<script data-pm-proxy="intercept"></script><?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0"><channel><title><![CDATA[Leo Contigo]]></title><description><![CDATA["En un mundo de situationships y ghosting, ¿dónde quedó el 'te quiero' de las cartas y las llamadas en el patio? Soy Leo Contigo y este es mi espacio para descubrir qué chingados con el amor en nuestros tiempos. ]]></description><link>https://leocontigo.substack.com</link><image><url>https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png</url><title>Leo Contigo</title><link>https://leocontigo.substack.com</link></image><generator>Substack</generator><lastBuildDate>Fri, 04 Sep 2026 12:55:09 GMT</lastBuildDate><atom:link href="/__u/leocontigo.substack.com/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/><copyright><![CDATA[Grupo Imagen]]></copyright><language><![CDATA[es]]></language><webMaster><![CDATA[leocontigo@substack.com]]></webMaster><itunes:owner><itunes:email><![CDATA[leocontigo@substack.com]]></itunes:email><itunes:name><![CDATA[Mauricio Cabrera]]></itunes:name></itunes:owner><itunes:author><![CDATA[Mauricio Cabrera]]></itunes:author><googleplay:owner><![CDATA[leocontigo@substack.com]]></googleplay:owner><googleplay:email><![CDATA[leocontigo@substack.com]]></googleplay:email><googleplay:author><![CDATA[Mauricio Cabrera]]></googleplay:author><itunes:block><![CDATA[Yes]]></itunes:block><item><title><![CDATA[Mi pareja por una entrada a ese concierto]]></title><description><![CDATA[Las prioridades de cada generaci&#243;n cambian y los gastos asociados a la funflation ya son un tema de tensi&#243;n entre parejas.]]></description><link>https://leocontigo.substack.com/p/mi-pareja-por-una-entrada-a-ese-concierto</link><guid isPermaLink="false">https://leocontigo.substack.com/p/mi-pareja-por-una-entrada-a-ese-concierto</guid><pubDate>Sun, 09 Aug 2026 18:35:21 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Javier estaba en la terraza de la calle Havre revolviendo el hielo de su carajillo con algo que me pareci&#243; <strong>resentimiento</strong>. Llevaba tres d&#237;as de haber regresado de sus vacaciones de verano en la playa, pero la sombra del viaje no tra&#237;a el bronceado relajado del Pac&#237;fico, sino el gesto tenso de quien acaba de sobrevivir a una negociaci&#243;n afectiva fallida.</p><p>La causa no hab&#237;a sido una infidelidad ni la rutina del a&#241;o y medio que lleva junto a su novia, Sof&#237;a; eran unas vacaciones que no resultaron parecidas en nada a las que hab&#237;a imaginado. De hecho, sab&#237;a d&#243;nde comenz&#243; todo: en un correo de confirmaci&#243;n bancaria por una cifra que le pareci&#243; excesiva para ver a <strong>Harry Styles</strong>. Y si Sof&#237;a no estaba ah&#237; en ese momento es porque, justamente, estaba en el concierto.</p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption"></p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p>&#8203;Sof&#237;a hab&#237;a apretado hace unos meses el bot&#243;n de compra en plena tarifa din&#225;mica mientras planeaban las vacaciones. Lo hizo frente a &#233;l. Para ella, era el concierto de su vida y por eso entraba en su planeaci&#243;n financiera del a&#241;o, que inclu&#237;a las vacaciones. Para Javier (que no es fan ni estaba dispuesto a empe&#241;ar un &#243;rgano por escuchar <em>Watermelon Sugar</em> en vivo), el monto rozaba lo absurdo.</p><p>El verdadero colapso vino despu&#233;s: el boleto y sus correspondientes meses sin intereses minaron el fondo com&#250;n que ambos hab&#237;an destinado para su hotel frente al mar. Ella no pod&#237;a pagar sino la mitad de lo que hab&#237;an acordado antes de que, aparentemente de forma impulsiva, comprara sus boletos para el concierto&#8230; porque pag&#243; el de ella y el de su mejor amiga.</p><p>&#8203;El viaje a la playa no se cancel&#243;, pero mut&#243; violentamente. En lugar del peque&#241;o hotel boutique con terraza privada que llevaban semanas planeando, terminaron cinco d&#237;as en una habitaci&#243;n reducida con humedad en las paredes y ba&#241;o compartido. La semana que deb&#237;a ser un refugio de pareja se convirti&#243; en un campo minado de miradas pesadas cada vez que el presupuesto apretaba al pedir la cuenta en la cena.</p><p>&#8203;Mientras escuchaba a Javier desahogarse entre el murmullo del tr&#225;fico sofocante de Reforma, me qued&#233; pensando si esto era solo una grieta entre dos personas o el s&#237;ntoma de una neurosis colectiva de nuestra generaci&#243;n. &#191;En qu&#233; momento un espect&#225;culo de tres horas pas&#243; a valer m&#225;s que la paz compartida de una semana entera?</p><p>&#8203;Los datos del INEGI sobre consumo en hogares urbanos y distintos an&#225;lisis sobre la econom&#237;a de los j&#243;venes en Latinoam&#233;rica tienen un &#225;ngulo interesante. El gasto en entretenimiento en vivo y festivales se ha disparado m&#225;s de un 40% en los &#250;ltimos a&#241;os, y esto va a un ritmo muy superior al de la inflaci&#243;n general.</p><p>Es el fen&#243;meno que la econom&#237;a ha bautizado como <em>funflation</em> o la &#8220;econom&#237;a de las experiencias&#8221;. En un entorno donde la posibilidad de comprar un departamento o aspirar a un retiro tradicional se siente como una fantas&#237;a lejana, la narrativa generacional recalcul&#243; su recompensa: si el futuro a largo plazo parece inalcanzable, <strong>el presente se consume a precios VIP.</strong></p><p>&#8203;He estado repasando en mi cabeza el hecho, intentando no juzgar a ninguno de los dos y tengo una conclusi&#243;n. El choque entre Javier y Sof&#237;a no es por el dinero en s&#237;, sino por el tipo de divisa emocional en la que cotiza cada uno. Para Sof&#237;a, el concierto representaba la pertenencia, la catarsis colectiva y el derecho a sentirse viva hoy. Para Javier, las vacaciones representaban la inversi&#243;n en la memoria compartida del ma&#241;ana. Dos monedas distintas intentando pagar la misma factura afectiva.</p><p>&#8203;No s&#233; si la relaci&#243;n de Javier y Sof&#237;a vaya a sobrevivir a un siguiente concierto (al final, es claro que ah&#237; hay una incompatibilidad de pareja en lo que respecta a prioridades). Verlos me dej&#243; una lecci&#243;n agridulce sobre la reconfiguraci&#243;n del amor contempor&#225;neo.</p><p>Hoy amar a alguien no solo implica conciliar proyectos de vida o temperamentos, sino aprender a negociar los refugios emocionales de cada uno. A veces, la persona que tienes al lado prefiere quemar el barco para bailar una noche bajo las luces del escenario, y entender eso (sin guardarle rencor por el viaje que se qued&#243; a medias) es quiz&#225;s uno de los desaf&#237;os m&#225;s complejos de nuestra &#233;poca.</p><p>Y Javier, aunque no lo diga, est&#225; celoso: su novia consider&#243; que era igual de importante gastar dinero junto a su mejor amiga antes que destinarlo &#237;ntegramente a las vacaciones con &#233;l. Imposible no verlo.</p><p>&#8203;Un signo de la &#233;poca actual: choques en pareja por decidir si valen m&#225;s los gastos en experiencias individuales o en proyectos compartidos.</p><p>Si tienes una opini&#243;n al respecto, te leo.</p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption"></p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[No le des el sí hasta asegurarte de que tiene visa ]]></title><description><![CDATA[S&#237;, ya s&#233;, suena rid&#237;culo. Pero lee esta historia de c&#243;mo un tr&#225;mite te puede dar un golpe de realidad.]]></description><link>https://leocontigo.substack.com/p/no-le-des-el-si-hasta-asegurarte</link><guid isPermaLink="false">https://leocontigo.substack.com/p/no-le-des-el-si-hasta-asegurarte</guid><pubDate>Sun, 26 Jul 2026 18:26:44 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>El caf&#233; ya estaba fr&#237;o para cuando Andr&#233;s termin&#243; de contarme la historia, pero el peso del drama flotaba en la mesa con la misma densidad del smog sobre Reforma a las seis de la tarde.</p><p>&#8203;Andr&#233;s y Sof&#237;a eran, hasta hace unos meses, la pareja protot&#237;pica de nuestro edificio. De esos vecinos que te encuentras en el elevador para pasear al perro y cuya sincron&#237;a te hace dudar de tu propia solter&#237;a. </p><p>Ten&#237;an <strong>siempre todo calculado </strong>con la precisi&#243;n de un render arquitect&#243;nico: dos a&#241;os de cohabitaci&#243;n sin fisuras, una boda en puerta planeada hasta el &#250;ltimo detalle flor&#237;stico en Valle de Bravo y, como broche de oro, la luna de miel de sus sue&#241;os: dos semanas recorriendo los glaciares de Alaska.</p><p>&#8203;Ten&#237;an los pasajes, las reservaciones en caba&#241;as de madera, la ropa t&#233;rmica que encontraron en oferta. Solo faltaba un tr&#225;mite que daban por sentado: la visa estadounidense de Andr&#233;s.</p><p>&#8203;Y entonces, el consulado dict&#243; sentencia en menos de dos minutos. <em><strong>Solicitud denegada bajo la secci&#243;n 214(b)</strong></em>. La raz&#243;n no dicha pero impl&#237;cita: Andr&#233;s es arquitecto freelance. Sin n&#243;mina fija, sin cartas patronales, sin esa burocracia tradicional que para el gobierno vecino es la &#250;nica prueba v&#225;lida de que un mexicano &#8220;tiene lazos suficientes para regresar a su pa&#237;s&#8221;.</p><p>&#8203;Lo que sigui&#243; no fue solo la cancelaci&#243;n de un viaje; fue el colapso de una narrativa.</p><p>&#8203;Sof&#237;a pas&#243; del <em>shock</em> a la frustraci&#243;n, y de la frustraci&#243;n a un resentimiento silencioso. Andr&#233;s, por su parte, se repleg&#243; en esa culpa paralizante de quien siente que su estilo de vida (ese que promet&#237;a libertad y autonom&#237;a) termin&#243; arruinando el proyecto m&#225;s importante de su pareja. </p><p>El viaje a Alaska se convirti&#243; en un fantasma que habitaba el departamento: el viaje no realizado, la boda manchada por el tr&#225;mite fallido, la sensaci&#243;n de que el futuro juntos era m&#225;s fr&#225;gil de lo que parec&#237;a.</p><p>&#8203;Decid&#237; ponerme a investigar si esto era un caso aislado o si los freelancers est&#225;bamos condenados a ser los ap&#243;statas del amor bancarizado. Los datos del INEGI son reveladores: en M&#233;xico, cerca del <strong>55% de la poblaci&#243;n ocupada trabaja en la informalidad o en esquemas independientes/flexibles</strong>. M&#225;s a&#250;n, las din&#225;micas de pareja han cambiado dr&#225;sticamente; seg&#250;n estudios recientes sobre sociolog&#237;a urbana en Latinoam&#233;rica, el &#8220;capital de movilidad&#8221; (la capacidad de viajar, migrar o cruzar fronteras juntos) se ha convertido en un filtro impl&#237;cito de compatibilidad en las clases medias urbanas.</p><p>&#8203;Cuando la burocracia de un pa&#237;s extranjero le dice a tu pareja que no es &#8220;suficientemente estable&#8221;, el sistema no solo juzga sus finanzas: le lanza un dardo directo al ego y a la percepci&#243;n de seguridad que proyecta hacia la relaci&#243;n.</p><p>&#8203;El d&#237;a que me contaron esto, no les di mi perspectiva completa. Regres&#233; a mi departamento a investigar y luego de los datos llegu&#233; a una conclusi&#243;n: el problema es que a Sof&#237;a le confront&#243; la idea de que el estilo de vida de Andr&#233;s tiene un costo real, y a Andr&#233;s le hiri&#243; el orgullo no poder cumplir el mito del proveedor moderno que lo tiene todo resuelto. La visa fue solo el detonante de una conversaci&#243;n sobre estabilidad que ven&#237;an esquivando.</p><p>&#8203;Mariana ten&#237;a raz&#243;n. En una &#233;poca donde nos vendieron la idea de que ser tu propio jefe y trabajar desde un caf&#233; en la Ju&#225;rez era el pin&#225;culo del &#233;xito, nos topamos de frente con instituciones del siglo XX que solo entienden de recibos de n&#243;mina y contratos de planta. Y en el camino, nuestras relaciones pagan el flete.</p><p>&#8203;Andr&#233;s y Sof&#237;a no se separaron, pero tuvieron que posponer Alaska y redise&#241;ar la luna de miel hacia las playas de <strong>Oaxaca</strong>. El proceso no fue f&#225;cil; implic&#243; llorar la expectativa que muri&#243; en esa ventanilla consular y aceptar que construir una vida juntos implica abrazar las fricciones del mundo real, no solo los itinerarios perfectos de Pinterest.</p><p>&#8203;A veces me pregunto cu&#225;ntas de nuestras crisis amorosas son realmente fallas de afecto y cu&#225;ntas son solo la grieta que se abre cuando nuestros sue&#241;os rom&#225;nticos chocan contra la rigidez de las estructuras que nos rodean.</p><p>&#8203;&#191;Alguna vez un tr&#225;mite, un trabajo o una expectativa externa ha puesto a prueba la solidez de tu historia de amor?</p><p>Te Leo.</p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/leocontigo.substack.com/subscribe"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Cuando el alcohol es el guía (y el culpable) del ligue]]></title><description><![CDATA[Quiz&#225;, y s&#243;lo quiz&#225;, est&#225;s con una persona debido a lo que te hace beber... y no lo que te hace sentir...]]></description><link>https://leocontigo.substack.com/p/cuando-el-alcohol-es-el-guia-y-el</link><guid isPermaLink="false">https://leocontigo.substack.com/p/cuando-el-alcohol-es-el-guia-y-el</guid><pubDate>Sun, 12 Jul 2026 21:41:10 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>&#8203;Antes del &#250;ltimo partido de la Selecci&#243;n en el Mundial 2026, la calle de Versalles en la Ju&#225;rez era un carnaval ca&#243;tico. Banderas verdes, cl&#225;xons retumbando contra las fachadas porfirianas y ese olor tan t&#237;pico de la CDMX cuando celebra: a tacos al pastor, pavimento h&#250;medo y cerveza derramada. Me detuve en un Oxxo y me qued&#233; observando a una pareja joven, de unos veintitantos, recargados contra un sem&#225;foro.</p><p>&#8203;Ambos llevaban la camiseta del Tri. Ambos arrastraban las palabras. Y ambos, con una simetr&#237;a casi coreografiada, sosten&#237;an un vaso de un litro mientras discut&#237;an a gritos (pero sin escucharse) sobre de qui&#233;n hab&#237;a sido la culpa al perder el rumbo hacia la parada del Metrob&#250;s. No hab&#237;a el viejo rol del &#8220;cuidado&#8221; o del &#8220;chofer designado&#8221;. Hab&#237;a una igualdad absoluta en el exceso, un espejo perfecto del desfase.</p><p>&#8203;Verlos me deton&#243; un &#8216;flashback&#8217; inmediato a mi cita de hace unas semanas con Camila. Fuimos a una mezcaler&#237;a cerca de la Plaza Giordano Bruno. Lo que empez&#243; como un <em>&#8220;vamos a relajarnos despu&#233;s de la chinga de la oficina&#8221;</em> termin&#243; en una competencia silenciosa por ver qui&#233;n aguantaba el ritmo del otro. Pedimos una ronda, luego otra. <em>&#8220;Yo invito la siguiente, wey, faltaba m&#225;s&#8221;</em>, me dijo ella, con una sonrisa brillante pero ya un tanto difusa.</p><p>&#8203;Para cuando pedimos la cuenta, est&#225;bamos &#8220;a la par&#8221;. Pero al subir al Uber, el silencio no era de complicidad; era la densa niebla de dos personas que hab&#237;an usado el alcohol para saltarse la inc&#243;moda fase de conocerse de verdad.</p><h2>&#8203;El mapa de la simetr&#237;a et&#237;lica</h2><p>&#8203;Siempre pensamos en la equidad como la conquista de espacios laborales, la divisi&#243;n de las cuentas o la libertad de elegir. Pero hay una paridad de la que hablamos menos: <strong>la democratizaci&#243;n del exceso</strong>.</p><p>&#8203;Curioso por saber si mi cita con Camila y la pareja que vi en la calle era una anomal&#237;a o una tendencia, me clav&#233; a revisar los datos de las encuestas nacionales de salud y consumo en M&#233;xico de los &#250;ltimos a&#241;os. Los n&#250;meros no mienten y reflejan un cambio cultural profundo en las zonas urbanas:</p><ul><li><p>&#8203;<strong>Cierre de la brecha:</strong> Hist&#243;ricamente, el consumo de alcohol en exceso (<em>binge drinking</em>) era un terreno casi exclusivamente masculino. Hoy, en el rango de los 18 a los 29 a&#241;os, la brecha pr&#225;cticamente se ha evaporado.</p></li><li><p>&#8203;<strong>Patr&#243;n de consumo:</strong> Las j&#243;venes urbanas han alcanzado a los hombres no solo en la frecuencia, sino en la intensidad del consumo por ocasi&#243;n.</p></li><li><p>&#8203;<strong>El contexto social:</strong> El alcohol ya no es un elemento de acompa&#241;amiento; se ha convertido en el eje central y el validador de la experiencia nocturna para ambos g&#233;neros por igual.</p></li></ul><p>&#8203;Ayer, mientras estaba desayunando unos chilaquiles con mi amiga Romina, le solt&#233; mi teor&#237;a. Le dije que sent&#237;a que esta &#8220;igualdad en la barra&#8221; estaba cambiando las reglas del juego amoroso, y no precisamente para hacernos m&#225;s felices. Romina me solt&#243; una verdad:</p><blockquote><p>&#8203;&#8221;Lo que pasa, Leo, es que antes los hombres usaban el alcohol para animarse a hablar y las mujeres para soportar la noche. Ahora, ambos lo usamos como un escudo. Creemos que beber a la par nos hace c&#243;mplices, pero en realidad solo nos hace inmunes a la vulnerabilidad del otro. Es m&#225;s f&#225;cil ponerse hasta atr&#225;s juntos que admitir que nos da p&#225;nico no gustarle al que tenemos enfrente estando sobrios.&#8221;</p></blockquote><h2>&#8203;Cuando el escudo se vuelve niebla</h2><p>&#8203;Aqu&#237; es donde el an&#225;lisis se pone inc&#243;modo. No se trata de ponernos moralinos, ni de rescatar discursos anticuados sobre c&#243;mo &#8220;deber&#237;a&#8221; comportarse una mujer o un hombre. Qu&#233; oso ser ese tipo de juez. Cada quien es due&#241;o de su cuerpo y de su copa. El punto cr&#237;tico no es el h&#237;gado, sino <strong>el v&#237;nculo</strong>.</p><p>&#8203;Cuando la din&#225;mica de una pareja (ya sea de tres a&#241;os o de una primera cita) se cimienta en el consumo espejo, ocurren dos fen&#243;menos extra&#241;os en nuestras relaciones contempor&#225;neas:</p><ul><li><p>&#8203;<strong>La erosi&#243;n del cuidado mutuo:</strong> Cuando ambos miembros de la pareja est&#225;n igual de incapacitados por el alcohol, se rompe el tejido de la seguridad. Ya no hay un puerto seguro; hay dos barcos a la deriva chocando entre s&#237;.</p></li><li><p>&#8203;<strong>La intimidad sint&#233;tica:</strong> El alcohol es un excelente lubricante social, pero un p&#233;simo constructor de realidades. Nos re&#237;mos de los mismos chistes, nos juramos amor eterno a las tres de la ma&#241;ana afuera de un antro, pero al d&#237;a siguiente, con la luz cruda del sol y la cabeza estallando, nos damos cuenta de que le hablamos a una proyecci&#243;n, no a la persona real.</p></li></ul><h2>&#8203;La resaca del d&#237;a despu&#233;s</h2><p>&#8203;No pretendo que cambiemos el mezcal por t&#233; de manzanilla la pr&#243;xima vez que salgamos, ni que las celebraciones en las calles dejen de ser ese desfogue colectivo tan nuestro. El caos tiene su propio encanto, supongo.</p><p>&#8203;Pero me quedo pensando en esa pareja del sem&#225;foro. Quiz&#225; el verdadero reto de nuestra generaci&#243;n no es demostrar que podemos aguantar el mismo paso, pagar la misma cantidad de rondas o gritar con la misma fuerza bajo los efectos del alcohol. Quiz&#225; la verdadera valent&#237;a hoy en d&#237;a consiste en tener la madurez de bajar el vaso, mirar al otro a los ojos sin el filtro de la borrachera y tener el coraje de descifrar qui&#233;nes somos cuando la fiesta se termina y el ruido de la ciudad por fin se apaga.</p><p>Un saludo a quienes necesitan beber un poco de amor antes de sentirlo. Esta vez, quiz&#225; me estoy saludando a m&#237; mismo.</p><p>Leo</p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/leocontigo.substack.com/subscribe"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El caso de Luisa, que salió del clóset para ser apedreada digitalmente ]]></title><description><![CDATA[Claro que no es su nombre, pero el caso es que ella renunci&#243; a una perfecta vida heterosexual para ir por el amor de otra mujer.]]></description><link>https://leocontigo.substack.com/p/el-caso-de-luisa-que-salio-del-closet</link><guid isPermaLink="false">https://leocontigo.substack.com/p/el-caso-de-luisa-que-salio-del-closet</guid><pubDate>Sun, 28 Jun 2026 18:59:22 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>&#8203;Hola, comunidad que apoya la libertad de elecci&#243;n, pero a veces involuntariamente se mete al circuito de los juzgadores de los dem&#225;s. </p><p>Este s&#225;bado, fui testigo desde mi ventana, como ya se hizo tradici&#243;n, del andar de distintas personas encamin&#225;ndose a la Marcha del Orgullo LGBT+. Mientras ve&#237;a su paso, no pude evitar recordar el caso de Luisa y Luis (llam&#233;moslos as&#237;), que en mi c&#237;rculo de amigos ha sido pol&#233;mico por a&#241;os. </p><p>Mientras ve&#237;a los atuendos con curiosidad, mi tel&#233;fono no dejaba de vibrar. En el chat de mi grupo de amigos de la universidad, hab&#237;a pol&#233;mica. Y s&#237;, estaban hablando del caso de Luisa y Luis. Yo no era el &#250;nico en recordarlo en estas fechas.</p><p>&#8203;<em>&#8220;No, wey, qu&#233; oso&#8221;</em>, escribi&#243; uno. <em>&#8220;Se la aplic&#243; completita&#8221;</em>, remat&#243; otra.</p><p>&#8203;El chisme en cuesti&#243;n es la historia de una pareja que muchos en el circuito corporativo de la CDMX conocen: ella, una chava que se cas&#243; alrededor de los 22 a&#241;os; &#233;l, un hombre ya consolidado en su industria, divorciado, que superaba los 40. Un matrimonio expr&#233;s, un embarazo casi inmediato y, con la misma velocidad con la que se juraron amor eterno, un divorcio fulminante.</p><p>&#8203;Hasta ah&#237;, una estad&#237;stica m&#225;s del INEGI. Lo que encendi&#243; las alertas del tribunal digital en su momento vino despu&#233;s: al poco tiempo de firmar el divorcio, ella comenz&#243; una relaci&#243;n p&#250;blica y s&#243;lida con otra mujer.</p><p>&#8203;La narrativa colectiva no tard&#243; en armarse con el cinismo propio de nuestra &#233;poca: <em>&#8220;Lo us&#243; por la lana de la pensi&#243;n para mantener su verdadera vida con la novia&#8221;</em>. Hoy, varios a&#241;os despu&#233;s, ellas siguen juntas, vi&#233;ndose genuinamente felices en sus fotos de Instagram, pero la etiqueta de &#8220;interesada&#8221; y la mancha de la sospecha siguen flotando sobre su historia como el smog sobre Reforma.</p><p>&#8203;Mientras ve&#237;a las banderas arco&#237;ris en los bordes de la avenida, me qued&#233; pensando: <strong>&#191;Por qu&#233; nos resulta tan f&#225;cil creer en una fr&#237;a estrategia econ&#243;mica y tan dif&#237;cil entender la dolorosa y confusa complejidad de asumir qui&#233;n eres?</strong></p><h2>&#8203;El mapa de la confusi&#243;n: Desarmando el prejuicio</h2><p>&#8203;Hablemos de las piezas del rompecabezas. Cuando tienes 22 a&#241;os, crees que eres un adulto funcional porque ya puedes votar y pedir un mezcal en un bar, pero la realidad es que tu cerebro sigue en obra negra. Si a esa edad te cruzas con un hombre de 40, exitoso y protector, es incre&#237;blemente f&#225;cil confundir la necesidad de refugio, validaci&#243;n y estabilidad con el amor de tu vida.</p><p>&#8203;Hice lo que suelo hacer cuando me obsesiono con un dilema moral: me puse a buscar datos. Quer&#237;a entender si este patr&#243;n de &#8220;matrimonio heterosexual joven seguido de una salida del cl&#243;set&#8221; era una anomal&#237;a o un mapa invisible que muchos transitan en silencio.</p><p>&#8203;Seg&#250;n datos del <strong>INEGI</strong>, la diferencia de edad en los matrimonios en M&#233;xico ha ido cambiando, pero los enlaces donde el hombre es significativamente mayor y la mujer es muy joven suelen registrar tasas de disoluci&#243;n m&#225;s altas en los primeros cinco a&#241;os. Pero el dato que realmente me abri&#243; los ojos proviene de estudios de psicolog&#237;a social sobre la <strong>heteronormatividad obligatoria</strong>.</p><blockquote><p>&#8203;La heteronormatividad obligatoria es ese mecanismo social, invisible pero implacable, que nos empuja a cumplir con el guion preestablecido: noviazgo, boda heterosexual, hijos. Para muchas personas del colectivo LGBT+, este guion no es un enga&#241;o consciente hacia el otro; es un intento desesperado por encajar, por convencerse a s&#237; mismos de que &#8220;son normales&#8221;.</p></blockquote><p>&#8203;Rebot&#233; esta idea con mi amiga Mariana en un chat privado. Ella defend&#237;a a &#8220;Luisa&#8221; a capa y espada y me lo puso en perspectiva de una forma muy cruda:</p><p>&#8203;<em>&#8220;Leo, imag&#237;nate el terror de darte cuenta de qui&#233;n eres realmente cuando ya tienes un esposo y un beb&#233; en brazos. No est&#225;s planeando un fraude financiero; est&#225;s intentando no ahogarte&#8221;.</em></p><h2>&#8203;Las dos verdades de una misma historia</h2><p>&#8203;Es verdad que el dinero y las pensiones otorgan una red de seguridad. Negar que la estabilidad econ&#243;mica facilita la toma de decisiones complejas en un pa&#237;s como el nuestro ser&#237;a pecar de ingenuos. Sin embargo, reducir una transici&#243;n de vida tan profunda a un simple &#8220;golpe de inter&#233;s&#8221; es un mecanismo de defensa de la sociedad para no mirar de frente lo dif&#237;cil que sigue siendo salir del cl&#243;set en Latinoam&#233;rica.</p><p>&#8203;Analicemos los hechos con un poco de empat&#237;a anal&#237;tica:</p><ul><li><p>&#8203;<strong>El factor tiempo:</strong> Si esto hubiera sido una estafa o un capricho, la relaci&#243;n actual de ella no habr&#237;a resistido el paso de los a&#241;os ni el peso del escrutinio social (que sigue ah&#237; despu&#233;s de muchos a&#241;os). El tiempo es el mejor depurador de mentiras.</p></li><li><p>&#8203;<strong>La maternidad temprana:</strong> Convertirse en madre a los veintitantos cambia la qu&#237;mica y la perspectiva de cualquier mujer. A menudo, la maternidad es el catalizador que te hace decir: <em>&#8220;No puedo educar a mi hijo en la mentira; tengo que vivir mi verdad&#8221;</em>.</p></li><li><p>&#8203;<strong>El costo del juicio:</strong> Nadie elige voluntariamente convertirse en el villano del chisme si no fuera porque la alternativa (seguir viviendo una vida ficticia) es infinitamente m&#225;s dolorosa.</p></li></ul><h2>&#8203;La perspectiva desde mi sill&#243;n </h2><p>&#8203;Ya es de noche en la Ju&#225;rez. Las luces de los restaurantes coreanos de la Zona Rosa empiezan a brillar y el eco de los contingentes del Orgullo se diluye entre el tr&#225;fico.</p><p>&#8203;No conozco &#237;ntimamente a los protagonistas de esta historia, y probablemente nunca sabremos con precisi&#243;n milim&#233;trica qu&#233; se habl&#243; en esa mesa de divorcio. Pero este mes, m&#225;s all&#225; de los carros aleg&#243;ricos y las marcas que se pintan de colores, el verdadero orgullo deber&#237;a consistir en validar los procesos humanos, por m&#225;s ca&#243;ticos, asim&#233;tricos y tard&#237;os que parezcan.</p><p>&#8203;Quiz&#225;s ella se equivoc&#243; al casarse tan joven, quiz&#225;s &#233;l sufri&#243; un golpe tremendo al ego y al coraz&#243;n, y seguro el camino no fue limpio ni perfecto. Pero juzgar la b&#250;squeda de identidad desde la comodidad de nuestro celular es demasiado f&#225;cil. Al final del d&#237;a, qu&#233; fortuna que hoy, a&#241;os despu&#233;s, esa mujer pueda caminar por la calle de la mano de quien ama, habiendo pagado el alt&#237;simo costo de aduana que la sociedad le cobr&#243; por ser ella misma.</p><p>&#8203;Al menos para m&#237;, ver a alguien sobrevivir a sus propios naufragios y encontrar su puerto, siempre ser&#225; un motivo de celebraci&#243;n.</p><p>Y, no es que la nueva pareja haya alcanzado el &#8220;y fueron felices por siempre&#8221;, no (no lo sabemos). Pero el valor de mostrarse como son habla de su convicci&#243;n y sus ganas de luchar contra lo que sea que se les oponga.</p><p>Un saludo desde el sill&#243;n que lucha por no ser un tribunal de la moral p&#250;blica.</p><p>Leo</p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/leocontigo.substack.com/subscribe"><span>Subscribe now</span></a></p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Cuando la efusividad colectiva te vuelve la (o el) infiel]]></title><description><![CDATA[A cualquiera le puede pasar algo como lo que le ocurri&#243; a M. (ac&#225; no juzgamos). El problema es que a ella la grabaron.]]></description><link>https://leocontigo.substack.com/p/cuando-la-efusividad-colectiva-te</link><guid isPermaLink="false">https://leocontigo.substack.com/p/cuando-la-efusividad-colectiva-te</guid><pubDate>Sun, 21 Jun 2026 22:21:07 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Saludos a los que no miden su efusividad:</p><p>&#8203;El jueves pasado intentaba concentrarme con un caf&#233; filtrado, pero el ruido exterior me romp&#237;a el ritmo. Era el d&#237;a del partido de la Selecci&#243;n. La CDMX en d&#237;as de Mundial no es una ciudad; es un estado mental, un trance colectivo.</p><p>&#8203;Justo en medio de ese caos, me lleg&#243; el correo de una lectora de Guadalajara (vamos a llamarla "M"). Su historia me dej&#243; helado, no por ajena, sino porque retrata a la perfecci&#243;n el peligroso cruce entre la euforia masiva, el alcohol y esa c&#225;mara implacable que todos llevamos en el bolsillo.</p><p>&#8203;M. sali&#243; de trabajar cerca de la zona del Fan Fest all&#225; en Guadalajara, el d&#237;a que jug&#243; Corea. No ten&#237;a planes de fiesta, pero la corriente de la masa la arrastr&#243; (previa invitaci&#243;n de sus colegas de trabajo). Estando ah&#237;, un trago de tequila directo de la botella por aqu&#237; (quiz&#225; dos&#8230; o tres), un "&#161;Viva M&#233;xico!" por all&#225;, y de pronto, se vio envuelta en una de esas din&#225;micas absurdas que se arman en el desmadre: "besos entre mexicanos y extranjeros". </p><p>La presi&#243;n social del c&#237;rculo, los tragos encima y la adrenalina del momento hicieron lo suyo. Se bes&#243; con un chico coreano al que ni conoc&#237;a y que adem&#225;s ni le atra&#237;a. El p&#250;blico aplaudi&#243;, el trance termin&#243;, y ella, invadida por una culpa instant&#225;nea, huy&#243; a su casa.</p><p>&#8203;El verdadero problema no fue el beso de dos segundos. El problema es que el momento se volvi&#243; viral en TikTok, y su novio (el mismo que hace apenas dos semanas le hab&#237;a propuesto matrimonio) lo vio al d&#237;a siguiente. Ahora, su departamento, como imaginar&#225;n, es una zona de guerra en silencio.</p><h2>&#8203;La psicolog&#237;a de la masa: &#191;Por qu&#233; hacemos lo que nunca har&#237;amos solos?</h2><p>&#8203;Leyendo a M., no pude evitar recordar a mi amigo Santi, que un d&#237;a solt&#243; una frase memorable: "Wey, es que el f&#250;tbol te apendeja el l&#243;bulo frontal", dijo alguna vez entre risas, pero con mucha verdad.</p><p>&#8203;Lo que le pas&#243; a M. no es un caso aislado de "maldad" o "infidelidad premeditada". La psicolog&#237;a social tiene un t&#233;rmino exacto para esto: <strong>desindividualizaci&#243;n</strong>.</p><p>&#8203;El concepto, estudiado a fondo por psic&#243;logos como <strong>Philip Zimbardo</strong>, explica c&#243;mo las personas pierden su sentido de identidad individual, sus juicios morales y sus inhibiciones cuando se sumergen en una multitud densa y entusiasta.</p><p>&#8203;En un grupo grande, usualmente experimentamos dos cosas:</p><p><strong>&#8203;An&#243;nimato de masa</strong>: Sentimos que la responsabilidad de nuestros actos ya no es nuestra, sino del "colectivo".</p><p><strong>&#8203;Contagio emocional</strong>: La energ&#237;a del grupo es tan alta que nuestro cerebro imita el comportamiento del entorno para no romper la armon&#237;a del "ritual".</p><p>&#8203;Varios estudios sobre consumo cultural demuestran que las festividades deportivas operan como "espacios de excepci&#243;n". Son momentos donde las reglas sociales cotidianas se pausan. El problema es que, en el 2026, internet no tiene espacios de excepci&#243;n. Lo que antes se quedaba en la an&#233;cdota borrosa de una banqueta, hoy se transforma en un archivo digital permanente en 4K.</p><h2><strong>&#8203;La humillaci&#243;n p&#250;blica vs. el error privado</strong></h2><p>&#8203;Hablemos de lo que le toca vivir a M. y a su prometido. El drama aqu&#237; est&#225; amplificado por un factor moderno que es devastador: la viralidad.</p><p>&#8203;Para el novio, el dolor no es solo el acto del beso (que en un contexto sobrio y privado se hablar&#237;a de otra forma). El dolor es la humillaci&#243;n p&#250;blica. Ver a la persona con la que planeas casarte convertida en el entretenimiento de miles de desconocidos en internet rompe el pacto de complicidad y seguridad que requiere un compromiso.</p><p>&#201;l no solo est&#225; lidiando con los celos o la decepci&#243;n; est&#225; lidiando con el ego herido ante el escrutinio digital.</p><p>&#8203;M. est&#225; en el peor de los escenarios: el "baj&#243;n" &#233;tico y la resaca moral potenciada por un algoritmo. Siente culpa porque sabe que rompi&#243; un l&#237;mite, pero tambi&#233;n siente terror porque la persona que es en su d&#237;a a d&#237;a (la que acept&#243; un anillo de compromiso por amor) no se reconoce en la chica desinhibida del video.</p><p>&#8203;Si M. estuviera sentada aqu&#237; conmigo, le dir&#237;a que el peor error que puede cometer ahora es justificarse detr&#225;s del "estaba medio borracha" o "me presionaron". </p><p>Aunque cient&#237;ficamente la psicolog&#237;a de la masa explique el fen&#243;meno, la madurez afectiva exige hacerse cargo de las consecuencias.</p><p>&#8203;Aqu&#237; no hay soluciones m&#225;gicas, pero s&#237; un camino para empezar a sanar el desastre:</p><ul><li><p>&#8203;Validar el dolor del otro sin defensas: Su novio tiene derecho a estar furioso, herido y confundido. Ella debe escuchar ese dolor sin interrumpir con excusas. El espacio seguro para &#233;l se construye permiti&#233;ndole procesar el golpe.</p></li><li><p>&#8203;Separar el error de la identidad: M. cometi&#243; una tremenda estupidez bajo los efectos del alcohol y el trance colectivo, pero eso no la convierte autom&#225;ticamente en una mala pareja o en alguien incapaz de casarse. Hay que aprender a perdonarse el desliz para poder pedir perd&#243;n de manera aut&#233;ntica.</p></li><li><p>&#8203;Bajar el switch digital: El video ya est&#225; ah&#237;. Monitorear los comentarios o las vistas solo aumentar&#225; la ansiedad. La conversaci&#243;n que importa est&#225; pasando en la sala de su casa, no en la secci&#243;n de comentarios de una app.</p></li></ul><p>&#8203;Las relaciones humanas en nuestra era son un deporte de alto riesgo. Estamos a un clic, a un trago o a un partido de f&#250;tbol de distancia de cambiar el rumbo de nuestras vidas. A veces nos equivocamos feo, nos dejamos llevar por la marea y terminamos encallados en una playa que no reconocemos. Pero el amor que vale la pena es aquel que, despu&#233;s de la tormenta y con el video en pausa, es capaz de sentarse a hablar frente a frente.</p><p>&#8203;Espero que M. y su prometido encuentren la forma de apagar el ruido de las cornetas y escucharse, finalmente, en el silencio de su propia verdad.</p><p>&#8203;Para entender mejor c&#243;mo abordar esta conversaci&#243;n con ella, me gustar&#237;a saber en algunos d&#237;as c&#243;mo ha reaccionado el novio (sigue completamente cerrado al di&#225;logo, pide tiempo o est&#225; buscando explicaciones).</p><p>Y si es tiempo de decir adi&#243;s, ella tendr&#225; que aceptar la consecuencia. Al final, esto es solo una opini&#243;n basada en una observaci&#243;n incompleta de un hecho casi fortuito. Ese hecho no define a la persona, pero s&#237; muestra su capacidad de autocontrol. Y su novio, seguramente, ha pensado todos estos d&#237;as &#8216;&#191;Y si no es la primera vez que lo hace? &#191;Y si no es la &#250;ltima?&#8217;</p><p>Un abrazo&#8230; sin euforia.</p><p>Leo.</p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/leocontigo.substack.com/subscribe"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[No, señores, el Mundial no es nuestra "menstruación"]]></title><description><![CDATA[La analog&#237;a es rancia y garant&#237;a de que si a nuestra pareja no le atrae el futbol como a nosotros, iniciaremos una pelea.]]></description><link>https://leocontigo.substack.com/p/no-senores-el-mundial-no-es-nuestra</link><guid isPermaLink="false">https://leocontigo.substack.com/p/no-senores-el-mundial-no-es-nuestra</guid><pubDate>Mon, 15 Jun 2026 01:28:24 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>El jueves pasado estaba sentado en una de las mesas de afuera de un caf&#233; en la calle de Havre, aqu&#237; en la Ju&#225;rez. Estaba lloviendo a c&#225;ntaros y yo miraba las alocadas celebraciones de la gente que buscaba llegar a Reforma. En eso lleg&#243; <strong>Paty</strong>.</p><p>A Paty ya la conocen. Es la misma amiga de la que les habl&#233; hace unos meses, la que sobrevivi&#243; a la &#8220;&#233;poca de terror&#8221; de las citas de Tinder en la Roma y que finalmente, el a&#241;o pasado, inici&#243; una relaci&#243;n formal, de esas que pintaban para mudanza y planes a futuro.</p><p>Se sent&#243; frente a m&#237;, dej&#243; caer su bolsa con un azote dram&#225;tico y, antes de pedir un americano, me solt&#243; a bocajarro:</p><blockquote><p>&#8212;&#8221;Wey, &#191;t&#250; crees que el Mundial es igual a la menstruaci&#243;n?&#8221;</p></blockquote><p>Parpade&#233; un par de veces, procesando la frase. Claramente no era una duda de biolog&#237;a de secundaria. Paty me cont&#243; que un d&#237;a antes, cenando, su novio solt&#243; una de esas joyitas que pretenden pasar como &#8220;comedia inofensiva&#8221;. Palabras m&#225;s, palabras menos, &#233;l le dijo: <em>&#8220;A ver, amor, el Mundial es como mi menstruaci&#243;n. Me llega cada cuatro a&#241;os, as&#237; que te pido que me dejes tranquilo y no me pidas mucho estas semanas&#8221;</em>.</p><p>&#201;l lo dijo ri&#233;ndose, esperando una carcajada o un tierno &#8220;ay, qu&#233; payaso eres&#8221;. Paty no se ri&#243;. Al contrario, sinti&#243; ese fr&#237;o en el est&#243;mago que te da cuando te das cuenta de que la persona con la que compartes la cama <strong>habita un planeta mental distinto al tuyo</strong>. <em>&#8220;Qu&#233; oso, de verdad&#8221;</em>, me dec&#237;a Paty mientras le daba vueltas a su cuchara. <em>&#8220;S&#233; que fue un chiste, pero me cay&#243; p&#233;simo. Me sent&#237; como un estorbo que estorba menos si se quita un mes&#8221;</em>.</p><p><strong>La b&#250;squeda del mapa: &#191;S&#243;lo un mal chiste o un s&#237;ntoma?</strong></p><p>Regres&#233; a mi departamento ya tarde por la dificultad para transitar en la zona y no pude dejar de pensar en eso. Con la fiebre del f&#250;tbol inundando cada pantalla, la queja de Paty me pareci&#243; el s&#237;ntoma de algo m&#225;s grande.</p><p><strong>&#191;Por qu&#233; nos cuesta tanto, como hombres, pedir espacio sin necesidad de levantar una muralla o recurrir al humor rancio?</strong></p><p>El chiste del novio de Paty falla en dos niveles que vale la pena desmenuzar desde la &#243;ptica de las parejas de hoy:</p><ul><li><p><strong>La falsa equivalencia:</strong> Comparar un proceso biol&#243;gico, hormonal y muchas veces doloroso (que la mitad de la poblaci&#243;n vive cada 28 d&#237;as sin posibilidad de &#8220;apagarlo&#8221;) con sentarse a ver a 22 personas corriendo detr&#225;s de un bal&#243;n es, por decir lo menos, de mal gusto.</p></li><li><p><strong>El &#8220;unilateralismo&#8221; afectivo:</strong> Lo que a Paty realmente le doli&#243; no fue que &#233;l quisiera ver los partidos. Fue la cl&#225;usula de exclusi&#243;n. El decreto de <em>&#8220;durante un mes, mis prioridades cambian y t&#250; pasas a la banca&#8221;</em>.</p></li></ul><p>Me puse, otra vez, a buscar datos sobre c&#243;mo gestionamos el tiempo libre en pareja en nuestro contexto. En M&#233;xico, la <strong>Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (ENUT) del INEGI</strong> siempre arroja cubetadas de agua fr&#237;a.</p><p>Hist&#243;ricamente, los hombres en M&#233;xico reportan tener un promedio de <strong>4 a 5 horas m&#225;s de tiempo libre a la semana</strong> dedicado al entretenimiento y al deporte en comparaci&#243;n con las mujeres, quienes incluso en parejas profesionales y &#8220;modernas&#8221;, siguen cargando con la mayor parte del trabajo mental y dom&#233;stico invisible.</p><p>Cuando un hombre en una relaci&#243;n moderna exige un &#8220;pase de abordar&#8221; absoluto para aislarse en su pasatiempo, a menudo no se da cuenta de que est&#225; asumiendo que el mundo exterior (la cocina, el s&#250;per, los planes compartidos, el sost&#233;n emocional de la pareja) va a seguir funcionando por arte de magia. El enojo de Paty no era contra el f&#250;tbol; era contra la asimetr&#237;a de la empat&#237;a.</p><p><strong>El coro de amigos (y una conclusi&#243;n agridulce)</strong></p><p>Esa misma noche lo rebot&#233; en el grupo de WhatsApp que tengo con los de la universidad. Uno de ellos, el m&#225;s futbolero, salt&#243; de inmediato: <em>&#8220;Leo, no mames, es un chiste, los hombres necesitamos desconectarnos&#8221;</em>. Pero otro, que acaba de mudarse con su novia, puso un punto brillante: <em>&#8220;Es que el problema no es querer ver el partido. El problema es avisar que vas a desaparecer emocionalmente como si la otra persona fuera una prenda que guardas en el cl&#243;set hasta que tu equipo quede fuera&#8221;</em>.</p><p>Las parejas de nuestros pap&#225;s funcionaban bajo la l&#243;gica de los mundos separados. El hombre ten&#237;a sus zonas sagradas e incuestionables y la mujer las suyas (o las que le dejaban). Pero, muchachos, nosotros ya no estamos ah&#237;. Hoy buscamos <strong>conexi&#243;n, reciprocidad y vulnerabilidad</strong>.</p><p>Cuando recurrimos al humor de pel&#237;cula de ficheras de los a&#241;os ochenta para marcar territorio, lo &#250;nico que logramos es levantar una bandera roja. Est&#225; perfecto que te apasione el f&#250;tbol, que te encierre el partido del domingo o que te vayas al bar con tus amigos. Eso es sano. Lo que ya no cabe en un amor democr&#225;tico es el <em>&#8220;no me molestes porque mi juego importa m&#225;s que nuestra cotidianidad&#8221;</em>.</p><p>No pienso llamar a Paty para darle una soluci&#243;n m&#225;gica. Ese d&#237;a me dijo que iba a hablar con &#233;l esa noche, ya sin el enojo del momento, pero con la firmeza de quien sabe lo que vale su tiempo. Ojal&#225; le haya ido bien.</p><p>Amar en los tiempos modernos no es encontrar a alguien que tenga tus mismos hobbies, sino a alguien que, incluso cuando rueda el bal&#243;n, sepa mirarte a los ojos y decirte: <em>&#8220;Estoy aqu&#237;, contigo, aunque hoy juegue la selecci&#243;n y mi atenci&#243;n est&#233; dispersa&#8221;</em>.</p><p>Un saludo desde la zona donde la gente est&#225; &#225;vida de celebrar algo que le ponga un sabor distinto a su vida.</p><p>&#8212;Leo</p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/leocontigo.substack.com/subscribe"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La "cajita feliz" del Metro como proyección de nuestra moral]]></title><description><![CDATA[Ya sabemos, no es adecuado desde varios &#225;ngulos, pero vamos a lo profundo: &#191;por qu&#233;?]]></description><link>https://leocontigo.substack.com/p/la-cajita-feliz-del-metro-como-proyeccion</link><guid isPermaLink="false">https://leocontigo.substack.com/p/la-cajita-feliz-del-metro-como-proyeccion</guid><pubDate>Sun, 07 Jun 2026 18:53:14 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Un saludo para los amigos que desprecian a los gays, pero no evaden ver y compartir videos virales sobre ellos&#8230;</p><p></p><p>El otro d&#237;a, mientras esperaba mi caf&#233; en la barra, escuch&#233; en una mesa de atr&#225;s a un par de hombres, en sus 40 altos, soltar una risotada mientras ve&#237;an un tel&#233;fono. </p><p>&#8220;Qu&#233; oso, wey&#8230; y que te graben&#8221;, dijo uno, mientras le mostraba al otro la pantalla con un <strong>video que hace algunas semanas se hizo viral</strong>, donde un par de personas vestidas de var&#243;n ten&#237;an una interacci&#243;n de naturaleza sexual en la famosa &#8220;cajita feliz&#8221; (ese c&#243;digo urbano con el que se conoce al &#250;ltimo vag&#243;n del Metro de la CDMX) . </p><p>Su comentario final fue seco, tajante y cargado de un desprecio impecable: &#8220;Qu&#233; asco la gente que hace eso, de verdad, cero dignidad&#8221;.</p><p>Su compa&#241;ero se re&#237;a. Le di un trago a mi caf&#233;  y me encamin&#233; a mi trabajo. La frase se me qued&#243; atorada en el pecho como el tr&#225;fico de la calle a las tres de la tarde.</p><p>Camino de vuelta a mi departamento, no pod&#237;a dejar de pensar en lo f&#225;cil que es lanzar un juicio moral desde la comodidad de una burbuja. Me pareci&#243; una mirada tan superficial que sent&#237; la necesidad de sacar mi cuaderno, sentarme en una banca y empezar a trazar un mapa de lo que realmente pasa ah&#237; dentro.<br></p><h2>El espacio p&#250;blico como espejo del deseo</h2><p>Toda mi vida he sido un rom&#225;ntico incurable (un Ted Mosby chilango, si me apuran), de los que intelectualizan los sentimientos para que no duelan tanto.</p><p>Por eso, cuando escucho comentarios tan despectivos, mi mecanismo de defensa es hacerme preguntas. <strong>&#191;De qu&#233; nos re&#237;mos realmente cuando nos burlamos de la &#8220;cajita feliz&#8221;?</strong> &#191;Es un asunto de decencia p&#250;blica o nos incomoda ver el deseo humano despojado de sus adornos culturales?</p><p>Para entenderlo, llam&#233; a mi amigo Fer mientras preparaba la cena. &#201;l es antrop&#243;logo, orgullosamente gay, y no le teme a ninguna verdad. Me dio una frase que me vol&#243; la cabeza:</p><blockquote><p>&#8220;Juzgamos las din&#225;micas del &#250;ltimo vag&#243;n desde el privilegio de tener una cama propia, una suscripci&#243;n de Tinder y el tiempo para salir a romancear a una terraza de la Roma. Olvidamos que la ciudad no trata a todos por igual&#8221;.</p></blockquote><h2>Los puntos en el mapa: Lo que dicen los datos</h2><p>Nos encanta pensar que las relaciones humanas hoy en d&#237;a se rigen bajo el manual de las aplicaciones de citas. Pero la realidad estad&#237;stica de nuestra ciudad cuenta una historia completamente distinta sobre el aislamiento y la geograf&#237;a del afecto:</p><p><strong>El factor tiempo:</strong> Seg&#250;n datos de movilidad urbana en la CDMX, el habitante promedio pasa entre 1.5 y 2 horas por trayecto en el transporte p&#250;blico. Vivimos en una ciudad que te consume el d&#237;a. Para miles de personas, el trayecto de vuelta a casa es el &#250;nico espacio &#8220;social&#8221; disponible fuera de las jornadas laborales extenuantes.</p><p><strong>La epidemia silenciosa: </strong>Varios estudios sobre salud mental y sociolog&#237;a urbana en Latinoam&#233;rica coinciden en que el sentimiento de soledad cr&#243;nica ha aumentado significativamente en adultos j&#243;venes. Buscamos conectar como sea, donde sea.</p><p><strong>La reapropiaci&#243;n del espacio:</strong> El urbanismo social explica que cuando una comunidad (especialmente la diversidad sexual o sectores marginados) no encuentra espacios seguros o accesibles de socializaci&#243;n, redefine la infraestructura existente. El vag&#243;n no es solo transporte; se convierte en un territorio de resistencia, anonimato y consenso r&#225;pido.</p><p>Cuando desarmamos el comentario despectivo del hombre heterosexual con la capacidad econ&#243;mica de comprar un caf&#233; de cadena extranjera, te das cuenta de que su juicio no es por la &#8220;falta de dignidad&#8221; que percibe, sino por un <strong>choque de clases y de est&#233;ticas del deseo</strong>. Nos han vendido la idea de que el afecto o el encuentro sexual v&#225;lido debe costar: una cena en un lugar fancy, un trago de 200 pesos, un viaje en Uber.</p><p>Cuando el deseo ocurre de forma gratuita, democr&#225;tica, veloz, espont&#225;nea y en la periferia de las normas, asusta. Nos confronta con nuestra propia necesidad animal de ser vistos, tocados y validados en una metr&#243;poli que muchas veces nos hace sentir invisibles</p><p>Atenci&#243;n a esto antes de que algunos pidan mi crucifixi&#243;n: no estoy intentando romantizar el sexo en el espacio p&#250;blico ni ignorando los debates leg&#237;timos sobre el consentimiento o el uso correcto del transporte. Entiendo las reglas y sus l&#237;mites. M&#225;s bien, trato de tener la empat&#237;a suficiente para mirar m&#225;s all&#225; de la superficie y que mi juicio no sea exclusivamente moral y desde mi burbuja.</p><p>Y eso me hace lanzar una sugerencia: la pr&#243;xima vez que escuches a alguien juzgar con ligereza esos encuentros ef&#237;meros bajo el ruido de las v&#237;as, recuerda que el mapa del afecto en esta ciudad es complejo, laber&#237;ntico y, a veces, un poco desesperado. Al final, todos estamos buscando lo mismo: sentirnos un poco menos solos y mucho m&#225;s satisfechos.</p><p>&#191;Alguna vez te has cachado juzgando una forma de buscar afecto solo porque no encaja en los c&#243;digos a los que est&#225;s acostumbrado?<br>Te leo. </p><p>Leo.</p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/leocontigo.substack.com/subscribe"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><p></p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El príncipe azul viene de Seúl... (o de la pantalla de tu celular)]]></title><description><![CDATA[Ahora que viene el Mundial, habr&#225; muchos golpes de realidad con la idealizaci&#243;n racial.]]></description><link>https://leocontigo.substack.com/p/el-principe-azul-viene-de-seul-o</link><guid isPermaLink="false">https://leocontigo.substack.com/p/el-principe-azul-viene-de-seul-o</guid><pubDate>Sun, 31 May 2026 17:30:45 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>De: Leo</p><p>Para: Quienes siguen buscando el amor en el mapa.</p><p>&#8203;El domingo pasado cambi&#233; el ruido de la Colonia Ju&#225;rez por el caos entra&#241;able de la comida familiar. Ya saben c&#243;mo es: el olor a comida reci&#233;n hecha, los t&#237;os discutiendo de pol&#237;tica, y las t&#237;as pregunt&#225;ndome, por und&#233;cima vez, por qu&#233; sigo soltero a mis "treinta y tantos".</p><p>&#8203;Est&#225;bamos a mitad del postre cuando mi sobrina Camila, de 16 a&#241;os, levant&#243; la vista de su tel&#233;fono, interrumpi&#243; el debate sobre el tr&#225;fico de Perif&#233;rico y solt&#243;, con una seriedad pasmosa una frase:</p><p>&#8203;&#8212;<strong>Wey, neta, ahora que venga el mundial, me voy a embarazar de un coreano.</strong></p><p>&#8203;El silencio que sigui&#243; fue glorioso. Mi t&#237;a abuela casi se ahoga con el flan, mi hermano le lanz&#243; una mirada de "est&#225;s castigada hasta los 30", y yo... yo no pude evitar re&#237;r. </p><p>Pasado el shock inicial y las risas inc&#243;modas ("&#161;Camila, qu&#233; oso, por Dios!"), me qued&#233; pensando en esa frase todo el camino de regreso.</p><p>&#8203;Independientemente de la bell&#237;sima e inocente inmadurez de una adolescente de prepa, la declaraci&#243;n de Camila no es un hecho aislado. Es el s&#237;ntoma de algo m&#225;s grande.</p><h2>&#8203;La b&#250;squeda del mapa: &#191;De qui&#233;n nos enamoramos cuando vemos una pantalla?</h2><p>&#8203;Cuando llegu&#233; a mi departamento, me serv&#237; un mezcal y me puse a investigar. &#191;Por qu&#233; Corea? Hace veinte a&#241;os, las adolescentes de la CDMX forraban sus cuadernos con fotos de Nick Carter o de alg&#250;n actor de Hollywood. Hoy, el epicentro del deseo rom&#225;ntico global se mud&#243; a Se&#250;l.</p><p>&#8203;Camila, como millones de personas en Latinoam&#233;rica, consume religiosamente K-dramas (las famosas telenovelas coreanas) y escucha K-pop. En esas historias, los protagonistas masculinos son la ant&#237;tesis del cl&#225;sico "macho" latino: son hombres profundamente sensibles, que lloran, que cuidan su piel, que visten de forma impecable y que pasan diecis&#233;is cap&#237;tulos conteniendo el aliento antes de atreverse a rozar la mano de la protagonista.</p><p>&#8203;Es un romanticismo puro, casi victoriano, pero con filtros de Instagram. Y ah&#237; es donde empieza la distorsi&#243;n. Estamos exportando nuestras carencias afectivas y proyect&#225;ndolas no en una persona, sino en una cultura entera.</p><p>&#8203;Curioso por entender la magnitud de esto, me top&#233; con el Informe Global Hallyu de la Fundaci&#243;n Coreana para el Intercambio Cultural Internacional (KOFICE). Los datos son brutales:</p><p>&#8203;M&#233;xico y Brasil se encuentran constantemente en el top de los pa&#237;ses con mayor crecimiento en el consumo de contenido coreano en Occidente.</p><p>&#8203;El estudio revela que m&#225;s del 60% de los usuarios extranjeros asocian la cultura coreana con conceptos como "sofisticaci&#243;n", "respeto" y, ojo ac&#225;,  "romanticismo moderno".</p><p>&#8203;El "Efecto Hallyu" no es solo un fen&#243;meno musical; es una m&#225;quina de propaganda que ha logrado algo hist&#243;rico: industrializar el ideal del hombre perfecto. </p><p>El problema surge cuando confundimos el guion de una serie de Netflix con la realidad demogr&#225;fica de un pa&#237;s. Soci&#243;logos que estudian el fen&#243;meno del "Turismo por K-drama" en Se&#250;l han acu&#241;ado el t&#233;rmino <strong>Efecto dorama</strong>. Miles de mujeres j&#243;venes viajan a Corea del Sur buscando a su propio pr&#237;ncipe azul de ojos rasgados, solo para chocar de frente con una realidad donde la sociedad coreana sigue lidiando con altos &#237;ndices de patriarcado, jornadas laborales esclavizantes y los mismos problemas de comunicaci&#243;n afectiva que tenemos en la Ju&#225;rez o en Yucat&#225;n.</p><p>&#8203;Ayer por la tarde saqu&#233; el tema con mi amiga Sof&#237;a mientras nos tom&#225;bamos un caf&#233;. Ella se ri&#243;, pero luego se puso seria:</p><p>&#8203;&#8212;A ver, Leo, qu&#233; oso con tu sobrina, pero no te hagas el santo. Todos idealizamos una raza o una cultura por lo que consumimos. &#191;O me vas a negar que a los veinte te fuiste a Europa jurando que te ibas a enamorar de una francesa intelectual que le&#237;a a Sartre en un caf&#233;?</p><p>&#8203;<em>Touch&#233;</em>. Sof&#237;a ten&#237;a raz&#243;n.</p><p>&#8203;La diferencia es que hoy las pantallas no solo nos muestran historias; nos crean algoritmos de deseo personalizados. La pantalla de Camila le dice que el amor es coreano, pulcro y perfectamente iluminado.</p><p>&#8203;Este a&#241;o, con el Mundial de F&#250;tbol encima, la CDMX se va a llenar de banderas, de fiesta y de coreanos reales, de carne y hueso, caminando por las calles. Y creo que lo hermoso (y lo doloroso) de crecer es precisamente ese momento donde la realidad rompe la pantalla.</p><p>&#8203;No est&#225; mal que Camila sue&#241;e. Al final del d&#237;a, todos buscamos una narrativa que nos salve del cinismo cotidiano. El peligro no es desear un amor de dorama; el peligro es cerrarle la puerta a la belleza de lo real (a una pareja de verdad, pues) por quedarnos esperando un ideal que solo existe en los servidores de una plataforma de streaming.</p><p>&#8203;Porque los hombres coreanos, al igual que los mexicanos, tambi&#233;n se tiran gases, tambi&#233;n se asustan con el compromiso, tambi&#233;n tienen d&#237;as malos y tampoco saben, la mayor&#237;a de las veces, qu&#233; carajos est&#225;n haciendo con sus vidas.</p><p>&#8203;El amor real no viene con subt&#237;tulos ni con m&#250;sica de fondo. El amor real es imperfecto, un poco ca&#243;tico y, a veces, se encuentra en una taquer&#237;a de la esquina, con alguien que es incapaz de seguir los pasos de una coreograf&#237;a, pero que te mira como si fueras su universo entero.</p><p>&#8203;Nos leemos el pr&#243;ximo domingo.</p><p>&#8203;&#8212; Leo.</p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/leocontigo.substack.com/subscribe"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><p></p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Cuando tu terapeuta se vuelve parte del problema y no la solución]]></title><description><![CDATA[Me da pena decirlo, pero hay algunos terapeutas que, por incompetencia o por inter&#233;s, simplemente no hacen el trabajo que tienen asignado.]]></description><link>https://leocontigo.substack.com/p/cuando-tu-terapeuta-se-vuelve-parte</link><guid isPermaLink="false">https://leocontigo.substack.com/p/cuando-tu-terapeuta-se-vuelve-parte</guid><pubDate>Sun, 24 May 2026 18:41:45 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Saludos con &#233;nfasis a los que pagan por tener la raz&#243;n&#8230; porque los hay.</p><p>El martes pasado llov&#237;a a c&#225;ntaros en la Ju&#225;rez. De esas lluvias chilangas de mayo que convierten Insurgentes en un estacionamiento gigante y te obligan a refugiarte en el primer lugar con toldo. Y ese lugar fue mi auto. Mientras esperaba, recib&#237; una llamada de &#8220;Lupe&#8221;, una vieja amiga que conservo desde la preparatoria. </p><p>Lupe es brillante, divertida y tiene un radar para encontrar el mejor pan dulce de la ciudad. Pero sus relaciones sentimentales tienen la misma fecha de caducidad que un aguacate: de verdad le duran tres meses, m&#225;ximo. Lleva a&#241;os pidi&#233;ndome ser su terapeuta, pero nuestra cercan&#237;a me impedir&#237;a ser una voz objetiva. Eso s&#237;, siempre la escucho.<br><br>Esta vez me habl&#243; de Andr&#233;s. <em>&#8220;Me dijo que soy demasiado reactiva, Leo. Que mi hostilidad lo agota&#8221;</em>. Le pregunt&#233; qu&#233; pensaba hacer. <em>&#8220;Regres&#233; con Carmen&#8221;</em>, respondi&#243;.</p><p>Carmen es su terapeuta. O bueno, la terapeuta a la que Lupe siempre vuelve. En el &#250;ltimo a&#241;o, vi a mi amiga probar con tres psic&#243;logos distintos, buscando entender por qu&#233; sus romances siempre implosionan. Pero inevitablemente los deja. A Carmen la dej&#243; de ver cuando se mud&#243; de ciudad, pero regres&#243; con ella por Zoom. Y se lo he dicho abiertamente: me parece que Carmen no es la profesional para ella.</p><p>De sus &#250;ltimos psic&#243;logos, uno la confront&#243; sobre su apego evasivo; otro le sugiri&#243; estrategias para manejar sus picos de enojo. &#191;Su veredicto? <em>&#8220;No hac&#237;an clic conmigo, wey. No me sent&#237;a validada&#8221;</em>.</p><p>Carmen, en cambio, la escucha, asiente, le da la raz&#243;n y abraza cada uno de sus enojos sin cuestionar jam&#225;s. Carmen es c&#243;moda. Carmen nunca le dir&#225; que la constante en todas sus rupturas es ella misma.</p><p>Llegu&#233; a mi departamento esa noche escuchando el eco del tr&#225;fico h&#250;medo y el sonido de un organillero a lo lejos. Me prepar&#233; un t&#233; y me qued&#233; pensando: <strong>&#191;Cu&#225;ntas veces preferimos tener la raz&#243;n que tener paz? &#191;O que tener pareja?</strong></p><h3>El espejismo del eco</h3><p>Me clav&#233; buscando sobre esto y encontr&#233; algo que me vol&#243; la cabeza. En psicolog&#237;a existe un fen&#243;meno muy estudiado sobre el abandono prematuro del tratamiento. Seg&#250;n datos de la Asociaci&#243;n Americana de Psicolog&#237;a (APA), cerca del 20% de los pacientes abandonan la terapia de forma temprana, y una de las principales razones es la profunda incomodidad frente a la &#8220;confrontaci&#243;n terap&#233;utica&#8221;.</p><p>Pero hay m&#225;s. Distintos estudios sobre el sesgo de confirmaci&#243;n demuestran que los seres humanos somos, literalmente, adictos a que nos den la raz&#243;n. Cuando recibimos informaci&#243;n que confirma nuestras creencias (incluso las destructivas o paralizantes), nuestro cerebro libera dopamina.</p><p>O sea, biol&#243;gicamente, se siente mejor que nos digan <em>&#8220;t&#250; est&#225;s bien, &#233;l es un idiota&#8221;</em>, a que nos pregunten <em>&#8220;&#191;por qu&#233; decidiste reaccionar con esa hostilidad?&#8221;</em>. Lupe, me temo, no est&#225; pagando por terapia; est&#225; pagando una suscripci&#243;n de dopamina para proteger a su ego.</p><h3>La teor&#237;a del &#8220;coach&#8221; vs. el &#8220;porrista&#8221;</h3><p>El jueves fui por unos de suadero con mi amigo y tambi&#233;n terapeuta Diego y le cont&#233; del caso. Diego, d&#225;ndole una mordida a su taco con salsa roja, me dijo algo brillantemente simple: <em>&#8220;Wey, es que todos queremos un porrista en la vida, nadie quiere al coach que te hace correr diez vueltas bajo el sol. Pero el problema es que el porrista no te hace ganar el partido&#8221;</em>.</p><p>Y tiene toda la raz&#243;n. Qu&#233; oso darnos cuenta de que, en el fondo, muchos operamos igual en el amor. Queremos a alguien que ame nuestra &#8220;autenticidad&#8221;, incluso cuando esa autenticidad es solo un mecanismo de defensa mal procesado. Confundimos el amor incondicional con la falta total de l&#237;mites.</p><p>Si le pagamos a un profesional de la salud mental para que nos tape los ojos y nos aplauda la hostilidad, &#191;qu&#233; le estamos exigiendo a nuestras parejas? Probablemente que sean rehenes de nuestras heridas, no compa&#241;eros de nuestra sanaci&#243;n.</p><p>Hoy le mand&#233; un mensaje a Lupe para invitarle un caf&#233;. No le voy a decir qu&#233; hacer con Carmen, ni le voy a dar un serm&#243;n sobre Andr&#233;s. Solo quiero escucharla, estar ah&#237; para ella. Pero me quedo con la pregunta rebotando en las paredes:</p><p><strong>Para que el amor eche ra&#237;ces reales, &#191;estamos dispuestos a soltar el guion donde nosotros somos siempre las v&#237;ctimas perfectas?</strong></p><p>Un abrazo comprensivo, principalmente a los que me escribir&#225;n, como ya es habitual, para decirme que no deber&#237;a estar ventilando casos como este.</p><p>Leo</p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/leocontigo.substack.com/subscribe"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Cuando te gusta tu jefe canoso... pero no lo quieres de sugar]]></title><description><![CDATA[Que te guste un hombre mayor, con poder, no es anormal. Hay incluso estudios que lo han evaluado.]]></description><link>https://leocontigo.substack.com/p/cuando-te-gusta-tu-jefe-canoso-pero</link><guid isPermaLink="false">https://leocontigo.substack.com/p/cuando-te-gusta-tu-jefe-canoso-pero</guid><pubDate>Sun, 17 May 2026 16:52:20 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Saludos a quienes navegan las aguas turbulentas del deseo corporativo.</p><p>Caminaba ayer por la tarde por la calle Orizaba, disfrutando de ese calor de mayo que ya se siente pesado en el pavimento, cuando me encontr&#233; a Caro en una mesa exterior de una librer&#237;a-caf&#233;. Ten&#237;a esa sonrisa culpable de quien acaba de cometer un pecado mental y necesita un c&#243;mplice.</p><p>&#8212;Leo, me urge contarte algo pero me vas a juzgar&#8212; me dijo, d&#225;ndole un trago largo a su caf&#233; antes de que yo alcanzara a sentarme.</p><p>No juzgu&#233;. Caro tiene 28 a&#241;os, es una de las mentes m&#225;s brillantes en su agencia de marketing, y resulta que lleva tres semanas teniendo fantas&#237;as expl&#237;citas con Mauricio, su director general, que acaba de cumplir 48.</p><p>&#8212;Pero ojo, Leo: no quiero un novio con canas, ni que me mantenga, ni conocer a sus hijos adolescentes. Solo quiero que me quite la duda en la sala de juntas despu&#233;s de las 6 PM, y ya&#8212; aclar&#243;, con una lucidez que me dej&#243; helado.</p><p>Caro lo tiene clar&#237;simo: no busca nada serio. Sin embargo, la tensi&#243;n sexual es un elefante de veinte a&#241;os de diferencia sentado en su cub&#237;culo.</p><div><hr></div><h3>LA ATRACCI&#211;N DEL ORGANIGRAMA</h3><p>Me qued&#233; pensando en ella mientras caminaba de regreso a mi departamento. Tradicionalmente, la brecha de edad en el trabajo se analizaba bajo el lente del inter&#233;s econ&#243;mico o el mito del &#8220;sugar daddy&#8221;. Pero Caro no busca un boleto al club de golf; busca adrenalina l&#237;quida.</p><p>&#191;En qu&#233; momento el organigrama se volvi&#243; el nuevo Tinder? Investigando sobre estas din&#225;micas de oficina en pleno 2026, encontr&#233; que el deseo intergeneracional en el espacio de trabajo tiene ra&#237;ces mucho m&#225;s psicol&#243;gicas que financieras.</p><h3>DATO #1: El &#8220;Efecto de Propinquidad&#8221; y el erotismo de la competencia</h3><p>En psicolog&#237;a social existe el t&#233;rmino <em>efecto de propinquidad</em>: nos atrae aquello con lo que convivimos diariamente por pura repetici&#243;n. En el entorno corporativo actual, donde pasamos m&#225;s horas resolviendo crisis con el equipo que viendo a nuestros amigos, el jefe se convierte en el epicentro visual.</p><p>Un estudio de la <em>Harvard Business Review</em> sobre din&#225;micas laborales se&#241;ala que la competencia profesional y la resoluci&#243;n de problemas bajo presi&#243;n son potentes afrodis&#237;acos. Para Caro, ver a Mauricio dominar una junta de consejo con clientes dif&#237;ciles apaga el interruptor de la l&#243;gica y enciende el de la atracci&#243;n biol&#243;gica. El poder, en el entorno adecuado, no solo corrompe; tambi&#233;n seduce.</p><h3>DATO #2: La subversi&#243;n de la brecha de edad (The Casual Age-Gap)</h3><p>Hist&#243;ricamente, las relaciones con diferencias de edad significativas se asociaban con la dependencia. Sin embargo, soci&#243;logos de la <em>London School of Economics</em> apuntan a un fen&#243;meno creciente entre mujeres j&#243;venes profesionales: el deseo de explorar la madurez ajena sin el &#8220;paquete&#8221; del compromiso.</p><p>Al tener claro que no quiere nada serio, Caro subvierte la din&#225;mica de poder tradicional. Ella no est&#225; buscando ser rescatada ni integrada a la vida de un hombre mayor; est&#225; consumiendo una experiencia est&#233;tica y er&#243;tica, sabiendo que los planes de retiro o las crisis de la mediana edad de Mauricio no son su problema. Es el hedonismo corporativo en su estado m&#225;s puro.</p><h3>DATO #3: El peligro del &#8220;Efecto Derrame&#8221; (Spillover Effect)</h3><p>Aunque Caro cree tener la situaci&#243;n bajo control en su mente, la sociolog&#237;a organizacional advierte sobre el <em>spillover effect</em>. Un estudio de la <em>University of Michigan</em> revela que el 72% de las personas que se involucran casualmente con un superior jer&#225;rquico terminan experimentando <strong>un desgaste en su entorno laboral,</strong> incluso si la relaci&#243;n es plenamente consensuada y puramente f&#237;sica.</p><p>El cerebro humano no es un software con carpetas bloqueadas; el deseo en la oficina siempre deja migajas (una mirada m&#225;s larga de lo normal, una sonrisa en una videollamada) que el resto del equipo termina detectando.</p><div><hr></div><h3>LA OPINI&#211;N AJENA</h3><blockquote><p>&#8220;El problema de Caro no es la edad del jefe, Leo, es que est&#225; jugando a la ruleta rusa con su quincena&#8221;, me dec&#237;a Pato anoche mientras cen&#225;bamos. &#8220;Un acost&#243;n con el director dura veinte minutos; el chisme en el Slack de la empresa dura tres trimestres fiscales&#8221;.</p></blockquote><p>Sof&#237;a, desde su trinchera tecnol&#243;gica, ten&#237;a un &#225;ngulo m&#225;s comprensivo:</p><blockquote><p>&#8220;A ver, a los 28 a&#241;os, un tipo de su edad le ofrece incertidumbre, <em>ghosting </em>y un departamento compartido con tres <em>roomies</em>. Mauricio le ofrece madurez, buen perfume y cero reclamos de <em>&#8216;&#191;por qu&#233; no me contestaste el WhatsApp?&#8217;</em>. Entiendo perfecto a Caro, el minimalismo emocional tambi&#233;n se vale&#8221;.</p></blockquote><div><hr></div><p>El deseo rara vez consulta el organigrama de la empresa ni revisa las actas de nacimiento. Para Caro, Mauricio representa un territorio prohibido y magn&#233;tico: la madurez sin la responsabilidad, el fuego sin las cenizas de un matrimonio. Es una fantas&#237;a sumamente atractiva en un mundo donde todo lo dem&#225;s exige metas, entregables y planes a cinco a&#241;os.</p><p>Sin embargo, la realidad de la vida adulta es que el piso de la oficina suele ser sumamente resbaloso. Se vale desear, se vale explorar el misterio de las canas, pero siempre recordando una regla de oro de la f&#237;sica laboral: cuando se mezcla la piel con el gafete de la empresa, la cuerda suele romperse por el lado del empleado, no del director.</p><p>Ojal&#225; Caro disfrute el juego, pero que no olvide llevar puesto el paraca&#237;das corporativo.</p><p>Un abrazo (desde mi cub&#237;culo sin jefes guapos),</p><p>Leo.</p><div><hr></div><p><em>P.D. Saludos a todos los que abren el Slack por las ma&#241;anas esperando un mensaje que no sea precisamente de trabajo.</em></p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/leocontigo.substack.com/subscribe"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La geografía del deseo]]></title><description><![CDATA[Dime tu CP y te dir&#233; si nuestro amor es viable]]></description><link>https://leocontigo.substack.com/p/la-geografia-del-deseo</link><guid isPermaLink="false">https://leocontigo.substack.com/p/la-geografia-del-deseo</guid><pubDate>Sun, 03 May 2026 17:11:52 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Para quienes han terminado una relaci&#243;n (o no la empezaron) porque su c&#243;digo postal era incompatible.</p><p><br>&#8203;El viernes pasado estaba con Gabo en una terraza de la Roma. Gabo ven&#237;a radiante. Acababa de tener una primera cita "de pel&#237;cula" la noche anterior.</p><p><br>&#8203;-Es divertida, guapa, inteligente... Leo, creo que es la indicada, me dijo, con ese brillo en los ojos que solo tienen los que no han revisado el tr&#225;fico.<br>&#8203;-Suena incre&#237;ble, le contest&#233;. &#191;Y d&#243;nde vive?</p><p><br>&#8203;La sonrisa de Gabo se congel&#243; un microsegundo antes de responder:<br>-En Interlomas.<br>&#8203;Sent&#237; un escalofr&#237;o emp&#225;tico. Nosotros vivimos en la Narvarte/Ju&#225;rez.</p><p><br>Vi c&#243;mo Gabo hac&#237;a el c&#225;lculo mental en tiempo real: sin tr&#225;fico, 40 minutos (de madrugada). Con tr&#225;fico normal, 1 hora 20. Un viernes de quincena con lluvia... posiblemente 2 horas y media.</p><p><br>&#8203;-&#191;Vas a volver a verla?, pregunt&#233;.<br>-No s&#233;, wey. Me da flojera solo de pensarlo, admiti&#243;, derrotado.</p><p><br>&#8203;Me sent&#237; mal por &#233;l, pero record&#233; las sabias palabras de un amigo urbanista: "en CDMX, la geograf&#237;a es destino... y a veces, es sentencia de muerte".</p><p><br>&#8203;Me puse a investigar por qu&#233; somos tan territoriales en el amor y encontr&#233; que la log&#237;stica mata m&#225;s pasiones que la infidelidad.</p><h3><br>&#8203;<strong>DATO #1: la "fricci&#243;n de la distancia" </strong></h3><p><br>&#8203;En geograf&#237;a existe la <strong>primera ley de Tobler</strong>: "todas las cosas est&#225;n relacionadas entre s&#237;, pero las cosas m&#225;s cercanas tienen una relaci&#243;n m&#225;s fuerte que las distantes".<br>&#8203;A esto se le llama <strong>fricci&#243;n de la distancia</strong>.</p><p><br>En el <strong>amor chilango</strong>, la fricci&#243;n es literal. Es el desgaste del coche, el costo del Uber (que ya es un lujo) y, sobre todo, el costo de oportunidad del tiempo.</p><p><br>&#8203;Le expliqu&#233; a Gabo: "si verla implica invertir 3 o 4 horas de tu d&#237;a solo en traslados (ida y vuelta), la relaci&#243;n deja de ser espont&#225;nea y se vuelve un evento log&#237;stico que requiere planeaci&#243;n militar". Y la falta de espontaneidad ("&#191;vienes a ver una peli?" vs. "te veo el s&#225;bado agendado") enfr&#237;a cualquier llama.</p><h3><br>&#8203;<strong>DATO #2: la regla de los 30 minutos</strong></h3><p><br>&#8203;Soci&#243;logos urbanos han observado que la mayor&#237;a de las personas tienden a formar parejas con gente que vive en un radio de 30 minutos de su casa o trabajo. Es la <strong>regla de conveniencia.</strong></p><p><br>&#8203;En CDMX, esto crea "burbujas amorosas" casi impenetrables:</p><p><br>&#8226; &#8203;La gente de la Roma-Condesa sale con gente de la Roma-Condesa (o Escand&#243;n/Narvarte).<br>&#8226; &#8203;La gente del Sur (Coapa, Pedregal) se queda en el Sur.<br>&#8226; &#8203;La gente del Norte (Sat&#233;lite, Lomas Verdes) tiene su propio ecosistema.</p><p><br>&#8203;Cruzar esas fronteras invisibles requiere un nivel de compromiso que, al inicio de una relaci&#243;n (cuando apenas se est&#225;n conociendo), casi nadie tiene. Gabo apenas la conoce; no tiene la motivaci&#243;n para cruzar Mordor (el Perif&#233;rico) a diario.</p><h3><br>&#8203;<strong>DATO #3: el s&#237;ndrome del "noviazgo de fin de semana"</strong></h3><p><br>&#8203;Si Gabo decide ignorar la geograf&#237;a y andar con la chica de Interlomas, entrar&#237;an en una categor&#237;a extra&#241;a: viven en la misma ciudad, pero tienen una <strong>relaci&#243;n a distancia</strong>.</p><p><br>&#8203;Solo se ver&#237;an los fines de semana. Entre semana es imposible porque ambos trabajan y el tr&#225;fico de las 6 PM es el <strong>anticonceptivo</strong> m&#225;s efectivo de la historia.</p><p><br>&#8203;Esto genera una presi&#243;n horrible en el s&#225;bado y domingo. Tienen que ser d&#237;as perfectos porque es el &#250;nico tiempo que tienen. Y si el s&#225;bado uno est&#225; cansado o de malas, se arruin&#243; el 100% de la convivencia semanal.</p><h3><br>&#8203;<strong>La reflexi&#243;n: &#191;el amor lo puede todo (incluso al segundo piso)?</strong></h3><p><br>&#8203;Me gustar&#237;a decirle a Gabo, rom&#225;nticamente, que "para el amor no hay distancias". Que si es la persona indicada, cruzar&#225; la ciudad en metro, metrob&#250;s y cableb&#250;s con una sonrisa.</p><p><br>&#8203;Pero la realidad adulta es que el amor necesita facilidad para crecer. Necesita ese "pas&#233; a verte 10 minutos porque estaba cerca". Necesita la posibilidad de un abrazo un martes malo sin pasar dos horas en Constituyentes escuchando podcasts deprimentes.<br>&#8203;Gabo no le escribi&#243; para la segunda cita.</p><p><br>Quiz&#225; se perdi&#243; del amor de su vida. O quiz&#225;, simplemente, prioriz&#243; su salud mental y su tiempo. Y en esta ciudad, a veces eso es lo m&#225;s sensato.</p><p><br>&#8203;A menos que uno de los dos est&#233; dispuesto a mudarse pronto (el acto de amor definitivo), las relaciones "Inter-Zonas" en CDMX son una carrera de resistencia.</p><p><br>&#8203;Un abrazo (<strong>desde mi radio de 5 km</strong>),</p><p><br>&#8203;<strong>Leo.</strong></p><p></p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption"></p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[¿Usas la IA como tu terapeuta de cabecera?]]></title><description><![CDATA[La era de la "inteligencia emocional" artificial]]></description><link>https://leocontigo.substack.com/p/usas-la-ia-como-tu-terapeuta-de-cabecera</link><guid isPermaLink="false">https://leocontigo.substack.com/p/usas-la-ia-como-tu-terapeuta-de-cabecera</guid><pubDate>Sun, 26 Apr 2026 17:11:55 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Saludos a todas las que consultan cada movimiento rom&#225;ntico con su IA de preferencia.</p><p>Caminaba esta tarde por la calle Colima, disfrutando de ese viento ligero que anuncia la primavera en la Ju&#225;rez, cuando me top&#233; con Diana (la llamaremos as&#237;). Estaba sentada en un caf&#233;, con los ojos clavados en la pantalla de su celular y los dedos volando sobre el teclado. "Leo, ya le pregunt&#233; al Chat y me confirm&#243; lo que sospechaba: mi novio es un evitativo de manual y tengo que terminarle hoy mismo", me solt&#243; antes de que pudiera pedir mi espresso. <br><br>&#8203;Diana ha convertido a la Inteligencia Artificial en su or&#225;culo sentimental. Cada vez que tiene una fricci&#243;n con su pareja, introduce el chat de WhatsApp en el prompt, pide un an&#225;lisis y, casi invariablemente, la IA, con su l&#243;gica binaria y su falta de contexto humano, le devuelve una sentencia dr&#225;stica. Diana, armada con "argumentos t&#233;cnicos", acaba mandando a volar a sus parejas con la precisi&#243;n de un cirujano, pero con el coraz&#243;n cada vez m&#225;s vac&#237;o y las s&#225;banas m&#225;s fr&#237;as. </p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">&#161;Gracias por leer Leo Contigo! Suscr&#237;bete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><h3><br><br><strong>&#8203;LA ILUSI&#211;N DE LA OBJETIVIDAD DEL ALGORITMO</strong></h3><p><br><br>&#8203;Me qued&#233; pensando en ella mientras regresaba a mi departamento. &#191;En qu&#233; momento cambiamos el consejo del amigo en la cantina o la reflexi&#243;n lenta en el div&#225;n por la respuesta inmediata de un modelo de lenguaje? <br><br>&#8203;El problema no es la herramienta, sino lo que buscamos en ella: <strong>validaci&#243;n, no verdad</strong>. Cuando le damos a una IA los fragmentos de una interacci&#243;n, le estamos dando una versi&#243;n sesgada de la realidad. La IA, dise&#241;ada para complacer y ser &#250;til, nos devuelve un espejo de nuestros propios miedos amplificado por t&#233;rminos de manual de psicolog&#237;a. Es el fen&#243;meno de la "terapia de confirmaci&#243;n": buscamos al algoritmo para que nos d&#233; el permiso que no nos atrevemos a darnos nosotros mismos. </p><h3><br><br><strong>&#8203;LA DATA COMO REVELACI&#211;N</strong> </h3><p><br><br>&#8203;Investigando sobre este nuevo "apego al algoritmo", encontr&#233; estudios sobre la <strong>"percepci&#243;n de la autoridad algor&#237;tmica"</strong>. <br><br>Resulta que los humanos tendemos a confiar m&#225;s en los juicios que parecen "neutrales" o "matem&#225;ticos" que en los emocionales. Sin embargo, un estudio de la <em>Stanford University</em> sobre mediaci&#243;n de conflictos resalta que la IA carece de lo que llaman "teor&#237;a de la mente contextual": no sabe que tu novio tuvo un mal d&#237;a en el trabajo, ni entiende el lenguaje corporal, ni conoce la historia de perd&#243;n que sostiene a una pareja. <br><br>&#8203;En M&#233;xico, el uso de herramientas de IA para "consejos de vida" ha crecido exponencialmente entre los <em>millennials</em> y la <em>Gen Z</em>. Pero hay un riesgo invisible: el <strong>aislamiento afectivo</strong>. Al externalizar nuestras decisiones m&#225;s &#237;ntimas a una m&#225;quina, perdemos la capacidad de negociar, de ser vulnerables y de tolerar la imperfecci&#243;n humana. La IA es excelente para optimizar procesos, pero las relaciones no son un proceso que deba ser "optimizado", sino una experiencia que debe ser vivida. </p><h3><br><br><strong>&#8203;LOS QUE "NO JUZGAN"</strong> </h3><p><br><br>&#8203;"Es que es muy f&#225;cil ser "perfecto" en una pantalla, Leo", me dec&#237;a Miguel anoche mientras ve&#237;amos el tr&#225;fico en Reforma. "El Chat no tiene que lidiar con la soledad a las tres de la ma&#241;ana despu&#233;s de que Diana bloquea a alguien por su consejo. El algoritmo no tiene piel". <br><br>&#8203;Luna, que es m&#225;s tecnol&#243;gica, aport&#243; otro &#225;ngulo: "el problema es que Diana usa la IA como un escudo para no tomar responsabilidad. Si la relaci&#243;n truena, "fue porque el Chat le dijo". Es la muerte de la intuici&#243;n". </p><h3><br><br><strong>&#8203;REFLEXI&#211;N FINAL</strong></h3><p><br><br>&#8203;La Inteligencia Artificial puede ser un mapa, pero jam&#225;s deber&#237;a ser el conductor. Para Diana, el algoritmo se ha vuelto un juez implacable que no entiende de matices ni de segundas oportunidades. La IA te dir&#225; qu&#233; es lo "l&#243;gico", pero el amor rara vez se rige por la l&#243;gica; se rige por la paciencia, el error y la reconstrucci&#243;n. <br><br>&#8203;Usar la tecnolog&#237;a para entendernos mejor es un avance; usarla para dejar de sentir y de hablar con el otro es un retroceso. Al final del d&#237;a, ninguna l&#237;nea de c&#243;digo podr&#225; reemplazar la sabidur&#237;a de una conversaci&#243;n cara a cara, donde el tono de voz y el brillo de los ojos dicen mucho m&#225;s que cualquier <em>prompt</em> bien redactado. <br><br>&#8203;Tal vez el mejor consejo que una IA podr&#237;a darnos es: <strong>"deja el tel&#233;fono, ve con tu pareja y hablen como humanos".</strong><br></p><p>Saludos,</p><p><strong>Leo</strong>.</p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption"></p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El mito del "quedamos como amigos" (y el fantasma del sexo de despedida)]]></title><description><![CDATA[&#191;Dejaremos de caer en los mensajes "amistosos" del ex?]]></description><link>https://leocontigo.substack.com/p/el-mito-del-quedamos-como-amigos</link><guid isPermaLink="false">https://leocontigo.substack.com/p/el-mito-del-quedamos-como-amigos</guid><pubDate>Sun, 19 Apr 2026 17:11:37 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Para todas aquellas que se ilusionan cada vez que el ex las invita a tomar un caf&#233; &#8220;como amigos&#8221;.</p><p>Caminaba hace unas horas por el Parque Roma, justo frente a la Fuente de Cibeles, cuando vi a Marcos (ya saben que no se llama as&#237;). Estaba sentado en una banca, con un caf&#233; fr&#237;o en la mano y esa mirada de &#8220;acabo de cometer un error, pero lo repetir&#237;a ma&#241;ana&#8221; que solo tienen los que intentan ser amigos de sus ex.</p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">&#161;Gracias por leer Leo Contigo! Suscr&#237;bete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p>&#8203;&#8221;Leo, lo volv&#237; a hacer&#8221;, me confes&#243; sin pre&#225;mbulos. Marcos y su novia terminaron hace seis meses tras cuatro a&#241;os de relaci&#243;n. Decidieron, con una madurez que ahora parece sospechosa, que lo que ten&#237;an era &#8220;demasiado valioso para perderlo&#8221; y que ser&#237;an amigos. El problema es que cada &#8220;caf&#233; de amigos&#8221; termina en su departamento, entre s&#225;banas que todav&#237;a huelen a historia compartida. El resultado: &#233;l se siente relajado y ella se vuelve a ilusionar con una reconciliaci&#243;n que no llega.</p><p></p><h3>&#8203;&#191;AMISTAD O UNA VIL MENTIRA?</h3><p></p><p>&#8203;Me qued&#233; pensando en ellos mientras caminaba por la calle. &#191;Es la amistad despu&#233;s del amor un logro evolucionado o simplemente una forma educada de no soltar la mano mientras saltas al vac&#237;o?</p><p>&#8203;Investigu&#233; sobre el concepto de <strong>&#8220;v&#237;nculos residuales&#8221;</strong>. Seg&#250;n un estudio publicado en <em>Personal Relationships</em>, las personas que intentan mantener una amistad con una ex pareja inmediatamente despu&#233;s de la ruptura suelen reportar niveles m&#225;s altos de angustia y una recuperaci&#243;n emocional m&#225;s lenta. El cerebro no entiende de etiquetas; si hay contacto f&#237;sico y emocional, la oxitocina (la hormona del v&#237;nculo) sigue dispar&#225;ndose, nublando el juicio y manteniendo viva una llama que ya no tiene chimenea.</p><p></p><h3>&#8203;LA TRAMPA DEL BENEFICIO QUE S&#211;LO LE TOCA A UNO </h3><h3></h3><p>&#8203;Buscando datos m&#225;s fr&#237;os, me encontr&#233; con algo fascinante. Un estudio de la <em>Oakland University</em> revel&#243; que las personas con rasgos de personalidad m&#225;s pragm&#225;ticos o incluso oscuros (como el narcisismo) tienden a proponer la amistad post-ruptura por razones instrumentales: acceso a sexo, recursos o simplemente para no perder el control sobre el otro.</p><p>&#8203;En el caso de Marcos, no es maldad, es inercia. El <strong>50% de las parejas j&#243;venes</strong> admiten haber tenido sexo con su ex al menos una vez despu&#233;s de terminar. El riesgo no es el sexo en s&#237;, sino la asimetr&#237;a: cuando uno lo usa como un &#8220;adi&#243;s placentero&#8221; y el otro lo lee como un &#8220;estamos volviendo&#8221;. Es ah&#237; donde la amistad se vuelve t&#243;xica, porque se construye sobre la esperanza no correspondida de uno de los dos.</p><p></p><h3>&#8203;LAS OPINIONES AJENAS </h3><p></p><p>&#8203;&#8221;Es que el sexo con una ex no es sexo, Leo, es arqueolog&#237;a&#8221;, me dijo <strong>Miguel</strong> mientras compart&#237;amos unos esquites cerca de la glorieta. &#8220;Est&#225;s buscando algo que ya no est&#225; ah&#237;, pero el cuerpo tiene memoria. Marcos no es su amigo, es su &#8220;dealer&#8221; de esperanza&#8221;. El problema es que termina siendo una ilusi&#243;n dolorosa.</p><p>&#8203;<strong>Marina</strong> fue m&#225;s emp&#225;tica: &#8220;lo que le pasa a la ex de Marcos es que confunde la familiaridad con el futuro. Ser amigos requiere una distancia que ellos no se han dado. No puedes construir una amistad sobre los escombros todav&#237;a calientes de un noviazgo&#8221;.</p><p></p><h3>&#8203;REFLEXI&#211;N FINAL </h3><p></p><p>&#8203;&#191;Existe la amistad despu&#233;s del amor? Yo creo que s&#237;, pero no nace de la noche a la ma&#241;ana ni se alimenta de encuentros sexuales &#8220;casuales&#8221;. La verdadera amistad requiere un periodo de ayuno absoluto, un tiempo de silencio donde el &#8220;nosotros&#8221; se disuelva para que puedan nacer dos &#8220;yo&#8221; independientes.</p><p>&#8203;Marcos y su ex no son amigos; son n&#225;ufragos aferrados al mismo pedazo de madera (y ya sabemos como acaba esa pel&#237;cula). Para que la amistad sea real, primero tiene que morir el amante, y eso duele. El sexo con la ex novia no es un acto de cari&#241;o, es una interferencia en su proceso de sanaci&#243;n. A veces, la forma m&#225;s honesta de ser amigo de alguien es, precisamente, dejar de verlo por un buen tiempo.</p><p>&#8203;Al final, la amistad es un puerto al que se llega despu&#233;s de haber navegado mucho tiempo solo, no un refugio para evitar la tormenta de la soledad.</p><p>Les deseo una rumpura pac&#237;fica (<strong>lejos de las s&#225;banas</strong>).</p><p>Con cari&#241;o,</p><p><strong>Leo</strong>.</p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption"></p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La "nueva masculinidad" y su efecto en la soltería ]]></title><description><![CDATA[&#191;Las mujeres est&#225;n condenadas a la solter&#237;a en esta era de hombres de cristal?]]></description><link>https://leocontigo.substack.com/p/el-pedestal-solitario-y-la-silla</link><guid isPermaLink="false">https://leocontigo.substack.com/p/el-pedestal-solitario-y-la-silla</guid><pubDate>Sun, 12 Apr 2026 17:11:43 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>&#8203;Saludos a todas las personas confundidas con las din&#225;micas de pareja actuales. <br><br>Caminaba hace unas horas por la calle Havre, donde las mesas de metal de las cafeter&#237;as se llenan de conversaciones que parecen rompecabezas sin armar. Me encontr&#233; con Sonia y Ana (por seguridad, jam&#225;s uso nombres reales). Son el anverso y el reverso de una misma moneda que circula hoy por Latinoam&#233;rica: la desconexi&#243;n profunda entre lo que las mujeres han llegado a ser y lo que muchos hombres todav&#237;a no saben c&#243;mo recibir. <br><br>&#8203;Sonia, impecable en su traje sastre, lleva tres a&#241;os soltera. Es directora en una transnacional y su risa llena cualquier habitaci&#243;n. "Leo, en cuanto saben lo que gano o ven que tomo mis propias decisiones, los hombres se evaporan. O peor, se instalan en mi vida esperando que yo sea su GPS, su agenda y su cuenta bancaria". <br><br>&#8203;Ana, por su parte, suspiraba frente a un t&#233; chai. Lleva cinco a&#241;os con su novio, pero se siente invisible. "No hay flores, no hay una canci&#243;n dedicada, no hay una cita que &#233;l planee, tampoco hay anillo. Es como si, al "conseguirme", decidido que ya no tiene que esforzarse. Soy parte del mobiliario". </p><h3><br><strong>&#191;MASCULINIDAD FR&#193;GIL O IDENTIDAD EN CRISIS?</strong><br></h3><p><br>Me desped&#237; de ellas y camin&#233; por la ciudad, rumiando sus historias. &#191;En qu&#233; momento el cortejo se volvi&#243; una carga y el &#233;xito femenino una amenaza? &#191;Por qu&#233; parece que el "hombre moderno" oscila entre el miedo y la ley del m&#237;nimo esfuerzo? <br><br>&#8203;Investigu&#233; sobre la <strong>"fragilidad masculina sist&#233;mica"</strong>. No es solo un t&#233;rmino de Twitter; es un fen&#243;meno psicol&#243;gico real. Seg&#250;n un estudio de la <em>University of South Florida</em>, la masculinidad se percibe socialmente como un "estatus ganado" que debe defenderse constantemente. A diferencia de la feminidad, que hist&#243;ricamente se ha visto como algo biol&#243;gico, la masculinidad se siente como un trofeo que puedes perder si no "dominas" tu entorno. <br></p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">&#161;Gracias por leer Leo Contigo! Suscr&#237;bete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><h3><br><strong>DATA: LA ANATOM&#205;A DEL DESEQUILIBRIO </strong></h3><p> <br><br>&#8203;Para profundizar en el tema, sum&#233; estos puntos de referencia clave: <br><br><strong>El fen&#243;meno del "breadwinning" y la fragilidad psicol&#243;gica:</strong> un estudio longitudinal de la <strong>University of Bath</strong>, que analiz&#243; a m&#225;s de 6,000 parejas durante 15 a&#241;os, revel&#243; un dato que explica el miedo que enfrentan mujeres como Sonia: <strong>el estr&#233;s de los hombres aumenta significativamente cuando sus esposas ganan m&#225;s del 40% del ingreso total del hogar.</strong> <br><br><strong>La paradoja:</strong> el hombre se siente m&#225;s relajado cuando ella aporta dinero, pero en cuanto ella se convierte en la proveedora principal, &#233;l entra en una crisis de identidad. El estudio concluye que para muchos hombres, su "valor de mercado" emocional sigue anclado al cheque, no a su capacidad de acompa&#241;ar. <br><br>&#8203;<strong>La "incompetencia estrat&#233;gica" (weaponized incompetence): e</strong>ste es el muro contra el que choca Ana. Seg&#250;n el <strong>Journal of Family Theory &amp; Review</strong>, la incompetencia estrat&#233;gica es una t&#233;cnica de resistencia pasiva. <br><br><strong>El dato:</strong> se estima que en hogares donde ambos trabajan, las mujeres asumen el <strong>65% de la "carga mental"</strong> (recordar cumplea&#241;os, planear citas, agendar al m&#233;dico). <br><br>Muchos hombres prefieren "hacerlo mal" (comprar las flores equivocadas o no planear la cita) para que ella, por frustraci&#243;n, deje de pedirlo y lo haga ella misma. Es una forma de mantener el control a trav&#233;s de la pasividad. <br><br>&#8203;<strong>El desfase en la educaci&#243;n y la brecha emp&#225;tica</strong>: de acuerdo con el <strong>Pew Research Center</strong>, por primera vez en la historia moderna, hay m&#225;s mujeres con t&#237;tulos universitarios que hombres en la fuerza laboral joven. <br><br>Esto ha creado lo que los soci&#243;logos llaman el <strong>"apret&#243;n matrimonial&#8221;</strong>: mujeres altamente capacitadas y emocionalmente inteligentes (como Sonia) buscando parejas que no solo tengan &#233;xito, sino que tengan <strong>inteligencia emocional</strong>. <br><br>La data sugiere que mientras las mujeres han invertido d&#233;cadas en "empoderarse" y educarse, la socializaci&#243;n masculina se ha estancado en modelos de "dominaci&#243;n o retiro", dejando un vac&#237;o de habilidades blandas en el mercado del afecto. <br><br>&#8203;<strong>La "Tasa de Castigo" por el &#201;xito Femenino</strong>: un estudio de la <strong>Harvard Business School</strong> sobre graduados de su MBA encontr&#243; que las mujeres solteras a menudo minimizan sus ambiciones o logros en las primeras citas para no "asustar" a los candidatos. <br><br><strong>La revelaci&#243;n:</strong>los hombres suelen calificar la "inteligencia" y el "ambici&#243;n" como rasgos deseables en una pareja... hasta que esos rasgos superan los suyos. En ese punto, la atracci&#243;n cae en picada en un <strong>25% de los casos analizados</strong>. <br><br><strong>El complejo de "Madre-Pareja": b</strong>uscando datos sobre la din&#225;mica de pareja en M&#233;xico, me top&#233; con cifras del INEGI que revelan una carga emocional brutal. Las mujeres siguen dedicando <strong>casi el triple de horas</strong> que los hombres a las tareas de cuidados.<br><br>&#8203;Pero el dato que m&#225;s me impact&#243; proviene de estudios de terapia de pareja en Latinoam&#233;rica sobre <strong>"maternar a la pareja"</strong>. Muchos hombres trasladan la expectativa materna a sus novias. Buscan una CEO en la calle (para que aporte y presuma) y una mam&#225; en la casa (que no cuestione y resuelva). Cuando la mujer exige ser valorada, como Ana, o lidera, como Sonia, el sistema del hombre entra en cortocircuito. </p><h3><br><br><strong>LA OPINI&#211;N AJENA</strong><br></h3><p><br>&#8203;"Es que nos ense&#241;aron a conquistar castillos, Leo, pero no a compartir el trono", me dec&#237;a <strong>Miguel</strong> mientras d&#225;bamos una vuelta por el parque. "Si ella tiene el castillo y el trono, el hombre se siente un buf&#243;n". <br><br>&#8203;<strong>Sof&#237;a</strong> me mand&#243; un mensaje de voz contundente: "buscan mujeres &#8220;calladitas&#8221; porque el silencio de ella es el &#250;nico lugar donde la inseguridad de &#233;l puede esconderse". <br><br>&#8203;Y anoche, mientras tom&#225;bamos un mezcal, se sum&#243; <strong>Pato</strong>, que siempre tiene un &#225;ngulo m&#225;s crudo: "el tema, Leo, es que muchos weyes no quieren una pareja, quieren una m&#225;quina. Quieren que Sonia sea la Tesla que se maneja sola y que Ana sea la Alexa que siempre est&#225; ah&#237; disponible, pero sin que ellos tengan que leer el manual de instrucciones. Nos da flojera la complejidad emocional porque implica reconocer que no somos el centro del universo. Queremos los beneficios de una mujer moderna con el servicio de una mujer de los a&#241;os 50".</p><h3><br><strong>El costo de no actualizarse</strong> </h3><p><br>&#8203;La masculinidad fr&#225;gil es, en esencia, una resistencia al cambio de reglas. Sonia no asusta a los hombres; Sonia funciona como un filtro natural que separa a los hombres que buscan una compa&#241;era de los que buscan una empleada de alto nivel. Y Ana no pide "cursiler&#237;as"; pide reciprocidad en un sistema donde el hombre se ha echado a dormir en los laureles de su propia comodidad. <br><br>Ser hombre en 2026 no deber&#237;a ser "mandar" ni "dejarse llevar", sino tener el valor de ser un compa&#241;ero de equipo. El &#233;xito de Sonia no te quita luz, y la sensibilidad de Ana no te quita fuerza. Lo que realmente nos quita hombr&#237;a es la cobard&#237;a de no estar a la altura de las mujeres que decimos amar. <br><br>&#8203;Al final, la pregunta no es por qu&#233; ellas cambiaron tanto, sino por qu&#233; nosotros nos quedamos sentados esperando a que nos sirvan la cena en un mundo que ya aprendi&#243; a cocinar solo. <br><br>Tal vez los hombres necesitamos un buen curso de inteligencia emocional, <strong>(o un limpiavidrios)</strong>, para lidiar con nuestras emociones de cristal. <br><br>Con amor, <br><br><strong>Leo.</strong><br><br></p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">&#161;Gracias por leer Leo Contigo! Suscr&#237;bete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El lenguaje del cuerpo y el traductor de Google]]></title><description><![CDATA[Lo que Sandra y su novio gringo me ense&#241;aron sobre el amor cuando las palabras sobran (y el Wi-Fi falla) en plena Colonia Ju&#225;rez.]]></description><link>https://leocontigo.substack.com/p/el-lenguaje-del-cuerpo-y-el-traductor</link><guid isPermaLink="false">https://leocontigo.substack.com/p/el-lenguaje-del-cuerpo-y-el-traductor</guid><pubDate>Sun, 05 Apr 2026 17:11:39 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>&#8203;Dedicado a todas las romanticas que creen en el amor sin fronteras.</p><p>Caminaba ayer por la calle Versalles, justo donde las casonas de la Ju&#225;rez parecen resistir el empuje de los nuevos <em>coffee shops</em>, cuando me encontr&#233; a Sandra (gui&#241;o, gui&#241;o). Estaba sentada en una mesa exterior, con la mirada perdida en su iPhone y un gesto que oscilaba entre la fascinaci&#243;n y el agotamiento absoluto.</p><p>"Leo, es que es agotador", me dijo sin saludar, lanzando el tel&#233;fono sobre la mesa. Sandra lleva tres semanas saliendo con un tipo que conoci&#243; en Bumble. &#201;l es de Seattle, acaba de mudarse a la CDMX y su espa&#241;ol se limita a "gracias" y "dos tacos de pastor", aparte de lo que mi amiga le ha estado ense&#241;ando en privado. El ingl&#233;s de Sandra es funcional, pero digamos que no est&#225; para debatir la existencia del ser en el idioma de Shakespeare.</p><p>Su relaci&#243;n es, en sus palabras, un incendio forestal: pasional, el&#233;ctrica, pero profundamente confusa. "Anoche intent&#233; explicarle por qu&#233; me sent&#237;a melanc&#243;lica por un tema familiar y termin&#233; haciendo m&#237;mica de un funeral. &#201;l pens&#243; que quer&#237;a ir a bailar", me confes&#243; soltando una carcajada agridulce.</p><h3><strong>&#191;El amor necesita subt&#237;tulos?</strong></h3><p>Me qued&#233; pensando en ellos mientras caminaba de regreso a mi departamento. </p><p>&#191;Cu&#225;ntas historias as&#237; est&#225;n ocurriendo ahora mismo en los bares de la Roma o en los parques de Coyoac&#225;n? En una ciudad que se ha vuelto el epicentro del nomadismo digital, el "choque cultural" ya no ocurre en los aeropuertos, sino en la almohada.</p><p>Me puse a investigar, porque necesitaba saber si la pasi&#243;n de Sandra era un subid&#243;n de dopamina por la novedad o si realmente hay algo que se gana cuando se pierde la precisi&#243;n de las palabras. Seg&#250;n un estudio publicado en el <em>Journal of Cross-Cultural Psychology</em>, las parejas biling&#252;es o interculturales a menudo reportan niveles de satisfacci&#243;n emocional muy altos al principio, precisamente porque la barrera del lenguaje obliga a una <strong>comunicaci&#243;n no verbal</strong> m&#225;s aguda.</p><p>Cuando no tienes las palabras exactas, te vuelves un detective de los gestos. Miras m&#225;s a los ojos, buscas la intenci&#243;n en el tono de voz, tocas m&#225;s. El "ruido" de las discusiones intelectuales se apaga y queda la esencia. Sin embargo, el mismo estudio se&#241;ala que el riesgo es la <strong>"ilusi&#243;n de entendimiento"</strong>: proyectamos en el otro lo que queremos que diga, porque no podemos entender lo que realmente est&#225; diciendo.</p><h3><strong>El dato como revelaci&#243;n</strong></h3><p>Curioso por el contexto local, revis&#233; algunas cifras sobre la din&#225;mica en M&#233;xico. </p><p>Aunque el INEGI no mide "confusi&#243;n amorosa por idioma", los datos de migraci&#243;n muestran un aumento del <strong>15% en residentes extranjeros</strong> en zonas urbanas de M&#233;xico en los &#250;ltimos a&#241;os. Esto ha creado lo que los soci&#243;logos llaman "burbujas afectivas transnacionales".</p><p>Lo que Sandra est&#225; viviendo es un fen&#243;meno estad&#237;stico: la democratizaci&#243;n del amor intercultural. Pero hay un "contra" que los datos sugieren sutilmente: la asimetr&#237;a. Cuando uno domina el entorno y el otro es el invitado, la relaci&#243;n puede volverse una gu&#237;a de turistas eterna o un refugio de aislamiento.</p><h3><strong>Lo que opinan los amigos</strong></h3><p>&#8203;Le cont&#233; el caso de Sandra a Gerardo mientras nos tom&#225;bamos una cerveza en el <em>Comedor Lucerna</em>. Gera, siempre pragm&#225;tico, me dijo: "wey, el problema no es el ingl&#233;s. El problema es que el silencio les da miedo. A veces hablamos de m&#225;s para no sentir. A lo mejor ese gringo y ella se entienden mejor porque no pueden pelearse por tonter&#237;as".</p><p>Tal vez tenga raz&#243;n. Hay una belleza extra&#241;a en no poder usar el sarcasmo o las indirectas pasivo-agresivas porque, simplemente, no te sabes las palabras para construirlas.</p><h3><strong>Reflexi&#243;n final</strong></h3><p>Al final, lo de Sandra y su amor de Seattle me dej&#243; pensando que todas las relaciones son, en el fondo, interculturales. Todos venimos de "pa&#237;ses" distintos (nuestras familias, nuestros traumas, nuestras ma&#241;as) y todos hablamos idiomas emocionales diferentes que el otro tiene que aprender a traducir.</p><p>Quiz&#225;s el idioma no es la barrera, sino el filtro que limpia lo innecesario. Sandra est&#225; aprendiendo a amar sin el escudo de las palabras bonitas, y &#233;l est&#225; aprendiendo a leerla sin manual de instrucciones. Es arriesgado, s&#237;. Es confuso, siempre. Pero hay algo profundamente humano en intentar cruzar ese puente, aunque sea a se&#241;as.</p><p>Al final del d&#237;a, si el caf&#233; est&#225; rico y el abrazo se siente como casa, <strong>&#191;qui&#233;n necesita un diccionario?</strong></p><p>Con amor,</p><p><strong>Leo.</strong></p><p></p><p></p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/leocontigo.substack.com/subscribe"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><p><strong><br></strong></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[De palmas benditas y sábanas sucias: el dilema de Gabriela]]></title><description><![CDATA[&#191;Por qu&#233; nos casamos de blanco si ya somos profesionales montando? El dilema de la fe frente a la s&#225;bana.]]></description><link>https://leocontigo.substack.com/p/el-incienso-la-piel-y-la-apuesta</link><guid isPermaLink="false">https://leocontigo.substack.com/p/el-incienso-la-piel-y-la-apuesta</guid><pubDate>Sun, 29 Mar 2026 17:11:41 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hola, queridas pecadoras.</p><p>Eran las once de la ma&#241;ana de este Domingo de Ramos. El sol de la Ciudad de M&#233;xico ca&#237;a con esa intensidad blanca que solo se siente en el asfalto de la Ju&#225;rez, mientras ve&#237;a pasar a la gente con sus palmas tejidas saliendo de la Parroquia del Sagrado Coraz&#243;n. Entre la multitud, divis&#233; a Gabriela (ya saben que jam&#225;s uso nombres reales). Llevaba un vestido ligero, su ramo de palma bendita en la mano y una expresi&#243;n que no lograba descifrar: una mezcla de devoci&#243;n y miseria al mismo tiempo.</p><p>&#8203;Nos sentamos en una banca de la Plaza Giordano Bruno. "Leo, me siento como una hip&#243;crita", me solt&#243; de golpe. Gaby lleva un a&#241;o con su novio, al que adora. La conexi&#243;n es total, de esas que <strong>cierran cajones a la perfecci&#243;n</strong>. Pero hoy, tras arrodillarse en el banco de madera y oler el incienso, la pasi&#243;n de la noche anterior se transform&#243; en un lastre de plomo. Me mir&#243; a los ojos y me lanz&#243; la pregunta que me dej&#243; rumiando todo el d&#237;a: "&#191;Y si me caso para dejar de sentirme sucia, Leo, pero al convertirme en esposa se pierde todo el encanto?&#8221;</p><h3>&#8203;<strong>La b&#250;squeda de lo sagrado: la construcci&#243;n de la culpa</strong></h3><p>&#8203;Me desped&#237; de ella con un abrazo apretado y camin&#233; hacia Bucareli, pasando frente a esas vitrinas de <strong>tiendas de novias</strong> que parecen detenidas en el tiempo. Encajes blancos y velos que prometen una pureza que, en pleno 2026, se siente como una gran mentira.</p><p>&#8203;&#191;Por qu&#233; seguimos cargando con esta narrativa de "lo sucio"? Investigu&#233; sobre la <strong>"culpa sexual religiosa"</strong>. Un estudio de la <em>American Psychological Association</em> sugiere que cuando nuestras creencias chocan con nuestras necesidades biol&#243;gicas, el cerebro activa las mismas &#225;reas del dolor que una herida f&#237;sica. Para Gaby, y para muchos de nosotros, el sexo no es solo sexo; es una fractura entre la "<strong>persona pura</strong>" que la tradici&#243;n exige y el ser deseante que realmente somos.</p><p>&#8203;Lo m&#225;s ir&#243;nico es que mientras a los devotos nos crean <strong>traumas por tener fetiches</strong> o el <strong>deseo de experimentar</strong>, la instituci&#243;n que impone el candado sangra por sus propias grietas. La represi&#243;n sistem&#225;tica no ha generado santidad, sino sombras: los <strong>incontables casos de abuso</strong> por parte de predicadores demuestran que negar la naturaleza humana no nos eleva, sino que nos pudre.</p><h2>&#8203;El dato como revelaci&#243;n</h2><p>&#8203;Buscando aterrizar esto, me top&#233; con que M&#233;xico vive un <strong>"catolicismo a la carta"</strong>. Seg&#250;n encuestas de <strong>salud sexual</strong> urbana, m&#225;s del 40% de los j&#243;venes practicantes admiten sentimientos de <strong>culpa</strong> vinculados a su formaci&#243;n religiosa.</p><p>&#8203;Pero aqu&#237; est&#225; el verdadero peligro de la <strong>"loter&#237;a sexual"</strong>: la idea de que el matrimonio es un interruptor m&#225;gico. Datos de consultoras de pareja en M&#233;xico revelan que la <strong>incompatibilidad sexual es una de las cinco causas principales de divorcio</strong> en matrimonios j&#243;venes. El sistema nos dice "espera", pero la ciencia, y el sentido com&#250;n, sugieren que si t&#250; eres un volc&#225;n y tu pareja es un glaciar, no hay bendici&#243;n ni tiempo que iguale las temperaturas. La <strong>represi&#243;n no garantiza fidelidad</strong>; solo garantiza que el descubrimiento de tu sexualidad ocurra con demasiada presi&#243;n y mucho que perder.</p><h3>&#8203;El coro de mis amigos </h3><p>&#8203;"Es que nos ense&#241;aron que el cuerpo es un templo, pero se les olvid&#243; decirnos que los templos tambi&#233;n se celebran con fuego", me dijo Sof&#237;a por WhatsApp. Ella admite que a&#250;n siente un "tic" de <strong>juicio interno cuando su vida sexual se pone creativa</strong>.</p><p>&#8203;Miguel, con su cinismo habitual mientras cen&#225;bamos unos tacos, fue m&#225;s directo: "Imag&#237;nate comprar un coche sin dar una vuelta a la manzana, Leo. &#161;Nadie lo hace! Pero en la iglesia nos piden que compremos la agencia entera a ciegas. &#191;C&#243;mo vas a llegar de blanco al altar <strong>fingiendo inocencia cuando ya eres una profesional montando</strong>? Es absurdo".</p><h3>&#8203;Reflexi&#243;n Final</h3><p>&#8203;Mirando las palmas que la gente lleva a sus casas hoy, entiendo que el miedo de Gabriela es quedar atrapada en una doble vida. Nos han vendido el sexo posmatrimonial como una recompensa, cuando en realidad es un lenguaje que se construye con muchas horas de pr&#225;ctica.</p><p>&#8203;La verdadera "limpieza" no viene de abstenerse, sino de integrar qui&#233;nes somos. El sexo antes del matrimonio no es sucio; es el ensayo general que asegura que, cuando llegue el compromiso, no te est&#233;s casando con un extra&#241;o. Al final, si Dios nos hizo capaces de sentir tanto, dudo mucho que se ofenda porque nos atrevamos a disfrutarlo. La verdadera tragedia no es tener sexo "sin el permiso divino", sino pasar la vida al lado de alguien con quien nunca lograste hablar el idioma de la piel.</p><p>Les mando fuerza para quitar la culpa de sus corazones (y de sus camas).</p><p>Con amor, </p><p><strong>Leo.</strong></p><p>&#8203;&#191;Alguna vez has sentido que tu fe y tu deseo hablan idiomas distintos? Cu&#233;ntame tu historia, me encantar&#237;a leerte.</p><p></p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/leocontigo.substack.com/subscribe"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El desierto en la cara: ¿por qué a tus amigos se les oxida el lagrimal?]]></title><description><![CDATA[Para todos los que tienen un nudo en la garganta desde 1998 y no saben c&#243;mo desatarlo.]]></description><link>https://leocontigo.substack.com/p/el-desierto-en-la-cara-por-que-a</link><guid isPermaLink="false">https://leocontigo.substack.com/p/el-desierto-en-la-cara-por-que-a</guid><pubDate>Mon, 23 Mar 2026 01:22:44 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>El viernes pasado el plan era simple: descompresi&#243;n total en el depa de Jorge. Cero antros. Pedimos nuestro &#8220;kit de supervivencia&#8221; favorito de la Ju&#225;rez: una orden masiva de tacos al pastor y gringas.</p><p>&#8203;Nos acomodamos en su sof&#225; y pusimos una pel&#237;cula que Jorge ten&#237;a pendiente: <em>Aftersun</em>.</p><p>&#8203;Grave error. O tal vez, el acierto fue demasiado doloroso.</p><p>&#8203;A mitad de la pel&#237;cula, vi algo que rara vez veo en Jorge. Con un taco a medio morder en la mano, se qued&#243; pasmado viendo al protagonista (ese pap&#225; joven que esconde su depresi&#243;n).</p><p>Vi c&#243;mo sus ojos se llenaron de agua. Vi c&#243;mo se le tens&#243; la mand&#237;bula. Sent&#237; la electricidad est&#225;tica de su tristeza llenando la habitaci&#243;n.</p><p>&#8203;Pero entonces, <strong>el sistema de defensa se activ&#243;.</strong></p><p>Jorge trag&#243; el bocado con dificultad (casi con violencia), apret&#243; los dientes hasta que se le marcaron los m&#250;sculos de la cara y mir&#243; al techo, obligando al agua a regresarse por donde vino.</p><p>&#8203;&#8212;Est&#225; fuerte la salsa, &#191;no?, dijo con la voz quebrada, fingiendo que era el chile y no el alma lo que le ard&#237;a.</p><p>&#8203;Termin&#243; la pel&#237;cula y Jorge estaba ah&#237;, en silencio, con dolor de cabeza. Yo no dije nada, pero me qued&#233; pensando en lo que acababa de presenciar: <strong>estre&#241;imiento emocional.</strong></p><p>&#8203;Jorge lleva a&#241;os entrenado para ser la roca, el poste, el que &#8220;resuelve&#8221;. Pero nadie le ense&#241;&#243; a ser el r&#237;o.</p><p>&#8203;<strong>La educaci&#243;n del &#8220;agu&#225;ntese&#8221;</strong></p><p>&#8203;Jorge (y yo, y casi todos mis amigos) crecimos en M&#233;xico, tierra f&#233;rtil de estoicismo mal entendido. Desde chiquitos, la frase autom&#225;tica del pap&#225; o del entrenador de f&#250;tbol era: <em>&#8220;&#161;No llore! Lev&#225;ntese, pareces ni&#241;ita. Los hombres no lloran&#8221;</em>.</p><p>&#8203;Esa frase se nos tatu&#243; en la corteza cerebral. Aprendimos que la tristeza es femenina y que la masculinidad es silencio. Aprendimos a alquimizar el dolor y convertirlo en la &#250;nica emoci&#243;n &#8220;permitida&#8221; para nosotros: el enojo.</p><p>&#8203;Me fui a casa preocupado por mi amigo y me puse a investigar si su biolog&#237;a estaba luchando contra su educaci&#243;n.</p><p>&#8203;<strong>DATO #1: La qu&#237;mica del alivio (no es debilidad, es limpieza)</strong></p><p>&#8203;Resulta que llorar no es un error del sistema, es una funci&#243;n de mantenimiento.</p><p>&#8203;Encontr&#233; el trabajo del bioqu&#237;mico <strong>William Frey</strong>, quien descubri&#243; que las l&#225;grimas emocionales (las de tristeza, no las de picar cebolla) tienen una composici&#243;n qu&#237;mica diferente. Contienen hormonas del estr&#233;s (ACTH) y toxinas que el cuerpo necesita expulsar.</p><p>&#8203;Al leer esto, entend&#237; algo fuerte: cuando Jorge se trag&#243; el llanto, literalmente dej&#243; la basura qu&#237;mica adentro. Se envenen&#243; solo para mantener la postura.</p><p>&#8203;Frey descubri&#243; que, en promedio, las mujeres lloran 5.3 veces al mes. &#191;Los hombres? 1.3 veces. Y siendo honestos, creo que Jorge lleva a&#241;os en saldo negativo.</p><p>&#8203;<strong>DATO #2: La v&#225;lvula de escape (y sus riesgos)</strong></p><p>&#8203;&#191;Saben cu&#225;l es el &#250;nico lugar donde siento que a Jorge socialmente se le &#8220;permite&#8221; llorar? En la peda. Con Jos&#233; Alfredo Jim&#233;nez de fondo y tres tequilas encima.</p><p>&#8203;Parece que el alcohol es el &#250;nico salvoconducto que tenemos para sentir. Necesitamos apagar la parte racional que nos grita &#8220;s&#233; un hombre&#8221;.</p><p>&#8203;Y aqu&#237; viene el dato del <strong>INEGI</strong> que me quit&#243; el sue&#241;o: <strong>de cada 10 suicidios en M&#233;xico, 8 son hombres.</strong></p><p>Las mujeres lo intentan m&#225;s, pero los hombres lo consuman m&#225;s. &#191;Por qu&#233;? Quiz&#225; porque cuando la olla expr&#233;s no tiene v&#225;lvula de escape (las l&#225;grimas o la palabra), simplemente explota.</p><p>&#8203;<strong>La caja de la masculinidad</strong></p><p>&#8203;La organizaci&#243;n <em>Promundo</em> tiene un concepto que le queda perfecto a mi amigo: <strong>&#8220;La Caja de la Masculinidad&#8221;</strong> (<em>The Man Box</em>).</p><p>Vivir apegado a esas normas r&#237;gidas (no llorar, ser autosuficiente, ser duro) no es un trofeo, es un factor de riesgo cl&#237;nico para la depresi&#243;n.</p><p>&#8203;Vi a Jorge viviendo en esa caja donde el aire se acaba, creyendo que aguantar la respiraci&#243;n es sin&#243;nimo de ser fuerte.</p><p>&#8203;<strong>La reflexi&#243;n: el nudo sigue ah&#237;</strong></p><p>&#8203;Me gustar&#237;a decirles que abrac&#233; a Jorge y lloramos juntos como magdalenas.</p><p>Pero la verdad es que no. Recogimos los platos de unicel, tiramos las servilletas y nos despedimos con un apret&#243;n de manos firme.</p><p>&#8203;No es f&#225;cil reprogramar 30 a&#241;os de &#8220;agu&#225;ntese, mijo&#8221; en una noche de tacos. La armadura pesa, y a veces parece que ya est&#225; soldada a la piel.</p><p>&#8203;Sin embargo, algo cambi&#243; en m&#237; al verlo. Ahora s&#233; que ese &#8220;aguante&#8221; no es su fuerza, es su c&#225;rcel. Y sospecho que la verdadera valent&#237;a no est&#225; en ser la presa que contiene el agua, sino en atreverse, alg&#250;n d&#237;a, a ser el r&#237;o que la deja correr.</p><p>&#8203;Ojal&#225; la pr&#243;xima vez, Jorge no necesite culpar a la salsa roja.</p><p>&#8203;Un abrazo (<strong>y un Kleenex, por si ustedes s&#237; pueden usarlo</strong>),</p><p>&#8203;<strong>Leo.</strong></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA["Es que eres como mi hermano" (y cómo esa frase destruyó el ego de Paco) ]]></title><description><![CDATA[La Friendzone no existe. Es una sala de espera que t&#250; construiste.]]></description><link>https://leocontigo.substack.com/p/es-que-eres-como-mi-hermano-y-como</link><guid isPermaLink="false">https://leocontigo.substack.com/p/es-que-eres-como-mi-hermano-y-como</guid><pubDate>Sun, 15 Mar 2026 18:03:31 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Saludos a todos los &#8220;soldados ca&#237;dos&#8221; que creen que ser buena gente es una moneda de cambio por sexo.</p><p>&#8203;El s&#225;bado me reun&#237; con &#8220;Paco&#8221; (prefiere el anonimato) en una terraza. Paco es el cl&#225;sico &#8220;h&#233;roe sin capa&#8221;: el tipo m&#225;s bueno y servicial del mundo. Pero esa noche estaba furioso.</p><p>&#8203;Llevaba meses enamorado de su amiga Andrea. Ella estaba pasando por una ruptura dif&#237;cil y Paco estuvo ah&#237; 24/7. Le escuch&#243; los audios de 10 minutos llorando y, la semana pasada, le ayud&#243; a mudarse a su nuevo depa en la Del Valle (cargar cajas al tercer piso sin elevador deber&#237;a contar como CrossFit).</p><p>&#8203;Paco pens&#243;: <em>&#8220;este es el momento. Ya hice todo bien. Ya insert&#233; suficientes monedas de amabilidad en la m&#225;quina. Ahora me toca el premio&#8221;</em>.</p><p>Se lanz&#243;. Le dijo que le gustaba.</p><p>&#8203;Andrea lo mir&#243; con ternura y solt&#243; la bomba nuclear:</p><p><em>&#8220;Paquito, te adoro, eres incre&#237;ble... pero eres como mi hermano. No quiero arruinar nuestra amistad&#8221;</em>.</p><p>&#8203;&#8212;&#161;Me us&#243;, Leo! , me gritaba Paco mientras golpeaba la mesa. Me tiene en la banca. Me mand&#243; a la <em>Friendzone</em>.</p><p>&#8203;Todos en la mesa validaron a Paco: &#8220;qu&#233; mala onda&#8221;, &#8220;pobrecito&#8221;. Pero yo me qued&#233; callado.</p><p>Con el mapa de los datos en la mano, me di cuenta de que la villana de esa historia no era Andrea. Era Paco.</p><p>&#8203;Me puse a investigar para explicarle a mi amigo por qu&#233; se sent&#237;a estafado.</p><p>&#8203;<strong>DATO #1: El &#8220;sesgo de sobrepercepci&#243;n sexual&#8221; (o por qu&#233; vemos se&#241;ales donde no las hay)</strong></p><p>&#8203;Le expliqu&#233; a Paco que su cerebro le jug&#243; chueco.</p><p>Existe un fen&#243;meno en la psicolog&#237;a evolutiva llamado <strong>sesgo de sobrepercepci&#243;n sexual</strong>.</p><p>&#8203;Un estudio de la Universidad de Texas explica que los hombres hemos evolucionado para sobreestimar el inter&#233;s sexual de las mujeres. Biol&#243;gicamente, para nuestros ancestros era menos costoso equivocarse pensando que s&#237; le gustabas a alguien, que perder la oportunidad de reproducirse.</p><p>&#8203;Por eso, cuando Andrea era amable o confiaba en &#233;l, el cerebro primitivo de Paco traduc&#237;a: <em>&#8220;le gustas. Quiere contigo&#8221;</em>. Pero la realidad era simplemente: <em>&#8220;es amable. Conf&#237;a en ti&#8221;</em>.</p><p>La <em>Friendzone</em> nace, en parte, de nuestra incapacidad biol&#243;gica para distinguir entre intimidad emocional e inter&#233;s sexual.</p><p>&#8203;<strong>DATO #2: Los &#8220;contratos encubiertos&#8221; (el s&#237;ndrome del chico bueno)</strong></p><p>&#8203;Aqu&#237; tuve que ser duro con Paco. Le habl&#233; del <strong>Dr. Robert Glover</strong> y su libro <em>No More Mr. Nice Guy</em>. &#201;l habla de los <strong>contratos encubiertos</strong>.</p><p>&#8203;Paco ten&#237;a un contrato secreto con Andrea que ella <em>nunca firm&#243;</em>. El contrato dec&#237;a:</p><p><em>&#8220;Si yo te escucho, te ayudo con la mudanza y soy incondicional, T&#218; me debes una oportunidad rom&#225;ntica/sexual&#8221;</em>.</p><p>&#8203;&#8212;Paco, le dije, convertiste la relaci&#243;n en una transacci&#243;n comercial. Crees que la amabilidad es una ficha que metes en una m&#225;quina expendedora esperando que caiga sexo o amor. Y cuando la m&#225;quina no da el producto, la pateas y gritas &#8220;&#161;Friendzone!&#8221;.</p><p>&#8203;La realidad es dura: <strong>nadie te debe nada por ser una buena persona.</strong> Ser decente es el precio de entrada a la sociedad, no un cup&#243;n canjeable por besos.</p><p>&#8203;<strong>DATO #3: La devaluaci&#243;n de la amistad</strong></p><p>&#8203;Lo m&#225;s triste del berrinche de Paco fue lo que impl&#237;citamente le estaba diciendo a ella: <em>&#8220;tu amistad, por s&#237; sola, no me sirve. Es un premio de consolaci&#243;n que no quiero&#8221;</em>.</p><p>&#8203;El concepto de <em>Friendzone</em> es profundamente mis&#243;gino porque asume que una mujer solo tiene valor si es pareja sexual. Si &#8220;solo&#8221; es amiga, es un fracaso.</p><p>&#191;Por qu&#233; nos ofende tanto ser &#8220;solo amigos&#8221; de mujeres incre&#237;bles? &#191;No es la amistad una de las formas m&#225;s altas de amor?</p><p>&#8203;<strong>La reflexi&#243;n: salir de la sala de espera</strong></p><p>&#8203;La <em>Friendzone</em> no es un lugar f&#237;sico donde Andrea encerr&#243; a Paco. Es una mentira que &#233;l se cont&#243; para no aceptar el rechazo.</p><p>&#8203;Le dije a mi amigo: &#8220;ella no te puso en la Friendzone; t&#250; te pusiste en la <strong>&#8216;Girlfriendzone&#8217;</strong>. T&#250; decidiste quedarte ah&#237;, orbitando alrededor de ella, fingiendo ser su amigo mientras esperabas secretamente que ella cambiara de opini&#243;n. Y eso, amigo, no es ser un buen amigo. Es ser un manipulador paciente&#8221;.</p><p>&#8203;Al final, Paco entendi&#243; que solo tiene dos opciones dignas:</p><ol><li><p>&#8203;<strong>Aceptas el rechazo y te vas:</strong> si no puedes verla sin querer algo m&#225;s, te alejas por tu propia salud mental.</p></li><li><p>&#8203;<strong>Aceptas la amistad genuina:</strong> te quedas, pero matas la esperanza rom&#225;ntica. Disfrutas de su compa&#241;&#237;a sin esperar &#8220;cobrar&#8221; nada.</p></li></ol><p>&#8203;Cualquiera de las dos es mejor que vivir en esa sala de espera, quej&#225;ndote de que el elevador no llega, cuando t&#250; eres el que sigue apretando el bot&#243;n incorrecto.</p><p>&#8203;Un abrazo (<strong>de cuates, de verdad</strong>),</p><p>&#8203;<strong>Leo.</strong></p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://leocontigo.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/leocontigo.substack.com/subscribe"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[8M marcha feminista]]></title><description><![CDATA[El d&#237;a que las jacarandas no son lo &#250;nico morado en Reforma]]></description><link>https://leocontigo.substack.com/p/8m-marcha-feminista</link><guid isPermaLink="false">https://leocontigo.substack.com/p/8m-marcha-feminista</guid><pubDate>Mon, 09 Mar 2026 05:10:37 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Para todos aquellos que todav&#237;a tienen el impulso de decir &#8220;Felicidades&#8221; y no saben por qu&#233; se siente incorrecto.</p><p>&#8203;El viernes por la ma&#241;ana me cruc&#233; con mi vecina, llam&#233;mosle &#8220;Ana&#8221;, en el pasillo del edificio.</p><p>Ana suele vestir trajes sastre impecables y tacones para ir a su despacho en Santa Fe. Pero ese d&#237;a llevaba jeans, una pa&#241;oleta morada en el cuello, botas de uso rudo y un plum&#243;n permanente en la mano.</p><p>&#8203;Por inercia, casi se me escapa un: <em>&#8220;&#161;Felicidades por tu d&#237;a!&#8221;</em>.</p><p>Afortunadamente, mi cerebro fren&#243; a mi lengua milisegundos antes. Se me congel&#243; la sonrisa.</p><p>Ana no iba a celebrar. Ana iba a la guerra. O mejor dicho, iba a marchar para que no la maten.</p><p>&#8203;La vi salir del edificio y unirse a un r&#237;o de mujeres que caminaban hacia Reforma. El aire en la colonia Ju&#225;rez cambiaba. No ol&#237;a a primavera, ol&#237;a a indignaci&#243;n, a protector solar y a pintura en aerosol.</p><p>&#8203;Desde mi balc&#243;n, viendo pasar la marea violeta, me sent&#237; peque&#241;o e in&#250;til. Y creo que <strong>as&#237; es exactamente como nos debemos sentir los hombres el 8M.</strong></p><p>&#8203;Me puse a investigar y a reflexionar sobre nuestro rol en este d&#237;a, porque muchos seguimos confundidos entre regalar rosas o escondernos bajo la cama.</p><p>&#8203;<strong>DATO #1: no es una fiesta, es una estad&#237;stica de terror</strong></p><p>&#8203;Hace unos a&#241;os, yo era de los que se molestaba por el tr&#225;fico o por las pintas en los monumentos. <em>&#8220;&#191;Por qu&#233; tienen que rayar el &#193;ngel?&#8221;</em>, pensaba desde mi privilegio.</p><p>&#8203;Luego le&#237; el dato duro del <strong>Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad P&#250;blica</strong>: En M&#233;xico, en promedio, <strong>10 a 11 mujeres son asesinadas al d&#237;a</strong>.</p><p>&#8203;Le coment&#233; esto a &#8220;Santiago&#8221; (gran macho mexicano), que se quejaba de que &#8220;ya no se puede decir nada&#8221;.</p><p>&#8212;Wey, imagina que mataran a 11 hombres de nuestro equipo de f&#250;tbol <em>diario</em>. &#191;No quemar&#237;amos la ciudad?</p><p>&#8203;Entend&#237; que lo que vemos en Reforma no es vandalismo, es <strong>iconoclasia</strong>.</p><p>Los soci&#243;logos explican que cuando las instituciones no escuchan, los s&#237;mbolos deben ser intervenidos. Las paredes se pueden limpiar; las vidas de las amigas de Ana, no regresan. El grito en la pared es la &#250;nica forma de que la sociedad voltee a ver.</p><p>&#8203;<strong>DATO #2: el mito del &#8220;aliado protagonista&#8221;</strong></p><p>&#8203;Vi en redes a muchos hombres publicando fotos de ellos mismos en la marcha, con frases tipo &#8220;yo s&#237; las cuido&#8221;.</p><p>Expertos en g&#233;nero explican que esto es contraproducente. El 8M es el &#250;nico d&#237;a del a&#241;o donde el espacio p&#250;blico (que hist&#243;ricamente ha sido dominado por hombres) es reclamado totalmente por ellas.</p><p>&#8203;Si vas a la marcha a &#8220;liderar&#8221;, a cargar el meg&#225;fono o a explicarles c&#243;mo marchar, est&#225;s replicando el problema. Est&#225;s haciendo <em>mansplaining</em> de la protesta.</p><p>&#8203;El rol del hombre el 8M no es marchar al frente. Es quedarse atr&#225;s. Es cubrir el turno laboral de tu compa&#241;era para que ella pueda ir. Es cuidar a los hijos. Es escuchar.</p><p>&#8203;<strong>DATO #3: el pacto patriarcal (el verdadero enemigo est&#225; en el chat de WhatsApp)</strong></p><p>&#8203;Lo m&#225;s dif&#237;cil no es aguantar el tr&#225;fico de Reforma. Lo m&#225;s dif&#237;cil es lo que pasa en privado.</p><p>La te&#243;rica feminista <strong>Rita Segato</strong> habla del &#8220;mandato de masculinidad&#8221; y el pacto entre hombres.</p><p>&#8203;Ese chiste machista que mandan al grupo de WhatsApp del f&#250;tbol. Esa foto &#237;ntima que un amigo &#8220;rol&#243;&#8221; sin consentimiento. Ese comentario sobre el cuerpo de la nueva pasante.</p><p>Romper el pacto significa no re&#237;rse. Significa decir: <em>&#8220;Oye, eso no est&#225; chido. Borra esa foto&#8221;</em>.</p><p>&#8203;Es inc&#243;modo. Te van a decir &#8220;aguafiestas&#8221; o &#8220;simp&#8221;. Pero ah&#237;, en el silencio c&#243;mplice de los hombres, es donde empieza la violencia que termina en las cifras rojas del dato #1.</p><p>&#8203;<strong>La reflexi&#243;n: el silencio activo</strong></p><p>&#8203;Cuando Ana regres&#243; por la noche, tra&#237;a la ropa manchada de glitter y pintura, y los ojos hinchados. No le pregunt&#233; &#8220;&#191;c&#243;mo te fue?&#8221; como si hubiera ido al cine.</p><p>&#8203;Solo le ofrec&#237; un vaso de agua y le dije: <em>&#8220;Te vi pasar. Qu&#233; bueno que fuiste&#8221;</em>.</p><p>&#8203;Este 8M, entend&#237; que mi mejor aporte es mi <strong>silencio activo</strong>.</p><p>Callarme para que se escuchen ellas. Dejar de opinar sobre sus formas de protestar. Y usar esa energ&#237;a para revisar qu&#233; estoy haciendo yo, en mi metro cuadrado, para que Ana no tenga que volver a marchar el pr&#243;ximo a&#241;o (aunque s&#233; que, tristemente, tendr&#225; que hacerlo).</p><p>&#8203;No las felicites. Esc&#250;chalas. O mejor a&#250;n: qu&#237;tate de su camino.</p><p>&#8203;Un abrazo (y <strong>a deconstruirnos, que nos falta un buen</strong>),</p><p>&#8203;Leo.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El club de las "villanas" y el "pobre" muchacho que no sabe estar solo]]></title><description><![CDATA[Nodal, sus tres mujeres y por qu&#233; al hombre se le aplaude y a ellas se las quema en le&#241;a verde.]]></description><link>https://leocontigo.substack.com/p/el-club-de-las-villanas-y-el-pobre</link><guid isPermaLink="false">https://leocontigo.substack.com/p/el-club-de-las-villanas-y-el-pobre</guid><pubDate>Mon, 02 Mar 2026 00:01:44 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7CJe!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff915a7e4-efd5-492b-8e61-f0fb4609681d_267x267.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>A los que se han re&#237;do de los memes pero en el fondo sienten que algo no cuadra.</p><p>&#8203;El domingo estaba en una carne asada y, volvi&#243; a salir el tema. No hace falta decir nombres, ya saben de qui&#233;n hablo. <strong>El chico de los tatuajes</strong>, la voz incre&#237;ble y el historial amoroso que cambia m&#225;s r&#225;pido que el clima de la Ciudad de M&#233;xico.</p><p>&#8203;La pl&#225;tica se volvi&#243; un tribunal de la Inquisici&#243;n.</p><p>&#8220;Es que ella (la 3) es una mustia&#8221;, dec&#237;a uno.</p><p>&#8220;No, la anterior (la 1) era una interesada&#8221;, dec&#237;a otro.</p><p>&#8220;Pobre de la primera (la 2), tan buena que se ve&#237;a&#8221;, remataba alguien m&#225;s.</p><p>&#8203;Y ah&#237; me qued&#233; callado, observando mi cerveza, pensando en lo que acababa de presenciar. Hab&#237;amos <strong>despellejado a tres mujeres exitosas</strong>, talentosas y p&#250;blicas en menos de diez minutos. &#191;Y &#233;l? A &#233;l apenas lo mencionamos. &#201;l era el sujeto t&#225;cito, el &#8220;pobre enamorado&#8221;, el protagonista pasivo al que &#8220;le pasan&#8221; las cosas.</p><p>&#8203;Me di cuenta de que estamos viendo una <strong>telenovela social</strong> donde el guion est&#225; trucado desde hace siglos.</p><p><strong>&#8203;El fen&#243;meno del &#8220;Don Juan&#8221; inmune (y sus v&#237;ctimas colaterales)</strong></p><p>&#8203;&#191;Por qu&#233; si &#233;l es el com&#250;n denominador, la culpa se reparte entre ellas? &#201;l cambia de pareja como quien <strong>cambia de calcetines</strong> (y a veces sin lavarlos entre uso y uso), pero la narrativa p&#250;blica nunca es &#8220;oye, este tipo tiene cero responsabilidad afectiva&#8221;. No. La narrativa es: &#8220;ellas sab&#237;an en qu&#233; se met&#237;an&#8221;.</p><p>&#8203;Me puse a investigar por qu&#233; somos tan duros con ellas y tan laxos con nosotros, los hombres. Y encontr&#233; que, aunque cantemos corridos tumbados, seguimos operando con <strong>c&#243;digos victorianos</strong>.</p><p><strong>&#8203;DATO #1: el doble est&#225;ndar sexual (SDS)</strong></p><p>&#8203;Existe un concepto psicol&#243;gico llamado <strong>Sexual Double Standard (SDS)</strong>. Estudios publicados en el <em>Journal of Social Psychology</em> confirman que, ante la misma conducta (tener <strong>m&#250;ltiples parejas</strong> en poco tiempo), al hombre se le percibe como &#8220;experimentado&#8221; o &#8220;viril&#8221;, mientras que a la mujer se le etiqueta como &#8220;inestable&#8221;, &#8220;calculadora&#8221; o cosas peores que no voy a escribir aqu&#237;.</p><p>&#8203;En el caso de <strong>Nodal</strong>, el SDS brilla en HD.</p><p>&#8203;A <strong>Belinda</strong> la juzgaron por el dinero (la etiqueta de &#8220;interesada&#8221;).</p><p>&#8203;A <strong>Cazzu</strong> la juzgaron por su maternidad y apariencia (la etiqueta de &#8220;la madre abnegada/abandonada&#8221;).</p><p>&#8203;A <strong>&#193;ngela</strong> la juzgan por la traici&#243;n entre mujeres (la etiqueta de &#8220;la rompehogares&#8221;).</p><p>&#8203;&#191;Y a &#233;l? A &#233;l le hacemos memes graciosos. &#201;l es &#8220;Dora la Exploradora&#8221; viajando de relaci&#243;n en relaci&#243;n. Su <strong>inestabilidad</strong> se trata con humor, la de ellas con juicio moral.</p><p><strong>&#8203;DATO #2: la agresividad intrag&#233;nero (mujeres contra mujeres)</strong></p><p>&#8203;Lo m&#225;s triste de la carne asada fue notar que las cr&#237;ticas m&#225;s feroces hacia las chicas ven&#237;an... de otras chicas.</p><p>La psicolog&#237;a evolutiva habla de la c<strong>ompetencia intrasexual</strong>, pero la sociolog&#237;a moderna apunta a la <em>Misoginia Interiorizada</em>. Hemos aprendido tan bien el <strong>patriarcado</strong> que las mujeres a menudo se convierten en las polic&#237;as m&#225;s estrictas de otras mujeres.</p><p>&#8203;Se nos olvida que quien ten&#237;a el compromiso (con Cazzu, por ejemplo) era &#201;L. Quien decidi&#243; saltar de una relaci&#243;n a otra sin sanar, fue &#201;L. Pero es <strong>m&#225;s f&#225;cil culpar</strong> a la &#8220;otra&#8221; que aceptar que el &#8220;pr&#237;ncipe&#8221; en realidad es un sapo que no sabe estar solo.</p><p><strong>&#8203;La reflexi&#243;n: el &#8220;ni&#241;o perdido&#8221; vs. la responsabilidad</strong></p><p>&#8203;Como hombre, esto me pega en el ego, pero tengo que decirlo: La sociedad nos infantiliza.</p><p>Tratamos a figuras como Nodal como si fueran ni&#241;os que no saben lo que hacen. &#8220;Ay, es que se enamora r&#225;pido&#8221;. &#8220;Es que es intenso&#8221;.</p><p>&#8203;No, wey. No es un ni&#241;o. Es un adulto<strong> tomando decisiones</strong> que lastiman.</p><p>&#8203;El problema de cambiar parejas <em>&#8220;como calcetines&#8221;</em> no es que busques el amor, es que tratas a las personas como objetos desechables de consumo. Y mientras sigamos <strong>atacando a las mujeres</strong> que entran y salen de su vida, le estamos dando permiso a &#233;l (y a todos los que act&#250;an como &#233;l) de seguir sin hacerse cargo de su <strong>desastre emocional.</strong></p><p>&#8203;La pr&#243;xima vez que salga el tema en el caf&#233; o en la peda, hagamos un ejercicio. Dejemos de hablar de las &#8220;tres mujeres&#8221; y pregunt&#233;monos: &#191;Qu&#233; onda con el vato que necesita un clavo para sacar otro clavo, sin importarle a qui&#233;n martilla en el proceso?</p><p>&#8203;Quiz&#225; la verdadera <em>Red Flag</em> no son ellas. Es nuestra costumbre de aplaudir al mago y culpar a las asistentes por el truco barato.</p><p>&#8203;Un abrazo (y <strong>a lavar los calcetines emocionales</strong>),</p><p>&#8203;Leo.</p>]]></content:encoded></item></channel></rss>