<script data-pm-proxy="intercept"></script><?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0"><channel><title><![CDATA[Igual pero bien]]></title><description><![CDATA[Esta es la historia en tiempo real de una persona que se va reconciliando lentamente consigo mismo. ]]></description><link>https://llumity.substack.com</link><image><url>https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png</url><title>Igual pero bien</title><link>https://llumity.substack.com</link></image><generator>Substack</generator><lastBuildDate>Fri, 04 Sep 2026 06:34:04 GMT</lastBuildDate><atom:link href="/__u/llumity.substack.com/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/><copyright><![CDATA[Santi Mathé]]></copyright><language><![CDATA[es]]></language><webMaster><![CDATA[llumity@substack.com]]></webMaster><itunes:owner><itunes:email><![CDATA[llumity@substack.com]]></itunes:email><itunes:name><![CDATA[Santi Mathé]]></itunes:name></itunes:owner><itunes:author><![CDATA[Santi Mathé]]></itunes:author><googleplay:owner><![CDATA[llumity@substack.com]]></googleplay:owner><googleplay:email><![CDATA[llumity@substack.com]]></googleplay:email><googleplay:author><![CDATA[Santi Mathé]]></googleplay:author><itunes:block><![CDATA[Yes]]></itunes:block><item><title><![CDATA[(de repente) El último verano]]></title><description><![CDATA[Hab&#237;a dise&#241;ado las vacaciones de una persona sola pero nosotros &#237;bamos a ser mil.]]></description><link>https://llumity.substack.com/p/de-repente-el-ultimo-verano</link><guid isPermaLink="false">https://llumity.substack.com/p/de-repente-el-ultimo-verano</guid><dc:creator><![CDATA[Santi Mathé]]></dc:creator><pubDate>Mon, 24 Aug 2026 15:50:57 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Antes de venir a Francia pens&#233; que quiz&#225; &#233;ste fuera nuestro &#250;ltimo verano familiar. Gaspar tiene trece a&#241;os y pronto preferir&#225; pasar agosto con sus amigos. Gala cada a&#241;o necesita un poco menos. Mi madre envejece. Agus y yo hace tiempo que dejamos de ser una pareja convencional.</p><p>Cuando imaginaba mis vacaciones aparec&#237;an libros, guitarra, este blog. Despu&#233;s miraba el coche: Agus, los chicos, mi madre, maletas para varias semanas. Lagos, pueblos pintorescos, juegos de mesa, comidas, patearle la pelota a Gaspar.</p><p>Hab&#237;a dise&#241;ado las vacaciones de una persona sola.</p><p>Nosotros &#237;bamos a ser mil.</p><p>Durante los meses anteriores hab&#237;a pensado mucho en autonom&#237;a. Tiempo propio, dinero propio, proyectos propios. Quer&#237;a tener m&#225;s espacio dentro de mi vida. Pero muchas veces imaginaba ese espacio existiendo despu&#233;s: despu&#233;s de los hijos peque&#241;os, despu&#233;s de ciertas obligaciones, despu&#233;s de que todo estuviera un poco m&#225;s ordenado.</p><p>Un d&#237;a est&#225;bamos todos alrededor de la piscina. Los chicos entraban y sal&#237;an del agua. Mi madre estaba all&#237;. Agus estaba all&#237;.</p><p>Los mir&#233;.</p><p>Pens&#233;: esta es mi vida.</p><p>No la vida que me toc&#243;.</p><p>La m&#237;a.</p><p>Y durante un rato no necesit&#233; imaginar otra.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[(El bosque no existe)]]></title><description><![CDATA[Confesiones del otro lado del subconsciente]]></description><link>https://llumity.substack.com/p/el-bosque-no-existe</link><guid isPermaLink="false">https://llumity.substack.com/p/el-bosque-no-existe</guid><dc:creator><![CDATA[Santi Mathé]]></dc:creator><pubDate>Mon, 24 Aug 2026 15:49:56 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay im&#225;genes que no s&#233; d&#243;nde guardar.</p><p>En una experiencia de hipnosis apareci&#243; un ni&#241;o perdido en una ciudad y, despu&#233;s, un bosque donde pod&#237;a quedarse quieto. Hab&#237;a sol, silencio, una sensaci&#243;n de refugio. En alg&#250;n momento el propio relato se corrigi&#243;: el bosque no existe. Es un lugar que me invento. Pero no salgo de la ciudad.</p><p>A&#241;os antes, en estados de conciencia alterados, hab&#237;a visto cosas dif&#237;ciles de clasificar. Una habitaci&#243;n blanca parec&#237;a envejecida, h&#250;meda, casi abandonada. En los bordes aparec&#237;a una vegetaci&#243;n delicada, como helechos. A veces surg&#237;an formas grandes, geom&#233;tricas, casi transparentes, parecidas a ara&#241;as.</p><p>Todav&#237;a las recuerdo.</p><p>El bosque pod&#237;a ser inventado. La vegetaci&#243;n tambi&#233;n. Pero durante un rato estaban ah&#237;. A veces vuelven y sigo mir&#225;ndolas.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Nunca escribí sobre mi padre]]></title><description><![CDATA[Hoy quiero hablar de sus misterios]]></description><link>https://llumity.substack.com/p/nunca-escribi-sobre-mi-padre</link><guid isPermaLink="false">https://llumity.substack.com/p/nunca-escribi-sobre-mi-padre</guid><dc:creator><![CDATA[Santi Mathé]]></dc:creator><pubDate>Mon, 24 Aug 2026 15:48:26 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Mi padre fumaba en pipa. Captain Black azul. Todav&#237;a hoy, cuando aparece ese olor en alg&#250;n sitio inesperado, durante un segundo estamos cerca otra vez.</p><p>Se separ&#243; de mi madre cuando yo era un beb&#233;, pero estuvo siempre. Pasaba los fines de semana con &#233;l, verane&#225;bamos juntos, me ense&#241;&#243; a montar a caballo y a trepar &#225;rboles. Jug&#225;bamos a los bichis buenos y los bichis malos.</p><p>Amaba los animales, los caballos, los barcos, la fotograf&#237;a. Acamp&#225;bamos sin infraestructura y dorm&#237;amos con sus perros. Una vez condujimos hasta Puerto Madryn para ver las ballenas. Para uno de mis cumplea&#241;os organiz&#243; una b&#250;squeda del tesoro gigantesca.</p><p>Y, sin embargo, yo no quer&#237;a hacer esas cosas con &#233;l.</p><p>Hoy recuerdo con ternura los caballos. Entonces me cansaba montar. Ahora me encantan los veleros; en aquella &#233;poca el r&#237;o me daba fr&#237;o. Su pipa se convirti&#243; con los a&#241;os en una m&#225;quina involuntaria del tiempo, pero cuando fumaba a mi lado el humo me molestaba.</p><p>Nunca fue la persona a quien llamaba para pedir consejo. No recuerdo haber sentido admiraci&#243;n por &#233;l, aunque ahora pueda enumerar f&#225;cilmente razones para haberla sentido. Pod&#237;amos dejar de hablarnos durante a&#241;os.</p><p>Y ocurr&#237;a.</p><p>Cuando muri&#243;, yo estaba en Estambul. Me dieron la noticia, llor&#233; un par de minutos, me lav&#233; la cara y sal&#237; a conocer los bazares.</p><p>He tardado m&#225;s en recuperarme del final de alguna pel&#237;cula.</p><p>El segundo misterio es distinto.</p><p>Mi padre hab&#237;a nacido con bastantes cartas buenas: era lo que la burgues&#237;a porte&#241;a llamaba, con una expresi&#243;n bastante desafortunada, un <em>ni&#241;o bien</em> de la Recoleta. Era inteligente, r&#225;pido, buen abogado. Construy&#243; una carrera exitosa.</p><p>Despu&#233;s empez&#243; a probar otras vidas.</p><p>Tuvo un club de tenis. Un restaurante con m&#250;sica en vivo. Una tienda de fotograf&#237;a. Un criadero de ranas toro. En todas sus casas hab&#237;a cuarto oscuro.</p><p>Despu&#233;s algo empez&#243; a cambiar.</p><p>El despacho perdi&#243; fuerza. Algunos proyectos salieron mal. El dinero empez&#243; a faltar. Una internaci&#243;n psiqui&#225;trica. Termin&#243; pidiendo ayuda o trabajo a personas que alguna vez hab&#237;an estado bastante por debajo de &#233;l.</p><p>Y finalmente muri&#243; pr&#225;cticamente solo en un hospital p&#250;blico.</p><p>Entre el hombre de la pipa y ese final hay una pendiente que todav&#237;a no s&#233; reconstruir.</p><p>Reconozco cosas suyas en m&#237;.</p><p>La curiosidad.</p><p>La confianza en la propia capacidad.</p><p>El entusiasmo por terrenos nuevos.</p><p>La facilidad para imaginar otra vida cuando la actual empieza a quedar estrecha.</p><p>Tampoco s&#233; por qu&#233; un padre que estuvo nunca termin&#243; de llegarme.</p><p>Puedo oler Captain Black y quererlo durante un instante de una forma que quiz&#225; no supe quererlo cuando estaba sentado al lado m&#237;o.</p><p>No tengo una explicaci&#243;n.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Treinta euros]]></title><description><![CDATA[Hay una clase de tarea que me pone de un humor desproporcionadamente malo.]]></description><link>https://llumity.substack.com/p/treinta-euros</link><guid isPermaLink="false">https://llumity.substack.com/p/treinta-euros</guid><dc:creator><![CDATA[Santi Mathé]]></dc:creator><pubDate>Mon, 24 Aug 2026 15:46:41 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay una clase de tarea que me pone de un humor desproporcionadamente malo.</p><p>Conducir veinte minutos para llevar unas s&#225;banas de un piso a otro. Descubrir que falta un mando a distancia. Llamar por tercera vez a un banco porque me cobraron treinta euros que no correspond&#237;an. Bajar un cuadro de una pared y llevarlo a otra casa.</p><p>Treinta euros.</p><p>Lo que me irrita es estar usando una ma&#241;ana, una llamada, un trozo de atenci&#243;n en algo que siento que no deber&#237;a haber llegado hasta m&#237;.</p><p>El chiquitaje.</p><p>Tengo facilidad para resolver. Cada cosa tarda cinco, diez minutos.</p><p>Nada.</p><p>Hasta que la ma&#241;ana es eso.</p><p>Entonces me entra una furia bastante poco proporcionada.</p><p>Quiero eliminarlo todo. Automatizarlo. Delegarlo.</p><p>Despu&#233;s se rompe otra cosa.</p><p>Hay peque&#241;as cosas que no me molestan en absoluto.</p><p>Guardar dos porciones de pizza para el d&#237;a siguiente. Preparar arroz y huevos. Poner una pel&#237;cula. Cambiar una bombilla. Patearle una pelota a Gaspar.</p><p>Pelar un tomate puede ser parte de una tarde.</p><p>Perseguir un mando perdido puede convertirse en la tarde entera.</p><p>No s&#233; qu&#233; hace la diferencia.</p><p>Sigo discutiendo treinta euros con el banco.</p><p>Sigo transportando cosas.</p><p>Y sigo disfrutando de otras cosas igual de peque&#241;as.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Dar es dar]]></title><description><![CDATA[Las cosas encuentran r&#225;pido a quien las resuelve. Ese es mi problema]]></description><link>https://llumity.substack.com/p/dar-es-dar</link><guid isPermaLink="false">https://llumity.substack.com/p/dar-es-dar</guid><dc:creator><![CDATA[Santi Mathé]]></dc:creator><pubDate>Mon, 24 Aug 2026 15:45:39 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Me gusta dar.</p><p>Me gusta invitar, pagar una comida, abrir la casa, resolver un problema.</p><p>En una familia, las cosas encuentran r&#225;pido a quien las resuelve. Una cita, una compra, un tr&#225;mite, una urgencia peque&#241;a. Cada cosa parece poca. La suma no.</p><p>Y si uno tiene facilidad para anticipar, puede terminar haciendo algo antes de que alguien haya decidido si necesitaba ayuda.</p><p>A veces doy porque quiero. Otras porque me resulta m&#225;s f&#225;cil hacerlo yo. A veces porque no tolero bien ver un problema sin resolver.</p><p>No siempre s&#233; cu&#225;l de las tres est&#225; ocurriendo.</p><p>Hay d&#237;as en los que quiero que los dem&#225;s sean m&#225;s aut&#243;nomos.</p><p>No s&#233; siempre si lo quiero por ellos o por m&#237;.</p><p>Una vez, en una experiencia de introspecci&#243;n, apareci&#243; un ni&#241;o que dec&#237;a: lo que haya que hacer. Despu&#233;s un bosque donde nadie necesitaba nada.</p><p>A veces quiero ese bosque.</p><p>Una tarde sin mensajes. Una habitaci&#243;n con una puerta. Que durante unas horas nadie necesite que resuelva nada.</p><p>Y despu&#233;s vuelvo.</p><p>Sigo haciendo cosas que quiz&#225; otro podr&#237;a hacer solo. Sigo anticip&#225;ndome. Sigo sintiendo fastidio cuando algo aparece en el peor momento y resolvi&#233;ndolo igual.</p><p>A veces doy porque quiero.</p><p>A veces porque puedo.</p><p>A veces porque no s&#233; no hacerlo.</p><p>Desde afuera se parece bastante.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Hacer sitio]]></title><description><![CDATA[Acerca de construir una tribu y reservarse un rinc&#243;n privado]]></description><link>https://llumity.substack.com/p/hacer-sitio</link><guid isPermaLink="false">https://llumity.substack.com/p/hacer-sitio</guid><dc:creator><![CDATA[Santi Mathé]]></dc:creator><pubDate>Mon, 24 Aug 2026 15:44:08 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Durante mucho tiempo pens&#233; la libertad en t&#233;rminos grandes: viajar solo, tener otra casa, cambiar de ciudad, empezar una relaci&#243;n, vender algo, comprar algo, empezar de nuevo.</p><p>&#218;ltimamente aparece de formas m&#225;s peque&#241;as.</p><p>Elegir una l&#225;mpara.</p><p>Ver una, que me guste y ponerla donde quiero.</p><p>Llevo d&#233;cadas tomando decisiones bastante m&#225;s importantes que esa y, sin embargo, casi nunca viv&#237; del todo dentro de un espacio construido solo desde m&#237;. Desde los diecinueve a&#241;os casi siempre hubo un nosotros alrededor: casas compartidas, objetos elegidos entre varios, rutinas, historias pegadas a las cosas.</p><p>Por eso empec&#233; a fantasear con una vivienda peque&#241;a ligada tambi&#233;n a mi trabajo. Habitaciones para alquilar y, en alg&#250;n rinc&#243;n, una zona privada: dormitorio, ba&#241;o, cocina m&#237;nima, una puerta.</p><p>Hice n&#250;meros, pens&#233; metros cuadrados, licencias, rentabilidad.</p><p>Debajo del Excel segu&#237;a estando la puerta.</p><p>Unos d&#237;as despu&#233;s me equivoqu&#233; de estaci&#243;n de metro, sal&#237; en un lugar que no era, camin&#233; un poco y entr&#233; en un bar. Ped&#237; una cerveza y una hamburguesa.</p><p>Estoy presente y tengo hambre.</p><p>Ese verano, en Francia, llegaron unos amigos con sus hijos a la casa que hab&#237;amos alquilado. Cenamos, se quedaron a dormir y al d&#237;a siguiente una de las ni&#241;as se qued&#243; varios d&#237;as m&#225;s.</p><p>Hab&#237;a colchones, platos, chicos mojados entrando y saliendo, gente abriendo la nevera.</p><p>Pens&#233;: esto es Casa Grande.</p><p>La casa no era nuestra.</p><p>Todav&#237;a quiero una puerta.</p><p>Y todav&#237;a quiero una mesa grande.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Mi propio multiverso]]></title><description><![CDATA[Una relaci&#243;n deja de ser excepci&#243;n cuando produce calendario.]]></description><link>https://llumity.substack.com/p/mi-propio-multiverso</link><guid isPermaLink="false">https://llumity.substack.com/p/mi-propio-multiverso</guid><dc:creator><![CDATA[Santi Mathé]]></dc:creator><pubDate>Mon, 24 Aug 2026 15:42:05 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Durante algunos a&#241;os tuve m&#225;s de una vida.</p><p>En uno estaban mis hijos, Agus, la casa, los amigos de siempre, las mochilas del colegio. Una historia larga, con rutinas, discusiones antiguas y una familiaridad tan profunda que a veces se vuelve invisible.</p><p>En el otro cambiaba la m&#250;sica. Cambiaba la lengua. Hab&#237;a otros platos, otra cama, otra forma de hacer cucharita. Con el tiempo aparec&#237;an tambi&#233;n peque&#241;as costumbres: un bar al que volver, una compra habitual, una persona que ya sab&#237;a c&#243;mo tomaba el caf&#233;.</p><p>Me gustaba entrar ah&#237;.</p><p>Pod&#237;a ser yo de otra manera.</p><p>El problema es que las realidades alternativas de las pel&#237;culas duran dos horas. Las vidas, cuando duran, empiezan a acumular peso. Una casa deja de ser escapada cuando sabes en qu&#233; caj&#243;n est&#225;n los cubiertos. Una relaci&#243;n deja de ser excepci&#243;n cuando produce calendario.</p><p>La vida alternativa empezaba tambi&#233;n a pedir continuidad.</p><p>Yo ya ten&#237;a una.</p><p>Recuerdo muchas veces el regreso. Abrir la puerta. Escuchar a los chicos desde otra habitaci&#243;n. Entrar en una conversaci&#243;n empezada antes de que yo llegara.</p><p>Era como despertar de un sue&#241;o muy v&#237;vido, cuando durante unos segundos sabes qui&#233;n eres pero no recuerdas en qu&#233; habitaci&#243;n est&#225;s.</p><p>Hab&#237;a estado viviendo en otro sitio.</p><p>Y ahora volv&#237;a.</p><p>Con los a&#241;os empez&#243; a cansarme el viaje.</p><p>Todav&#237;a me cruzo, de vez en cuando, con algunos de los hombres que am&#233;. A veces vuelve con una precisi&#243;n inesperada otra casa, otra lengua, una canci&#243;n, aquellas noches de cucharita.</p><p>No necesito hacer nada con eso.</p><p>Pas&#243;.</p><p>Fue verdad.</p><p>Y sigue apareciendo a veces.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Saudade de vidas que no ocurrieron]]></title><description><![CDATA[Puedo estar bien y extra&#241;ar algo que no ocurri&#243;.]]></description><link>https://llumity.substack.com/p/saudade-de-vidas-que-no-ocurrieron</link><guid isPermaLink="false">https://llumity.substack.com/p/saudade-de-vidas-que-no-ocurrieron</guid><dc:creator><![CDATA[Santi Mathé]]></dc:creator><pubDate>Mon, 24 Aug 2026 15:41:20 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>A veces no deseo otra vida. Deseo la posibilidad de haberla vivido.</p><p>No es exactamente lo mismo.</p><p>Hay momentos en los que aparece con mucha fuerza la imagen de una versi&#243;n m&#237;a que tom&#243; otro camino: no form&#243; una familia, no sostuvo una casa, no construy&#243; empresas, no pas&#243; a&#241;os organizando la vida de otros. Una versi&#243;n m&#225;s errante, m&#225;s imprevisible, m&#225;s disponible para s&#237; misma.</p><p>Una vez apareci&#243; con una claridad brutal durante un orgasmo en la ducha. Durante unos segundos pens&#233; que estaba harto de atender necesidades ajenas y que preferir&#237;a una vida completamente distinta.</p><p>Hab&#237;a aparecido una vida alternativa con una intensidad enorme y, unos minutos despu&#233;s, ya no estaba.</p><p>Las vidas que no vivimos tienen una ventaja: nunca tienen que demostrar que funcionan.</p><p>No pagan hipotecas, no cr&#237;an hijos, no se aburren un martes, no enferman. Permanecen suspendidas en su mejor versi&#243;n.</p><p>Por eso a veces siento m&#225;s saudade que deseo.</p><p>Saudade de Nueva York. De Buenos Aires en determinados a&#241;os. De viajes sin regreso previsto. De una versi&#243;n de m&#237; que podr&#237;a haber seguido caminando.</p><p>Puedo estar bien y extra&#241;ar algo que no ocurri&#243;.</p><p>Disfrutar de la estabilidad y fantasear con desaparecer durante meses.</p><p>No s&#233; qu&#233; hacer exactamente con esas vidas.</p><p>A veces simplemente aparecen.</p><p>Y despu&#233;s se van.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Sí, es contradictorio]]></title><description><![CDATA[Saber que algo va a terminar no hace que deje de cansar mientras ocurre.]]></description><link>https://llumity.substack.com/p/si-es-contradictorio</link><guid isPermaLink="false">https://llumity.substack.com/p/si-es-contradictorio</guid><dc:creator><![CDATA[Santi Mathé]]></dc:creator><pubDate>Mon, 24 Aug 2026 15:40:34 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay d&#237;as en los que mi familia me agota.</p><p>En vacaciones se nota m&#225;s. Yo imagino leer, escribir, practicar guitarra, visitar a un amigo, sentarme solo en un bar. Despu&#233;s miro el plan real: mi madre, Agus, los chicos, amigos que entran y salen, lagos, comidas, juegos, traslados, patearle la pelota a Gaspar, pensar qu&#233; hacemos hoy.</p><p>Una vez lo formul&#233; as&#237;: hab&#237;a dise&#241;ado las vacaciones de una persona sola y, en cambio, &#237;bamos a ser mil.</p><p>Y tambi&#233;n quer&#237;a que fu&#233;ramos mil.</p><p>No quiero irme de mi familia. Pero a veces me cansa ser quien produce la experiencia com&#250;n: detectar qui&#233;n se aburre, proponer algo, resolver lo pr&#225;ctico, mantener el d&#237;a en movimiento.</p><p>Entonces fantaseo con estar solo.</p><p>Y justo ah&#237; aparece lo contrario.</p><p>Gaspar pronto preferir&#225; pasar agosto con sus amigos. Gala dejar&#225; de pedirme ciertas cosas. Mi madre no estar&#225; siempre. Agus y yo seguiremos cambiando.</p><p>Durante un tiempo pens&#233; que &#233;ste pod&#237;a ser nuestro &#250;ltimo verano familiar.</p><p>La idea me puso triste. Y enseguida vino la culpa: entonces deber&#237;a disfrutarlo.</p><p>No funciona.</p><p>Saber que algo va a terminar no hace que deje de cansar mientras ocurre.</p><p>Un juego de mesa que no quiero jugar no se vuelve maravilloso porque alg&#250;n d&#237;a recuerde con nostalgia a quienes estaban sentados alrededor.</p><p>Hay tardes en las que quiero estar solo.</p><p>Y otras en las que los veo juntos y no quiero estar en ning&#250;n otro sitio.</p><p>Las dos cosas ocurren.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Él ve un cinco]]></title><description><![CDATA[Mi hijo tiene trece a&#241;os y, por ahora, no parece demasiado interesado en convertirse en nada extraordinario.]]></description><link>https://llumity.substack.com/p/el-ve-un-cinco</link><guid isPermaLink="false">https://llumity.substack.com/p/el-ve-un-cinco</guid><dc:creator><![CDATA[Santi Mathé]]></dc:creator><pubDate>Mon, 24 Aug 2026 15:38:08 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Mi hijo tiene trece a&#241;os y, por ahora, no parece demasiado interesado en convertirse en nada extraordinario.</p><p>Va a un buen colegio, juega al f&#250;tbol, tiene amigos, le gusta ser portero. Sus notas podr&#237;an ser mejores. Su ambici&#243;n tambi&#233;n, seg&#250;n mis par&#225;metros.</p><p>Cuando trae un cinco, yo veo una se&#241;al. &#201;l ve un cinco.</p><p>Cuando comparte la porter&#237;a y juega veinte minutos, yo pienso en qu&#233; tendr&#237;a que hacer para ganarse m&#225;s tiempo. &#201;l termina el partido, se va con sus amigos y parece bastante contento.</p><p>Eso me desconcierta m&#225;s de lo que quisiera.</p><p>Me preocupa que no tenga m&#225;s hambre.</p><p>Tambi&#233;n es cierto que yo siempre tuve bastante m&#225;s hambre.</p><p>Si pod&#237;a hacer algo mejor, intentaba hacerlo mejor. Si aparec&#237;a una puerta, quer&#237;a saber qu&#233; hab&#237;a detr&#225;s. Me cuesta ver una posibilidad y dejarla intacta.</p><p>A veces miro a Gaspar y pienso que deber&#237;a exigirle m&#225;s. Otras lo veo salir del colegio con sus amigos, hablar de f&#250;tbol, jugar online, re&#237;rse de alguna estupidez, y pienso que parece bastante bien como est&#225;.</p><p>No s&#233; distinguir del todo una cosa de la otra.</p><p>Ser padre implica intervenir. A veces hay que insistir m&#225;s de lo que &#233;l elegir&#237;a solo.</p><p>Y despu&#233;s est&#225; el otro riesgo: convertir su adolescencia en un proyecto de optimizaci&#243;n.</p><p>No s&#233; cu&#225;l de los dos me preocupa m&#225;s.</p><p>Cuando trae una mala nota sigo sintiendo ganas de corregir el rumbo. Cuando veo que otro portero juega m&#225;s, sigo pensando qu&#233; podr&#237;a hacer Gaspar para mejorar. Cuando abandona algo r&#225;pido, pienso que deber&#237;a insistir.</p><p>Despu&#233;s lo veo tranquilo.</p><p>Y vuelvo a dudar.</p><p>Ma&#241;ana probablemente vuelva a preguntarle c&#243;mo le fue en el examen.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Después de la revelación]]></title><description><![CDATA[Un a&#241;o antes hab&#237;a vuelto de la India con la sensaci&#243;n muy concreta de que algo importante hab&#237;a cambiado.]]></description><link>https://llumity.substack.com/p/despues-de-la-revelacion</link><guid isPermaLink="false">https://llumity.substack.com/p/despues-de-la-revelacion</guid><dc:creator><![CDATA[Santi Mathé]]></dc:creator><pubDate>Mon, 24 Aug 2026 15:17:44 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos meses discut&#237; con un Guardia Urbana porque una calle estaba cerrada.</p><p>No hab&#237;a ninguna injusticia. No estaba defendiendo a nadie. No hab&#237;a un principio importante en juego. La calle estaba cerrada, yo quer&#237;a pasar y &#233;l me dijo que no. Insist&#237;, argument&#233;, busqu&#233; una excepci&#243;n. En alg&#250;n momento, mientras segu&#237;a discutiendo, ya sab&#237;a que probablemente no ten&#237;a raz&#243;n.</p><p>Segu&#237; igual.</p><p>M&#225;s tarde, en casa, metido en la ba&#241;era, pens&#233;: qu&#233; r&#225;pido se me hab&#237;a pasado la iluminaci&#243;n.</p><p>Un a&#241;o antes hab&#237;a vuelto de la India con la sensaci&#243;n muy concreta de que algo importante hab&#237;a cambiado. Hab&#237;a cumplido cincuenta a&#241;os, empezaba a llamarme Santi, hablaba de Maya, de Brahman, del ego, de soltar. Llegu&#233; a escribir que sospechaba estar <em>craqueando la Matrix</em>. No del todo en broma.</p><p>Mi vida, mientras tanto, segu&#237;a bastante reconocible: hijos, obras, hu&#233;spedes, dinero, amigos, cuentas, problemas. No hab&#237;a abandonado nada ni me hab&#237;a mudado a un ashram. La diferencia parec&#237;a estar en otro sitio. Yo sent&#237;a que me relacionaba de otra manera con lo mismo.</p><p>Durante unas vacaciones en Burdeos orden&#233; muchas de esas ideas y escrib&#237; el primer volumen de este blog. Lo releo ahora y reconozco perfectamente a quien lo escribi&#243;. No pienso que estuviera fingiendo. Tampoco creo que estuviera equivocado.</p><p>S&#237; me sorprende un poco su seguridad.</p><p>Hab&#237;a descubierto que muchos mandatos eran inventados, que el cuerpo avisaba antes que la cabeza, que no era obligatorio vivir con tanta prisa, que una identidad pod&#237;a quedarse peque&#241;a. Y quiz&#225; supuse, sin llegar a formularlo, que ver esas cosas iba a producir alg&#250;n tipo de modificaci&#243;n autom&#225;tica.</p><p>No ocurri&#243;.</p><p>O al menos no ocurri&#243; as&#237;.</p><p>La discusi&#243;n con el polic&#237;a no me interesa porque demuestre que &#8220;segu&#237;a teniendo ego&#8221;. Ser&#237;a demasiado f&#225;cil. Lo que me interesa es que durante parte de la escena yo pod&#237;a verme haciendo exactamente aquello que ya sab&#237;a que no quer&#237;a hacer.</p><p>Eso fue nuevo.</p><p>No la reacci&#243;n.</p><p>La simultaneidad.</p><p>Estar enfadado y saber que estaba exagerando. Querer tener raz&#243;n y observar esa necesidad casi desde afuera. Poder dejarlo y no dejarlo.</p><p>Despu&#233;s empec&#233; a reconocer esa misma distancia en cosas mucho menos memorables: impaciencia en el coche, prisa cuando no hab&#237;a urgencia, necesidad de resolver hoy algo que pod&#237;a esperar hasta ma&#241;ana. No grandes reca&#237;das. Gestos peque&#241;os que hab&#237;an sobrevivido perfectamente a la India.</p><p>Durante un tiempo hab&#237;a imaginado la conciencia como una especie de interruptor: ves el patr&#243;n, lo entiendes, dejas de repetirlo.</p><p>Ahora no estoy tan seguro.</p><p>A veces veo algo despu&#233;s de hacerlo. Otras, mientras lo hago. Muy de vez en cuando aparece un segundo antes.</p><p>No s&#233; todav&#237;a cu&#225;nto cambia un segundo.</p><p>Pero quiz&#225; el segundo a&#241;o empiece ah&#237;.</p><p>No comprobando si todo aquello que escrib&#237; era verdad.</p><p>Mirando qu&#233; queda cuando dejo de recordarlo.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El difícil mientras tanto]]></title><description><![CDATA[Me gusta empezar cosas. La intensidad me resulta agradable y, muchas veces, me ha servido.]]></description><link>https://llumity.substack.com/p/el-dificil-mientras-tanto</link><guid isPermaLink="false">https://llumity.substack.com/p/el-dificil-mientras-tanto</guid><pubDate>Mon, 24 Aug 2026 15:17:08 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Funciono muy bien cuando hay algo importante que resolver. Una operaci&#243;n dif&#237;cil, una negociaci&#243;n, una obra que se retrasa, un problema concreto. En esos momentos s&#233; qu&#233; importa, qu&#233; puede esperar y d&#243;nde poner la energ&#237;a. La presi&#243;n me ordena.</p><p>Hace unos meses cerr&#233; la venta de un piso en el que hab&#237;a estado trabajando intensamente. Durante semanas todo hab&#237;a girado alrededor de eso. Cuando termin&#243; sent&#237; alivio y, casi inmediatamente, empec&#233; a dispersarme. Me ocupaba de cosas peque&#241;as como si fueran urgentes, saltaba entre ideas, buscaba qu&#233; hacer despu&#233;s. No estaba especialmente preocupado. Simplemente ya no estaba haciendo aquello que durante semanas hab&#237;a organizado mis d&#237;as.</p><p>Un tiempo despu&#233;s viaj&#233; a Praga y me aloj&#233; en un edificio entero dedicado a apartamentos tur&#237;sticos. Me fascin&#243;. Antes de terminar de recorrerlo ya estaba pensando c&#243;mo conseguir uno, cu&#225;nto costar&#237;a, d&#243;nde podr&#237;a hacerlo y cu&#225;ndo empezar.</p><p>La respuesta interior fue bastante r&#225;pida: ahora.</p><p>Eso me hizo gracia porque llevaba meses hablando de vivir con menos prisa.</p><p>El edificio me segu&#237;a gustando. La idea tambi&#233;n. No era una falsa necesidad inventada para mantenerme ocupado. Podr&#237;a hacer algo as&#237; alg&#250;n d&#237;a y probablemente me divertir&#237;a mucho haci&#233;ndolo. Pero tampoco exist&#237;a ninguna raz&#243;n para empezar al volver de Praga.</p><p>Ah&#237; apareci&#243; una dificultad que conozco bien: me cuesta dejar algunas posibilidades sin convertirlas enseguida en proyectos. Si algo me entusiasma, empiezo a ponerle n&#250;meros, fechas, estructura. A veces eso produce cosas. Otras simplemente hace que una idea que pod&#237;a acompa&#241;arme durante un tiempo se convierta en otra tarea.</p><p>Me gusta empezar cosas. La intensidad me resulta agradable y, muchas veces, me ha servido.</p><p>Lo que no soporto tan bien es el espacio posterior. Cuando ya hice lo que pod&#237;a hacer y todav&#237;a no pas&#243; lo siguiente. Cuando una obra est&#225; en manos de otros, alguien tiene que decidir, una fecha tiene que llegar o simplemente no hay nada urgente que empujar.</p><p>El mientras tanto.</p><p>No me gusta demasiado.</p><p>A veces lo lleno con otra cosa.</p><p>En Praga, por un rato, fue un edificio.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Rituales mínimos]]></title><description><![CDATA[No son grandes gestos ni promesas solemnes: son peque&#241;as anclas que sostienen el d&#237;a cuando el d&#237;a flota. Me interesan esos rituales que no piden &#233;pica, solo presencia.]]></description><link>https://llumity.substack.com/p/rituales-minimos</link><guid isPermaLink="false">https://llumity.substack.com/p/rituales-minimos</guid><dc:creator><![CDATA[Santi Mathé]]></dc:creator><pubDate>Wed, 12 Nov 2025 15:55:37 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay domingos en que la casa se impone con su propio guion. La tabla de madera, la salsa que ya sabe sola, la masa que reposa como un gato al sol. La pizza casera no resuelve la existencia, pero desactiva ese rumor de fondo que convierte cualquier tarde en un tr&#225;mite. Cortamos la muzarella en silencio, alguien pone m&#250;sica que conocemos todos, el horno respira lento. El ritual m&#237;nimo no pregunta si hay ganas; ofrece un marco. Adentro de ese marco, a veces aparece la conversaci&#243;n que faltaba, otras aparece el silencio que salva.</p><p>Descubro que necesito menos de lo que pensaba. Un vaso de agua en la mesa de luz antes de dormir. Un paseo alrededor de la manzana cuando el cuerpo queda lleno de pantallas. Media hora de lectura en papel, sin notificaciones, aunque sea el mismo p&#225;rrafo cinco veces. Estirar la s&#225;bana con las dos manos cada ma&#241;ana, no por obsesi&#243;n sino por salud mental: una superficie lisa con la que inaugurar el d&#237;a. Un saludo al limonero del patio (cuando hay limonero), aunque est&#233; pelado o desbordado de frutos. Todo eso no es productividad; es cuidado.</p><p>Durante a&#241;os confund&#237; ritual con mandato. &#8220;Si no medito veinte minutos, soy un impostor&#8221;. &#8220;Si no corro diez kil&#243;metros, no valgo&#8221;. La cura fue volverlos humanos. Si hoy medito dos y alcanzo a escuchar la respiraci&#243;n, vale. Si hoy el cuerpo pide no correr, camino y me alcanza. El ritual m&#237;nimo no castiga ni premia; acompa&#241;a. Si se vuelve polic&#237;a, pierde su gracia.</p><p>Tambi&#233;n est&#225;n los rituales en la paternidad, que son otra especie de contrato. Domingo de pizza, s&#237;; pero tambi&#233;n papelitos en la mochila el primer d&#237;a de clases, y el &#8220;ma&#241;ana vemos&#8221; como punto y aparte cuando la noche agranda los problemas. Los chicos registran esos detalles mejores que cualquier discurso. No porque sean m&#225;gicos, sino porque son estables. Cuando cambia casi todo, la repetici&#243;n de un gesto simple dice: &#8220;estamos&#8221;.</p><p>En d&#237;as de tormenta, junto tres o cuatro de estos m&#237;nimos y armo una barca. No me llevan a la otra orilla, pero impiden que me hunda. Un t&#233; con miel, dos p&#225;ginas de diario, abrir las ventanas aunque est&#233; nublado, ordenar la mesa de trabajo. No necesito creer en nada para hacerlos; necesito estar. Si falta el &#225;nimo, los hago en piloto autom&#225;tico y funciona igual.</p><p>Podr&#237;a decir que estos rituales son mi manera cotidiana de encender luz, pero ser&#237;a solemnizar lo que no la pide. Prefiero pensar que son puentes chicos, de madera, sobre zanjones de rutina. Cruzo y sigo. A veces, del otro lado, aparece una idea. Otras, aparece el mismo d&#237;a que dej&#233; del lado de ac&#225;. Y sin embargo, cruzar mejora el &#225;nimo. No es misterio; es pr&#225;ctica.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Igual (pero bien)]]></title><description><![CDATA[Hay urgencias que todav&#237;a me empujan a querer destruirlo todo y empezar de cero. &#8220;Cambio total o muerte&#8221;, anuncia el ego con pancarta.]]></description><link>https://llumity.substack.com/p/igual-pero-bien</link><guid isPermaLink="false">https://llumity.substack.com/p/igual-pero-bien</guid><dc:creator><![CDATA[Santi Mathé]]></dc:creator><pubDate>Wed, 12 Nov 2025 15:54:37 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Una amiga cruza un divorcio dif&#237;cil. Meses despu&#233;s, le pregunto c&#243;mo viene la cosa y me responde con una precisi&#243;n que me queda tatuada: &#8220;igual, pero bien&#8221;. Descubro que el cambio amable existe: un mil&#237;metro que, cuando aparece, ordena todo.</p><h3></h3><p>La frase llega por audio, de esos que se graban caminando para no llorar. &#8220;Igual, pero bien&#8221;. Dos palabras antes y dos despu&#233;s, y sin embargo ah&#237; est&#225; todo: la tristeza sigue, el proceso es el mismo, los papeles no se firmaron solos ni los recuerdos se acomodaron por arte de magia, pero sucedi&#243; un desplazamiento m&#237;nimo, casi rid&#237;culo si se lo mira desde fuera, que hace respirable lo que antes era un cuarto sin ventanas.</p><p>Vuelvo a una escena de yoga. Postura de equilibrio, pie hundi&#233;ndose en la madera, la cabeza llena de lista de compras. No sale. Se acerca el instructor, no sermonea, no habla de chakras ni del karma que me persigue por tres vidas: me toma el tal&#243;n, mueve un dedo medio cent&#237;metro, baja apenas el codo, gira el torso un grado. De lejos no cambi&#243; nada; estoy igual que hace un minuto. Por dentro, el cuerpo encuentra su eje y la postura se vuelve posible. Igual, pero bien.</p><p>Me convenzo de que la mayor&#237;a de los cambios que sostienen la vida no llegan con platillos ni con un hilo musical &#233;pico. No hacen titulares. Son ajustes m&#237;nimos que piden dos ingredientes que me cuestan: tiempo y confianza. Tiempo para quedarme lo suficiente en el lugar inc&#243;modo como para notar d&#243;nde aprieta la zapatilla; confianza para no tirar la zapatilla por la ventana antes de mover el cord&#243;n.</p><p>Hay urgencias que todav&#237;a me empujan a querer destruirlo todo y empezar de cero. &#8220;Cambio total o muerte&#8221;, anuncia el ego con pancarta. Despu&#233;s, a fuerza de golpes, entiendo que hay otra v&#237;a: correrse un poquito del centro que lastima. Si en la conversaci&#243;n que siempre termina mal, bajo la velocidad una marcha, si en el proyecto que me exprime, saco una reuni&#243;n y recupero una siesta, si en la casa donde se enreda la rutina, reponemos un ritual chico (domingo de pizza, vaso de agua en la mesa de luz, caminata nocturna alrededor de la manzana), aparece un clima nuevo. Desde afuera nadie podr&#237;a jurarlo; por dentro hay espacio.</p><p>&#8220;Igual, pero bien&#8221; no es resignaci&#243;n. Es una &#233;tica del detalle. Es aceptar que la herida no cierra por decreto, que el duelo migra de cuarto en cuarto, que el cuerpo tarda lo que tarda, y aun as&#237; insistir en esos desplazamientos amables: pedir ayuda antes de colapsar, revisar la palabra con la que me trato, devolver a su due&#241;o un peso que no me corresponde, dormir una hora m&#225;s sin volverlo filosof&#237;a. Y algo curioso: cuando uno afloja el gesto m&#237;nimo, el mundo tiende a colaborar. El barista que sonr&#237;e, el mail que no hay que enviar, la puerta que no hac&#237;a falta abrir hoy.</p><p>La frase de mi amiga se queda en mi mesa de trabajo, pegada con cinta al borde del monitor. La veo cuando me entra la prisa de mejorar todo a la vez. La leo cuando me pica la autocr&#237;tica. Me recuerda que el equilibrio no es un estado, es un ajuste constante, y que el ajuste no siempre se logra con fuerza: muchas veces se logra con un movimiento que apenas se nota. La vida sigue siendo la de ayer, pero me paro distinto. Igual, pero bien.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El cuerpo barómetro]]></title><description><![CDATA[Antes de que la cabeza entienda, el cuerpo ya sabe. A veces lo grita; casi siempre lo susurra. Aprendo a escucharlo como quien afina una radio vieja.]]></description><link>https://llumity.substack.com/p/el-cuerpo-barometro</link><guid isPermaLink="false">https://llumity.substack.com/p/el-cuerpo-barometro</guid><dc:creator><![CDATA[Santi Mathé]]></dc:creator><pubDate>Wed, 12 Nov 2025 15:48:34 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay d&#237;as en que el cuerpo me manda mensajes por carta certificada. Una contractura que aparece siempre despu&#233;s de esa llamada &#8220;importante&#8221;. El est&#243;mago que se encoge cuando digo s&#237; queriendo decir no. La mand&#237;bula que a la noche hace de cantera: amanezco con piedras donde deber&#237;a haber m&#250;sculos. El dentista me habl&#243; de bruxismo; yo entiendo de traducciones: &#8220;no est&#225;s masticando la vida al ritmo que necesit&#225;s&#8221;.</p><p>Me descubro caminando apurado&#8230; parado. Es un fen&#243;meno. Estoy frente a la pileta, lavando una taza, pero por dentro voy a ciento ochenta. Los hombros, de pronto, arriba de las orejas, la respiraci&#243;n cortita como un perro chico en verano. No se ve desde afuera, pero el bar&#243;metro interno marca tormenta. Vuelvo. Bajo los hombros a prop&#243;sito, apoyo bien las plantas en el suelo, inhalo cuatro, retengo siete, exhalo ocho. No s&#233; si esa t&#233;cnica la invent&#243; un monje o un anestesista; a m&#237; me funciona. El cuerpo tiene su lenguaje, pero hay que atenderlo en vivo, no en diferido.</p><p>Hubo una &#233;poca en que coleccionaba se&#241;ales y las barr&#237;a debajo de la alfombra con una eficiencia envidiable. Un dolor de cabeza justo antes de presentar un proyecto: &#8220;me agarr&#243; el aire&#8221;. El nudo en la garganta cuando sent&#237;a que estaba fallando a algo esencial: &#8220;ser&#225; el aire acondicionado&#8221;. Las noches de insomnio cont&#225;ndole los azulejos al ba&#241;o: &#8220;debe ser la cena&#8221;. El cuerpo hablaba; yo hac&#237;a scroll.</p><p>Empiezo a tratarlo distinto. No como enemigo que hay que domar, ni como m&#225;quina que hay que optimizar, sino como aliado que avisa. Pruebo detalles que quiz&#225; no cambian el mundo pero me cambian el clima: no miro el tel&#233;fono apenas me despierto (la mano va sola; la traigo de vuelta como a un perro que se va a la calle). Me siento a desayunar sin leer nada: el caf&#233; y el pan, punto. En reuniones &#8220;dif&#237;ciles&#8221;, apoyo los dos pies en el suelo y dejo que la respiraci&#243;n sea el metr&#243;nomo. Peque&#241;eces, s&#237;. Pero si el bar&#243;metro marca baja presi&#243;n, no saco la sombrilla: me cubro.</p><p>Tambi&#233;n est&#225;n las se&#241;ales de bienestar, que antes no registraba. Hay una caminata que me ordena el d&#237;a como si planchara la mente. Hay una siesta breve que me devuelve a la persona que soy cuando duermo. Hay un chapuz&#243;n fr&#237;o que no me hace m&#225;s valiente, pero me recuerda que el cuerpo puede resetear la cabeza. Y hay un silencio &#8211;tres minutos con los ojos cerrados en el colectivo&#8211; que me acomoda las piezas como si las soplara.</p><p>No romantizo el dolor. Si duele, voy al m&#233;dico. No hago espiritualidad con una contractura. Lo que s&#237; hago es escuchar la frecuencia: cu&#225;ndo aparece, con qu&#233; palabras se lleva mal, de qu&#233; conversaciones me salva. El cuerpo no discute ideolog&#237;a; trae datos. Si cada vez que acepto un compromiso que no deseo me duele el cuello, no es mala suerte. Es estad&#237;stica.</p><p>Detengo la urgencia de arreglarlo todo. A veces alcanza con notar. Es casi tierno ver c&#243;mo, ante una amenaza inexistente, el cuerpo levanta el escudo. Le digo: &#8220;gracias por cuidarme; hoy no hace falta&#8221;. Y vuelvo al plato, al mail, al abrazo. No hay &#233;pica. Hay escucha.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La astilla]]></title><description><![CDATA[No era un trauma. Tampoco una gran revelaci&#243;n. Era una astilla en el pecho. Un &#8220;no estoy llegando a m&#237;&#8221; que se repet&#237;a bajito mientras todo lo dem&#225;s parec&#237;a en orden.]]></description><link>https://llumity.substack.com/p/la-astilla</link><guid isPermaLink="false">https://llumity.substack.com/p/la-astilla</guid><dc:creator><![CDATA[Santi Mathé]]></dc:creator><pubDate>Wed, 12 Nov 2025 15:27:53 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hubo un tiempo &#8212;largu&#237;simo&#8212; en que todo encajaba en la foto. Trabajar, producir, resolver, amar, crecer, mudarse, volver a empezar. Si alguien me mostraba un balance, yo pod&#237;a subrayar resultados y contar una an&#233;cdota graciosa de cada etapa. Pero entre l&#237;neas hab&#237;a algo que no cerraba. No una voz tr&#225;gica ni una queja: una astilla, chiquita, metida en el pecho. <strong>No estoy llegando a m&#237;</strong>, dec&#237;a. Y segu&#237;a el d&#237;a.</p><p>La astilla no se notaba cuando hab&#237;a aplausos. Tampoco cuando hab&#237;a urgencia. Se notaba en los m&#225;rgenes: a la noche, lavando platos con la cabeza en otra parte; en una esquina cualquiera, esperando el sem&#225;foro; en el ascensor, mirando n&#250;meros que suben; en esos minutos muertos que el sistema etiqueta como &#8220;tiempo muerto&#8221; y que, sin embargo, son los m&#225;s vivos. Ah&#237; se escuchaba. No lastimaba. <strong>Molestaba</strong>. Y no hab&#237;a argumento que la convenciera.</p><p>La negu&#233; muchas veces con buena educaci&#243;n. <strong>&#201;xito como analg&#233;sico</strong>. Si algo dol&#237;a, m&#225;s logros. Si algo inquietaba, m&#225;s proyectos. Si una duda asomaba, otra agenda. La astilla volv&#237;a, paciente. No ped&#237;a &#233;pica, ped&#237;a tiempo. No ped&#237;a cambio, ped&#237;a <strong>presencia</strong>. Ah&#237; empec&#233; a entender la diferencia entre arreglar y escuchar. Arreglar es aplicar fuerza (habilidad que domino). Escuchar es <strong>quitar la mano</strong>.</p><p>No s&#233; cu&#225;ndo entr&#243;. Tal vez siempre estuvo. Puedo adivinar escenas. La primera vez que me fui de Buenos Aires con la sensaci&#243;n de estar cumpliendo con todo, salvo conmigo. La vuelta a la FADU, caf&#233; helado a las siete de la ma&#241;ana, esa felicidad rara de estar en el lugar correcto y, al mismo tiempo, la pregunta que no encontraba ventana. La casa &#8220;para siempre&#8221;, elegida con un s&#237; inmediato, y ese s&#237; acompa&#241;ado de un &#8220;&#191;y si no?&#8221;. Una mezcla as&#237;: certezas que arman nido y, por debajo, una corriente que empuja hacia un lugar todav&#237;a <strong>sin nombre</strong>.</p><p>La astilla fue &#233;tica. No me dej&#243; mentirme con frases inteligentes. Cada vez que le puse cart&#243;n arriba, perfor&#243; el cart&#243;n. No le importaba si el proyecto era noble o el prop&#243;sito era alto. Ped&#237;a lo mismo: <strong>estar</strong>. No delante del mundo. Adentro del cuerpo. Parece obvio. Fue dificil&#237;simo.</p><p>Prob&#233; atajos. Meditaciones apuradas, libros subrayados y subrayados de los subrayados, charlas inspiracionales como shots de espresso. Ayudan, claro. Pero si uno se sienta a beberlos con prisa, suben la frecuencia de la misma trampa. La astilla no quer&#237;a doctrina. Quer&#237;a que me siente. Literal. Cinco minutos. Diez. Mirar la mesa, el borde de un vaso, el ruido chico de la heladera, la respiraci&#243;n que al principio se siente impostada y despu&#233;s se acomoda sola. En esa nada, la astilla <strong>no hablaba</strong>. Era el silencio el que hac&#237;a su trabajo.</p><p>Un d&#237;a, sin ceremonia, encontr&#233; la frase que le daba marco. <em>Igual, pero bien</em>. La anot&#233; en una hoja, la pegu&#233; con cinta al costado del monitor y segu&#237; con lo m&#237;o. No era un plan de vida ni un mantra de taza. Era una <strong>correcci&#243;n milim&#233;trica</strong>. Lo mismo que vengo haciendo, pero con la atenci&#243;n puesta. Mismo mail, pero escrito sin correr. Mismo paseo, pero con la mirada en el &#225;rbol que siempre estuvo y nunca vi. Mismo domingo, pero con el cuerpo en el sill&#243;n de ese domingo y no en la ansiedad del lunes. Igual, pero bien.</p><p>Cuando la practiqu&#233; sin furia, aparecieron fisuras. Mandatos viejos que sonaban como notificaciones: <strong>no aflojes</strong>, <strong>aprovech&#225;</strong>, <strong>no te duermas</strong>, <strong>no seas blando</strong>. Les baj&#233; el volumen. No los elimin&#233;: agradec&#237; lo que hab&#237;an sostenido y volv&#237; al vaso, al borde, al ruido chico. Si uno se queda un poco m&#225;s, aparece otra m&#250;sica. No hay revelaci&#243;n tipo fuegos artificiales. Hay una especie de <strong>bajada de defensas</strong>.</p><p>En paralelo, vinieron golpes de realidad. Un proyecto que am&#233; se fue a pique, y el modo autom&#225;tico me ofreci&#243; el kit de emergencia: producir m&#225;s, demostrar m&#225;s, ajustar m&#225;s, hablar m&#225;s fuerte. La astilla propuso otra cosa: <strong>sentir</strong>. Sentir el miedo al vac&#237;o sin vestuario, sin relato heroico. Me pele&#233; con esa consigna como me peleo cuando pierdo el control. Al final me rend&#237; por cansancio. Descubr&#237; que el miedo dura menos cuando no lo corro. Y que debajo del miedo estaba, otra vez, la frase: <strong>igual, pero bien</strong>. No abandonar la vida. Habitarla.</p><p>Hay d&#237;as en que no me sale. Vuelvo a la prisa como quien vuelve a una casa conocida aun cuando ya no vive ah&#237;. Me encuentro corriendo un jueves a las ocho de la noche para enviar un documento que podr&#237;a salir ma&#241;ana. Me escucho pidi&#233;ndoles a los chicos que apuren todo, incluso lo que no necesita apuro. Me sorprendo comparando mi presente con l&#237;neas de tiempo ajenas. Lo digo porque quiero que este texto no se suba al podio: la astilla no se cura. Se <strong>atiende</strong>.</p><p>La escena bisagra no fue una epifan&#237;a en India ni el abrazo de un maestro. Fue un mediod&#237;a dom&#233;stico: la mesa puesta, la radio baja, el olor a tomate. Vi mis manos en la mesa como si fueran ajenas. Una foto com&#250;n que se queda m&#225;s de lo que deber&#237;a. Me dieron ganas de llorar y no llor&#233;. Me re&#237; sin ruido. Fue tan chiquito que si lo cuento parece nada. Para m&#237; fue todo. Porque por primera vez en mucho tiempo, <strong>llegu&#233; a m&#237;</strong>. Por tres minutos. Despu&#233;s son&#243; el timbre, lleg&#243; el mensajero, sigui&#243; la vida. Pero algo hab&#237;a cambiado de lugar para siempre.</p><p>No s&#233; si esto sirve como consejo. No me atrevo. Lo comparto porque escribirlo me ancla y porque, si alguna vez le&#237;ste la palabra &#8220;astilla&#8221; y te ros&#243; el pecho, quiz&#225; reconozcas el movimiento. No hay que romper nada. Ni mudarse a una monta&#241;a. Ni dejarlo todo para irse al fin del mundo. A veces se trata de quedarte <strong>justo donde est&#225;s</strong>, un ratito m&#225;s, hasta que la realidad deja de ser ruido y se convierte en <strong>presencia</strong>. A veces es el vaso. A veces el borde. A veces el cuerpo cansado que no necesita guerra, necesita <strong>silla</strong>.</p><p>La astilla no negocia, pero no es cruel. Es tenaz. Est&#225; para recordarte que el traje no sos vos. Que el personaje te salv&#243; mil veces, s&#237;, pero que no te alcanza para vivir siempre adentro de &#233;l. Que hay un espacio &#8212;un cuarto peque&#241;o, con ventana&#8212; donde respir&#225;s como si hubieras estado reteniendo el aire desde chico. Ese cuarto, para m&#237;, es el <strong>inicio del camino</strong>. No un destino: un inicio que se abre cada vez que lo elijo.</p><p>El resto, lo veremos. Por ahora, esta br&#250;jula m&#237;nima me alcanza: cuando la astilla aparece, pauso un poco y vuelvo al cuerpo. Si hay que trabajar, trabajo. Si hay que llorar, lloro. Si hay que decir que no, lo digo. Si hay que pedir perd&#243;n, lo pido. No para merecer nada. Para <strong>estar</strong>. Igual, pero bien.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Elogio de la revolución]]></title><description><![CDATA[El mandato no es necesariamente malo: te ordena, te sostiene, te salva en tormenta. El problema es cuando se vuelve &#250;nica voz.]]></description><link>https://llumity.substack.com/p/elogio-de-la-revolucion</link><guid isPermaLink="false">https://llumity.substack.com/p/elogio-de-la-revolucion</guid><dc:creator><![CDATA[Santi Mathé]]></dc:creator><pubDate>Mon, 10 Nov 2025 15:23:27 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay reglas que nadie te lee y sin embargo marc&#225;s que las le&#237;ste. Ser &#250;til, rendir, no aflojar, no molestar. Este cap&#237;tulo abre los cajones de esos mandatos y los prueba a contraluz.</p><div><hr></div><p>Hay papeles que nunca firm&#233; y, sin embargo, me organizaron la vida. No s&#233; qui&#233;n los redact&#243;. Tal vez una mezcla: familia, escuela, pa&#237;s, &#233;poca; alg&#250;n editor fantasma que corrige sin que lo veamos. Los mandatos llegan as&#237;, con membrete invisible: <strong>s&#233; &#250;til</strong>, <strong>no aflojes</strong>, <strong>no molestes</strong>, <strong>agradece y segu&#237;</strong>, <strong>lleg&#225; primero</strong>, <strong>aguant&#225;</strong>. Te los aprend&#233;s de memoria sin saber que estudiabas.</p><p>En Buenos Aires los mandatos se escond&#237;an en la productividad con &#233;pica de s&#225;bado a la noche: si est&#225;s cansado, <strong>bien</strong>, se&#241;al de que la semana vali&#243;. En Nueva York ven&#237;an perfumados: rendimiento premium, sonrisa intacta, agenda sin huecos. En Barcelona, cuando la reinvenci&#243;n me sent&#243; frente a m&#237; mismo, los mandatos viajaron conmigo. Peso de mano de obra calificada: &#8220;<strong>no te me caigas ahora</strong>&#8221;.</p><p>Funcionan por contraste. Si rindo, pertenezco. Si paro, me salgo del dibujo. Si digo &#8220;no&#8221;, me falta gratitud. Si lloro, exagero. Si disfruto, <strong>me distraigo</strong>. Si me quejo, <strong>desagradecido</strong>. Y as&#237; la vida se vuelve una coreograf&#237;a perfecta para no escuchar nada que desarme el programa.</p><p>No los escrib&#237; yo, pero yo los ejecut&#233; con <strong>excelencia</strong>. Dos carreras, empresas, mudanzas, proyectos que nacen y proyectos que mueren, hijos que crecen, fotos que sonr&#237;en, noches de Excel, ma&#241;anas de coraje. El mandato no es necesariamente malo: te ordena, te sostiene, te salva en tormenta. El problema es cuando se vuelve <strong>&#250;nica voz</strong>. Cuando la canci&#243;n de fondo tapa todo lo dem&#225;s.</p><p>No me di cuenta en una epifan&#237;a. Me di cuenta de a escenas.</p><p>Una: una tarde cualquiera, la casa en silencio, los chicos con deberes, yo revisando n&#250;meros, y de golpe un pensamiento que no calza con el decorado: &#8220;si hoy <strong>no hiciera</strong> nada productivo, &#191;qu&#233; quedar&#237;a de m&#237;?&#8221; No angustia, no drama, solo la pregunta. Y el vac&#237;o que deja esa pregunta cuando no ten&#233;s respuesta r&#225;pida.</p><p>Otra: un domingo, pizza con amigos bajo el limonero; risas, vino, historias cruzadas. Vuelve a casa esa voz puntual: <strong>&#191;deber&#237;as</strong> haber invitado a m&#225;s gente? &#191;hiciste <strong>suficiente</strong>? &#191;aprovechaste el d&#237;a? Me escuch&#233; dici&#233;ndome &#8220;basta&#8221; en voz baja, solo para m&#237;. &#8220;Basta&#8221; como quien baja el volumen de la radio. Me qued&#233; un rato con lo que s&#237; estaba: la luz rara de la tarde, la harina en la mesa, el olor a horno, el cuerpo <strong>presente</strong>. Respire. No pas&#243; nada espectacular. Pas&#243; <strong>vida</strong>.</p><p>Otra m&#225;s: en plena ca&#237;da de un proyecto, aparece el manual completo: ajust&#225;, pate&#225;, corr&#233;, sosten&#233;, no duermas, despu&#233;s vemos. Lo segu&#237;, claro. Hasta que el cuerpo me pas&#243; otro papel, sin membrete, sin firma: <strong>par&#225;</strong>. No vino con argumentos, vino con s&#237;ntomas. El cuerpo siempre cobra en <strong>verdad</strong>.</p><p>Cuando empec&#233; a identificar los mandatos, apareci&#243; la verg&#252;enza. &#191;Qui&#233;n te cre&#233;s para cuestionar lo que te <strong>sostuvo</strong>? &#191;Y si al soltarlo perd&#233;s todo? Ah&#237; entend&#237; algo chico y grande a la vez: <strong>no era contra</strong>. No se trataba de dinamitar nada. Era <strong>agregar</strong> otras voces. Dejar que en la mesa tambi&#233;n se siente el silencio, el disfrute, la improvisaci&#243;n, la ternura, el error, el descanso, la duda. No echar al capataz, pero que <strong>no mande solo</strong>.</p><p>Hice pruebas de laboratorio casero. Cambi&#233; frases. Del &#8220;tengo que&#8221; al &#8220;<strong>elijo</strong>&#8221;. Del &#8220;no puedo fallar&#8221; al &#8220;puedo <strong>aprender</strong>&#8221;. Del &#8220;no alcanzo&#8221; al &#8220;<strong>hasta ac&#225;, hoy</strong>&#8221;. Peque&#241;eces que abren la ventana un cent&#237;metro. Y se nota el aire.</p><p>Detect&#233; tambi&#233;n mandatos heredados que no eran m&#237;os. El de <strong>ser fuerte</strong> siempre, por ejemplo. &#191;Para qui&#233;n? &#191;Para qu&#233;? &#191;A qu&#233; costo? La fuerza sin pausa se vuelve piedra. Y la piedra, con el tiempo, no abraza a nadie. Aprend&#237; que el abrazo necesita <strong>margen</strong>, blando alrededor. No es menos; es distinto.</p><p>No culpo a nadie. Nadie me los impuso con maldad. Mucho de lo que soy se lo debo a esa m&#250;sica de fondo. Lo que no quiero es <strong>seguir en autom&#225;tico</strong>. Porque el autom&#225;tico siempre elige lo conocido, incluso cuando duele. Y yo quiero dedicar esta mitad de la vida a <strong>desconocer</strong> un poco m&#225;s. A probar otras coreograf&#237;as que no me cancelen, que no me vuelvan estatua, que no midan todo en <strong>utilidad</strong>.</p><p>Una vez, caminando por el barrio, vi a un se&#241;or mayor regando plantas a la hora en la que &#8220;no se riega&#8221;. El sol pegaba de frente. Yo, con mi manual de jardinero de YouTube, me mord&#237; la correcci&#243;n. Me acerqu&#233; igual, por curiosidad. Me dijo sin que yo preguntara: &#8220;<strong>A esta hora me dan ganas</strong>&#8221;. Y sonri&#243;. As&#237; de simple. No defendi&#243; su m&#233;todo; defendi&#243; su deseo. Me pareci&#243; una gran <strong>pedagog&#237;a</strong>.</p><p>Tal vez de eso se trate: de ir encontrando el horario de riego que nos da ganas, aunque la regla diga otra cosa. Y si despu&#233;s hay que ajustar, se ajusta. Pero empezar por ah&#237;: por donde el cuerpo dice <strong>s&#237;</strong>.</p><p>Este texto no trae tabla de salvaci&#243;n. Trae una hoja en blanco para quien la necesite. Si te reconociste en alguno de estos mandatos sin autor, capaz te sirva <strong>escribirlos</strong>. Ver qu&#233; te piden, qu&#233; te niegan, qu&#233; te dieron, qu&#233; te cobran. Agradecer lo que <strong>sirvi&#243;</strong>. Y soltar lo que <strong>sobra</strong>. Sin &#233;pica. Sin juicio. Con cari&#241;o por quien fuiste para sobrevivir.</p><p>Porque quiz&#225; la pr&#243;xima versi&#243;n de nosotros mismos no necesite tantas reglas. O necesite <strong>otras</strong>. O solo esta, por ahora: que lo que te ordena no te <strong>apague</strong>. Que lo que te exige no te <strong>quite</strong> el pulso. Que lo que te gu&#237;a te deje <strong>vivir</strong>.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Me declaro inocente]]></title><description><![CDATA[No crec&#237; religioso, pero aprend&#237; r&#225;pido el idioma de la culpa. No la que pide perd&#243;n por un da&#241;o claro, sino la otra: la que aparece sin delito.]]></description><link>https://llumity.substack.com/p/me-declaro-inocente</link><guid isPermaLink="false">https://llumity.substack.com/p/me-declaro-inocente</guid><dc:creator><![CDATA[Santi Mathé]]></dc:creator><pubDate>Mon, 10 Nov 2025 15:20:29 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay una culpa que no necesita iglesia ni serm&#243;n. Entra con la llave de casa y se hace un t&#233;. No acusa en voz alta; <strong>susurra</strong>. &#191;Seguro que hiciste todo lo que pod&#237;as? &#191;De verdad hoy estuviste? No trae pruebas, trae <strong>duda</strong>. La m&#237;a habla con tono amable, por eso le cre&#237; tantos a&#241;os.</p><p>Funciona as&#237;: sale bien algo &#8212;un proyecto, una reuni&#243;n, una clase, una comida de domingo&#8212; y cuando la alegr&#237;a asoma, ella pregunta por lo que <strong>falt&#243;</strong>. Lo que no dije. Lo que podr&#237;a haber sido distinto. &#191;Podr&#237;as haber estado m&#225;s con los chicos? &#191;Llamaste a tus viejos? &#191;Te tomaste un rato para <strong>vos</strong> o otra vez no? Y aunque todo haya ido decente, aparece ese remanente de &#8220;<strong>algo debo</strong>&#8221;.</p><p>En Buenos Aires fue productividad con culpa incluida. En Nueva York, rendimiento con culpa premium. En Barcelona, reinvenci&#243;n con <strong>culpa importada</strong>. No importa la ciudad; el mecanismo es el mismo: si paro, me parece que <strong>falta</strong>. Si sigo, me parece que <strong>me falto</strong>. La culpa es fina: siempre encuentra por d&#243;nde.</p><p>Tiene escenas. Una: medianoche lavando platos despu&#233;s de un asado largo, esa sensaci&#243;n de que el d&#237;a fue hermoso y sin embargo algo en el pecho <strong>pesa</strong>, como si hubiese que cerrar con un extra para estar a la altura del plan perfecto que nadie nos pas&#243; por escrito. Otra: la bandeja de entrada con cero mails como medalla, pero el cuerpo <strong>agotado</strong> sin diploma. Otra m&#225;s: el mensaje en el grupo familiar que no respond&#237; a tiempo; no pas&#243; nada, pero adentro se enciende la alarma de &#8220;<strong>deber&#237;as</strong>&#8221;.</p><p>Culpa sin delito. Esa definici&#243;n me sirve. No porque nunca me equivoque &#8212;<strong>me equivoco</strong>&#8212; sino porque la culpa de la que hablo no nace del error, nace del <strong>ideal</strong>. Ese dibujo de persona impecable que alguna vez arm&#233; para <strong>gustar, valer, pertenecer</strong>, y que ahora, de adulto, todav&#237;a me revisa la tarea.</p><p>En los a&#241;os de <strong>Youlosophy</strong>, cuando la curva empez&#243; a doblar hacia abajo y el miedo se sent&#243; a la mesa sin pedir permiso, la culpa tuvo banquete. Si trabajaba m&#225;s, me dec&#237;a que estaba ausente. Si estaba presente, me dec&#237;a que no estaba remando lo suficiente. Si ped&#237;a ayuda, me dec&#237;a que deber&#237;a poder solo. Si segu&#237;a solo, que era <strong>orgullo</strong>. La culpa siempre te gana por esquina. Vos dobl&#225;s y ella est&#225; en la otra punta, saludando.</p><p>Me tom&#243; tiempo entender que <strong>no educa</strong>. Castiga. Y que cuando se disfraza de responsabilidad, confunde. La responsabilidad se hace cargo y <strong>ajusta</strong>; la culpa se hace due&#241;a y <strong>achica</strong>. Una te habilita movimiento; la otra te deja quieto, masticando. &#191;El test m&#225;s simple que tengo? Si despu&#233;s de pensar en algo me dan ganas de <strong>reparar</strong> o <strong>pedir perd&#243;n</strong>, es responsabilidad. Si me quedo rumiando sin salida, es <strong>culpa</strong>.</p><p>No tengo una gran teor&#237;a; tengo <strong>peque&#241;as pr&#225;cticas</strong>. Cuando la escucho venir, trato de ubicarla en el <strong>cuerpo</strong>. &#191;D&#243;nde se siente? &#191;Pecho, garganta, est&#243;mago? La respiro. A veces anoto una frase exacta de lo que me dice (&#8220;no estuviste a la altura&#8221;, &#8220;dejaste solo a alguien&#8221;, &#8220;otra vez corriste&#8221;). Escribirla le quita neblina. Pongo al lado <strong>hechos</strong>. &#191;Qu&#233; hice hoy? &#191;Qu&#233; s&#237; pas&#243;, aunque no fuera perfecto? Casi siempre hay una lista <strong>m&#225;s amable</strong> de la que mi juez interno acepta.</p><p>Otra pr&#225;ctica es <strong>nombrarla en voz alta</strong> en la cocina. Hay algo de humor que la desarma. &#8220;Hoy vine con culpa de mediod&#237;a, gracias, dejala sobre la mesa y sentate si quer&#233;s, pero no vas a decidir el resto del d&#237;a.&#8221; Los chicos me miran raro y se r&#237;en. Risa: uno &#8212;culpa: cero. No es &#233;pico; funciona.</p><p>Tambi&#233;n aprend&#237; a <strong>devolverla</strong> cuando no es m&#237;a. En la migraci&#243;n, por ejemplo, hay una culpa que te regalan en el mostrador: &#8220;&#191;c&#243;mo nos fuimos?&#8221;; &#8220;&#191;y si nos qued&#225;bamos?&#8221;; &#8220;&#191;y si volv&#237;amos?&#8221;. La acept&#233; un tiempo. Despu&#233;s entend&#237; que <strong>no alcanza</strong> para explicar nada, y menos para <strong>curar</strong>. El amor por lo que qued&#243; lejos no se mide por latigazos. Se cuida con <strong>llamadas, visitas, fotos torcidas en la heladera, voces que cruzan el Atl&#225;ntico</strong>. No es perfecto, es verdadero.</p><p>Hay culpas chicas que hacen agujeros grandes. La de no jugar a la altura del manual, por ejemplo. La de <strong>paternidad</strong> con baranda: estar, pero pensar en otra cosa; abrazar, pero revisar notificaciones; decir &#8220;ya voy&#8221; y tardar. Esa, cuando me la encuentro, no la discuto. <strong>Voy</strong>. Con el cuerpo. Cinco minutos enteros valen m&#225;s que dos horas a medias. Lo aprend&#237; tarde. Lo <strong>sigo aprendiendo</strong>.</p><p>&#191;Y la culpa por <strong>descansar</strong>? Esa merece un p&#225;rrafo aparte. Vengo de una biograf&#237;a donde el descanso se gana. Si ganaste, dorm&#237;s. Si no, segu&#237;s. Como si la almohada fuera un <strong>premio</strong>. A esta versi&#243;n del mundo se le muere la gente de agotamiento con la medalla puesta. Yo me baj&#233; de esa competencia sin medallero. Duermo cuando <strong>tengo sue&#241;o</strong>. Parad&#243;jicamente, <strong>trabajo mejor</strong>.</p><p>Si esto suena resuelto, no lo est&#225;. Soy <strong>practicante</strong>. Hay d&#237;as en que la culpa me convence de que todav&#237;a no hice suficiente para nadie, ni para m&#237;, ni para esta idea de <strong>Llumity</strong> que quiero que crezca sin morder a nadie. Y hay otros d&#237;as, por suerte cada vez m&#225;s, en que la detecto a tiempo, la siento en el cuerpo, la anoto, hago una llamada, <strong>respiro</strong>, salgo a caminar, y se <strong>alivia</strong>.</p><p>No quiero demonizarla. La culpa fue un vallado. Evit&#243; tormentas. Me mantuvo en carriles durante a&#241;os donde no conoc&#237;a otra cosa. <strong>Gracias</strong>. Ya est&#225;. Ahora necesito otra cosa: <strong>presencia</strong>. La presencia no te absuelve ni te condena; <strong>te ubica</strong>. Te devuelve al &#250;nico lugar donde se puede reparar, querer, cambiar, descansar, <strong>encender</strong>: este.</p><p>Si llegaste hasta ac&#225;, capaz reconociste un poco de tu sistema operativo. No te tengo moraleja. Me conformo con este recordatorio que me sirve hoy: <strong>no hay delito</strong> cuando lo que hiciste fue <strong>vivir</strong>. Y si de verdad lo hubo, no hace falta l&#225;tigo; alcanza con <strong>responsabilidad, perd&#243;n y un paso al frente</strong>. Lo dem&#225;s, ruido.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El precio de ser el buen alumno]]></title><description><![CDATA[Ser &#8220;buen alumno&#8221; me dio llaves y aplausos; tambi&#233;n me cobr&#243; en cuotas que no sab&#237;a leer. Esta es la contabilidad que aprend&#237; a llevar tarde.]]></description><link>https://llumity.substack.com/p/el-precio-de-ser-el-buen-alumno</link><guid isPermaLink="false">https://llumity.substack.com/p/el-precio-de-ser-el-buen-alumno</guid><dc:creator><![CDATA[Santi Mathé]]></dc:creator><pubDate>Mon, 03 Nov 2025 09:18:13 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay frases que te mudan de casa sin moverte. &#8220;Buen alumno&#8221; es una. No la invent&#233; yo; me la dijeron tantas veces que un d&#237;a me la cre&#237;, y otro d&#237;a la convert&#237; en sistema operativo. Llegar temprano, entregar prolijo, no &#8220;dar problemas&#8221;, <strong>resolver</strong>. Te premian por eso. Y cuando el mundo te aplaude por una versi&#243;n tuya, &#191;qui&#233;n tiene el coraje de bajarse del escenario?</p><p><strong>Dos t&#237;tulos</strong>: Comunicaci&#243;n en Buenos Aires (donde conoc&#237; a Agus y empezamos a tramar vida), y a&#241;os despu&#233;s Arquitectura, caf&#233; helado a las siete de la ma&#241;ana en la FADU, otra vez empezar de cero, otra vez <strong>aprender a aprender</strong>. Antes y entre medio: Gay.com en espa&#241;ol, San Francisco, <strong>vicepresidencia en Nueva York</strong>, la salida en NASDAQ, la Quinta Avenida y esa sensaci&#243;n rara de estar adentro de una pel&#237;cula. Volver a Argentina, <strong>cambiar de oficio</strong> como quien cambia de piel, abrir <strong>Sandbox</strong> para pensar ciudades con huertas y azoteas que respiren, fundar <strong>MIES</strong> sin saber hacer crema pero sabiendo hacer equipo, y que funcione. La etiqueta &#8220;buen alumno&#8221; era un traje que me quedaba a medida. Hasta que no.</p><p>Porque el buen alumno no pregunta por qu&#233; hay que correr: <strong>corre</strong>. Y yo corr&#237;. Corr&#237; con estilo, que es otra forma de anestesia. Cumplir es un lugar c&#243;modo: te dicen qu&#233; es &#8220;bien&#8221; y vos lo hac&#233;s. Lo dif&#237;cil es cuando ese &#8220;bien&#8221; empieza a <strong>cuartearse</strong> por dentro. Cuando el aplauso llega igual, pero a vos no te alcanza; cuando termin&#225;s una cosa y en lugar de sentir alivio mir&#225;s el reloj para empezar otra; cuando <strong>la prisa</strong> se vuelve una forma de no sentir. Ah&#237; el buen alumno se vuelve carcelero.</p><p>A veces imagino un Excel invisible con dos columnas. A la izquierda, <strong>lo que gan&#233;</strong>: puertas abiertas, trabajos so&#241;ados, la pericia de armar y rearmar, el m&#250;sculo del proyecto, <strong>el orgullo de mi familia</strong>. A la derecha, <strong>lo que pagu&#233;</strong>: ansiedad con buenos modales, un insomnio que aprendi&#243; a convivir con la cama, irritaci&#243;n de bajo voltaje, ese cansancio que no es del cuerpo sino del <strong>alma cansada de esforzarse</strong> para merecer. Cuando Youlosophy se me <strong>cay&#243; encima</strong> &#8212;hermoso proyecto, <strong>golpe seco</strong>&#8212; no fue solo lo econ&#243;mico, fue la narrativa: &#8220;el buen alumno no fracasa&#8221;. &#191;Y ahora?</p><p>Ahora aprend&#237; una palabra que no est&#225; en los diplomas: <strong>permiso</strong>. No el que te dan; el que te das. Permiso para <strong>no correr</strong>, para <strong>no gustar</strong>, para <strong>llegar tarde</strong> si llegar a tiempo es traicionarme. Permiso para <strong>dejar a medias</strong> una idea que no late, para <strong>no salvar</strong> ning&#250;n examen que no eleg&#237; rendir. Permiso para <strong>decir que no</strong> sin ensayo previo, sin p&#225;rrafos de justificaci&#243;n, sin bibliograf&#237;a. No suena heroico. Es apenas <strong>humano</strong>.</p><p>Tengo escenas para acordarme cuando me olvido. Una: <strong>FADU</strong> en invierno, primera fila, manos fr&#237;as, esa mezcla de miedo y entusiasmo que solo te da empezar de cero a destiempo. Los pasillos todav&#237;a oscuros, el patio helado que se parece a una intemperie entrenadora. Otra: <strong>Nueva York</strong>, traje que no me representa pero me queda, reuniones que hablan un idioma que entiendo pero que no me nombra del todo. Otra m&#225;s: <strong>Barcelona</strong>, una mesa larga de domingo, harina en las manos, <strong>pizza night</strong> como ritual de un nido prestado que de a poco aprende a pronunciar mi nombre. Entre todas, un hilo: querer <strong>hacerlo bien</strong>. Aprender a <strong>hacerlo verdadero</strong>.</p><p>El mandato del buen alumno te promete pertenencia si no molest&#225;s. El costo es <strong>silencio</strong>. Con los a&#241;os, el silencio se te acumula en los hombros. Un d&#237;a el cuerpo te llama a la direcci&#243;n y te pide <strong>tregua</strong>. Ese d&#237;a no fue m&#237;stico; fue m&#233;dico: me mir&#233; durmiendo mal, reaccionando r&#225;pido, comiendo apurado, arreglando todo y arregl&#225;ndome poco. Sum&#233; m&#225;s agua, m&#225;s plantas, m&#225;s caminatas, menos pantallas. Hice <strong>menos</strong>. Y en ese menos, curiosamente, hubo <strong>m&#225;s</strong>: m&#225;s conversaci&#243;n, m&#225;s tiempo lento con los chicos, m&#225;s cocina sin receta, m&#225;s <strong>presente</strong>.</p><p>Hay otra trampa del buen alumno: <strong>explicar todo</strong>. Transformar cada vivencia en presentaci&#243;n de PowerPoint. Le debo una disculpa a mis momentos en los que no hab&#237;a nada para explicar, solo para <strong>estar</strong>. Llamo a eso &#8220;escribir a mano alzada&#8221;: vivir sin justificaci&#243;n, dejar que el trazo tiemble. Me sale a veces; otras no. Anoto igual. Me ayuda pensar que <strong>no hay examen</strong>.</p><p>No reniego de mis diplomas ni de mis logros. Fueron <strong>puentes</strong>. Me trajeron hasta ac&#225;. Solo que ahora el puente que me interesa construir no va hacia una nota, sino hacia una <strong>voz</strong>. Una voz que cuando dice &#8220;s&#237;&#8221; lo siente, y cuando dice &#8220;no&#8221; tambi&#233;n se siente viva. Una voz que aprendi&#243; que el m&#233;rito que vale no es el que te aplauden, sino el que <strong>te alivia</strong>.</p><p>Cuando <strong>Brickbank</strong> y <strong>Llumity</strong> aparecen, no aparecen como coronas. Aparecen como <strong>respuesta</strong>. Brickbank: hacer ciudad de otra manera, con tiempos humanos, con patios que invitan a quedarse, con materiales que no lastimen. Llumity: recordar que <strong>la luz se practica</strong>. No es un certificado. Es un modo de estar. Si hay movimiento ah&#237;, es porque nos necesitamos para <strong>no volver a dormirnos</strong>.</p><p>A veces fantaseo con una ceremonia en la que nos saquemos la medalla del &#8220;buen alumno&#8221; y la dejemos sobre la mesa. No para despreciarla, sino para <strong>agradecerle el servicio</strong> y retirarla con cari&#241;o. En su lugar, me pongo otra palabra en el pecho: <strong>suficiente</strong>. No &#8220;lo suficiente para&#8221;. <strong>Suficiente</strong> como estado del ser. Ese d&#237;a &#8212;cuando me sale&#8212; la prisa baja el volumen, la perfecci&#243;n se sienta un rato, el mandato pierde autoridad. Ese d&#237;a, el aire entra mejor.</p><p>Quisiera que esta entrada no termine en un mandamiento, ser&#237;a c&#243;mico. La dejo como <strong>registro de ajuste</strong>. Si te encontr&#225;s obedeciendo reglas que ya no te nombran, capaz resuena. Si no, la guardo para m&#237; como quien guarda un recibo. Cuando vuelva a tentarme el viejo reflejo &#8212;correr, merecer, rendir&#8212; la releo. Y me digo en voz baja: <strong>no hay examen</strong>; <strong>esto no es un aula</strong>; <strong>nadie toma lista</strong>. Respiro. El d&#237;a, de golpe, <strong>entra m&#225;s luz</strong>.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El oficio de no saber]]></title><description><![CDATA[Quiero escribir acerca de volver a empezar sin disfrazarlo de &#233;pica. Ah&#237;, sin prisa, aparece algo que se parece a la verdad. Me sale fatal pero me tengo fe.]]></description><link>https://llumity.substack.com/p/el-oficio-de-no-saber</link><guid isPermaLink="false">https://llumity.substack.com/p/el-oficio-de-no-saber</guid><dc:creator><![CDATA[Santi Mathé]]></dc:creator><pubDate>Mon, 27 Oct 2025 15:13:36 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!JIzI!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5d4d7495-757c-4385-8739-e30388cefd94_1024x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Durante a&#241;os fui &#8220;el que sab&#237;a&#8221;. T&#237;tulos, cargos, empresas, planos. Cambi&#233; de ciudad y el curr&#237;culum qued&#243; mudo. Esta es una artesan&#237;a nueva: <strong>sostener el no-saber sin verg&#252;enza</strong>, pedir ayuda a tiempo, volver a empezar sin disfrazarlo de &#233;pica. Ah&#237;, sin prisa, aparece algo que se parece a la verdad.</p><div><hr></div><p>Hubo etapas en las que si me preguntabas &#8220;&#191;sab&#233;s?&#8221;, yo dec&#237;a que s&#237; por reflejo. Sab&#237;a. O, al menos, <strong>me conven&#237;a saber</strong>. En Buenos Aires y Nueva York, la cancha estaba rayada: licenciado, luego arquitecto, empresa, laboratorio, edificios con huertas que los vecinos vetaron por caros, una casa de revista que todav&#237;a visito en sue&#241;os. El saber era moneda corriente y yo circulaba.</p><p>Corte. Otra ciudad. Otra lengua que pronuncio bien, pero que todav&#237;a <strong>no me pronuncia a m&#237;</strong>. Un mostrador anodino y una persona amable que me explica, por tercera vez, c&#243;mo completar un formulario que juro haber entendido. Asiento. Tomo nota. Me voy con un papel y con un aprendizaje m&#237;nimo: <strong>no s&#233;</strong>. Y no pasa nada. O, mejor dicho, pasa lo que siempre tem&#237; que pasara: me vuelvo humano.</p><p>El no-saber no llega con fanfarrias. Entra por los bordes. Aparece cuando mont&#225;s una l&#225;mpara y te sobra un tornillo; cuando tu hijo te ense&#241;a a usar una app &#8220;como si fueras su pap&#225; de 80&#8221;; cuando en el caf&#233; ped&#237;s &#8220;lo de siempre&#8221; y no hay &#8220;lo de siempre&#8221; porque todav&#237;a no te ganaste ese derecho. Aparece en la obra cuando la intuici&#243;n dice una cosa y el presupuesto dice otra. Aparece cuando Brickbank nace en una mesa chica y me escucho decir, en voz alta, &#8220;no s&#233; c&#243;mo se hace, pero s&#233; <strong>para qu&#233;</strong>&#8221;.</p><p>Hay una humillaci&#243;n rara en admitirlo. No por el hecho en s&#237;, sino por lo que <strong>se cae</strong> cuando lo dec&#237;s. Se cae el experto. Se cae el que entra a las salas con esa elasticidad de quien ya estuvo. Se cae el &#8220;tranqui, lo resuelvo&#8221;. Queda el que pregunta. El que mira tutoriales. El que prefiere diez minutos de torpeza a veinte a&#241;os de pose.</p><p>Yo cre&#237;a que empezar de cero era volver al punto cero. No. Empezar de cero es <strong>empezar con todo lo que ya viviste</strong>, pero sin blindarlo. Es recordar que una vicepresidencia no te da prioridad en la fila del consulado, y que la paciencia se entrena en el mismo m&#250;sculo que la dignidad. Es saber que el primer ladrillo de cualquier proyecto &#8212;Llumity, Brickbank, un texto&#8212; no es el plan: es la <strong>escucha</strong>.</p><p>Youlosophy fue un espejo feroz. Ten&#237;a un buen coraz&#243;n y una ejecuci&#243;n caprichosa. Ah&#237; aprend&#237; que saber &#8220;de muchas cosas&#8221; no equivale a <strong>saber hacer</strong> lo que toca ahora. Aprend&#237; a fracasar sin fabricar un discurso inmediato para explicarlo. Aprend&#237; a no confundir feedback con condena. Un d&#237;a, en medio del ruido, escrib&#237; una frase que parec&#237;a de manual de autoayuda y, sin embargo, me estabiliz&#243;: <strong>igual, pero bien</strong>. No quiero aparentar saber. Quiero <strong>hacer bien</strong> lo que me toca, aunque sea chico. Aunque sea invisible. Aunque no tenga foto.</p><p>Hay escenas que me reorganizan. Un vecino me explica, con una paciencia de monje, c&#243;mo funciona la comunidad. Yo, que levant&#233; edificios, tomo apuntes como si fuera la primera vez que piso una obra. En otra esquina, una amiga me dice: &#8220;te vi perdido y me dieron ganas de abrazarte&#8221;. Me dejo. Antes, me hubiera puesto a teorizar sobre la vulnerabilidad. Ahora, abrazo y ya.</p><p>Tambi&#233;n est&#225; lo otro: el orgullo. El orgullo del que se hace el que sabe para que no se note que no sabe. Ese personaje &#8212;Diego, Santi, como lo llamemos&#8212; se sienta a la mesa cada tanto y pide turno. Me conoce. Me ofrece su viejo traje de eficiencias. Yo lo escucho. Le agradezco servicios prestados. Y, cuando puedo, le propongo otra cosa: <strong>aprender a la vista</strong>. No para exhibir humildad, sino para <strong>dejar que el mundo me ense&#241;e</strong>.</p><p>En la FADU, cuando volv&#237; a estudiar arquitectura, me levantaba de noche para ir a tomar caf&#233; a las 7 en el patio helado. Ese fr&#237;o en la cara, ese ruido de tazas, esa mezcla de sue&#241;o y deseo, fue una sala de ensayo: <strong>aprender sin verg&#252;enza</strong>. A los treinta y pico, rodeado de pibes que dibujaban mejor que yo, entend&#237; que la edad no inmuniza del rid&#237;culo, pero que el rid&#237;culo, bien atravesado, inmuniza del cinismo.</p><p>Lo mismo me pasa ahora, pero con otros objetos. Con la administraci&#243;n de una empresa que quiero que sea luminosa, con una bit&#225;cora &#8212;esta&#8212; que pretendo que no suene a p&#250;lpito, con un movimiento que todav&#237;a es apenas una palabra en una libreta: Llumity. No s&#233; exactamente c&#243;mo se sostiene una comunidad de luz sin caer en slogans. No s&#233; cu&#225;l es el formato ideal para invitar a otros a recordarse. Pero s&#233; reconocer, con una claridad tranquilizadora, <strong>cu&#225;ndo me estoy apurando para evitar el silencio</strong>. Y freno.</p><p>El no-saber no es vac&#237;o; es <strong>campo f&#233;rtil</strong>. Si le sac&#225;s el apuro y el juicio, brota. Al principio, brotan yuyos. Despu&#233;s, si persever&#225;s, crecen cosas que no esperabas. Una conversaci&#243;n que abre puertas. Un lector que se reconoce en una frase y me lo dice. Un s&#237; chiquito, de esos que no arrastran &#233;picas pero te cambian el d&#237;a. Una reuni&#243;n donde, por una vez, nadie compite por tener raz&#243;n; solo queremos <strong>hacer sentido</strong>.</p><p>El oficio de no saber tiene herramientas simples:</p><ul><li><p><strong>Nombrar</strong> cuando no s&#233;, sin adornos.</p></li><li><p><strong>Pedir ayuda</strong> pronto, antes de que el orgullo arruine la ma&#241;ana.</p></li><li><p><strong>Aprender de quien sabe</strong>, aunque tenga veinte a&#241;os menos o no sepa decirlo &#8220;lindo&#8221;.</p></li><li><p><strong>Descansar</strong> cuando el cerebro patina, porque el cansancio disfraza todo de insoluble.</p></li><li><p><strong>Volver</strong> al para qu&#233;, cada vez, como si fuera una br&#250;jula reci&#233;n comprada.</p></li></ul><p>No lo escribo para dar consejos. Lo escribo para no olvidarme. Si ma&#241;ana me sorprendo fingiendo expertise para tapar miedo, que esta p&#225;gina me haga una se&#241;a.</p><p>Termino el d&#237;a y me acuerdo de una escena m&#237;nima. Estoy frente a una pared en blanco. No s&#233; c&#243;mo empezar el dise&#241;o. No s&#233; si conviene abrir una puerta donde siempre hubo ventana. No s&#233; si la curva que me gusta es posible con este presupuesto. Anoto &#8220;no s&#233;&#8221; en la esquina de la hoja. Doy una vuelta manzana. Vuelvo. Trazo una l&#237;nea t&#237;mida. Es fea. Trazo otra. De repente, algo encaja. No es genial. Es <strong>suficiente</strong>. Eso me alcanza. Eso me alcanza hoy.</p><p>No saber sin humillarme, aprender sin disfraz, pedir amparo cuando lo preciso, ofrecer amparo cuando puedo: si hubiera que traducir Llumity a gestos diarios, empezar&#237;a por ah&#237;. <strong>No hace falta &#233;pica para encender luz</strong>. A veces alcanza con admitir que todav&#237;a no encontramos el interruptor y quedarnos, juntos, un rato en penumbras hasta que la vista se acostumbre. Despu&#233;s, casi siempre, aparece.</p>]]></content:encoded></item></channel></rss>