases que involucr&#243; a siete jugadores, recorri&#243; todo el campo, termin&#243; con el toque genial del rey y con el remate &#233;pico del capit&#225;n. La firma definitiva del mejor equipo de la historia.</p><h2>El ep&#237;logo</h2><p>Al pitido final, el Azteca estall&#243;. Los aficionados invadieron el campo. Pel&#233; fue paseado a hombros con un sombrero mexicano gigantesco que alguien le hab&#237;a puesto. Tost&#227;o lloraba sin parar, desbordado. <em>Foi loucura</em>, recordar&#237;a Rivelino: <em>fue locura</em>.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!he_0!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F1c6aa1a3-29be-41df-9962-42e280ccdb4e_3000x1926.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!he_0!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F1c6aa1a3-29be-41df-9962-42e280ccdb4e_3000x1926.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!he_0!, 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y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><p></p><p>Carlos Alberto, el capit&#225;n, recibi&#243; de las manos de Jules Rimet (no del propio Rimet, que hab&#237;a muerto en 1956, pero s&#237; en un trofeo que llevaba su nombre desde 1946) la copa de plata. La levant&#243; al cielo del Azteca. Y Brasil, seg&#250;n la norma vigente, se la qued&#243; para siempre. La hab&#237;an ganado tres veces (1958, 1962, 1970), y eso les otorgaba la propiedad eterna del trofeo original. La Copa Jules Rimet pas&#243; a ser, oficialmente, propiedad brasile&#241;a.</p><p>(Un detalle triste para cerrar: trece a&#241;os despu&#233;s, en 1983, la copa fue robada en R&#237;o de Janeiro y nunca se ha vuelto a ver. Probablemente fue fundida por su valor met&#225;lico. El trofeo m&#225;s legendario del f&#250;tbol mundial, salvado de los nazis en una caja de zapatos, no sobrevivi&#243; a unos ladrones brasile&#241;os. Las r&#233;plicas que existen hoy son eso, r&#233;plicas. Pero esa es otra historia.)</p><p>En Brasil, el r&#233;gimen militar de M&#233;dici aprovech&#243; al m&#225;ximo. Utiliz&#243; las im&#225;genes del triunfo para su propaganda. Compuso una canci&#243;n oficial, <em>Pra Frente Brasil</em>, que a&#250;n hoy se asocia inevitablemente con la dictadura y con aquel verano. La selecci&#243;n campeona del mundo se convirti&#243;, sin quererlo del todo, en herramienta de un r&#233;gimen que torturaba a los disidentes. Es una de las contradicciones m&#225;s amargas de toda esta historia: el equipo m&#225;s hermoso del f&#250;tbol coincidi&#243; en el tiempo con uno de los gobiernos m&#225;s siniestros que ha tenido Brasil. Los jugadores no eran fascistas; eran futbolistas. Pero el r&#233;gimen los us&#243;. Como Mussolini hab&#237;a usado a Pozzo en 1934, como tantos otros poderes a tantos otros futbolistas. El f&#250;tbol, otra vez, atravesado por la pol&#237;tica.</p><h2>Por qu&#233; importa M&#233;xico 1970</h2><p>Por la raz&#243;n m&#225;s sencilla y m&#225;s poderosa de todas: porque es la prueba viva de que el f&#250;tbol puede ser bello.</p><p>No bonito. No agradable. No entretenido.</p><p>Bello.</p><p>En el sentido m&#225;s alto de la palabra. En el sentido en que una sinfon&#237;a puede ser bella, o una catedral, o un cuadro. Brasil 1970 demostr&#243;, con la limpidez de las grandes obras de arte, que noventa minutos en un campo de f&#250;tbol pueden alcanzar la categor&#237;a de manifestaci&#243;n est&#233;tica. Que un deporte de masas puede, en su mejor momento, conmover como conmueven las artes mayores. Que un gol &#8212;el de Carlos Alberto&#8212; puede ser tan emocionante de ver como un final de &#243;pera o un verso bien rematado.</p><p>Eso es lo que aquella selecci&#243;n dej&#243; al mundo. Una idea. La idea de que se puede ganar jugando, ganando de verdad, sin renunciar a la belleza. La idea de que el f&#250;tbol no tiene por qu&#233; ser un c&#225;lculo defensivo, una ecuaci&#243;n t&#225;ctica, una guerra de desgaste. Puede ser otra cosa. Puede ser celebraci&#243;n. Puede ser arte. Puede ser, en su mejor versi&#243;n, la cosa m&#225;s alegre que existe.</p><p>Todas las selecciones que despu&#233;s han intentado jugar bien &#8212;la Holanda total del 74, la Francia del 98, la Espa&#241;a del tiki-taka, la propia Brasil de los a&#241;os posteriores&#8212; miran hacia atr&#225;s, hacia el espejo dorado de M&#233;xico 70. Es la referencia inalcanzable. La meta a la que aspirar sabiendo que probablemente nunca se llegar&#225; del todo.</p><p>Y hay una iron&#237;a hermosa en todo esto. Aquel equipo, lleno de jugadores casi todos pobres, casi todos negros o mulatos, salidos de los barrios humildes de Brasil, le devolvi&#243; al mundo del f&#250;tbol algo que la era del catenaccio y la t&#225;ctica defensiva hab&#237;a arrinconado: la alegr&#237;a. Esos hombres que casi nadie esperaba que ganaran, abucheados en marzo, criticados, dirigidos por un t&#233;cnico impuesto por una dictadura, agarrados de la mano por la presi&#243;n, jugaron en junio el f&#250;tbol m&#225;s libre, m&#225;s feliz, m&#225;s generoso que se ha visto jam&#225;s. La alegr&#237;a triunf&#243; sobre la angustia. La fantas&#237;a sobre el c&#225;lculo. La belleza sobre la eficacia.</p><p>Por eso, cuando el 11 de junio empiece el Mundial de 2026, cada vez que veamos un equipo jugar bien, atacar, arriesgar, intentar el pase dif&#237;cil, levantar al p&#250;blico de su asiento, estaremos viendo, sin saberlo, un eco de aquel verano del 70. De aquellos amarillos imposibles. De aquel gol del capit&#225;n. De aquella tarde en el Azteca en que el f&#250;tbol, durante noventa minutos, toc&#243; algo parecido a la perfecci&#243;n.</p><p>Ma&#241;ana hablaremos de Alemania 1974. De c&#243;mo Holanda invent&#243; el &#8220;f&#250;tbol total&#8221; y aun as&#237; perdi&#243; la final. De Cruyff, el segundo mejor jugador del mundo. Y de c&#243;mo Beckenbauer y Alemania levantaron una nueva copa, distinta a la robada en Brasil: la actual Copa del Mundo de la FIFA, dise&#241;ada por Silvio Gazzaniga, la misma que a&#250;n levantan los campeones hoy.</p><p>Pero hoy qued&#233;monos con el gol de Carlos Alberto.</p><p>Con los cincuenta metros que recorri&#243;. Con el toque sin mirar de Pel&#233;. Con la red movi&#233;ndose. Con el delirio del Azteca.</p><p>Porque en ese gol cabe todo lo que el f&#250;tbol puede llegar a ser cuando se atreve a ser hermoso.</p><p>Y casi nada lo ha contado mejor.</p><p>Nunca.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Inglaterra 1966]]></title><description><![CDATA[El octavo Mundial. La cuna del f&#250;tbol se corona por fin en casa. Un gol que entr&#243; &#8212;o no&#8212; y que se discute todav&#237;a hoy. La ca&#237;da a patadas del rey Pel&#233;. Y la mayor sorpresa que se recuerda.]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com/p/inglaterra-1966</link><guid isPermaLink="false">https://cortitayalpie.substack.com/p/inglaterra-1966</guid><dc:creator><![CDATA[cortitayalpie]]></dc:creator><pubDate>Thu, 28 May 2026 17:30:56 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/e48a41aa-3202-43fc-9dca-73f2ce70eb52_800x580.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay un gol que lleva casi sesenta a&#241;os sin resolverse.</p><p>Ocurri&#243; el 30 de julio de 1966, en Wembley, en el minuto 101 de la final del Mundial. Inglaterra y Alemania Occidental empataban a dos. Geoff Hurst recibi&#243; un bal&#243;n dentro del &#225;rea, se gir&#243; y dispar&#243;. La pelota golpe&#243; el larguero por dentro, baj&#243; vertical, pic&#243; en alg&#250;n punto cerca de la l&#237;nea de gol y sali&#243; rebotada. &#191;Entr&#243;? &#191;No entr&#243;? &#191;Cruz&#243; la l&#237;nea entera o se qued&#243; a un palmo?</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!zPSj!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fdead57d3-1aef-4c47-b114-ebcdbd2e8615_630x400.webp" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!zPSj!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, 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Ni entonces ni ahora. No hab&#237;a repetici&#243;n instant&#225;nea, no hab&#237;a tecnolog&#237;a de l&#237;nea de gol, no hab&#237;a VAR. Solo hab&#237;a un &#225;rbitro suizo, Gottfried Dienst, que no estaba seguro, y un juez de l&#237;nea sovi&#233;tico, de nombre azerbaiyano, Tofiq Bahramov, que levant&#243; el bander&#237;n y, sin dudar, se&#241;al&#243; el centro del campo. Gol.</p><p>Aquel gol fantasma dio a Inglaterra su tercer tanto, encarril&#243; su &#250;nica copa del mundo y se convirti&#243; en una de las pol&#233;micas m&#225;s eternas de la historia del f&#250;tbol. Los alemanes llevan casi seis d&#233;cadas reclamando. Los ingleses, celebrando. Y la pelota sigue, congelada en el tiempo, sin que nadie pueda decir con seguridad de qu&#233; lado de la l&#237;nea cay&#243;.</p><p>Esta es la historia de Inglaterra 1966. La del pa&#237;s que invent&#243; el f&#250;tbol coron&#225;ndose por fin campe&#243;n, en su casa, ante su gente. La de un gol imposible de resolver. Y la de una despedida amarga: la del rey Pel&#233;, machacado a patadas, saliendo de un Mundial entre l&#225;grimas y jurando no volver.</p><h2>Los inventores, por fin en su torneo</h2><p>Inglaterra ten&#237;a una relaci&#243;n complicada con el Mundial.</p><p>Los ingleses hab&#237;an inventado el f&#250;tbol moderno. Hab&#237;an codificado sus reglas, fundado los primeros clubes, exportado el juego al mundo entero. Y, sin embargo, durante d&#233;cadas hab&#237;an mirado el Mundial por encima del hombro, con la soberbia del maestro que no necesita examinarse. Se hab&#237;an retirado de la FIFA, hab&#237;an despreciado las primeras ediciones, no hab&#237;an participado hasta 1950 &#8212;donde sufrieron aquella humillaci&#243;n hist&#243;rica ante Estados Unidos&#8212;.</p><p>En 1966, por fin, el Mundial llegaba a casa. Inglaterra era la anfitriona. Y exist&#237;a una presi&#243;n inmensa, casi insoportable: el pa&#237;s que hab&#237;a dado el f&#250;tbol al mundo ten&#237;a que demostrar, de una vez, que tambi&#233;n sab&#237;a ganarlo. No val&#237;a cualquier cosa. Ten&#237;an que ser campeones. En Wembley. Delante de todos.</p><p>El encargado de lograrlo era Alf Ramsey, un seleccionador fr&#237;o, met&#243;dico, obstinado, que hab&#237;a hecho una predicci&#243;n audaz: Inglaterra ganar&#237;a el Mundial. Lo dijo p&#250;blicamente, a&#241;os antes, cuando casi nadie lo cre&#237;a. Y construy&#243; un equipo a su imagen: sin alardes, sin grandes individualidades por encima del colectivo, s&#243;lido, trabajador, eficiente.</p><p>Ramsey dise&#241;&#243; adem&#225;s una innovaci&#243;n t&#225;ctica que dar&#237;a que hablar. Prescindi&#243; de los extremos cl&#225;sicos, los jugadores abiertos que pegados a la banda centraban balones. Jug&#243; con un sistema m&#225;s estrecho, sin extremos puros, que la prensa bautiz&#243; como los <em>wingless wonders</em>: las &#8220;maravillas sin alas&#8221;. Era feo de ver, dec&#237;an algunos. Pero funcionaba.</p><p>El arranque, eso s&#237;, no invit&#243; al optimismo. Inglaterra empat&#243; 0-0 en su debut contra Uruguay, en un partido soso que la prensa critic&#243; con dureza. Los estadios ni siquiera se llenaban: las entradas no empezaron a agotarse hasta las eliminatorias. El pa&#237;s tard&#243; en creer. Pero Ramsey no se inmut&#243;. Victorias trabajadas ante M&#233;xico y Francia metieron a Inglaterra en cuartos, y a partir de ah&#237;, la maquinaria fr&#237;a del seleccionador se fue engrasando. Cada partido, un poco m&#225;s s&#243;lido. Cada ronda, un poco m&#225;s cerca. Sin brillar, pero sin caer. Era el f&#250;tbol de Ramsey: nada de fuegos artificiales, todo resultado.</p><p>La columna del equipo eran tres hombres que se har&#237;an inmortales: el portero Gordon Banks, seguro como una roca; el capit&#225;n Bobby Moore, un central elegant&#237;simo que parec&#237;a leer el juego desde el futuro; y, en el centro del campo, Bobby Charlton, superviviente de la tragedia a&#233;rea de M&#250;nich de 1958 &#8212;en la que murieron ocho compa&#241;eros del Manchester United&#8212; y due&#241;o de un disparo lejano demoledor. Tres pilares sobre los que Ramsey construy&#243; la &#250;nica copa del mundo inglesa.</p><h2>El Mundial de las sorpresas y la violencia</h2><p>Antes de llegar a la gloria inglesa, el torneo dej&#243; episodios que merecen contarse.</p><p>El primero, la mayor sorpresa que se recordaba hasta entonces: Corea del Norte. El peque&#241;o y desconocido pa&#237;s asi&#225;tico, en plena Guerra Fr&#237;a, elimin&#243; nada menos que a Italia, dos veces campeona del mundo. Un trabajador llamado Pak Doo-ik marc&#243; el gol que mand&#243; a casa a los italianos, que regresaron a Italia y fueron recibidos con una lluvia de tomates en el aeropuerto, tal era la verg&#252;enza. Corea del Norte lleg&#243; a ponerse 3-0 en cuartos contra Portugal antes de caer 5-3, remontada gigante de un Eus&#233;bio descomunal. Aquellos coreanos, salidos de la nada, se ganaron el cari&#241;o del p&#250;blico ingl&#233;s de Middlesbrough, que los adopt&#243; como a un equipo propio.</p><p>El segundo episodio fue m&#225;s oscuro: la violencia. Como en Chile cuatro a&#241;os antes, hubo partidos brutales. El m&#225;s recordado, los cuartos entre Inglaterra y Argentina, un choque dur&#237;simo en el que el capit&#225;n argentino, Antonio Ratt&#237;n, fue expulsado y se neg&#243; durante minutos a abandonar el campo, en una escena tens&#237;sima. Ramsey, el seleccionador ingl&#233;s, lleg&#243; a calificar a los argentinos de &#8220;animales&#8221; e impidi&#243; a sus jugadores intercambiar las camisetas con ellos. Aquel partido sembr&#243; una rivalidad entre Inglaterra y Argentina que estallar&#237;a, veinte a&#241;os despu&#233;s, en el episodio m&#225;s c&#233;lebre de toda esta serie: la mano de Dios de Maradona, en 1986. Pero esa es otra historia.</p><h2>La ca&#237;da del rey</h2><p>Y aqu&#237; est&#225; la herida de aquel Mundial. La que m&#225;s duele contar.</p><p>Brasil llegaba a Inglaterra como bicampe&#243;n del mundo (1958 y 1962) y m&#225;ximo favorito. Con Pel&#233;, ya consagrado como el mejor jugador del planeta, en teor&#237;a en la plenitud de su carrera, con 25 a&#241;os. El mundo esperaba ver al rey reinar.</p><p>No lo dejaron.</p><p>Aquel Mundial fue, para Pel&#233;, un calvario. Los rivales, incapaces de pararlo jugando al f&#250;tbol, decidieron pararlo a patadas. Y los &#225;rbitros, con la permisividad brutal de la &#233;poca &#8212;la misma que hab&#237;a arruinado Chile 1962&#8212;, lo consintieron. En el partido contra Bulgaria, Pel&#233; fue cazado a base de faltas dur&#237;simas. Acab&#243; lesionado. Se perdi&#243; el siguiente partido.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!2kyo!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F8e393c92-e028-4c6c-a20c-96cfda9994d9_1500x1018.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!2kyo!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F8e393c92-e028-4c6c-a20c-96cfda9994d9_1500x1018.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!2kyo!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, 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Pel&#233;, no recuperado del todo, fue alineado por necesidad. Y all&#237;, sobre el campo de Goodison Park, recibi&#243; una de las entradas m&#225;s salvajes que se recuerdan: el portugu&#233;s Jo&#227;o Morais le dio una doble patada criminal, sin que el &#225;rbitro ingl&#233;s lo expulsara. Pel&#233; qued&#243; destrozado, cojeando, in&#250;til sobre el campo (no hab&#237;a cambios permitidos por lesi&#243;n en aquella &#233;poca, as&#237; que se qued&#243; renqueando como un pasajero m&#225;s). Brasil perdi&#243; 3-1, con un Eus&#233;bio estelar, y qued&#243; eliminado en primera ronda. Una humillaci&#243;n para el bicampe&#243;n.</p><p>Pel&#233; sali&#243; de aquel Mundial roto, f&#237;sica y an&#237;micamente. Y declar&#243;, dolido, que no volver&#237;a a jugar un Mundial nunca m&#225;s. Que el f&#250;tbol se hab&#237;a convertido en una guerra, que no estaba dispuesto a que lo lisiaran. Por fortuna para la historia, cambiar&#237;a de opini&#243;n. Cuatro a&#241;os despu&#233;s, en M&#233;xico 1970, regresar&#237;a para protagonizar la cima de su carrera y uno de los mayores espect&#225;culos que ha dado el f&#250;tbol. Pero en 1966, el rey se fue a casa cojeando, jurando no volver. El Mundial de los inventores fue tambi&#233;n el Mundial del maltrato al genio.</p><p>Conviene entender por qu&#233; pas&#243; esto, porque no fue casualidad. El f&#250;tbol de los a&#241;os sesenta viv&#237;a una guerra entre el talento y la fuerza. Las defensas hab&#237;an aprendido que a los genios no se les paraba jugando: se les paraba golpeando. Y las reglas se lo permit&#237;an. No exist&#237;an las tarjetas (llegar&#237;an en 1970, nacidas precisamente del horror de Chile 62). No hab&#237;a sanciones disuasorias. No se pod&#237;a sustituir a un jugador lesionado. Un crack como Pel&#233; era, literalmente, carne de ca&#241;&#243;n: todo el mundo sab&#237;a que la &#250;nica forma de neutralizarlo era a base de patadas, y que el castigo ser&#237;a m&#237;nimo o inexistente.</p><p>1966 fue la cumbre de esa cultura brutal. Y Pel&#233;, el mejor del mundo, su v&#237;ctima m&#225;s ilustre. Hay una estad&#237;stica que lo dice todo: en sus dos partidos de aquel Mundial recibi&#243; decenas de faltas, muchas de ellas criminales, sin que ning&#250;n rival fuera expulsado por ello. El f&#250;tbol estaba devorando a su propia joya. Y solo cuando estuvo a punto de perderla del todo &#8212;cuando Pel&#233; amenaz&#243; con no volver&#8212; empez&#243; a plantearse en serio c&#243;mo proteger a quienes lo hac&#237;an hermoso.</p><h2>Eus&#233;bio, la Pantera Negra</h2><p>Si Pel&#233; fue la gran decepci&#243;n, hubo otra estrella que ilumin&#243; el torneo: Eus&#233;bio.</p><p>El portugu&#233;s nacido en Mozambique &#8212;entonces colonia portuguesa&#8212; fue el gran goleador del Mundial, con nueve tantos. Le llamaban la <em>Pantera Negra</em> por su elegancia, su velocidad y su potencia. Fue el alma de una Portugal que debutaba en un Mundial y que lleg&#243; a semifinales, su mejor resultado hist&#243;rico hasta entonces. Eus&#233;bio marc&#243; cuatro goles &#233;l solo en la remontada de cuartos contra Corea del Norte, d&#225;ndole la vuelta a un 0-3 imposible.</p><p>En semifinales, Portugal cay&#243; ante la Inglaterra anfitriona por 2-1, con dos golazos de Bobby Charlton, el elegante centrocampista ingl&#233;s, hermano del defensa Jack Charlton y una de las grandes figuras del f&#250;tbol brit&#225;nico de todos los tiempos. Eus&#233;bio termin&#243; el partido llorando, desconsolado. Aquellas l&#225;grimas de la Pantera Negra son una de las im&#225;genes m&#225;s recordadas del torneo: la pena noble del que lo dio todo y se qued&#243; a las puertas.</p><h2>El perro que salv&#243; el Mundial</h2><p>Hay una historia, anterior al torneo, que merece un hueco porque es de las m&#225;s disparatadas y entra&#241;ables que ha dado el f&#250;tbol.</p><p>Unos meses antes del Mundial, la copa Jules Rimet &#8212;el trofeo original, el mismo que hab&#237;a sobrevivido a la guerra escondido en una caja de zapatos&#8212; fue robada. Estaba expuesta en una exhibici&#243;n de sellos en Londres, custodiada, y alguien se la llev&#243;. Esc&#225;ndalo nacional. El pa&#237;s anfitri&#243;n del Mundial hab&#237;a perdido, literalmente, la copa que iba a entregar. La verg&#252;enza fue may&#250;scula. Scotland Yard se puso a investigar a contrarreloj.</p><p>Y entonces apareci&#243; el h&#233;roe m&#225;s inesperado de la historia de los Mundiales: un perro. Un perro callejero de raza indefinida llamado Pickles, que paseaba con su due&#241;o por un jard&#237;n del sur de Londres, se puso a olfatear unos arbustos y encontr&#243;, envuelto en papel de peri&#243;dico, el trofeo robado. Pickles hab&#237;a salvado el Mundial.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!LtQG!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0dbc82e5-ae0e-49e5-bd2a-89ac5f9ab0e0_445x388.avif" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!LtQG!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0dbc82e5-ae0e-49e5-bd2a-89ac5f9ab0e0_445x388.avif 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!LtQG!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, 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Recibi&#243; medallas, apareci&#243; en programas de televisi&#243;n, le dieron premios en comida para un a&#241;o. Su due&#241;o cobr&#243; una recompensa que, ir&#243;nicamente, era mayor que la que cobrar&#237;an los jugadores ingleses por ganar el Mundial. Pickles tiene su lugar asegurado en la historia: el chucho que rescat&#243; la copa del mundo de debajo de un seto. El f&#250;tbol, ya se ve, guarda sus mejores historias en los rincones m&#225;s improbables.</p><h2>La final: el gol que no se resuelve</h2><p>30 de julio de 1966. Estadio de Wembley. 96.000 espectadores. Inglaterra contra Alemania Occidental. La cuna del f&#250;tbol contra la maquinaria germana, que ten&#237;a en sus filas a un jovenc&#237;simo Franz Beckenbauer, futura leyenda absoluta, entonces apenas una promesa de 20 a&#241;os.</p><p>Fue un partidazo lleno de incidentes.</p><p>Alemania se adelant&#243; en el minuto 12, con gol de Helmut Haller, tras un error defensivo ingl&#233;s. Pero Inglaterra empat&#243; pronto, en el 19, con un cabezazo de Geoff Hurst tras una falta sacada en corto por el capit&#225;n, Bobby Moore. Al descanso, 1-1.</p><p>En el minuto 78, cuando el partido parec&#237;a encaminarse hacia la pr&#243;rroga, Inglaterra se adelant&#243;: Martin Peters marc&#243; el 2-1 tras un rechace en un c&#243;rner. El estadio entero ol&#237;a la gloria. Faltaban doce minutos. Inglaterra era campeona del mundo.</p><p>Pero en el &#250;ltimo suspiro, en el minuto 89, Alemania empat&#243;. Wolfgang Weber empuj&#243; el bal&#243;n en el segundo palo tras un barullo en el &#225;rea inglesa. 2-2. Pr&#243;rroga. El sue&#241;o ingl&#233;s se aplazaba, ag&#243;nico.</p><p>Y en la pr&#243;rroga lleg&#243; el momento.</p><p>Minuto 101. Alan Ball centr&#243; desde la derecha. Geoff Hurst recibi&#243; de espaldas, se gir&#243; rapid&#237;simo y dispar&#243; con todo. La pelota golpe&#243; la cara inferior del larguero, baj&#243; casi vertical, bot&#243; en el suelo &#8212;&#191;dentro?, &#191;fuera?&#8212; y sali&#243; rebotada hacia arriba, donde un defensa alem&#225;n la despej&#243;.</p><p>Los jugadores ingleses pidieron gol. Los alemanes, que no hab&#237;a entrado. El &#225;rbitro suizo Dienst no lo ten&#237;a claro. Corri&#243; hacia su juez de l&#237;nea, el sovi&#233;tico Tofiq Bahramov, y le pregunt&#243;. Bahramov, sin dudarlo, se&#241;al&#243; el centro del campo: gol.</p><p>3-2 para Inglaterra. Un gol que, seg&#250;n las recreaciones modernas m&#225;s rigurosas, probablemente NO entr&#243; del todo: la pelota habr&#237;a botado justo sobre la l&#237;nea o un poco antes, sin cruzarla por completo. El propio Geoff Hurst, a&#241;os despu&#233;s, ha admitido que los alemanes seguramente ten&#237;an raz&#243;n. Pero el bander&#237;n de Bahramov ya hab&#237;a hablado. Y en el f&#250;tbol, lo que dice el &#225;rbitro, va a misa.</p><p>El gol de la pol&#233;mica eterna. El &#8220;gol fantasma&#8221;. El &#8220;Wembley-Tor&#8221;, como lo llaman en Alemania, donde a&#250;n escuece.</p><p>Y por si la historia necesitaba un cierre redondo, en el &#250;ltimo minuto, con los alemanes volcados al ataque y algunos aficionados ya invadiendo el campo creyendo el partido acabado, Geoff Hurst se escap&#243; solo y marc&#243; el 4-2. Mientras corr&#237;a hacia la porter&#237;a, el comentarista de la BBC, Kenneth Wolstenholme, pronunci&#243; una de las frases m&#225;s c&#233;lebres de la historia de las retransmisiones, al ver a los espectadores entrar al c&#233;sped: <em>Hay gente en el campo... creen que todo ha terminado...</em> &#8212;y justo cuando Hurst marcaba&#8212; <em>...&#161;ahora s&#237;!</em></p><p>4-2. Inglaterra, campeona del mundo. Por primera vez. La &#250;nica, hasta hoy.</p><p>Geoff Hurst se convirti&#243; en el &#250;nico jugador que ha marcado un hat-trick en una final de Mundial. Un r&#233;cord que, casi sesenta a&#241;os despu&#233;s, sigue intacto. Bobby Moore, el elegante capit&#225;n, limpi&#243; el barro y el sudor de sus manos antes de subir a recibir la copa Jules Rimet de manos de la reina Isabel II, en un gesto de educaci&#243;n que qued&#243; para la historia.</p><h2>La estatua del juez de l&#237;nea</h2><p>Hay un ep&#237;logo precioso en esta historia, de esos que el f&#250;tbol regala.</p><p>El juez de l&#237;nea que concedi&#243; el gol fantasma, Tofiq Bahramov, se convirti&#243; en un h&#233;roe nacional en su tierra. No en Inglaterra, sino en Azerbaiy&#225;n, su pa&#237;s. All&#237; lo veneran. El estadio nacional de Bak&#250;, la capital azerbaiyana, lleva su nombre: Estadio Tofiq Bahramov. Y delante del estadio se alza una estatua suya, con el bander&#237;n en alto, eternizado en el gesto exacto de se&#241;alar aquel gol.</p><p>Es, probablemente, el &#250;nico juez de l&#237;nea de la historia con una estatua dedicada. Un hombre inmortalizado por una decisi&#243;n que, casi con seguridad, fue equivocada. El f&#250;tbol tiene estas iron&#237;as maravillosas: a veces el error se convierte en monumento.</p><p>Cuenta la leyenda &#8212;seguramente ap&#243;crifa, pero hermosa&#8212; que a&#241;os despu&#233;s, ya anciano, cuando le preguntaron c&#243;mo pod&#237;a estar tan seguro de que el bal&#243;n hab&#237;a entrado, Bahramov respondi&#243; con una sola palabra: <em>Stalingrado</em>. Como diciendo que, despu&#233;s de lo que los alemanes hab&#237;an hecho en la guerra a su pueblo, no iba a concederles el beneficio de la duda. Probablemente nunca lo dijo. Pero la an&#233;cdota sobrevive porque captura algo: que el f&#250;tbol nunca est&#225; del todo separado de la historia, de las heridas, de la pol&#237;tica.</p><h2>Por qu&#233; importa Inglaterra 1966</h2><p>Por varias razones que conviven, luminosas y sombr&#237;as, como en casi toda esta serie.</p><p>La primera: porque es el cumplimiento de un destino. La cuna del f&#250;tbol, el pa&#237;s que invent&#243; el juego, se coron&#243; por fin campe&#243;n del mundo, en casa, ante su gente. Para Inglaterra, 1966 no es un recuerdo: es una obsesi&#243;n, una referencia constante, el patr&#243;n de oro contra el que se mide cada fracaso posterior. Llevan casi sesenta a&#241;os sin volver a ganar, y cada Mundial, cada Eurocopa, cada generaci&#243;n de jugadores ingleses carga con el peso de aquel verano del 66. Ganar una vez puede ser una bendici&#243;n o una condena: para Inglaterra ha sido un poco las dos cosas.</p><p>La segunda: porque consagr&#243; el debate eterno sobre los errores arbitrales. El gol fantasma de Wembley es el antepasado de todas las pol&#233;micas que vendr&#237;an: la mano de Maradona, los goles fantasma del siglo XXI, las d&#233;cadas de discusi&#243;n que finalmente desembocar&#237;an en la tecnolog&#237;a de l&#237;nea de gol y el VAR. Cuando hoy una c&#225;mara milim&#233;trica decide si un bal&#243;n cruz&#243; la l&#237;nea por dos cent&#237;metros, est&#225; respondiendo, con sesenta a&#241;os de retraso, a la pregunta que dej&#243; abierta el disparo de Geoff Hurst. 1966 es la raz&#243;n, remota, de que el f&#250;tbol moderno tenga ojos electr&#243;nicos.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!97Rf!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F48017cab-5cde-445a-93a1-8422ea59d60c_800x580.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!97Rf!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, 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Pel&#233; sali&#243; de aquel Mundial jurando no volver, machacado a patadas por un deporte que a&#250;n no sab&#237;a proteger a sus genios. Si hubiera cumplido su palabra, el f&#250;tbol se habr&#237;a quedado sin M&#233;xico 1970, sin el mejor Brasil de la historia, sin las im&#225;genes que definen para siempre lo que este juego puede llegar a ser. 1966 es el aviso de lo fr&#225;gil que es el talento, de lo f&#225;cil que es destruir la belleza a base de violencia. Por suerte, el rey reconsider&#243;. Por suerte, volvi&#243;.</p><p>Hay una &#250;ltima imagen que lo resume todo. Dos hombres, en aquel Wembley de 1966: Bobby Moore levantando la copa hacia el cielo gris de Londres, y Pel&#233;, a miles de kil&#243;metros, en casa, dolorido, decidiendo si val&#237;a la pena seguir. El triunfo de uno y la herida del otro. La gloria y el maltrato. Las dos caras del mismo deporte, el mismo verano.</p><p>Cuando el 11 de junio empiece el Mundial de 2026, Inglaterra volver&#225; a salir, como cada cuatro a&#241;os, arrastrando el fantasma de 1966. Buscando, una vez m&#225;s, repetir aquello que solo han conseguido una vez. Y en alg&#250;n rinc&#243;n de Bak&#250;, una estatua seguir&#225; se&#241;alando, para siempre, un gol que quiz&#225;s nunca entr&#243;.</p><p>Ma&#241;ana hablaremos de M&#233;xico 1970. Del regreso del rey. Del mejor Brasil de todos los tiempos. Del f&#250;tbol convertido en arte. Y, por fin, del Mundial en color.</p><p>Pero hoy qued&#233;monos con esa pelota botando sobre la l&#237;nea de Wembley.</p><p>Sin decidirse.</p><p>Para siempre.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Chile 1962]]></title><description><![CDATA[El s&#233;ptimo Mundial. La historia de un pa&#237;s que se levant&#243; del peor terremoto jam&#225;s registrado para organizar una fiesta, del Mundial m&#225;s violento que se recuerda, y del genio cojo que gan&#243; una copa &#233;l]]></description><link>https://cortitayalpie.substack.com/p/chile-1962</link><guid isPermaLink="false">https://cortitayalpie.substack.com/p/chile-1962</guid><dc:creator><![CDATA[cortitayalpie]]></dc:creator><pubDate>Wed, 27 May 2026 17:31:02 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/6f580e11-484d-4b68-a218-4e3e12e2aac4_1600x900.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay una frase que define el Mundial de 1962 antes incluso de que rodara el bal&#243;n. La pronunci&#243; Carlos Dittborn, el dirigente chileno que lider&#243; la candidatura de su pa&#237;s para organizar el torneo. Chile era peque&#241;o, pobre, lejano. Compet&#237;a contra Argentina, mucho m&#225;s poderosa. Y cuando le preguntaban por qu&#233; Chile merec&#237;a el Mundial, Dittborn respond&#237;a con una frase que se har&#237;a c&#233;lebre:</p><p style="text-align: center;"><em>Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo.</em></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!qmki!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F82842fa3-6984-4121-8d10-32b757b70214_1080x1350.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!qmki!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, 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Y resume el esp&#237;ritu de un pa&#237;s que, contra toda l&#243;gica, se empe&#241;&#243; en organizar la mayor fiesta del f&#250;tbol mundial. Un pa&#237;s que, adem&#225;s, tuvo que hacerlo despu&#233;s de sobrevivir a una cat&#225;strofe casi b&#237;blica.</p><p>Esta es la historia de Chile 1962. La del Mundial que se levant&#243; de los escombros. La del torneo m&#225;s violento que se recuerda. Y la del segundo t&#237;tulo consecutivo de Brasil, conseguido sin Pel&#233;, gracias a un genio de piernas torcidas que aquel mes de junio jug&#243; como los dioses.</p><h2>El terremoto m&#225;s grande de la historia</h2><p>En mayo de 1960, dos a&#241;os antes del Mundial, Chile sufri&#243; el terremoto m&#225;s potente jam&#225;s registrado por la sismolog&#237;a: el terremoto de Valdivia, de magnitud 9,5. No hay otro mayor en los registros instrumentales de la humanidad. La tierra se sacudi&#243; durante minutos interminables, gener&#243; un tsunami que cruz&#243; el Pac&#237;fico hasta Jap&#243;n y Haw&#225;i, mat&#243; a miles de personas y dej&#243; a una parte enorme del pa&#237;s en ruinas.</p><p>Chile ya hab&#237;a sido designado sede del Mundial. Y de pronto, el pa&#237;s que iba a organizar la fiesta del f&#250;tbol estaba destrozado. Carreteras hundidas. Estadios da&#241;ados. Ciudades arrasadas. Una econom&#237;a maltrecha que ahora ten&#237;a que afrontar, adem&#225;s, una reconstrucci&#243;n colosal.</p><p>Muchos pensaron que Chile renunciar&#237;a. Que era imposible. Que no se pod&#237;a organizar un Mundial sobre los escombros de la mayor cat&#225;strofe s&#237;smica de la historia.</p><p>Pero Chile no renunci&#243;.</p><p>Con un esfuerzo tit&#225;nico, el pa&#237;s reconstruy&#243; lo necesario, levant&#243; y repar&#243; estadios, y se prepar&#243; para recibir al mundo. Carlos Dittborn, el hombre de la frase, fue el alma de aquella resistencia. Trabaj&#243; sin descanso para que el Mundial saliera adelante. Y lo consigui&#243;, aunque &#233;l no lleg&#243; a verlo: muri&#243; de un ataque al coraz&#243;n el 28 de abril de 1962, apenas un mes antes del inicio del torneo, agotado por el esfuerzo. Ten&#237;a solo 41 a&#241;os. El estadio de Arica, una de las sedes, lleva su nombre en su honor: Estadio Carlos Dittborn. <em>Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo.</em> Muri&#243; haci&#233;ndolo.</p><h2>El Mundial m&#225;s violento</h2><p>Si Chile 1962 es recordado por su heroica organizaci&#243;n, tambi&#233;n lo es, por desgracia, por algo mucho menos noble: fue uno de los Mundiales m&#225;s brutales y violentos de la historia.</p><p>Los datos son escalofriantes. En los primeros cuatro d&#237;as de competici&#243;n, se contabilizaron unos cincuenta jugadores lesionados. El f&#250;tbol de la &#233;poca permit&#237;a una dureza que hoy ser&#237;a impensable: entradas criminales, codazos, patadas a destajo, agresiones que los &#225;rbitros, sin la protecci&#243;n de las normas modernas ni del videoarbitraje, eran incapaces de controlar. Las t&#225;cticas defensivas y la violencia se impusieron sobre el juego.</p><p>Y todo aquello cristaliz&#243; en un partido que pas&#243; a la historia con nombre propio: la Batalla de Santiago.</p><p>Antes conviene entender por qu&#233; el f&#250;tbol de 1962 era tan brutal. El juego de la &#233;poca premiaba la dureza: las normas proteg&#237;an poco al jugador habilidoso, el regateador era visto casi como un provocador al que hab&#237;a que &#8220;parar&#8221; a cualquier precio, y los &#225;rbitros carec&#237;an de herramientas. No exist&#237;an las tarjetas. No exist&#237;a la repetici&#243;n televisiva para revisar las acciones. Un defensa pod&#237;a cometer tres patadas criminales seguidas y, como mucho, recibir una reprimenda verbal. En ese contexto, los genios como Pel&#233; o Garrincha eran literalmente cazados: los rivales sab&#237;an que la &#250;nica forma de pararlos era a base de golpes, y que el castigo ser&#237;a m&#237;nimo. El Mundial de Chile fue la expresi&#243;n m&#225;s extrema de esa cultura de la violencia consentida.</p><h2>La Batalla de Santiago</h2><p>2 de junio de 1962. Chile contra Italia, partido de la fase de grupos en el Estadio Nacional de Santiago. Y lo que ocurri&#243; aquella tarde no fue f&#250;tbol. Fue una guerra campal, considerada uno de los partidos m&#225;s violentos jam&#225;s disputados en un Mundial.</p><p>El contexto ven&#237;a cargado. Antes del torneo, dos periodistas italianos hab&#237;an escrito art&#237;culos despectivos sobre Chile, describiendo Santiago como una ciudad miserable, atrasada, llena de pobreza y prostituci&#243;n. Aquellos art&#237;culos, conocidos en Chile, encendieron los &#225;nimos. Los jugadores chilenos saltaron al campo con ganas de venganza. Los italianos, con la tensi&#243;n a flor de piel.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!xoYA!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F1eaeae97-a2d6-4b1b-a905-9518d4b06701_1080x1350.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!xoYA!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F1eaeae97-a2d6-4b1b-a905-9518d4b06701_1080x1350.png 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!xoYA!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, 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A los pocos minutos, el italiano Giorgio Ferrini fue expulsado, pero se neg&#243; a abandonar el campo y tuvo que ser sacado por la polic&#237;a. Hubo pu&#241;etazos, patadas, escupitajos. El chileno Leonel S&#225;nchez &#8212;hijo de un boxeador&#8212; le rompi&#243; la nariz de un pu&#241;etazo al italiano Humberto Maschio, y el &#225;rbitro ingl&#233;s Ken Aston, incre&#237;blemente, no lo expuls&#243; porque no lo vio. La polic&#237;a tuvo que entrar al campo hasta en tres ocasiones para separar a los jugadores. Italia acab&#243; con nueve hombres. Chile gan&#243; 2-0.</p><p>El comentarista de la BBC, al presentar las im&#225;genes del partido para la televisi&#243;n brit&#225;nica, lo describi&#243; con una frase demoledora: dijo que era la exhibici&#243;n de f&#250;tbol m&#225;s est&#250;pida, espantosa y vergonzosa que probablemente se ver&#237;a jam&#225;s.</p><p>Y de aquella batalla sali&#243;, parad&#243;jicamente, algo bueno y duradero. El &#225;rbitro de aquel partido, Ken Aston, qued&#243; tan marcado por su incapacidad para controlar la violencia que a&#241;os despu&#233;s, seg&#250;n la leyenda, mientras conduc&#237;a y se deten&#237;a ante un sem&#225;foro, tuvo una idea: un sistema universal de tarjetas. Amarilla para amonestar, roja para expulsar, comprensible en cualquier idioma sin necesidad de palabras. Las tarjetas se estrenar&#237;an en el Mundial de 1970. Nacieron, en cierto modo, del horror de la Batalla de Santiago.</p><h2>La lesi&#243;n que lo cambi&#243; todo</h2><p>Brasil llegaba a Chile como vigente campe&#243;n y m&#225;ximo favorito. Pr&#225;cticamente con el mismo equipo glorioso de 1958. Pel&#233;, ya consagrado como el mejor del mundo, era la gran estrella. Garrincha, Didi, Vav&#225;, Zagallo, N&#237;lton Santos... la base de los campeones segu&#237;a intacta, cuatro a&#241;os mayor pero igual de talentosa.</p><p>Brasil debut&#243; ganando a M&#233;xico 2-0. Pel&#233; marc&#243; y dio una asistencia. Todo iba seg&#250;n el guion.</p><p>Pero en el segundo partido, contra Checoslovaquia (que acab&#243; 0-0), lleg&#243; el golpe. En el minuto 28, Pel&#233; sinti&#243; un tir&#243;n muscular grave al intentar un disparo. Se rompi&#243;. La lesi&#243;n era seria: una rotura en el muslo que lo apart&#243; del resto del torneo. El mejor jugador del mundo, el rey, quedaba fuera del Mundial cuando apenas hab&#237;a empezado.</p><p>Para cualquier otra selecci&#243;n, perder a su mejor jugador habr&#237;a sido una sentencia. Pero Brasil ten&#237;a algo que ning&#250;n otro equipo del mundo ten&#237;a. Ten&#237;a a Garrincha.</p><h2>El Mundial de Garrincha</h2><p>Si 1958 fue el Mundial de la irrupci&#243;n de Pel&#233;, 1962 fue, sin discusi&#243;n, el Mundial de Garrincha.</p><p>El &#193;ngel de las Piernas Torcidas, el pajarito, el regateador imposible, tom&#243; el equipo sobre sus hombros torcidos y lo llev&#243; al t&#237;tulo pr&#225;cticamente &#233;l solo. Fue, aquel mes de junio chileno, el mejor jugador del planeta. Y lo demostr&#243; en los momentos que m&#225;s importaban.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!ezIX!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fbf111684-2f8b-4318-9d08-40dde3751d45_1080x1350.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!ezIX!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_424, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, /__u/cortitayalpie.substack.com/f_webp, /__u/cortitayalpie.substack.com/q_auto:good, /__u/cortitayalpie.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fbf111684-2f8b-4318-9d08-40dde3751d45_1080x1350.png 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!ezIX!, /__u/cortitayalpie.substack.com/w_848, /__u/cortitayalpie.substack.com/c_limit, 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Uno de sus goles fue un cabezazo, algo ins&#243;lito en un jugador de su escasa estatura, que dej&#243; pasmados a los ingleses. El otro, un disparo con su zurda imposible. Garrincha jug&#243; aquel partido en un estado de gracia absoluto.</p><p>En semifinales, contra el anfitri&#243;n Chile, ante un Estadio Nacional repleto y hostil, volvi&#243; a marcar dos goles en el 4-2. Garrincha estaba imparable, intratable, en la cima de su arte. Brasil llegaba a la final, otra vez, y lo hac&#237;a gracias al genio que hab&#237;a recogido el testigo del rey lesionado.</p><p>Conviene detenerse a pensar en la magnitud de lo que hizo Garrincha aquel mes. Asumir el peso de una selecci&#243;n campeona del mundo cuando se lesiona su m&#225;xima estrella no es solo cuesti&#243;n de talento: es cuesti&#243;n de car&#225;cter, de momento, de estado de gracia. Garrincha no era un l&#237;der en el sentido convencional &#8212;era t&#237;mido, sencillo, casi ingenuo fuera del campo, un hombre del campo brasile&#241;o con una vida personal que ya empezaba a complicarse&#8212;. Pero sobre el c&#233;sped, en aquel junio chileno, se transform&#243; en algo sobrehumano. Marcaba, asist&#237;a, regateaba a tres rivales, sacaba a Brasil de cada atasco. Lo hac&#237;a adem&#225;s siendo el jugador m&#225;s golpeado del torneo, recibiendo patadas en cada jugada, levant&#225;ndose una y otra vez para volver a humillar a quien acababa de derribarlo.</p><p>Hay quien sostiene que la actuaci&#243;n de Garrincha en Chile 1962 es la mejor que un solo jugador ha firmado jam&#225;s en un Mundial. Mejor incluso que las de Pel&#233;, Maradona o Messi en sus respectivos torneos, por las circunstancias: lo hizo supliendo al mejor del mundo, sin red, con el equipo dependiendo absolutamente de &#233;l. Es una candidatura dif&#237;cil de rebatir.</p><p>Pero la semifinal contra Chile dej&#243; un episodio que estuvo a punto de costarle a Brasil su gran figura para la final.</p><h2>La expulsi&#243;n y el misterio</h2><p>En aquel partido contra Chile, ya con el resultado encarrilado, Garrincha perdi&#243; los nervios. Harto de las patadas que recib&#237;a &#8212;era el jugador m&#225;s perseguido del torneo, lo machacaban en cada acci&#243;n&#8212;, respondi&#243; con una patada al chileno Eladio Rojas. El &#225;rbitro lo expuls&#243;.</p><p>Y aqu&#237; empezaba el problema. Seg&#250;n las reglas, una expulsi&#243;n conllevaba la suspensi&#243;n autom&#225;tica para el siguiente partido. Es decir: Garrincha, el mejor jugador del Mundial, se perder&#237;a la final. Brasil sin Pel&#233; y sin Garrincha. Un desastre.</p><p>Pero entonces ocurri&#243; algo extra&#241;o, uno de esos episodios turbios que la historia nunca aclara del todo. La FIFA, alegando &#8220;falta de pruebas&#8221; sobre la gravedad de la acci&#243;n, decidi&#243; no sancionar a Garrincha. Le permiti&#243; jugar la final.</p><p>&#191;Por qu&#233;? Las versiones se multiplican. Se habl&#243; de presiones diplom&#225;ticas. Se dijo que el propio presidente de Brasil intervino. Se mencion&#243; que un &#225;rbitro influyente medi&#243; en favor del brasile&#241;o. Hay quien asegura que sencillamente la FIFA no quer&#237;a que la final del Mundial se jugara sin su mayor estrella, por puro inter&#233;s del espect&#225;culo. Sea como fuere, Garrincha fue absuelto, y pudo jugar la final. Con una herida visible en la cabeza, adem&#225;s, fruto de un objeto que le hab&#237;an lanzado desde la grada chilena. Pero jug&#243;.</p><h2>Un pa&#237;s en cuatro sedes</h2><p>Merece la pena recordar el contexto material en el que se jug&#243; todo esto, porque hace a&#250;n m&#225;s admirable la organizaci&#243;n. Chile reparti&#243; el torneo en solo cuatro sedes: Santiago, Arica, Vi&#241;a del Mar y Rancagua. Cuatro ciudades, cuatro estadios, en un pa&#237;s largo y estrecho que acababa de reconstruirse a s&#237; mismo tras el terremoto.</p><p>La asistencia fue desigual: los partidos en Santiago, con el imponente Estadio Nacional, se llenaban; pero algunos encuentros en sedes peque&#241;as, como Rancagua, se jugaron ante apenas unos miles de espectadores, con gradas semivac&#237;as. No importaba. Chile hab&#237;a cumplido su palabra. Hab&#237;a levantado, sobre los escombros de la mayor cat&#225;strofe s&#237;smica de la historia, una infraestructura digna de un Mundial. Y su gente, pese a la pobreza y al trauma reciente, sali&#243; a las calles a vivir el torneo con una intensidad conmovedora.</p><p>El &#233;xito deportivo de la selecci&#243;n chilena &#8212;aquel hist&#243;rico tercer puesto&#8212; multiplic&#243; la emoci&#243;n. Un pa&#237;s que dos a&#241;os antes lloraba a sus muertos y contaba sus ruinas, se encontraba de pronto celebrando a su selecci&#243;n como h&#233;roes nacionales. El f&#250;tbol, otra vez, haciendo de medicina para el alma de un pueblo. La frase de Dittborn cobraba todo su sentido: no ten&#237;an nada, y lo hab&#237;an hecho casi todo.</p><h2>La final: Brasil contra Checoslovaquia, otra vez</h2><p>17 de junio de 1962. Estadio Nacional de Santiago. 68.679 espectadores. Brasil contra Checoslovaquia. Curiosamente, los mismos rivales que se hab&#237;an enfrentado en la fase de grupos (con aquel 0-0 en que se lesion&#243; Pel&#233;). Era la segunda vez en la historia que una final repet&#237;a un cruce de la primera fase, tras la de 1954.</p><p>Y, como en tantas finales de Brasil, el partido empez&#243; torcido. En el minuto 15, el checoslovaco Josef Masopust &#8212;que aquel a&#241;o ganar&#237;a el Bal&#243;n de Oro, uno de los grandes centrocampistas de su generaci&#243;n&#8212; marc&#243; el 1-0. Checoslovaquia se adelantaba.</p><p>Pero esta vez Brasil no tembl&#243; ni un segundo. Apenas dos minutos despu&#233;s, Amarildo &#8212;el hombre que hab&#237;a sustituido a Pel&#233;, sobre quien reca&#237;a la presi&#243;n de reemplazar al insustituible&#8212; empat&#243;. 1-1. El llamado &#8220;Pel&#233; blanco&#8221; cumpl&#237;a en el momento exacto.</p><p>En la segunda parte, Brasil despleg&#243; su f&#250;tbol. Zito, el centrocampista, marc&#243; el 2-1 tras una jugada iniciada, c&#243;mo no, por Garrincha. Y luego lleg&#243; el 3-1, con un error garrafal del portero checoslovaco Schrojf, que se hab&#237;a lucido durante todo el torneo pero que en la final fall&#243; en el momento clave: Vav&#225; aprovech&#243; su fallo para sentenciar.</p><p>3-1. Brasil, campe&#243;n del mundo. Por segunda vez consecutiva.</p><p>Hubo, eso s&#237;, una pol&#233;mica que la historia recuerda: con 2-1, Checoslovaquia reclam&#243; un penalti claro que el &#225;rbitro no concedi&#243;. El gran &#8220;&#191;y si?&#8221; de aquella final. Pero, m&#225;s all&#225; de ese detalle, fue dif&#237;cil discutir que Brasil hab&#237;a sido el mejor equipo.</p><h2>El bicampeonato y el ocaso de una generaci&#243;n</h2><p>Con Chile 1962, Brasil se convirti&#243; en bicampe&#243;n del mundo. Repet&#237;a el t&#237;tulo de 1958, confirmando que aquella generaci&#243;n era la mejor del planeta. Garrincha y Vav&#225; terminaron entre los m&#225;ximos goleadores del torneo. Garrincha fue elegido, de forma casi un&#225;nime, el mejor jugador del Mundial: una proeza descomunal teniendo en cuenta que hab&#237;a cargado con el equipo entero tras la lesi&#243;n de Pel&#233;.</p><p>Era, aunque pocos lo supieran entonces, el &#250;ltimo gran baile de aquella generaci&#243;n dorada. En 1966, en Inglaterra, los mismos protagonistas &#8212;ya mayores, ya gastados&#8212; sufrir&#237;an una de las decepciones m&#225;s amargas de la historia de Brasil. Pero esa es la historia de pasado ma&#241;ana.</p><p>En Chile, en 1962, la <em>sele&#231;&#227;o</em> todav&#237;a reinaba. Y reinaba, sobre todo, gracias a un hombre de piernas torcidas que aquel junio jug&#243; como nunca, como nadie, como un &#225;ngel imperfecto al que el f&#250;tbol le sal&#237;a del alma.</p><h2>Por qu&#233; importa Chile 1962</h2><p>Por dos motivos que conviven, uno luminoso y otro sombr&#237;o, igual que en casi toda esta serie.</p><p>El luminoso es la historia de Chile. La de un pa&#237;s que sufri&#243; la mayor cat&#225;strofe s&#237;smica registrada por la humanidad y que, en lugar de rendirse, decidi&#243; seguir adelante con su sue&#241;o. <em>Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo.</em> No hay mejor resumen del esp&#237;ritu que mueve a los peque&#241;os a hacer cosas grandes. Chile no solo organiz&#243; el Mundial: su selecci&#243;n, alimentada por el orgullo de un pueblo que necesitaba alegr&#237;as, lleg&#243; hasta el tercer puesto, su mejor resultado hist&#243;rico. El f&#250;tbol, una vez m&#225;s, sirvi&#243; de b&#225;lsamo para un pa&#237;s herido. Como Brasil en 1950, como Alemania en 1954, Chile encontr&#243; en un torneo una forma de reconstruirse el &#225;nimo.</p><p>El sombr&#237;o es la violencia. Chile 1962 es el recordatorio de que el f&#250;tbol puede degradarse hasta convertirse en una batalla campal, de que la rivalidad mal entendida puede arruinar el espect&#225;culo, de que sin reglas claras y sin protecci&#243;n al jugador, el juego m&#225;s hermoso del mundo se vuelve una pelea de bar. La Batalla de Santiago es una verg&#252;enza que el f&#250;tbol arrastra en su memoria. Pero, fiel a su costumbre de sacar luz de la oscuridad, de aquel horror naci&#243; una de las mejores ideas del f&#250;tbol moderno: las tarjetas. Lo que hoy nos parece tan natural &#8212;el amarillo que avisa, el rojo que expulsa&#8212; naci&#243; de la impotencia de un &#225;rbitro ante una batalla.</p><p>Y hay un tercer motivo, m&#225;s sutil, que conecta con el coraz&#243;n de toda esta serie: Chile 1962 demuestra que el f&#250;tbol es un deporte de equipo, pero que a veces un solo hombre puede cambiarlo todo. Brasil perdi&#243; a Pel&#233;, el mejor del mundo, en el segundo partido. Y aun as&#237; gan&#243;. Porque ten&#237;a a otro genio esperando para tomar el relevo. Garrincha no sustituy&#243; a Pel&#233;: fue, sencillamente, otra forma del genio. M&#225;s imperfecta, m&#225;s tr&#225;gica, m&#225;s alegre. El pajarito de las piernas torcidas que gan&#243; un Mundial casi &#233;l solo.</p><p>Cuando el 11 de junio empiece el Mundial de 2026, habr&#225; selecciones que recen por no perder a su estrella. Brasil, en 1962, perdi&#243; a la suya y gan&#243; igual. No porque no importara Pel&#233; &#8212;importaba, y mucho&#8212;, sino porque la grandeza, a veces, viene por duplicado. Y porque el f&#250;tbol, de vez en cuando, le regala a un genio el escenario perfecto para su mejor actuaci&#243;n.</p><p>El de Garrincha fue Chile 1962.</p><p>Ma&#241;ana &#8212;o pasado&#8212; hablaremos de Inglaterra 1966. De la cuna del f&#250;tbol coron&#225;ndose por fin campeona en casa. Del gol fantasma que se discute todav&#237;a hoy. Y de la patada que tumb&#243; al rey: c&#243;mo Brasil, y un Pel&#233; maltratado a patadas, cayeron en la primera fase entre l&#225;grimas.</p><p>Pero hoy qued&#233;monos con la imagen de Garrincha. Con la herida en la cabeza, las piernas torcidas y la sonrisa de un ni&#241;o. Cargando a Brasil entero sobre sus hombros. Demostrando que la perfecci&#243;n, en el f&#250;tbol, a veces tiene forma de imperfecci&#243;n sublime.</p>]]></content:encoded></item></channel></rss>