<script data-pm-proxy="intercept"></script><?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0"><channel><title><![CDATA[Laura Arroyo]]></title><description><![CDATA[Peruana. Migrante. De izquierdas. De día comunicadora política, de noche compositora, de madrugada insomne. Batalla mediática en Canal Red.]]></description><link>https://lauraarroyo.substack.com</link><image><url>https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!vukM!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5aaa7f7b-8e99-449a-931c-a7e823aafe2b_1177x1156.png</url><title>Laura Arroyo</title><link>https://lauraarroyo.substack.com</link></image><generator>Substack</generator><lastBuildDate>Thu, 03 Sep 2026 07:07:57 GMT</lastBuildDate><atom:link href="/__u/lauraarroyo.substack.com/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/><copyright><![CDATA[Laura Arroyo]]></copyright><language><![CDATA[en]]></language><webMaster><![CDATA[lauraarroyo@substack.com]]></webMaster><itunes:owner><itunes:email><![CDATA[lauraarroyo@substack.com]]></itunes:email><itunes:name><![CDATA[Laura Arroyo]]></itunes:name></itunes:owner><itunes:author><![CDATA[Laura Arroyo]]></itunes:author><googleplay:owner><![CDATA[lauraarroyo@substack.com]]></googleplay:owner><googleplay:email><![CDATA[lauraarroyo@substack.com]]></googleplay:email><googleplay:author><![CDATA[Laura Arroyo]]></googleplay:author><itunes:block><![CDATA[Yes]]></itunes:block><item><title><![CDATA[El último abril antes de la sequía]]></title><description><![CDATA[CAP 1: Gar&#250;a de diamantes]]></description><link>https://lauraarroyo.substack.com/p/el-ultimo-abril-antes-de-la-sequia</link><guid isPermaLink="false">https://lauraarroyo.substack.com/p/el-ultimo-abril-antes-de-la-sequia</guid><dc:creator><![CDATA[Laura Arroyo]]></dc:creator><pubDate>Wed, 19 Aug 2026 11:59:21 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JOfQ!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0aee60db-c002-4648-be08-0d886ffc152f_3264x2448.heic" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Siempre pens&#233; que la imagen del punto final se asemejar&#237;a a un castillo de naipes. Pero no, al final fue un &#225;rbol. Tiene sentido. Me rodean &#225;rboles desde que tengo uso de raz&#243;n. Con su tronco ancho y viejo, como si contuviera todas las ra&#237;ces del tiempo, fue lo &#250;nico que nos qued&#243; tras la gar&#250;a de cristales. Sus ramas, delgadas y ancianas,  anticipan huracanes y tsunamis, pero no pudieron con la gar&#250;a. El &#225;rbol, sin embargo, sigui&#243; en pie, como nosotras. Algunas ma&#241;anas, nos alarmamos si vemos quietas sus hojas porque, en realidad, nunca lo est&#225;n del todo. Al m&#225;s m&#237;nimo cambio del curso del viento inician la danza que nos envuelve. Cuando Mam&#225; In&#233;s regres&#243; de la muerte en forma de &#225;rbol empec&#233; a cuidarla. Desde aquel noviembre la regu&#233; con esmero en el jard&#237;n de casa. Peinaba sus hojas verdes y le hablaba todas las noches antes de ir a dormir. Tal vez por eso, por el mimo constante y el amor que tercamente mantuve vivo, fue el &#250;nico &#225;rbol que aguant&#243; la gar&#250;a de cristales y, por eso, se mantiene en pie pese a la sequ&#237;a. Aunque ahora ya no me hable.  </p><p>Ard&#237;a aquel abril, lo recuerdo bien. Nos sorprendi&#243; porque a&#250;n era tiempo de casacas y calcetines, pero ese abril ard&#237;a y ah&#237; empez&#243; la confusi&#243;n. Nadie sab&#237;a si al despertar deb&#237;a abrir la ventana o mantenerla cerrada. &#191;Qu&#233; pod&#237;a entrar en casa si te arriesgabas? Tal vez una paloma. Tal vez, cenizas. Tal vez la violencia de una ola de calor. No se nos suele dar bien perder el control. Sobre todo en las ma&#241;anas. Fue en abril que empezamos a so&#241;ar con un reloj que hab&#237;a puesto la cuenta regresiva en marcha. Nunca lo dijimos en voz alta, pero s&#233; que t&#250; y yo so&#241;amos ese tercer mi&#233;rcoles de abril con el mismo <em>tic tac</em> y, aunque sab&#237;amos que aquel sue&#241;o era una advertencia, no hicimos caso. Irresponsablemente. Quiero creer que hemos aprendido la lecci&#243;n. </p><p>Los tiempos no fueron tan veloces como el fuego, eso s&#237;. En abril hab&#237;a momentos de sosiego, es decir, lluvia. Es verdad que la lluvia era apenas gar&#250;a, pero era. Chispeaba. Y, por momentos, al abrir la boca, sent&#237;amos que nos humedec&#237;a los labios y la lengua. No sab&#237;amos a&#250;n que la sequ&#237;a ven&#237;a inflexible y devastadora. Es curioso. Hasta aquel abril nunca nos hab&#237;amos preguntado por todas las formas posibles de sentir sed. Meses despu&#233;s no sabr&#237;amos otra cosa que sobrevivir sedientas. En abril, sin embargo, a&#250;n mir&#225;bamos hacia el cielo sin temor a decepcionarnos. No como ahora. Nos qued&#225;bamos bajo el manto de estrellas durante horas esperando una brisa que llegara con humedad. A veces llegaba y a veces no, pero en ese &#8216;a veces&#8217; cab&#237;a la vida entera. En tiempos de sequ&#237;a, la posibilidad de agua es sentirla un poco. Calma la sed apenas la met&#225;fora o la idea. Y pese a que a&#250;n no reconoc&#237;amos c&#243;mo la sed crec&#237;a dentro de nosotras, empezamos a sentirnos plenas solo as&#237;, mirando hacia el cielo y esperando algunas gotas como recompensa. Algunas tardes nos dej&#225;bamos llevar por el espejismo. No garuaba pero nos convenc&#237;amos de que hab&#237;a ocurrido. En tiempos de sed, el autoenga&#241;o no es mentira. Es piedad. Es supervivencia. Por eso no dije nada. Por eso no lo negu&#233;. Por eso, incluso, llegu&#233; a creer que hab&#237;a sentido tambi&#233;n alguna gota caer en mis mejillas cada vez m&#225;s secas por el desierto que empezaba a abrirse camino. </p><p>Ard&#237;a abril y en la escuela segu&#237;an ense&#241;ando las cuatro estaciones. Julia llegaba a casa con deberes que no parec&#237;an de este mundo. Invierno, primavera, verano y oto&#241;o, dec&#237;a. Me miraba con sus ojos color trigo y preguntaba: &#191;qu&#233; es el oto&#241;o? Pausa. Confusi&#243;n. Ficci&#243;n. Las lecciones escolares dejaban de hablar de la realidad y no sab&#237;amos ya si est&#225;bamos haciendo los deberes de geograf&#237;a, de biolog&#237;a o de literatura fant&#225;stica. Seguro lo &#250;ltimo. &#191;Qu&#233; oto&#241;o tuvimos en aquellos a&#241;os? No tuvimos. Tampoco invierno. El cambio no fue brusco, fue largo y gradual. Durante cinco a&#241;os todo anunciaba el paradero en el que hoy nos encontramos, pero ni nos dimos cuenta. En el a&#241;o tres ya hab&#237;amos perdido dos estaciones y, al perderlas, las perdimos todas. No puede haber primavera sin oto&#241;o. Terminamos llamando &#8216;invierno&#8217; al verano por las noches. Fue una de aquellas palabras que se resisti&#243; a morir hasta que fue imposible seguir redefini&#233;ndola. A&#250;n as&#237;, mantuvimos nuestras chaquetas, abrigos y bufandas. Las cuidamos con esmero y, de cuando en cuando, abr&#237;amos los armarios para confirmar que no se hab&#237;an da&#241;ado con el paso del tiempo y el aumento del calor. Era nuestra forma de enfrentar la nostalgia por la nieve y el fr&#237;o. Ya sab&#237;amos, en abril, que no volver&#237;amos a sentir el fresco por las noches. Pero no imaginamos la sequ&#237;a. Nadie hubiera podido. Tampoco que algunas sobrevivir&#237;amos en este limbo de polvo donde s&#243;lo la versi&#243;n ac&#250;stica de &#8216;True Sorry&#8217; (Ibrahim Maalouf) me reconcilia con la vida en las ma&#241;anas. Como hoy.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!JOfQ!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0aee60db-c002-4648-be08-0d886ffc152f_3264x2448.heic" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!JOfQ!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_424, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_webp, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0aee60db-c002-4648-be08-0d886ffc152f_3264x2448.heic 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!JOfQ!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_848, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_webp, 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Vino, adem&#225;s, con sonidos de tormenta. Es verdad que hubiera dado lo que fuera por ver diluviar en la ciudad, pero no quise hacerme expectativas para luego sentirme decepcionada. Cinco a&#241;os de decepci&#243;n era suficiente. Cu&#225;l ser&#237;a mi sorpresa cuando Julia grit&#243; &#8220;no es agua&#8221;. En la calle se hizo un silencio denso. Hubo quien se asust&#243; y entr&#243; corriendo a casa a protegerse. Las curiosas, sin embargo, nos mantuvimos bajo el umbral de la puerta. Eran cristales, pero tan sutiles y delicados que rozaban nuestra piel sin da&#241;arla. Los ni&#241;os iniciaron una jornada de recolecci&#243;n y hasta ahora en algunas casas se conservan algunos cristales como la huella de aquel d&#237;a. En otras, eso s&#237;, se considera mal augurio. La gar&#250;a de cristales fue la &#250;ltima gar&#250;a que tuvimos. Al d&#237;a siguiente todos los &#225;rboles hab&#237;an desaparecido. Todos menos Mam&#225; In&#233;s que se qued&#243; en pie pero cambi&#243; de color. Era ahora un &#225;rbol de cenizas que, contra todo pron&#243;stico, se manten&#237;a en pie y a&#250;n daba sombra. La sombra m&#225;s importante de este desierto que alguna vez llamamos ciudad.</p><p>La <strong>sequ&#237;a</strong> lleg&#243; a la ma&#241;ana siguiente. Lleg&#243; como un le&#243;n hambriento que ha estado enjaulado demasiado tiempo. El humo atraves&#243; todas las casas. El humo se llev&#243; a varias con &#233;l cuando pas&#243;. El hurac&#225;n desapareci&#243; tambi&#233;n a algunas hermanas, amigas e hijas. Fue el azar el que construy&#243; una suerte de arca de No&#233; donde nos coloc&#243; arbitrariamente. Fue entonces que record&#233; el sue&#241;o del reloj y tus ojos se toparon con los m&#237;os porque tambi&#233;n lo recordaste. Ese fue el preciso momento en el que el mundo cambi&#243; y nosotras dejamos de usar, para siempre, la palabra &#8216;ma&#241;ana&#8217;.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Un lunar en el Sol]]></title><description><![CDATA[&#8230;o c&#243;mo mirar el eclipse sin gafas homologadas]]></description><link>https://lauraarroyo.substack.com/p/un-lunar-en-el-sol</link><guid isPermaLink="false">https://lauraarroyo.substack.com/p/un-lunar-en-el-sol</guid><dc:creator><![CDATA[Laura Arroyo]]></dc:creator><pubDate>Wed, 12 Aug 2026 17:09:28 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!pj1B!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F775355fe-1922-4b56-a388-30b40663e50c_4032x3024.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Si me preguntaran c&#243;mo definir la palabra <em>horizonte</em> no ser&#237;a capaz de hilar un verso po&#233;tico. El horizonte, ese que tengo frente a m&#237; en este momento, es, en mi cabeza, una l&#237;nea. Y no hay nada menos po&#233;tico que la frialdad geom&#233;trica de una l&#237;nea, pienso. La geometr&#237;a define mi &#8220;horizonte&#8221; como una sucesi&#243;n continua e infinita de puntos en un plano donde no hay grosor ni altura. Solo longitud. Y, en efecto, estimado lector, hay determinadas palabras -pocas he de decir- a las que les temo lo suficiente como para acercarme con versos, flores o m&#250;sica. <em>Horizonte</em> es una de ellas. Podr&#237;amos detenernos en lo que esta confesi&#243;n dice de m&#237;, pero convendremos, estimado lector, en que ser&#225; mucho m&#225;s interesante preguntarnos sobre qu&#233; es aquello que miro cuando miro al horizonte. Y por eso, precisamente por eso, esta tarde del 12 de agosto pienso en aquello que ronda las cabezas de tanta gente a mi alrededor: el eclipse. O, mejor dicho, pienso en la pregunta que no nos hacemos: &#191;qu&#233; esperamos ver cuando miremos al eclipse? Porque hay m&#250;ltiples respuestas posibles encerradas en el silencio que surge de la no-pregunta, estoy segura. Para muestra probemos con usted, estimada lectora: &#191;qu&#233; mira cuando mira hacia el cielo durante un eclipse solar? Le aseguro que nuestras respuestas no son las mismas. Y que, a diferencia de <em>horizonte</em>, en este caso me desborda la poes&#237;a. </p><p>Suena <strong>Sigur R&#243;s</strong>, en concreto el<strong> </strong><em>( ) (2022)</em>, y aunque la selecci&#243;n hoy ha sido accidental antes que voluntaria, los d&#237;as de eclipse no hay realmente casualidades. Esta ma&#241;ana Mafe apareci&#243; con un enlace al v&#237;deo oficial de &#8216;<em>Untitled 1</em>&#8217; como una ofrenda para ser o&#237;da esta tarde. Mafe no sab&#237;a de mi profundo amor por este grupo island&#233;s con el que aprend&#237; a llorar en un bus al regresar a casa, ni de las horas que pas&#233; oyendo este disco intentando encontrar la traducci&#243;n de algunos t&#237;tulos en tiempos donde no hab&#237;a chat GPT y el buscador de Google era bastante m&#225;s mediocre. Mafe no sab&#237;a, tampoco, que a veces las ofrendas act&#250;an como una puerta frente a un camino sinuoso y que no es &#8216;<em>Untitled 1</em>&#8217; la que me acompa&#241;a en bucle, sino &#8216;<em>Untitled 3</em>&#8217;. Esa maravilla de tema en G Mayor cuyo <em>loop</em> en el piano describe con precisi&#243;n quir&#250;rgica el reflejo del sol en el mar frente a m&#237;, acompa&#241;a los movimientos de dos ni&#241;os que juegan en la orilla a ser due&#241;os de un castillo que han construido con la arena h&#250;meda, y la l&#237;nea del horizonte que, contra todo pron&#243;stico, parece empezar a adquirir grosor. </p><p>&#191;Qu&#233; miras cuando miras al eclipse?, me pregunto. Una querida amiga fot&#243;grafa tiene la log&#237;stica preparada para poder documentar el acontecimiento con la elegancia que la caracteriza. Yo confieso que quiero ver lo que ella capte m&#225;s que al eclipse en s&#237;. Conozco su lente y sus ojos. Hay cierta magia en las retinas de Sofi y creo que ella sabe que lo que busca al mirar al eclipse es precisamente eso: trascendencia. La posibilidad de capturar un momento excepcional para convertirlo en eterno. Con su c&#225;mara y su talento. Ella, pienso, lo tiene claro esta tarde. A otras nos cuesta un poco m&#225;s.  Otra amiga querida ha ido a la monta&#241;a. No s&#233; si por el eclipse o por escapar de la ciudad, aunque, en ocasiones, la motivaci&#243;n es lo de menos porque suele ser una excusa. Y all&#225;, en la monta&#241;a, sigue habitando la duda. No termina de saber si lo ver&#225; pese a que era de las m&#225;s entusiastas. Supongo que el eclipse es tambi&#233;n eso. El efecto de un acontecimiento excepcional col&#225;ndose en nuestra cotidianidad llena de incertidumbres. &#191;Qu&#233; mira ella al mirar el eclipse? La respuesta a esta pregunta es previa. &#191;Qu&#233; est&#225; mirando antes de que ocurra el eclipse? Tal vez le pasa como a m&#237; que veo c&#243;mo el horizonte, ahora mismo, parece una escalera caracol y me ha descolocado un poco. El eclipse, me digo, no es un acontecimiento all&#225; arriba que podremos ver en unos minutos, sino el dibujo que plasma en la realidad aqu&#237; abajo. O, mejor dicho, en los m&#250;ltiples dibujos que traza. Y, por eso, hoy, no dejo de pensar en los lunares. </p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!pj1B!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F775355fe-1922-4b56-a388-30b40663e50c_4032x3024.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!pj1B!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_424, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_webp, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F775355fe-1922-4b56-a388-30b40663e50c_4032x3024.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!pj1B!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_848, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, 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Algo as&#237; como un amor temporal entre el sol y la luna. Es curioso que ambas lecturas coexistieran entre s&#237;. Como si un evento amoroso pudiera tambi&#233;n ser mal augurio. No les faltaba raz&#243;n. Pero, adem&#225;s, un eclipse solar pod&#237;a significar tiempo de <em>pachakuti</em>; es decir, gran cambio c&#243;smico. Fin de un ciclo. Esta tarde, confieso, me apetece ser todo lo inca que puedo ser. Dejar ir lo que ya cumpli&#243; su ciclo. Gracias por el color naranja que me descubriste, ha sido un placer, ahora puedes irte.  </p><p>En la cultura china, por otro lado, el verbo era &#8220;devorar&#8221;.  La palabra m&#225;s antigua para eclipse es &#8216;<em>shih</em>&#8217; (comer) y la creencia era que un drag&#243;n celestial se daba un fest&#237;n con el Sol. Lo mord&#237;a hasta dejarlo a oscuras. Habr&#237;a que anotar, sin embargo, que a quienes nos deja a oscuras es, en realidad, a nosotros. El efecto de un eclipse siempre est&#225; antes aqu&#237; que en el manto azul al que miraremos con gafas homologadas en unos minutos. Me gusta m&#225;s, sin embargo, la palabra que usan los mayas. Un eclipse era tambi&#233;n mal augurio, pero &#8216;<em>Pa&#8217;al K&#8217;in</em>&#8217; es traducible como &#8220;sol roto&#8221;. Y es aqu&#237;, estimado lector, que entra el <strong>lunar</strong>. </p><p>Durante mucho tiempo se asoci&#243; la presencia de lunares en lugares visibles con un defecto est&#233;tico o, en el extremo de la estupidez humana, como una justificaci&#243;n para demonizar a las mujeres durante las cazas de brujas porque un lunar era una &#8220;marca del diablo&#8221;. Los lunares me parecen fascinantes porque con su presencia nos recuerdan la singularidad absoluta de cada uno de nosotros. El efecto de un lunar nunca es igual en ning&#250;n rostro incluso cuando se sit&#250;e en las mismas coordenadas. Un lunar te define. Te identifica. Te hace t&#250;. Como el que lleva Rodri en su mejilla o el que llevo yo sobre mis labios y, aunque lo quise borrar tantas veces de peque&#241;a, s&#233; ahora que es aquello que define mi sonrisa. <em>Lunar</em>. Bonita palabra que alude tanto a la mancha que se forma en nuestra piel por un grupo de c&#233;lulas con pigmento, como todo aquello que tiene relaci&#243;n con la luna. El lenguaje, hoy, est&#225; regal&#225;ndonos un puente. </p><p>El eclipse, por tanto, me recuerda a un momento lunar. Al momento en que sobre el rostro inmenso del sol se cuela un elemento singular. Y nadie puede ser indiferente. Incluidos quienes desde el sur s&#243;lo podremos verlo parcialmente. Porque el efecto del momento lunar es previo. La expectativa ya existe. Lo estamos viviendo a veces con alegr&#237;a y otras con agotamiento en las &#250;ltimas 72 horas, especialmente. No s&#233; a&#250;n si lo que m&#225;s fascina es la idea de ver c&#243;mo el astro rey es desdibujado en el cielo por la luna, o si lo que m&#225;s fascina es la idea de que pueda, por unos minutos, dejar de &#8220;ser&#8221; toda luz y energ&#237;a que le define. La luna dibujar&#225; un lunar en el rostro del sol y, como dir&#237;an los mayas, lo <strong>romper&#225;</strong>. Pero el verbo <em>romper</em>, estimado lector, siempre me ha parecido buen augurio. No hay singularidad sin cierta fractura de la normalidad que muchas veces quiere uniformar lo que siempre deber&#237;a ser multicolor. La pregunta, por eso, tal vez, no es qu&#233; miramos cuando miramos el eclipse, sino &#191;qu&#233; sol nos queda despu&#233;s del eclipse? &#191;Lo podremos seguir viendo igual? &#191;Hay algo m&#225;s hermoso que un lunar en el rostro de un ser inmenso? </p><p>Sol. Luna. Sigur R&#243;s y &#8216;Untitled 3&#8217; que est&#225; en Sol mayor. No hay casualidades, me digo. Aunque el Sol de hoy, qui&#233;n sabe, tal vez deje de alterar solo el Fa de su escala sobre las 20:30 horas. Desde aqu&#237; abajo s&#243;lo espero que pase el eclipse pero nos quedemos con el lunar. Y que, al hacerlo, seamos capaces de mirar sin gafas todos aquellos lunares que dejamos escapar por andar enfocados en comprar lentillas y telescopios antes que en abrir los ojos. </p><p>De pronto, en esta playa del sur, veo a los ni&#241;os meterse al mar y he sentido fr&#237;o. Una ligera corriente fr&#237;a me recorre el cuerpo y pienso que este fr&#237;o define hoy mi horizonte. Hay seres de sol y seres de luna. Seres de d&#237;a y seres nocturnos. Me gusta pensar que como &#8216;Untitled 3&#8217;, cuyo otro nombre es <em>Samskeyti</em>, podemos intentar, a veces, ser una costura entre ambos polos. <em>Samskeyti</em> es lo que veremos hoy en el cielo. No la uni&#243;n de dos astros, sino, antes bien, el <strong>lugar</strong> en el que dos cosas se juntan y conectan. </p><p>En 2002 Sigur R&#243;s nos dio la banda sonora para esta tarde. No lo sab&#237;an, como suele pasar con la magia premonitoria de la m&#250;sica. A&#250;n as&#237;, me gusta pensar que la luna llegar&#225; al encuentro tarareando el tema que hoy me acompa&#241;a mientras espero que un lunar se dibuje en el rostro del sol y lo altere para siempre. El sol, entonces, quedar&#225; roto. S&#237;, por fin. </p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Atlas en el diván]]></title><description><![CDATA[...o c&#243;mo aprender a acariciar la fortaleza]]></description><link>https://lauraarroyo.substack.com/p/atlas-en-el-divan</link><guid isPermaLink="false">https://lauraarroyo.substack.com/p/atlas-en-el-divan</guid><dc:creator><![CDATA[Laura Arroyo]]></dc:creator><pubDate>Tue, 04 Aug 2026 14:18:36 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!T77a!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F95775c4b-2396-475c-ad77-88461d8b9cb5_448x448.heic" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Alguna vez, en ese af&#225;n por materializarlo todo, al ser humano no se le ocurri&#243; mejor idea que unir con un trazo indeleble al amor con un peque&#241;o &#243;rgano que no hac&#237;a otra cosa que mantenernos en pie al bombear nuestra sangre. S&#237;, es verdad que el cuerpo reacciona a las sensaciones de forma f&#237;sica y que, enamorarse puede causar que, en ocasiones, se nos acelere el pulso, la respiraci&#243;n y los latidos. Y s&#237;, es verdad que el <strong>coraz&#243;n</strong> es, en cierta medida, responsable de estos aceleramientos; pero lo injusto es que el verdadero responsable del caos y el desborde parte siempre del infierno con la reputaci&#243;n indemne. E incluso, conserva su arrogancia como &#243;rgano de la racionalidad en oposici&#243;n al ridiculizado coraz&#243;n. El cerebro es siempre presentado como un tit&#225;n frente al coraz&#243;n que, cual ni&#241;o, busca ser visto como algo m&#225;s que un objeto que se deja arrastrar por las corrientes del enamoramiento y las decisiones irreflexivas. Pero el cerebro no es un tit&#225;n. Es complejo y desconocido. Es arrogante y caprichoso porque se sabe indispensable, pero no es un tit&#225;n. Porque un tit&#225;n sufre condenas y no necesariamente oye aplausos. Un tit&#225;n no es un deseo ni un fetiche. Los titanes fueron los primeros gigantes e inmortales. Gobernaron el mundo, s&#237;, pero vieron su poder derruirse y escaparse de entre sus dedos en favor de sus nada piadosos sucesores que, no contentos con quitarles el cargo, los condenaron a dejar de ser, en muchos casos, vistos. Y, por eso, esta noche pienso en Atlas. En Atlas y su desgastada columna vertebral.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!T77a!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F95775c4b-2396-475c-ad77-88461d8b9cb5_448x448.heic" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!T77a!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_424, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_webp, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F95775c4b-2396-475c-ad77-88461d8b9cb5_448x448.heic 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!T77a!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_848, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, 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Los m&#250;sculos se desgarran. Los cuerpos se debilitan al envejecer. Pero la espalda de Atlas nunca puede quebrarse. &#191;Se imagina, estimado lector, que una tarde Atlas decidiera descansar el hombro izquierdo? Las mareas ser&#237;an devastadoras para una parte de la humanidad...o para toda. O, &#191;se imagina, estimada lectora, que Atlas cediera a la comez&#243;n eventual en el ojo derecho? Porque no imagino a un sujeto m&#225;s estresado que Atlas. El p&#225;rpado debe temblarle como ninguno de nosotros se imagina posible. Es lo que tiene llevar tanto peso en la espalda y hacerlo de forma solitaria. Porque, en realidad, lo que m&#225;s pesa sobre la espalda de Atlas no es la b&#243;veda celeste o el planeta entero, sino el silencio sobre la carga. El silencio y la indiferencia que trae consigo.</p><p>Cuando Zeus venci&#243; al bando de Cronos durante la <em>Titanomaquia</em> -la guerra entre dioses ol&#237;mpicos y titanes que dur&#243; diez a&#241;os- no pudo ser menos compasivo. Zeus podr&#237;a tener muchas cualidades -aunque para m&#237; ser&#225; siempre ese <em>se&#241;oro</em> blanco con barba, impaciencia y demasiado poder- pero cuando se cebaba con alguien lo hac&#237;a con crueldad. Y eso pas&#243; con Atlas. Zeus lo conden&#243; a cargar la b&#243;veda celeste (el cielo) para siempre; y, aunque el peso parezca inconmensurable, la verdadera condena es otra. Sab&#237;a Zeus que el castigo real de Atlas era su propio borrado. Porque la carga, el peso, la responsabilidad vital de su condena lo hacen distante, solitario y fantasma. Es f&#225;cil empatizar con la fragilidad y querer cuidarla, pero resulta complicado empatizar con la fortaleza y, m&#225;s a&#250;n, querer acompa&#241;arla. Siempre ser&#225; m&#225;s f&#225;cil acariciar las mejillas de un beb&#233; risue&#241;o que limpiar la sangre que se ha hecho cicatriz en las arrugas de la frente de un guerrero. Hay algo en la condici&#243;n humana que nos aleja porque, en el fondo, tememos al contagio del destino. &#191;Podr&#237;amos sobrevivir nosotros con aquella cicatriz? &#191;Queremos hacerlo? </p><p>Pero ahora tengo a Atlas recostado en el div&#225;n frente a m&#237; y quiero mirarlo. Como nadie hace.  Porque si el castigo de Zeus fue la m&#225;scara de suficiencia que tatu&#243; sobre su rostro, ahora inexpresivo; al menos quiero alcanzarle el vaso de agua que nadie le ha servido. Y, si hay suerte, compartirle tambi&#233;n el n&#250;mero de mi fisioterapeuta. </p><p>Basta echar un vistazo r&#225;pido por el buscador para ver que Zeus gan&#243; la partida. El sentido com&#250;n sobre Atlas es uno solo: hombre gigante, musculoso y, sobre todo, firme. Atlas no es sensible. No sufre. No hay im&#225;genes donde poder ver el color de sus ojos ni tampoco alguna escultura que se atreva a colocar una delicada l&#225;grima en alguna de sus mejillas. Casi parece merecer la condena porque no reacciona a ella. Nos imaginamos a Atlas tan fuerte que, por si no hubiera sido suficiente, a&#241;os m&#225;s tarde, cuando entramos en el mundo moderno, el pobre Atlas dej&#243; de asumirse como el gran &#8220;sostenedor&#8221; del cielo para pasar a ser el sost&#233;n de todo el planeta. <strong>No ten&#237;as suficiente, Atlas. </strong>Y ahora, todas tus energ&#237;as se concentran, cada d&#237;a, en sobrellevar el dolor del peso. De todos los pesos del mundo. &#191;C&#243;mo no querer proteger la fortaleza cuando de ella depende el suelo firme? En este div&#225;n, sin embargo, Atlas no habla. Ha renunciado al lenguaje. La concentraci&#243;n que necesita causa estos estragos. Atlas se ha convertido en su condena. Se recuesta frente a m&#237; la imagen humana de la fuerza m&#225;s primitiva. Ni cerebro, ni coraz&#243;n. Solo Atlas. </p><p>Suena &#8220;<em>Destruirte y amarte</em>&#8221; del &#250;ltimo disco de Feli Colina (<em>La otra mejilla,</em> 2026) y sus palabras son sentencias sobre la espalda de Atlas: &#8220;<em>&#191;Por qu&#233; te mentiste y te volviste d&#233;bil?</em>&#8221;, se pregunta la compositora, pero se responde inmediatamente:<em> &#8220;Hay que destruirte y armarte de nuevo</em>&#8221;. Sin duda. No hay tiempo para la fragilidad cuando te llamas Atlas o cuando vienes de su estirpe. La &#250;ltima entrega de la artista argentina es precisa esta noche. &#8216;<em>La otra mejilla</em>&#8217; me recuerda por qu&#233; siempre me ha parecido la <strong>poeta monstruosa</strong> que necesitamos en estos tiempos de incertidumbre y niebla.<strong> </strong>Pocas cosas m&#225;s &#250;tiles que vivir una especie de ritual de exorcismo a trav&#233;s de la m&#250;sica para reconectar con otro (fin del) mundo posible. Feli Colina nos trae un disco que se debe o&#237;r de inicio a fin sin distracciones. &#8216;<em>La otra mejilla</em>&#8217; no te acompa&#241;a, te desborda de rabia, de fractura, de dolor, de preguntas, de movimiento. Es un disco que te hace mover los pies, no para bailar, sino para andar furiosamente. Hay libertad en la ferocidad. O correr&#8230;hasta saltar. Pero te deja, tambi&#233;n migas de pan, como en el cuento de Hansel y Gretel, para seguir la ruta que te reconcilie con el demonio que has exorcizado. En el universo de Colina, exorcizar no es matar. Exorcizar no es borrar. Exorcizar no es olvidar. Exorcizar es gritar, hacer sangrar, golpear y se&#241;alar, pero no eliminar. Somos nuestros demonios, &#191;c&#243;mo <em>seguir siendo</em> si los matamos? Cada verso en este disco es afilado como una navaja. No te regala grandes met&#225;foras, sino crudeza. Como en <em>Eterludio</em> y su llanto ahogado de fondo. A veces no hacen falta palabras para describir lo que nos pasa adentro. Como Atlas que ha renunciado al lenguaje. Solo mantiene los brazos en posici&#243;n. El mundo depende de que no se canse de ese empe&#241;o. </p><p>&#8220;<em>E<span>s que me cans&#233; de cuidar la puerta para que no se escape lo que igual se escapa, si te fortalece lo que igual te mata...</span></em><span>&#8221; Tal vez sea momento de admitir, con Atlas en el div&#225;n, que hacerte m&#225;s fuerte es siempre morir un poco. La fortaleza, como las cicatrices, nacen de las heridas y la sangre. La piel crece, pero no siempre reverdece. No siempre cubre y tiene memoria. Me pregunto, entonces, si Atlas recordar&#225; lo que es recibir un abrazo. O, incluso, si recuerda c&#243;mo se siente o&#237;r un &#8216;&#191;c&#243;mo est&#225;s?&#8217; Si las heridas dejan trazos, las caricias, &#191;tambi&#233;n? Me cuesta imaginarlo. S&#233; ubicar cada cicatriz de la espalda de Atlas, pero no soy capaz de identificar donde se pos&#243; un &#237;ndice o una palma de la mano al abrazarlo. &#191;A qui&#233;n culpamos del hecho de que s&#243;lo perduren los ara&#241;azos?  &#8220;</span><em><span>No puedo pedirle la luna a quien nunca supo mirarla</span></em><span>&#8221;, dir&#237;a Feli. &#191;C&#243;mo iba a poder Atlas mirar la luna si vive cabizbajo y tembloroso sosteniendo al mundo?</span></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!D48A!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F9efa17b8-9ff6-4412-913c-312ed9126dbf_570x540.heic" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!D48A!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_424, 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Estoy convencida de que es amor. Su fuerza se origina en alg&#250;n rinc&#243;n de su cuerpo desbordado de amor. &#191;D&#243;nde est&#225; ese rinc&#243;n?  Tal vez, no es como dice Fito P&#225;ez, y en lugar de venir a ofrecer el coraz&#243;n, con la realidad en la mano, toca venir a ofrecer nuestra columna cervical. Porque, nos ense&#241;a el Tit&#225;n que, algunos, no amamos con el coraz&#243;n sino con el Atlas. Con la C1, aquella v&#233;rtebra de la columna que tiene forma de anillo y soporta todo el peso de nuestra cabeza y columna. Y el Atlas tiene historias que contar, pesos que olvidar y dolores que compartir. Yo, nunca le he dado tregua. Venimos de la misma estirpe, Atlas.   </p><p>Es mi anatom&#237;a, entonces, la que solo sabe andar busc&#225;ndote. No soy yo, es mi propio <em>Atlas</em> el que me condena a perseguir lo que merece ser sostenido. &#191;Lo ves? El coraz&#243;n no tiene nada que ver. A ti te busca mi v&#233;rtebra cervical. Atlas entiende de qu&#233; estoy hablando. S&#243;lo espero, alguna tarde, poder descansar el hombro izquierdo. Que no me dejes de mirar para, por las ma&#241;anas, poder seguir entrenando el lenguaje. Te entrego mi columna, con el temor de perder, tal vez, la capacidad de hablar al recostarme en alg&#250;n div&#225;n. Pero te sostengo, sin que me lo pidas. Mi Atlas ya ha decidido&#8230;</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Los girasoles bailan en Marte]]></title><description><![CDATA[...o c&#243;mo equilibrar una condena]]></description><link>https://lauraarroyo.substack.com/p/los-girasoles-bailan-en-marte</link><guid isPermaLink="false">https://lauraarroyo.substack.com/p/los-girasoles-bailan-en-marte</guid><dc:creator><![CDATA[Laura Arroyo]]></dc:creator><pubDate>Tue, 21 Jul 2026 23:30:18 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!883l!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F9744ab01-7396-4d9e-83e8-ccf15a678da5_1248x499.heic" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Convendremos, estimado lector, en que la naturaleza, a veces, puede ser cruel. Vamos a ser incorrectos. Aprovechemos que es de noche y que nadie nos oye. Dejemos de lado las frases hechas y encerremos en un caj&#243;n cada &#8220;todo pasa por algo&#8221; y &#8220;la naturaleza es sabia&#8221;. Porque ambas frases pueden ser ciertas sin que eso signifique que no haya, a veces, una dosis de condena. Que la naturaleza sea sabia no la hace menos cruel, no la hace menos r&#237;gida y, estoy segura, no la hace piadosa. Lo he visto con mis propios ojos. &#191;Qu&#233; es el libre albedr&#237;o si dependes estrechamente de algo que est&#225; fuera de ti? Imag&#237;nelo por un segundo, estimado lector. Imagine depender de un <em>otro</em> que no s&#243;lo est&#225; fuera, sino que no es consciente de que lo mira, usted, con algo m&#225;s que con los ojos. Que lo necesita para algo m&#225;s que respirar. Que lo sigue para construirse, para crecer, para madurar, para <em><strong>ser</strong></em>. Tiene que ser una condena, me digo, aquello por lo que pasa el pobre <strong>girasol</strong>.</p><p>La naturaleza puede ser, a veces, cruel, pero la sabidur&#237;a popular puede, tambi&#233;n, ser inexacta. Se cree que el girasol se pasa toda su vida girando hacia el sol. Movi&#233;ndose hacia &#233;l, es decir, sigui&#233;ndolo. Y, claro, el sol ni se entera. Ni se da por aludido. Est&#225; muy ocupado en <em>ser</em> el SOL. Lo entiendo, en realidad. El sol tiene sobre sus espaldas demasiado peso como para pensar, tambi&#233;n, en los girasoles que dependen de &#233;l. Sin embargo, alguien tiene que pensar en el girasol. Alguien tiene que compadecerse. Alguien tiene que posar los ojos sobre el sujeto m&#225;s peque&#241;o. Y digo <em>peque&#241;o</em> porque, pese a que se cree que el girasol siempre se mueve con y por el sol, lo cierto es que no lo hace toda su vida. En realidad, el girasol s&#243;lo sigue al sol durante su etapa de crecimiento. Es decir, lo necesita para construir los cimientos de s&#237; mismo. Podr&#237;amos decir entonces, que es el sol el que, sin saberlo, decide qu&#233; va a ser de cada <strong>girasol</strong> porque sabemos lo importante que es la etapa de crecer &#191;verdad? Esa etapa que los bot&#225;nicos han llamado <em>heliotropismo</em>. Pudieron llamarlo &#8216;castigo&#8217;, pero qui&#233;n soy yo para enmendar la plana de un experto. Soy una humilde observadora con el coraz&#243;n demasiado blando y que esta noche no puede dejar de pensar en el destino de un girasol.</p><p>Pero dec&#237;amos que, en realidad, el <strong>girasol</strong> no siempre depende del sol. Sin embargo, esta certeza no reduce la crueldad de la naturaleza. Porque una vez que el <strong>girasol</strong> ha dejado de crecer, una vez que por fin ha roto esa cadena, una vez que deja de depender de ese astro que le controlaba a lo lejos, se queda anclado al suelo. Con la flor madura por completo, el tallo del girasol se vuelve r&#237;gido y deja de girar para siempre. El girasol, entonces, vive la segunda fase de su condena: quedarse en una &#250;nica posici&#243;n para el resto de su vida. Siempre, siempre, siempre, mirando hacia el este. Lo siento, <strong>girasol</strong>. Ya no necesitas al sol, pero tampoco giras. La naturaleza borr&#243; hasta tu nombre. Si antes te mov&#237;a el sol, ahora est&#225;s condenado a vivir sin poder moverte. Y, tal vez, por eso, esta noche pienso en Marte.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!883l!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F9744ab01-7396-4d9e-83e8-ccf15a678da5_1248x499.heic" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!883l!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_424, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_webp, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F9744ab01-7396-4d9e-83e8-ccf15a678da5_1248x499.heic 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!883l!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_848, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, 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Tiene sentido. O&#237;r las estaciones es un buen punto de partida para empatizar con un girasol. <strong>Pomme</strong>, en &#8216;<em>Saisons</em>&#8217;, nos da una banda sonora que plantea una radiograf&#237;a del sonido de las estaciones. Pero no como Vivaldi. No se reduce a cuatro temas ni a la intensidad musical (tempo y atm&#243;sfera) para definir cada estaci&#243;n. <strong>Pomme</strong> divide en cuatro movimientos doce temas dedicados a la sensaci&#243;n sonora de las estaciones. Tal vez por eso sirve para acompa&#241;ar al girasol. La fusi&#243;n entre la calidez de una guitarra ac&#250;stica acompa&#241;ando su voz rasposamente tierna, con m&#250;sica cl&#225;sica, nos ofrece un di&#225;logo entre universos estacionales y, al hacerlo, llena algunos vac&#237;os. Algo m&#225;gico ocurre cuando, a trav&#233;s de la m&#250;sica, llenamos vac&#237;os. Es como si el ser humano fuera consciente, de pronto, de la crueldad ocasional de la naturaleza. Es como si asumi&#233;ramos nuestro rol de equilibrar sus condenas. Es como si, a trav&#233;s del arte, quisi&#233;ramos abrazar a quienes pagan el precio de su sabidur&#237;a. Eso hace <strong>Pomme</strong> y, por eso, esta noche siento que hablamos. Maquinamos juntas un plan. Intentamos idear c&#243;mo salvar a un girasol, aunque sea s&#243;lo uno. O a dos, claro. Porque ya s&#243;lo faltaba que, en nuestro af&#225;n por salvarlo, condenemos al girasol a la soledad. Uno por <strong>Pomme</strong> y uno por m&#237;, entonces. Dos girasoles cambiar&#225;n su destino esta noche. Y lo har&#225;n en Marte.</p><p>&#191;Por qu&#233; Marte? Porque tal vez el problema es la Tierra, me digo. El verdadero problema del girasol no est&#225; en el sol. Esa es la condena inicial, pero es la segunda fase del castigo lo que me tiene desvelada. &#191;Qu&#233; pasa si el girasol disfruta de moverse y, de pronto, cuando alcanza su madurez, el tallo se vuelve r&#237;gido y no hace sino llorar a&#241;orando los tiempos en que, aunque no lo decidiera &#233;l, pod&#237;a moverse? Tal vez no era libre albedr&#237;o porque depend&#237;a del sol, pero era una especie de libertad. Moverse supone siempre una dosis de voluntad, por peque&#241;a que sea. No siempre sale bien. A veces te mueves para escapar, a veces te mueves para volver y no siempre vuelves a los lugares felices, a veces te mueves para experimentar, a veces te mueves para saltar y, otras tantas, te mueves para rendirte ante lo que no puedes cambiar. Pero moverse, siempre, supone una dosis de voluntad, y la voluntad, me digo, es libertad. Por eso, al <strong>girasol</strong> necesitamos devolverle el movimiento. Es un gesto de amor, pienso, permitirle bailar.</p><p>Marte tiene una ventaja. Su superficie es distinta a la de la Tierra. Por algo es el &#8220;planeta rojo&#8221; y no azul. Es, a d&#237;a de hoy, un desierto, pero es un desierto fr&#237;o. Y esto es auspicioso. Digamos que bailar en Marte permitir&#237;a a los cuerpos entrar en calor. Punto para Marte. Pero adem&#225;s, y esto me gusta especialmente, gira en torno al mismo sol que la Tierra. Digamos, entonces, que la mudanza no ser&#237;a tan radical para nuestros girasoles. Y, por cierto, Marte cuenta con dos lunas: Fobos y Deimos. Dos en lugar de una. Dos lunas que pondr&#225;n en su sitio al sol. &#8220;D&#233;jalos bailar&#8221;, le dir&#225;n. &#8220;No los distraigas&#8221;, reprochar&#225;n. &#8220;Alumbra m&#225;s a uno de los dos que hoy cumple a&#241;os&#8221;, tal vez aconsejar&#225;n. Imagino a estas peque&#241;as lunas como las t&#237;as que siempre saben contener a mam&#225;. Es bueno que a nuestros girasoles los cuide una <em>tribu</em> y no s&#243;lo un astro, &#191;verdad?</p><p>Y as&#237; es como, esta noche, Pomme y yo equilibramos un poco la condena. Coge ella uno y yo otro girasol, y los llevamos hacia donde puedan volver a moverse. Ahora depende de ellAs aprender a bailar. Es un ejercicio de fe. Tal vez, en alg&#250;n tiempo, las lunas marcianas nos traigan malas noticias. Un condenado en la Tierra est&#225; siempre condenado aunque sus pies cambien de lugar. Tal vez mi girasol, el peque&#241;o en el que no dejo de pensar, no sea capaz de dejar de depender de alg&#250;n <em>otro</em> que lo movilice. Tal vez, para bailar, necesite ahora del otro girasol. Y eso me asusta porque no todos los girasoles son iguales. Al m&#237;o lo he mirado toda la noche. Es fr&#225;gil, pero se viste de piedra para que nadie lo note. &#191;Alguien ser&#225; capaz de o&#237;rlo gritar &#8220;por favor no te vayas&#8221;? Tal vez las lunas. Ojal&#225; las lunas. Ser&#225; entonces el momento de cambiar de nombre. Tal vez mute y se convierta, con el tiempo, en un lobo condenado a aullarle siempre a sus dos t&#237;as. Pero al menos, pienso, siempre podr&#225; bailar&#8230;</p><p></p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Salir del círculo]]></title><description><![CDATA[...o c&#243;mo escapar de un agujero claro]]></description><link>https://lauraarroyo.substack.com/p/salir-del-circulo</link><guid isPermaLink="false">https://lauraarroyo.substack.com/p/salir-del-circulo</guid><dc:creator><![CDATA[Laura Arroyo]]></dc:creator><pubDate>Wed, 08 Jul 2026 23:30:44 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Jv83!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fdd9e1763-1eb4-4649-938c-4c687f4fb709_640x360.heic" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span>La clave est&#225; en dar vueltas, pero en sentido contrario, me digo. Como un reloj que se rebela ante el paso del tiempo. Pongo los brazos hacia atr&#225;s, clavo la mirada en el suelo y mi respiraci&#243;n se hace </span><em><span>andante</span></em><span>. Inicio entonces esta especie de ritual improvisado, pero no soy capaz de poner la mente en blanco. Me asalta, como siempre, tu danza sucia. S&#237;, &#8216;</span><em><span>sucia</span></em><span>&#8217; es la palabra. No es habitual pero, a veces, muy pocas veces, la suciedad se deja ver en las labores de rescate. Yo intento poner la mente en blanco pero sabemos que no existe &#8220;blanco&#8221; posible para una rescatista como yo.  Tu suciedad no huele, pero se la ve. Como a ti y toda tu desesperaci&#243;n que as&#237; como no se huele tampoco se puede o&#237;r. Yo, una mel&#243;mana empedernida que bautiza todo con acordes y escalas, tengo ahora que lidiar con la imposibilidad de dotarte de sonido. Llevo tiempo resintiendo que aquella noche me volvieras sorda. Culp&#233; al c&#237;rculo, pero sabemos que era mentira. Fuiste t&#250; quien me quit&#243; el sentido y  ahora s&#243;lo me queda entregarme a la paciencia y la esperanza de que podr&#233;, en alg&#250;n momento, volver(te) a o&#237;r. </span></p><p style="text-align: justify;">Me he desconcentrado, perd&#243;n. Vuelvo al m&#233;todo: La clave est&#225; en dar vueltas, pero en sentido contrario, me repito. Coloco los brazos detr&#225;s de mi espalda, clavo la vista a un punto fijo en el suelo, respiro en <em>andante</em> y vuelta a empezar. He ca&#237;do entonces en que mi m&#233;todo para salir del c&#237;rculo es circular. Las mejores pistas son las que te sonr&#237;en traviesas. Nadie se imagina nunca que la contradicci&#243;n es la m&#225;s efectiva respuesta. S&#243;lo hay una forma de salir de aqu&#237;, me digo: entrando. Nos lo dijimos aquella tarde en la que bromeamos con dejarnos arrastrar por la fuerza de la gravedad de este agujero que parec&#237;a negro. Todav&#237;a sonabas entonces y yo te hab&#237;a bautizado en <em>E menor</em>, pero ya se anticipaba la tormenta. Mi rodilla cruj&#237;a y no dejabas de re&#237;rte. Nunca te hab&#237;a o&#237;do tan escandalosa. Como si uno de los esp&#237;ritus del libro que me le&#237;as te hubiera pose&#237;do. Nunca hab&#237;as sonado tan fuerte. Sonaste tan fuerte que esa fue la &#250;ltima vez que lo hiciste. Desde entonces, tengo la duda de qu&#233; pas&#243; primero. Si yo me volv&#237; sorda o t&#250;, muda. Pero s&#233; que no lo hicimos a la vez. Nunca logramos sincronizarnos. Por eso es tan urgente salir del c&#237;rculo.</p><p style="text-align: justify;">Es verdad que estoy sorda, pero he de decir que a&#250;n escucho. Como mi abuela. Ella siempre dec&#237;a que se enteraba de lo que quer&#237;a enterarse, aunque resultaba poco cre&#237;ble porque siempre quer&#237;a saber c&#243;mo estaba yo, pero era incapaz de o&#237;rme al otro lado del tel&#233;fono gritando &#8220;muy bien, pero te extra&#241;o, Abu&#8221;. Ahora, sin embargo, la entiendo. Porque estoy sorda, pero escucho. No a ti, es verdad, pero s&#237; a Brad. Suena el &#8216;<em>Elegiac Cycle</em>&#8217; (Brad Mehldau, 1999) y he ca&#237;do en que no s&#233; si lo oigo o lo recuerdo. A lo mejor o&#237;r es eso, me digo. Recordar lo que suena. O, mejor dicho, recordar lo que son&#243;. &#191;Sab&#237;as que las personas que perdieron la audici&#243;n despu&#233;s de aprender a hablar (pasados los 5 a&#241;os) conservan siempre una memoria auditiva residual que, con el tiempo, puede ir apag&#225;ndose? Es fascinante que sea el recuerdo lo que hace que sigan &#8220;oyendo&#8221;. Por eso me pregunto si no somos, en realidad, una mezcla de recuerdos auditivos donde <strong>Brad Mehldau</strong> es una huella en mi cerebro y tu risa un eco que ya dej&#243; de replicarse. Porque suena &#8216;<em>Memory&#8217;s Tricks</em>&#8217; y tiene que ser una se&#241;al. Una se&#241;al de que no estoy oy&#233;ndolo, sino record&#225;ndolo, as&#237; como intento recordar el timbre de tu voz que hace demasiado tiempo dej&#243; de sonar. Un agujero negro, me digo, se traga algo m&#225;s que la materialidad. Se traga todos los recuerdos que ha dejado como huella. Como aquel monstruoso agujero negro que se traga un sol cada dos d&#237;as.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Jv83!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fdd9e1763-1eb4-4649-938c-4c687f4fb709_640x360.heic" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Jv83!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_424, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_webp, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fdd9e1763-1eb4-4649-938c-4c687f4fb709_640x360.heic 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Jv83!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_848, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, 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De aquellos que ahora llamo &#8220;agujeros <strong>claros</strong>&#8221;. Los conocidos como <em>cu&#225;seres</em> y que son los astros m&#225;s luminosos del universo. No pod&#237;as creerlo cuando te lo cont&#233;, pero s&#233; que en el fondo estabas deseando que encontrara una met&#225;fora as&#237; para ti. Porque cuando di con ella te brillaron los ojos. Esos dos <em>cu&#225;seres</em> claros que lleva(ba)s en el medio del rostro y que atrapan como la fuerza de la gravedad para conducirte enmarrocada hacia la &#243;rbita m&#225;s inestable de la galaxia. </p><p style="text-align: justify;">Es verdad, a 12 mil millones de a&#241;os luz un &#8216;agujero claro&#8217; no deja de crecer. Es una paradoja universal que crece a velocidades insospechadas. Fue descubierto por un grupo de astr&#243;nomos australianos que no ten&#237;an idea, seguramente, del efecto que causar&#237;an con su telescopio <em>SkyMapper</em>. El agujero no es negro, porque en realidad brilla. Brilla <strong>demasiad&#237;simo</strong> -valga el superlativo-. Se trata de uno de esos retratos donde el fin del mundo tiene color luz en lugar del habitual blanco y negro. Cuando pienso en otros fines del mundo posibles tambi&#233;n pienso en color. No imagin&#233;, sin embargo, que el tuyo ser&#237;a as&#237; de enceguecedor.</p><p style="text-align: justify;">Este &#8216;agujero claro&#8217; es tan enorme como voraz. Es miles de veces m&#225;s brillante que una galaxia entera porque las absorbe y, cada dos d&#237;as, absorbe una masa equivalente a nuestro sol. La met&#225;fora perfecta, me digo, siempre es la m&#225;s real. No hace falta crear leyendas ni acudir a la mitolog&#237;a. La naturaleza, a ti, te defini&#243; hace millones de a&#241;os. Mucho antes de que nacieras, te dio un mapa para volver a casa. Y ahora que has decidido volver necesitas entregarte tambi&#233;n a Mehldau. Suena &#8216;<em>Trailer Park Ghost</em>&#8217;. La pieza precisa para acompa&#241;arte a devorar <em><strong>otro</strong></em> sol mientras yo regreso a mi m&#233;todo de escape.</p><p style="text-align: justify;">La clave est&#225; en dar vueltas, pero en sentido contrario, me digo. Como una br&#250;jula que decide ir en contra del norte. El problema es que el centro de gravedad de un &#8216;agujero claro&#8217; es demasiado poderoso y yo estoy sorda. Ojal&#225; s&#243;lo me hubieras arrancado los ojos, pienso. Si tuviera que elegir de qu&#233; sentido prescindir ser&#237;a siempre la vista antes que el o&#237;do. Pero lo sab&#237;as y, aquella noche, demostraste tu profundo ego&#237;smo al robarme la audici&#243;n. Lo recuerdo bien porque en cuesti&#243;n de segundos todo se hizo infernalmente silencioso. La noche se interrumpi&#243;. Los grillos se detuvieron. El viento dej&#243; de silbar y ni un solo perro volvi&#243; a ladrar. El silencio se hizo materia frente a m&#237; y cuando volte&#233; la vista ya te hab&#237;as dejado tragar por el c&#237;rculo. Me sonre&#237;ste desde  su centro gravitacional. Transitaste el radio, besaste el di&#225;metro y colonizaste todo su volumen devolvi&#233;ndome la mirada y gritando algo que nunca pude descifrar, porque ya me hab&#237;as dejado sorda. En ese momento, lo s&#233;, te volviste (d)el c&#237;rculo. Te coronaron reina, entonces, del &#8216;agujero claro&#8217; que siempre tiene hambre de <em><strong>sol</strong></em>. </p><p style="text-align: justify;">Sol. G. Escala mayor. Todo lo opuesto a ti es lo que desde entonces te define. Por eso preciso salir del c&#237;rculo porque ya no reconozco nada de lo que me rodea y no cuento con audici&#243;n para guiar mi camino de regreso. Soy como un perro al que solo le queda olfatear. El sentido menos desarrollado que tengo. Por eso empiezo de nuevo y  doy vueltas en sentido contrario, como quien se enfrenta con un hurac&#225;n. Es la tarea m&#225;s agotadora de mis noches, pero aqu&#237; estoy cumpliendo mi condena por creer que se pod&#237;a domesticar a un &#8216;agujero claro&#8217;.  </p><p style="text-align: justify;">Hoy, sin embargo, pido que me des cierta tregua porque es jueves. Necesito dormir porque ma&#241;ana toca trabajar en la vida real que ya no habitas. Esa vida real donde no hay un &#8216;agujero claro&#8217; mir&#225;ndome fijamente esperando que me convierta en un sol que pueda devorar. As&#237; que vamos de nuevo, por &#250;ltima vez &#191;vale?: dar vueltas en sentido contrario, como un reloj que se rebela ante el paso del tiempo. Esta es la forma que tengo para evitar brillar. Sorda como soy, he aceptado la mediocridad y el gris. He renunciado a mi luminosidad por ti. He renunciado a mi ferocidad. Me he hecho de metal para que, a lo mejor, alguna noche por fin dejes de buscarme. </p><p style="text-align: justify;"><span>Contigo en el c&#237;rculo el bosque siempre es un desierto y el horizonte es siempre silencio. Pero yo&#8230;yo s&#243;lo quiero poder volver a o&#237;r a Brad Mehldau. Necesito, por eso, que dejes de pensar que soy un sol. Necesito, por eso, que dejes de venir cada dos d&#237;as a intentar devorarme. </span></p><p style="text-align: justify;"></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La deformidad en el espejo]]></title><description><![CDATA[...o c&#243;mo reconocer el color de tu infierno]]></description><link>https://lauraarroyo.substack.com/p/cual-es-el-color-de-tu-infierno</link><guid isPermaLink="false">https://lauraarroyo.substack.com/p/cual-es-el-color-de-tu-infierno</guid><dc:creator><![CDATA[Laura Arroyo]]></dc:creator><pubDate>Sun, 28 Jun 2026 18:39:16 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!ZDcV!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3e42c288-da78-4c00-bbbd-eeb454b7d71d_1200x900.heic" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Cuando en 2022, <strong>Stromae</strong> cant&#243; por primera vez <em>L&#8217;enfer</em> en un programa de televisi&#243;n francesa, cre&#243; una interferencia. No lo sab&#237;a, seguramente, pero m&#225;s all&#225; de la originalidad del debut, agriet&#243; algo en la pantalla; o, mejor dicho, agriet&#243; algo en mi pantalla. Desde entonces, pienso en el color del infierno. </p><p>&#8216;<em>Multitude</em>&#8217; (2022) es una de esas joyas contempor&#225;neas de la m&#250;sica que te hacen bailar llorando, abrazar temblando y <strong>tararear muriendo</strong>. No es un disco para o&#237;r una vez. De hecho, no es un disco para o&#237;r, sino para inundarte de &#233;l. &#8216;<em>Multitude</em>&#8217; es, como su nombre indica, un encuentro. Una especie de <strong>comuni&#243;n pagana</strong>. Se unen, musicalmente, desde el charango andino hasta el cavaquinho, pasando, claro, por la flauta ney o el erhu chino que singulariza mi segundo tema favorito de este disco: <em>La</em> s<em>olassitude</em>. Pero si la comuni&#243;n es pagana en la musicalidad lo es tambi&#233;n en la l&#237;rica. Es un disco que habla de los afectos y los cuidados, pero tambi&#233;n de los ego&#237;smos y los desapegos. <strong>Stromae</strong> nos ofrece un cuadro. Una pintura delicadamente delineada donde conocemos a todo tipo de personajes. A algunos, los entendemos, y, a otros, los odiamos; pero, en cualquier caso, a todos los reconocemos. Por eso, no es casual que quisiera sumergirnos en la contradicci&#243;n de la comuni&#243;n pagana con sus dos primeros <em>singles</em>. Primero &#8216;<em>Sant&#233;</em>&#8217; (salud) y despu&#233;s, &#8216;<em>L&#8217;enfer</em>&#8217; (infierno). &#191;No es la contradicci&#243;n una se&#241;a de identidad de esta &#233;poca? Ya lo dec&#237;amos: bailar llorando y tararear muriendo. Podr&#237;amos a&#241;adir: Brindar ardiendo. Esa es la declaraci&#243;n de <strong>Stromae</strong>. Y, desde entonces, yo tambi&#233;n brindo cubierta en llamas porque &#8216;<em>Multitude</em>&#8217; es, en realidad, un espejo.</p><p>No, <strong>Stromae</strong> no quiso hablar de salud mental. Lo que hizo fue mostrarnos un reflejo. Una foto de &#233;poca donde la salud mental est&#225; presente por su ausencia, valga la paradoja. Pero eso no es lo importante. Lo importante es la comuni&#243;n: &#8220;<em>No soy el &#250;nico que est&#225; solo y, al menos, eso significa algo</em>&#8221;. La comuni&#243;n pagana en 2022 sigue si&#233;ndolo en 2026, si acaso m&#225;s escalofriante porque se nos han colado en la foto las bestias. Y nosotros, los monstruos, empezamos a ser vistos de otra manera. En nuestros espejos nos devuelve la mirada otro tipo de reflejo. &#191;Sabes que tu reflejo no es un hecho objetivo sino una construcci&#243;n, verdad? A veces de tu deseo, a veces de tu resentimiento. Generalmente, lo segundo. Algunas lo sabemos bien. Y por eso, esta tarde, pienso en la deformidad.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!ZDcV!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3e42c288-da78-4c00-bbbd-eeb454b7d71d_1200x900.heic" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!ZDcV!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_424, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_webp, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3e42c288-da78-4c00-bbbd-eeb454b7d71d_1200x900.heic 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!ZDcV!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_848, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, 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Viv&#237;a explotado por un emprendedor en un circo n&#243;made hasta que fue &#8220;rescatado&#8221; por un cirujano. El cirujano desempe&#241;a el papel del narrador silencioso que nos muestra <em>el reflejo</em>. De alguna forma, el <em>Dr. Frederick Treves</em> (Anthony Hopkins) es <strong>Stromae</strong> en la pel&#237;cula. Nos delinea la foto. A trav&#233;s de sus ojos notamos la verdadera deformidad. No est&#225; en Merrick, el hombre elefante, sino en lo que &#233;l despierta en una sociedad que no est&#225; preparada para aceptarlo como espejo. <em>Treves</em> se convierte as&#237; en un gu&#237;a, pero Merrick ES <strong>nuestro</strong> reflejo. A &#233;l se le nota la deformidad que nosotros ocultamos. La raz&#243;n por la cual Merrick es infeliz no es porque sea el &#250;nico deforme, sino porque es el &#250;nico al que se le nota y paga la factura por ello. Y, entonces, nos preguntamos si la crueldad no es tambi&#233;n deformidad. Si el apetito por agredir a otro o el anhelo de oler la sangre tras clavar un pu&#241;al no es mucho m&#225;s deforme que un tumor en la frente. Pero, claro, para hablar de <strong>deformidad</strong>, habr&#237;a que hablar de aquello con lo que se la compara. Las palabras, como las canciones, existen porque existen otras. <em>L&#8217;enfer</em> existe porque existe <em>Sant&#233;</em>. Es el ecosistema el que dota todo de sentido. Y aqu&#237; entramos en terreno pantanoso.</p><p>&#8216;<em>De</em>-&#8217; es un prefijo gramatical cuya funci&#243;n puede negar lo que viene despu&#233;s. Se trata de un morfema que cuando se antepone a una ra&#237;z altera una palabra. La <em>deforma</em>, para ser precisa. Y aqu&#237; entramos en el pantano. &#191;Qu&#233; es la <em>forma</em>? &#191;C&#243;mo es esa <em>forma</em> no repudiable? &#191;Qui&#233;n define los m&#225;rgenes de las <em>formas</em> aceptables? &#191;Es la materialidad objetiva? Imagino, estimado lector, que est&#225; cayendo en la tentaci&#243;n de interpretar esta &#8220;forma aceptable&#8221; con la palabra <strong>normalidad</strong>. Pero, cuidado, atravesamos un terreno pantanoso. Lo deforme no es anormal. Hay anormalidades aceptables y aceptadas. Hay anormalidades que, a fuerza de habitar con ruido y con lucha, logran normalizarse. La anormalidad puede evolucionar pol&#237;ticamente -&#161;por suerte!- y su siguiente estad&#237;o puede ser la normalidad anhelada. Lo deforme, en cambio, es m&#225;s est&#225;tico. No hay evoluci&#243;n. Hay aceptaci&#243;n o resentimiento. Y opera como una cadena de fichas de domin&#243;: cuando ves deformidad te confrontas necesariamente con la tuya. Porque la deformidad es aquello que nos define. Nuestra <em>forma</em> es tambi&#233;n, a fin de cuentas, una ilusi&#243;n del espejo. Y no hay cirujanos capaces de limar las curvas de esos tumores. </p><p>Es verdad que &#8216;<em>El hombre elefante</em>&#8217; nos sirve como evidencia de la miseria humana, pero tambi&#233;n nos muestra los l&#237;mites de la condescendencia. No es casual que fuera un cirujano, hambriento de normalizaci&#243;n est&#233;tica, quien viera en Merrick a un ser humano. &#191;Vio un ser humano o un proyecto? Necesitamos menos cirujanos y m&#225;s oftalm&#243;logos, me digo. Necesitamos ser capaces de reconocer humanidad en la deformidad o seguiremos siendo incapaces de dejar de odiar porque odiamos, primero, a nuestro propio reflejo. </p><p>Desde peque&#241;os se nos dice que el infierno se conforma de llamas ardiendo y, por tanto, asumimos que el color del infierno es naranja fuego o rojo dolor. Pero me resulta tremendamente ingenuo pensar que nuestros infiernos no cuentan con color propio, as&#237; como nosotros. As&#237; como nuestras deformidades. Me pregunto si Lynch decidi&#243; que su pel&#237;cula fuera en blanco y negro porque era incapaz de imaginar el color del infierno de Merrick y del mundo que le expulsaba y agred&#237;a; o, si por el contrario, quiso dejarnos una v&#237;a para colorear la pel&#237;cula con nuestro propio infierno. Laura, por ejemplo, es un infierno de color azul. Azul metal, para ser precisa. Una especie de amalgama entre el azul cuando est&#225; a punto de caer la noche y el gris del cielo de Lima. Laura es un infierno h&#250;medo como la ciudad que me vio nacer. Y, por eso, no es casual que mientras escribo este texto bajo el calor extenuante de este junio apocal&#237;ptico que se acaba, se haya desatado un diluvio con tormenta el&#233;ctrica. Es mi infierno llam&#225;ndome. Es mi deformidad materializ&#225;ndose. &#191;Cu&#225;l es la tuya?</p><p>Disculpar&#225; usted, estimado lector, la densidad de este art&#237;culo dominical. Entender&#225;, tambi&#233;n, que la deformidad es esto: <em><strong>peso</strong></em>. Hace unas horas me habita la rabia y, de pronto, mi deformidad se encuentra a flor de piel. Nadie la ve, excepto yo. Esquivo los espejos, esquivo los cristales, esquivo los reflejos. S&#233; lo que ver&#233; si me topo conmigo devolviendo la mirada. No ser&#225; ni el deseo ni el resentimiento. Ser&#225; el recuerdo. En este mundo de deformidades esperando ser amadas la contradicci&#243;n es la habitualidad de contener la piedad. Esa es, tal vez, una deformidad colectiva. &#191;A qui&#233;n odias cuando odias? &#191;A qui&#233;n agredes cuando agredes? &#191;Cu&#225;nto te deformas cuando te burlas de la deformidad de otro? &#191;Cu&#225;ntos tumores m&#225;s caben en tu rostro?</p><p>Esta ma&#241;ana he abrazado a Julia como si la vida se me fuera en ello. Hemos cantado, hemos comido, hemos re&#237;do. Es curioso c&#243;mo en un acto de amor tan &#237;ntimo como el abrazo la rabia puede potenciarse. Esa es, sin duda, mi principal deformidad. La incapacidad que tengo para amar confiando en que el sujeto de mi afecto no me necesita con un escudo, una espada y una bomba nuclear en el bolsillo. Mi reflejo es, siempre, una guerrillera movi&#233;ndose y sobrepensando. Sobrepiensa tanto, que sobreact&#250;a siempre. Ya lo dec&#237;a <strong>Stromae</strong>: &#8220;<em>&#191;Sabes? He pensado mucho en ello y realmente no s&#233; qu&#233; hacer contigo. Pensar. Pero si ese es precisamente el problema contigo.</em>&#8221;</p><p>Los ni&#241;os no son crueles, me digo. Son tan s&#243;lo sujetos deformes aprendiendo a reconocer sus propios tumores frente al espejo. Tal vez necesitamos oculistas que les ense&#241;en a mirar sin temor cada grieta del cuerpo y, as&#237;, reconocer como singularidad en lugar de como rareza las deformidades. Suena el minuto 1:27 de &#8216;<em>L&#8217;enfer</em>&#8217;,  y justo en ese momento del grito ahogado he recordado el poema de Roberto Juarroz:  </p><p><em>A veces me parece que estamos en el centro de la fiesta<br>sin embargo, en el centro de la fiesta no hay nadie.</em></p><p><em>En el centro de la fiesta est&#225; el vac&#237;o.</em></p><p><em>Pero en el centro del vac&#237;o hay otra fiesta.</em></p><p>&#191;C&#243;mo es nuestra fiesta? La de los monstruos que se lamen los tumores. La de las deformidades a flor de piel. Una fiesta con espejos en lugar de paredes. Un infierno de color azul y humedad. Una comuni&#243;n pagana donde, por primera vez, los deformes exiliados puedan creer en el amor a primera vista. Hola, mi nombre es <em><strong>Julia</strong></em>. </p><p>S&#243;lo por esta vez me guardar&#233; la bomba nuclear en el bolsillo. Pero la tengo preparada por si en esta fiesta se cuelan tambi&#233;n esos cuatro que te hicieron despeinar. Te espero aqu&#237;, al lado de la mesa. Junto a los vasos de colores y los refrescos. T&#250; s&#243;lo sigue bailando, preciosa.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[¿Cuánto pesa Plutón?]]></title><description><![CDATA[...o c&#243;mo abrazar un coraz&#243;n de hielo]]></description><link>https://lauraarroyo.substack.com/p/cuanto-pesa-pluton</link><guid isPermaLink="false">https://lauraarroyo.substack.com/p/cuanto-pesa-pluton</guid><dc:creator><![CDATA[Laura Arroyo]]></dc:creator><pubDate>Sun, 21 Jun 2026 15:29:13 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!ahHp!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa22e0c98-1d75-478b-a851-f5744f99ae24_2560x1440.heic" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;<em>Lo he visto todo</em>&#8221;. Esa es la sentencia. El dolor se puede <strong>ver</strong> en el preciso momento en que se convierte en un tatuaje, pienso. A veces en forma de cruz y otras, de l&#237;nea recta, pero tatuaje al fin y al cabo. En un gesto, en un segundo, en un momento fugaz, en una aparente casualidad, la sentencia se hace inevitable y el aire deja el cuerpo. Se congela, entonces, un coraz&#243;n en plena ola de calor; y ahora toca volver a andar de puntillas por <em>esa</em> calle. La calle m&#225;s fr&#237;a de la ciudad. &#8220;<em>Lo he visto todo</em>&#8221;, dijo. Pero, &#191;te has preguntado c&#243;mo es <strong>ver</strong> a qui&#233;n <strong>vio</strong> todo? &#191;C&#243;mo se puede ser testigo del dolor haci&#233;ndose tatuaje y no contagiarse en el proceso? Es como una pandemia: la pandemia del coraz&#243;n de hielo. Por eso, esta tarde, no puedo dejar de pensar en Plut&#243;n.</p><p>Cuando hace veinte a&#241;os, un grupo de cient&#237;ficos decidi&#243; echar a <strong>Plut&#243;n</strong> del conjunto de planetas del sistema solar, no sab&#237;an del impacto. Las decisiones causan efectos y las palabras son tambi&#233;n acciones. El peque&#241;o Plut&#243;n fue echado de la mesa de los adultos con cierta parsimonia, pero sin piedad. &#8216;<em>Planeta enano</em>&#8217; lo llamaron algunos cautos. Los crueles, sin embargo, le escribieron &#8216;<em>planetoide</em>&#8217; en toda la frente. A veces me imagino a Plut&#243;n despertando una ma&#241;ana y enterarse de que su palabra hab&#237;a cambiado. Es verdad, no le quitaron el nombre, pero s&#237; el concepto. Lo imagino pensativo mir&#225;ndose al espejo y pregunt&#225;ndose, <em>&#191;qu&#233; he hecho mal?</em> Lo imagino deambulando por las calles vac&#237;as enfrent&#225;ndose a todos los cristales que le devolv&#237;an un reflejo que ya no reconoc&#237;a porque su palabra hab&#237;a cambiado. &#191;C&#243;mo seguir siendo <strong>Plut&#243;n</strong> sin seguir siendo <em>planeta</em>? &#191;Acaso consider&#243; cambiar tambi&#233;n de nombre? &#191;Sabemos si no lo hizo? Y, si lo hizo, &#191;lo estamos agrediendo cada vez que usamos su nombre <em>anterior</em> para hablar de &#233;l? &#191;Cu&#225;nto te has dolido, Plut&#243;n?</p><p>Es curioso, pero la raz&#243;n por la cual a <strong>Plut&#243;n</strong> lo echaron del conjunto de planetas tiene que ver con su incapacidad de limpiar su &#243;rbita. No es, seg&#250;n los cient&#237;ficos detr&#225;s de esta decisi&#243;n, un cuerpo gravitacionalmente dominante y, por tanto, no despeja su &#243;rbita de otros objetos considerados &#8220;basura&#8221; espacial. Ah&#237; donde la ciencia ve un defecto o una variable que te echa de un conjunto de gigantes merecedores de atenci&#243;n, yo veo la m&#225;s bella cualidad. &#191;No es necesario que alguien mantenga las puertas abiertas a aquello que otros consideran &#8220;basura&#8221;? &#191;No es urgente que algunas &#243;rbitas no sean &#8220;limpiadas&#8221;, sino abrazadas? Nota mental: Laura, urge escribir una carta formal a este conjunto de cient&#237;ficos y sugerir la lectura de alg&#250;n poema que les agriete la racionalidad. Total, &#250;ltimamente nos gustan las aventuras imposibles.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!ahHp!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa22e0c98-1d75-478b-a851-f5744f99ae24_2560x1440.heic" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!ahHp!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_424, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_webp, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa22e0c98-1d75-478b-a851-f5744f99ae24_2560x1440.heic 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!ahHp!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_848, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, 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He vuelto a o&#237;r cada palabra de ese &#8220;<em>lo he visto todo</em>&#8221;. Es responsabilidad de &#211;lafur, pienso. <strong>&#211;lafur Arnalds</strong> es un multiinstrumentista y compositor island&#233;s que me conquist&#243; desde el <em>Eulogy for Evolution</em>, su primer disco. Pero, aunque no es mi disco favorito, en este viaje me acompa&#241;a toda la atm&#243;sfera que cre&#243; con <em>For Now I am Winter</em> (2013). En este disco, no es m&#250;sica lo que oyen mis o&#237;dos, sino preguntas. Preguntas enunciadas por cuerdas tensas, agresivas, omnipresentes y, las otras cuerdas, las del piano, en una versi&#243;n muy m&#237;nima. Preguntas enunciadas unas sobre otras en un tempo donde no hay espacio para responderlas, como logra con cada intervenci&#243;n electr&#243;nica en un <em>tracklist</em> que no pod&#237;a estar mejor ordenado. Este disco, me digo, musicaliza las preguntas que Plut&#243;n se hizo aquella ma&#241;ana mientras el dolor se le tatuaba en el cuerpo y no entend&#237;a, ahora, c&#243;mo volver a <em>ser</em>. </p><p>Digan lo que quieran, pero estoy convencida de que no siempre Plut&#243;n tuvo un coraz&#243;n de hielo. Hace varios a&#241;os, despu&#233;s de que lo echaran de la lista de planetas del sistema solar, una misi&#243;n fue a conocer a Plut&#243;n. La misi&#243;n <em>New Horizons</em> nos cont&#243;, entre otras muchas cosas, que Plut&#243;n cuenta con un coraz&#243;n de hielo cerca del ecuador. En su hemisferio sur. Se trata de un vasto glaciar de nitr&#243;geno con una extensi&#243;n de m&#225;s de 1,6 millones de kil&#243;metros cuadrados en cuyo ventr&#237;culo izquierdo hay una zona que se conoce como <em>Sputnik Planitia</em> que es tan pesada que oblig&#243; a Plut&#243;n a reorientarse. S&#237;, su coraz&#243;n, en el lado izquierdo, empez&#243; a pesar lo suficiente como para que nuestro amigo decidiera cambiarlo todo o, peor a&#250;n, dejarse cambiar por el peso. Y el cambio no es menor. Plut&#243;n vivi&#243; (o <em>sufri&#243;</em>, si el lector desea a&#241;adir dramatismo a una historia donde esta licencia es bienvenida) un proceso de desplazamiento polar. Y en ese proceso, la posici&#243;n del <em>Sputnik Planitia</em> y la luna m&#225;s grande y gemela de Plut&#243;n, <em>Caronte</em>, se colocaron frente a frente. Como en una partida de ajedrez. Ficha blanca, ficha negra. Alfiles y torres en posici&#243;n. Y, desde entonces, juegan en el tablero del dolor en el pecho de Plut&#243;n que adem&#225;s de perder su palabra, cambi&#243;, como vemos, tambi&#233;n su peso. Entre su coraz&#243;n y su luna, se form&#243; una capa de hielo de hidr&#243;geno de cuatro kil&#243;metros de espesor. Imagine ahora, estimado lector, los niveles del dolor. Imagine cada tatuaje. Los que se dibujaron completos y los que no. La tinta tambi&#233;n tiene peso. A&#241;&#225;dalo usted a la balanza donde intentamos pesar a Plut&#243;n.</p><p>He de decir que pensar en el <strong>peso</strong> me hace pensar en la <strong>muerte</strong>. Es una asociaci&#243;n l&#243;gica, en realidad. El <em>rigor mortis</em> hace que nuestro cuerpo genere la percepci&#243;n de haberse vuelto &#8220;m&#225;s pesado&#8221; cuando el aire se ha ido de nosotros. Y, en esta constataci&#243;n, he conseguido encontrar un cierto sentido. La muerte altera el peso. El dolor pesa y la culpa tambi&#233;n. Y ese &#8220;<em>lo he visto todo</em>&#8221; cambia de significado en el preciso momento en el que entiendo que lo que quieres decir es que ahora sientes &#8220;todo <em><strong>ese</strong></em> peso&#8221;. S&#237;, como el ventr&#237;culo izquierdo de Plut&#243;n llenito de hielo. </p><p>Suena &#8216;<em>Hands, Be Still</em>&#8217; y el momento se ha vuelto perfecto. Si <em>Caronte</em>, la luna gemela de Plut&#243;n, sigue orbitando frente a su coraz&#243;n y movi&#233;ndolo de eje, a lo mejor, no es un accidente, sino un plan de supervivencia. Un m&#233;todo. Si Plut&#243;n no se mueve, el peso podr&#237;a volverse insostenible. Pero al moverse, Plut&#243;n sigue siendo. &#201;l y su coraz&#243;n helado. Y en ese &#8216;seguir siendo&#8217;, se vuelve algo m&#225;s que un planeta. Se vuelve una referencia y, hoy, una met&#225;fora. &#191;Cu&#225;ntas veces hemos sido Plut&#243;n? Yo, unas cuantas. &#211;lafur Arnalds, claramente, lo ha sido cuando escribi&#243; el disco que hoy me acompa&#241;a en el tren. Y creo, de verdad, que ayer Plut&#243;n se sent&#243; en nuestra mesa esperando que le di&#233;ramos el espacio que merece un planeta. Pero nos hemos distra&#237;do. A la pr&#243;xima, creo, deber&#237;amos preguntarle directamente c&#243;mo se siente sobrevivir al peso que transforma. &#191;Te parece? Esta vez, yo pago la cuenta. </p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Rachmaninov y las contradicciones]]></title><description><![CDATA[...o c&#243;mo reivindicar las cadencias]]></description><link>https://lauraarroyo.substack.com/p/rachmaninov-y-las-contradicciones</link><guid isPermaLink="false">https://lauraarroyo.substack.com/p/rachmaninov-y-las-contradicciones</guid><dc:creator><![CDATA[Laura Arroyo]]></dc:creator><pubDate>Sat, 13 Jun 2026 10:17:50 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!YHzH!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F069aac52-319a-4e03-b058-2ad80f86f51d_500x333.heic" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>No. No me gusta Rachmaninov. Honestidad antes de empezar. Si usted, lector o lectora, lo disfruta, lo busca, le da <em>play</em> habitualmente o lo encuentra &#8220;magn&#225;nimo&#8221; -como alguna vez un ex lo describi&#243; para m&#237; pese a mis se&#241;as de desaprobaci&#243;n- puede bien saltarse este texto. No hace falta dialogar siempre desde la diferencia y eso es exactamente lo que haremos. Y lo haremos porque Sergu&#233;i Rachmaninov y yo tenemos una relaci&#243;n contradictoria. Algunos podr&#237;an decir que excluyente, pero no ser&#237;a justo. Es <strong>simple y complicadamente</strong> contradictoria. &#201;l quiere lo que yo no y yo quiero lo que &#233;l no puede darme. Punto muerto.</p><p>Voy en un tren rumbo a Pamplona y suena &#8216;<em>Rhapsody on a Theme of Paganini</em>&#8217;. Miro por la ventana. Desierto, desierto, desierto. Le doy un sorbo al caf&#233; y suspiro. C&#243;mo me gusta el amargor del caf&#233;. Nunca vulnerar&#237;a esa cualidad de mi principal droga cotidiana ech&#225;ndole az&#250;car. Y he ca&#237;do en la primera contradicci&#243;n. Oigo la rapsodia de Rachmaninov y no aguanto la sobredosis de az&#250;car. Siempre la floritura, el acorde que vulnera para agigantarlo, la expresividad exagerada. Nunca hace falta, pero en el universo de Rachmaninov la sencillez es una palabra que no existe. Siento entonces el empalago hasta en la lengua. &#191;Es posible azucarar el caf&#233; con m&#250;sica? Si alguien puede, es Rachmaninov. Y odiamos el caf&#233; azucarado. Como dec&#237;a: &#233;l quiere lo que yo no y yo quiero lo que &#233;l no puede darme. En este viaje, enfoque. Por las noches, cadencia. <em>Cadencia</em>: esa secuencia de acordes o notas que te brindan resoluci&#243;n o conclusi&#243;n. Otro punto muerto. </p><p>He dicho que no me gusta Rachmaninov, pero para ser justa, deber&#237;a decir que no es que me disguste. Lo que ocurre es que no nos logramos entender. Nuestra relaci&#243;n se define por la distancia entre dos puntos que no guardan ninguna relaci&#243;n l&#243;gica entre s&#237;. Una distancia que se llena de notas y volumen. Rachmaninov me habla siempre en un lenguaje que no es m&#237;o y nunca le ha interesado acercarse, siquiera, a un l&#233;xico com&#250;n. Sus compases me resuenan a intranquilidad, a perturbaci&#243;n, a interferencia. No dir&#237;a &#8220;ruido&#8221;, porque hay un orden y un m&#233;todo. Tiene gram&#225;tica y caligraf&#237;a, pero no son m&#237;as. Son completamente suyas. Y yo -y mis o&#237;dos- buscamos conectar, pero Sergu&#233;i nos grita. Algunas no somos capaces de conectar cuando los decibelios son tan altos. La ternura, me digo, suena a algod&#243;n, pero Rachmaninov s&#243;lo me ofrece asfalto.</p><p>Suena ahora el <em>Vocalise, Op34, No.14</em> y le doy una oportunidad. Dura medio minuto.  Incluso en su m&#225;s &#237;ntima entrega, Rachmaninov necesita recordarme que, por si acaso, se trata de &#233;l. Su digitaci&#243;n lo desborda todo. Siento entonces la urgente necesidad de cambiar de <em>playlist</em> pero, si lo hiciera, no cumplir&#237;a con el m&#233;todo que nos hemos trazado. Hoy o&#237;mos Rachmaninov porque nos adentramos en las contradicciones. Hoy o&#237;mos Rachmaninov porque queremos incomodarnos. A veces es necesario incomodarse para conseguir la <em>cadencia</em>. A veces, solo atravesando la incomodidad llegamos a una puerta. Pero antes, mareas y volc&#225;n. Catarata y lava. Ahuashiyacu y Monte Vesubio. Tercera contradicci&#243;n: las puertas se abren con llaves, no con sangre o t&#237;mpanos agotados. Nota mental: Laura, deja de abrazar espinas cuando la vida te ofrece p&#233;talos.</p><p>Y esa nota mental me ha llevado a pensar en la <strong>adrenalina</strong>.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!YHzH!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F069aac52-319a-4e03-b058-2ad80f86f51d_500x333.heic" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!YHzH!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_424, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_webp, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F069aac52-319a-4e03-b058-2ad80f86f51d_500x333.heic 424w, 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enamoran pese a la prohibici&#243;n legal de hacerlo. En el universo de la pel&#237;cula, William y Mar&#237;a no pueden enamorarse, besarse ni hacer el amor porque supone la violaci&#243;n del C&#243;digo 46. La penalidad es el exilio o el borrado de la memoria. Otro tipo de exilio. Tal vez peor. &#191;Qu&#233; somos sin nuestros recuerdos? Cuerpos vac&#237;os y aut&#243;matas seguramente, pero algo me dice que sonreir&#237;amos m&#225;s f&#225;cilmente. Otra contradicci&#243;n. &#191;No te gustar&#237;a sonre&#237;r m&#225;s? A veces, dudo.</p><p>En <strong>Code 46</strong>, a Mar&#237;a le inoculan un virus que garantice su distancia de William. El virus es sencillo: adrenalina. William es el gatillo. Cada vez que lo vea, su cuerpo lo reconoce como amenaza y se prepara para hacer lo que hace la adrenalina: huir. Sin embargo, ella le pide que la detenga. Que la fuerce a vencer al virus, es decir, a contradecir a todo su cuerpo. El resultado es, evidentemente, catastr&#243;fico. Siempre hay cat&#225;strofe cuando no oyes a tu cuerpo aunque el cuerpo sea un dictador que te condene al exilio. El cuerpo no es sabio, es s&#243;lo profundamente poderoso y, generalmente, ego&#237;sta. &#191;C&#243;mo desactivarlo? Otra contradicci&#243;n. Otro punto muerto. Esa no es la pregunta correcta. La pregunta correcta es: &#191;por qu&#233; te preguntas c&#243;mo desactivar a quien manda? o &#191;por qui&#233;n?</p><p>Es la adrenalina, me digo entonces, lo que me impulsa a querer pausar a Rachmaninov en este viaje. Su universo elefanti&#225;sico, gigantomorfo y exagerado me ofrece lo que no quiero porque &#233;l quiere lo que yo no y yo quiero lo que &#233;l no puede darme. Ahora mismo, paz. Compases de espera. Silencio de negra, como el tatuaje que llevo en la mu&#241;eca izquierda. Y entonces, la adrenalina entra en escena como una gacela. Pero la adrenalina no solo moviliza al cuerpo, tambi&#233;n a la cabeza. Me fuerza entonces a examinar cada uno de los defectos de Rachmaninov. A detenerme en cada cosa que no me gusta. Y ya no es s&#243;lo el piano, su digitaci&#243;n, su expresividad o su constante pretensi&#243;n. Es tambi&#233;n su clase arist&#243;crata, su ideolog&#237;a conservadora, su ascendencia militarista, su individualismo, su egocentrismo y hasta su signo del zodiaco: Aries.</p><p>La adrenalina ha iniciado su curso y ahora no hay vuelta atr&#225;s. Pongo en pausa la <em>playlist</em> y cambio de m&#250;sica. Respiro. Sorbo de caf&#233;. Vuelve a estar amargo. Vuelve a hacerme bien. Me contengo, sin embargo, borrar el historial de mis escuchas. Soy capaz de escapar de su eco sin borrar su rastro. A fin de cuentas, soy virgo. Y no quiero quedarme sin recuerdos. He entendido, de pronto, que <em>adrenalina</em> y <em>l&#237;mites</em> pueden ser sin&#243;nimos, y que ambos juntos consiguen lo buscado: <strong>cadencia</strong>. Esa secuencia de acordes o notas que te brindan resoluci&#243;n o conclusi&#243;n.</p><p>No necesito incomodarme tanto para encontrar una puerta, me digo. No necesito lava volc&#225;nica. Hay belleza en la simpleza. A veces, la mejor partitura es la que no te rompe la cabeza. La que no te pide un <em>da capo al fine</em>. La que nunca te hace querer huir. Pero no se confunda, lector, no reivindico el silencio ni la huida. Reivindico la pausa. La necesaria pausa que nos exige la adrenalina al protegernos de una amenaza. Como ese segundo infinito en el que tomamos aire antes de empezar hablar. &#191;Alguna vez has querido habitar por siempre ese segundo? Hoy, confieso, estoy aqu&#237; y no quiero moverme&#8230;</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Grieta en el silencio]]></title><description><![CDATA[...o c&#243;mo neutralizar ojos que gritan]]></description><link>https://lauraarroyo.substack.com/p/grietas-en-el-silencio</link><guid isPermaLink="false">https://lauraarroyo.substack.com/p/grietas-en-el-silencio</guid><dc:creator><![CDATA[Laura Arroyo]]></dc:creator><pubDate>Sun, 31 May 2026 19:03:22 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!vukM!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5aaa7f7b-8e99-449a-931c-a7e823aafe2b_1177x1156.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Si vamos a hablar de los silencios, me digo, habr&#225; que hacerlo de verdad. El plan inicial, por tanto, era escribir este texto de forma excepcional; es decir, en silencio. Sin banda sonora. Pero el m&#233;todo se cuela siempre entre las grietas de las intenciones m&#225;s rebeldes. No se puede hablar sin sonar. Y pese a que el plan inicial es siempre el mejor plan, hemos decidido -la Laura racional y la que improvisa (que existe)- cederle la victoria al plan B. Lo que haremos es no decir lo que oigo para no percudir este art&#237;culo que habla de lo contrario, de los silencios. Un poco de autoenga&#241;o y de <strong>trampa</strong> en un domingo de licencias tramposas, sin duda.</p><p>El silencio y la trampa tienen una relaci&#243;n s&#243;lida. El primero abre el espacio. La segunda, enga&#241;a. El primero construye un horizonte de infinitas posibilidades. La segunda profana las posibilidades y las convierte en broma, iron&#237;a, cinismo o locura. &#191;C&#243;mo confiar en el silencio cuando trae trampas bajo el brazo de cada manecilla del reloj? Creando una trampa a&#250;n mayor. Haciendo del enga&#241;o un m&#233;todo. Desmontando la trampa con otra mejor elaborada. Regal&#225;ndole todo el poder al absurdo. Enloqueciendo a voluntad.</p><p>Voy en el tren rumbo a Madrid oyendo m&#250;sica de la que no vamos a hablar, pensando en la fractura del silencio que ocurre en mis o&#237;dos. &#191;Qu&#233; suena? La trampa. Pero a la vez, esa trampa le da sentido al silencio al romperlo. Algunos dir&#237;an que esta reflexi&#243;n es un c&#237;rculo vicioso. Pero en realidad es todo lo contrario. Ni c&#237;rculo ni vicioso: <em>realidad</em>. &#191;Existe el silencio? &#191;Qu&#233; clase de silencio existe del todo? &#191;Cu&#225;l es su materialidad? &#191;Apagamos los sentidos alguna vez antes de morir? &#191;C&#243;mo es el silencio si el tacto est&#225; vivo? &#191;C&#243;mo es el silencio si sientes hambre? &#191;C&#243;mo es el silencio si no puedes dejar de pensar? Esa es la trampa. El silencio no se define por su cualidad obvia: la insonoridad. Y por eso, en este tren, he pensado en los ojos.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!0hft!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff2c972b8-3502-480d-a9cb-222bbef0f8fd_225x225.heic" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!0hft!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_424, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_webp, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff2c972b8-3502-480d-a9cb-222bbef0f8fd_225x225.heic 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!0hft!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_848, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_webp, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff2c972b8-3502-480d-a9cb-222bbef0f8fd_225x225.heic 848w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!0hft!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_1272, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_webp, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff2c972b8-3502-480d-a9cb-222bbef0f8fd_225x225.heic 1272w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!0hft!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_1456, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_webp, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff2c972b8-3502-480d-a9cb-222bbef0f8fd_225x225.heic 1456w" sizes="100vw"><img src="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!0hft!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff2c972b8-3502-480d-a9cb-222bbef0f8fd_225x225.heic" width="225" height="225" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/f2c972b8-3502-480d-a9cb-222bbef0f8fd_225x225.heic&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:null,&quot;height&quot;:225,&quot;width&quot;:225,&quot;resizeWidth&quot;:null,&quot;bytes&quot;:4436,&quot;alt&quot;:null,&quot;title&quot;:null,&quot;type&quot;:&quot;image/heic&quot;,&quot;href&quot;:null,&quot;belowTheFold&quot;:false,&quot;topImage&quot;:true,&quot;internalRedirect&quot;:&quot;https://lauraarroyo.substack.com/i/200017483?img=https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff2c972b8-3502-480d-a9cb-222bbef0f8fd_225x225.heic&quot;,&quot;isProcessing&quot;:false,&quot;align&quot;:null,&quot;offset&quot;:false}" class="sizing-normal" alt="" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!0hft!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_424, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_auto, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff2c972b8-3502-480d-a9cb-222bbef0f8fd_225x225.heic 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!0hft!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_848, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_auto, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff2c972b8-3502-480d-a9cb-222bbef0f8fd_225x225.heic 848w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!0hft!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_1272, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_auto, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff2c972b8-3502-480d-a9cb-222bbef0f8fd_225x225.heic 1272w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!0hft!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_1456, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_auto, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff2c972b8-3502-480d-a9cb-222bbef0f8fd_225x225.heic 1456w" sizes="100vw" fetchpriority="high"></picture><div></div></div></a></figure></div><p>Mam&#225; tiene ojos color caramelo. Su mirada desprende <em>olor</em> a caramelo como efecto involuntario de la belleza de sus iris. Hay ojos que hablan y hay otros que se huelen, se podr&#237;a decir. Su dulzura, por tanto, no se puede esconder ni a&#250;n queri&#233;ndolo. El grito de su par caramelo inunda el espacio y rompe cualquier silencio. Esa es una de las herencias m&#225;s poderosas de mi abuela que s&#243;lo hered&#243; a uno de sus 18 nietos la elocuencia de su propio par poderoso. No es la claridad del iris, sino su potencia. Nosotros, los dem&#225;s, aprendemos a hablar fuerte de otros modos porque nuestros ojos siempre buscan amortiguar el sonido. Hay ojos que nunca han aprendido a hablar. S&#243;lo susurran. Susurran inseguros aunque vayan decorados de purpurina, delineadores y sombras. Susurran frente al espejo y le susurran al amante. Susurran dolores y posibilidades. Pero siempre susurran. Nunca se atreven a subir el volumen. A estas alturas parece que ni saben c&#243;mo hacerlo. Algunas tenemos ojos condenados a hablar bajito. A ser o&#237;dos s&#243;lo por quien los porta hasta que un d&#237;a, si tenemos suerte, alguien aprende a descifrar el lenguaje del susurro de nuestros ojos.</p><p>El iris, esa membrana circular coloreada de los ojos, es tambi&#233;n silencio. O, mejor dicho, es el silencio y es su trampa. Se convierte en un articulador profesional de la protecci&#243;n, en el escudo de los ojos, en la trampa salvadora. Se contrae y dilata para regular la cantidad de la luz que luego la pupila registra. Anuncia la llegada de la luz o la ausencia de ella. Y al hacerlo, he aqu&#237; la trampa, rompe el silencio de los ojos. Los llena de sonido, los inunda de otro sentido. Nacen entonces los ojos que esconden, los ojos que lloran, los ojos que a&#250;llan, los ojos que gritan. El iris, la trampa que se r&#237;e de nosotros cada vez que le devolvemos la mirada &#191;Me ves? No lo s&#233;, pero te oigo al mirarte. Fin del silencio. </p><p>&#191;Qu&#233; es m&#225;s poderoso entonces? &#191;El silencio o la trampa? &#191;Podemos confiar en un silencio que no existe? &#191;C&#243;mo apagar los sentidos para o&#237;r de verdad el <em>silencio</em>? &#191;Queremos hacerlo?</p><p>Sostener la mirada es, por eso, un abismo. Y hacerlo es, por lo mismo, rebeld&#237;a, revoluci&#243;n, conexi&#243;n&#8230;y, a veces, suicidio. El iris se coloca en posici&#243;n mientras nuestro coraz&#243;n se acelera. Y en ese segundo eterno de tu grito desesperado a todo volumen, brotan el silencio y la trampa a la vez por el par que habita bajo tus cejas. El espectador puede, entonces, asustarse y huir o asustarse y sostener la mirada. El espectador puede decir &#8220;te oigo&#8221; mirando cara a cara a la trampa de tus ojos. El espectador puede entonces, enloquecer.</p><p>Y entonces, s&#243;lo entonces, el iris desconcertado entiende por fin que <em>aquesta llum blanca ha quedat mal encesa</em>. Fin de la trampa. Al silencio le nace una grieta. </p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Eyesore (monstruosidad)]]></title><description><![CDATA[...o c&#243;mo escribir sobre el amor de un monstruo]]></description><link>https://lauraarroyo.substack.com/p/eyesore-monstruosidad</link><guid isPermaLink="false">https://lauraarroyo.substack.com/p/eyesore-monstruosidad</guid><dc:creator><![CDATA[Laura Arroyo]]></dc:creator><pubDate>Sun, 17 May 2026 15:25:52 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!OZrV!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F9df2e8d3-bbc4-48f8-ae47-a881013aef3f_321x322.heic" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Lo que pasa con <strong>James Blake</strong> es que es uno de estos artistas a los que hay que pelar como a una cebolla. Primero la capa musical y luego la capa vocal que eriza la piel. Bueno, ese es mi m&#233;todo, habr&#225; quien lo haga al rev&#233;s. Pero tenemos tambi&#233;n la capa l&#237;rica que con el minimalismo de quien no aspira a hacer poes&#237;a sino a narrar cosas con naturalidad, nos lleva de la mano hacia un universo que siempre parece hogar; o, por supuesto, la capa electr&#243;nica con su ruptura imperfecta. Y no perdamos de vista tampoco la capa experimental y, por supuesto, al resultado atmosf&#233;rico de una suma que es lo opuesto a la aritm&#233;tica: es arte. Arte imperfecto. A veces incompleto, generalmente inesperado. Podr&#237;amos decir que monstruoso. &#161;Qu&#233; poco imaginamos la monstruosidad como sosiego!  No dejo de pensar en los monstruos esta tarde.</p><p>Cuando o&#237; por primera vez el <strong>&#8216;</strong><em><strong><a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Trying_Times_(album)">Trying times</a></strong></em><strong>&#8217;</strong> (marzo 2026) de Blake supe que no estaba lista para hacerle justicia con los o&#237;dos. La m&#250;sica no siempre llega cuando estamos preparados para ella. Es una se&#241;al de humildad entender que el arte nos necesita en ciertas coordenadas para apreciarlo. Este fin de semana, sin embargo, la historia es otra. La participaci&#243;n de <strong>Blake</strong> en <em><a href="https://youtu.be/R7FMbxlRERk?si=H_3GWYc81c88hRwK">Colors</a></em> ha terminado de abrazarme en tiempos donde necesitamos m&#225;s abrazos imperfectos. Entrecortados, desproporcionados, entre cuerpos asim&#233;tricos, con incomodidad, con ruido, con risa nerviosa, con temblor, con sudor, con choque que nos genera alg&#250;n moret&#243;n. No es un tema est&#233;tico, es pol&#237;tico. Llevamos todo el 2026 diciendo que el <em>orden</em> ha muerto y lo creo. Pero el <em>orden</em> es todo el ORDEN. Tambi&#233;n la imagen de lo perfecto, de lo normal dentro de ese orden, de la subjetividad de &#8220;lo otro&#8221;, de la narrativa sobre los monstruos. Mis hermanos, los monstruos.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!OZrV!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F9df2e8d3-bbc4-48f8-ae47-a881013aef3f_321x322.heic" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!OZrV!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_424, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_webp, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F9df2e8d3-bbc4-48f8-ae47-a881013aef3f_321x322.heic 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!OZrV!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_848, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_webp, 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No por por no entender el amor, sino porque el significante est&#225; percudido. Es lo que tiene llegar a las cuatro d&#233;cadas. &#8216;Amor&#8217;, esas cuatro letras que encierran un remolino de emociones en la liviandad de su sonido. Ayer, tras una charla sobre feminismos como ant&#237;doto al fascismo, volvi&#243; a surgir esa palabra y mi cuerpo volvi&#243; a temblar. &#191;Frente al fascismo, amor? No puedo decir que no, pero tampoco que s&#237;. Lo que reivindico es la politizaci&#243;n del dolor, la politizaci&#243;n del enfado, la politizaci&#243;n (siempre colectiva) de la rabia que nos invade en un mundo que no nos ama, que nos expulsa, que nos secuestra, que nos encorseta, que nos mata. Pero entonces, la balanza se inclina, &#191;no es una enorme se&#241;al de amor querer reventarlo todo en tiempos donde ese &#8220;todo&#8221; es cruel?</p><p>Y entonces he pensado en los monstruos. </p><p>En &#8216;<em><strong><a href="https://www.filmaffinity.com/es/film833687.html">La Sustancia</a></strong></em>&#8217; (2024), Demi Moore da vida a Elizabeth Sparkle, una estrella de Hollywood que, con el paso de los a&#241;os, deja de ser estrella, deja de ser Hollywood, deja de ser deseada&#8230;deja de <em>ser</em>. Para seguir siendo, entonces, decide usar un suero que crea una versi&#243;n m&#225;s joven de s&#237; misma bajo la promesa de que ambas (el resultado y ella) serian &#8220;una sola persona&#8221;. Pero nunca, y esto es lo que resulta clave, &#8220;la misma persona&#8221;. Sparkle se convierte as&#237; en su propio monstruo. Se mata anticipadamente por la promesa de un futuro m&#225;s largo y un legado que, en su construcci&#243;n, le permitiera volver a experimentar el fuego de ser &#8220;parte&#8221; en lugar de ser &#8220;otra&#8221;. Hay m&#250;ltiples an&#225;lisis de esta pel&#237;cula que me gusta especialmente, pero me detendr&#233; en esta arista. En este sistema, en este &#8220;orden&#8221; muerto, en este mundo de guerras, genocidios, impunidad y crueldad, todos podemos convertirnos en aquellos &#8220;otros&#8221; que son los monstruos para el sistema. <em><strong>Todos</strong></em> somos potencialmente esos monstruos aunque de momento contemos con un <em>passing</em> completamente temporal. James Blake dir&#237;a <em>something&#8217;s wrong in the city I was born in/ Something&#8217;s wrong in the countryside/ Everyone&#8217;s gettin different information/ So how can we get on the same side? </em>No se puede, James, a menos que aceptemos que no necesitamos ser parte de un todo, sino los monstruos contra ese <em><strong>todo</strong></em> que han construido a nuestras espaldas (y a nuestra costa).</p><p>&#191;Y el amor? Ah&#237;, esperando que seamos capaces de <em>monstruizarlo</em>. &#191;C&#243;mo amar a un monstruo? Deviniendo en uno. Es m&#225;s f&#225;cil de lo que parece. Para este sistema, todos lo somos. De eso tambi&#233;n va el disco de Blake. De hablarnos del amor en tiempos de ruptura de todo, incluso de las ideas que ten&#237;amos sobre el amor: <em>I don&#8217;t know how we got here/ I thing we might be sleeping/ I think we might be walking/ To the death of love. </em>Y tanto. A la muerte de <em>este tipo</em> de amor. No me gusta la palabra, pero s&#237; la idea, de poder profanar al amor. De dotarlo de otro sentido, de llenarlo de saliva, grasa, balbuceo. De recuperar la idea bastarda no del amor de la periferia, sino del &#250;nico tipo de amor posible en tiempos donde el centro nos vende un amor cruel, excluyente, asesino. S&#237;, hacemos pol&#237;tica por amor, me digo, pero porque entendemos el amor como furia transformadora. Encuentro m&#225;s amor en el fusil de quien resiste que en un beso. Esto es tambi&#233;n cambiar el orden. Pensar el amor en coordenadas que nos liberen de las caricias para ense&#241;arnos a acariciar de otra forma. Con fractura, huesos rotos, escayolas&#8230;</p><p>En tiempos donde la perfecci&#243;n es bestia, donde lo aceptado es Trump, Gaza, Netanyahu, Milei, Bukele o Kast; donde &#8220;lo perfecto&#8221; es cruel, no me basta un &#8220;hacemos pol&#237;tica por amor&#8221;. Necesito desesperadamente que el amor ruja. Que deje de conformarse con flores en el pavimento, o escenas de amor interracial en alguna pel&#237;cula como si eso fuera revolucionario. Necesitamos amor cotidiano en otros c&#243;digos. Abrazar a los monstruos, SER monstruos y amar monstruosamente.  Mi monstrua, aqu&#237; dentro, me lo pide. Tal vez esa s&#237; que es la se&#241;al de amor m&#225;s grande con una, dejarla ser. Con sus cicatrices. Fea, grosera, sucia&#8230;</p><p>La fil&#243;sofa anticolonial -y hermana de mi vida- Carolina Meloni, en &#8216;<a href="https://www.akal.com/libro/la-instancia-subversiva_54276/">La instancia subversiva</a>&#8217; habla de c&#243;mo <em>&#8220;los cuerpos feminizados, racializados o no pertenecientes a determinados espacios del saber, habitan siempre los inciertos mundos del balbuceo&#8221;</em>. Tiene raz&#243;n, pero hay m&#225;s. Ese incierto mundo del balbuceo no cuenta con el aforo completo. En este 2026 de tuercas apretadas, de ahogamiento, de bestialismo capitalista, no dejo de pensar en que todos balbuceamos de alguna forma. Y que esa lengua balbuceante es en s&#237; misma un sujeto pol&#237;tico. </p><p>Siempre decimos que nos parecemos m&#225;s a un migrante que no puede pagar el alquiler que a un especulador due&#241;o de diez edificios. S&#237;, es verdad. Pero a veces uno no quiere admitirlo porque la imagen  aspirativa es otra. Por ese anhelo de &#8220;no ser&#8221; ese monstruo expulsado de todos los barrios y los pa&#237;ses. Reivindiquemos, por eso, al monstruo que somos. Al balbuceo que hablamos. El amor en tiempos de olor a muerte solo puede ser monstruoso. Porque la belleza est&#225; ah&#237;, en esa imperfecci&#243;n monstruosa. Somos los monstruos quienes venceremos a las bestias. </p><p>No s&#233; si Blake pensara en todo esto cuando compuso &#8216;<em><strong>Trying times</strong></em>&#8217;, pero me regal&#243; la excusa perfecta con ese &#8220;<em>I am an eyesore/ You&#8217;re a sight for sore eyes</em>&#8221; (Soy una monstruosidad / Eres un espect&#225;culo para los ojos de una monstruosidad). Ojal&#225; construir un mundo donde la monstruosidad no s&#243;lo sea admirada, sino tambi&#233;n amada. O, mejor a&#250;n, deseada. Mi monstrua, por fin, podr&#237;a salir a pasear.</p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Las mujeres que me habitan ]]></title><description><![CDATA[Somos en realidad, todas las mujeres que nos habitan.]]></description><link>https://lauraarroyo.substack.com/p/las-mujeres-que-me-habitan</link><guid isPermaLink="false">https://lauraarroyo.substack.com/p/las-mujeres-que-me-habitan</guid><dc:creator><![CDATA[Laura Arroyo]]></dc:creator><pubDate>Sun, 10 May 2026 13:28:46 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PPTM!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc07a1c95-3b0d-48d1-85e4-4ebe5f631f5e_401x627.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Somos en realidad, todas las mujeres que nos habitan. Me lo digo frente al espejo antes de salir de casa, en el suspiro breve antes de empezar el programa, en los umbrales de las puertas que anticipan jornadas dif&#237;ciles y en el coche, mi mayor rinc&#243;n de estabilidad en el mundo. </p><p>Soy todas las mujeres que me habitan. Soy sus voces, su luchas, sus fuerzas. Soy sus trenzas, sus manos, sus anhelos. Sus errores y sus aciertos. Sus victorias y sus lamentos. Somos, al final del d&#237;a, una herencia. Existimos porque fueron, y somos porque siguen siendo. </p><p>Por eso soy la fuerza huracanada de mam&#225;. Su despliegue de energ&#237;a a cualquier hora del d&#237;a. Sus ganas de hacerlo todo, de abrazarlo todo, de repartirlo todo, hasta su vida. Soy su generosidad. Cada ma&#241;ana al escribir el cierre lo recuerdo. Escribo palabras que no son solo m&#237;as, son de ella. Porque ella me habita.</p><p>Y ella es tambi&#233;n In&#233;s. Es su valent&#237;a migrante. Es su fuego guerrero. Es sus ojos color oro reconvertidos hoy en todos los ojos que conozco. Mam&#225;, la leona de ojos caramelo y mi abuela un colibr&#237; de ojos de oro. No s&#233; c&#243;mo, esta vida que me toc&#243;, me pudo dar tanta fortuna. </p><p>Porque In&#233;s es tambi&#233;n Mam&#225; Carmen y Mam&#225; Victoria. Es, por tanto, el amor inconmensurable de quienes acogen y abrazan a quien lo requiera. La crianza de las que se bautizan madres sabiendo que la maternidad excede la biolog&#237;a. Por eso In&#233;s nos ense&#241;&#243; a abrazar sin importar razones al igual que mam&#225; que lleva abrazando y amando a ni&#241;os en la escuela durante d&#233;cadas.</p><p>Soy las mujeres que me habitan y solo espero hacerlas sentir orgullosas. Por eso celebramos a las madres. Porque no son una figura mitificada ni id&#237;lica. Escapo del ritual de la maternidad mal entendida como sacrificio obligatorio o como infalibilidad de mujeres. Celebramos a las madres -o al menos yo as&#237; celebro a la m&#237;a- porque son ancestralidad, territorio y ra&#237;z. Porque me habitan en cada gesto y cada temblor. Pienso y siento a mam&#225; justo en el momento en que me tiembla el tobillo izquierdo y s&#233; que aunque no se lo diga, ella lo siente tambi&#233;n y me coge de la mano para no cojear. Esta semana nos ha pasado. Yo lo s&#233;. Ella tambi&#233;n. </p><p>Es el d&#237;a de la madre en el Per&#250;. Uno de esos d&#237;as que la migraci&#243;n te hace amar a la vez que detestar. La distancia tiene estas cosas. Pero en esa ambivalencia y en esa paradoja hay tambi&#233;n certezas. Como que mam&#225; elige cada d&#237;a quedarse a vivir dentro de m&#237;. Habitarme con orgullo. Y ayer, adem&#225;s, me envi&#243; esa hermosa foto de la abucha como si supiera que esta ma&#241;ana escribir&#237;a este texto y que me urg&#237;a desesperadamente suspirar mir&#225;ndola sonre&#237;r un ratito. </p><p>Hay cosas que con la migraci&#243;n se alteran para siempre. Nunca vuelven a ser iguales. Como las fracturas sobre piezas de cer&#225;mica. No hay pegamento que valga. Sin embargo, hay muy pocas cosas que trascienden. Que no var&#237;an. Que perduran en tiempos de inmediatismo y fugacidad. Hay plantas que florecen en los terrenos m&#225;s agrestes. Como la infalible sensibilidad de mam&#225; que sabe cu&#225;ndo necesita sostenerme para no caer. Como cuando aprend&#237;a a caminar, o como esta semana. </p><p>Amar es tambi&#233;n esto. Conectar.  Mantener los refugios donde todav&#237;a podemos ser peque&#241;as ni&#241;as aprendiendo a caminar. </p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!PPTM!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc07a1c95-3b0d-48d1-85e4-4ebe5f631f5e_401x627.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!PPTM!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_424, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_webp, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc07a1c95-3b0d-48d1-85e4-4ebe5f631f5e_401x627.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!PPTM!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_848, 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mariposa, estoy segura.]]></description><link>https://lauraarroyo.substack.com/p/paisajes-infinitos</link><guid isPermaLink="false">https://lauraarroyo.substack.com/p/paisajes-infinitos</guid><dc:creator><![CDATA[Laura Arroyo]]></dc:creator><pubDate>Sat, 02 May 2026 19:55:01 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!vukM!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5aaa7f7b-8e99-449a-931c-a7e823aafe2b_1177x1156.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Cuando en 2007, la banda de Texas <strong>Explosions in the Sky</strong>, public&#243; el &#225;lbum <em>&#8216;All of a sudden I miss everyone&#8217;</em> no se imaginaron el efecto mariposa, estoy segura. Seis temas de post-rock que nunca me han hablado de mundos posibles, sino de los mundos que conozco. Tal vez ese es su m&#233;rito. Ellos las llaman &#8220;mini sinfon&#237;as cat&#225;rticas&#8221;, pero yo s&#243;lo puedo imaginarme paisajes. Empiezan a sonar y una sinfon&#237;a de paisajes se apodera de mi cabeza. Los paisajes que echo de menos, los que dej&#233; de transitar por precauci&#243;n o por dolor, los que son hogar, los que significan algo para alguien a quien quieres, los que quisieras volver a habitar&#8230; </p><p>Los paisajes son personales e intransferibles. Nadie puede habitarlos igual porque nadie puede conocerlos as&#237;. Y eso es hermoso. El paisaje del cuerpo de aquel viejo amante que me ense&#241;&#243; lo que era la palabra &#8220;enamorarse&#8221; es irrepetible. Su sonrisa t&#237;mida, sus ojos pardos y sus manos fuertes son paisajes con aroma, sonido y acento, pero solo yo puedo acceder a ellos.  Estos paisajes fueron alguna vez mi recuerdo favorito. Hace una vida de eso, pero &#233;l, lo he recordado hoy, fue quien me present&#243; a <strong>Explosions in the Sky</strong>. Hay gente que aparece en tu vida con un prop&#243;sito, me digo. Aunque sea absurdo. El suyo fue presentarme a esta maravillosa banda. Me qued&#233; con la banda y le devolv&#237; todo lo dem&#225;s. Ya no me hac&#237;a falta.</p><p>Hoy volv&#237; al disco voluntariamente. Hay d&#237;as en que una siente que <em>quiere</em> extra&#241;ar. Eso que en Espa&#241;a llaman &#8220;echar de menos&#8221;, pero que para m&#237; no significa exactamente lo mismo. Grises sem&#225;nticos de la migraci&#243;n de los que deber&#237;amos hablar m&#225;s. Es verdad que no siempre podemos &#8220;programar&#8221; extra&#241;ar a alguien. Pero si alguna vez puedes, <em>deber&#237;as</em>. Hay algo saludable en dejarnos invadir por los vac&#237;os de vez en cuando y sentir el v&#233;rtigo de la tristeza transformarse en suspiro. Por eso esta tarde le di play al disco y dej&#233; que mi cabeza hiciera lo suyo. El m&#233;todo es simplemente infalible para el prop&#243;sito deseado. Una sinfon&#237;a de paisajes se apoder&#243; de mi cabeza de pronto. No sab&#237;a, sin embargo, reconocerlos al inicio. &#191;D&#243;nde estoy? &#191;Qu&#233; paisaje estoy habitando?</p><p>Esta tarde fuimos a un paisaje infinito. Los paisajes infinitos, eso s&#237;, pueden ser muy peque&#241;os. Tan diminutos que no te detienes en ellos pese a tenerlos frente a ti y, sin embargo, son surcos que delinean la inmensidad. Hoy estuve en uno de ellos. En esa arruga larga y sutil del rostro de mi abuela. Esa arruga que se aparec&#237;a alrededor de sus labios cuando la hac&#237;an sonre&#237;r. No era ella una mujer de muchas sonrisas, pero cuando sonre&#237;a todo su rostro se pon&#237;a manos a la obra. Aparec&#237;an entonces paisajes infinitos alrededor de su boca y se dirig&#237;an hacia sus ojos de oro. Esos ojos que eran poes&#237;a incluso cuando me reprend&#237;a. Porque reprend&#237;a con la voz pero nunca con los ojos. No pod&#237;a. Si hubiera podido elegir qu&#233; heredar de ella, ser&#237;an esos ojos habladores. &#191;Alguna vez has conocido a alguien con voz en los ojos? </p><p>Con su sonrisa, adem&#225;s, siempre ocurr&#237;a otro efecto maravilloso: mi abuela se hac&#237;a m&#225;s alta. Siempre que sonre&#237;a la ve&#237;a crecer frente a m&#237;. Sentada o de pie, de pronto se hac&#237;a m&#225;s alta, m&#225;s bella, m&#225;s invencible. Como si le hiciera falta. &#8220;Mami, &#191;qu&#233; has hecho?&#8221; me preguntaba y ante mi explicaci&#243;n absurda empezaba la obertura de la m&#225;s hermosa de sus obras: su sonrisa. Una sonrisa que luego se pod&#237;a volver carcajada si mi cara de desconcierto se manten&#237;a. Esa arruga indicaba que todo en el mundo ten&#237;a sentido. In&#233;s sonre&#237;a. Es la arruga m&#225;s importante de mi vida.</p><p>Por eso no creo que <strong>Explosions in the Sky</strong> supieran del efecto mariposa. &#191;C&#243;mo podr&#237;an imaginar que  al otro lado del charco una peruana que ya lo cruz&#243; para migrar, regresa una tarde de s&#225;bado en 2026 a su disco de 2007 con el prop&#243;sito de, como bien dice el t&#237;tulo, &#8220;extra&#241;ar&#8221; a todo el mundo? En el &#8220;todo el mundo&#8221; de la banda no est&#225; mi abuela, pero en mi &#8220;todo el mundo&#8221; s&#243;lo existe ella esta tarde. Y hemos podido conversar mientras sonaba &#8220;So long, Lonesome&#8221;, el perfecto tema para volver a verla sonre&#237;r y hacerse enorme delante de m&#237;. </p><p>Confieso, sin embargo, que aunque el t&#237;tulo lo exigiera no he podido despedirme. </p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[¿Cómo suena un cese al fuego?]]></title><description><![CDATA[Por eso se vuelve a discos como el &#8216;Docile&#8217;. Y por eso oigo en loop &#8216;Ceasefire&#8217;. Porque quiero algo que suene a &#8220;cese al fuego&#8221; en tiempos donde lo &#250;nico que puedo escuchar son bombas.]]></description><link>https://lauraarroyo.substack.com/p/como-suena-un-cese-al-fuego</link><guid isPermaLink="false">https://lauraarroyo.substack.com/p/como-suena-un-cese-al-fuego</guid><dc:creator><![CDATA[Laura Arroyo]]></dc:creator><pubDate>Sat, 11 Apr 2026 09:03:48 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!30Ng!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7f47a7ea-3ca9-4de6-8e6c-6f0f57058d3f_600x518.heic" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Voy en un tren oyendo el &#8216;Docile&#8217; de Peter Broderick, un multiinstrumentista estadounidense que en 2007 entr&#243; en el estudio y grab&#243; en una misma noche (hay quien dice que en muy pocas horas) su &#225;lbum debut. Los diez temas que conforman el &#8216;Docile&#8217; suenan, en efecto, a un momento vital. Es lo que tienen los arranques art&#237;sticos. Que surgen gatillados por impulsos de muy dentro, pero al nacer no se llevan el impulso, sino que lo terminan tocando todo. A veces para bien. Esa noche en el estudio donde Broderick -sabi&#233;ndolo o no- grab&#243; lo que en adelante ser&#237;a uno de sus discos m&#225;s referenciales no por la complejidad de los temas, sino por la atm&#243;sfera del arranque, ocurri&#243; precisamente eso. Lo impregn&#243; todo. Llegu&#233; al &#8216;Docile&#8217; varios a&#241;os tarde, he de decir. Porque llegu&#233; a Broderick por otro disco posterior, pero hay algo en los inicios cuando no los planificas. En &#8216;Docile&#8217; todo suena honesto. Es un disco donde cada tema te inspira confianza, a&#250;n cuando la grabaci&#243;n carece de las producciones que pulen cada rinc&#243;n de los compases. O precisamente por eso la honestidad se abre camino. Y el resultado es un disco al que merece la pena retornar no cotidianamente, sino en el momento justo. En los arranques. Como en este tren donde al o&#237;r &#8220;Ceasefire&#8221; -sexto tema del <em>tracklist</em>- he pulsado el bot&#243;n de repetir. &#191;A qu&#233; suena un cese al fuego?</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!30Ng!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7f47a7ea-3ca9-4de6-8e6c-6f0f57058d3f_600x518.heic" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!30Ng!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_424, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_webp, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7f47a7ea-3ca9-4de6-8e6c-6f0f57058d3f_600x518.heic 424w, 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Que las rutinas nos hacen sentir seguros, que nos gustan las costumbres y en cada costumbre nace una certeza. Y tiene raz&#243;n (como siempre). Pero as&#237; como existen siempre refranes para una cosa y la contraria, esta verdad tiene contraparte, porque somos seres de h&#225;bitos a la vez que nos vanagloriamos de nuestra capacidad de resiliencia y adaptaci&#243;n. Ese supremacismo humano que reivindica su superioridad especista a veces con sutileza y generalmente con brutalidad. Nos definimos como excepcionales y aplaudimos esa capacidad de adaptaci&#243;n que tanto parece gustarnos porque tambi&#233;n nos da una certeza: somos invencibles. O al menos, podemos serlo. Hollywood se ha hecho de dinero con pel&#237;culas que reivindican precisamente eso. Las historias de los casos concretos e individuales de los que se &#8220;adaptaron&#8221; a las llamas o al abismo. No es sexy un gui&#243;n que plantea una humanidad entera sobreviviendo, pero s&#237; algunos nombres espec&#237;ficos. H&#233;roes con nombre propio, por ah&#237; alguna hero&#237;na que se les cuela (nunca racializada, eso s&#237;), que contra todo pron&#243;stico sobrevive a las mareas, al tsunami o al meteorito mientras llora a todos aquellos que no lograron sobrevivir. Guiones de la excepcionalidad que nos han metido hasta en la sopa desde muy peque&#241;os para que crezcamos pensando que podemos ser excepcionales en tiempos de fin del mundo. Que llegado el momento, a lo mejor, qui&#233;n sabe, puedes ser t&#250; el elegido. Y que est&#233;s preparado para llevar en tus hombros el peso del nuevo mundo, pero que podr&#225;s hacerlo porque el ser humano se adapta y nuestra tecnolog&#237;a avanza lo suficiente como para construir arcas de No&#233;. </p><p>Y ah&#237; surge la enorme contradicci&#243;n. &#191;Somos antes seres de costumbres o de enorme capacidad de adaptaci&#243;n? </p><p>La adaptaci&#243;n lleva dentro mucha trampa. Porque en tan s&#243;lo cuesti&#243;n de meses hemos normalizado que el bot&#243;n rojo est&#233; en manos de la impredictibilidad absoluta. Palabras como &#8216;guerra mundial&#8217;, &#8216;amenaza nuclear&#8217; o &#8216;ultim&#225;tum&#8217; han entrado en el l&#233;xico de la cotidianidad y parece que para quedarse. No se sabe nunca si un alto al fuego es real pero, como buenos seres de costumbres, empezamos a asumir que todos son falsos. Que todos los anuncios de contenci&#243;n son una trampa. Que la nueva costumbre es la guerra, pero no cualquier guerra: esta guerra. Con todos sus ingredientes t&#243;xicos -como cualquiera- pero con algunos condimentos nuevos. Por ejemplo, que la tengas en el celular a distancia de un movimiento de tu dedo pulgar o &#237;ndice. Suenan bombas en mi algoritmo, como suena tambi&#233;n el &#8216;Docile&#8217; de Peter Broderick. Todo se entrecruza y no soy capaz de distinguir qu&#233; suena m&#225;s fuerte o a qu&#233; deber&#237;a prestarle m&#225;s atenci&#243;n. Se interrumpen los compases de Broderick con la m&#250;sica elegida por alguna amiga para llenar de atm&#243;sfera combativa un carrusel de memes antiimperialistas, aparecen reels que actualizan la guerra en el Golfo P&#233;rsico, pero conecto m&#225;s con el influencer que la comenta con algo de iron&#237;a. Le he dado seguir a casi todos los que de alguna forma u otra nos narran  en tiempos donde ya no hay otro h&#225;bito que el de la guerra. Pero esa certeza no nos hace sentir seguros. La inseguridad se ha vuelto nuestra normalidad. La verdadera, claro. Y nosotros que pens&#225;bamos que sobrevivir a la pandemia nos definir&#237;a para siempre. Nuestro evento hist&#243;rico no fue sobrevivir al COVID19, sino sobrevivir a secas. No hay d&#237;a en que nuestra existencia no parezca un milagro.</p><p>Por eso sigo d&#225;ndole repetir a &#8216;Ceasefire&#8217;, porque necesito algo que me resuene familiar pero de otros mundos, de otros tiempos, de ese 2007 donde habit&#225;bamos algunas costumbres hoy perdidas. Donde luch&#225;bamos, s&#237;, pero pod&#237;amos pensar en otras preguntas. Pod&#237;amos imaginar algo ante la t&#237;pica &#191;d&#243;nde te ves en cinco a&#241;os? Ahora no podemos evitar empezar con un &#8220;si es que existe mundo en cinco a&#241;os&#8221;.  &#191;C&#243;mo pensar un futuro si lo que es milagroso es seguir vivo en el presente? Marc, un influencer al que le agradezco darme ox&#237;geno con su dosis de iron&#237;a cruda a diario, hizo un reel el otro d&#237;a horas antes del ultim&#225;tum de Donald Trump record&#225;ndonos que a las 2am no s&#243;lo sabr&#237;amos si el mundo acababa, sino que tambi&#233;n empezaba el plazo para hacer la declaraci&#243;n de la renta. Ese es el mundo. Marc lo describ&#237;a mejor que cualquiera de mis cierres editoriales. Declarar a hacienda, sonido de bomba, pagar la hipoteca, hacer el Bizum para apoyar la caja de resistencia de alguna amiga de una amiga que necesita apoyo y no tiene papeles, amenazas de Donald Trump, descongelar el pollo de la nevera, meme anticapitalista, nuevas im&#225;genes de la Luna (como si necesit&#225;ramos ver la Luna ahora mismo, cuando lo que necesitamos todos es seguir mirando Gaza), editar la pieza sobre el asesinato racista de Haitam Mejri, actualizaci&#243;n de bombardeos, subir al tren&#8230;</p><p>Tal vez el problema principal es precisamente que nos adaptamos, pienso. Ojal&#225; no nos adapt&#225;ramos tan f&#225;cilmente y m&#225;s bien nos costara un tremendo esfuerzo hacerlo. Porque la contracara de la &#8220;adaptaci&#243;n&#8221; es que normalizamos lo que haga falta. Es un c&#237;rculo vicioso. Si destrozan el mundo en lugar de hacer de todo por evitar la destrucci&#243;n, empezamos a pensar en c&#243;mo sobrevivir la destrucci&#243;n porque damos por hecho que es imposible evitarla. Una ma&#241;ana cualquiera, sin darte cuenta, est&#225;s comprando m&#225;s menestras y latas de at&#250;n que habitualmente porque mam&#225; nos dec&#237;a que en una emergencia siempre sirve tenerlas. Eso tambi&#233;n es la guerra. Y pilas. Muchas pilas. Y agua. No tenemos ni c&#243;mo pagar el alquiler, pero poco a poco vas imagin&#225;ndote dentro de un b&#250;nker. Abres el m&#243;vil. Empieza la nueva rutina otra vez. Ojal&#225; nunca nos adapt&#225;ramos a ella. </p><p>Por eso se vuelve a discos como el &#8216;Docile&#8217;. Y por eso oigo en <em>loop</em> &#8216;Ceasefire&#8217;. Porque quiero algo que suene a &#8220;cese al fuego&#8221; en tiempos donde lo &#250;nico que puedo escuchar son bombas. C&#243;mo echo de menos eso que alguna vez llamamos silencio.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La cena]]></title><description><![CDATA[Cuando dejamos de hablar del clima, del &#233;xito del acto o de la gente que tenemos en com&#250;n, rompemos la cortes&#237;a de la racionalidad mir&#225;ndonos a los ojos y preguntando, &#8220;&#191;hace cu&#225;nto llegaste?&#8221; Sabemos todas que la respuesta nunca es una cifra.]]></description><link>https://lauraarroyo.substack.com/p/la-cena</link><guid isPermaLink="false">https://lauraarroyo.substack.com/p/la-cena</guid><dc:creator><![CDATA[Laura Arroyo]]></dc:creator><pubDate>Sun, 29 Mar 2026 19:33:33 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!vukM!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5aaa7f7b-8e99-449a-931c-a7e823aafe2b_1177x1156.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Cuando dejamos de hablar del clima, del &#233;xito del acto o de la gente que tenemos en com&#250;n, rompemos la cortes&#237;a de la racionalidad mir&#225;ndonos a los ojos y preguntando, &#8220;&#191;hace cu&#225;nto llegaste?&#8221; Sabemos todas que la respuesta nunca es una cifra. &#8220;Llegar&#8221; no es un viaje que se defina en los a&#241;os que llevas aqu&#237;. &#8220;Llegar&#8221; supone contar el per&#237;odo en que lo hiciste, la causa que te motiv&#243;, el presidente que gobernaba entonces y lo primero que ocurri&#243; al &#8220;llegar&#8221;. Algunas, las m&#225;s veteranas, no preguntan por la &#8220;llegada&#8221;, sino por la ruta. No todas tuvieron un billete de avi&#243;n y ellas dibujaron mapas en las periferias de todo Europa. Tuvieron migraciones. En plural. Conocieron las fronteras alemanas, italianas o francesas antes de usar un verbo como &#8220;llegar&#8221; en sus historias. Nos cuentan, entonces, del presidente que gobernaba, pero tambi&#233;n de las cartas en papel. Una, por ah&#237;, calla. No siempre apetece compartir, pero siempre o&#237;r. Si recordar es volver a vivir, o&#237;r(nos) es vivir todas las vidas que hay sobre esta mesa. Es beberlas e inundarte de algo que no es tuyo pero a la vez habla de ti.</p><p>En las mesas aleda&#241;as de este restaurante hay personas que se preguntan por su edad, por sus gustos musicales, por la calidad gastron&#243;mica, por su grado universitario o por sus formas de pasar el tiempo los fines de semana. Se cuela una carcajada de afuera entre nuestras miradas adentro. Nuestra mesa es una fortaleza, pero nunca construye muros. Sorbo de vino, sonrisa: &#8220;&#191;A&#250;n tienes familia all&#225;?&#8221;</p><p>En esta mesa habita un silencio compartido. La pregunta que nos define pero que no hacemos en voz alta. Que decoramos con sabidur&#237;a, con experiencias de vida, con mapas, br&#250;julas y recetas. Con fotos que conservamos en el celular para mostrarnos s&#243;lo en mesas como esta: &#8220;Este fue mi primer piso compartido&#8221;.</p><p>Entre sorbo y sorbo se cuela el silencio, pero nuestro silencio pesa. Por eso re&#237;mos con volumen fuerte. Por eso nos interrumpimos a veces. Porque, aunque conocemos esa pregunta, a veces la queremos esquivar. De un tiempo a esta parte no hago otra cosa que esquivarla. Pero al siguiente sorbo nadie habl&#243; y de pronto el silencio se col&#243; sin que nadie lo llenara.</p><p>Y t&#250;, &#191;cu&#225;ndo partiste tu vida por la mitad?</p><p>Y t&#250;, &#191;desde qu&#233; a&#241;o te arrepientes?</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[FRONTERAS]]></title><description><![CDATA[Las fronteras son ese punto territorial que puede definirse de muchas maneras.]]></description><link>https://lauraarroyo.substack.com/p/fronteras</link><guid isPermaLink="false">https://lauraarroyo.substack.com/p/fronteras</guid><dc:creator><![CDATA[Laura Arroyo]]></dc:creator><pubDate>Sat, 21 Mar 2026 11:19:49 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!r3Ya!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F90df08f2-9d15-459a-bb84-40b80008f4a2_1920x1080.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Las fronteras son ese punto territorial que puede definirse de muchas maneras. En algunos lugares las fronteras significan muerte. Como en Europa. En otros lugares significan ruptura, como en Chile ahora que su presidente construye una zanja para dividir Chile de Per&#250;; es decir, a chilenos de peruanos. Es decir: dividir vecinos. En otros lugares puede significar amenaza, como en Colombia donde est&#225;n viviendo una intromisi&#243;n fronteriza de los EEUU a trav&#233;s de su nuevo mejor aliado en los Andes, Ecuador y el vendepatrias mayor Daniel Noboa. Y, a veces, las fronteras pueden significar otra cosa si es que las rodea el mar, como en Cuba, donde hoy significan solidaridad internacionalista. Las fronteras son ese punto territorial que puede definirse de muchas maneras. </p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!r3Ya!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F90df08f2-9d15-459a-bb84-40b80008f4a2_1920x1080.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!r3Ya!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_424, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_webp, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F90df08f2-9d15-459a-bb84-40b80008f4a2_1920x1080.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!r3Ya!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_848, 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/__u/lauraarroyo.substack.com/w_1456, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_auto, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F90df08f2-9d15-459a-bb84-40b80008f4a2_1920x1080.jpeg 1456w" sizes="100vw" fetchpriority="high"></picture><div class="image-link-expand"><div class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image"><svg aria-hidden="true" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 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Podemos definirlas de distintas maneras porque podemos resignificarlas de distintas formas. Podemos  elegir que las fronteras nos rompan o nos unan. Esa es la tesis del internacionalismo de toda la vida y comporta hoy a&#250;n m&#225;s urgencia: internacionalismo antiimperialista.</p><p>En Chile, el presidente pinochetista Jos&#233; Antonio Kast da una muestra de lo que quiere el imperio porque se ha convertido en el capataz y la mano de obra de los deseos de Donald Trump. Kast ha iniciado la construcci&#243;n de una barrera en las fronteras. Las fronteras, lo dec&#237;amos, pueden definirse de muchas maneras. Kast ha elegido la palabra &#8216;<strong>ruptura</strong>&#8217;. Vallas de cinco metros y zanjas en decenas de kil&#243;metros han empezado a construirse entre Chile y Per&#250; con un fin: separar a los pueblos del sur de Am&#233;rica en un momento donde nos necesitamos m&#225;s unidos que nunca frente a la bota del imperio. En realidad construyen lo que llevan sembrando por otros medios. Construyen desconfianza. Como la que siembran en nuestros barrios y en la regi&#243;n. Quieren que desconf&#237;es de tus vecinos. Que  creas que el problema son los trabajadores que van de un pa&#237;s a otro buscando un futuro mejor por diversas razones. No quieren que miremos arriba -nunca mejor dicho-. No quieren que miremos al norte que expolia, interviene y fuerza el exilio  de miles de peruanos, bolivianos, cubanos, argentinos, chilenos, brasile&#241;os... &#191;Por qu&#233; es un delito movernos entre nuestros pa&#237;ses y no lo es el bombardeo o la intervenci&#243;n en nuestros territorios por parte de los EEUU? El problema de nuestros pueblos no es el flujo de migrantes, es la sumisi&#243;n a los intereses de quienes siempre nos ha visto -y utilizado- como el patio trasero. Si nos tienen separados por la desconfianza o las vallas y las zanjas, sus objetivos son m&#225;s f&#225;cilmente alcanzables. </p><p>En nuestra regi&#243;n otra frontera est&#225; en disputa. Gustavo Petro, el presidente colombiano, ha denunciado la aparici&#243;n de m&#225;s de una veintena de cad&#225;veres incinerados producto de un bombardeo en la frontera con Ecuador. &#161;Qu&#233; curioso! Hechos que ocurren justo en el contexto en que en Ecuador se inici&#243; una operaci&#243;n conjunta  opaca entre los Estados Unidos y el pa&#237;s andino. &#191;La excusa? Luchar contra el narcotr&#225;fico. &#191;La realidad? Tener botas estadounidenses en Ecuador en un contexto de disputa donde Colombia ha estado en el centro de los ataques de los EEUU todo el 2025. Daniel Noboa, como Jos&#233; Antonio Kast, buenos s&#250;bditos de Trump, tambi&#233;n est&#225; usando la frontera como un espacio de <strong>ruptura</strong> entre vecinos. Justo en el momento en que lo que necesitamos es unidad latinoamericana antiimperialista. </p><p>Y luego, est&#225;n otras fronteras ocupando el foco. En Cuba, aquella isla que ocupa el primer lugar en la lista de pesadillas de los EEUU, las fronteras, el mar, hoy significa otra cosa. Si el Mar Mediterr&#225;neo se puede definir como &#8216;<strong>muerte</strong>&#8217;, el  Mar Caribe y las aguas del Atl&#225;ntico hoy significan &#8216;<strong>puente</strong>&#8217;. En los &#250;ltimos d&#237;as han llegado convoys con personas de todo el mundo para devolver lo que Cuba siempre ha brindado: solidaridad. Llegan con aparatos fotovoltaicos, paneles solares, combustible, alimentos, medicinas, vestimenta, etc. Llegan activistas con el capital simb&#243;lico m&#225;s importante que tienen: sus propios cuerpos y su voz. Se suben en embarcaciones centenares de personas con el objetivo de recordarle a Cuba que el bloqueo no ganar&#225; nunca a la ternura de los pueblos que lo rompen. Las fronteras, ya lo dec&#237;amos,&nbsp;son ese punto territorial que puede definirse de muchas maneras. En Cuba se define por internacionalismo solidario. Por internacionalismo antiimperialista.</p><p>No hay nada que asuste m&#225;s al imperio que los pueblos unidos rebel&#225;ndose contra &#233;l. Por eso Jos&#233; Antonio Kast construye zanjas y Daniel Noboa permite que los EEUU entren  en Ecuador y lo utilicen para intervenir en territorio colombiano. Por eso tambi&#233;n Javier Milei obliga a Argentina a mirar a Ir&#225;n en lugar de mirar a sus vecinos. Porque las fronteras son ese punto territorial que puede definirse de muchas maneras. Y si las definimos los pueblos pueden dejar de ser espacios de divisi&#243;n para convertirse en los <strong>puentes</strong> m&#225;s fuertes por los que atravesemos quienes defendemos la soberan&#237;a y el amor plebeyo del sur contra las garras del norte. Como est&#225; ocurriendo hoy en Cuba. </p><p>La disputa est&#225; abierta. Hagamos nuestras las fronteras. Si ellos quieren muros, construyamos nuestros puentes. Justo ah&#237;, donde nacen todos nuestros encuentros.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[BRYCE ECHENIQUE: REÍRSE DE LO QUE QUEREMOS TRANSFORMAR]]></title><description><![CDATA[Bryce Echenique me ense&#241;&#243; a leer.]]></description><link>https://lauraarroyo.substack.com/p/bryce-echenique-reirse-de-lo-que</link><guid isPermaLink="false">https://lauraarroyo.substack.com/p/bryce-echenique-reirse-de-lo-que</guid><dc:creator><![CDATA[Laura Arroyo]]></dc:creator><pubDate>Wed, 11 Mar 2026 05:12:11 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!I4We!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d71a949-156e-454c-a832-120ff5e778b2_588x330.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Bryce Echenique me ense&#241;&#243; a leer. &#8220;Un mundo para Julius&#8221; fue el primer libro que me devor&#233; yo sola. Me lo devor&#233; -y es casi literal-  porque el libro termin&#243; destrozado en siete partes cuando ten&#237;a apenas 8 a&#241;os. Siempre hubo algo en la pluma de Bryce que me habl&#243; de otra manera. Tal vez su capacidad para narrar el clasismo desde dentro. Tal vez su forma de describir esa pesad&#237;sima blanquitud lime&#241;a. No s&#233; si consciente o inconscientemente se convirti&#243; en un microscopio de la lucha de clases desde la periferia elegida para no tomar partido, solo describir, pero con sorna, eso s&#237;. Se limit&#243; a ser un lente. Un necesario lente del microscopio social que tanta falta nos hace. </p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!I4We!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d71a949-156e-454c-a832-120ff5e778b2_588x330.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!I4We!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_424, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, /__u/lauraarroyo.substack.com/f_webp, /__u/lauraarroyo.substack.com/q_auto:good, /__u/lauraarroyo.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d71a949-156e-454c-a832-120ff5e778b2_588x330.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!I4We!, /__u/lauraarroyo.substack.com/w_848, /__u/lauraarroyo.substack.com/c_limit, 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Mam&#225; me compr&#243; otra edici&#243;n a&#241;os despu&#233;s por insistencia propia porque &#8220;Un mundo para Julius&#8221; lo le&#237; al menos diez veces y en la tercera -hasta ahora lo recuerdo- una maestra de la escuela (ten&#237;a yo ya 14 a&#241;os) me dijo que era un libro no apto para mi edad. Como si yo no fuera capaz de entender lo que me estaba contando: ese sistema de castas que nos define en un Per&#250; cuya crisis tambi&#233;n describ&#237;a Bryce, como espectador. Es verdad que en cada lectura el &#8220;mundo&#8221; de Julius me descubr&#237;a algo nuevo, pero tambi&#233;n, en cada lectura, la denuncia de ese Per&#250; hip&#243;crita siempre era familiar. Y motivaba a querer hacer algo. Cuando menos hablar de lo que le&#237;a. Hoy dir&#237;a que &#8220;actuar&#8221; en consecuencia. </p><p>Le&#237; demasiados libros de Bryce durante la secundaria y la universidad. Siempre que publicaba uno nuevo, confieso, lo compr&#233; y devor&#233; r&#225;pidamente. Pero nunca ninguno me habl&#243; igual. No s&#233; si por &#233;l o por m&#237;. Porque la ni&#241;a que devor&#243; &#8220;Julius&#8221; dej&#243; de serlo en alg&#250;n momento y quer&#237;a algo todav&#237;a m&#225;s enfurecido, m&#225;s de denuncia, m&#225;s guerrero. No me bastaba ya la descripci&#243;n, aunque siempre fina e ir&#243;nica, de la atm&#243;sfera que nos asfixia. Pero Bryce no era un guerrero, sino un narrador con asiento privilegiado. Y en aquellos 8, 10, 15 &#243; 17 a&#241;os me bast&#243; leerle para hacerme las preguntas que tocaba hacerse. Para mirar el cuadro completo. Para husmear en el sistema de castas de ese Julius del Country Club o en ese &#8220;huerto de mi amada&#8221; cuya historia aplaud&#237; pero cuya pluma no termin&#243; de hablarme. Porque yo tambi&#233;n crec&#237; mientras Bryce delineaba contornos de mi ciudad. Y poco a poco me habl&#243; menos, pero siempre fue el que me habl&#243; primero. Y ese es un gran m&#233;rito.</p><p>Aprend&#237; con Bryce a entender que los grandes escritores no ten&#237;an que serlo siempre. Que las plumas son humanas y nos hablan diferente seg&#250;n el momento. Incluso, nos pueden dejar de hablar. Y por todo esto hoy le agradezco. Por regalarme en palabras la descripci&#243;n que necesit&#233; siendo peque&#241;a para entender de d&#243;nde ven&#237;a el &#8220;chola&#8221; que me gritaban despectivamente en el cole, pero tambi&#233;n por la reparaci&#243;n al aprender a re&#237;r al final de un p&#225;rrafo con una broma tan jodidamente criolla que hasta ahora estoy segura que nadie aqu&#237; en Espa&#241;a entender&#237;a como yo. Bryce ten&#237;a algo singular al escribir: la capacidad de conjugar liviandad con sentencia. Liviano para describir la crueldad de un sistema jer&#225;rquico de clases de mierda ridiculizando su m&#233;dula espinal, y la destreza para con un &#8220;eso s&#237;&#8221; sentenciar al final de una oraci&#243;n el patetismo de esa blanquitud que cree que un &#8220;darling&#8221; bien pronunciado, o un mech&#243;n de pelo rubio recolocado en el momento preciso, los hace merecedores de algo. Aprend&#237; con Bryce a burlarme de la ridiculez de ese &#8220;white entitlement&#8221; y hoy que se ha ido solo queda agradecerle por darme, sin saberlo, una estrategia para enfrentar esa se&#241;a de privilegio desde la sonrisa socarrona en cualquier lugar del mundo. Eso tambi&#233;n es la lucha de clases. A lo mejor Bryce hubiera preferido un efecto distinto en esta &#225;vida lectora, pero a los grandes escritores se les juzga subjetivamente. Es lo justo con una pluma tan fina como la suya. </p><p>Gracias por el retrato de nuestra rid&#237;cula Lima, Alfredo. Gracias por ense&#241;arme a re&#237;r frente a lo que quiero cambiar.</p>]]></content:encoded></item></channel></rss>