<script data-pm-proxy="intercept"></script><?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0"><channel><title><![CDATA[Megi Topadze]]></title><description><![CDATA[Megi Topadze]]></description><link>https://megitopadze.substack.com</link><image><url>https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7LEd!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0bd91a01-3559-4dc9-854a-37e2c994bbda_1080x2400.jpeg</url><title>Megi Topadze</title><link>https://megitopadze.substack.com</link></image><generator>Substack</generator><lastBuildDate>Tue, 01 Sep 2026 13:27:38 GMT</lastBuildDate><atom:link href="/__u/megitopadze.substack.com/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/><copyright><![CDATA[Megi Topadze]]></copyright><language><![CDATA[en]]></language><webMaster><![CDATA[megitopadze@substack.com]]></webMaster><itunes:owner><itunes:email><![CDATA[megitopadze@substack.com]]></itunes:email><itunes:name><![CDATA[Megi Topadze]]></itunes:name></itunes:owner><itunes:author><![CDATA[Megi Topadze]]></itunes:author><googleplay:owner><![CDATA[megitopadze@substack.com]]></googleplay:owner><googleplay:email><![CDATA[megitopadze@substack.com]]></googleplay:email><googleplay:author><![CDATA[Megi Topadze]]></googleplay:author><itunes:block><![CDATA[Yes]]></itunes:block><item><title><![CDATA[La casa oscura  ]]></title><description><![CDATA[la segunda parte]]></description><link>https://megitopadze.substack.com/p/la-casa-oscura-ac6</link><guid isPermaLink="false">https://megitopadze.substack.com/p/la-casa-oscura-ac6</guid><dc:creator><![CDATA[Megi Topadze]]></dc:creator><pubDate>Thu, 23 Jul 2026 16:06:21 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!-89f!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F03bf73d8-7b45-418e-a94f-b01d3f7db234_736x981.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Al llegar a casa, me quit&#233; el abrigo empapado, que a&#250;n goteaba. Encend&#237; la calefacci&#243;n y puse la televisi&#243;n. Estaban dando las noticias de una guerra en alg&#250;n lugar del mundo. No s&#233; d&#243;nde, ni me interesa. Me hund&#237; en el sill&#243;n, cog&#237; la taza y apur&#233; el caf&#233; fr&#237;o que hab&#237;a quedado de aquella ma&#241;ana.</p><p>Levant&#233; la mano y observ&#233; mis dedos, amoratados por el fr&#237;o. Era la misma mano con la que hab&#237;a arrojado la silla. Con la otra me toqu&#233; los labios, que ol&#237;an a nicotina, y not&#233; que estaban secos y agrietados.</p><p>Me levant&#233; y fui al ba&#241;o. Llen&#233; la ba&#241;era de agua caliente, me quit&#233; la ropa y me sumerg&#237; en ella. Sent&#237; c&#243;mo cada m&#250;sculo de mi cuerpo se relajaba y, por un instante, me qued&#233; dormida.</p><p>Ca&#237; en un sue&#241;o profundo. Parec&#237;a tan real que estaba sentada en el suelo, junto a la puerta, observando a mi madre mientras se maquillaba con el rostro triste. Cuando se cepillaba el pelo, daba la impresi&#243;n de que, con cada pasada del cepillo, intentaba arrancarse las tristezas que se le hab&#237;an ido acumulando sobre el rostro, capa tras capa.</p><p>Me despert&#233; sobresaltada. Me hab&#237;a hundido en el agua y esta se me hab&#237;a colado por la nariz, quem&#225;ndome la garganta. Empec&#233; a toser y, durante un instante, sent&#237; que me ahogaba.</p><p></p><p>Sal&#237; de la ba&#241;era, me sequ&#233; y, envuelta en el albornoz, fui hasta el dormitorio. Me dej&#233; caer sobre la cama y me qued&#233; mirando el techo.</p><p></p><p>Desvi&#233; la mirada hacia el m&#243;vil, que siempre permanece en silencio porque no hay nadie que me escriba ni me llame.</p><p></p><p>Nunca he sido capaz de tener una relaci&#243;n o una amistad como las personas normales. Cuando alguien me toca o me abraza, me siento fuera de lugar. Me resulta inc&#243;modo; es un lenguaje que desconozco. La gente suele esperar que les devuelvas esos gestos, que respondas a esos sentimientos que para m&#237; son extra&#241;os. Por eso me alej&#233; de todos: porque no puedo dar lo que no tengo.</p><p></p><p>Al fin y al cabo, la gente siempre espera algo de los dem&#225;s. Es la naturaleza humana: dar y recibir.</p><p></p><p>Yo no tengo nada que dar.</p><p></p><p>Estoy vac&#237;a.</p><p>No s&#233; cu&#225;ndo me qued&#233; dormida, pero me despert&#233; cuando ya era de d&#237;a. Fui a la cocina, prepar&#233; el caf&#233; y empec&#233; a saborearlo. El &#250;nico momento en el que soy feliz es por la ma&#241;ana, cuando tomo el primer caf&#233; del d&#237;a, en silencio.</p><p></p><p>Despu&#233;s me envuelve la locura de la jornada: el trabajo, las relaciones forzadas, las sonrisas fingidas. Y, por fin, abrir la puerta de casa, entrar y desaparecer del mundo exterior, agotada de aparentar lo que no soy en realidad. Eso s&#237; lo aprend&#237; de mi madre: fingir ser alguien distinto para gustar a los dem&#225;s.</p><p></p><p>En el trabajo piensan que soy rara. Ya ni siquiera me invitan a las quedadas que organizan de vez en cuando, porque no hablo. Solo observo con una mirada vac&#237;a y una sonrisa impostada, fingiendo que estoy presente, cuando lo &#250;nico que deseo es volver a casa, prepararme un caf&#233; y fumar.</p><p>Me miro en el espejo y la veo a ella, a mi madre: la que siempre estaba ausente, la que siempre me culpaba de su soledad y descargaba sobre m&#237; la rabia que sent&#237;a hacia el mundo.</p><p></p><p>He tenido la mala suerte de heredar su rostro, sus ojos y su pelo, como si la gen&#233;tica hubiera querido castigarme por haber sido, seg&#250;n ella, el motivo de su desgracia.</p><p></p><p>En el fondo del armario guardo una caja. Dentro est&#225; su vestido. Lo saco, me lo pongo y vuelvo a mirarme en el espejo. All&#237; est&#225; otra vez. La veo a ella.</p><p></p><p>Acaricio con la mano su silueta reflejada en el cristal. Ella me devuelve la caricia. Le digo: &#171;Te quiero&#187;, y, al mismo tiempo, ella responde: &#171;Yo tambi&#233;n te quiero&#187;.</p><p></p><p>Despu&#233;s me quito el vestido, lo doblo con cuidado, lo guardo de nuevo en la caja, cierro la tapa y la devuelvo al fondo del armario.</p><p>Tengo muchas ganas de tirar esa maldita caja. A veces creo o&#237;r sus llantos saliendo de ella. Quiz&#225; alg&#250;n d&#237;a re&#250;na el valor para hacerlo, pero todav&#237;a no estoy preparada. A&#250;n necesito verla y decirle todo lo que nunca nos dijimos, todo lo que nunca fuimos capaces de sentir. Es la &#250;nica forma que conozco de desahogarme y aliviar el vac&#237;o que llevo dentro.</p><p></p><p>De repente, me viene a la cabeza la ventana rota de la casa oscura. La lluvia habr&#225; empapado el suelo y las paredes, la casa donde a&#250;n vive la sombra de la ni&#241;a que fui. La imagino all&#237;, sola, muerta de miedo.</p><p></p><p>Me visto a toda prisa, cojo un taxi y vuelvo.</p><p></p><p>Entro en la casa. El viento mueve la ventana y la golpea contra la pared, rompiendo el silencio en el que ha permanecido sumida durante a&#241;os.</p><p></p><p>Miro hacia mi habitaci&#243;n y la veo: acurrucada en el suelo, escondida detr&#225;s de la cama.</p><p></p><p>Me acerco despacio y le digo que todo ha terminado, que ya no est&#225; sola, que me tiene a m&#237;. Le pido perd&#243;n por lo de anoche, por haberla asustado, y le prometo que conmigo est&#225; a salvo.</p><p></p><p>La veo acercarse y refugiarse entre mis brazos. Le beso la cabeza y la envuelvo en un abrazo tan c&#225;lido que siento c&#243;mo el calor me inunda el pecho y el est&#243;mago.</p><p></p><p>Le susurro que voy a arreglar la casa. Que la pintar&#233; de mil colores, la llenar&#233; de plantas y adoptaremos un mont&#243;n de gatos.</p><p></p><p>La ni&#241;a me mira, sonr&#237;e y dice que es una idea maravillosa. Que as&#237; ya no le da miedo quedarse sola y que me esperar&#225; all&#237;, en la habitaci&#243;n.</p><p></p><p>Me levanto euf&#243;rica. Me seco las l&#225;grimas que, sin darme cuenta, hab&#237;an empezado a caer por mis mejillas. Miro a la ni&#241;a, que sigue esper&#225;ndome sentada en la cama.</p><p></p><p>Cojo el m&#243;vil y llamo al chico que conoc&#237; hace a&#241;os, el que trabaja en la construcci&#243;n.</p><p></p><p>&#8212;&#191;Anda, eres t&#250;? &#161;Qu&#233; sorpresa! &#8212;dice entre risas.</p><p></p><p>Despu&#233;s de unos segundos de silencio, respondo:</p><p></p><p>&#8212;Necesito que me ayudes.</p><p></p><p>Al otro lado del tel&#233;fono vuelve a hacerse el silencio. Finalmente, contesta:</p><p></p><p>&#8212;&#191;D&#243;nde est&#225;s? M&#225;ndame la direcci&#243;n. Voy a por ti.</p><p></p><p>Cierro los ojos y respondo:</p><p></p><p>&#8212;Te espero...</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!-89f!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F03bf73d8-7b45-418e-a94f-b01d3f7db234_736x981.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!-89f!, /__u/megitopadze.substack.com/w_424, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, /__u/megitopadze.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F03bf73d8-7b45-418e-a94f-b01d3f7db234_736x981.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!-89f!, /__u/megitopadze.substack.com/w_848, 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isPermaLink="false">https://megitopadze.substack.com/p/la-casa-oscura</guid><dc:creator><![CDATA[Megi Topadze]]></dc:creator><pubDate>Thu, 23 Jul 2026 12:20:44 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7v0I!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd9b65078-f6f9-4ea0-b392-f452eadc248d_736x949.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>En la casa oscura no vive nadie. Pero, al atardecer, cuando los vientos del oeste empiezan a soplar, la vieja morada cobra vida. Entre los crujidos de su madera envejecida, comienza a susurrar las historias que a&#250;n permanecen ocultas en las grietas de sus paredes, donde las sombras proyectan los rostros olvidados, como fantasmas del pasado que se niegan a desaparecer.</p><p>Estoy frente a esta puerta que, con la llegada de la noche, se vuelve cada vez m&#225;s oscura. No s&#233; por qu&#233; sigo esperando algo, aun sabiendo que no hay nadie al otro lado que pueda salir a saludarme.</p><p></p><p>El silencio me abraza y me quema el rostro como el beso de un hombre prohibido.</p><p></p><p>Doy un paso.</p><p></p><p>Y estoy dentro.</p><p>La habitaci&#243;n est&#225; cubierta de polvo. Las paredes, ocultas tras un espeso manto de telara&#241;as, parecen sumidas en un sue&#241;o eterno, suspendidas en la espera de alguien que ya no existe. El tiempo se ha detenido entre sus grietas, donde el silencio ha echado ra&#237;ces y el olvido ha convertido cada rinc&#243;n en un mausoleo de recuerdos.</p><p>Cojo la silla abandonada en el centro de la habitaci&#243;n. Aparto el polvo que la cubre, la coloco frente a la ventana y me siento. Desde all&#237; contemplo las farolas, que luchan por iluminar el camino de los cuerpos perdidos, como el m&#237;o, condenados a vagar entre las sombras de la noche.</p><p>Enciendo un cigarro  y dejo escapar el humo por la boca y la nariz, como si intentara ahogarme en &#233;l. De repente, echo de menos el caf&#233; negro, el &#250;nico capaz de salvarme en un instante como este, mientras afronto a los fantasmas que me atormentan.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!7v0I!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd9b65078-f6f9-4ea0-b392-f452eadc248d_736x949.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!7v0I!, /__u/megitopadze.substack.com/w_424, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, /__u/megitopadze.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd9b65078-f6f9-4ea0-b392-f452eadc248d_736x949.jpeg 424w, 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Y, si hay que morir, que sea con el amargo sabor del caf&#233; negro a&#250;n en los labios.</p><p>Cierro los ojos y dejo que el fr&#237;o de la casa oscura penetre en mi piel. Me desabrocho el abrigo y digo en voz alta:</p><p>&#8212;&#191;Cre&#237;as que no volver&#237;a? Tienes raz&#243;n. Yo tampoco cre&#237;a que regresar&#237;a. Pero aqu&#237; estoy, contemplando una vez m&#225;s tu sufrimiento, tus miedos, tu soledad y la frialdad con la que me envenenaste. A&#250;n hoy no s&#233; qu&#233; se siente al amar, al vivir, al disfrutar de la vida.</p><p>Te he culpado. Te he odiado durante toda mi vida por ello, porque fuiste t&#250; quien sembr&#243; en m&#237; este vac&#237;o que nada ni nadie ha conseguido llenar.</p><p>Pero m&#237;rame. Estoy aqu&#237;, sentada en el centro de esta casa oscura y fr&#237;a. He venido para morir frente a ti.</p><p>&#8212;Te odio, &#191;me oyes? Y no me averg&#252;enzo de ello. &#161;S&#237;! No s&#233; perdonar, ni pienso perdonarte nunca. No me arrepiento de haberte abandonado. &#191;Lo entiendes? No siento culpa. Solo siento que te odio. Y cuando moriste... no llor&#233;. &#191;Me escuchas?</p><p></p><p>Pero entonces empec&#233; a llorar.</p><p></p><p>La mano me tiembla y el cigarrillo intenta escapar de entre mis dedos. Cae al suelo y se apaga poco a poco, consumi&#233;ndose en su propia llama, igual que yo en este instante.</p><p></p><p>Me levanto de la silla y dejo que el llanto brote de mi pecho, liberando unos pulmones saturados de nicotina, con un sabor tan amargo como la muerte.</p><p>En la calle empieza a llover. Poco a poco me calmo. Echo un &#250;ltimo vistazo a la casa. Cojo la silla y, reuniendo las pocas fuerzas que me quedan, con un grito ahogado la estrello contra la ventana.</p><p>El cristal estalla en mil pedazos.</p><p>Jadeo, exhausta por el esfuerzo. La lluvia comienza a colarse en el interior de la casa, empapando el polvo, las paredes y los recuerdos que durante a&#241;os permanecieron encerrados entre aquellas sombras.</p><p>Me qued&#233; un rato m&#225;s, escuchando la lluvia y el silencio de la casa. Encend&#237; otro cigarro, me abroch&#233; el abrigo, me puse la capucha y sal&#237; a la calle. Dej&#233; que la lluvia empapara mi cigarro y tambi&#233;n mi cuerpo. Mir&#233; el reloj, que marcaba la medianoche. Tom&#233; la calle m&#225;s oscura y desaparec&#237; en ella, buscando la luz.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Que ves cuando te miras en el espejo? ]]></title><description><![CDATA[Cu&#233;ntame]]></description><link>https://megitopadze.substack.com/p/sin-titulo-y-sin-sentido</link><guid isPermaLink="false">https://megitopadze.substack.com/p/sin-titulo-y-sin-sentido</guid><dc:creator><![CDATA[Megi Topadze]]></dc:creator><pubDate>Sat, 13 Jun 2026 19:14:52 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7LEd!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0bd91a01-3559-4dc9-854a-37e2c994bbda_1080x2400.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>&#191;Qu&#233; ves cuando te miras en el espejo?</p><p>Me hicieron esta pregunta un d&#237;a y me qued&#233; pensando, perpleja, ante lo inesperado de ella. Empec&#233; a reflexionar sobre el tema. Record&#233; las veces que me hab&#237;a mirado en el espejo o cuando pasaba junto al escaparate de una tienda y observaba mi silueta.</p><p>&#191;Qu&#233; es lo que veo?</p><p>Y cada vez que me lavaba los dientes o me peinaba, cada vez que ten&#237;a la oportunidad de observarme, incluso en la pantalla apagada del m&#243;vil, me hac&#237;a la misma pregunta: &#191;qu&#233; es lo que veo?</p><p>Y no ten&#237;a la respuesta.</p><p>&#191;Ser&#225; porque no me conozco? Pero, &#191;c&#243;mo puede uno llegar a conocerse realmente?</p><p>Me miro y solo veo a una mujer con los ojos tristes, que disimula su tristeza con una sonrisa.</p><p>&#191;Y cu&#225;l es el origen de la tristeza?, me pregunto.</p><p>&#191;Sabremos alguna vez qu&#233; es lo que realmente nos hace felices? &#191;O qu&#233; es lo que da sentido a nuestra existencia en este mundo?</p><p>Son preguntas que me acompa&#241;an a menudo, preguntas para las que no siempre encuentro respuesta.</p><p>&#191;Ser&#225; esto el sentido de la vida? &#191;Tener preguntas y buscar las respuestas, aunque no siempre acertemos y queden muchos asuntos sin resolver?</p><p>Estamos necesitados de amor desesperadamente, pero, por miedo, muchas veces lo rechazamos porque nos han hecho da&#241;o. Y aunque la experiencia podr&#237;a no repetirse, huimos igualmente con el coraz&#243;n vac&#237;o.</p><p>&#191;Qu&#233; es m&#225;s fuerte: el miedo o el amor?</p><p>Dicen que hay que hacer las cosas aunque tengas miedo. Pero &#191;qu&#233; puede hacer una persona cuando est&#225; paralizada? Es como en los sue&#241;os en los que un monstruo te persigue: intentas huir, pero las piernas no te obedecen. Est&#225;s pegada al suelo y no puedes moverte, aunque intentes desesperadamente despegarte. Entonces dejas que el miedo te mate, que te haga desaparecer poco a poco.</p><p>&#191;Me miro en el espejo y veo todo esto? &#191;Estoy paralizada y por eso mis ojos tristes se disimulan tras una sonrisa?</p><p>&#8212;&#191;C&#243;mo est&#225;s? &#8212;me preguntan.</p><p>&#8212;Bien, estoy bien &#8212;contesto.</p><p>Porque s&#233; que nadie quiere escuchar lo que realmente te pasa. Y si no hablamos, &#191;c&#243;mo sabremos qu&#233; es lo que nos ocurre?</p><p>&#191;Por qu&#233; la gente ha dejado de hablar?</p><p>Las llamadas molestan; solo quedan los mensajes. Y cuanto m&#225;s breves son esos mensajes, mejor, porque nadie tiene paciencia.</p><p>Entonces, &#191;qu&#233; es lo que veo en el espejo?</p><p>&#191;El vac&#237;o? &#191;La soledad? &#191;La paz?</p><p>Todav&#237;a no lo s&#233;.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Perdoname mi amor ,pero me morí ]]></title><description><![CDATA[Dedico a Marjane Satrapi]]></description><link>https://megitopadze.substack.com/p/perdoname-mi-amor-pero-me-mori</link><guid isPermaLink="false">https://megitopadze.substack.com/p/perdoname-mi-amor-pero-me-mori</guid><dc:creator><![CDATA[Megi Topadze]]></dc:creator><pubDate>Thu, 04 Jun 2026 14:21:43 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!P-Ns!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F1cb0b43d-d856-45c5-9393-b44b46c93577_671x1024.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Ya est&#225;, mi amor. Ya he muerto. No te enfades.</p><p>Me dijiste que, cuando te fueras, esperabas que no me aburriera sin ti y que tampoco estuviera triste. Perd&#243;name, pero todo esto me mat&#243;. O quiz&#225;s simplemente dej&#233; que me consumiera poco a poco, gui&#225;ndome por el camino hacia ti. Porque todo aquello que no quer&#237;as para m&#237; termin&#243; sirvi&#233;ndome de mapa para llegar hasta donde est&#225;s t&#250;.</p><p>Hemos vivido una vida feliz, t&#250; y yo. Nos quisimos de una manera especial. T&#250; abrazaste mi tristeza y mi soledad, y las llenaste con tu aroma. C&#243;mo me gustaba cuando acariciabas mi pelo negro y besabas mis ojos oscuros. El calor de tus labios sobre mis p&#225;rpados descend&#237;a hasta mi coraz&#243;n y hac&#237;a que latiera con m&#225;s fuerza.</p><p>T&#250; cre&#237;as en m&#237; cuando todo el mundo dudaba, incluso cuando yo misma dudaba de m&#237;. Me abrazabas y me hac&#237;as sentir a salvo. &#191;C&#243;mo podr&#237;a haber seguido viviendo sin ti?</p><p>Por eso mor&#237;. Decid&#237; morir e hice exactamente lo contrario de lo que me dijiste la &#250;ltima vez.</p><p>Cerr&#233; los ojos y sal&#237; de mi cuerpo, que parec&#237;a una c&#225;rcel donde estaba atrapada y que me separaba de ti. No te enfades, mi amor. Estoy aqu&#237;, sentada en un banco, en aquel campo de margaritas. &#191;Te acuerdas?</p><p>T&#250; descubriste este lugar y, entusiasmado como un ni&#241;o, me llevaste para compartir conmigo aquel paisaje. Pero no sab&#237;as que, para m&#237;, todo cobraba belleza &#250;nicamente cuando lo contemplaba a trav&#233;s de tus ojos.</p><p>Me pediste la mano en este mismo campo y acept&#233; porque sab&#237;a que eras el amor de mi vida.</p><p>Perd&#243;name, mi amor. No te enfades, pero me mor&#237;.</p><p>Estoy aqu&#237; y oigo tus pasos detr&#225;s de m&#237;. Te veo. La luz no me deja distinguir tu rostro, pero eres t&#250;. Es tu silueta.</p><p>Hola, mi amor. Ya estoy aqu&#237;.</p><p>La tristeza me mat&#243;.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!P-Ns!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F1cb0b43d-d856-45c5-9393-b44b46c93577_671x1024.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!P-Ns!, /__u/megitopadze.substack.com/w_424, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, /__u/megitopadze.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F1cb0b43d-d856-45c5-9393-b44b46c93577_671x1024.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!P-Ns!, /__u/megitopadze.substack.com/w_848, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, 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escenario.]]></description><link>https://megitopadze.substack.com/p/olga</link><guid isPermaLink="false">https://megitopadze.substack.com/p/olga</guid><dc:creator><![CDATA[Megi Topadze]]></dc:creator><pubDate>Tue, 19 May 2026 16:28:10 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!SkKj!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F1ec9a04c-71e4-4533-8ce9-715c880c1a96_552x598.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>&#8212;Soy actriz &#8212;me hab&#237;a dicho, sintiendo el orgullo de representar el teatro y el escenario. Sonri&#243; al ver mi expresi&#243;n de sorpresa.</p><p>&#8212;&#191;De verdad? &#8212;le pregunt&#233; con una sonrisa ingenua, casi infantil.</p><p>&#8212;S&#237; &#8212;continu&#243; cont&#225;ndome&#8212;, pero tuve que dejarlo porque no me generaba ingresos. As&#237; que termin&#233; incorpor&#225;ndome a trabajar en una guarder&#237;a y ahora trabajo con ni&#241;os &#8212;a&#241;adi&#243; con un tono ligeramente melanc&#243;lico.</p><p>Su mirada se perdi&#243; en el horizonte del mirador donde est&#225;bamos sentadas, en un banco, durante la tarde de un s&#225;bado.</p><p>&#8212;Mi nombre es Olga &#8212;me dijo, volviendo de aquellos pensamientos que parec&#237;an haberse quedado esparcidos por el horizonte, donde el sol se ocultaba poco a poco detr&#225;s de una colina tan lejana como el pasado de Olga&#8212;. Tengo 64 a&#241;os.</p><p>&#8212;No los aparentas &#8212;exclam&#233; sorprendida&#8212;. No los aparentas en absoluto.</p><p>Ella recibi&#243; el cumplido con una sonrisa c&#225;lida.</p><p>&#8212;Mi nombre es Margo y tengo 43 a&#241;os. Mi vida es tan aburrida que ni siquiera merece la pena contarla. Nunca sucede nada &#8212;le contest&#233;.</p><p>&#8212;Mejor cu&#233;ntame m&#225;s cosas de ti, seguro que son m&#225;s interesantes.</p><p>Guard&#233; el tel&#233;fono en el bolsillo. De reojo hab&#237;a visto varios mensajes de voz, pero no quer&#237;a escuchar nada en ese momento.</p><p>&#8212;Hace fresco, &#191;verdad? &#8212;dice Olga.</p><p>Yo asiento en silencio.</p><p>&#8212;&#191;Eres soltera? &#8212;me pregunta.</p><p>&#8212;Uffff&#8230; s&#237;&#237;&#237;. Y cr&#233;eme, no estoy sufriendo por ello &#8212;le respondo con un tono ir&#243;nico.</p><p>Ella se tapa los ojos teatralmente y, como una aut&#233;ntica hero&#237;na de Shakespeare, me confiesa que acaba de separarse de su pareja de hac&#237;a veinte a&#241;os, y que la decisi&#243;n hab&#237;a sido suya.</p><p>&#8212;Qu&#233; mal lo estoy pasando, Margo&#8230; Ay, Dios, no lo sabes. Estoy sufriendo much&#237;simo.</p><p>Me estremec&#237; en el banco por aquel inesperado giro de la conversaci&#243;n y, sin saber muy bien c&#243;mo deb&#237;a actuar en esas situaciones, le pregunt&#233; torpemente:</p><p>&#8212;&#191;Y por qu&#233; no vuelves con &#233;l, si est&#225;s tan mal?</p><p>Ella me mir&#243; con unos ojos profundamente tristes.</p><p>&#8212;En otra ocasi&#243;n te lo contar&#233;. Si empiezo a hablar ahora, llorar&#233; y no te vas a enterar de nada. Esperar&#233; hasta que pueda hacerlo.</p><p>Volv&#237; a moverme inc&#243;modamente en el banco, pensando que quiz&#225;s aquello significaba que deb&#237;amos intercambiar los tel&#233;fonos.</p><p>&#8212;Si quieres, te doy mi n&#250;mero y as&#237; seguimos en contacto&#8230; &#191;te parece?</p><p>&#8212;S&#237;&#8230; s&#237;, espera. &#191;D&#243;nde est&#225; mi m&#243;vil?</p><p>Empez&#243; a buscarlo en el bolso y, por fin, lo encontr&#243;.</p><p>&#8212;Vale, dime.</p><p>Comenz&#243; a anotar mi n&#250;mero.</p><p>&#8212;Margo&#8230; qu&#233; nombre tan bonito.</p><p>Despu&#233;s me envi&#243; un emoji por WhatsApp y la guard&#233; en mis contactos.</p><p>&#8212;Y el tuyo muy ruso, &#191;no?</p><p>Las dos nos echamos a re&#237;r.</p><p>&#8212;S&#237;, s&#237; &#8212;dice entre risas&#8212;, como la mujer de Salvador Dal&#237;&#8230; Olga.</p><p>Y vuelve a re&#237;rse a carcajadas.</p><p>&#8212;&#191;Sab&#237;as que durante una temporada trabaj&#233; como actriz en Jap&#243;n?</p><p>De repente, &#191;hab&#237;amos vuelto al tema del teatro?</p><p>Y yo, como una verdadera friki, reconoc&#237; en ella una especie de alma gemela; alguien que hab&#237;a vivido la vida que yo siempre hab&#237;a so&#241;ado, todo aquello que quise y nunca me atrev&#237; a perseguir. La miraba e imaginaba c&#243;mo habr&#237;a sido Olga de joven: sobre un escenario en Jap&#243;n, qu&#233; ropa vestir&#237;a, de qu&#233; color tendr&#237;a el pelo o qu&#233; peinado llevar&#237;a.</p><p>&#8212;Trabajo en la guarder&#237;a, pero aqu&#237;, en el barrio, tenemos un teatro y participo en las funciones. No me pagan por actuar, pero eso no me importa. Al menos vuelvo a estar sobre un escenario, viviendo mil vidas a trav&#233;s de mis personajes. Ven un d&#237;a a verme, &#191;vale?</p><p>&#8212;Claro que s&#237;, Olga. Ir&#233; a verte, te lo prometo. Y te aplaudir&#233; como nadie te ha aplaudido jam&#225;s.</p><p>Ella se r&#237;e.</p><p>&#8212;Ay, no sabes cu&#225;nto me alegro de haberte conocido.</p><p>&#8212;Y yo, Olga. Me alegro much&#237;simo.</p><p>Nos quedamos en silencio. El sol ya se estaba escondiendo y las farolas comenzaban a encenderse poco a poco, envolviendo el mirador en una luz amarillenta que daba a la escena un aire profundamente melanc&#243;lico.</p><p>All&#237; est&#225;bamos Olga y yo, sentadas en un banco: dos almas solitarias mirando hacia la ciudad, donde la vida nocturna comenzaba a despertar y ard&#237;an los bares y las calles entre conversaciones, risas y grupos de amigos.</p><p>Las &#250;nicas perdidas en nuestros pensamientos y en nuestra soledad &#233;ramos nosotras.</p><p>Olga, tan bella y tan diva.</p><p>Y yo, tan bibliotecaria, con mi bolso de tela y mi libro de Max Frisch &#8220; No soy Stiller&#8221; que yac&#237;a sobre mis piernas.</p><p>Puede que no hayas vivido tantas cosas en la vida como Olga, pero descubr&#237; que, a trav&#233;s de ella, acababa de vivir una vida que jam&#225;s habr&#237;a imaginado ni me habr&#237;a atrevido a experimentar. Y me qued&#233; pensando: &#191;somos acaso el portal m&#225;gico el uno para el otro? &#191;Podemos, a trav&#233;s de los dem&#225;s, vivir las vidas que nos gustar&#237;a tener o aquellas que simplemente nos intrigan? Solo hace falta hablar y contar.</p><p>Pensaba en todo eso mientras miraba el perfil de Olga, que sonre&#237;a satisfecha, escuchando el murmullo de los &#225;rboles mecidos por el aire que acababa de levantarse.</p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!SkKj!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F1ec9a04c-71e4-4533-8ce9-715c880c1a96_552x598.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!SkKj!, /__u/megitopadze.substack.com/w_424, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, 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Primera Rep&#250;blica Democr&#225;tica de Georgia.]]></description><link>https://megitopadze.substack.com/p/los-tiempos-oscuros</link><guid isPermaLink="false">https://megitopadze.substack.com/p/los-tiempos-oscuros</guid><dc:creator><![CDATA[Megi Topadze]]></dc:creator><pubDate>Fri, 08 May 2026 17:50:00 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!l6GW!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fdd2ef09d-ece8-46ba-b8a4-88dfb2f710cb_735x551.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Fuera ca&#237;a el atardecer cuando ella, por &#250;ltima vez, se sent&#243; ante el piano que le hab&#237;a regalado su padre, coronel de la guardia de la Primera Rep&#250;blica Democr&#225;tica de Georgia. Toc&#243; el Nocturno de Fr&#233;d&#233;ric Chopin, y la melod&#237;a penetr&#243; en cada rinc&#243;n de la casa. De pronto, parec&#237;a que de las paredes emerg&#237;an los fantasmas del pasado, danzando con vestidos elegantes y trajes de caballeros, con los bigotes cuidadosamente arreglados y guantes blancos.</p><p>Las cortinas comenzaron a agitarse al ritmo de la m&#250;sica y del baile. El aire que entraba por las ventanas abiertas anunciaba la hora de la partida, trayendo consigo el ruido de los autom&#243;viles y las proclamas de los bolcheviques que acababan de ocupar Tiflis.</p><p>La melod&#237;a fue interrumpida por el coronel brit&#225;nico Stocks, que cumpl&#237;a su &#250;ltima misi&#243;n: evacuar a la nobleza y a los miembros del gobierno.</p><p>&#8212;Se&#241;orita Lili, tenemos que partir ya. Su equipaje est&#225; dentro del coche. No hay tiempo. Debemos llegar a Batumi antes del amanecer. El barco hacia Constantinopla zarpa a media ma&#241;ana. &#161;Sus padres la esperan!</p><p>Ella levant&#243; los ojos y recorri&#243; con la mirada todo el sal&#243;n, donde los fantasmas ya se hab&#237;an desvanecido en el aire. Se despidi&#243; en silencio y sali&#243; tras el coronel Stocks.</p><p>Todo qued&#243; sumido en el silencio y la incertidumbre, hasta que la melod&#237;a de Fr&#233;d&#233;ric Chopin, memorizada por las paredes de la casa, fue interrumpida por las carcajadas de los soldados rojos, borrachos y cubiertos de suciedad.</p><p>Cuando embarcaron, ella se acerc&#243; a la valla y comenz&#243; a buscarlo entre la multitud. Le hab&#237;a prometido que ir&#237;a a despedirse de ella, que estar&#237;a all&#237;. No lo vio. Y, sin embargo, s&#237; estaba: observando el barco que, poco a poco, se alejaba de Batumi y se llevaba para siempre a su amada Lili. Permanec&#237;a entre la multitud, con un abrigo negro y un sombrero que le ocultaban el rostro. En el bolsillo llevaba unas cartas que tendr&#237;a que destruir justo despu&#233;s de la despedida.</p><p>Ella no lo vio, y aquella incertidumbre le pesaba tanto que sent&#237;a el coraz&#243;n como una piedra; una piedra que, de haber podido, habr&#237;a arrancado de su pecho para arrojarla al mar Negro y dejarla all&#237; para siempre, esper&#225;ndolo a &#233;l, convencida de que alg&#250;n d&#237;a acudir&#237;a a despedirse. Pero no pod&#237;a culparlo: corr&#237;an tiempos oscuros, y &#233;l no pod&#237;a dejarse ver. Su nombre figuraba en la lista de las personas m&#225;s buscadas por los bolcheviques.</p><p>El barco acab&#243; perdi&#233;ndose de vista, y la costa de Batumi desapareci&#243; con &#233;l. &#201;l regres&#243; a su escondite, mientras ella segu&#237;a mirando el horizonte, esperando algo que jam&#225;s suceder&#237;a.</p><p>Lili se instal&#243; en Par&#237;s con su familia. Al principio les cost&#243; adaptarse, pero poco a poco, reuni&#233;ndose con otros exiliados como ellos, encontraron cierto consuelo.</p><p>El coronel Stocks los visitaba una vez cada dos meses. Entonces se encerraba con el padre de Lili en el despacho y pasaban horas hablando; solo sal&#237;an de all&#237; para respirar un poco de aire fresco y estirar las piernas, como dec&#237;a su padre.</p><p>En una de aquellas visitas, una tarde, cuando todos se sentaron a la mesa, el padre de Lili anunci&#243; que Stocks deseaba casarse con ella para ofrecerle protecci&#243;n y una vida segura. Todos aprobaron la propuesta sin siquiera preguntarle su opini&#243;n.</p><p>Cuando quedaron solos en la sala de lectura, Stocks comenz&#243; a hablar con ella y le pregunt&#243; si estaba de acuerdo; deseaba conocer su respuesta.</p><p>Lili lo mir&#243; y contest&#243; en voz baja:</p><p>&#8212;Yo amo a otro hombre.</p><p>&#8212;&#191;D&#243;nde est&#225;? &#8212;pregunt&#243; el coronel, sorprendido.</p><p>&#8212;Se qued&#243; en Georgia. No s&#233; nada de &#233;l. Estaba escondi&#233;ndose; los rojos lo buscaban.</p><p>&#8212;&#191;Por qu&#233; no me hab&#233;is dicho nada? Tal vez podr&#237;a haberlo ayudado.</p><p>&#8212;&#201;l no quiso abandonar su casa ni a su familia. Fue su decisi&#243;n.</p><p>Quedaron en silencio.</p><p>Stocks se levant&#243; y se acerc&#243; a la ventana. Parec&#237;a pensar en algo; su mirada era seria y melanc&#243;lica.</p><p>&#8212;Lili, si pudieras&#8230; &#191;volver&#237;as a casa para buscarlo?</p><p>&#8212;S&#237;&#8230;</p><p>Lo susurr&#243; apenas, y Stocks baj&#243; la mirada. Observ&#243; por un instante sus zapatos negros, luego volvi&#243; la vista hacia Lili, sentada junto a la chimenea, y sali&#243; de la habitaci&#243;n sin decir una palabra.</p><p>Los d&#237;as pasaron. Nadie entendi&#243; qu&#233; hab&#237;a ocurrido en aquella habitaci&#243;n ni por qu&#233; el compromiso nunca lleg&#243; a realizarse. Todos guardaron silencio, y jam&#225;s volvieron a hablar del asunto.</p><p>Pas&#243; un a&#241;o. La vida parec&#237;a haber adquirido un ritmo tranquilo y melanc&#243;lico. Lili se refugi&#243; en la literatura, la escritura y la m&#250;sica.</p><p>A veces so&#241;aba con &#233;l. El mismo sue&#241;o se repet&#237;a una y otra vez: lo ve&#237;a dentro del monasterio de Gelati, sosteniendo una vela mientras rezaba. Ella permanec&#237;a detr&#225;s de &#233;l; quer&#237;a llamarlo, pero era incapaz de pronunciar una sola palabra. Entonces despertaba empapada en sudor y lloraba en silencio antes de volver a quedarse dormida.</p><p>Una ma&#241;ana de invierno llamaron a la puerta. Era el coronel Stocks. Anunci&#243; que deseaba hablar con Lili, y todos los dejaron solos en la sala de lectura, el mismo lugar donde se hab&#237;an visto por &#250;ltima vez un a&#241;o y medio atr&#225;s.</p><p>Lili lo observaba mientras sent&#237;a el coraz&#243;n latirle con tanta fuerza que apenas pod&#237;a respirar.</p><p>&#8212;Lili&#8230; &#8212;dijo Stocks. Despu&#233;s de una breve pausa continu&#243;&#8212;. Tengo una carta de &#233;l para ti.</p><p>La dej&#243; sobre la mesa, se despidi&#243; y sali&#243; de la habitaci&#243;n.</p><p>Lili sinti&#243; que el mundo se deten&#237;a en aquel instante. Desesperada, tom&#243; la carta con manos temblorosas, la abri&#243; y comenz&#243; a leer.</p><p>&#8220;Querida Lili, mi amada Lili:</p><p>Yo estuve all&#237; aquel d&#237;a. T&#250; no pod&#237;as verme, pero yo s&#237; te ve&#237;a. Estabas tan hermosa desde lejos&#8230; memorizaba cada uno de tus movimientos, tus ojos, tu mirada, la forma en que tu cabello se mov&#237;a al ritmo del viento del Mar Negro.</p><p>Te llevo conmigo y siempre te llevar&#233; en mi coraz&#243;n hasta la muerte. Perd&#243;name, por favor. Te he abandonado. &#211;diame por ello; merezco toda tu rabia y todo tu odio. Soy un cobarde y un ego&#237;sta. Pero el amor por mi patria no me deja respirar, Lili. Cada d&#237;a siento que me muero por dentro, y la vida, para m&#237;, vale menos que una moneda.</p><p>Cada jornada arriesgo la vida junto a mis compa&#241;eros de la rebeli&#243;n. Estamos refugiados en las monta&#241;as de Khevsureti; aqu&#237; todav&#237;a no nos han alcanzado, pero no tardar&#225;n en encontrarnos.</p><p>El coronel Stocks me encontr&#243;. No s&#233; c&#243;mo logr&#243; llegar hasta aqu&#237;; se jug&#243; la vida por m&#237;. Es un buen hombre, valiente. Yo, en cambio, soy un hombre perdido, Lili, y ya no le temo a la muerte. Morir&#233; en paz.</p><p>No llores por m&#237;, Lili, por favor. No vale la pena. Pero cu&#225;nto te amo&#8230; no puedes imaginarlo. Cada atardecer miro al cielo y pienso en ti: qu&#233; estar&#225;s haciendo, en qu&#233; estar&#225;s pensando&#8230;</p><p>Pero no puedo irme, Lili. Mi deber es permanecer aqu&#237; hasta el final, como militar. Y mis &#250;ltimas palabras ser&#225;n: &#8220;Lili, te amo&#8221;.</p><p>&#201;l me confes&#243; que te ama y que desea casarse contigo. Me enfurec&#237;. Al principio terminamos golpe&#225;ndonos, pero todo acab&#243; entre mis l&#225;grimas desesperadas al comprender que te hab&#237;a perdido para siempre.</p><p>Lili, &#233;l es un buen hombre. Te har&#225; feliz. Te dar&#225; todo aquello que yo jam&#225;s podr&#233; darte.</p><p>Adi&#243;s &#8220;</p><p>Al terminar la carta, la arrug&#243; entre las manos y se limpi&#243; las l&#225;grimas. El llanto le desgarraba la garganta. Se dej&#243; llevar por la rabia y la desesperaci&#243;n; abraz&#243; su soledad, su tristeza, su coraz&#243;n roto, y se hundi&#243; en la oscuridad.</p><p>El coronel Stocks estaba detr&#225;s de la puerta cerrada, escuchando el llanto de Lili, esperando algo que ni &#233;l mismo sab&#237;a qu&#233; era. Permaneci&#243; toda la noche de pie junto a la puerta.</p><p>Al amanecer, escuch&#243; c&#243;mo Lili se levantaba, se acercaba al piano, lo abr&#237;a y comenzaba a tocar otra vez, igual que el &#250;ltimo d&#237;a en Tiflis: Chopin.</p><p>Sinti&#243; algo c&#225;lido resbalar por sus mejillas. Por primera vez en toda su vida, llor&#243;. Y en aquel llanto encontr&#243; alivio; por fin pod&#237;a respirar despu&#233;s de tanto tiempo.</p><p>Se sent&#243; en el suelo, apoy&#243; la cabeza contra la puerta, cerr&#243; los ojos y dej&#243; que la melod&#237;a lo envolviera con su tristeza y su soledad. Por primera vez en su vida, sinti&#243; el cansancio.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!l6GW!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fdd2ef09d-ece8-46ba-b8a4-88dfb2f710cb_735x551.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!l6GW!, /__u/megitopadze.substack.com/w_424, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, /__u/megitopadze.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fdd2ef09d-ece8-46ba-b8a4-88dfb2f710cb_735x551.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!l6GW!, /__u/megitopadze.substack.com/w_848, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, 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isPermaLink="false">https://megitopadze.substack.com/p/la-senora-lulu</guid><dc:creator><![CDATA[Megi Topadze]]></dc:creator><pubDate>Mon, 04 May 2026 18:21:33 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!68ye!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F8d889e9c-7a43-4424-973d-545549b58699_720x898.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>La se&#241;ora Lulu viv&#237;a al final de la calle. Desde mi casa se ve&#237;a la suya, tan pintoresca: la hab&#237;a pintado ella misma con diferentes colores, y las cortinas, de flores primaverales, ondeaban en las ventanas. Desde lejos, parec&#237;a la casa de unas hadas que hubiera irrumpido entre las fachadas grises y los tonos neutros del barrio.</p><p>El jard&#237;n estaba lleno de flores y plantas ex&#243;ticas. De su casa siempre sal&#237;a un aroma a bizcocho, a galletas reci&#233;n horneadas y a caramelo. Dentro reinaban un orden y una limpieza impecables.</p><p>Asomaba la cabeza por la ventana al verme, me saludaba con una sonrisa que parec&#237;a un rayo de sol ilumin&#225;ndolo todo, y me dec&#237;a:</p><p>&#8212;Ven, p&#225;sate. Ll&#233;vate un poco de bizcocho, que acabo de sacarlo del horno.</p><p>Y, como siempre, me daba un trozo envuelto en un papel de colores con dibujos de conejos. El otro trozo, en mi boca, se deshac&#237;a como mantequilla: tan suave, tan sabroso.</p><p>Con los mofletes llenos, me iba alegre a casa, envuelta a&#250;n en el dulce olor de la casa de la se&#241;ora Lulu.</p><p>Los hijos de la se&#241;ora Lulu viv&#237;an lejos y solo regresaban en vacaciones. Cuando ambos se mudaron, ella lo pas&#243; muy mal: llor&#243; durante una semana entera. Su marido ya no sab&#237;a c&#243;mo consolarla. Le tra&#237;a plantas, le compraba libros de recetas de todos los pa&#237;ses, le regalaba vestidos de colores, como a ella le gustaban&#8230; pero nada funcionaba. Segu&#237;a triste, y con ella, la casa tambi&#233;n.</p><p>De repente, todo perdi&#243; su color. Si la casa hubiera sido humana, podr&#237;amos decir que estaba cabizbaja, con el tejado inclinado como una cabeza vencida. La se&#241;ora Lulu ya no se levantaba cantando ni alborotaba la cocina.</p><p>La manguera yac&#237;a en el suelo como un drag&#243;n encadenado a la tierra, incapaz de alzar el vuelo.</p><p>Y las plantas, viendo la situaci&#243;n, tambi&#233;n se entregaron al sue&#241;o. Mientras tanto, la se&#241;ora Lulu, con los ojos tristes, pensaba en el tiempo que se le hab&#237;a escapado de las manos y en lo r&#225;pido que hab&#237;an crecido sus hijos.</p><p>Cuando pasaba por su casa, nadie me saludaba. Ya no ol&#237;a a bizcocho. Sin preguntar, entraba en su jard&#237;n, liberaba la manguera y dejaba que expulsara el agua de su boca para regar las plantas. De repente, el olor de la tierra h&#250;meda me embriagaba.</p><p>Las plantas, agradecidas, levantaban sus cabezas y comenzaban su baile, siguiendo las &#250;ltimas luces del sol de la tarde. Les dec&#237;a que la se&#241;ora Lulu necesitaba ayuda, que tuvieran paciencia. Ellas parec&#237;an asentir.</p><p>Cerraba la puerta del jard&#237;n y segu&#237;a mi camino a casa.</p><p>Pasaban los d&#237;as, las semanas, y me sent&#237;a sola sin la se&#241;ora Lulu. Todo el barrio hab&#237;a ca&#237;do en un silencio extra&#241;o. De pronto, comprend&#237; cu&#225;nto la echaba de menos y que ten&#237;a que hacer algo.</p><p>Entonces anunci&#233; a los vecinos que deb&#237;amos organizar una reuni&#243;n urgente. Aquella misma tarde, todos acudieron puntuales, con el rostro lleno de preocupaci&#243;n. Cog&#237; una silla peque&#241;a, me sub&#237; a ella y anunci&#233; que ten&#237;amos que hacer algo entre todos, que deb&#237;amos lograr que la se&#241;ora Lulu volviera con nosotros.</p><p>Los vecinos se alborotaron y comenzaron a hablar, interrumpi&#233;ndose unos a otros con sugerencias. Hubo un mar de ideas, pero ninguna ofrec&#237;a la certeza de que pudiera funcionar.</p><p>De repente, el abuelo de la chaqueta de cuadros y los bigotes blancos dio una palmadita y anunci&#243;, con voz triunfante, que ten&#237;a una idea muy buena.</p><p>Cay&#243; el silencio. Todos miramos sus bigotes, como si de ellos fuera a salir la soluci&#243;n. &#201;l se los arregl&#243; con las manos y dijo:</p><p>&#8212;&#161;Mis queridos vecinos, tengo una idea extraordinaria! &#161;Tenemos que actuar! Tenemos que sacar lo mejor de nosotros&#8230; &#161;El teatro es la soluci&#243;n!</p><p>Todos se miraron entre s&#237;, sin entender nada, y empezaron a murmurar:</p><p>&#8212;&#191;Qu&#233; teatro? &#191;De qu&#233; habla?</p><p>&#8212;&#161;S&#237;, se&#241;ores, teatro! &#8212;insisti&#243;&#8212;. Cada vecino, esta noche, tiene que escribir su historia. Inventar un problema que de repente surja en su casa&#8230; &#191;y qui&#233;n puede solucionarlo?</p><p>Hizo una pausa, d&#225;ndonos tiempo para adivinar. Yo, llena de emoci&#243;n, grit&#233;:</p><p>&#8212;&#161;La se&#241;ora Lulu!</p><p>El hombre de los bigotes dio otra palmadita.</p><p>&#8212;&#161;Exactamente, jovencita!</p><p>Y todos comenzaron a aplaudir. La alegr&#237;a y el entusiasmo llenaron nuestros corazones. Aquella noche, todos abrieron enciclopedias, buscaron informaci&#243;n en internet, escribieron, discutieron&#8230; y se repartieron los papeles, los di&#225;logos, las escenas. Todo estaba listo al d&#237;a siguiente.</p><p>Y la gran funci&#243;n empez&#243;.</p><p>La gente comenz&#243; a acudir a casa de la se&#241;ora Lulu poco a poco, pidi&#233;ndole consejo para los problemas del hogar. Algunos ten&#237;an invitados y no sab&#237;an c&#243;mo preparar la mesa; otros le ped&#237;an ayuda con la reposter&#237;a. Luego aparecieron ni&#241;os con peque&#241;as dolencias, para las que la se&#241;ora Lulu ten&#237;a los remedios infalibles que usaba con sus hijos.</p><p>Cada d&#237;a llegaban nuevas historias, nuevos problemas que resolver&#8230; y, de pronto, la se&#241;ora Lulu floreci&#243; como una rosa de primavera. Corr&#237;a de casa en casa con remedios, con libros en la mano, con cubos, con fregonas, con moldes de bizcocho, con mil cosas inimaginables.</p><p>Cuando lleg&#243; mi turno, entr&#233; en su casa y llam&#233; a la puerta. Me abri&#243; con las manos en la masa: estaba haciendo pan casero para el se&#241;or de los bigotes, cuyo nieto ven&#237;a de visita. &#201;l, viudo y sin saber cocinar, quer&#237;a prepararle el pan que le hac&#237;a su abuela.</p><p>Sin apenas mirarme, me dijo que entrara. Me sent&#233; en su cocina. Ella amasaba; la casa estaba alborotada&#8230; y ella, feliz.</p><p>&#8212;Se&#241;ora Lulu&#8230; &#8212;balbuce&#233;.</p><p>&#8212;No me digas que t&#250; tambi&#233;n tienes un problema&#8230; &#161;que me vais a matar entre todos!</p><p>Le confes&#233; con el tono dram&#225;tico que echaba de menos sus bizcochos por las tardes y que si no me lo preparaba ,podr&#237;a caer en la desesperaci&#243;n.</p><p>Me mir&#243;&#8230; y rompi&#243; a re&#237;r a carcajadas.</p><p>&#8212;&#161;Ay! Es que &#250;ltimamente tengo tantas cosas que hacer que se me hab&#237;a olvidado.</p><p>Se acerc&#243;, me abraz&#243;, y las dos empezamos a re&#237;r.</p><p>&#8212;Despu&#233;s de este pan, te har&#233; un bizcocho&#8230; y vemos la novela juntas esta noche, &#191;te parece?</p><p>Asent&#237;, con la cara manchada de harina y los ojos brillantes de alegr&#237;a.</p><p>Mir&#233; hacia la ventana: la manguera descansaba sobre una silla, dejando caer peque&#241;as gotas de agua, y las plantas, con la cabeza en alto, bailaban y parec&#237;an cantar bajo las &#250;ltimas luces del atardecer.</p><p>El olor a horno y a caramelo nos envolv&#237;a a la se&#241;ora Lulu y a m&#237;&#8230; mientras su marido dorm&#237;a pl&#225;cidamente en su sill&#243;n, abrazado a su peri&#243;dico.</p><p>Contemplaba la escena, fascinada, admirando al se&#241;or de los bigotes por su idea tan brillante y por la fuerza del teatro, que hab&#237;a transformado nuestras vidas en un instante.</p><p>Y as&#237;, se&#241;oras y se&#241;ores, fin de la escena: cae el tel&#243;n. Sean felices.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!68ye!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F8d889e9c-7a43-4424-973d-545549b58699_720x898.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!68ye!, /__u/megitopadze.substack.com/w_424, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, /__u/megitopadze.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F8d889e9c-7a43-4424-973d-545549b58699_720x898.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!68ye!, /__u/megitopadze.substack.com/w_848, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, 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sizes="100vw"><img src="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!68ye!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F8d889e9c-7a43-4424-973d-545549b58699_720x898.jpeg" width="720" height="898" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/8d889e9c-7a43-4424-973d-545549b58699_720x898.jpeg&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:&quot;normal&quot;,&quot;height&quot;:898,&quot;width&quot;:720,&quot;resizeWidth&quot;:null,&quot;bytes&quot;:173814,&quot;alt&quot;:null,&quot;title&quot;:null,&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;href&quot;:null,&quot;belowTheFold&quot;:true,&quot;topImage&quot;:false,&quot;internalRedirect&quot;:null,&quot;isProcessing&quot;:false,&quot;align&quot;:null,&quot;offset&quot;:false}" class="sizing-normal" alt="" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!68ye!, 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All&#237; la ten&#237;a, junto al armario, cubierta de ropa, tazas de caf&#233; y libros amontonados; la silla apenas se ve&#237;a. Y ella, a prop&#243;sito, segu&#237;a dejando encima m&#225;s cosas, como si castigara la imagen de su padre que a&#250;n permanec&#237;a en aquella silla.</p><p>Su padre, aquel hombre que siempre le parec&#237;a un sue&#241;o de verano: tenue, lleno de luz y de colores, una imagen borrosa que se asoma al abrir los ojos despu&#233;s de un largo sue&#241;o. Ya casi no recuerda su rostro, pero todav&#237;a puede ver sus manos, llenas de venas y fuerza, quemadas por el sol.</p><p>Despu&#233;s aparece la imagen de su madre, siempre triste, algo nerviosa y descuidada. Y luego, la silla de madera que le dej&#243; antes de desaparecer.</p><p>La silla es hermosa, pero ella intenta canalizar toda su rabia a trav&#233;s de ella y la maltrata. Por eso ha perdido su belleza: la tiene colocada donde no deber&#237;a estar, y ahora se ve desgastada y ligeramente inclinada.</p><p>Hubo una discusi&#243;n entre &#233;l y su madre que dur&#243; toda la noche. Ella los observaba desde la puerta entreabierta, sigilosamente, para que no advirtieran su presencia.</p><p>La cocina, donde tuvo lugar la pelea, estaba llena de humo de tabaco. &#201;l permanec&#237;a sentado junto a la mesa, con una maleta a su lado. Ella, gesticulando, le reclamaba el enga&#241;o, la cobard&#237;a, y le gritaba que jam&#225;s volver&#237;a a ver a su hija, que le prohib&#237;a acercarse a ella.</p><p>&#201;l no dec&#237;a nada. Solo fumaba, con la cabeza agachada.</p><p>Ten&#237;a muchas ganas de entrar e interrumpir la discusi&#243;n, pero tuvo miedo: miedo de que su madre se enfadara a&#250;n m&#225;s. Y despu&#233;s de escuchar la palabra prohibido, algo cambi&#243; dentro de su mente, de su alma. Su padre, de repente, qued&#243; prohibido para ella, y su imagen comenz&#243; a alejarse cada vez m&#225;s en su interior.</p><p>El padre prohibido, repet&#237;a todos los d&#237;as despu&#233;s de aquella noche. Prohibido, dec&#237;a una y otra vez.</p><p>Cuando su madre termin&#243; los reproches, &#233;l se levant&#243; y se fue sin decir una sola palabra. Solo despu&#233;s de abrir la puerta, ya para salir, se dio la vuelta y pidi&#243; perd&#243;n.</p><p>La madre llor&#243; hasta el amanecer, y despu&#233;s sigui&#243; llorando por las noches, hasta que lleg&#243; el d&#237;a en que las l&#225;grimas se transformaron en un rostro serio que nunca sonre&#237;a, con una mirada triste y amargada. As&#237; continu&#243; hasta la muerte.</p><p>En sus &#250;ltimos d&#237;as, la &#250;ltima palabra que le dijo a su hija fue que la culpa la ten&#237;a ella, y que la perdonara por haber sido tan mala madre. Porque nunca le dio un abrazo, nunca le dijo que era guapa o inteligente.</p><p>Creci&#243; en silencio, sin aprobaci&#243;n y en la m&#225;s absoluta soledad, en una casa sin color, sin olor a comida y con las cortinas siempre cerradas por las jaquecas de su madre.</p><p>Cuando se independiz&#243;, su madre nunca le reproch&#243; nada, porque sab&#237;a que para ella ser&#237;a mejor alejarse de aquella mujer neur&#243;tica. Su marcha la liberaba de su presencia.</p><p>Le dijo que no hac&#237;a falta que la visitara a cada momento, que fuese libre y viviera la vida como quisiera. Y tambi&#233;n le pidi&#243; que se llevara la silla, que la librara de ella.</p><p>No era capaz ni de tirarla ni de regalarla, pero si su hija se la llevaba ser&#237;a un alivio. Necesitaba que alguien la liberara de aquella silla, que para ella era como una condena.</p><p>Y desde entonces empez&#243; a cargar sobre la silla el peso de su vida diaria, como si depositara en ella toda su rabia. As&#237; comenz&#243; a castigar a su padre a trav&#233;s de aquella silla de madera, que no ten&#237;a ninguna culpa.</p><p>Un d&#237;a conoci&#243; a un hombre y lo llev&#243; a su casa. Fue entonces cuando retir&#243; todo lo que hab&#237;a sobre la silla y lo invit&#243; a sentarse.</p><p>&#8212;Si&#233;ntate, y luego d&#233;jame mirarte &#8212;le dijo&#8212;. Quiero ver c&#243;mo se ve un hombre sentado en esta silla.</p><p>&#201;l qued&#243; un poco sorprendido, pero no le dio demasiada importancia.</p><p>Despu&#233;s hicieron el amor frente a la silla, pero ella no sent&#237;a nada. Todo era autom&#225;tico, vac&#237;o, sin sentimientos. Lo &#250;nico que habitaba en ella era la rabia y el vac&#237;o, y aquellos sentimientos eran tan inmensos que ya no dejaban espacio para nada m&#225;s. No hab&#237;a lugar para otras cosas, solo para eso: la rabia y el vac&#237;o.</p><p>Un d&#237;a estaba sentada en el parque, comiendo su s&#225;ndwich de media ma&#241;ana y tomando caf&#233;, cuando vio a una ni&#241;a con su padre. &#201;l le ense&#241;aba a montar en bicicleta; re&#237;an, se abrazaban, bromeaban.</p><p>Lo que sinti&#243; fue envidia. Se le quit&#243; el apetito. Tir&#243; el caf&#233; y el s&#225;ndwich en una papelera que hab&#237;a al lado, se meti&#243; las manos en los bolsillos, se puso los auriculares, dej&#243; sonar Nothing Else Matters de Metallica y camin&#243; hasta la estaci&#243;n.</p><p>De pronto, sin demasiado entusiasmo ni alegr&#237;a, tom&#243; un tren hacia el distrito que recordaba de las conversaciones entre su madre y una amiga. Siempre hablaban en voz baja, para que ella no las oyera, pero estaba tan acostumbrada al silencio que hab&#237;a aprendido a escuchar hasta los sonidos m&#225;s leves. Una hora despu&#233;s, baj&#243; del tren.</p><p>Sali&#243; a la calle y, con la palabra prohibido resonando en su mente, comenz&#243; a caminar hacia la calle donde su madre dec&#237;a que lo hab&#237;a encontrado. Nunca mencionaba su nombre, porque todo lo relacionado con &#233;l estaba prohibido. Aun as&#237;, rompi&#243; el c&#237;rculo y sigui&#243; adelante.</p><p>Lleg&#243; hasta una casa no muy grande, con un jard&#237;n peque&#241;o y bien cuidado. Permaneci&#243; all&#237; horas, de pie, esperando. Anocheci&#243; y las luces se encendieron en el interior.</p><p>Se abri&#243; la puerta. Sali&#243; un muchacho joven, menor que ella, y detr&#225;s apareci&#243; un hombre mayor. Se abrazaron. El chico se march&#243;. Ella, apoyada en un &#225;rbol, sigui&#243; observando mientras escuchaba m&#250;sica con los auriculares. El muchacho pas&#243; junto a ella, la mir&#243; un instante y desapareci&#243; por la calle que llevaba a la estaci&#243;n.</p><p>El hombre mayor volvi&#243; a entrar en la casa y apag&#243; la luz de la entrada. Ella tambi&#233;n regres&#243; a la estaci&#243;n.</p><p>Toda la noche fue incapaz de pegar ojo. Reproduc&#237;a una y otra vez la imagen de su padre abrazando a su hermano.</p><p>Al amanecer se levant&#243; de golpe, cogi&#243; la silla y sali&#243; de casa. Tom&#243; un taxi furgoneta, dio la direcci&#243;n y, al llegar, pag&#243; al conductor, le dio las gracias y baj&#243; con la silla.</p><p>Se acerc&#243; a la casa, cruz&#243; el jard&#237;n y llam&#243; a la puerta. Despu&#233;s de un rato, abri&#243; su padre. Se quedaron mir&#225;ndose. Ella alz&#243; la silla sin decir una palabra, la dej&#243; delante de &#233;l y le gui&#241;&#243; un ojo. Luego se dio la vuelta y se alej&#243;: de aquella calle, de aquel distrito que tanto nombraba su madre, del padre prohibido y de la silla que la hab&#237;a condenado con hilos invisibles a una historia que no ten&#237;a nada que ver con ella.</p><p>Liberada, se puso los auriculares, dej&#243; sonar Cosmic Girl de Jamiroquai y, con pasos ligeros, se dirigi&#243; hacia la estaci&#243;n para no volver jam&#225;s.</p><p>Su padre gesticulaba algo detr&#225;s de ella, pero ya no escuchaba nada. Ahora lo &#250;nico que quer&#237;a era dejar de o&#237;r las palabras de los dem&#225;s. Ahora le tocaba hablar a ella, hacer el ruido que quisiera, descorrer todas las cortinas y dejar la ropa y las tazas de caf&#233; tiradas por el suelo.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!zhxl!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F36f4ef95-0459-4123-b7d1-4c069c54ce54_640x640.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!zhxl!, /__u/megitopadze.substack.com/w_424, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, /__u/megitopadze.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F36f4ef95-0459-4123-b7d1-4c069c54ce54_640x640.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!zhxl!, 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Pequeña Flor .
Advertencia: la historia es muy triste. No recomendada para las personas sensibles. 
]]></title><description><![CDATA[Cuando sali&#243; del tren, eran las diez de la noche.]]></description><link>https://megitopadze.substack.com/p/pequena-flor-advertencia-la-historia</link><guid isPermaLink="false">https://megitopadze.substack.com/p/pequena-flor-advertencia-la-historia</guid><dc:creator><![CDATA[Megi Topadze]]></dc:creator><pubDate>Wed, 22 Apr 2026 18:39:33 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!dRFr!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F4a887f62-be8b-4b0b-89e2-721ce85d208b_500x667.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Cuando sali&#243; del tren, eran las diez de la noche. La estaci&#243;n estaba cubierta de nieve y las temperaturas eran tan bajas que sinti&#243; c&#243;mo se le congelaban las pesta&#241;as. Se cubri&#243; la cara con la bufanda, baj&#243; al and&#233;n y se dirigi&#243; a la avenida que hab&#237;a frente a la estaci&#243;n, donde se pod&#237;a coger un taxi a cualquier hora del d&#237;a o de la noche.</p><p>Antes de tomar uno, entr&#243; en una cafeter&#237;a que a&#250;n permanec&#237;a abierta. Dentro, una camarera bostezaba, con el pintalabios rojo ligeramente desali&#241;ado. El ruido de la puerta la sobresalt&#243;; lo mir&#243; con gesto de molestia y le pregunt&#243; qu&#233; quer&#237;a tomar.</p><p>&#8212;Un caf&#233;, por favor. Caf&#233; negro, sin az&#250;car.</p><p>Sin responder, la camarera comenz&#243; a prepararlo. Se lo llev&#243; a la mesa. &#201;l estaba sentado junto a la ventana, mirando hacia la calle con expresi&#243;n seria, perdido en sus pensamientos.</p><p>&#8212;&#191;De d&#243;nde vienes? &#8212;pregunt&#243; la camarera.</p><p>&#201;l la mir&#243; y, con desgana, respondi&#243; que ven&#237;a de la capital.</p><p>&#8212;Aqu&#237; ya rara vez viene gente de la capital. Todos se van, pero nadie vuelve.</p><p>&#201;l no dijo nada. Segu&#237;a mirando por la ventana. La camarera, por fin, lo dej&#243; en paz y &#233;l continu&#243; con su caf&#233;.</p><p>Cuando tom&#243; el tren por primera vez en esa misma estaci&#243;n, estaba huyendo, decidido a no volver nunca m&#225;s. Ten&#237;a diecinueve a&#241;os. Ahora tiene cincuenta y nueve.</p><p>Cerr&#243; los ojos y sinti&#243; c&#243;mo flotaba entre los recuerdos. De repente, vio el gram&#243;fono de su padre y escuch&#243; c&#243;mo, poco a poco, cobraba fuerza &#8220;&#1084;&#1072;&#1083;&#1077;&#1085;&#1100;&#1082;&#1080;&#1081; &#1094;&#1074;&#1077;&#1090;&#1086;&#1082;&#8221; (&#8220;Peque&#241;a flor&#8221;), aquella m&#250;sica de los a&#241;os cuarenta.</p><p>Entonces aparecieron unos zapatos rojos, unos calcetines blancos, y unas piernas delgadas y p&#225;lidas que se mov&#237;an al ritmo de la m&#250;sica. Subi&#243; la mirada&#8230; y la vio. Bailaba con una sonrisa luminosa.</p><p>Estir&#243; las manos hacia &#233;l y le dijo:</p><p>&#8212;Ven, Giorgi, ven. Baila conmigo, no seas t&#237;mido.</p><p>&#201;l se sonroj&#243; y se acerc&#243; lentamente. Ella lo tom&#243; con firmeza y, riendo, lo oblig&#243; a bailar con ella.</p><p>&#8212;Tekla, por favor, no s&#233; bailar &#8212;dec&#237;a &#233;l, mientras se mov&#237;a torpemente.</p><p>Sus torpezas divert&#237;an tanto a Tekla que no pod&#237;a dejar de re&#237;r.</p><p>Abri&#243; los ojos y volvi&#243; a estar en la cafeter&#237;a. Termin&#243; el caf&#233;, se levant&#243;, dej&#243; el dinero sobre la mesa y sali&#243;. Se meti&#243; en un taxi sin mirar al conductor, le dio la direcci&#243;n y el coche arranc&#243;. Cerr&#243; los ojos otra vez y empez&#243; a flotar de nuevo.</p><p>Est&#225; frente a la casa de Tekla, esperando. La puerta se abre y la ve bajar por las escaleras corriendo, con su vestido amarillo de lunares blancos. &#201;l le coge la mano y ella le dice, con una sonrisa:</p><p>&#8212;Hoy quiero de fresa.</p><p>Se acercan a la helader&#237;a, pide un helado de fresa y luego se van al cine. Ella come el helado mientras mira la pantalla con toda su atenci&#243;n; &#233;l, en cambio, la observa a ella, contando los lunares de su nariz y pensando en c&#243;mo le pedir&#225; matrimonio cuando terminen el instituto.</p><p>Despu&#233;s del cine, la acompa&#241;a hasta su casa. Le da un beso en la mejilla y se despiden.</p><p>&#8212;Giorgi,ma&#241;ana quiero de vainilla.</p><p>Dice Tekla mientras sube las escaleras. &#201;l se queda un rato, mirando las ventanas, esperando a que se encienda la luz de su habitaci&#243;n. Se acerca, se despide moviendo la mano y solo entonces vuelve a casa.</p><p>El coche frena y &#233;l abre los ojos.</p><p>&#8212;Ya hemos llegado &#8212;dice el taxista.</p><p>Le paga y sale al exterior.</p><p>El viento fr&#237;o y los copos de nieve le mojan la cara. Est&#225; frente a la casa donde creci&#243;. Se acerca, saca las llaves del bolsillo y abre la puerta. El silencio y la oscuridad lo absorben, como si el aire se disolviera en un espacio que se le antoja infinito.</p><p>Avanza casi por memoria hasta la pared donde est&#225; la caja de electricidad y enciende la luz. Lo primero que ve es el gram&#243;fono, cubierto de polvo y telara&#241;as. A su lado est&#225;n los discos.</p><p>Enciende el radiador e intenta entrar en calor. Despu&#233;s de un rato, se acerca al gram&#243;fono. Dentro hay un disco, el que debi&#243; de dejar su padre. Lo pone en marcha y la m&#250;sica comienza a sonar, la misma que &#233;l habr&#237;a estado escuchando la &#250;ltima vez. Entonces empieza a recorrer las habitaciones.</p><p>Todo est&#225; cubierto de polvo, pero sigue igual que antes, tal como lo dej&#243; y como lo recordaba.</p><p>De repente, siente un vac&#237;o. La tristeza le desborda el pecho; el pasado se le enrosca al cuello como una soga que poco a poco lo asfixia. Vuelve al sal&#243;n, coge una silla y se sienta cerca del radiador.</p><p>Cierra los ojos y ve a su madre recogiendo las s&#225;banas blancas bajo una lluvia inesperada, con el pelo mojado. Oye el sonido del tejado bajo la tormenta.</p><p>Le gustaba escuchar ese ruido cuando llov&#237;a. A Tekla tambi&#233;n. A veces se quedaban sentados uno al lado del otro, escuchando la lluvia. En esos momentos parec&#237;a que el tiempo se deten&#237;a y que solo exist&#237;an ellos dos y la lluvia. No necesitaban nada m&#225;s.</p><p>En otros tiempos, sent&#237;a que &#233;l mismo era una nube, una de esas nubes de primavera, blancas, que se deslizan lentamente sobre el azul del cielo. Tan libre, tan ligero&#8230; Y con todo el coraz&#243;n cre&#237;a en los finales felices, en la vida y en todas las historias contadas hasta entonces.</p><p>Pero quien cree en eso tiene que ser ingenuo, inexperto en los asuntos de la vida. Porque creer en los finales felices, en un mundo donde existe la muerte, es de necios.</p><p>Con ese pensamiento se levant&#243; bruscamente, se puso el abrigo y sali&#243; de la casa. La nieve y el viento segu&#237;an su danza, cubriendo de blanco todo lo que tocaban, obstaculizando el camino de Giorgio. Pero &#233;l, con pasos pesados, avanzaba abri&#233;ndose paso hasta llegar al cementerio.</p><p>Abri&#243; la puerta, entr&#243; y se repet&#237;a en un susurro:</p><p>&#8212;Desde la entrada, junto a la peque&#241;a casita de madera, a la derecha, detr&#225;s de la estatua&#8230; all&#237; est&#225; la tumba.</p><p>Al terminar la frase, como si fuera un hechizo, el viento y la nieve cesaron, como si se quedaran a la espera de algo que estaba a punto de ocurrir.</p><p>&#8212;Aqu&#237; est&#225;&#8230;</p><p>dijo en voz baja.</p><p>En la l&#225;pida estaba su nombre. El nombre que tanto hab&#237;a intentado olvidar, pero que cada noche regresaba en sus sue&#241;os. La ve&#237;a con su vestido amarillo de lunares blancos, ri&#233;ndose de &#233;l y susurrando:</p><p>&#8212;Ma&#241;ana no me compres helado&#8230; ya estoy muerta</p><p>Y re&#237;a a carcajadas. </p><p>Entonces despertaba, empapado en sudor.</p><p>&#191;Por qu&#233; lo hab&#237;a hecho? Nadie lo supo. Un d&#237;a se levant&#243; y lo hizo&#8230; y todo termin&#243;.</p><p>Giorgi huy&#243; al cabo de un a&#241;o, porque sent&#237;a que se volv&#237;a loco, poco a poco. Pero Tekla lo persegu&#237;a all&#225; donde iba. Por eso, despu&#233;s de tantos a&#241;os, cuando ya no quedaba nadie en el mundo a quien le doliera su ausencia, tom&#243; un tren y regres&#243;.</p><p>Meti&#243; la mano en el bolsillo, sac&#243; la pistola y apret&#243; el gatillo.</p><p>El viento y la nieve reanudaron la danza con m&#225;s fuerza, cubriendo de blanco la escena de la historia m&#225;s antigua de la tierra. Una historia que hab&#237;an presenciado innumerables veces y por la que hab&#237;an llorado en silencio; tantas almas atormentadas hab&#237;an recogido en sus brazos, elev&#225;ndolas hacia el cielo.</p><p>En la casa, el gram&#243;fono segu&#237;a sonando, reproduciendo la m&#250;sica de aquellos d&#237;as en los que las nubes de primavera se deslizaban por el cielo, lentas y en calma.</p><p>En el caf&#233; de la estaci&#243;n, la camarera segu&#237;a bostezando; la taza de caf&#233; permanec&#237;a sobre la mesa,  y los taxis aguardaban a pasajeros que nunca llegaban. Pero, mientras los trenes siguieran en movimiento, siempre habr&#237;a esperanza: de la huida, de la partida&#8230; y tambi&#233;n de la llegada.</p><p>Finales felices existen ,pero no en esta ocasi&#243;n. </p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!dRFr!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F4a887f62-be8b-4b0b-89e2-721ce85d208b_500x667.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!dRFr!, /__u/megitopadze.substack.com/w_424, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, 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negro y se la llevaron.]]></description><link>https://megitopadze.substack.com/p/las-vidas-perdida-en-la-oscuridad</link><guid isPermaLink="false">https://megitopadze.substack.com/p/las-vidas-perdida-en-la-oscuridad</guid><dc:creator><![CDATA[Megi Topadze]]></dc:creator><pubDate>Sat, 18 Apr 2026 15:49:45 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!FUqC!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fdee09b85-e30f-473d-9a4a-4d08eba6f979_475x475.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Ella no creci&#243; con su madre, porque cuando era peque&#241;a, una noche, mientras todos dorm&#237;an, vinieron unos hombres vestidos de negro y se la llevaron.</p><p>Despu&#233;s de aquella noche, todo cambi&#243;. Los vecinos empezaron a murmurar, y en el colegio los ni&#241;os le dec&#237;an que era la hija de una traidora a la patria y la marginaban por ello.</p><p>La abuela, siempre triste y silenciosa, se encarg&#243; de su crianza. En su casa los alimentos escaseaban, porque la pensi&#243;n apenas les alcanzaba para sobrevivir. El padre desapareci&#243; igual que la madre, tambi&#233;n de noche, tras la ocupaci&#243;n del ej&#233;rcito rojo de Rusia.</p><p>Por eso, cuando ca&#237;a la noche, la ni&#241;a amarraba siempre sus mu&#241;ecas a la cama, por miedo a que la oscuridad tambi&#233;n se las llevara.</p><p>Un d&#237;a le pregunt&#243; a su abuela por qu&#233; la noche se hab&#237;a llevado a todos menos a ella. La abuela le respondi&#243;:</p><p>&#8212;Porque yo soy vieja, y quien ha de llevarme es el &#225;ngel de la muerte, que no tardar&#225; en llegar. Y t&#250; no tengas miedo; as&#237; es la ley de la vida. Cuando yo no est&#233;, puede que les d&#233; pena y liberen a tus padres&#8230; o al menos a tu madre.</p><p>Y ese d&#237;a lleg&#243;. La abuela tambi&#233;n se fue, pero su partida fue distinta: su cuerpo fr&#237;o reposaba en un ata&#250;d, rodeado de flores, mientras los vecinos lloraban en silencio, no solo por ella, sino por todo&#8230; y por la ni&#241;a, que se hab&#237;a quedado completamente sola.</p><p>Despu&#233;s del entierro, los vecinos se hicieron cargo de la peque&#241;a. Fue entonces cuando, por primera vez, escuch&#243; la palabra &#8220;Gulag&#8221;. Ya intu&#237;a d&#243;nde estaban sus padres, as&#237; que le pregunt&#243; a su profesora de lengua qu&#233; significaba.</p><p>La profesora se estremeci&#243; y se puso nerviosa. Tras un instante, le respondi&#243; que era un lugar donde la gente iba a trabajar, muy lejos de all&#237;, y que alg&#250;n d&#237;a volver&#237;an.</p><p>La ni&#241;a se enfad&#243;:</p><p>&#8212;&#191;Y por qu&#233; no me llevaron con ellos?</p><p>La profesora contest&#243; que aquel no era un lugar para ni&#241;os y que no deb&#237;a enfadarse con sus padres, porque todo aquello lo hac&#237;an por su pa&#237;s. A&#241;adi&#243; que llegar&#237;a el d&#237;a en que ser&#237;an declarados h&#233;roes, pero que deb&#237;a guardar aquello como un secreto.</p><p>Y as&#237; lo hizo. Guard&#243; en su coraz&#243;n un sentimiento de orgullo por sus padres, como un secreto silencioso. Pero, por si acaso, cada noche segu&#237;a amarrando sus mu&#241;ecas a la cama.</p><p>Poco a poco, la imagen, el olor y la voz de sus padres se fueron borrando de su memoria. Con el tiempo, incluso las fotograf&#237;as adquirieron un tono amarillento, y los rostros dejaron de distinguirse con claridad.</p><p>Sin embargo, la silueta de su madre en aquellas im&#225;genes a&#250;n le despertaba recuerdos de una vida que apenas pod&#237;a evocar.</p><p>Solo le quedaba un frasco de perfume de su madre, un vestigio de la vida anterior a la ocupaci&#243;n. Ol&#237;a a Par&#237;s, o eso dec&#237;a ella. A una ciudad lejana con la que siempre so&#241;&#243; viajar, un sue&#241;o que nunca lleg&#243; a cumplirse.</p><p>Par&#237;s qued&#243; tan distante como el aroma de aquel perfume ya casi seco. Cuando abr&#237;a el frasco y aspiraba su esencia, parec&#237;a que de &#233;l escapaban los fantasmas de otra vida: una vida llena de risas, libros y vestidos&#8230; y la figura de su padre, con su traje elegante y su bigote impecable.</p><p>Su infancia transcurri&#243; en silencio. Procuraba no destacar, siempre quiso permanecer en la sombra. Estudiaba bien, y lleg&#243; el momento de entrar en la universidad.</p><p>Entonces recibi&#243; una carta. Cuando abri&#243; el sobre, el coraz&#243;n le dio un vuelco: le comunicaban el fallecimiento de su padre. De su madre no dec&#237;an nada.</p><p>Durante un a&#241;o visti&#243; de negro, en se&#241;al de respeto por la memoria de su padre. Hubo quienes murmuraban, pregunt&#225;ndose c&#243;mo se atrev&#237;a a guardar luto por un traidor a la patria. Pero ella recordaba las palabras de su profesora: sab&#237;a que era hija de un h&#233;roe, de alguien sacrificado por la libertad. Nunca prest&#243; atenci&#243;n a los comentarios malintencionados.</p><p>Un a&#241;o despu&#233;s de la muerte de su padre &#8212;cuyo cuerpo ni siquiera le entregaron para darle sepultura&#8212; alguien llam&#243; a la puerta. Era de noche, una noche tan oscura que ni la luna ni las estrellas se ve&#237;an en el cielo.</p><p>Se acerc&#243; con miedo y abri&#243;. En el umbral hab&#237;a una mujer: el cabello blanco, el rostro arrugado, los labios secos, las manos llenas de callos por los trabajos forzados. Vest&#237;a ropa pasada de moda, desgastada y agujereada. Sonre&#237;a con l&#225;grimas en los ojos, mostrando la ausencia de algunos dientes.</p><p>No la reconoci&#243;. Pens&#243; que era una mendiga y le dijo que esperara, que le traer&#237;a un poco de pan y queso. Pero cuando fue a darse la vuelta, la mujer le agarr&#243; la mano y susurr&#243;:</p><p>&#8212;Soy tu madre.</p><p>Ella cay&#243; de rodillas. Todo su cuerpo temblaba. La mujer segu&#237;a en el umbral, con una maleta marr&#243;n desgastada en la mano, sonriendo entre l&#225;grimas. No se atrev&#237;a a entrar.</p><p>Cuando recuper&#243; algo de fuerza, la hija la tom&#243; de la mano y la hizo pasar. Se sentaron frente a frente, en la mesa del sal&#243;n. En la penumbra se miraban, se observaban en silencio. No hubo palabras, no hubo abrazos. Solo miradas cargadas de dolor, miedo e incertidumbre en aquella noche tan oscura.</p><p>Ambas sent&#237;an el vac&#237;o, la soledad. Eran dos desconocidas mir&#225;ndose.</p><p>Pasaron as&#237; toda la noche.</p><p>Al amanecer, la hija se levant&#243;, tom&#243; el frasco de perfume y se lo acerc&#243; a su madre. Ella lo cogi&#243; con manos temblorosas, contempl&#225;ndolo como si fuera una c&#225;psula donde se guardaba su vida: la otra vida, la que fue&#8230; y la que pudo haber sido.</p><p>&#8212;Mam&#225;, iremos a Par&#237;s &#8212;susurr&#243;&#8212;. Te lo prometo. Conf&#237;a en m&#237;. Tomaremos un tren, una noche llena de estrellas, y viajaremos hasta all&#237;. Solo espera un poco.</p><p>Se arrodill&#243; a su lado y apoy&#243; la cabeza en sus rodillas. La madre, mientras le acariciaba el cabello, le cant&#243; una nana: la misma que su madre le hab&#237;a cantado a ella, una melod&#237;a heredada de las mujeres del pasado.</p><p>Y en esa canci&#243;n encontraron consuelo, por el tiempo perdido&#8230; y por la vida que a&#250;n les quedaba.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!FUqC!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fdee09b85-e30f-473d-9a4a-4d08eba6f979_475x475.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!FUqC!, /__u/megitopadze.substack.com/w_424, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, 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perlas.]]></description><link>https://megitopadze.substack.com/p/el-gato-negro-milo-y-sus-observaciones</link><guid isPermaLink="false">https://megitopadze.substack.com/p/el-gato-negro-milo-y-sus-observaciones</guid><dc:creator><![CDATA[Megi Topadze]]></dc:creator><pubDate>Fri, 17 Apr 2026 16:41:19 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!SQx0!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3e5f77f1-8b66-47a5-ac51-51ed894b8cc2_540x530.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>El gato Milo es un gato negro que vive en casa de Miriam, una chica de pelo casta&#241;o a la que le gusta ponerse pendientes de perlas. Este hecho Milo nunca lo hab&#237;a entendido, porque le parec&#237;a que las perlas no le favorec&#237;an y, adem&#225;s, ten&#237;an una forma extra&#241;a que siempre le desconcertaba. A veces le daban ganas de cogerlas con sus patitas y tirarlas debajo del mueble de madera antigua que hay en el sal&#243;n, donde guarda las cosas extra&#241;as que encuentra por ah&#237;.</p><p>Una vez escondi&#243; un monedero de Miriam, un regalo de su madre antes de que dejara su casa y se mudara a la gran ciudad y cuando lo encontr&#243;,ella no lo toco ,dejo el monedero ah&#237; ,porque Milo decidi&#243; as&#237; y lo ten&#237;a que respetar.El lugar del monedero es justo ah&#237;,debajo del mueble viejo y se acab&#243; el tema. Fue all&#237; ,en esta ciudad donde Milo y ella se conocieron, en un parque cercano a su casa. &#201;l estaba pl&#225;cidamente dormido en un banco, disfrutando del sol, cuando de repente sinti&#243; que alguien le tapaba los rayos. Abri&#243; lentamente los ojos y la mir&#243; de reojo.</p><p>Ella estaba sentada, con la cabeza agachada y las manos en los bolsillos del abrigo.</p><p>Milo se molest&#243; al principio, pero not&#243; que estaba triste. As&#237; que, con gran pereza, se levant&#243;, se estir&#243; y empez&#243; a hablarle maullando. Miriam, sin darse cuenta, lo entendi&#243; todo y le acarici&#243; la cabeza.</p><p>&#8212;&#191;Que por qu&#233; estoy triste? Pues porque he venido a esta ciudad llena de gente para encontrar a mi primer amor. Pero ya ves&#8230; en este oc&#233;ano es como buscar un pez dorado que quiz&#225; ni siquiera exista.</p><p>Miriam volvi&#243; a mirar a Milo, que la escuchaba con los ojos medio cerrados. Parec&#237;a que ten&#237;a sue&#241;o, pero no: era su manera de escuchar a los humanos, concentr&#225;ndose al m&#225;ximo para entender sus palabras.</p><p>&#8212;En fin&#8230; que sea lo que Dios quiera &#8212;a&#241;adi&#243;.</p><p>Milo roz&#243; su hombro con la cabeza, acarici&#225;ndola, y volvi&#243; a decirle algo. Miriam asinti&#243; enseguida.</p><p>&#8212;Claro, tengo comida en casa. Puedes venir&#8230; y si quieres, tambi&#233;n quedarte. Para siempre, o el tiempo que quieras.</p><p>Milo decidi&#243; acompa&#241;arla. Se subi&#243; a su hombro y, por el camino, al percibir el olor de su pelo, decidi&#243; que ella ser&#237;a su compa&#241;era de vida. Lo &#250;nico que le molestaba eran esos pendientes de perlas tan feos. Pens&#243; que alg&#250;n d&#237;a los coger&#237;a y los esconder&#237;a.</p><p>Y as&#237; empezaron a convivir Milo y Miriam.</p><p>Lo primero que le gust&#243; a Milo fue el sill&#243;n verde de terciopelo del sal&#243;n. Se lo comunic&#243; a Miriam con un tono triunfante: a partir de ese momento, ella tendr&#237;a que arregl&#225;rselas para encontrar otro sitio donde leer, porque ese sill&#243;n era suyo.</p><p>Miriam acept&#243; la petici&#243;n. Cogi&#243; otro sill&#243;n, lo acerc&#243; al suyo y, as&#237;, cuando Milo dorm&#237;a, ella le&#237;a a su lado. A veces incluso le contaba el contenido de los libros, y Milo la escuchaba moviendo ligeramente las orejas.</p><p>Un d&#237;a, al atardecer, cuando Miriam volvi&#243; a casa, Milo se dio cuenta de que estaba triste otra vez. Se sentaron cada uno en su sill&#243;n, y &#233;l esper&#243;, paciente, a que ella hablara.</p><p>&#8212;Creo que lo he visto. Se llama Daniel. Me acerqu&#233; a saludarlo, pero estaba hablando por tel&#233;fono. Con la mano me apart&#243; de su lado y me dijo: &#8220;Lo siento, no te puedo atender, estoy en una llamada&#8221;. Se meti&#243; en el coche y se fue. Estaba cerca de esos edificios de cristal que hay al lado del ayuntamiento&#8230; justo ah&#237;.</p><p>Hizo una pausa.</p><p>&#8212;Casi no lo reconoc&#237;. Ha cambiado tanto&#8230; Vest&#237;a elegante, pero su cara&#8230; tan seria, sin expresi&#243;n. Ten&#237;a las cejas fruncidas, parec&#237;a enfadado. Ni siquiera me mir&#243;. Bueno&#8230; s&#237; me mir&#243;, pero no me vio, &#191;sabes?</p><p>Suspir&#243;, decepcionada.</p><p>Esa tarde, Milo acompa&#241;&#243; a Miriam en su melancol&#237;a y se qued&#243; con ella hasta que se durmi&#243;. Luego baj&#243; de la cama, se acerc&#243; a la ventana y tom&#243; una decisi&#243;n: a la ma&#241;ana siguiente saldr&#237;a a buscar a ese hombre al que Miriam a&#241;oraba tanto.</p><p>Pero &#191;c&#243;mo lo reconocer&#237;a?</p><p>Se qued&#243; pensando, recordando sus palabras&#8230; y entonces lo tuvo claro.</p><p>Las cejas. Fruncidas, marcadas por el enfado y la seriedad.</p><p>Ya estaba decidido.</p><p>Y as&#237; lo hizo. Cada ma&#241;ana, Milo sal&#237;a a escondidas y comenzaba su odisea. Una b&#250;squeda casi imposible. Todo el invierno: el fr&#237;o, la nieve, la lluvia&#8230; nada lo deten&#237;a. Caminaba, observaba a la gente, pero no encontraba nada.</p><p>Miriam lo rega&#241;aba por sus escapadas. Al principio enfadada; luego, resignada.</p><p>Hasta que lleg&#243; la primavera.</p><p>Hubo un momento en que Milo estuvo a punto de rendirse. Pero justo entonces, sentado sobre el tejado de una tienda, lo vio.</p><p>Se estremeci&#243;. Se encogi&#243; sobre s&#237; mismo y lo observ&#243; fijamente.</p><p>Sal&#237;a de un edificio &#8212;probablemente su casa&#8212; hablando por tel&#233;fono. Y esas cejas&#8230;</p><p>Dios m&#237;o, esas cejas.</p><p>Es &#233;l, pens&#243; Milo.</p><p>Y se lanz&#243;.</p><p>Empez&#243; a hablarle, pero, claro, los humanos como &#233;l no entienden nada. Est&#225;n sordos y ciegos. Milo ya hab&#237;a conocido a muchos as&#237;: la mayor&#237;a eran casos perdidos. Pero decidi&#243; intentarlo. Pase lo que pase, no se rendir&#237;a.</p><p>Daniel se enfad&#243; la primera vez. Le grit&#243; algo &#8212;&#8220;&#161;demonios!&#8221; o algo parecido&#8212;, Milo no lo entendi&#243; bien. Pero cuanto m&#225;s lo apartaba, m&#225;s se le pegaba, como un chicle en la suela del zapato.</p><p>&#8212;Qu&#233; tonto es este humano &#8212;pensaba Milo&#8212;. Qu&#233; paciencia tengo que tener&#8230;</p><p>Al final hubo un segundo intento. Y, por fin, ese humano tan torpe e insoportable le hizo caso. Cuando comprendi&#243; que deb&#237;a seguirlo, Milo, moviendo la cola con un ritmo casi hipn&#243;tico, lo condujo hasta el patio donde viv&#237;a con Miriam.</p><p>Milo entr&#243; en casa. Miriam le ech&#243; otra rega&#241;ina, como de costumbre. Pero &#233;l, desde la ventana, empez&#243; a observar.</p><p>Todo sucedi&#243; como hab&#237;a previsto. No se hab&#237;a equivocado.</p><p>Era &#233;l.</p><p>El hombre que Miriam hab&#237;a estado buscando durante tanto tiempo.</p><p>Milo se sinti&#243; satisfecho, aunque tambi&#233;n algo molesto. Porque ahora, adem&#225;s de los pendientes de perlas, tendr&#237;a que lidiar con ese humano torpe. Y, peor a&#250;n, ense&#241;arle su idioma para poder comunicarse.</p><p>&#8212;Ay&#8230; qu&#233; pereza &#8212;pens&#243;.</p><p>Se subi&#243; al sill&#243;n, agotado, y mientras escuchaba con una oreja la conversaci&#243;n entre ellos, poco a poco se qued&#243; dormido.</p><p>Esa noche, Milo so&#241;&#243; muchas cosas: luchaba contra los pendientes de perlas de Miriam y los escond&#237;a, victorioso, debajo del mueble viejo. Mov&#237;a las orejas y las patitas suavemente, como si a&#250;n estuviera en la batalla.</p><p>Cuando se despert&#243;, ellos dos segu&#237;an all&#237;, escuchando m&#250;sica en silencio.</p><p>Milo se estir&#243; en el sill&#243;n, movi&#243; los bigotes y empez&#243; a tramar un nuevo plan para el d&#237;a.</p><p>Porque, al fin y al cabo&#8230; esos dos ya empezaban a aburrirle.</p><p>&#8212;La vida de un gato no es f&#225;cil &#8212;dec&#237;a Milo&#8212;.</p><p>Por las noches protegemos la casa de las criaturas de la oscuridad. Libramos una guerra contra ellas, y por eso hacemos tanto ruido. Durante el d&#237;a, agotados, dormimos, porque necesitamos recuperar fuerzas para las batallas de medianoche, cuando los enemigos se acercan sigilosos.</p><p>Hacer la vida f&#225;cil a los humanos tampoco es sencillo &#8212;continuaba&#8212;. Pero a m&#237;, personalmente, me encanta mi trabajo y las misiones que me encomienda mi humana.</p><p>As&#237; que&#8230; all&#225; vamos.</p><p>Salt&#243; del sill&#243;n, recarg&#243; energ&#237;as con un buen plato de comida y sali&#243; en busca de nuevas aventuras.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!SQx0!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3e5f77f1-8b66-47a5-ac51-51ed894b8cc2_540x530.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!SQx0!, /__u/megitopadze.substack.com/w_424, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, 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asfixiaba.]]></description><link>https://megitopadze.substack.com/p/el-gato-milo-y-su-mision</link><guid isPermaLink="false">https://megitopadze.substack.com/p/el-gato-milo-y-su-mision</guid><dc:creator><![CDATA[Megi Topadze]]></dc:creator><pubDate>Mon, 13 Apr 2026 16:30:31 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!F14f!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F06e8ba85-60fa-4d22-bce8-27574f415e08_1078x1146.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Se fue de la casa de sus padres demasiado joven, porque sent&#237;a que aquel mundo tan peque&#241;o lo asfixiaba. Necesitaba horizontes amplios, posibilidades inmensas, llegar a ser algo m&#225;s; sentir la libertad de estar en un lugar donde cada segunda persona fuera una desconocida y nadie le hiciera preguntas.</p><p>Por eso, al finalizar sus estudios, anunci&#243; a sus padres que se marchaba.</p><p>Nadie se opuso. Todos recibieron la noticia en silencio. Solo la hija de unos vecinos se despidi&#243; de &#233;l, llorando en secreto, en su cama, al caer la noche. &#201;l no ten&#237;a ni idea de todo aquello, porque nunca se hab&#237;a fijado en ella. Para &#233;l, todos los que viv&#237;an a su alrededor eran como fantasmas: seres que nunca existieron o a los que prefer&#237;a olvidar.</p><p>Siempre se lamentaba de haber nacido en una ciudad tan insignificante, sin oportunidades de triunfo. So&#241;aba a lo grande. Detestaba todo lo ordinario que lo rodeaba: odiaba el olor a la madera del taller de su padre, donde fabricaba muebles, y se avergonzaba de su madre, que vend&#237;a productos en el mercado.</p><p>Era ambicioso. Estaba convencido de que ten&#237;a mucho que decirle al mundo. Y por eso cerr&#243; la puerta a su peque&#241;o universo y entr&#243; en otro hecho de ruido, prisa y competencia: un mundo donde hay que atrapar el momento justo antes de que la suerte se escape, donde es imprescindible  hacer contactos si no quieres ser nadie; un mundo de superficialidad, donde el dinero compra incluso el alma&#8230; y el &#8220;amor&#8221;.</p><p>Y &#233;l se dej&#243; envolver por ese caos. Lo absorbi&#243; hasta la &#250;ltima m&#233;dula, hasta el punto de olvidar incluso la direcci&#243;n de la casa de sus padres.</p><p>Empez&#243; desde abajo, repartiendo cartas y haciendo copias en la compa&#241;&#237;a donde trabajaba. Con el tiempo, le lleg&#243; la oportunidad de desarrollar un proyecto y, entre todos, fue el elegido. A partir de ah&#237;, comenz&#243; a ascender poco a poco, hasta alcanzar la presidencia.</p><p>Logr&#243; todo lo que hab&#237;a deseado a los treinta y siete a&#241;os.</p><p>Y, sin embargo, ya no sent&#237;a ni felicidad ni entusiasmo.</p><p>Se despertaba solo en su lujoso apartamento y se acostaba igual de solo. Su hogar carec&#237;a de vida: todo era blanco, impecable, silencioso. Blanco eran las paredes, las tazas, incluso la m&#225;quina de caf&#233;. Viv&#237;a en un mundo sin matices.</p><p>Hac&#237;a todo en modo autom&#225;tico: gestos memorizados, rutinas repetidas hasta convertirse en costumbre. Se hab&#237;a habituado tanto a ese estado que ya no percib&#237;a nada extra&#241;o en ello.</p><p>Hasta que un d&#237;a, despu&#233;s de tomar su caf&#233; perfecto y vestirse con su traje perfecto, sali&#243; de su apartamento y, al pisar la calle, tropez&#243; con un gato negro.</p><p>Se detuvo.</p><p>De pronto, record&#243; aquel viejo dicho: los gatos negros traen mala suerte si se cruzan en tu camino. Y una extra&#241;a frustraci&#243;n le invadi&#243; el pecho.</p><p>&#8212;&#191;De d&#243;nde ha salido este gato, demonios? &#8212;exclam&#243;, irritado.</p><p>Su propia reacci&#243;n lo sorprendi&#243;.</p><p>No recordaba la &#250;ltima vez que se hab&#237;a enfadado. Aquel peque&#241;o incidente lo sac&#243; bruscamente de su mundo perfecto, donde el &#250;nico color que dominaba era el blanco&#8230; y, de repente, all&#237; estaba ese gato negro,como una grieta en su realidad.</p><p>Durante todo el d&#237;a no pudo concentrarse en el trabajo. Termin&#243; march&#225;ndose antes de hora y, al llegar a casa, llam&#243; a su padre. La conversaci&#243;n fue breve, casi vac&#237;a: pregunt&#243; si todo estaba bien, y la respuesta fue la de siempre.</p><p>&#8212;Tu madre te echa de menos.</p><p>Desde que se hab&#237;a marchado, no hab&#237;a vuelto. Se limitaba a mantener el contacto a trav&#233;s de llamadas espor&#225;dicas, como si la distancia pudiera medirse en palabras.</p><p>Esa noche se acost&#243; a las nueve en punto y se levant&#243; a las seis de la ma&#241;ana del d&#237;a siguiente. Todo segu&#237;a un orden perfecto, inalterable. Se prepar&#243; con precisi&#243;n mec&#225;nica y sali&#243; de nuevo hacia la compa&#241;&#237;a.</p><p>Pero, al cruzar la calle, ocurri&#243; otra vez.</p><p>De la nada, apareci&#243; el gato negro.</p><p>Esta vez no se limit&#243; a cruzarse en su camino: se acerc&#243; y comenz&#243; a rozarse contra su pierna, insistente, casi afectuoso. No lo dejaba avanzar hacia el coche.</p><p>Inc&#243;modo, intent&#243; apartarlo, levantando la pierna con torpeza para quit&#225;rselo de encima. Pero el gato parec&#237;a haberse adherido a &#233;l como una pegatina, persistente, ajeno a su rechazo.</p><p>Y cuanto m&#225;s lo apartaba, m&#225;s volv&#237;a.</p><p>Como si, de alg&#250;n modo, se negara a dejarlo en paz.</p><p>&#8212;Pero &#191;qu&#233; quieres? &#8212;le dijo al gato&#8212;. &#161;D&#233;jame en paz!</p><p>El gato respondi&#243; con un maullido insistente, como si quisiera comunicarle algo. Daniel suspir&#243;, derrotado. Se rindi&#243; y dej&#243; que lo guiara. El animal avanzaba unos pasos y miraba atr&#225;s, asegur&#225;ndose de que lo segu&#237;a. Y &#233;l, casi hechizado, iba detr&#225;s.</p><p>Entraron en una calle estrecha. Aparecieron casas pintorescas que Daniel jam&#225;s hab&#237;a visto. Nunca hab&#237;a frecuentado aquellas callejuelas del barrio. Al final, el gato se meti&#243; en un patio donde se alzaba una peque&#241;a casa de estilo italiano con una escalera exterior. El patio estaba lleno de plantas, y por las ventanas abiertas flotaba una m&#250;sica suave, ligera como la brisa de primavera.</p><p>Daniel se qued&#243; en medio del patio, pasmado, contemplando aquella casa de colores cuando escuch&#243; la voz de una mujer llamando al gato.</p><p>&#8212;&#161;Ah&#237; est&#225;s! &#191;D&#243;nde andabas todo el d&#237;a? Te estaba buscando&#8230; Un d&#237;a te vas a perder por ah&#237; y ver&#225;s el susto que te llevas.</p><p>Tras rega&#241;ar al animal, sali&#243; al patio para regar las plantas. En cuanto la vio, Daniel pens&#243; que era la mujer m&#225;s hermosa que hab&#237;a visto jam&#225;s. Ten&#237;a el pelo casta&#241;o, llevaba un vestido verde de terciopelo y pendientes de perlas. Parec&#237;a una elfa salida de lo m&#225;s profundo de un bosque.</p><p>Entonces ella lo vio. El barre&#241;o se le cay&#243; de las manos.</p><p>&#201;l se asust&#243;. Su primer impulso fue huir, pero se oblig&#243; a quedarse. Le pidi&#243; disculpas y, torpemente, le explic&#243; todo lo ocurrido con su gato, atropellando las palabras.</p><p>Cuando termin&#243;, cay&#243; un silencio extra&#241;o. Ella lo miraba con sus ojos verdes, como si acabara de ver un fantasma. Luego susurr&#243;:</p><p>&#8212;&#191;Eres t&#250;?</p><p>Confuso, Daniel mir&#243; a su alrededor, sin saber si hablaba con &#233;l o con alguien m&#225;s.</p><p>&#8212;&#191;Qui&#233;n?</p><p>&#8212;&#191;Eres Daniel?</p><p>&#8212;S&#8230; s&#237; &#8212;respondi&#243;, con la garganta seca&#8212;. &#191;C&#243;mo sabes mi nombre?</p><p>&#8212;Soy yo&#8230; Miriam. &#191;Te acuerdas? Tu vecina.</p><p>La reconoci&#243; por su sonrisa t&#237;mida.</p><p>De repente, una puerta del pasado se abri&#243; de par en par, envolvi&#233;ndolo en un aroma c&#225;lido y dulce. El coraz&#243;n que cre&#237;a de hielo comenz&#243; a derretirse, como el de Kai en el cuento de La reina de las nieves. Un dolor agudo lo atraves&#243;. Sinti&#243; culpa por haber abandonado a sus padres, y las palabras de su padre resonaron en su mente: &#8220;Tu madre te echa de menos&#8221;. Sin darse cuenta, comenz&#243; a llorar.</p><p>Miriam se acerc&#243;, le tom&#243; la mano y lo condujo al interior de la casa. Le prepar&#243; t&#233; con miel y lim&#243;n y lo dej&#243; llorar, sin prisas, sin preguntas.</p><p>Luego le tom&#243; la mano de nuevo y dijo:</p><p>&#8212;Te estaba buscando, Daniel&#8230; pero al final, me encontraste t&#250;.</p><p>Entre sollozos, como un ni&#241;o peque&#241;o, &#233;l murmur&#243;:</p><p>&#8212;Tu gato me ayud&#243;. Si no fuera por &#233;l, seguir&#237;a metido en la oficina, en el piso treinta y siete, viviendo como un robot, como he hecho toda mi vida.</p><p>Y los dos rieron.</p><p>De pronto, el gato negro sali&#243; de debajo de la mesa y roz&#243; la pierna de Daniel con la cola.</p><p>&#8212;Y eso que dicen que los gatos negros traen mala suerte&#8230; &#8212;dijo &#233;l.</p><p>Miriam lo mir&#243; y, con suavidad, a&#241;adi&#243;:</p><p>&#8212;Tu madre te echa de menos, Daniel.</p><p>&#8212;Y yo tambi&#233;n&#8230; echo de menos todo: el olor a madera&#8230; y el olor de mi madre, que siempre huele a comida reci&#233;n hecha.</p><p>En la calle ca&#237;a el atardecer. La ciudad ard&#237;a en ruido y prisa; todos corr&#237;an sin detenerse. Pero all&#237;, en aquella casa pintoresca, rodeada de flores, el tiempo parec&#237;a haberse detenido para reunir dos almas y recordarles todo aquello que hab&#237;an olvidado.</p><p>Charlaron largo rato: recordaron la infancia, los juegos, a los vecinos, el taller de su padre, donde se escond&#237;an para hacer mu&#241;ecas de madera.</p><p>Daniel sinti&#243; c&#243;mo la vida regresaba, poco a poco, a su coraz&#243;n. Y Miriam, al fin, sinti&#243; que Daniel la miraba como ella siempre hab&#237;a deseado.</p><p>El &#250;nico que dorm&#237;a feliz, satisfecho por su misi&#243;n cumplida, era el gato negro, que se llamaba Milo.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!F14f!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F06e8ba85-60fa-4d22-bce8-27574f415e08_1078x1146.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!F14f!, /__u/megitopadze.substack.com/w_424, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, 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casa.]]></description><link>https://megitopadze.substack.com/p/el-vino-y-las-leyendas</link><guid isPermaLink="false">https://megitopadze.substack.com/p/el-vino-y-las-leyendas</guid><dc:creator><![CDATA[Megi Topadze]]></dc:creator><pubDate>Wed, 08 Apr 2026 16:47:58 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!N-GQ!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F4368e8eb-8e0d-46f9-b0c9-888e3fac9089_800x534.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>En verano, el abuelo sacaba la vieja televisi&#243;n al jard&#237;n de la casa. Colocaba las sillas con cuidado, como si preparara una ceremonia sencilla, y a su lado dispon&#237;amos una mesa humilde: tomates maduros, queso y pan reci&#233;n hecho en el tone, ese horno redondo donde, en el fondo, arde la le&#241;a y en cuyas paredes se adhiere la masa hasta transformarse en pan.</p><p>Aquel pan de tone ten&#237;a el sabor de lo antiguo, de la tierra y la memoria; sab&#237;a a Georgia, al C&#225;ucaso, a historias que no necesitaban ser contadas porque ya viv&#237;an en cada bocado.</p><p>Poco a poco anochec&#237;a y comenzaban a o&#237;rse los grillos, con ese canto persistente que anuncia la ca&#237;da del sol y trae un respiro tras el calor sofocante del verano. El mundo se iba ti&#241;endo de colores de atardecer y nosotros, toda la familia, con la boca llena y masticando a gusto, ve&#237;amos la televisi&#243;n, donde emit&#237;an el programa Adivina la canci&#243;n.</p><p>Mi abuelo ten&#237;a una bodega de vino donde guardaba el que hac&#237;a con sus propias manos. Cultivaba uvas en las tierras cercanas a la casa y, en oto&#241;o, las recog&#237;a para dar comienzo al ritual de crear el vino. En la bodega hab&#237;a tinajas de barro enterradas en la tierra; all&#237; reposaba el vino durante todo el a&#241;o, aguardando su momento.</p><p>Entonces mi abuelo se levantaba y dec&#237;a: &#171;Voy a abrir las puertas del para&#237;so&#187; &#8212;as&#237; llamaba a la puerta de la bodega&#8212;. Y prob&#225;bamos el vino, para ver qu&#233; tal hab&#237;a quedado. Aquel gesto, abrir la puerta del para&#237;so, era un instante sagrado, un ritual que realizaba con una ternura casi solemne.</p><p>La bodega ol&#237;a a vino, a tierra h&#250;meda, a barro antiguo&#8230; y a dioses olvidados que embriagaban con susurros.</p><p>Llenaba las jarras de barro, cuya panza sudaba gotas fr&#237;as por el frescor del vino, y las llevaba a la mesa. Entonces comenzaba el verdadero deleite: saborear la creaci&#243;n del abuelo. Al poco tiempo, los vecinos iban llegando para unirse a la velada de la tarde; tras un largo d&#237;a de trabajo en los campos y cuidando animales, se sentaban cansados y dec&#237;an, entre risas: &#171;A ver, ponme el vino, a ver si me devuelves la vida, que se me ha escapado en el campo y anda flotando sobre las monta&#241;as&#187;.</p><p>A esas risas se sumaba, con su rebuzno, el burro de mi abuelo, que se llamaba Natsara &#8212;&#8220;cenizas&#8221;, por su pelaje gris&#8212;, y que ten&#237;a los ojos m&#225;s hermosos que jam&#225;s haya visto en un burro. Entonces las carcajadas crec&#237;an a&#250;n m&#225;s.</p><p>Mi abuelo me dec&#237;a: &#171;Dale una zanahoria a Natsara, o no se callar&#225; nunca&#187;. Yo corr&#237;a hacia &#233;l y la zanahoria desaparec&#237;a de mi mano en un instante. Luego, con su hocico, me ol&#237;a el pelo, resoplando como un tren que arranca; me lam&#237;a en se&#241;al de agradecimiento y yo regresaba corriendo a mi silla, para seguir escuchando las historias que se contaban: las heredadas y las vividas.</p><p>En Georgia se cuentan muchas leyendas en los pueblos: historias sobre los gigantes de las monta&#241;as del C&#225;ucaso, sobre el Ochopintre, el esp&#237;ritu del bosque que protege a las criaturas y a los humanos del peligro. Cuando est&#225;s en el bosque y, sin darte cuenta, evitas un riesgo, no es suerte: es que, por casualidad, el Ochopintre estaba cerca. Te vio y, con su salamuri &#8212;un antiguo instrumento musical&#8212;, sopl&#243; una melod&#237;a ancestral que te envuelve en una luz invisible, una luz que tus ojos no perciben, pero que te protege.</p><p>Mi abuela contaba que una vez, al regresar a casa tras traer a las vacas del campo, justo al cerrar la puerta, una mano peluda atrap&#243; la suya y trat&#243; de arrastrarla. Dec&#237;a que aquella criatura era un Devi, un esp&#237;ritu maligno que habita en las monta&#241;as y los bosques, y que se alimenta de miedos de los humanos . Pero mi abuela, en ese instante, le grit&#243;: &#171;No me das miedo. Su&#233;ltame la mano y vete&#187;. Y aseguraba que, si le dices eso a un Devi, se marcha. Pero hay una condici&#243;n: debes decirlo sin miedo, con una valent&#237;a absoluta, sin que tu voz tiemble ni tus ojos se cierren. Solo entonces creer&#225; tus palabras y te soltar&#225;.</p><p>Yo escuchaba aquellas historias con los ojos muy abiertos, como platos, y me enfadaba, porque a m&#237; nunca me ocurr&#237;a nada parecido. Y mira que lo intentaba: desafiaba en silencio a las criaturas para que se manifestaran. Pero mi abuela me consolaba diciendo que los humanos las hab&#237;amos asustado tanto que hab&#237;an decidido esconderse de nosotros.</p><p>Aun as&#237;, yo escrib&#237;a cartas y las dejaba en los &#225;rboles cuando acompa&#241;aba a mis abuelos por los campos y los bosques. Esperaba una respuesta que nunca lleg&#243;.</p><p>Se acababa el vino y cada cual regresaba a su casa, despidi&#233;ndose entre risas y palmaditas en los brazos: &#171;Hemos trabajado duro; ahora, a descansar, que ma&#241;ana ser&#225; otro d&#237;a&#187;. Las gallinas dorm&#237;an en sus casitas de madera, construidas por mi abuela; los perros aguzaban las orejas, vigilantes, como si velaran por nosotros frente a los Devi; y los gatos se preparaban para sus aventuras nocturnas.</p><p>Yo, desde la ventana de mi dormitorio, miraba el cielo y dejaba que las leyendas de aquella tarde siguieran creciendo en mi imaginaci&#243;n. Pensaba en lo que ocurr&#237;a en el bosque cuando nadie lo ve&#237;a. Poco a poco, el canto de los grillos me iba venciendo, y el sue&#241;o llegaba como una brisa suave.</p><p>Entonces so&#241;aba con el Ochopintre. Est&#225;bamos sentados en las ramas de los &#225;rboles, tocando el salamuri, mientras vel&#225;bamos el sue&#241;o de los bosques, de la tierra y de todas las criaturas que habitan en ella.</p><p>Los grillos segu&#237;an cantando; el burro Natsara so&#241;aba con las zanahorias del abuelo, y el vino continuaba reposando bajo la tierra, acogiendo a los antiguos dioses del C&#225;ucaso.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!N-GQ!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F4368e8eb-8e0d-46f9-b0c9-888e3fac9089_800x534.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!N-GQ!, /__u/megitopadze.substack.com/w_424, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, 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encendida.]]></description><link>https://megitopadze.substack.com/p/el-rio-que-canta-los-secretos-de</link><guid isPermaLink="false">https://megitopadze.substack.com/p/el-rio-que-canta-los-secretos-de</guid><dc:creator><![CDATA[Megi Topadze]]></dc:creator><pubDate>Sat, 04 Apr 2026 20:08:36 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!dYnR!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ffb4865b4-e7c6-4988-873f-bc4e47cbc1fb_736x680.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Cuando cae la noche y la ciudad empieza a apagarse, queda una sola ventana encendida. Desde lejos parece una luci&#233;rnaga atrapada entre el cemento, resistiendo sin saber muy bien por qu&#233;.</p><p>Dentro, un hombre permanece despierto.</p><p> Hay algo en la oscuridad que le empuja a sentarse frente al lienzo. La casa est&#225; en silencio, excepto por el leve roce del pincel y su propia respiraci&#243;n, que a veces le parece la de otra persona.</p><p>Pinta a una mujer.</p><p>O, al menos, intenta hacerlo.</p><p>Vive en su mente desde hace tiempo, aunque cada d&#237;a resulta m&#225;s dif&#237;cil recordarla con claridad. Primero fueron los ojos. Luego la forma de sus manos. Ahora es el rostro entero el que empieza a desdibujarse, como si alguien lo borrara desde dentro.</p><p>&#201;l trabaja deprisa, pero sin prisa. Sabe que el tiempo no funciona del todo igual a esas horas.</p><p>El vestido azul es lo &#250;nico que permanece intacto.</p><p>A veces tiene la sensaci&#243;n de que, si deja de pintar, la mujer desaparecer&#225; para siempre. O quiz&#225; ocurra lo contrario.</p><p>No est&#225; seguro de cu&#225;l de las dos cosas le asusta m&#225;s.</p><p>Si olvida su rostro y ella desaparece, ya no sabr&#225; c&#243;mo seguir con su vida. Pero si su rostro aparece perfecto, tal como lo recuerda, entonces se quedar&#225; para atormentarlo para siempre.</p><p>Hasta que &#233;l pierda las fuerzas.</p><p>Hasta que desaparezca de este mundo en el que a&#250;n no ha encontrado la paz.</p><p>Creci&#243; en un orfanato. Su madre lo abandon&#243; una noche. El llanto del beb&#233; despert&#243; al guardia, que bostezaba en su puesto. Lo recogieron, y desde aquel d&#237;a comenz&#243; su vida triste y solitaria.</p><p>Con el tiempo, descubri&#243; el mundo de los libros y se refugi&#243; en &#233;l. Entre sus p&#225;ginas encontr&#243; una forma de silencio que no dol&#237;a. Un d&#237;a, cay&#243; en sus manos una enciclopedia de pintura. El Renacimiento lo fascin&#243; de tal manera que, casi sin darse cuenta, decidi&#243; que ser&#237;a pintor.</p><p>Busc&#243; toda la literatura que pudo encontrar sobre el tema. Con el dinero que hab&#237;a ahorrado &#8212;peque&#241;as monedas ganadas trabajando en el jard&#237;n, ayudando al jardinero&#8212; compr&#243; sus primeros materiales.</p><p>Aprendi&#243; solo, con paciencia obstinada.</p><p>Para todos fue una sorpresa el talento que, poco a poco, comenz&#243; a revelar en sus manos.</p><p>Al cumplir la mayor&#237;a de edad, dej&#243; el orfanato y se mud&#243; a la capital. Encontr&#243; trabajo muy pronto y alquil&#243; una habitaci&#243;n en la pensi&#243;n de una se&#241;ora de car&#225;cter poco agradable, que siempre rega&#241;aba a sus inquilinos por cualquier tonter&#237;a.</p><p>A &#233;l, sin embargo, nunca lo rega&#241;aba. Con el tiempo, le tom&#243; cari&#241;o. Cada ma&#241;ana le preparaba caf&#233; y se preocupaba por su comodidad. Dec&#237;a que el pobre chico ya hab&#237;a sufrido bastante.</p><p>Por las ma&#241;anas trabajaba. Por las tardes pintaba. Y, cuando no pintaba, le&#237;a.</p><p>Su habitaci&#243;n parec&#237;a m&#225;s el estudio de un artista que un dormitorio. No ten&#237;a nada de acogedora, salvo la cama, siempre deshecha, como si el descanso fuera apenas una pausa entre la vida y eternidad. </p><p>La vida de &#233;l parec&#237;a hundirse en la monoton&#237;a cuando, una noche, sinti&#243; que no pod&#237;a concentrarse en su pintura. Se levant&#243; y sali&#243; a la calle, dando un rodeo sin rumbo, solo para respirar.</p><p>Bajo la luz intermitente de las farolas, empez&#243; a vagar. Soltaba el humo del tabaco mientras caminaba, dej&#225;ndolo disolverse en el aire fr&#237;o.</p><p>De repente, se detuvo en seco.</p><p>En el callej&#243;n junto a un bar donde sol&#237;a tomar cerveza, descubri&#243; una tienda de ropa de mujer en la que nunca antes hab&#237;a reparado. A trav&#233;s de la vitrina, la vio.</p><p>Una chica, con un vestido azul celeste, estaba sentada junto al mostrador, cosiendo botones con movimientos tranquilos, casi silenciosos.</p><p>Ten&#237;a el cabello casta&#241;o claro y un perfil tan hermoso que &#233;l qued&#243; inm&#243;vil, como si el tiempo se hubiera detenido solo para ese instante.</p><p>A medianoche, ella se levant&#243;, apag&#243; la luz, cerr&#243; todo y subi&#243; al piso de arriba, donde supuso que viv&#237;a. No entend&#237;a c&#243;mo, en tanto tiempo, no se hab&#237;a dado cuenta antes de la existencia de aquella tienda&#8230; ni de ella.</p><p>Decidi&#243; volver al d&#237;a siguiente.</p><p>Y as&#237; lo hizo.</p><p>All&#237; estaba otra vez: sentada, con su vestido azul, cosiendo botones con la misma calma silenciosa. Parec&#237;a un &#225;ngel que iluminaba las noches oscuras de la ciudad. Al observarla, su coraz&#243;n se llenaba de una paz desconocida, de una ternura que le recorr&#237;a el cuerpo entero.</p><p>A medianoche, como la noche anterior, ella desapareci&#243; en el piso de arriba. &#201;l regres&#243; a casa.</p><p>No pudo dormir. So&#241;aba con ella. Toda su mente, toda su conciencia, estaban ocupadas por su presencia.</p><p>Al amanecer se levant&#243; y fue a trabajar. Cuando termin&#243; la jornada, corri&#243; a una florister&#237;a. Compr&#243; flores de distintos colores y esper&#243;, con el coraz&#243;n latiendo con fuerza, a que cayera la noche.</p><p>Entonces sali&#243; corriendo hacia la tienda.</p><p>Pero al llegar, se qued&#243; paralizado.</p><p>La tienda ya no estaba.</p><p>Ni la chica del vestido azul celeste.</p><p>En su lugar, solo hab&#237;a un local abandonado. En la puerta, un cartel: Se alquila.</p><p>Las flores se le cayeron de las manos. &#201;l tambi&#233;n cay&#243; de rodillas. No entend&#237;a nada. La cabeza le daba vueltas, y las l&#225;grimas comenzaron a brotar como un r&#237;o desbordado. Una desesperaci&#243;n oscura lo invadi&#243;, una locura s&#250;bita que no sab&#237;a c&#243;mo contener.</p><p>Se levant&#243; y ech&#243; a correr hacia el puente de la ciudad, donde el r&#237;o, alborotado, parec&#237;a susurrar los secretos de la noche y de sus fantasmas.</p><p>Los pensamientos se arremolinaban en su mente, ca&#243;ticos, insoportables. Buscando una explicaci&#243;n, regres&#243; a la tienda abandonada. Intent&#243; abrir la puerta. Al principio no pudo, pero forz&#243; la cerradura y, al segundo intento, cedi&#243;.</p><p>Entr&#243; en la oscuridad.</p><p>All&#237; descubri&#243; las escaleras por las que ella sub&#237;a cada noche. La luz tenue de las farolas se filtraba desde la calle, guiando sus pasos. Subi&#243;.</p><p>Al final, encontr&#243; un dormitorio cubierto de polvo y telara&#241;as. Se acerc&#243; a la cama, inm&#243;vil, como si nadie la hubiera tocado en a&#241;os. Luego abri&#243; el armario.</p><p>Dentro, colgaban varios vestidos de color azul celeste.</p><p>Tom&#243; uno entre sus manos. Lo acerc&#243; a su pecho, como si en aquella tela quedara atrapado algo de ella&#8230; algo que a&#250;n respiraba. Despu&#233;s, con cuidado, lo devolvi&#243; a su sitio.</p><p>Baj&#243; las escaleras, sali&#243; de la tienda y, perdido, regres&#243; a su habitaci&#243;n. Se dej&#243; caer sobre la cama, sin desvestirse, y el cansancio lo venci&#243;.</p><p>So&#241;&#243; con ella.</p><p>Intentaba tocar su mano, pero cada vez que se acercaba, ella se alejaba m&#225;s y m&#225;s. Caminaba hacia el puente. El r&#237;o cantaba los secretos de la ciudad y de sus fantasmas. Ella lo miraba, sonre&#237;a&#8230; y se lanzaba al agua.</p><p>Desesperado, &#233;l corr&#237;a para salvarla.</p><p>Pero en ese instante despert&#243;.</p><p>Se levant&#243; de golpe y sali&#243; corriendo hacia el puente, sin saber muy bien por qu&#233;. El r&#237;o segu&#237;a all&#237;, turbio, arrastrando la oscuridad de la noche y el reflejo tembloroso de la luna y las farolas.</p><p>Y en su murmullo, parec&#237;a contar una historia.</p><p>La historia de la muerte de la chica del vestido azul celeste.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!dYnR!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ffb4865b4-e7c6-4988-873f-bc4e47cbc1fb_736x680.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!dYnR!, /__u/megitopadze.substack.com/w_424, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, 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Plumas.]]></description><link>https://megitopadze.substack.com/p/ellatan-greta-garbo</link><guid isPermaLink="false">https://megitopadze.substack.com/p/ellatan-greta-garbo</guid><dc:creator><![CDATA[Megi Topadze]]></dc:creator><pubDate>Wed, 01 Apr 2026 18:08:32 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!7LEd!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0bd91a01-3559-4dc9-854a-37e2c994bbda_1080x2400.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>En el barrio pintoresco de nuestra ciudad vive una mujer a la que los ni&#241;os llaman la Abuela Plumas. La reconocen por su sombrero verde oscuro, desgastado por el tiempo, como su piel, y por su cabello blanco que brilla como la nieve virgen. El sombrero, adornado con plumas, parece formar parte de ella, igual que su inseparable pintalabios rojo, que nunca falta.</p><p>Por las tardes, cuando los ni&#241;os juegan a la pelota, de repente la puerta de su casa se abre de par en par con un golpe seco. Ella aparece en el umbral, con el paraguas en la mano, que usa como bast&#243;n. Se apoya en &#233;l, observa a su alrededor con ojos inquisitivos y reclama:</p><p>&#8212;&#161;Ni&#241;os! &#191;Est&#225;is preparados?</p><p>Los ni&#241;os responden a coro:</p><p>&#8212;&#161;S&#237;, Abuela Plumas, todo en orden!</p><p>Entonces inicia la marcha hacia el campo cercano, donde habitan los gatos callejeros. Ella va delante, firme, y los ni&#241;os la siguen en fila. La escena parece la de una expedici&#243;n de expertos en &#8220;gatolog&#237;a callejera&#8221;, encargados de cumplir una misi&#243;n: alimentar, limpiar la zona y reparar las casitas que hab&#237;an construido para los gatos.</p><p>Todo aquello naci&#243; por iniciativa de la Abuela Plumas y con el apoyo de los padres, que aceptaron sin discutir tras su petici&#243;n. Porque en el barrio, lo que dice la Abuela Plumas va a misa, y no hay nada m&#225;s que a&#241;adir.</p><p>Dicen que, cuando era joven, parec&#237;a Greta Garbo. Hubo incluso una ocasi&#243;n en la que la confundieron con ella, y se arm&#243; un gran alboroto en el barrio: acudieron periodistas de todas partes para comprobar si el rumor era cierto. Pero todo qued&#243; en una an&#233;cdota, que durante mucho tiempo se cont&#243; con todo lujo de detalles, provocando risas una y otra vez, hasta que poco a poco se fue perdiendo en el olvido.</p><p>Sin embargo, ella a&#250;n lo recuerda. Y cuando le preguntan por sus a&#241;os de juventud, sonr&#237;e y dice:</p><p>&#8212;Hubo una vez que me confundieron con Greta Garbo&#8230; imag&#237;nate la situaci&#243;n.</p><p>Entonces, sus labios, delineados con pintalabios rojo que se desborda levemente del contorno, se curvan en una sonrisa donde se mezclan el orgullo y la melancol&#237;a.</p><p>Dicen que su primer y &#250;nico amor, cuando le pidi&#243; la mano, encontr&#243; la firme oposici&#243;n de sus padres. El motivo era sencillo y, para ellos, irrefutable: el muchacho no ten&#237;a estudios universitarios.</p><p>&#8212;&#191;Un yerno sin diploma? &#161;Qu&#233; verg&#252;enza! &#161;No, no y no!&#8212; sentenciaron.</p><p>Por eso, decidieron escapar una noche. Trazaron un plan con cuidado, casi en susurros, y cuando todo estaba listo para huir juntos, la radio anunci&#243; que hab&#237;a estallado la guerra. Y, como en todas las guerras, llegaron la muerte, las l&#225;grimas, el hambre y los largos a&#241;os grises.</p><p>Cuando los soldados regresaron, ella ya hab&#237;a recibido la noticia de su muerte. Aun as&#237;, acudi&#243; a la estaci&#243;n de tren, donde llegaban los supervivientes, busc&#225;ndolo entre los rostros cansados, aferr&#225;ndose a una esperanza que se negaba a morir. Pero &#233;l nunca apareci&#243;.</p><p>Ella sigui&#243; adelante con su vida, aunque el amor no volvi&#243; a tocar su coraz&#243;n. Se dedic&#243; a trabajar en la biblioteca municipal, entre libros que quiz&#225; le ofrec&#237;an el refugio que la realidad le neg&#243;. Cuando sus padres fallecieron, se qued&#243; sola.</p><p>Nunca le faltaron pretendientes: su belleza, sus ojos verdes llenos de inteligencia y su carisma la hac&#237;an parecer una actriz de Hollywood de los a&#241;os cuarenta. Pero ella hab&#237;a cerrado su coraz&#243;n con un candado sin llave. En lo m&#225;s profundo, segu&#237;a guardando la esperanza de que alg&#250;n d&#237;a &#233;l regresar&#237;a&#8230; y continu&#243; esperando.</p><p>Y as&#237;, un d&#237;a, la vejez lleg&#243; de repente, casi sin darse cuenta, como el oto&#241;o que cubre la tierra de hojas secas, preparando al mundo para un invierno fr&#237;o y largo.</p><p>Cuando camina por la calle, con movimientos que a&#250;n conservan la elegancia de una diosa de Hollywood, parece que en cada uno de sus gestos se esconde la m&#250;sica de un foxtrot lejano. Y quien tiene buen ojo, descubre la magia.</p><p>Al terminar las tareas de la expedici&#243;n de &#8220;gatolog&#237;a callejera&#8221;, ella reun&#237;a a los ni&#241;os en su casa, donde siempre hab&#237;a galletas caseras y limonada fresca. Entonces comenzaba la lectura: Las aventuras de Tom Sawyer, Las aventuras del Bar&#243;n M&#252;nchhausen y, sobre todo, los libros de Astrid Lindgren, que eran los que m&#225;s les gustaban. Historias de ni&#241;os y ni&#241;as valientes, traviesos y aventureros.</p><p>En la casa de la Abuela Plumas ocurr&#237;a la magia: los ni&#241;os proyectaban all&#237; su imaginaci&#243;n, en un espacio peque&#241;o y, a la vez, inmenso, sin l&#237;mites, como el universo, lleno de estrellas y de luna llena.</p><p>Luego anochec&#237;a, y los padres iban recogiendo poco a poco a sus hijos para prepararlos para dormir, porque al amanecer llegar&#237;a un nuevo d&#237;a de colegio, de clases&#8230; y, despu&#233;s, otra vez la expedici&#243;n y la lectura.</p><p>As&#237; transcurr&#237;an los d&#237;as en el barrio pintoresco de nuestra ciudad, hasta que sucedi&#243; algo tan inesperado que todo el vecindario qued&#243; en silencio, envuelto en murmullos y susurros.</p><p>Era un d&#237;a soleado de abril cuando, de repente, lleg&#243; una chica de unos veinticinco a&#241;os. Llevaba una maleta en la que guardaba una carta. El viento se levant&#243; y alborot&#243; su cabello rubio; se cubri&#243; los ojos con unas gafas de sol y avanz&#243; hacia el barrio.</p><p>Se detuvo en el quiosco de peri&#243;dicos y pregunt&#243; por ella. Todos se quedaron mir&#225;ndola durante unos instantes, en silencio, hasta que alguien se ofreci&#243; a acompa&#241;arla. Cuando llegaron frente a la puerta de la casa, nadie se atrevi&#243; a cruzar el umbral. Se quedaron fuera, con un nudo en la garganta, como si intuyeran que algo estaba a punto de suceder.</p><p>La puerta se abri&#243; y la chica entr&#243;.</p><p>En la maleta llevaba la carta. Su carta.</p><p>Cuando ella la tom&#243; entre sus manos, una sensaci&#243;n extra&#241;a la invadi&#243;, dif&#237;cil de nombrar, como un recuerdo que lucha por salir a la superficie. Se qued&#243; mir&#225;ndola fijamente, igual que quien intenta recuperar un fragmento del pasado que cre&#237;a perdido, y que, de pronto, regresa y lo sacude del sue&#241;o en el que parec&#237;a haber vivido eternamente.</p><p>Ella alz&#243; la mirada hacia la chica y pregunt&#243;:</p><p>&#8212;&#191;Qui&#233;n eres para &#233;l?</p><p>&#8212;Su nieta &#8212;respondi&#243; la joven, con acento alem&#225;n.</p><p>A ella le tembl&#243; la mano, y la carta se agit&#243; entre sus dedos. Se cubri&#243; la boca, como si quisiera contener algo que amenazaba con desbordarse. Cuando recuper&#243; un poco de fuerza, volvi&#243; a mirar a la muchacha y dijo, con voz firme:</p><p>&#8212;Toma la carta y vuelve a tu casa. No voy a abrirla. No lo conozco. Os hab&#233;is equivocado. Yo no soy la persona que est&#225;is buscando.</p><p>La chica la mir&#243;, agitada, intentando decir algo, pero ella la detuvo con un gesto de la mano. Luego se&#241;al&#243; la puerta y, con la solemnidad de una actriz en el &#250;ltimo acto de una tragedia de William Shakespeare, pronunci&#243; sus palabras finales.</p><p>_Adios! </p><p>La joven se levant&#243; y se march&#243;.</p><p>La casa qued&#243; en silencio.</p><p>Ella permaneci&#243; sentada, mirando hacia la ventana, donde los vecinos aguardaban, reunidos, como espectadores expectantes ante el desenlace. Entonces se levant&#243;, se acerc&#243; al espejo, se pint&#243; los labios con cuidado, se coloc&#243; su sombrero de plumas, tom&#243; el paraguas y abri&#243; la puerta.</p><p>Sali&#243; como quien pisa un escenario.</p><p>Todos la observaban. Los ni&#241;os, asomados tras sus padres. Ella alz&#243; la cabeza y dijo:</p><p>&#8212;Ni&#241;os, &#191;est&#225;is preparados?</p><p>Y, de pronto, se escuch&#243; el grito:</p><p>&#8212;&#161;S&#237;, Abuela Plumas!</p><p>La muchedumbre estall&#243; en aplausos y v&#237;tores:</p><p>&#8212;&#161;Bravo!</p><p>A lo lejos comenz&#243; a sonar un foxtrot, suave, casi como un eco del pasado. Y la expedici&#243;n de gatolog&#237;a callejera ech&#243; a andar. Todo volvi&#243; a su lugar, como si nada hubiera ocurrido.</p><p>Esa misma noche empezaron a leer Grandes esperanzas, de Charles Dickens, y todos sucumbieron al aroma del bizcocho reci&#233;n hecho y a los rincones oscuros de la Inglaterra victoriana.</p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RQSt!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff1834a4b-c4b7-48c2-97c1-ef2182afdbc0_141x200.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RQSt!, /__u/megitopadze.substack.com/w_424, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, /__u/megitopadze.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff1834a4b-c4b7-48c2-97c1-ef2182afdbc0_141x200.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RQSt!, /__u/megitopadze.substack.com/w_848, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, /__u/megitopadze.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff1834a4b-c4b7-48c2-97c1-ef2182afdbc0_141x200.jpeg 848w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RQSt!, /__u/megitopadze.substack.com/w_1272, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, /__u/megitopadze.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff1834a4b-c4b7-48c2-97c1-ef2182afdbc0_141x200.jpeg 1272w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RQSt!, /__u/megitopadze.substack.com/w_1456, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, /__u/megitopadze.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff1834a4b-c4b7-48c2-97c1-ef2182afdbc0_141x200.jpeg 1456w" sizes="100vw"><img src="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RQSt!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff1834a4b-c4b7-48c2-97c1-ef2182afdbc0_141x200.jpeg" width="141" height="200" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/f1834a4b-c4b7-48c2-97c1-ef2182afdbc0_141x200.jpeg&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:&quot;normal&quot;,&quot;height&quot;:200,&quot;width&quot;:141,&quot;resizeWidth&quot;:null,&quot;bytes&quot;:2452,&quot;alt&quot;:null,&quot;title&quot;:null,&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;href&quot;:null,&quot;belowTheFold&quot;:true,&quot;topImage&quot;:false,&quot;internalRedirect&quot;:null,&quot;isProcessing&quot;:false,&quot;align&quot;:null,&quot;offset&quot;:false}" class="sizing-normal" alt="" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RQSt!, /__u/megitopadze.substack.com/w_424, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_auto, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, /__u/megitopadze.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff1834a4b-c4b7-48c2-97c1-ef2182afdbc0_141x200.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RQSt!, /__u/megitopadze.substack.com/w_848, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_auto, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, /__u/megitopadze.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff1834a4b-c4b7-48c2-97c1-ef2182afdbc0_141x200.jpeg 848w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RQSt!, /__u/megitopadze.substack.com/w_1272, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_auto, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, /__u/megitopadze.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff1834a4b-c4b7-48c2-97c1-ef2182afdbc0_141x200.jpeg 1272w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!RQSt!, /__u/megitopadze.substack.com/w_1456, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_auto, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, /__u/megitopadze.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff1834a4b-c4b7-48c2-97c1-ef2182afdbc0_141x200.jpeg 1456w" sizes="100vw" loading="lazy"></picture><div></div></div></a></figure></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Dos almas solitarias y Boby]]></title><description><![CDATA[Un d&#237;a hizo la maleta y se mud&#243; a otro pa&#237;s, a una ciudad desconocida.]]></description><link>https://megitopadze.substack.com/p/dos-almas-solitarias-y-boby</link><guid isPermaLink="false">https://megitopadze.substack.com/p/dos-almas-solitarias-y-boby</guid><dc:creator><![CDATA[Megi Topadze]]></dc:creator><pubDate>Tue, 31 Mar 2026 19:08:27 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!5bLh!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fccfff055-c1a6-4175-b59c-7faf482980b6_720x405.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Un d&#237;a hizo la maleta y se mud&#243; a otro pa&#237;s, a una ciudad desconocida. Se fue y dej&#243; atr&#225;s todo y, a la vez, nada, porque nunca sinti&#243; una verdadera conexi&#243;n con la gente que la rodeaba. En su entorno familiar siempre llevaba consigo la extra&#241;a sensaci&#243;n de ser alguien que no pertenece.</p><p>No se puede decir que no recibiera cari&#241;o o comprensi&#243;n; no era eso. Simplemente, ella era as&#237;. No encontraba comodidad en las personas cercanas. Cada vez que alguien intentaba acercarse, ella se alejaba un poco m&#225;s. Cuando empezaban las preguntas &#8212;si ten&#237;a novio, qu&#233; pasaba en su vida&#8212; se quedaba mirando, con los ojos indiferentes, hasta que el silencio terminaba por imponerse y la dejaban en paz.</p><p>&#8212;Tu hija es muy rara &#8212;le dec&#237;an a su madre&#8212;. La otra es tan diferente, tan sociable&#8230; &#191;pero a esta qu&#233; le pasa?</p><p>Y la madre respond&#237;a:</p><p>&#8212;Es que no es de hablar, es reservada.</p><p>Y s&#237;, ella reservaba su mundo dentro de su cuerpo, en lo m&#225;s profundo de s&#237; misma. Sent&#237;a que, si abr&#237;a la boca y empezaba a hablar, todo lo que llevaba dentro escapar&#237;a. Tem&#237;a que la gente lo ensuciara con ideas absurdas, que la encasillaran, que le arrebataran la libertad de mantener en secreto su espacio, su vida, sus sentimientos&#8230; todo aquello que le pertenec&#237;a solo a ella.</p><p>Por eso, un d&#237;a, se levant&#243; y se fue.</p><p>Al llegar a la casa que hab&#237;a alquilado para todo el a&#241;o, en la ciudad donde iba a trabajar, sinti&#243; que por fin estar&#237;a en silencio, lejos del ruido de las fiestas familiares, de las amigas de su hermana que la hac&#237;an sentirse a&#250;n m&#225;s extra&#241;a, fuera de lugar: por no maquillarse, por no vestir a la moda, por no interesarse en los chicos.</p><p>Abri&#243; la puerta y entr&#243;. El silencio y el olor a cerrado le dieron la bienvenida.</p><p>Lo primero que hizo fue ventilar la casa, quitar el polvo y preparar la ba&#241;era. Se sumergi&#243; en el agua y, desde su m&#243;vil, puso &#8220;Purple Rain&#8221;. Cerr&#243; los ojos y sinti&#243; el alivio de la soledad que tanto deseaba: quedarse a solas consigo misma, escuchar su propia respiraci&#243;n sin que nadie la interrumpiera.</p><p>Por primera vez escucha c&#243;mo late su coraz&#243;n: bum, bum&#8230; bum, bum&#8230;</p><p>Ahora suena &#8220;Pink&#8221;, de Aerosmith. Empieza a mover la cabeza al ritmo de la m&#250;sica y piensa que esto es el para&#237;so: escuchar sin auriculares, sin nadie alrededor que le hable, dejar que la canci&#243;n llegue hasta el final, sin interrupciones.</p><p>Sale de la ba&#241;era, se seca, se pone el albornoz y va a la cocina. Se prepara un caf&#233; negro. El aroma inunda la casa y ella respira hondo, llenando su cuerpo con ese olor c&#225;lido y familiar.</p><p>Con la taza en la mano, se acerca a la ventana y observa a la gente en la calle.</p><p>Ve a un hombre de unos treinta y cinco a&#241;os, m&#225;s o menos. Camina con bast&#243;n mientras pasea a su perro. Se acerca al portal de enfrente y entra. Se nota que le cuesta caminar.</p><p>En las escaleras, la luz del portal se enciende. Desde el tercer piso, ella ve c&#243;mo el hombre se aproxima poco a poco hasta su casa y, con esfuerzo, se deja caer en una silla. El perro se tumba a su lado, en el suelo.</p><p>Ella se queda absorta mirando la escena, tanto que se le olvida el caf&#233;. Cuando lo recuerda, lo pone a calentar otra vez. El inter&#233;s por ese hombre, extra&#241;o e inesperado, empieza a inquietarla.</p><p>Decide seguir observ&#225;ndolo.</p><p>Acomoda una mesa junto a la ventana y, por las tardes, despu&#233;s del trabajo, se sienta all&#237; con el ordenador abierto. Mientras escribe y trabaja, lo mira. A veces &#233;l lee, otras ve la televisi&#243;n; a ratos desaparece y luego vuelve a aparecer. Sale con su perro y regresa al cabo de un tiempo.</p><p>Siempre est&#225; solo. Nadie viene a verlo.</p><p>&#8212;Es como yo &#8212;piensa ella&#8212;. Un alma solitaria</p><p>Entonces, un d&#237;a, todo cambi&#243;.</p><p>Cuando volvi&#243; del trabajo, vio la casa vac&#237;a. La luz estaba apagada. El hombre y el perro no estaban. Se hab&#237;an ido.</p><p>Pas&#243; una semana. Cuando ella ya se hab&#237;a rendido y decidi&#243; devolver la mesa a su lugar, lo vio: el hombre estaba all&#237;, sentado en su silla, con el perro a su lado.</p><p>Un grito de alegr&#237;a le escap&#243; del pecho, tan inesperado que ella misma se sorprendi&#243; de su propia reacci&#243;n.</p><p>Se sent&#243; y empez&#243; a reflexionar. &#191;Qu&#233; es lo que le pasa? No lo entend&#237;a. &#191;Por qu&#233; tanta alegr&#237;a por alguien que ni siquiera sab&#237;a qui&#233;n era?</p><p>Decidi&#243; que, la pr&#243;xima vez que lo viera bajar con su perro, se acercar&#237;a a saludarlo.</p><p>Y as&#237; lo hizo.</p><p>Cuando lo vio salir, sali&#243; corriendo tras &#233;l, poni&#233;ndose el abrigo por el camino. Empuj&#243; la puerta y sali&#243; a la calle. El hombre, apoyado en su bast&#243;n, caminaba lentamente junto a su perro. Ella se acerc&#243; con paso acelerado y, al estar ya cerca, redujo el ritmo. Caminaron as&#237; un buen rato: &#233;l delante, ella detr&#225;s.</p><p>De repente, &#233;l se detuvo. Ella tambi&#233;n se par&#243; en seco, con el coraz&#243;n acelerado.</p><p>Sin girar la cabeza, &#233;l dijo:</p><p>&#8212;Si vienes a acompa&#241;arme en el paseo, sal&#250;dame ya y ponte a mi lado.</p><p>Ella sinti&#243; la garganta seca; no pod&#237;a ni tragar saliva. En silencio, se coloc&#243; a su lado. Intent&#243; sonre&#237;rle.</p><p>&#8212;&#191;Quieres llevar t&#250; a Bobby? &#8212;le dijo &#233;l.</p><p>Ella asinti&#243; y tom&#243; la correa. Bobby empez&#243; a jugar con ella, a lamerle la mano. El hombre la observ&#243; con una leve sonrisa, en la que se mezclaban la calidez y una tristeza profunda&#8230; esa tristeza que solo las almas solitarias saben reconocer.</p><p>&#8212;Te veo siempre sentada junto a la ventana de tu cocina &#8212;dijo &#233;l&#8212;. &#191;Eres la nueva inquilina de la casa?</p><p>Ella volvi&#243; a asentir.</p><p>&#8212;Estar&#233; aqu&#237; solo un a&#241;o. Luego volver&#233; a casa.</p><p>&#8212;&#191;Y d&#243;nde est&#225; tu casa? &#8212;pregunt&#243; ella.</p><p>&#8212;Lejos de aqu&#237;.</p><p>Ella esboz&#243; una peque&#241;a sonrisa.</p><p>&#8212;La m&#237;a tambi&#233;n.</p><p>&#201;l la mir&#243;, como si hubiera comprendido algo sin necesidad de m&#225;s palabras.</p><p>&#8212;Parece que t&#250; y yo nos hemos refugiado en esta ciudad&#8230; en este pa&#237;s.</p><p>&#8212;Eso parece &#8212;respondi&#243; ella.</p><p>Caminaron en silencio durante un buen rato.</p><p>Al despedirse, ella reuni&#243; el valor para proponerle algo:</p><p>&#8212;Si quieres&#8230; puedo acompa&#241;arte a pasear por las tardes.</p><p>A &#233;l le pareci&#243; una buena idea.</p><p>Y as&#237;, dos almas solitarias unieron sus soledades en paseos compartidos, mientras Bobby &#8212;feliz&#8212; celebraba aquella nueva compa&#241;&#237;a.</p><p>&#8212;&#191;Qu&#233; te pasa en la pierna? &#8212;le pregunt&#243; un d&#237;a.</p><p>&#201;l la mir&#243;. Ella no pudo sostenerle la mirada y, de inmediato, se disculp&#243; por la pregunta. Siguieron caminando en silencio hasta que, de repente, &#233;l respondi&#243;:</p><p>&#8212;Nac&#237; as&#237;. Es un trauma de nacimiento. En el colegio se re&#237;an de m&#237;. Nadie quer&#237;a ser mi amigo. Aprend&#237; a estar solo&#8230; y a tener amigos imaginarios. Los libros me ayudaron a sobrevivir.</p><p>Hizo una breve pausa antes de continuar:</p><p>&#8212;Cuando fui mayor, me fui de casa para estar a&#250;n m&#225;s solo. Desde entonces he vivido as&#237;. Luego encontr&#233; a Bobby&#8230; y nos hicimos inseparables. &#201;l guarda mi soledad y yo la suya. Lo abandonaron, y yo lo acog&#237;&#8230; y &#233;l acogi&#243; mi soledad a cambio.</p><p>Ella lo escuchaba en silencio. Sin saber por qu&#233;, sinti&#243; ganas de llorar, pero se contuvo como pudo.</p><p>&#8212;Yo&#8230; quiero ser tu amiga &#8212;dijo de repente, soltando la frase como un &#250;ltimo aliento antes de ahogarse.</p><p>&#201;l sonri&#243;.</p><p>&#8212;Ya somos amigos desde hace una semana&#8230; si no te hab&#237;as dado cuenta.</p><p>Y los dos comenzaron a re&#237;r.</p><p>La oscuridad fue cayendo poco a poco. Los tres caminaban juntos, hablando de todo y de nada, con una calidez inesperada. A &#233;l parec&#237;a costarle menos caminar; su pierna se mov&#237;a con m&#225;s ligereza. A veces incluso levantaba el bast&#243;n y avanzaba unos pasos sin apoyarse en &#233;l.</p><p>&#201;l no se daba cuenta de ese cambio.</p><p>Pero ella s&#237;.</p><p>No dijo nada. Solo lo observ&#243;, con una alegr&#237;a silenciosa en los ojos, pensando que &#233;l se quedar&#237;a para siempre en su vida&#8230; y que ella, de alg&#250;n modo, tambi&#233;n formar&#237;a parte de la suya. De la de ambos: de &#233;l y de Bobby.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!5bLh!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fccfff055-c1a6-4175-b59c-7faf482980b6_720x405.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!5bLh!, /__u/megitopadze.substack.com/w_424, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, /__u/megitopadze.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fccfff055-c1a6-4175-b59c-7faf482980b6_720x405.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!5bLh!, /__u/megitopadze.substack.com/w_848, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, 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sizes="100vw"><img src="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!5bLh!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fccfff055-c1a6-4175-b59c-7faf482980b6_720x405.jpeg" width="720" height="405" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/ccfff055-c1a6-4175-b59c-7faf482980b6_720x405.jpeg&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:&quot;normal&quot;,&quot;height&quot;:405,&quot;width&quot;:720,&quot;resizeWidth&quot;:null,&quot;bytes&quot;:11353,&quot;alt&quot;:null,&quot;title&quot;:null,&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;href&quot;:null,&quot;belowTheFold&quot;:true,&quot;topImage&quot;:false,&quot;internalRedirect&quot;:null,&quot;isProcessing&quot;:false,&quot;align&quot;:null,&quot;offset&quot;:false}" class="sizing-normal" alt="" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!5bLh!, 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Todos le dec&#237;an que ten&#237;a una voz muy bonita y un gran potencial. En su habitaci&#243;n, con una botella de agua a modo de micr&#243;fono, se imaginaba sobre un escenario y cantaba sin parar.</p><p>Su padre le regal&#243; un reproductor de cintas, y ella reproduc&#237;a la m&#250;sica de sus grupos favoritos; con su imaginaci&#243;n, se convert&#237;a en parte de ellos, en un miembro m&#225;s.</p><p>En el instituto era muy buena estudiante. Todos la quer&#237;an: era una chica risue&#241;a, con una imaginaci&#243;n desbordante, y todos deseaban ser su amiga.</p><p>Una vez hubo un problema con los antiguos tel&#233;fonos de cable y no pod&#237;a comunicarse con su amiga, que viv&#237;a justo enfrente de su edificio. Entonces se invent&#243; un lenguaje secreto de gestos. Se lo ense&#241;&#243; a su amiga y acordaron la hora de siempre en la que sol&#237;an hablar por tel&#233;fono. A partir de entonces, se colocaban en sus ventanas y comenzaban a hablar con las manos.</p><p>Era su idioma secreto. Les gust&#243; tanto que, incluso despu&#233;s de que el problema del tel&#233;fono se solucionara, siguieron utiliz&#225;ndolo. En el instituto tambi&#233;n les resultaba muy &#250;til: en clase, cuando no quer&#237;an que nadie entendiera sus conversaciones, hablaban mediante gestos.</p><p>Sus compa&#241;eros mor&#237;an de envidia y les ped&#237;an que se lo ense&#241;aran, pero ellas se negaban. Al fin y al cabo, si hab&#237;a alg&#250;n secreto o misterio que resolver, nadie deb&#237;a enterarse de lo que dec&#237;an. &#161;Faltar&#237;a m&#225;s!</p><p>Escrib&#237;a cartas a sus compa&#241;eras de clase. En ellas les contaba aventuras imaginarias en Egipto, en pueblos abor&#237;genes de Am&#233;rica y de &#193;frica. Relataba, por ejemplo, c&#243;mo un d&#237;a hab&#237;a descubierto la receta de una colonia que ol&#237;a fatal; tan mal que, al entrar en el transporte p&#250;blico, todo el mundo se alejaba de ti y pod&#237;as quedarte sentada, tranquila y a gusto, leyendo tu libro sin que nadie te molestara.</p><p>Todas re&#237;an con ella.</p><p>&#8212;&#161;Qu&#233; ocurrencias tienes! &#8212;le dec&#237;an.</p><p>Por primera vez, se enamor&#243; de un chico mucho mayor que ella. Estudiaba en el &#250;ltimo curso. Pero fue un amor no correspondido. Por primera vez comprendi&#243; que no todo en la vida sucede como una desea. Aun as&#237;, sigui&#243; mir&#225;ndolo desde lejos: lo ve&#237;a salir con otras chicas, mientras a ella ni siquiera la miraba.</p><p>Entonces se refugiaba en su m&#250;sica. En los recreos se pon&#237;a los auriculares y escuchaba a los Backstreet Boys, moviendo la pierna al ritmo de las canciones.</p><p>La vida segu&#237;a siendo bella, porque, en el fondo, sab&#237;a que alg&#250;n d&#237;a terminar&#237;a el instituto, ser&#237;a libre&#8230; y encontrar&#237;a su amor verdadero.</p><p>As&#237;, con esa ingenuidad, segu&#237;a el ritmo de su vida hasta que, un d&#237;a, al volver del instituto y entrar en casa, sinti&#243; que algo hab&#237;a cambiado.</p><p>Su padre estaba sentado en la cocina junto a su madre. Los dos estaban serios. Ella se qued&#243; en la puerta, mir&#225;ndolos, y en ese instante comprendi&#243; que la vida ya no volver&#237;a a ser igual.</p><p>El diagn&#243;stico de su madre era muy grave. Se llamaba leucemia. Y, poco a poco, comenz&#243; a apagar la vida soleada y despreocupada de ella y de toda su familia.</p><p>Dej&#243; de ser una ni&#241;a aquella misma noche. Hospitalizaron a su madre, y ella tuvo que hacerse cargo de la casa, sin saber siquiera c&#243;mo hacerlo. Iba al hospital para cuidarla y luego regresaba a casa, en un ir y venir constante que le robaba el aliento.</p><p>En el instituto se qued&#243; muy atrasada. No aprob&#243; ning&#250;n examen y, por ello, tuvo que dejarlo durante un tiempo.</p><p>Dej&#243; de escuchar m&#250;sica. Dej&#243; de escribir cartas. Incluso dej&#243; de interesarle el chico que tanto le hab&#237;a gustado.</p><p>Su coraz&#243;n y su mente quedaron suspendidos en una espera silenciosa, como si todo en ella se preparara para lo inevitable: la muerte que, paso a paso, se acercaba a su casa&#8230; a ese hogar que antes hab&#237;a estado lleno de vida y alegr&#237;a.</p><p>Cuando lleg&#243; el momento de la verdad y vio a su madre exhalar el &#250;ltimo suspiro, sinti&#243; algo inesperado: alivio. Por fin hab&#237;a terminado la espera. Todo hab&#237;a acabado.</p><p>Llor&#243;, pero no solo de tristeza, sino para liberar la emoci&#243;n contenida durante tanto tiempo.</p><p>Despu&#233;s del entierro, todo se volvi&#243; oscuro a su alrededor. Tambi&#233;n para su padre, que se hab&#237;a encerrado en su habitaci&#243;n, atrapado en el silencio y la tristeza.</p><p>Luego, por la inercia de la vida &#8212;porque era lo que tocaba, lo que hab&#237;a que hacer&#8212;, reanud&#243; los estudios y sigui&#243; adelante. Pero nada era igual que antes.</p><p>Cuando lleg&#243; la Navidad, mientras todos decoraban sus &#225;rboles, ella tir&#243; el suyo a la basura junto con los adornos.</p><p>Su padre segu&#237;a sumido en la tristeza. No hablaban. Ni una sola palabra desde el entierro. Todo eran actos autom&#225;ticos. Se entend&#237;an &#250;nicamente a trav&#233;s de miradas y gestos, como si el dolor hubiera reemplazado al lenguaje.</p><p>Pasaban los d&#237;as, los meses, y la chispa de aquella chica parec&#237;a haber sido robada por la sombra que se hab&#237;a instalado en las paredes de su casa.</p><p>Mir&#243; por la ventana y vio a su amiga habl&#225;ndole con gestos. Pero no entend&#237;a nada. Se le hab&#237;a olvidado por completo aquel idioma secreto. Corri&#243; la cortina y se sent&#243; frente al televisor, donde daban la pel&#237;cula &#8220;M&#237;o, mi M&#237;o&#8221;, sobre un ni&#241;o hu&#233;rfano que una noche encontraba a su padre en otro mundo, uno al que no pertenec&#237;a.</p><p>Su padre se sent&#243; a su lado y dijo en voz baja:</p><p>&#8212;So&#241;&#233; con ella. Estaba guap&#237;sima&#8230; Est&#225; en un mundo mejor, &#191;sabes? Me sonre&#237;a y ten&#237;a en la mano el pa&#241;uelo que le regal&#233;, el que le traje de Praga.</p><p>Ella apoy&#243; la cabeza en su hombro y respondi&#243;:</p><p>&#8212;Yo no sue&#241;o con ella, pap&#225;.</p><p>&#201;l sonri&#243;, la abraz&#243; y le acarici&#243; el pelo.</p><p>&#8212;Perd&#243;name&#8230; Te he dejado sola. Me encerr&#233; en mi tristeza, ech&#225;ndola de menos, y no pens&#233; que t&#250; podr&#237;as estar a&#250;n peor que yo. Fui un ego&#237;sta.</p><p>Ella miraba la pantalla: M&#237;o abrazaba a su padre. Entonces sonri&#243; levemente.</p><p>&#8212;Te quiero, pap&#225;.</p><p>Y se quedaron viendo la pel&#237;cula en silencio.</p><p>Al d&#237;a siguiente, al despertarse, cogi&#243; el tel&#233;fono. Llam&#243; a su amiga y le dijo:</p><p>&#8212;Mira por la ventana.</p><p>Y colg&#243;.</p><p>Cuando su amiga se acerc&#243;, ya estaba all&#237;. Ella, riendo, empez&#243; a hablarle con gestos. La otra respondi&#243;, y las dos estallaron en carcajadas.</p><p>Aquel d&#237;a, los rayos del sol penetraron en la casa, iluminando cada rinc&#243;n&#8230; y la sombra de la tristeza, poco a poco, se encogi&#243; hasta desaparecer.</p><p>Desde su habitaci&#243;n volv&#237;a a escucharse la m&#250;sica, esta vez de Take That, y ella cantaba al ritmo de las canciones, dej&#225;ndose llevar como antes.</p><p>Se arregl&#243;, se pein&#243;, se puso el abrigo&#8230; y sali&#243; de casa con una nueva luz en el coraz&#243;n.</p><p>Amaba la vida otra vez.</p><p>Volv&#237;a a so&#241;ar.</p><p>Y, poco a poco, tambi&#233;n volvi&#243; a escribir cartas.</p><p>Esa tarde, su padre volvi&#243; a casa con un &#225;rbol de Navidad nuevo y le pidi&#243; que comprara la decoraci&#243;n que m&#225;s le gustara. &#201;l no se atrev&#237;a a elegir nada, por miedo a equivocarse.</p><p>Ella asinti&#243; con una sonrisa y as&#237; lo hizo. El &#225;rbol de aquel a&#241;o qued&#243; brillante, como si trajera algo nuevo a la casa&#8230; una luz distinta, una vida que regresaba poco a poco.</p><p>Cuando lleg&#243; el d&#237;a de la despedida &#8212;porque los hijos siempre acaban dejando la casa de sus padres&#8212;, no lloraron. Tampoco hubo tristeza.</p><p>Porque marcharse no es despedirse.</p><p>Es, de alg&#250;n modo, aprender a volver.</p><p>Porque lo que se va, siempre regresa&#8230; de una forma u otra.</p><p>En casa, la vida sigue, all&#237; donde hay un &#225;rbol de Navidad.</p><p>El camino es largo, pero, al final, siempre vuelves a donde perteneces.</p><p>Est&#225; en la estaci&#243;n de tren, volviendo a casa por Navidad. Los trenes se deslizan, entran y salen de sus cuevas como criaturas vivas.</p><p>Los trenes son mapas: ayudan a la gente a encontrar el camino de regreso a casa&#8230; o, a veces, a huir de ella.</p><p>Un tren es como cada pasajero que lleva dentro: se transforma seg&#250;n sus necesidades y se convierte en refugio de almas perdidas que intentan encontrar el lugar al que pertenecen.</p><p>Ella viaja en el vag&#243;n, como M&#237;o sobre el drag&#243;n que lo conduc&#237;a hacia el reencuentro con su padre&#8230; hacia el lugar donde, por fin, pertenece.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!iKMl!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff475cec4-a91c-431d-8d28-c42b57e5ab4b_640x480.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" 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Georgia.]]></description><link>https://megitopadze.substack.com/p/el-dia-cuando-los-vivos-y-los-muertos</link><guid isPermaLink="false">https://megitopadze.substack.com/p/el-dia-cuando-los-vivos-y-los-muertos</guid><dc:creator><![CDATA[Megi Topadze]]></dc:creator><pubDate>Fri, 27 Mar 2026 16:33:04 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!GmXa!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F1ce40bf1-6b01-4711-bfef-53b911d0bafe_640x401.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>&#171;Vamos a ver a nuestros muertos&#187;, dicen en Georgia.</p><p>Y entonces todo el mundo empieza a prepararse.</p><p>Se hace la Paska &#8212;ese pan dulce de Pascua, alto y dorado&#8212;; se ti&#241;en los huevos de rojo con c&#225;scaras de cebolla o con colorante; se preparan khachapuri y muchas cosas m&#225;s. La comida es para los muertos.</p><p>S&#237;, s&#237;&#8230; lo has o&#237;do bien.</p><p>Todos creen que la comida que se comparte con vecinos y parientes durante estos d&#237;as de Pascua llega tambi&#233;n a ellos, a los que ya no est&#225;n, en ese otro mundo donde ahora viven, sentados en su supra, su mesa eterna.</p><p>Durante la Semana Santa ortodoxa, las casas hierven de vida. Cada familia acude temprano al bazar y a los mercados, esperando a los granjeros que bajan desde los pueblos con productos frescos. Compran sin descanso, cargados de bolsas, negociando con gestos vivos:</p><p>&#8212;B&#225;jame un poco el precio&#8212; dicen las manos.</p><p>A veces ceden. A veces no.</p><p>La ciudad entera huele a campo. A tierra, a leche, a hierba reci&#233;n cortada que llega en furgonetas, junto a hombres de sombreros de paja y rostros curtidos por el sol.</p><p>Por la noche, cuando el caos se disipa, todo el mundo regresa a casa. Y entonces comienza otra ceremonia.</p><p>Las cocinas se llenan de calor, vapor y ruido de batidoras. En los hornos se enciende un fuego que parece la furia de Zeus. Las paskas crecen, se doran, respiran&#8230; y sueltan ese aroma dulce de masa viva y pasas tostadas que asoman a la superficie.</p><p>Preparar Paska no es f&#225;cil &#8212;no te creas&#8212;.</p><p>Requiere paciencia, mimo&#8230; y muchas veces pasar la noche en vela. Porque, claro, si haces, tiene que salir bien. &#191;Te imaginas la verg&#252;enza? Nuestros muertos, en su mundo, merecen paskas perfectas en su supra. Es importante. Mucho.</p><p>Luego llega el turno de los huevos. Se visten de rojo, como si llevaran un abrigo solemne, para representar dignamente a la familia. Y deben ser duros, muy duros&#8230; porque al d&#237;a siguiente comienza la gran competici&#243;n.</p><p>Vecinos contra vecinos.</p><p>Huevos contra huevos.</p><p>Se chocan entre s&#237;, y el que se rompe primero pierde. El ganador se queda con el huevo del otro. Es un juego, s&#237;&#8230; pero tambi&#233;n una peque&#241;a batalla. Y el huevo que ganas &#8212;ese&#8212; sabe a gloria.</p><p>Si alguna vez est&#225;s en Georgia en Pascua y tienes la suerte de participar&#8230; pru&#233;balo.</p><p>Porque, aunque sea un simple huevo duro, hay algo en su sabor que no se puede explicar. Algo que no es de este mundo.</p><p>Cuando cae la noche, se prepara la mesa de vigilia. Se encienden velas de miel que huelen a monasterios ortodoxos antiguos. Todo adquiere un aire sagrado, antiguo, casi m&#225;gico.</p><p>Se brinda con vino.</p><p>Se nombran a los que ya no est&#225;n.</p><p>Se reza por sus almas.</p><p>Y en los rostros se mezcla la tristeza con una leve felicidad. Porque es en este momento del a&#241;o cuando, con hilos invisibles, nos reunimos con ellos. No los vemos&#8230; pero est&#225;n.</p><p>Al amanecer, alguien dice:</p><p>&#171;Vamos a ver a nuestros muertos&#187;.</p><p>Se preparan las cestas, y los cementerios se llenan de vida. Comida, huevos, vino. Los ni&#241;os corren entre las tumbas. La competici&#243;n de huevos rojos vuelve a empezar. El vino se derrama sobre la tierra:</p><p>&#8212;La sangre de Jes&#250;s &#8212;dicen a&#250;n en los pueblos.</p><p>La gente se abraza, r&#237;e, habla con sus muertos. Algunos lloran. Otros no.</p><p>Y as&#237;, una vez al a&#241;o, todo se junta:</p><p>los vivos y los muertos,</p><p>lo terrenal y lo celestial.</p><p>Los portales se abren.</p><p>Y hay una celebraci&#243;n inmensa.</p><p>Al atardecer llega la despedida. Las cestas se recogen. El silencio cae poco a poco. La gente vuelve a casa con paso lento.</p><p>Los portales se cierran.</p><p>Los muertos regresan a su sue&#241;o lit&#250;rgico.</p><p>Y la oscuridad vuelve a cubrir los cementerios de Georgia.</p><p>En las casas, las luces se encienden. Se pone la mesa para la cena. Los vecinos se invitan unos a otros. Y, con una melancol&#237;a suave, la vida contin&#250;a: hablan, comen, ven la televisi&#243;n. Las mujeres se entregan a sus novelas. Los ni&#241;os se duermen.</p><p>Y as&#237; termina el d&#237;a de la Resurrecci&#243;n,</p><p>que en Georgia llaman Agdgoma.</p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!GmXa!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F1ce40bf1-6b01-4711-bfef-53b911d0bafe_640x401.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!GmXa!, /__u/megitopadze.substack.com/w_424, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, /__u/megitopadze.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F1ce40bf1-6b01-4711-bfef-53b911d0bafe_640x401.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!GmXa!, 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isPermaLink="false">https://megitopadze.substack.com/p/yo-soy-el-hobbit</guid><dc:creator><![CDATA[Megi Topadze]]></dc:creator><pubDate>Fri, 27 Mar 2026 05:29:29 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!0DkE!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F843ca191-00dd-4033-b6ec-0ae8d7c36b8a_1080x1080.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>&#171;Se te va a pasar el arroz&#187;.</p><p>La primera vez que me dijeron eso, no entend&#237; su significado. &#191;Qu&#233; ten&#237;a que ver el arroz con mi vida?</p><p>Luego me lo explicaron&#8230; y me re&#237; tanto que hasta los espaguetis se me pasaron, quedaron tan blandos que parec&#237;an un pur&#233;.</p><p>Y as&#237; sigo: seg&#250;n la gente, todo se me va pasando. Yo, siempre un poco detr&#225;s de todo eso que, seg&#250;n los est&#225;ndares de la vida, deber&#237;a haber hecho antes. Ahora, a los cuarenta y tantos, dicen que mi arroz ya est&#225; tan quemado que es incomestible.</p><p>Pero entonces me pregunto: &#191;qu&#233; hay despu&#233;s de los cuarenta, cuando en realidad no te quedaste atr&#225;s, sino que simplemente seguiste tu propio ritmo?</p><p>Dicen que tener hijos y el embarazo es algo maravilloso, pero a m&#237; siempre me dio miedo el dolor.</p><p>Llevo toda la vida embarazada de m&#237; misma, gestando mis miedos: el miedo irracional a perder a alguien, al dolor f&#237;sico y tambi&#233;n al espiritual.</p><p>Veo a las madres que han perdido a sus hijos y s&#233; que no podr&#237;a vivir con un dolor as&#237;. Yo ya he perdido a tantas personas a lo largo de este tiempo&#8230; suficiente.</p><p>No puedo dar la vida a alguien cuando ni siquiera s&#233; qu&#233; es la vida ni en qu&#233; consiste.</p><p>Sigo contemplando el mundo, observ&#225;ndolo en silencio, y a&#250;n no he entendido lo suficiente como para ofrec&#233;rselo a otra persona.</p><p>Mis amigas de toda la vida est&#225;n casadas, con hijos. Poco a poco me fui alejando, porque entend&#237; que ya no hablamos el mismo idioma.</p><p>Yo no s&#233; nada de pa&#241;ales ni de c&#243;mo lidiar con los problemas de los preadolescentes; no entiendo de parques infantiles ni de pediatras. Ese mundo, para m&#237;, es como pisar Marte, buscando vida en otros planetas.</p><p>Ellas fueron perdiendo el inter&#233;s por m&#237;&#8230; y yo, poco a poco, tambi&#233;n lo fui perdiendo por ellas.</p><p>&#171;La felicidad es esto,tener hijos&#187;, siguen insistiendo mis amigas, con el rostro cansado.</p><p>Y yo asiento, como Bilbo Bols&#243;n cuando Gandalf le propone lanzarse a la aventura.</p><p>Entonces descubro algo: yo tambi&#233;n soy ese hobbit.</p><p>El que, al cruzar la puerta de su casa, ya empieza a echar de menos sus libros, su sill&#243;n, el aroma del caf&#233; reci&#233;n hecho, la m&#250;sica suave, las pel&#237;culas a media luz&#8230;</p><p>Ese que a&#241;ora, por encima de todo, el refugio &#237;ntimo de su silencio y su soledad.</p><p>Entonces empiezo, poco a poco, a entender que la vida consiste en descubrir qu&#233; tipo de criatura eres: el mago, el hobbit&#8230; o aquello que t&#250; decides ser.</p><p>Es tan simple como un arroz pasado, que para algunos sabe a gloria.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!0DkE!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F843ca191-00dd-4033-b6ec-0ae8d7c36b8a_1080x1080.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!0DkE!, /__u/megitopadze.substack.com/w_424, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, /__u/megitopadze.substack.com/q_auto:good, /__u/megitopadze.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F843ca191-00dd-4033-b6ec-0ae8d7c36b8a_1080x1080.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!0DkE!, /__u/megitopadze.substack.com/w_848, /__u/megitopadze.substack.com/c_limit, /__u/megitopadze.substack.com/f_webp, 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sizes="100vw"><img src="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!0DkE!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F843ca191-00dd-4033-b6ec-0ae8d7c36b8a_1080x1080.jpeg" width="1080" height="1080" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/843ca191-00dd-4033-b6ec-0ae8d7c36b8a_1080x1080.jpeg&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:&quot;normal&quot;,&quot;height&quot;:1080,&quot;width&quot;:1080,&quot;resizeWidth&quot;:null,&quot;bytes&quot;:97861,&quot;alt&quot;:null,&quot;title&quot;:null,&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;href&quot;:null,&quot;belowTheFold&quot;:true,&quot;topImage&quot;:false,&quot;internalRedirect&quot;:null,&quot;isProcessing&quot;:false,&quot;align&quot;:null,&quot;offset&quot;:false}" class="sizing-normal" alt="" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!0DkE!, 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apoyaba en unas muletas de madera.</p><p>Le gustaba sentarse en el escal&#243;n de su casa, donde los rayos del sol ca&#237;an durante todo el d&#237;a. Se quitaba la pierna postiza, la dejaba a un lado, se pon&#237;a las gafas y tej&#237;a.</p><p>Yo la observaba desde el balc&#243;n de la casa de mi t&#237;a, donde pasaba algunos d&#237;as en verano para hacerle compa&#241;&#237;a. Siempre la saludaba con la mano y una sonrisa; ella respond&#237;a del mismo modo. Su rostro arrugado se plegaba a&#250;n m&#225;s al sonre&#237;r, y entonces me recordaba a la Baba Yaga, esa criatura antigua y enigm&#225;tica de la mitolog&#237;a rusa que habita en lo profundo del bosque.</p><p>Hablaba mal el georgiano. Era medio ucraniana, medio jud&#237;a. Hab&#237;a llegado con su marido despu&#233;s de que estallara la guerra, cuando Hitler atac&#243; la Uni&#243;n Sovi&#233;tica. All&#237; conoci&#243; a quien ser&#237;a su futuro esposo.</p><p>&#191;Se enamor&#243;? No lo s&#233;. Porque, seg&#250;n ella:</p><p>&#8212;Yo huir de hambre, de la guerra y de los alemanes. Aqu&#237; estaba m&#225;s segura &#8212;dec&#237;a.</p><p>Perdi&#243; la pierna despu&#233;s del embarazo. No sabemos exactamente qu&#233; ocurri&#243;; ella nunca hablaba de ello, y mi t&#237;a, a&#250;n menos. Pero lo cierto es que, tras quedar inv&#225;lida, su marido la despreci&#243;: llev&#243; a otra mujer a la casa, una que se encargaba de cuidar al beb&#233;, y a ella le prohibi&#243; acercarse.</p><p>Le dec&#237;a que era una mujer maldita, que tra&#237;a mala suerte.</p><p>Y as&#237;, sin decir nada, se instal&#243; en una habitaci&#243;n del primer piso y vivi&#243; como una extra&#241;a: para su hija, para su marido y para los nietos que llegaron despu&#233;s.</p><p>As&#237; vivi&#243; toda su vida, marginada por su propia familia.</p><p>Luego muri&#243; su marido, y su hija se march&#243; a otra ciudad, donde se cas&#243; y empez&#243; una nueva vida. Ella se qued&#243; sola.</p><p>Mi t&#237;a era quien la cuidaba: le llevaba comida, hac&#237;a la compra por ella y, casi siempre, le tra&#237;a hilos para tejer, aquello que tanto la hac&#237;a feliz. Dec&#237;a que hab&#237;a aprendido de su madre &#8212;que en paz descanse&#8212;, una mujer muy talentosa y de gran belleza, con ojos azules.</p><p>Lo contaba con una nostalgia suave, como si en cada palabra a&#250;n pudiera tocar un poco de aquel pasado que nunca termin&#243; de irse.</p><p>Un verano nos hicimos amigas. Mi t&#237;a me pidi&#243; que le llevara el queso fresco que hab&#237;a comprado d&#237;as antes y que no hab&#237;a tenido tiempo de darle. Fui con entusiasmo.</p><p>Como siempre, ella estaba sentada en su escal&#243;n.</p><p>&#8212;Hola, abuela Tasiko. Te traigo queso; lo guardar&#233; en la nevera.</p><p>Ella se cubri&#243; los ojos con la mano para mirarme mejor y asinti&#243; en silencio. Cuando sal&#237; de la cocina, me invit&#243; a sentarme con ella.</p><p>&#8212;Ven, si&#233;ntate conmigo un rato.</p><p>Le hice caso, y nos quedamos mirando el horizonte juntas. Ella segu&#237;a tejiendo sin mirar: de tanto hacerlo, sus manos guardaban una memoria imborrable.</p><p>Despu&#233;s de un silencio, me dice:</p><p>&#8212;Cu&#233;ntame alguna historia, lo que sea.</p><p>&#8212;&#191;Historia? &#8212;me qued&#233; pensando.</p><p>&#8212;S&#237;. Yo nunca he salido de este lugar. No s&#233; qu&#233; pasa en el mundo&#8230; quiero verlo a trav&#233;s de tus ojos &#8212;dice, y me mira con una sonrisa y unos ojos azul desgastado por el paso del tiempo.</p><p>Me qued&#233; mir&#225;ndola un rato y empec&#233; a contar historias: de tierras lejanas y cercanas, las que hab&#237;a o&#237;do y las que no; me las inventaba. De la gente que conoc&#237;a y de la que no. Empec&#233; a mezclar historias de libros con las de la vida real. Le hablaba de amores felices y desgraciados, de la muerte y de la vida, de los bosques y de los oc&#233;anos, y de todos sus habitantes.</p><p>Ella escuchaba mirando al cielo, tejiendo con sus manos viejas. A trav&#233;s de mis historias, viv&#237;a la vida que nunca le hab&#237;a tocado vivir. So&#241;aba con amores y desamores. Llor&#243; cuando Jane Eyre volvi&#243; a buscar a Mister Rochester en su castillo quemado y lo encontr&#243; ciego. Llor&#243; cuando se hundi&#243; el Titanic. Se imaginaba a los dioses del Olimpo y a Helena, con su pelo de oro, por la que estall&#243; la guerra y se levantaron las pasiones.</p><p>Al terminar mis relatos, se desped&#237;a bes&#225;ndome la mano. Me daba un caramelo y me dec&#237;a:</p><p>&#8212;&#191;Ma&#241;ana vendr&#225;s?</p><p>&#8212;S&#237;, abuela Tasiko. Ma&#241;ana seguimos.</p><p>Y me iba a casa de mi t&#237;a.</p><p>Amanec&#237;a y volv&#237;a corriendo otra vez, para sentarnos en el escal&#243;n y viajar por ese mundo de fantas&#237;a, donde a la abuela Tasiko no le faltaba la pierna: pod&#237;a correr conmigo, cruzar monta&#241;as, subir a la m&#225;quina del tiempo y viajar al pasado. Est&#225;bamos juntas, sentadas en los aposentos de Julio C&#233;sar, la noche antes de que lo asesinaran y un d&#237;a casi nos ca&#237;mos del cuello del drag&#243;n el que nos salv&#243; huyendo de los Goliath de las monta&#241;as altas de C&#225;ucaso.</p><p>Termin&#243; mi &#250;ltimo d&#237;a antes de volver a casa, y lleg&#243; el momento de despedirnos. Otra vez me cogi&#243; la mano, me la bes&#243;, luego la apoy&#243; en su mejilla y dijo:</p><p>&#8212;&#191;Vas a volver para Navidad?</p><p>&#8212;S&#237;, con mi madre &#8212;le dije.</p><p>&#8212;Entonces seguiremos &#8212;me contest&#243;, entusiasmada.</p><p>La abrac&#233;. La ayud&#233; a levantarse y a acomodar sus muletas. Esper&#233; a que cerrara la puerta y volv&#237; a casa de mi t&#237;a.</p><p>Pasaron meses y regres&#233; por Navidad. Al entrar, quise ir enseguida a saludar a la abuela Tasiko, cuando mi t&#237;a me detuvo y me dijo que ya no estaba, que se hab&#237;a marchado. Unos parientes suyos, que la estaban buscando, la hab&#237;an encontrado a trav&#233;s de mi t&#237;a y se la hab&#237;an llevado a Ucrania, para estar por fin con su hermana, que a&#250;n viv&#237;a. All&#237;, ahora, estar&#237;a feliz.</p><p>No sab&#237;a explicar lo que sent&#237;a en ese momento: tristeza, decepci&#243;n, felicidad por ella&#8230; o enfado por no haber podido despedirme.</p><p>Estaba perdida en esos pensamientos cuando mi t&#237;a me dio una bolsa de pl&#225;stico. Dentro hab&#237;a un jersey amarillo, como el coraz&#243;n de las margaritas.</p><p>&#8212;La abuela Tasiko te dej&#243; este regalo &#8212;me dijo&#8212;. Y me pidi&#243; que te dijera que puede que este color no te guste, pero que as&#237; es como ella te ve: como el sol que la abrigaba con su calor en su escal&#243;n y siempre te llevar&#225; en su coraz&#243;n,hasta el &#250;ltimo aliento. </p><p>Me sent&#233; en la silla de la cocina, junto a la ventana, desde donde se ve&#237;a perfectamente la casa de la abuela Tasiko y su escal&#243;n. El d&#237;a era gris, y todo parec&#237;a haber perdido el color.</p><p>El escal&#243;n &#8212;aquel portal hacia nuestro mundo de fantas&#237;a&#8212; hab&#237;a quedado desierto, como si a&#250;n esperara a alguien que ya no iba a volver jam&#225;s.</p><p>Sin darme cuenta, estaba  llorando,Mi t&#237;a estaba a mi lado, acarici&#225;ndome el pelo.</p><p> Desde el fondo del sal&#243;n se escuchaba la melod&#237;a &#8220;somewhere in my memories&#8221; de la pel&#237;cula &#8220;Solo en casa&#8221;, y el aire ol&#237;a a bizcocho de manzana.</p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!U4RS!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F36f38137-fb4b-4122-9de3-1e3062d88863_540x360.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" 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