<script data-pm-proxy="intercept"></script><?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0"><channel><title><![CDATA[Valeria Mendez]]></title><description><![CDATA[Politóloga y escritora ocasional. Escribo sobre política para gente que sabe mucho, poco o nada. Obsesionada con el lenguaje del poder y lo que repetimos sin entender. A veces académica, a veces insoportable, siempre curiosa.]]></description><link>https://queridoelector.substack.com</link><image><url>https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!OJYP!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fac4c8c90-74a9-4281-8cd3-23197e95c4d6_1179x1179.png</url><title>Valeria Mendez</title><link>https://queridoelector.substack.com</link></image><generator>Substack</generator><lastBuildDate>Tue, 01 Sep 2026 17:37:11 GMT</lastBuildDate><atom:link href="/__u/queridoelector.substack.com/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/><copyright><![CDATA[Valeria Mendez]]></copyright><language><![CDATA[es]]></language><webMaster><![CDATA[queridoelector@substack.com]]></webMaster><itunes:owner><itunes:email><![CDATA[queridoelector@substack.com]]></itunes:email><itunes:name><![CDATA[Valeria Mendez]]></itunes:name></itunes:owner><itunes:author><![CDATA[Valeria Mendez]]></itunes:author><googleplay:owner><![CDATA[queridoelector@substack.com]]></googleplay:owner><googleplay:email><![CDATA[queridoelector@substack.com]]></googleplay:email><googleplay:author><![CDATA[Valeria Mendez]]></googleplay:author><itunes:block><![CDATA[Yes]]></itunes:block><item><title><![CDATA[La dignidad también vota]]></title><description><![CDATA[A veces no votamos para estar mejor. Votamos para dejar de sentirnos menos.]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/la-dignidad-tambien-vota</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/la-dignidad-tambien-vota</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 30 Aug 2026 15:56:29 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Q01B!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F707a1c5d-2979-4f58-afa1-2b4f861f16dd_1080x942.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/queridoelector.substack.com/subscribe"><span>Subscribe now</span></a></p><p style="text-align: justify;"><strong>Querido Elector:</strong></p><p style="text-align: justify;">Esta semana estuve leyendo un libro que mencion&#225;bamos mucho en las clases de la maestr&#237;a. Cada vez que alguien tra&#237;a ese ejemplo a colaci&#243;n, a m&#237; me encantaba escucharlo &#8212; se me qued&#243; grabado, y lo comentaba cada vez que pod&#237;a. Esta semana, casi por casualidad, volv&#237; a leerlo. Y no tuve ninguna duda de que este era el tema del domingo &#8212; uno que, tanto a ustedes como a m&#237;, nos va a dejar bastante en qu&#233; pensar.</p><p>El libro se llama <em>En busca del respeto</em>, y es la investigaci&#243;n que hizo el antrop&#243;logo Philippe Bourgois durante cinco a&#241;os, viviendo con su esposa y su hijo en East Harlem, Nueva York. Era finales de los a&#241;os ochenta, la epidemia de crack atravesaba el barrio y Bourgois quer&#237;a entender algo que, visto desde afuera, parec&#237;a dif&#237;cil de explicar: por qu&#233; tantos j&#243;venes puertorrique&#241;os terminaban encontrando en la econom&#237;a de la calle una alternativa al mercado laboral legal.</p><p style="text-align: justify;">Para averiguarlo hizo algo que los antrop&#243;logos hacen mejor que casi nadie: se qued&#243;.</p><p style="text-align: justify;">Convivi&#243; con vendedores de crack, pas&#243; horas en los lugares donde trabajaban, escuch&#243; sus conversaciones, conoci&#243; sus familias y reconstruy&#243; sus experiencias laborales. El resultado fue <em>En busca del respeto</em>, una etnograf&#237;a que termin&#243; diciendo bastante m&#225;s sobre la sociedad estadounidense que sobre las drogas.</p><p style="text-align: justify;">Porque muchos de los hombres que Bourgois conoci&#243; s&#237; hab&#237;an trabajado en la econom&#237;a formal. Hab&#237;an tenido jefes, horarios, uniformes, salarios y todas esas cosas que solemos colocar del lado correcto de la vida.</p><p style="text-align: justify;">El problema era que ese mundo tampoco los recib&#237;a precisamente con los brazos abiertos.</p><p style="text-align: justify;">Nueva York estaba atravesando una transformaci&#243;n econ&#243;mica profunda. Los empleos industriales que durante d&#233;cadas hab&#237;an servido de puerta de entrada para trabajadores sin educaci&#243;n universitaria desaparec&#237;an, mientras crec&#237;an trabajos de servicios que exig&#237;an otros c&#243;digos, otras formas de hablar, otras maneras de presentarse y relacionarse. Para muchos de los j&#243;venes que Bourgois entrevist&#243;, incorporarse a ese mercado significaba tambi&#233;n entrar en espacios donde se sent&#237;an constantemente subordinados, desplazados o humillados.</p><p style="text-align: justify;">La calle ofrec&#237;a otra cosa.</p><p style="text-align: justify;">No una vida mejor. Bourgois es demasiado cuidadoso como para romantizarla: la violencia, las drogas y la econom&#237;a ilegal terminaban destruyendo a muchos de quienes participaban en ella y a sus propias comunidades.</p><p style="text-align: justify;">Pero ofrec&#237;a algo que el trabajo formal muchas veces no hab&#237;a conseguido darles:</p><p style="text-align: justify;"><strong>respeto.</strong></p><p style="text-align: justify;">Autonom&#237;a. Posici&#243;n. La posibilidad de dejar de sentirse el &#250;ltimo de la fila.</p><p style="text-align: justify;">Y eso cambia un poco la pregunta. Porque desde afuera resulta sencillo observar una decisi&#243;n y pensar: <em>&#191;c&#243;mo puede elegir eso si esto otro claramente le conviene m&#225;s?</em> Desde adentro, quiz&#225; las cosas no se est&#233;n midiendo con la misma unidad.</p><p style="text-align: justify;">Este art&#237;culo, en todo caso, no es sobre vendedores de crack en Nueva York.</p><p style="text-align: justify;">Es sobre pol&#237;tica.</p><h2>El votante que llevamos a&#241;os inventando</h2><p style="text-align: justify;">Nos gusta imaginar al votante como una especie de peque&#241;o economista. Alguien que llega a una elecci&#243;n, revisa su salario, mira la inflaci&#243;n, compara los impuestos, calcula qu&#233; candidato le entregar&#225; m&#225;s beneficios y deposita el voto que maximiza su bienestar.</p><p style="text-align: justify;">Despu&#233;s llegan las elecciones de verdad, millones de personas votan de maneras que no encajan perfectamente en esa cuenta, y comenzamos a preguntar por qu&#233; alguien votar&#237;a &#8220;contra sus propios intereses&#8221;.</p><p style="text-align: justify;">Tal vez el problema est&#233; en c&#243;mo definimos esos intereses.</p><p style="text-align: justify;">Porque las personas quieren ganar m&#225;s dinero, por supuesto. Pero tambi&#233;n quieren que las respeten. Quieren sentir que su trabajo vale. Que sus preocupaciones no son rid&#237;culas. Que su manera de hablar no las convierte en ignorantes. Que el lugar donde nacieron no las hace menos importantes. Que los sacrificios que hicieron sirvieron para algo. Que cuando alguien dice &#8220;la gente&#8221;, tambi&#233;n est&#225; hablando de ellas.</p><p style="text-align: justify;">La ciencia pol&#237;tica ha empezado a prestar cada vez m&#225;s atenci&#243;n a algo que durante mucho tiempo qued&#243; escondido detr&#225;s de variables m&#225;s f&#225;ciles de medir: la posici&#243;n que creemos ocupar frente a los dem&#225;s. No &#250;nicamente cu&#225;nto tenemos, sino cu&#225;nto sentimos que valemos. No solamente ingreso. Tambi&#233;n reconocimiento.</p><p style="text-align: justify;">Los polit&#243;logos Noam Gidron y Peter Hall han estudiado precisamente lo que llaman <em>estatus social subjetivo</em>: la cantidad de respeto, reconocimiento y estima que una persona siente que recibe dentro de la sociedad. Su trabajo, hecho con datos de m&#225;s de veinte democracias, encontr&#243; una relaci&#243;n entre sentirse marginado socialmente y el apoyo a movimientos populistas, tanto de derecha como de izquierda. Pero su argumento m&#225;s interesante no consiste en reemplazar la econom&#237;a por la identidad. Consiste en mostrar por qu&#233; separarlas puede ser absurdo.</p><p style="text-align: justify;">Perder un empleo no significa solamente perder un sueldo. Puede significar dejar de ser el hombre que mantiene a su familia. Ver desaparecer una industria no significa &#250;nicamente perder una fuente de ingresos: puede significar ver desaparecer un oficio que durante generaciones daba prestigio a una comunidad. Y ascender econ&#243;micamente tampoco garantiza sentirse respetado.</p><p style="text-align: justify;">El bolsillo y la dignidad no viven en habitaciones separadas.</p><p style="text-align: justify;">Y si esa p&#233;rdida de estatus se siente como una herida, tiene sentido que tarde o temprano aparezca alguien dispuesto a nombrarla. Ah&#237; es donde entra el outsider: no un partido ni una ideolog&#237;a, sino un tipo de candidato que se presenta como ajeno al poder que &#8212;seg&#250;n sienten buena parte de sus votantes&#8212; lleva a&#241;os sin mirarlos. Puede venir de los negocios, de la televisi&#243;n, de las redes, o incluso llevar d&#233;cadas en la pol&#237;tica y aun as&#237; lograr proyectarse como forastero. Lo que vende no es su hoja de vida. Es la distancia frente a quienes, seg&#250;n su electorado, los ningunearon primero.</p><h2>&#8220;Por lo menos &#233;l nos entiende&#8221;</h2><p style="text-align: justify;">Esa distancia es una de las ventajas pol&#237;ticas m&#225;s poderosas que puede tener un candidato. No necesita mejores propuestas, ni m&#225;s experiencia, ni siquiera demostrar que es realmente parecido a las personas que dice representar. A veces basta con convencerlas de algo mucho m&#225;s sencillo:</p><p style="text-align: justify;"><strong>yo no soy de los que los miran por encima del hombro.</strong></p><p style="text-align: justify;">Las instituciones tienen expertos. El outsider tiene una historia. Las instituciones tienen procedimientos. El outsider tiene enemigos. Las instituciones explican. El outsider se&#241;ala con el dedo a alguien y dice: <em>ellos fueron los que les hicieron esto.</em></p><p style="text-align: justify;">Y, sobre todo, hace algo que muchas instituciones dejaron de hacer hace tiempo: habla directamente con alguien.</p><p style="text-align: justify;">No es casual que esta pol&#237;tica haya encontrado en las redes sociales un ecosistema perfecto. Durante buena parte de la historia moderna, un ciudadano conoc&#237;a a un presidente a trav&#233;s de discursos, entrevistas y apariciones cuidadosamente preparadas. Ahora lo puede ver desayunando, en el carro, con los hijos. Enojado. Equivoc&#225;ndose. Insultando, contest&#225;ndole a alguien en X, grab&#225;ndose con el tel&#233;fono desde una habitaci&#243;n mal iluminada.</p><p style="text-align: justify;">Hay algo profundamente pol&#237;tico en esa aparente falta de pol&#237;tica.</p><p style="text-align: justify;">Los estudios sobre las llamadas <em>relaciones parasociales</em> muestran que podemos desarrollar una sensaci&#243;n de cercan&#237;a con figuras p&#250;blicas que nunca nos han conocido. No creemos literalmente que sean nuestros amigos, pero comenzamos a sentir que sabemos qui&#233;nes son. Que los conocemos. Que son aut&#233;nticos. Que &#8220;hablan como nosotros&#8221;. Un estudio sobre el fen&#243;meno encontr&#243; que esa cercan&#237;a sentida hacia Donald Trump se relacionaba con el apoyo pol&#237;tico hacia &#233;l.</p><p style="text-align: justify;">Eso no significa que Instagram decida una elecci&#243;n. Significa algo m&#225;s interesante: <strong>la distancia entre representante y representado tambi&#233;n se ha convertido en una variable pol&#237;tica.</strong></p><p style="text-align: justify;">Cuando alguien siente que las instituciones no lo escuchan, que un candidato parezca dispuesto a escucharlo puede importar tanto como lo que propone hacer despu&#233;s.</p><h2>Yo hice la fila</h2><p style="text-align: justify;">Pero hay otra forma de dignidad que me parece todav&#237;a m&#225;s dif&#237;cil de mirar. No tiene que ver con quienes sienten que nunca los dejaron entrar. Tiene que ver con quienes sienten que hicieron todo lo que les dijeron que deb&#237;an hacer para conseguirlo.</p><p style="text-align: justify;">Trabajaron. Esperaron. Pagaron. Cumplieron las reglas sin pedir ayuda, se levantaron temprano, aguantaron al jefe, hicieron los papeles, ahorraron.</p><p style="text-align: justify;">Y entonces ven que alguien que viene detr&#225;s recibe una ayuda, una oportunidad o un derecho que a ellos les cost&#243; a&#241;os conseguir.</p><p style="text-align: justify;">La reacci&#243;n desde afuera puede parecer absurda. <em>Si t&#250; sufriste, &#191;por qu&#233; quieres que el otro tambi&#233;n sufra?</em> Es una pregunta razonable. Pero probablemente no sea la &#250;nica.</p><p style="text-align: justify;">En econom&#237;a conductual existe un fen&#243;meno llamado <em>last-place aversion</em>: la aversi&#243;n a ocupar el &#250;ltimo lugar. En una serie de experimentos, los investigadores encontraron que quienes estaban apenas por encima de la &#250;ltima posici&#243;n pod&#237;an comportarse de maneras especialmente orientadas a conservar esa distancia. En datos estadounidenses encontraron, adem&#225;s, que las personas que ganaban apenas por encima del salario m&#237;nimo estaban entre las m&#225;s proclives a oponerse a aumentarlo.</p><p style="text-align: justify;">No porque convertirse en el &#250;ltimo sea necesariamente una cat&#225;strofe econ&#243;mica. Sino porque las posiciones relativas tambi&#233;n importan. A veces no estamos defendiendo solamente cu&#225;nto tenemos. Estamos defendiendo <strong>la distancia que nos cost&#243; conseguir</strong>.</p><p style="text-align: justify;">Y eso permite mirar de otra manera una frase que aparece constantemente en las discusiones pol&#237;ticas: <em>&#8220;Si yo pude, &#191;por qu&#233; ellos no?&#8221;</em></p><p style="text-align: justify;">Puede haber ego&#237;smo ah&#237;. Puede haber prejuicio. Puede haber desinformaci&#243;n. Pero tambi&#233;n puede existir algo m&#225;s inc&#243;modo: la necesidad de creer que nuestro propio sacrificio tuvo sentido.</p><h2>Quien hizo la fila bien</h2><p style="text-align: justify;">Un cubano de Raleigh, Carolina del Norte, cruz&#243; la frontera con M&#233;xico en 2006, con veintinueve a&#241;os, despu&#233;s de salir de Manzanillo, en el oriente de la isla. Se acogi&#243; a la Ley de Ajuste Cubano, trabaj&#243; sin parar y, cinco a&#241;os despu&#233;s, se hizo ciudadano. En sus primeros meses en el pa&#237;s, mientras tramitaba el permiso de trabajo, recibi&#243; estampillas de comida. Las dej&#243; apenas pudo emplearse. A&#241;os despu&#233;s, en una entrevista con <em>El Pa&#237;s</em>, describir&#237;a a quienes se acomodan en esas ayudas con una frase que resume buena parte de esta historia: le parec&#237;a, dijo, <em>un abuso</em>.</p><p style="text-align: justify;">En 2024 vot&#243; por Donald Trump &#8212; el mismo candidato que promet&#237;a la deportaci&#243;n masiva de inmigrantes indocumentados, algunos de ellos tan cubanos como &#233;l. No vio ninguna contradicci&#243;n. &#201;l mismo hab&#237;a ayudado a traer a parte de su familia mediante un programa de asilo humanitario que Trump amenazaba con eliminar, y aun as&#237; distingu&#237;a con total claridad entre quien, como &#233;l, &#8220;vino a trabajar&#8221; y quien entr&#243; sin hacer el tr&#225;mite correspondiente.</p><p style="text-align: justify;">Ese caso no es una excepci&#243;n. En 2024, el apoyo latino a Trump subi&#243; del 35 % al 43 % a nivel nacional. En Doral, la mayor comunidad venezolana de Estados Unidos, gan&#243; con el 61 % de los votos. En Hialeah, basti&#243;n cubanoamericano, con el 76 %. Cerca de dos tercios de los votantes cubanos de Florida lo respaldaron ese a&#241;o.</p><p style="text-align: justify;">Esa misma l&#243;gica se repite en entrevista tras entrevista: no defienden la deportaci&#243;n <em>a pesar</em> de ser inmigrantes o hijos de inmigrantes. La defienden <em>porque</em> ellos, o sus padres, hicieron el camino como se deb&#237;a &#8212; con papeles, con espera, con las reglas. Si est&#225;s aqu&#237; incumpli&#233;ndolas, tienes que asumir las consecuencias.</p><p style="text-align: justify;">Hay una vuelta de tuerca todav&#237;a m&#225;s inc&#243;moda: buena parte de los propios agentes encargados hoy de las deportaciones tambi&#233;n son latinos, muchos con apellido hispano y ra&#237;ces en las comunidades donde operan. La explicaci&#243;n no siempre es ideol&#243;gica. En zonas donde el trabajo digno escasea, ese uniforme ofrece algo que el mercado laboral no: estabilidad, autoridad, un lugar fijo en la fila.</p><p style="text-align: justify;">Y la fila, al final, no perdon&#243; ni siquiera a quienes ayud&#243; a ganar la elecci&#243;n: en 2025, Estados Unidos deport&#243; a m&#225;s de 4.800 cubanos. El respaldo, para 2026, se hab&#237;a erosionado con fuerza &#8212; la aprobaci&#243;n de Trump entre latinos cay&#243; a poco m&#225;s de un tercio, y siete de cada diez empezaron a decir que el gobierno se hab&#237;a pasado de la raya con la aplicaci&#243;n de la ley migratoria. La misma dignidad que muchos fueron a buscar en la fila termin&#243;, para no pocos, convertida en la humillaci&#243;n de ver a sus propios vecinos &#8212;a veces a su propia familia&#8212; tratados como una amenaza.</p><p style="text-align: justify;">La dignidad, aqu&#237;, no se organiz&#243; por identidad compartida. Se organiz&#243; por qui&#233;n sent&#237;a que hab&#237;a hecho la fila bien.</p><p style="text-align: justify;">Y esas heridas tambi&#233;n se cobran. La instituci&#243;n que trata una preocupaci&#243;n real como ignorancia. La campa&#241;a que decide que ciertos votantes est&#225;n demasiado mal informados para merecer una explicaci&#243;n, y luego se sorprende cuando alguien m&#225;s aparece dispuesto a d&#225;rsela. El pol&#237;tico que usa <em>atrasado</em>, <em>resentido</em>, <em>bruto</em>, <em>vendido</em> o <em>facho</em> para no tener que entender por qu&#233; alguien vot&#243; distinto.</p><p style="text-align: justify;">Un outsider puede convertir esas heridas en rabia. Un populista puede convertirlas en una identidad. Un candidato puede se&#241;alar una &#233;lite, una instituci&#243;n, una minor&#237;a, un inmigrante, un empresario, un periodista, un pol&#237;tico tradicional o cualquier otro adversario y construir una explicaci&#243;n sencilla: <strong>t&#250; no est&#225;s donde mereces estar porque ellos te quitaron tu lugar.</strong></p><p style="text-align: justify;">El culpable cambia. La promesa se parece: <em>conmigo volver&#225;n a respetarte.</em></p><p style="text-align: justify;">Y esa promesa puede ser extraordinariamente poderosa incluso cuando viene de alguien que no tiene ninguna intenci&#243;n real de mejorar la vida de quien la escucha. Porque ser reconocido tambi&#233;n se siente como recibir algo.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Q01B!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F707a1c5d-2979-4f58-afa1-2b4f861f16dd_1080x942.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Q01B!, /__u/queridoelector.substack.com/w_424, /__u/queridoelector.substack.com/c_limit, /__u/queridoelector.substack.com/f_webp, /__u/queridoelector.substack.com/q_auto:good, /__u/queridoelector.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F707a1c5d-2979-4f58-afa1-2b4f861f16dd_1080x942.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Q01B!, /__u/queridoelector.substack.com/w_848, 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style="text-align: justify;"></p><h2>La dignidad tambi&#233;n vota</h2><p style="text-align: justify;">Nada de esto significa que podamos explicar una elecci&#243;n diciendo que &#8220;la gente vot&#243; por dignidad&#8221;. Ser&#237;a tan absurdo como explicar todo por la inflaci&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Las personas votamos por inter&#233;s, por miedo, por identidad, por costumbre, por partido, por econom&#237;a, por rechazo, por esperanza, por candidatos. Y s&#237;, tambi&#233;n por la posici&#243;n que sentimos que ocupamos en el mundo.</p><p style="text-align: justify;">El error consiste en asumir que esta &#250;ltima es menos real porque no podemos medirla en pesos.</p><p style="text-align: justify;">Tal vez por eso algunas instituciones se sorprenden tanto cuando pierden. Pueden demostrar que una pol&#237;tica aument&#243; determinado ingreso, construy&#243; determinado n&#250;mero de viviendas o mejor&#243; determinado indicador, y aun as&#237; encontrarse frente a ciudadanos que sienten que nadie los escucha. Pueden estar t&#233;cnicamente en lo correcto y pol&#237;ticamente haber perdido hace mucho tiempo.</p><p style="text-align: justify;">Porque gobernar no consiste &#250;nicamente en distribuir recursos. Tambi&#233;n significa distribuir reconocimiento. Decidir qui&#233;n es escuchado. Qu&#233; sufrimiento merece un nombre. Qu&#233; preocupaci&#243;n es leg&#237;tima. Qui&#233;n aparece en la conversaci&#243;n p&#250;blica y qui&#233;n &#250;nicamente aparece en las estad&#237;sticas.</p><p style="text-align: justify;">Bourgois encontr&#243; en East Harlem hombres que buscaron en la calle el respeto que sent&#237;an que el mundo legal les negaba. Y ah&#237; est&#225; lo m&#225;s dif&#237;cil de asimilar de su hallazgo: no es que esa b&#250;squeda terminara mal por accidente o porque el peligro los alcanzara. Es que la misma resistencia que les devolv&#237;a, por momentos, autonom&#237;a, posici&#243;n y reconocimiento, profundizaba al mismo tiempo la marginaci&#243;n de la que intentaban escapar &#8212;encerr&#225;ndolos todav&#237;a m&#225;s en el sistema del que hu&#237;an, y arrastrando con ellos a sus familias y a su propia comunidad.</p><p style="text-align: justify;">Un votante frente a una urna no es un vendedor de crack en East Harlem. Las circunstancias no son comparables.</p><p style="text-align: justify;">Pero la paradoja humana s&#237; lo es.</p><p style="text-align: justify;">A veces necesitamos tanto dejar de sentirnos menos que estamos dispuestos a aceptar costos enormes con tal de recuperar nuestro lugar.</p><p style="text-align: justify;">Tambi&#233;n pol&#237;ticamente.</p><p style="text-align: justify;">La necesidad de que nuestro esfuerzo haya valido la pena puede hacernos rechazar para otros la ayuda que nosotros nunca tuvimos. La necesidad de recuperar una posici&#243;n perdida puede hacernos respaldar a quien promete devolvernos dignidad, incluso cuando las decisiones que toma despu&#233;s deterioran nuestra propia vida, la de nuestros hijos o la de nuestra comunidad. Y la necesidad de sentir que finalmente alguien nos escucha puede volver secundario preguntarnos qu&#233; har&#225; esa persona una vez tenga el poder.</p><p style="text-align: justify;">Ah&#237; est&#225; quiz&#225;s la parte m&#225;s inc&#243;moda de la dignidad: no siempre aquello que nos la devuelve termina haci&#233;ndonos bien. En pol&#237;tica, como en la calle de East Harlem, podemos confundir sentirnos reivindicados con estar mejor.</p><p style="text-align: justify;">Ser escuchados con ser representados.</p><p style="text-align: justify;">Castigar a quien despreciamos con gobernar a nuestro favor.</p><p style="text-align: justify;">Y podemos descubrir demasiado tarde que la factura que quer&#237;amos cobrarle al sistema termin&#243; llegando tambi&#233;n a nuestra casa.</p><p style="text-align: justify;">Por eso el desaf&#237;o no puede ser pedirle a la gente que deje de votar desde sus heridas. Todos tenemos alguna.</p><p style="text-align: justify;">Tiene que ser algo bastante m&#225;s dif&#237;cil: reconocer cu&#225;ndo alguien est&#225; curando esa herida y cu&#225;ndo simplemente aprendi&#243; a usarla.</p><p style="text-align: justify;">Quiz&#225; esa sea una pregunta m&#225;s &#250;til antes de entrar al cuarto oscuro:</p><p style="text-align: justify;">&#191;este voto est&#225; defendiendo mi dignidad o alguien est&#225; usando mi necesidad de recuperarla para llevarme a pagar un precio que todav&#237;a no veo?</p><p style="text-align: justify;">La dignidad tambi&#233;n vota.</p><p style="text-align: justify;">Y, precisamente por eso, conviene mirar muy bien a qui&#233;n se la entregamos.</p><p style="text-align: justify;">Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p style="text-align: justify;"><em>Valeria Mendez</em></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El delito de cambiar de opinión]]></title><description><![CDATA[Una exploraci&#243;n sobre la coherencia, la humildad intelectual y el extra&#241;o prestigio de no cambiar nunca]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/el-delito-de-cambiar-de-opinion</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/el-delito-de-cambiar-de-opinion</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 23 Aug 2026 14:38:37 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!zNLi!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F15013d56-3eb8-48f8-9780-065b2319f85b_1000x1059.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/queridoelector.substack.com/subscribe"><span>Subscribe now</span></a></p><p><strong>Querido Elector:</strong></p><p style="text-align: justify;">Hay una frase que funciona casi como una prueba de culpabilidad:</p><p style="text-align: justify;"><em>&#8220;Pero t&#250; antes pensabas otra cosa.&#8221;</em></p><p style="text-align: justify;">Puede venir acompa&#241;ada de una captura de pantalla de hace ocho a&#241;os, una entrevista antigua o ese video que alguien se tom&#243; el trabajo de encontrar para demostrar que, efectivamente, alguna vez dijiste exactamente lo contrario de lo que sostienes hoy.</p><p style="text-align: justify;">Y normalmente el caso parece cerrado.</p><p style="text-align: justify;">Te contradijiste.</p><p style="text-align: justify;">Hay algo curioso en esto. Esperamos que una persona lea, viaje, se equivoque, conozca gente, atraviese p&#233;rdidas, acumule experiencias, encuentre informaci&#243;n que antes no ten&#237;a y viva veinte a&#241;os m&#225;s.</p><p style="text-align: justify;">Pero tambi&#233;n esperamos que, al final, piense m&#225;s o menos lo mismo.</p><p style="text-align: justify;">Como si cambiar fuera sospechoso.</p><p style="text-align: justify;">Entonces me surgi&#243; una pregunta bastante sencilla:</p><p style="text-align: justify;"><em><strong>&#191;Cambiar de opini&#243;n es realmente contradecirse?</strong></em></p><h3>Contradecirse vs. cambiar de opini&#243;n</h3><p style="text-align: justify;">No son exactamente lo mismo.</p><p style="text-align: justify;">Contradecirse puede ser defender una cosa cuando conviene y otra cuando cambia el p&#250;blico. Aplicar una regla a los dem&#225;s y una excepci&#243;n a uno mismo. Modificar un argumento cada vez que cambia aquello que nos beneficia.</p><p style="text-align: justify;">Cambiar de opini&#243;n supone otro recorrido:</p><p style="text-align: justify;"><em>Pensaba esto.</em></p><p style="text-align: justify;"><em>Despu&#233;s aprend&#237;, vi o entend&#237; algo que antes no hab&#237;a considerado.</em></p><p style="text-align: justify;"><em>Ahora pienso otra cosa.</em></p><p style="text-align: justify;">En ambos casos existe un antes y un despu&#233;s.</p><p style="text-align: justify;">La diferencia est&#225; en <strong>qu&#233; ocurri&#243; en el medio</strong>.</p><p style="text-align: justify;">Por eso alguien puede haber cambiado varias veces de opini&#243;n y seguir siendo intelectualmente coherente. Y otra persona puede repetir exactamente la misma idea durante treinta a&#241;os sin haberse preguntado nunca si todav&#237;a tiene buenas razones para sostenerla.</p><p style="text-align: justify;">Permanecer no demuestra, por s&#237; solo, tener raz&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Solo demuestra permanecer.</p><h3>La humildad intelectual</h3><p style="text-align: justify;">La psicolog&#237;a tiene un concepto especialmente &#250;til para pensar esto: <strong>humildad intelectual</strong>.</p><p style="text-align: justify;">No significa ser inseguro. Ni dudar de absolutamente todo. Ni comenzar cada respuesta con un prudente <em>&#8220;bueno, depende&#8221;</em>.</p><p style="text-align: justify;">Una revisi&#243;n publicada en <em>Nature Reviews Psychology</em> encuentra un elemento com&#250;n entre las distintas definiciones: la capacidad de reconocer los l&#237;mites de nuestro propio conocimiento y aceptar que nuestras creencias pueden estar equivocadas.</p><p style="text-align: justify;">Dicho de una manera mucho m&#225;s sencilla:</p><p style="text-align: justify;">puedo tener buenas razones para pensar algo y, aun as&#237;, aceptar que podr&#237;a estar equivocada.</p><p style="text-align: justify;">No es tener menos convicciones.</p><p style="text-align: justify;">Es no concederles inmunidad frente a la realidad.</p><p style="text-align: justify;">Y existe una pregunta bastante sencilla para ponerlas a prueba:</p><p style="text-align: justify;"><strong>&#191;Qu&#233; tendr&#237;a que pasar para que yo cambiara de opini&#243;n?</strong></p><p style="text-align: justify;">&#191;Qu&#233; dato tendr&#237;a que conocer?</p><p style="text-align: justify;">&#191;Qu&#233; argumento?</p><p style="text-align: justify;">&#191;Qu&#233; experiencia?</p><p style="text-align: justify;">&#191;Qu&#233; tendr&#237;a que ocurrir con aquello que defiendo para que estuviera dispuesta a revisarlo?</p><p style="text-align: justify;">Porque una opini&#243;n que ninguna evidencia posible puede modificar deja de funcionar del todo como una conclusi&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Empieza a parecerse m&#225;s a una identidad.</p><h3>Cuando una opini&#243;n se convierte en nosotros</h3><p style="text-align: justify;">Hay cosas sobre las que cambiamos de opini&#243;n sin demasiado drama.</p><p style="text-align: justify;">Un restaurante. Una pel&#237;cula. Una forma de trabajar. Nuestra teor&#237;a sobre cu&#225;l es el mejor asiento del avi&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Pero prueba con pol&#237;tica.</p><p style="text-align: justify;">Religi&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Una causa.</p><p style="text-align: justify;">Una figura p&#250;blica que llevas a&#241;os defendiendo.</p><p style="text-align: justify;">Entonces cambiar puede empezar a costar.</p><p style="text-align: justify;">No necesariamente porque la nueva evidencia sea insuficiente, sino porque ya hay algo nuestro depositado en esa posici&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Cambiar puede significar darle la raz&#243;n a alguien que nos cae mal. Explicar algo que publicamos hace a&#241;os. Alejarnos un poco del grupo con el que nos identific&#225;bamos. Admitir que aquella versi&#243;n nuestra que hablaba con absoluta seguridad no sab&#237;a algo que ahora sabemos.</p><p style="text-align: justify;">Y mientras m&#225;s hemos invertido en una opini&#243;n, m&#225;s cara puede volverse la salida.</p><p style="text-align: justify;">Tal vez algunas ideas dejan de sobrevivir porque todav&#237;a creemos profundamente en ellas y empiezan a sobrevivir porque <strong>ya construimos demasiado alrededor de haberlas defendido</strong>.</p><p style="text-align: justify;">Ah&#237; discutir una idea empieza a sentirse como discutir qui&#233;nes somos.</p><p style="text-align: justify;">Y cambiarla puede parecer una traici&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Una investigaci&#243;n publicada en 2024 encontr&#243; algo interesante precisamente ah&#237;: las personas con mayor humildad intelectual tend&#237;an a explorar m&#225;s informaci&#243;n contraria a sus propias creencias. Eso, a su vez, estaba relacionado con una mayor revisi&#243;n de algunas creencias falsas. El efecto no era autom&#225;tico ni enorme, pero el comportamiento me parece revelador.</p><p style="text-align: justify;">Porque todos sabemos buscar argumentos que nos den la raz&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Lo dif&#237;cil es mirar seriamente aquello que podr&#237;a quit&#225;rnosla.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!zNLi!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F15013d56-3eb8-48f8-9780-065b2319f85b_1000x1059.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!zNLi!, /__u/queridoelector.substack.com/w_424, /__u/queridoelector.substack.com/c_limit, /__u/queridoelector.substack.com/f_webp, /__u/queridoelector.substack.com/q_auto:good, 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pol&#237;tica, cambiar sale caro</h3><p style="text-align: justify;">La pol&#237;tica entendi&#243; muy bien esta vulnerabilidad, y hasta le puso nombre.</p><p style="text-align: justify;">En ingl&#233;s existe una palabra espec&#237;fica para esto: <em>flip-flopper</em>. Se usa para describir a alguien &#8212;especialmente en pol&#237;tica&#8212; que cambia repetidamente de posici&#243;n y casi siempre lleva una condena impl&#237;cita: alguien poco firme, oportunista, que acomoda lo que piensa seg&#250;n lo que le conviene.</p><p style="text-align: justify;">El t&#233;rmino llevaba tiempo circulando en Estados Unidos, pero durante la campa&#241;a presidencial de 2004 adquiri&#243; una fuerza particular. El equipo de George W. Bush lo convirti&#243; en uno de sus ataques centrales contra John Kerry. La idea de que Kerry era un <em>flip-flopper</em> termin&#243; siendo una de las asociaciones m&#225;s instaladas sobre su car&#225;cter pol&#237;tico.</p><p style="text-align: justify;">En Colombia tenemos <strong>voltiarepa</strong>. En Argentina, <strong>panqueque</strong>. Y seguramente cada pa&#237;s tiene alguna versi&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Cambian las comidas, pero no demasiado el personaje.</p><p style="text-align: justify;">Hablamos de alguien que cambia de bando seg&#250;n le convenga. No porque haya aprendido algo o encontrado mejores argumentos, sino porque cambi&#243; el viento, apareci&#243; otro aliado o encontr&#243; una posici&#243;n m&#225;s conveniente.</p><p style="text-align: justify;">Y est&#225; bien que tengamos palabras para eso.</p><p style="text-align: justify;">El problema aparece cuando usamos la misma sospecha para el oportunista y para quien genuinamente cambi&#243; de opini&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Para quien sigui&#243; el viento y para quien encontr&#243; nueva evidencia.</p><p style="text-align: justify;">Para quien cambi&#243; porque le conven&#237;a y para quien simplemente aprendi&#243; algo.</p><p style="text-align: justify;"><strong>Los tratamos igual, aunque no sean lo mismo.</strong></p><h3>Tener principios no significa pensar siempre lo mismo</h3><p style="text-align: justify;">Aqu&#237; aparece una objeci&#243;n importante.</p><p style="text-align: justify;">Porque podr&#237;amos llevar todo lo anterior demasiado lejos y concluir que cambiar siempre es una demostraci&#243;n de apertura.</p><p style="text-align: justify;">Evidentemente no.</p><p style="text-align: justify;">Hay convicciones que una persona puede conservar durante toda su vida. Y hay cambios que son puro oportunismo.</p><p style="text-align: justify;">Pero tambi&#233;n solemos confundir dos cosas: <strong>un principio y la posici&#243;n concreta desde la que intentamos defenderlo</strong>.</p><p style="text-align: justify;">Una persona puede creer en la igualdad durante treinta a&#241;os y cambiar de opini&#243;n sobre una pol&#237;tica despu&#233;s de descubrir que no consigui&#243; reducir ninguna desigualdad.</p><p style="text-align: justify;">Puede defender la libertad y modificar lo que piensa sobre una determinada regulaci&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Puede conservar el fin y revisar el medio.</p><p style="text-align: justify;">De hecho, algunas veces cambiar de posici&#243;n puede ser la forma m&#225;s coherente de permanecer fiel a un principio.</p><p style="text-align: justify;">Si descubro que la soluci&#243;n que defend&#237;a produce exactamente lo contrario de aquello que quer&#237;a conseguir, insistir &#250;nicamente para poder decir <em>&#8220;yo siempre pens&#233; igual&#8221;</em> ser&#237;a una forma bastante extra&#241;a de coherencia.</p><p style="text-align: justify;">Quiz&#225; deber&#237;amos preguntar menos:</p><p style="text-align: justify;"><em>&#8220;&#191;Piensas lo mismo que hace diez a&#241;os?&#8221;</em></p><p style="text-align: justify;">Y un poco m&#225;s:</p><p style="text-align: justify;"><em><strong>&#8220;&#191;Qu&#233; aprendiste durante esos diez a&#241;os?&#8221;</strong></em></p><h3>Una democracia necesita gente capaz de cambiar</h3><p style="text-align: justify;">La humildad intelectual no parece ser solamente una virtud privada.</p><p style="text-align: justify;">Cuatro experimentos con 1.668 participantes encontraron que mayores niveles de humildad intelectual estaban relacionados con menor polarizaci&#243;n afectiva y con una mayor disposici&#243;n a acercarse a personas que sosten&#237;an posiciones pol&#237;ticas contrarias.</p><p style="text-align: justify;">No significa que todos terminemos pensando igual.</p><p style="text-align: justify;">Ni deber&#237;a.</p><p style="text-align: justify;">Significa algo bastante m&#225;s modesto:</p><p style="text-align: justify;">poder pensar <em>&#8220;creo que est&#225;s equivocado&#8221;</em> sin concluir inmediatamente <em>&#8220;por lo tanto, no tienes nada que yo pueda escuchar&#8221;</em>.</p><p style="text-align: justify;">Una democracia no necesita ciudadanos que cambien de opini&#243;n todo el tiempo.</p><p style="text-align: justify;">Pero s&#237; necesita ciudadanos cuya opini&#243;n <strong>pueda cambiar</strong>.</p><p style="text-align: justify;">Porque si ninguna evidencia, experiencia o argumento tiene siquiera la posibilidad de modificar lo que pensamos, la conversaci&#243;n p&#250;blica pierde buena parte de su sentido.</p><p style="text-align: justify;">Ya no deliberamos.</p><p style="text-align: justify;">Solo contamos cu&#225;ntos somos de cada lado.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!V2HK!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa153fe56-b89e-441a-9581-26e7695d20dc_736x625.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!V2HK!, /__u/queridoelector.substack.com/w_424, /__u/queridoelector.substack.com/c_limit, /__u/queridoelector.substack.com/f_webp, /__u/queridoelector.substack.com/q_auto:good, /__u/queridoelector.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa153fe56-b89e-441a-9581-26e7695d20dc_736x625.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!V2HK!, /__u/queridoelector.substack.com/w_848, /__u/queridoelector.substack.com/c_limit, /__u/queridoelector.substack.com/f_webp, 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justify;">Ideas que defendimos mal.</p><p style="text-align: justify;">Certezas que envejecieron.</p><p style="text-align: justify;">Y alguno que otro momento particularmente inc&#243;modo en el que descubrimos que la persona con la que llev&#225;bamos media hora discutiendo ten&#237;a un punto.</p><p style="text-align: justify;">Quiz&#225; la coherencia intelectual no consista en pensar siempre lo mismo.</p><p style="text-align: justify;">Quiz&#225; consista en poder explicar honestamente por qu&#233; pensamos lo que pensamos hoy.</p><p style="text-align: justify;">Y conservar suficiente humildad para aceptar que ma&#241;ana podr&#237;amos descubrir algo nuevo.</p><p style="text-align: justify;">As&#237; que la pr&#243;xima vez que alguien rescate una frase antigua y diga:</p><p style="text-align: justify;"><em>&#8220;Pero t&#250; antes pensabas otra cosa&#8221;</em>,</p><p><em>tal vez no estemos frente a una acusaci&#243;n.</em></p><p><em>Estemos frente a la prueba.</em></p><p><em>La prueba de que, en alg&#250;n momento, alguien cometi&#243; el delito m&#225;s subversivo de todos:</em></p><p><em><strong>pensar de nuevo.</strong></em></p><p>Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p>Valeria Mendez</p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Todo lo que el terremoto encontró]]></title><description><![CDATA[Por Valeria Mendez - Analis&#237;s pol&#237;tico]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/todo-lo-que-el-terremoto-encontro</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/todo-lo-que-el-terremoto-encontro</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 16 Aug 2026 14:51:36 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!6u3g!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0b7afec8-1a92-4b46-b634-afeb500406c0_1408x768.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/queridoelector.substack.com/subscribe"><span>Subscribe now</span></a></p><p><strong>Querido Elector:</strong></p><p>Yo ten&#237;a otros planes para este domingo.</p><p>Hab&#237;a otro tema, otras preguntas, otra carta incluso ya lista para publicar. Pero despu&#233;s tembl&#243; Colombia.</p><p>Y desde entonces ha sido dif&#237;cil mirar hacia otro lado.</p><p>Familias tratando de entender qu&#233; qued&#243; en pie. Personas buscando a quienes todav&#237;a no aparecen. Comunidades enteras moviliz&#225;ndose. Vecinos levantando escombros, voluntarios llegando a ayudar, empresas prestando recursos, colombianos haciendo lo que pueden desde aquello que saben hacer.</p><p>Tambi&#233;n hemos visto territorios a los que llegar sigue siendo dif&#237;cil, municipios enfrentando la emergencia con capacidades muy distintas y comunidades para las que la ausencia &#8212;o la enorme distancia&#8212; del Estado no empez&#243; esta semana.</p><p>Por eso no pude escribir sobre otra cosa.</p><p>Porque un terremoto es un fen&#243;meno natural. Pero las condiciones sobre las que cae no lo son.</p><p>La pol&#237;tica estaba ah&#237; antes de que temblara.</p><p>En la carretera que exist&#237;a &#8212;o no&#8212; para llegar a una comunidad. En el hospital que pod&#237;a recibir heridos. En la capacidad de una alcald&#237;a para reaccionar. En el acceso al agua. En las comunicaciones. En los presupuestos. En todo aquello que un pa&#237;s construye durante a&#241;os y que, de repente, necesita que funcione al mismo tiempo.</p><p>As&#237; que este domingo no quiero preguntarme por qu&#233; ocurri&#243; el terremoto.</p><p>Quiero entender qu&#233; encontr&#243; cuando lleg&#243;.</p><p>Porque un terremoto puede comenzar en segundos. Pero la forma en que un pa&#237;s llega a esos segundos se construye durante d&#233;cadas.</p><h2>Cuando tiembla, &#191;qui&#233;n responde?</h2><p>Colombia s&#237; tiene un sistema para responder a una emergencia. Desde 2012, la gesti&#243;n del riesgo distribuye responsabilidades entre municipios, departamentos y Naci&#243;n: la respuesta comienza en el territorio y, cuando la capacidad local no alcanza, debe escalar.</p><p>El dise&#241;o tiene l&#243;gica. Pero descansa sobre una condici&#243;n fundamental: que exista una capacidad local desde la cual empezar.</p><p>Porque al alcalde de un municipio grande y al de uno peque&#241;o puede corresponderle, en la ley, la misma primera responsabilidad. Lo que no tienen son las mismas herramientas para asumirla.</p><p>Uno puede comenzar con hospitales, maquinaria, varias v&#237;as de acceso, presupuesto, funcionarios especializados y buenas comunicaciones. Otro puede llegar al mismo terremoto con una v&#237;a precaria, un puesto de salud limitado, poca capacidad fiscal y una administraci&#243;n que ya estaba intentando hacer demasiado con muy poco.</p><p>El sistema es el mismo.</p><p>El territorio sobre el que aterriza, no.</p><p>El propio Estado colombiano reconoce enormes diferencias de capacidad fiscal, institucional y de conectividad entre sus municipios. Y eso explica parte de lo que vimos esta semana.</p><p>Mientras en ciudades como Pereira o Cali pudieron desplegarse grandes operaciones de rescate, algunas comunidades de Choc&#243;, mucho m&#225;s cerca del epicentro, enfrentaron problemas de acceso, conectividad y servicios que hicieron m&#225;s dif&#237;cil incluso saber qu&#233; estaba ocurriendo y hacer llegar la respuesta.</p><p>Ah&#237; hay una paradoja brutal: se puede estar m&#225;s cerca del terremoto y mucho m&#225;s lejos de la ayuda.</p><p>Porque la distancia del Estado no se mide &#250;nicamente en kil&#243;metros.</p><p>Tambi&#233;n se mide en cu&#225;nto tarda una ambulancia. En si existe otra carretera cuando la primera se bloquea. En cu&#225;nto demora una autoridad en saber qu&#233; necesita una comunidad. En cu&#225;nto tiempo pasa entre que un derecho existe en el papel y alguien puede utilizarlo en la realidad.</p><p>Por eso una carretera no solo conecta dos lugares.</p><p>Tambi&#233;n acerca el Estado.</p><p>Y muchas de las dificultades que hoy aparecen bajo la palabra <em>emergencia</em> no nacieron con el terremoto.</p><p>La v&#237;a ya faltaba. El hospital ya era insuficiente. La alcald&#237;a ya ten&#237;a pocos recursos. La comunidad ya estaba lejos.</p><p>Una crisis simplemente hace que problemas que normalmente aparecen separados en informes, ministerios y presupuestos empiecen a producir consecuencias al mismo tiempo.</p><p>Eso es lo que hace un terremoto: convierte problemas estructurales en urgencias.</p><p>Y quiz&#225; por eso convenga mirar esta tragedia por fuera de la pelea pol&#237;tica inmediata.</p><p>Los gobiernos cambian. Los discursos cambian. Las prioridades cambian. Algunas cosas mejoran much&#237;simo. Otras sobreviven a administraciones enteras y vuelven a aparecer, d&#233;cada tras d&#233;cada, en territorios demasiado parecidos. Porque hay problemas que son m&#225;s viejos que cualquier gobierno de turno. Hay ausencias que se heredan.</p><p><span>Mocoa es el ejemplo perfecto, aunque casi nadie fuera de Colombia lo conozca. Es la capital de Putumayo, un departamento en el sur del pa&#237;s, y en 2017 sufri&#243; una avalancha que dej&#243; m&#225;s de trescientos muertos. Ese desastre gener&#243; exactamente las mismas promesas que estamos escuchando hoy: reconstrucci&#243;n, aprendizaje, y la promesa de no volver a improvisar.</span></p><p><span>Nueve a&#241;os despu&#233;s, mientras el pa&#237;s entero mira hacia Choc&#243;, Mocoa sigue sin terminar de reconstruirse. La Contralor&#237;a abri&#243; un proceso fiscal por m&#225;s de 24 mil millones de pesos que estaban destinados a construir 909 viviendas para los damnificados &#8212;viviendas que, a&#241;os despu&#233;s de girado el dinero, en su mayor&#237;a todav&#237;a no se han entregado. Encontr&#243; algo peor: las obras construidas espec&#237;ficamente para mitigar el riesgo de que volviera a ocurrir una tragedia como esa fallaron tan gravemente que el r&#237;o cambi&#243; de cauce, y hoy el riesgo para la comunidad de Mocoa es mayor que el que hab&#237;a antes de la avalancha.</span></p><p><span>El dinero que deb&#237;a salvarlos de la pr&#243;xima avalancha fue, literalmente, el que se la garantiz&#243;.</span></p><p><span>Y cuando una crisis vuelve a mostrar las mismas carreteras que no llegan, los mismos territorios desconectados y las mismas enormes diferencias en capacidad estatal, quiz&#225;s el asunto ya no sea preguntarnos &#250;nicamente qui&#233;n gobierna hoy, sino por qu&#233;, despu&#233;s de tantos gobiernos distintos, el mapa del abandono todav&#237;a conserva lugares demasiado conocidos.</span></p><p><span>El terremoto no cre&#243; esa geograf&#237;a.</span></p><p><span>Solo volvi&#243; a iluminarla.</span></p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!6u3g!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0b7afec8-1a92-4b46-b634-afeb500406c0_1408x768.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!6u3g!, /__u/queridoelector.substack.com/w_424, /__u/queridoelector.substack.com/c_limit, /__u/queridoelector.substack.com/f_webp, /__u/queridoelector.substack.com/q_auto:good, /__u/queridoelector.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0b7afec8-1a92-4b46-b634-afeb500406c0_1408x768.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!6u3g!, /__u/queridoelector.substack.com/w_848, /__u/queridoelector.substack.com/c_limit, /__u/queridoelector.substack.com/f_webp, 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En distintos lugares aparecieron personas ofreciendo comida, alojamiento, transporte, dinero, conocimientos profesionales o simplemente sus manos.</p><p>Hay algo demasiado conocido en esa imagen.</p><p>Si tuviera que escoger una palabra para describir una parte muy colombiana de nosotros, ser&#237;a esa:</p><p><strong>resolvemos.</strong></p><p>Lo hicimos durante la pandemia. Cuando miles de familias perdieron de un d&#237;a para otro la posibilidad de sostenerse, aparecieron ollas comunitarias organizadas desde los propios barrios; solo en Cali llegaron a funcionar alrededor de 150 al mismo tiempo.</p><p>Y no sucede &#250;nicamente durante una cat&#225;strofe. M&#225;s de nueve millones de personas en Colombia se abastecen gracias al trabajo de gestores comunitarios del agua: organizaciones de los propios territorios que administran y sostienen sistemas de abastecimiento.</p><p>No todos esos casos significan lo mismo, ni toda organizaci&#243;n comunitaria nace de una ausencia estatal. Una sociedad fuerte necesita comunidades capaces de participar, organizarse y trabajar con sus instituciones.</p><p>Pero en demasiados lugares conocemos tambi&#233;n la otra versi&#243;n.</p><p>Cuando la soluci&#243;n no llega, tarda demasiado o simplemente no puede esperar, miramos hacia los lados: al vecino, a la familia, a la Junta, a la iglesia, al comerciante, a quien tiene un carro, una herramienta, un contacto, una casa, algo que pueda servir.</p><p>Y eso produce una sensaci&#243;n extra&#241;a.</p><p>Me llena de orgullo vivir en un pa&#237;s cuya gente aparece cuando hace falta. Me encanta esa capacidad nuestra de hacer una vaca, montar una olla, abrir una casa, conseguir un carro o preguntar qu&#233; necesita el otro.</p><p>Pero el orgullo no deber&#237;a impedirnos preguntarnos por qu&#233; tuvimos que volvernos tan buenos haci&#233;ndolo.</p><p>Despu&#233;s de suficiente tiempo, algo cambia.</p><p>Dejamos de preguntarnos &#250;nicamente qui&#233;n deber&#237;a hacerse cargo y empezamos a preguntarnos a qui&#233;n conocemos para solucionarlo.</p><p>No porque ignoremos qu&#233; le corresponde al Estado. Precisamente porque conocemos tambi&#233;n el tiempo que puede existir entre esa responsabilidad y su cumplimiento.</p><p>Resolvemos porque hemos aprendido que esperar al Estado puede costar demasiado tiempo y, a veces, demasiadas vidas.</p><p>En la vida cotidiana, ese tiempo puede significar a&#241;os esperando una v&#237;a, agua o un servicio.</p><p>En una emergencia puede significar horas que alguien no tiene.</p><p>Por eso quiz&#225; debamos tener cuidado con una palabra que nos encanta utilizar para describirnos: <em>resiliencia</em>.</p><p>Claro que somos resilientes.</p><p>Pero no todo lo que llamamos resiliencia lo es.</p><p>A veces es supervivencia organizada.</p><p>Y quiz&#225; podamos sostener las dos cosas al mismo tiempo: sentir orgullo por un pa&#237;s que se mueve cuando alguien lo necesita y negarnos a aceptar como normal que tantas veces tenga que hacerlo porque la respuesta institucional tard&#243;, fue insuficiente o nunca lleg&#243;.</p><p>Reconocer lo que le corresponde al Estado no nos exime de lo que podemos hacer nosotros. Y querer que ma&#241;ana funcione mejor no hace menos urgente ayudar hoy.</p><p>Hoy toca resolver tambi&#233;n.</p><p>Pero esta vez, ojal&#225;, no solos.</p><p>Que las instituciones hagan lo que les corresponde. Que lleguen los recursos, los equipos, las respuestas y la reconstrucci&#243;n. Y mientras todo eso ocurre, hagamos tambi&#233;n lo que tantas veces hemos sabido hacer: sostener al que tenemos al lado.</p><p>Porque ayudar no reemplaza al Estado.</p><p>Una cadena humana no reconstruye una carretera. Una donaci&#243;n no corrige d&#233;cadas de abandono. Una familia que abre su casa no resuelve una pol&#237;tica de vivienda. Una olla no sustituye la seguridad alimentaria de una comunidad.</p><p>Pero para alguien que hoy no tiene d&#243;nde dormir, una cama importa.</p><p>Para una familia que no sabe d&#243;nde est&#225; uno de los suyos, una llamada importa.</p><p>Para quien perdi&#243; su ingreso, una compra importa.</p><p>Para un hospital que necesita sangre, un donante importa.</p><p>As&#237; que ayudemos desde donde podamos y con lo que tengamos. Con dinero, si es posible. Con sangre. Con transporte. Con alojamiento. Con conocimientos profesionales. Comprando en un negocio afectado. Flexibilizando una deuda, un plazo o una obligaci&#243;n. Compartiendo &#250;nicamente informaci&#243;n confirmada. Preguntando antes de asumir qu&#233; necesita el otro.</p><p>Y acompa&#241;emos tambi&#233;n despu&#233;s.</p><p>Porque las emergencias tienen una vida mucho m&#225;s larga que las noticias sobre ellas. Llegar&#225; el momento en que disminuyan las im&#225;genes, las cadenas humanas se desarmen y la conversaci&#243;n nacional pase inevitablemente a otra cosa.</p><p>Para muchas familias, ah&#237; apenas comenzar&#225; la reconstrucci&#243;n.</p><p>Mientras tanto, hay personas que nos necesitan ahora.</p><p>Y hay muchas formas de llegar.</p><h3>Para ayudar o pedir ayuda</h3><ul><li><p><strong>Donaciones:</strong> la Cruz Roja Colombiana mantiene activa la campa&#241;a <strong>#TodosPorColombia</strong> para atender la emergencia. Los canales oficiales de aporte est&#225;n publicados por la instituci&#243;n.</p></li><li><p><strong>Si perdi&#243; contacto con un familiar:</strong> Restablecimiento de Contactos Familiares de la Cruz Roja: WhatsApp <strong>321 213 9525</strong> o correo <strong><a href="mailto:rcf@cruzrojacolombiana.org">rcf@cruzrojacolombiana.org</a></strong>.</p></li><li><p><strong>Donaci&#243;n de sangre:</strong> la Cruz Roja mantiene un llamado urgente y una red de puntos de donaci&#243;n en distintas ciudades del pa&#237;s.</p></li><li><p><strong>Emergencia inmediata:</strong> <strong>123</strong>, L&#237;nea &#218;nica Nacional de Emergencias.</p></li><li><p><strong>Ni&#241;os, ni&#241;as o adolescentes en riesgo, solos o separados de sus cuidadores:</strong> <strong>L&#237;nea 141 del ICBF</strong>, gratuita, nacional y disponible las 24 horas.</p></li></ul><p style="text-align: justify;">Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p style="text-align: justify;">Valeria Mendez</p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Cuando la mirada no basta]]></title><description><![CDATA[Por Valeria Mendez - Analis&#237;s pol&#237;tico]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/cuando-la-mirada-no-basta</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/cuando-la-mirada-no-basta</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 09 Aug 2026 13:22:00 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!MzVi!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F11bff614-3ee6-48e9-a58b-efd2e7190145_1024x559.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/queridoelector.substack.com/subscribe"><span>Subscribe now</span></a></p><p><strong>Querido Elector:</strong></p><p style="text-align: justify;"><span>Antes de entrar en el tema de hoy, quiero volver un momento a algunos de los textos anteriores. Porque este no nace solo. Nace de todo lo que ven&#237;amos construyendo juntos.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Durante las &#250;ltimas semanas he querido insistir en una idea que para m&#237; es fundamental: la pol&#237;tica no empieza en un ministerio, ni en una ley, ni siquiera en una elecci&#243;n. Empieza mucho antes.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Por eso empezamos con </span><em><span>El lujo de pensar</span></em><span>.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque antes de decidir pol&#237;ticamente hay que pensar. Y pensar, de verdad, necesita tiempo. Necesita ese peque&#241;o espacio entre lo que ocurre y nuestra reacci&#243;n inmediata; el suficiente para preguntarnos si entendimos bien, si estamos viendo todo, si nuestra primera respuesta merece convertirse tambi&#233;n en la definitiva.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Despu&#233;s vino </span><em><span>La carpeta que nunca vimos</span></em><span>.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Ah&#237; quise mostrarte qu&#233; pasa cuando ese tiempo desaparece frente a las decisiones p&#250;blicas.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Te convert&#237; en alcalde, te entregu&#233; recursos limitados y te obligu&#233; a escoger entre dos problemas. Y solamente despu&#233;s abrimos la carpeta que faltaba.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque esa es una de las grandes dificultades de la pol&#237;tica: casi nunca vemos la decisi&#243;n completa.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Vemos el malec&#243;n. No siempre vemos el arroyo. Vemos cu&#225;nto cost&#243; una pol&#237;tica, pero no necesariamente qu&#233; problema intentaba prevenir. Vemos una decisi&#243;n terminada, comprimida en un titular, pero reconstruir la carpeta que la produjo exige informaci&#243;n, contexto y, sobre todo, tiempo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>El mismo tiempo del que hab&#237;amos hablado antes.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y despu&#233;s lleg&#243; </span><em><span>Cambiar el orden</span></em><span>.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Ah&#237; quise llevar la pol&#237;tica a su expresi&#243;n m&#225;s cercana.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Hablamos de Jes&#250;s, s&#237;. Pero hablamos tambi&#233;n de la forma en que miramos al diferente, de aquello que decidimos volver paisaje, de la indiferencia frente a lo que no ocurre dentro de nuestra propia casa y de algo que sigo creyendo profundamente: que cada uno de nosotros participa pol&#237;ticamente mucho antes de depositar un voto.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Despu&#233;s de esa columna varias personas me dijeron que parec&#237;a que hab&#237;a dejado de escribir de pol&#237;tica para empezar a escribir de humanismo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Pero para m&#237; nunca hubo una separaci&#243;n.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>No puedo concebir una comunidad pol&#237;tica sin una base humana que la sostenga.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Antes del Estado est&#225;n las personas que lo integran. Antes de las instituciones existe una sociedad que ha aprendido &#8212;o no&#8212; a convivir. Y la manera en que esa sociedad mira al otro, tolera determinadas injusticias, normaliza ciertas ausencias o decide hacerse cargo de ellas termina formando tambi&#233;n su cultura pol&#237;tica.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>A esa primera dimensi&#243;n de la pol&#237;tica quiero ponerle hoy un nombre.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Voy a llamarla </span><strong><span>la pol&#237;tica de la mirada</span></strong><span>.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Es la pol&#237;tica que ocurre en la escala m&#225;s cercana: en la forma en que vemos al otro, en aquello que elegimos reconocer, en nuestras palabras, nuestras omisiones, nuestros prejuicios y nuestras responsabilidades dentro de una vida que inevitablemente compartimos con otras personas.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y quiero dejar algo muy claro: no estoy hablando de una pol&#237;tica menor.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Al contrario.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Para m&#237;, ah&#237; est&#225; la base de todo lo dem&#225;s.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Una sociedad incapaz de mirar al otro dif&#237;cilmente construir&#225; instituciones capaces de hacerlo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Una sociedad acostumbrada a la indiferencia probablemente terminar&#225; toler&#225;ndola tambi&#233;n desde el poder.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y una democracia formada por individuos que renunciaron a pensar tendr&#225; muy pocas defensas frente a quienes est&#233;n dispuestos a pensar por ellos.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>La pol&#237;tica de la mirada, entonces, sigue siendo indispensable.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Pero hay un punto en el que mirar bien ya no basta.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Hay que saber </span><strong><span>cu&#225;ndo cambiar de lente</span></strong><span>.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y de eso se trata el texto de hoy.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Esta, Querido Elector, es la segunda parte de la conversaci&#243;n que hemos venido construyendo: la de la pol&#237;tica cuando deja la escala del individuo y entra en la de las instituciones, las pol&#237;ticas p&#250;blicas y el Estado.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Es la parte m&#225;s t&#233;cnica &#8212;y probablemente la m&#225;s compleja&#8212; de todo lo que hemos hablado hasta ahora.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Es, finalmente, ciencia pol&#237;tica de manual.</span></p><h3><strong><span>Cambia de lente</span></strong></h3><p style="text-align: justify;">Vamos a lo concreto</p><p style="text-align: justify;"><span>Defender tus ideas, tus principios, tus valores o tu moral en una conversaci&#243;n, en un debate, en una columna de opini&#243;n o incluso en un texto acad&#233;mico es completamente leg&#237;timo. Es m&#225;s: es necesario. Ah&#237; vive la pol&#237;tica de la mirada, y ya te dije que la considero la base de todo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>El problema &#8212;el peligro real del que quiero hablarte hoy&#8212; aparece cuando creemos que el Estado funciona, o deber&#237;a funcionar, con esa misma l&#243;gica.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>A esa otra escala &#8212;la del Estado, sus instituciones, sus leyes y sus pol&#237;ticas p&#250;blicas&#8212; la voy a llamar </span><strong><span>la arquitectura del sistema</span></strong><span>. No es un t&#233;rmino que vayas a encontrar en un manual. Es simplemente el nombre que voy a usar en estas p&#225;ginas para que nos entendamos.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y cuando entramos en ella cambian, sobre todo, las preguntas.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque ahora hay que preguntarse cu&#225;ntas personas est&#225;n afectadas. Qu&#233; ocurre si intervenimos. Qu&#233; ocurre si no hacemos nada. Qui&#233;n asume los costos. Qu&#233; efectos pueden aparecer dentro de diez a&#241;os. Qu&#233; consecuencias produce una decisi&#243;n cuando deja de recaer sobre una sola persona y empieza a organizar la vida de millones.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y esas preguntas ya no se responden solamente con una opini&#243;n.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Exigen conocer el pa&#237;s que se est&#225; intentando gobernar: cu&#225;ntas personas viven en pobreza, d&#243;nde falta acceso a salud o educaci&#243;n, qu&#233; regiones crecen y cu&#225;les se vac&#237;an, cu&#225;l es la tasa de natalidad, de mortalidad, de desempleo, qu&#233; problemas llevan d&#233;cadas sin resolverse y cu&#225;les acaban de aparecer.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque un pa&#237;s no es una experiencia individual multiplicada por millones.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Es millones de experiencias distintas ocurriendo al mismo tiempo, atravesadas por problemas distintos, en lugares distintos y con consecuencias distintas.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Hay problemas nuevos. Problemas estructurales &#8212;como el arroyo de nuestro experimento&#8212; que llevan a&#241;os esperando. Problemas que conseguimos reducir. Otros que dejamos crecer. Y algunos que, de tanto convivir con ellos, terminamos normalizando.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Esa totalidad cambia la forma en que una decisi&#243;n tiene que ser pensada.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Lo que a ti o a m&#237; puede parecernos evidente desde nuestra propia experiencia puede verse completamente distinto cuando aparecen la escala, los datos, el tiempo y las consecuencias de una poblaci&#243;n entera.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>&#191;Por qu&#233;?</span></p><p style="text-align: justify;"><span>&#191;Qu&#233; tiene el Estado que hace que su l&#243;gica no pueda ser simplemente la tuya, la m&#237;a o la de una empresa?</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y, antes que nada, &#191;qu&#233; es exactamente el Estado y para qu&#233; existe?</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Eso es lo que vamos a que entender ahora.</span></p><h3><strong><span>EL ESTADO</span></strong></h3><p style="text-align: justify;"><span>Empecemos por lo m&#225;s simple, aunque no sea f&#225;cil.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Para los efectos de este texto, parto de una idea: el Estado no es una persona. Tampoco es una empresa. Es otra cosa &#8212;una tercera cosa&#8212; que existe, entre otras funciones, para sostener la vida en com&#250;n de millones de personas que nunca se van a conocer entre s&#237;. Garantiza derechos, produce orden, recauda, redistribuye, regula, provee lo que el mercado no provee. Y una de sus tareas centrales &#8212;no la &#250;nica, pero s&#237; una de las que m&#225;s nos interesa hoy&#8212; es resolver los problemas que esa convivencia produce, y prevenir los que todav&#237;a no han estallado.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Dicho as&#237;, suena casi obvio. Pero tiene una consecuencia que no lo es tanto: si el Estado existe para eso, entonces no puede pensarse ni con la l&#243;gica con la que t&#250; organizas tu vida, ni con la l&#243;gica con la que una empresa organiza sus ganancias. Necesita una l&#243;gica propia.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>El soci&#243;logo alem&#225;n Max Weber dedic&#243; buena parte de su obra a esa idea. Habl&#243; de dos formas distintas de actuar en pol&#237;tica. Una es la &#233;tica de la convicci&#243;n: hacer lo que uno cree correcto, sin detenerse demasiado a calcular las consecuencias, porque lo que importa es la pureza de la intenci&#243;n. La otra es la &#233;tica de la responsabilidad: hacerse cargo de lo que efectivamente va a pasar como resultado de una decisi&#243;n, aunque esa decisi&#243;n incomode, aunque no se sienta moralmente satisfactoria.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Weber no exige que quien gobierna abandone sus convicciones. Le exige algo m&#225;s preciso: que no pueda refugiarse en ellas para desentenderse de las consecuencias previsibles de sus decisiones. Porque tu convicci&#243;n es tuya. Las consecuencias de una decisi&#243;n de Estado no son solo tuyas &#8212; las cargan millones de personas que ni siquiera saben que esa decisi&#243;n se tom&#243;.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>D&#233;cadas despu&#233;s, otros pensadores retomaron esa misma idea con otras palabras. La polit&#243;loga Theda Skocpol, ya en los a&#241;os ochenta, discuti&#243; con quienes cre&#237;an que el Estado era solo un espacio donde distintos grupos &#8212;empresarios, iglesias, sindicatos, opiniones p&#250;blicas&#8212; compet&#237;an para imponer su inter&#233;s. Ella insisti&#243; en que las instituciones estatales no son simplemente una caja vac&#237;a donde se reflejan autom&#225;ticamente los deseos de esos grupos. Tienen autonom&#237;a y capacidad propia &#8212; pueden tomar decisiones que no son simplemente el reflejo de lo que la sociedad, o la moral de la sociedad, les exige en un momento dado.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y yo agregar&#237;a, con la voz de quien lleva semanas escribi&#233;ndote sobre esto: el Estado tiene que escuchar a la sociedad, pero no puede limitarse a hacer lo que la sociedad, en su reacci&#243;n m&#225;s inmediata, le pide. Porque esa reacci&#243;n inmediata es, casi siempre, la pol&#237;tica de la mirada. Y ya sabes lo que pasa cuando la aplicamos a algo que no le corresponde.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Vamos a ver esa l&#243;gica funcionando en un caso real:</span></p><p style="text-align: justify;"><span>En Bogot&#225; existe, desde 2014, un programa llamado CAMBIE, impulsado por la Corporaci&#243;n Acci&#243;n T&#233;cnica Social, que reparte jeringas limpias a personas que se inyectan hero&#237;na. La raz&#243;n es simple y dura: muchas de esas personas reutilizaban la misma jeringa una y otra vez, y a veces la compart&#237;an. Y eso no solo agravaba su adicci&#243;n &#8212; las estaba matando de otra manera, mucho m&#225;s silenciosa: infecciones, VIH, hepatitis C.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Si nos quedamos &#250;nicamente en la pol&#237;tica de la mirada, es f&#225;cil entender por qu&#233; una medida as&#237; puede generar rechazo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Quien condena el consumo de drogas puede mirar al Estado repartiendo jeringas y pensar: &#8220;&#191;c&#243;mo va a hacer esto? Est&#225; facilitando el consumo. Lo est&#225; incentivando&#8221;.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y esa reacci&#243;n, desde la escala individual, tiene una l&#243;gica.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>El problema aparece cuando esa valoraci&#243;n basta para cerrar la discusi&#243;n.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque la arquitectura del sistema tiene que hacer otra pregunta, mucho menos intuitiva: dado que esto ya est&#225; ocurriendo y no desaparece porque yo lo condene, &#191;qu&#233; consecuencias est&#225; produciendo y qu&#233; puede hacer el Estado frente a ellas?</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y es que  el problema real no era solo la adicci&#243;n. Era que gente se estaba muriendo por infecciones evitables, y que tratar una hepatitis C le cuesta al sistema de salud much&#237;simo m&#225;s que repartir jeringas est&#233;riles. No tengo una evaluaci&#243;n que me permita decirte cu&#225;ntas infecciones evit&#243; espec&#237;ficamente este programa en Bogot&#225; &#8212; esa cifra exacta no existe, o al menos yo no la encontr&#233;. Pero s&#237; sabemos, por d&#233;cadas de evidencia internacional, que los programas de intercambio de jeringas reducen el riesgo de transmisi&#243;n de enfermedades y que, calculando el costo de una infecci&#243;n evitada frente al costo de un tratamiento de por vida, resultan mucho m&#225;s baratos para el Estado que no hacer nada.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Ah&#237; est&#225;, en miniatura, todo lo que te vengo explicando. La pol&#237;tica de la mirada te dice por qu&#233; esa persona importa. La arquitectura del sistema tiene que decidir qu&#233; hacer, en t&#233;rminos poblacionales, para que esa persona no muera.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>No te cuento esto para decirte que el Estado siempre acierta. Tampoco para pedirte que apruebes moralmente el consumo de drogas &#8212;esa ni siquiera es la pregunta que est&#225; en juego.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Te lo cuento porque CAMBIE nos permite ver, en un caso muy concreto, algo que se repite detr&#225;s de much&#237;simas pol&#237;ticas p&#250;blicas que probablemente nunca llegamos a conocer: una pol&#237;tica p&#250;blica no empieza preguntando si el fen&#243;meno deber&#237;a existir. Empieza reconociendo que existe, pregunt&#225;ndose qu&#233; consecuencias produce y qu&#233; puede hacer el Estado frente a ellas.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>No se trata de apagar tu juicio moral. Se trata de no confundirlo con el diagn&#243;stico de lo que realmente est&#225; pasando.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque la realidad de un pa&#237;s no desaparece solo porque nuestra valoraci&#243;n moral de ella sea negativa.</span></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!MzVi!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F11bff614-3ee6-48e9-a58b-efd2e7190145_1024x559.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!MzVi!, /__u/queridoelector.substack.com/w_424, /__u/queridoelector.substack.com/c_limit, /__u/queridoelector.substack.com/f_webp, /__u/queridoelector.substack.com/q_auto:good, 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Se siente como sentido com&#250;n.</p><p style="text-align: justify;">Es pensar al Estado como una empresa.</p><p style="text-align: justify;">Suena razonable: si una estructura cuesta demasiado, se reduce. Si una oficina no funciona, se elimina. Si los ingresos no alcanzan para cubrir los gastos, hay que ordenar las cuentas.</p><p style="text-align: justify;">Y quiero decir algo desde el principio: nada de eso es necesariamente absurdo. Un Estado tambi&#233;n puede desperdiciar recursos, duplicar funciones, sostener burocracias que ya no sirven.</p><p style="text-align: justify;">El problema empieza en otro lugar: cuando ahorrar se convierte, por s&#237; mismo, en una medida de &#233;xito.</p><p style="text-align: justify;">Argentina ofrece un ejemplo reciente. Cuando Javier Milei asumi&#243; la presidencia en diciembre de 2023, una de sus primeras decisiones fue reducir el gabinete nacional de dieciocho ministerios a nueve, presentado como un esfuerzo por racionalizar y volver m&#225;s eficiente al Estado.</p><p style="text-align: justify;">Varias &#225;reas dejaron entonces de existir como ministerios aut&#243;nomos y fueron absorbidas, degradadas o reorganizadas dentro de otras carteras. Entre ellas estaban Mujer, G&#233;neros y Diversidad; Cultura; Trabajo; Ciencia y Tecnolog&#237;a; y Ambiente. En el caso de las pol&#237;ticas de g&#233;nero, la estructura que hered&#243; las competencias del antiguo ministerio termin&#243; siendo eliminada meses despu&#233;s.</p><p style="text-align: justify;">No quiero entrar aqu&#237; a decidir si cada uno de esos ministerios deb&#237;a existir exactamente como estaba dise&#241;ado. Esa es otra discusi&#243;n. Lo que me interesa es la pregunta anterior: &#191;qu&#233; significa realmente que una estructura estatal sea &#8220;eficiente&#8221;?</p><p style="text-align: justify;">Porque una empresa puede mirar una unidad que genera p&#233;rdidas y concluir que debe cerrarla. El Estado no siempre puede hacer lo mismo. Un hospital rural puede perder plata. Un sistema de prevenci&#243;n de violencia puede funcionar precisamente porque evita que algo ocurra, y entonces su mayor &#233;xito es dif&#237;cil de mostrar en una cifra inmediata.</p><p style="text-align: justify;">La pregunta, entonces, no puede terminar en cu&#225;nto cuesta algo. Tambi&#233;n hay que preguntarse qu&#233; problema resuelve y qu&#233; ocurre cuando desaparece &#8212; porque cerrar una instituci&#243;n produce un ahorro que se ve hoy, pero perder la capacidad que construy&#243; puede costar mucho m&#225;s dentro de cinco, diez o veinte a&#241;os.</p><p style="text-align: justify;">Y ah&#237; volvemos a nuestra arquitectura. Cuando pensamos al Estado como una empresa, corremos el riesgo de confundir el balance contable con el resultado p&#250;blico. Una empresa mide su &#233;xito por lo que gana. El Estado tiene que medir tambi&#233;n lo que evita: las enfermedades que no llegaron, los conflictos que no escalaron, las emergencias atendidas antes de volverse tragedias, la infraestructura que sigui&#243; funcionando.</p><p style="text-align: justify;">Y muchas de esas cosas tienen un problema pol&#237;tico enorme: son dif&#237;ciles de fotografiar.</p><p style="text-align: justify;">Por eso la discusi&#243;n no es si el Estado debe ser eficiente. Claro que debe serlo. La pregunta es bastante m&#225;s inc&#243;moda: &#191;eficiente para qu&#233;?</p><h4><strong><span>Y el mismo error, al rev&#233;s</span></strong></h4><p style="text-align: justify;"><span>Cuando un presidente termina su gobierno dejando deuda, o un d&#233;ficit fiscal, tendemos &#8212;sobre todo hoy, sobre todo desde este mismo lente empresarial&#8212; a llamarlo mala gesti&#243;n. Casi un desfalco. Como si endeudar al Estado fuera, por definici&#243;n, sin&#243;nimo de haber administrado mal.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Pero entonces, siguiendo esa misma l&#243;gica, un super&#225;vit fiscal &#8212;cuando un gobierno recauda m&#225;s de lo que gasta&#8212; tendr&#237;a que ser sin&#243;nimo de buena gesti&#243;n.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>&#191;Y es as&#237;? La respuesta es que no. No siempre. No sin contexto. Y no necesariamente.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Ah&#237; tienes a Estados Unidos, el pa&#237;s que para muchos sigue siendo el ejemplo a seguir en casi todo. Su deuda p&#250;blica supera hoy los 39 billones de d&#243;lares &#8212; m&#225;s del 125% de todo lo que produce su econom&#237;a en un a&#241;o. Es, en n&#250;meros absolutos, la deuda m&#225;s grande del planeta. Y sin embargo, nadie construye ah&#237; su argumento sobre si Estados Unidos &#8220;administra bien o mal&#8221; solamente mirando ese n&#250;mero. Lo que se pregunta &#8212;lo que deber&#237;amos preguntarnos siempre&#8212; es en qu&#233; se sostiene esa deuda, qu&#233; produce, y qu&#233; pasar&#237;a si dejara de existir.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>No es lo mismo endeudarse para sostener indefinidamente un gasto que no produce nada, que hacerlo para construir un hospital o evitar el colapso de la econom&#237;a en una crisis. Tampoco es lo mismo un super&#225;vit que nace de cobrar impuestos con justicia, que uno que se logra aplazando lo urgente para que la cifra del a&#241;o cierre bonita. El n&#250;mero aislado no te dice cu&#225;l de esas cosas est&#225;s viendo &#8212; hace falta preguntar en qu&#233; se gast&#243;, qu&#233; produjo, y qu&#233; hubiera costado no gastarlo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Es exactamente el mismo error que vimos con la moralizaci&#243;n, solo que esta vez con el $igno cambiado. Gastar de m&#225;s nos parece autom&#225;ticamente malo, y gastar de menos nos parece autom&#225;ticamente bueno. Ninguna de las dos cosas es cierta por s&#237; sola.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y ah&#237; est&#225;, creo, el verdadero hilo de todo lo que te he venido contando hoy. No son dos errores distintos. Es el mismo error, disfrazado varias veces. Es pedirle al Estado que piense con una l&#243;gica prestada &#8212;la moral individual en un caso, el balance de una empresa en el otro&#8212; en lugar de con la l&#243;gica que efectivamente le corresponde: la de prevenir, sostener y responder por millones de personas que nunca vamos a conocer, durante a&#241;os que van a superar a cualquiera de nosotros.</span></p><h3><strong>Para cerrar, Querido Elector.</strong></h3><p style="text-align: justify;">Quiz&#225; ese sea, al final, el punto de todo este texto. No dejar de mirar. Sino aprender cu&#225;ndo nuestra mirada ya no alcanza.</p><p style="text-align: justify;">Porque una democracia necesita ciudadanos con valores, con principios, con sensibilidad frente al otro. Necesita personas capaces de indignarse, de cuestionar, de no convertir la injusticia en paisaje. Pero tambi&#233;n necesita electores capaces de entender que gobernar un pa&#237;s exige algo m&#225;s que trasladar nuestras intuiciones privadas a una escala mayor.</p><p style="text-align: justify;">Exige contexto. Exige datos. Exige tiempo. Exige preguntarse no solo cu&#225;nto cuesta una pol&#237;tica, sino qu&#233; problema intenta resolver. No solo cu&#225;nto gast&#243; un gobierno, sino en qu&#233; gast&#243;. No solo cu&#225;nto se endeud&#243;, sino para qu&#233;. No solo qu&#233; instituci&#243;n cerr&#243;, sino qu&#233; capacidad desapareci&#243; con ella.</p><p style="text-align: justify;">Tal vez por eso llevamos tantas semanas hablando de la mirada. Primero aprendimos a detenerla. Despu&#233;s, a desconfiar de la carpeta incompleta. Luego, a dirigirla hacia quienes hab&#237;amos dejado fuera. Hoy solo quer&#237;a agregar una &#250;ltima cosa: tambi&#233;n hay que saber a qu&#233; distancia mirar.</p><p style="text-align: justify;">Porque demasiado cerca, la pol&#237;tica puede parecer una suma de decisiones individuales. Demasiado lejos, puede convertirse en n&#250;meros sin personas. Y gobernar &#8212;pero tambi&#233;n elegir a quienes gobiernan&#8212; exige aprender a sostener las dos cosas al mismo tiempo: la humanidad suficiente para no olvidar a qui&#233;n afecta una decisi&#243;n, y la distancia suficiente para entender qu&#233; ocurre cuando esa decisi&#243;n alcanza a millones.</p><p style="text-align: justify;">Quiz&#225; esa sea la diferencia entre opinar sobre pol&#237;tica y empezar, de verdad, a entenderla.</p><p style="text-align: justify;">Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p style="text-align: justify;">Valeria Mendez</p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Cambiar el orden]]></title><description><![CDATA[Proyecto Nazaret &#183; Parte I]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/cambiar-el-orden</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/cambiar-el-orden</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 26 Jul 2026 20:03:31 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!9FtV!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F55d4bfee-69fa-4890-bccc-44139612f7a2_736x611.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/queridoelector.substack.com/subscribe"><span>Subscribe now</span></a></p><p><strong>Querido Elector:</strong></p><p style="text-align: justify;">El domingo pasado no hubo columna.</p><p style="text-align: justify;">No quise competir con la final del Mundial. La verdad, yo tambi&#233;n estaba esperando ese partido y sent&#237; que, por un d&#237;a, todos &#237;bamos a estar mirando hacia el mismo lugar. Me pareci&#243; m&#225;s honesto encontrarnos esta semana.</p><p style="text-align: justify;">Pero tengo que confesar algo.</p><p style="text-align: justify;">Extra&#241;&#233; escribir.</p><p style="text-align: justify;">Extra&#241;&#233; esa ansiedad de todos los domingos antes de publicar. Extra&#241;&#233; cerrar el computador, respirar profundo y empezar a esperar sus respuestas. Porque hace rato Querido Elector dej&#243; de sentirse como una columna que escribo yo y empez&#243; a sentirse como una conversaci&#243;n que construimos entre todos.</p><p style="text-align: justify;">Lo bueno de ese peque&#241;o descanso fue otra cosa.</p><p style="text-align: justify;">Me regal&#243; tiempo.</p><p style="text-align: justify;">Tiempo para seguir leyendo, para seguir pensando y, sobre todo, para seguir haci&#233;ndome preguntas.</p><p style="text-align: justify;">Porque, si algo he descubierto desde que empec&#233; este proyecto, es que casi todos los art&#237;culos nacen igual: de una pregunta que no me deja tranquila.</p><p style="text-align: justify;">Esta vez, la culpa la tuvo una serie.</p><p style="text-align: justify;">Se llama The Chosen (Los Elegidos) y, para quienes todav&#237;a no la han visto, reconstruye la vida de Jes&#250;s de Nazaret desde una perspectiva profundamente humana. No se concentra &#250;nicamente en sus milagros o en los grandes episodios que casi todos conocemos. Se detiene, sobre todo, en las personas que lo rodearon y en la manera en que &#233;l se relacionaba con ellas.</p><p style="text-align: justify;">Empec&#233; a verla por curiosidad.</p><p style="text-align: justify;">Y termin&#233; haciendo algo que no esperaba.</p><p style="text-align: justify;">Pausaba los cap&#237;tulos para tomar notas.</p><p style="text-align: justify;">Porque hab&#237;a algo que se repet&#237;a una y otra vez y que no lograba sacarme de la cabeza. No era un milagro. No era un discurso. Era una forma de mirar que, cuanto m&#225;s la observaba, m&#225;s extra&#241;a me parec&#237;a.</p><p style="text-align: justify;">Y fue esa extra&#241;eza &#8212;no la serie&#8212; la que termin&#243; convirti&#233;ndose en la investigaci&#243;n m&#225;s larga que he hecho desde que naci&#243; Querido Elector.</p><h2>No fueron los milagros</h2><p style="text-align: justify;">Lo que me llam&#243; la atenci&#243;n de ese Jes&#250;s que estaba conociendo por la serie no fueron sus palabras.</p><p style="text-align: justify;">Fueron sus actos.</p><p style="text-align: justify;">Se acercaba a quienes nadie se acercaba. Miraba a quienes nadie miraba. Escuchaba a quienes nadie escuchaba. Al enfermo, al leproso, al marginado, al excluido: a esa persona que la sociedad entera ya hab&#237;a decidido, de antemano, no ver.</p><p style="text-align: justify;">Y durante un buen tiempo pens&#233; que eso era, simplemente, bondad. Misericordia, en el sentido m&#225;s suave de la palabra: alguien especialmente bueno, especialmente compasivo, en un mundo que no siempre lo era.</p><p style="text-align: justify;">Pero cuanto m&#225;s lo ve&#237;a, m&#225;s sospechaba que estaba siendo injusta con &#233;l al llamarlo solo as&#237;.</p><p style="text-align: justify;">Porque bondad es lo que uno practica dentro de las reglas. Y lo que Jes&#250;s hac&#237;a, en su contexto, no cab&#237;a dentro de ninguna.</p><p style="text-align: justify;">Viv&#237;a en un territorio ocupado por Roma. Un imperio que gobernaba con impuestos, con ej&#233;rcito propio estacionado en el territorio y con una jerarqu&#237;a muy clara de qui&#233;n mandaba y qui&#233;n obedec&#237;a: arriba el emperador, despu&#233;s sus gobernadores, despu&#233;s la &#233;lite local que negociaba con ellos para conservar algo de poder, y abajo, muy abajo, el pueblo com&#250;n. Roma decid&#237;a, desde afuera, qui&#233;n ten&#237;a autoridad y qui&#233;n no.</p><p style="text-align: justify;">Y, en paralelo, exist&#237;a otra autoridad, esta vez desde adentro: las normas religiosas, cuidadas con enorme rigor por los fariseos. No eran villanos, aunque despu&#233;s la historia los recordara as&#237;. Eran gente profundamente convencida de que, en un pueblo ocupado por un imperio extranjero, lo &#250;nico que quedaba para no perder la identidad era cuidar la fe con una disciplina casi obsesiva: qu&#233; se com&#237;a, con qui&#233;n se hablaba, qu&#233; d&#237;as se trabajaba, qui&#233;n estaba puro y qui&#233;n no. Esas normas decid&#237;an, desde adentro, qui&#233;n pertenec&#237;a y qui&#233;n no.</p><p style="text-align: justify;">Roma con el poder. Las normas religiosas con la pertenencia. Dos autoridades distintas, dos maneras separadas de fijar de antemano lo que a cada quien le tocaba en la vida.</p><p style="text-align: justify;">Y ah&#237; llega Jes&#250;s, sanando en shabat.</p><p style="text-align: justify;">El shabat no era una regla cualquiera. Era uno de los pilares sobre los que descansaba la identidad del pueblo jud&#237;o. Interrumpirlo no significaba simplemente incumplir una norma; significaba desafiar una forma de entender el orden mismo de la comunidad. Y sanar, en ese contexto, se consideraba trabajo. As&#237; que cuando Jes&#250;s cura a un hombre ese d&#237;a, la conversaci&#243;n que sigue no gira sobre la persona que acaba de recuperar la salud.</p><p style="text-align: justify;">Gira sobre si &#233;l ten&#237;a autoridad para decidir eso.</p><p style="text-align: justify;">Y &#233;l responde con una sola frase:</p><p style="text-align: justify;">&#8220;El d&#237;a de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del d&#237;a de reposo&#8221; (Marcos 2:27, RVR1960).</p><p style="text-align: justify;">Nadie contest&#243;. Y ese silencio me pareci&#243;, mientras lo ve&#237;a, mucho m&#225;s elocuente que cualquier milagro.</p><p style="text-align: justify;">Porque ah&#237; entend&#237; que lo que yo estaba viendo no era, en el fondo, un acto de bondad.</p><p style="text-align: justify;">Era un acto de autoridad.</p><p style="text-align: justify;">Toda norma -el shabat, la pureza, el estatus del recaudador, la distancia con el leproso- es, en el fondo, una decisi&#243;n ya tomada de antemano: qu&#233; prevalece cuando algo choca con algo m&#225;s. Eso es lo que hace una norma: te evita tener que decidir caso por caso. El shabat ya hab&#237;a decidido que el descanso prevalec&#237;a. El sistema entero ya hab&#237;a decidido que la distancia con el leproso prevalec&#237;a sobre el impulso de acercarse a &#233;l.</p><p style="text-align: justify;">Y Jes&#250;s, escena tras escena, decid&#237;a lo contrario.</p><p style="text-align: justify;">No ped&#237;a permiso. No discut&#237;a la norma en abstracto. Simplemente, frente a cada persona concreta, actuaba como si tuviera jurisdicci&#243;n para reabrir un caso que la ley y la costumbre ya hab&#237;an dado por cerrado.</p><p style="text-align: justify;">Eso no es bondad. Es poder. El poder m&#225;s elemental que existe: decidir qu&#233; prevalece cuando dos cosas entran en conflicto.</p><p style="text-align: justify;">Y ese poder no lo ejerc&#237;a con discursos ni con ej&#233;rcitos. Lo ejerc&#237;a mirando.</p><p style="text-align: justify;">Deteni&#233;ndose exactamente donde la norma ya hab&#237;a decidido, de antemano, que no hab&#237;a nada que mirar. Escuchando a quien ya hab&#237;a sido descartado de la conversaci&#243;n antes de abrir la boca. Llamando por su nombre a quien la sociedad entera hab&#237;a aprendido a nombrar solo por su condici&#243;n: el leproso, la pecadora, el recaudador, el mendigo.</p><p style="text-align: justify;">Devolverle a alguien su nombre, en un mundo que solo le hab&#237;a dejado una categor&#237;a, no era un gesto tierno. Era restituirle, en p&#250;blico, algo que el poder y la norma le hab&#237;an quitado: su lugar entre los dem&#225;s.</p><p style="text-align: justify;">Y en un mundo donde ya exist&#237;a un orden establecido para cada causa y, por lo tanto, para cada trato, detenerse a mirar y a dignificar a quien ese orden ya hab&#237;a descartado de antemano no pod&#237;a leerse como un gesto inocente.</p><p style="text-align: justify;">Se le&#237;a como una provocaci&#243;n pol&#237;tica.</p><h2>Qui&#233;n pertenece</h2><p style="text-align: justify;">Toda comunidad pol&#237;tica &#8212;lo sepa o no, lo admita o no&#8212; termina respondiendo la misma pregunta de fondo: qui&#233;n pertenece plenamente, qui&#233;n pertenece a medias y qui&#233;n queda condenado a vivir en el margen. No es una pregunta m&#225;s, entre muchas. Es la pregunta que subyace a cualquier otra. Antes de discutir impuestos, fronteras o leyes, toda sociedad ya decidi&#243;, de antemano y casi siempre en silencio, qui&#233;n cuenta como uno de los suyos y qui&#233;n no del todo.</p><p style="text-align: justify;">Ya lo vimos: Roma respondi&#243; esa pregunta con la fuerza: contaban los ciudadanos, y contaban en proporci&#243;n a su cercan&#237;a con el poder. El sistema de pureza religiosa respond&#237;a esa misma pregunta de otra manera: contaban quienes cumpl&#237;an los rituales de purificaci&#243;n, y el enfermo, la mujer marcada, el recaudador, quedaban a medio camino: ni completamente adentro de la comunidad, ni del todo afuera. Y Jes&#250;s &#8212;esto es lo que me descoloca cada vez que lo pienso&#8212; respondi&#243; exactamente la misma pregunta, pero al rev&#233;s: cuentan, primero, quienes nadie m&#225;s cuenta.</p><p style="text-align: justify;">No es casualidad que la pol&#237;tica, dos mil a&#241;os despu&#233;s, siga siendo eso.</p><p style="text-align: justify;">Pens&#225;ndolo as&#237;, empec&#233; a sospechar que toda pol&#237;tica, incluso antes de convertirse en leyes o instituciones, organiza algo mucho m&#225;s elemental: la forma en que convivimos con los dem&#225;s. Decide qui&#233;n pertenece sin esfuerzo, qui&#233;n tiene que demostrar constantemente que pertenece y qui&#233;n queda, casi siempre, viviendo en el margen.</p><p style="text-align: justify;">Cuando empec&#233; a leer teor&#237;a pol&#237;tica para entender por qu&#233; esa intuici&#243;n me resultaba tan familiar, me encontr&#233; con Hannah Arendt. Ella sosten&#237;a que la pol&#237;tica no nace del Estado ni de la ley, sino del instante mismo en que aparece otro ser humano frente a nosotros y nos obliga a decidir qu&#233; hacer con su presencia. Antes de gobiernos, hay encuentro. Jes&#250;s deteni&#233;ndose frente al leproso, mucho antes de cualquier teor&#237;a, ya estaba haciendo exactamente eso: pol&#237;tica en su forma m&#225;s elemental, no la de las leyes, sino la del reconocimiento.</p><p style="text-align: justify;">Y cuando Arendt me ayud&#243; a entender el encuentro, el fil&#243;sofo Emmanuel Levinas me ayud&#243; a entender el rostro. Para &#233;l, el rostro del otro nos reclama antes de que tengamos tiempo de pensar, antes de cualquier c&#225;lculo, antes de cualquier sistema moral que hayamos construido. La responsabilidad, dec&#237;a, nos llega antes de que la elijamos. Y esto explica, mejor que cualquier otra cosa, por qu&#233; la escena del shabat incomod&#243; tanto a los fariseos: porque ah&#237;, frente al hombre con la mano paralizada, hab&#237;a dos posturas posibles frente al mismo rostro. Una que preguntaba primero qu&#233; exig&#237;a la norma. Otra que preguntaba primero qu&#233; exig&#237;a esa cara concreta, ese sufrimiento concreto. Jes&#250;s eligi&#243; la segunda antes de que existiera Levinas para explicarnos por qu&#233; esa elecci&#243;n importaba tanto.</p><p style="text-align: justify;">Y fue entonces cuando comprend&#237; que esa forma de mirar no era solo una cuesti&#243;n &#233;tica. Tambi&#233;n era una condici&#243;n para cualquier comunidad pol&#237;tica. M&#225;s tarde descubr&#237; que la fil&#243;sofa Martha Nussbaum hab&#237;a llegado a una conclusi&#243;n parecida desde otro lugar. Sostiene que una democracia necesita cultivar deliberadamente la compasi&#243;n p&#250;blica, no como sentimentalismo privado, sino como la capacidad de reconocer que el sufrimiento del otro importa y merece una respuesta. Sin ella, advierte, incluso las instituciones m&#225;s justas terminan operando en el vac&#237;o. Y creo que ah&#237; est&#225;, exactamente, el punto donde Jes&#250;s deja de ser una figura del pasado y se convierte en un interlocutor inc&#243;modo del presente: porque nuestras democracias contempor&#225;neas, tan orgullosas de sus derechos y sus leyes, siguen fallando precisamente en esa pregunta m&#225;s antigua y m&#225;s simple que cualquier constituci&#243;n. &#191;A qui&#233;n decidimos, en los hechos, mirar primero?</p><p style="text-align: justify;">As&#237; que no. La pregunta que de verdad importa no es si Jes&#250;s tiene algo que decirle a nuestra &#233;poca.</p><p style="text-align: justify;">La pregunta es si nuestra &#233;poca, con toda su sofisticaci&#243;n, ha logrado responder mejor que &#233;l aquella pregunta antropol&#243;gica que ninguna sociedad puede evitar: qui&#233;n pertenece.</p><p style="text-align: justify;">Y sospecho, aunque me cueste admitirlo, que la respuesta todav&#237;a no nos favorece.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!9FtV!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F55d4bfee-69fa-4890-bccc-44139612f7a2_736x611.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!9FtV!, /__u/queridoelector.substack.com/w_424, 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Vemos &#8220;frontera&#8221;. Vemos &#8220;ilegales&#8221;. Cuando hablamos de pobreza, ya no vemos al pobre &#8212;esa persona con nombre, con una tarde exacta en que todo empez&#243; a &#237;rsele de las manos&#8212;. Vemos una cifra, un porcentaje, un problema de presupuesto. Cuando hablamos de enfermos, ya no vemos a quien est&#225; tratando de sostenerse un d&#237;a m&#225;s. Vemos gasto en salud, carga para el sistema, una fila que hay que administrar.</p><p style="text-align: justify;">Fue entonces cuando me di cuenta de algo que hasta ese momento hab&#237;a pasado por alto.</p><p style="text-align: justify;">Frontera. Presupuesto. Gasto. Carga.</p><p style="text-align: justify;">Son palabras de mercado.</p><p style="text-align: justify;">Aprendimos a habitar incluso el sufrimiento humano con la l&#243;gica del costo y el beneficio, como si el valor de una persona pudiera calcularse igual que el valor de una mercanc&#237;a: cu&#225;nto cuesta, cu&#225;nto produce, cu&#225;nto pesa.</p><p style="text-align: justify;">Y cuando esa l&#243;gica entra en nuestra manera de mirar a los dem&#225;s, dejamos de encontrarnos con personas.</p><p style="text-align: justify;">Empezamos a encontrarnos con categor&#237;as.</p><p style="text-align: justify;">Agrupamos. Clasificamos. Generalizamos. Y terminamos juzgando con una vehemencia que, por momentos, se parece demasiado a la de aquellos fariseos frente a Jes&#250;s.</p><p style="text-align: justify;">No creo que seamos peores personas que ellos. Creo que, en el fondo, nos ocurre algo muy parecido: tambi&#233;n nosotros vivimos dentro de un orden que ya decidi&#243;, antes de que aparezca una persona concreta, c&#243;mo debemos verla.</p><p style="text-align: justify;">Tal vez los fariseos de esta &#233;poca seamos nosotros.</p><p style="text-align: justify;">Y fue ah&#237; donde entend&#237; que llevaba d&#237;as buscando una palabra.</p><p style="text-align: justify;"><strong>Misericordia.</strong></p><p style="text-align: justify;">La conocemos desde siempre, pero la dejamos vivir casi exclusivamente dentro del lenguaje religioso.</p><p style="text-align: justify;">La palabra viene del lat&#237;n <em>miserere</em> &#8212;tener compasi&#243;n&#8212; y <em>cor</em> &#8212;coraz&#243;n&#8212;. Literalmente, un coraz&#243;n sensible frente a la miseria ajena. La entendimos durante siglos como una virtud profundamente religiosa y, a lo sumo, personal: compadecerse del sufrimiento de los dem&#225;s, perdonar el error y ayudar sin esperar nada a cambio.</p><p style="text-align: justify;">Y todo eso sigue siendo cierto.</p><p style="text-align: justify;">Lo que ya no me parece suficiente es dejarla &#250;nicamente ah&#237;.</p><p style="text-align: justify;">Porque esas tres acciones &#8212;compadecerse, perdonar y ayudar&#8212; no ocurren fuera de la vida en com&#250;n. Ocurren precisamente all&#237; donde convivimos con otros. Y toda forma de convivir termina siendo, tambi&#233;n, una decisi&#243;n pol&#237;tica.</p><p style="text-align: justify;">Por eso creo que la misericordia merece salir del lugar donde solemos dejarla. No para convertir la pol&#237;tica en religi&#243;n, sino para recordar que toda pol&#237;tica empieza mucho antes de las leyes, de los discursos o de las elecciones.</p><p style="text-align: justify;">Empieza en la manera en que decidimos mirar a las personas.</p><p style="text-align: justify;">La misericordia, entendida as&#237;, no consiste en renunciar a la justicia ni en ignorar la ley. Consiste en negarse a que la ley, el c&#225;lculo, el inter&#233;s o el error ocupen todo el lugar de una persona.</p><p style="text-align: justify;">Tampoco es l&#225;stima, que mira desde arriba. Ni empat&#237;a, que solo alcanza a quien se nos parece lo suficiente como para imaginarnos en su lugar.</p><p style="text-align: justify;">Es otra cosa.</p><p style="text-align: justify;">Es la decisi&#243;n de seguir viendo a una persona completa all&#237; donde el resto del mundo ya solo ve una categor&#237;a.</p><p style="text-align: justify;">Y sospecho que ning&#250;n lugar la necesita tanto como la vida p&#250;blica.</p><p style="text-align: justify;">Cuando, antes de pedir m&#225;s mano dura, alguien se pregunta por el nombre, la historia y las circunstancias del joven que terminar&#225; viviendo &#8212;o muriendo&#8212; las consecuencias de esa decisi&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Eso es misericordia.</p><p style="text-align: justify;">Cuando dejamos de hablar de &#8220;los pobres&#8221; como si fueran un bloque uniforme y volvemos a encontrarnos con personas concretas, con nombres concretos y con historias concretas.</p><p style="text-align: justify;">Eso es misericordia.</p><p style="text-align: justify;">Y cuando alguien nos hace da&#241;o y, sin negar ese da&#241;o, nos resistimos a creer que ese da&#241;o agota todo lo que esa persona es.</p><p style="text-align: justify;">Eso tambi&#233;n es misericordia.</p><p style="text-align: justify;">Entonces volv&#237; a la pregunta que hab&#237;a consumido casi toda mi semana: &#191;qu&#233; hacemos frente a una sociedad que aprendi&#243; a mirar primero el acto, la norma o la categor&#237;a, y solo despu&#233;s &#8212;si todav&#237;a queda tiempo&#8212; a la persona?</p><p style="text-align: justify;">La respuesta termin&#243; siendo mucho m&#225;s sencilla de lo que esperaba.</p><p style="text-align: justify;">Tan sencilla que, sospecho, por eso mismo nos cuesta verla.</p><p style="text-align: justify;">Hasta que volv&#237; a leer a Mateo.</p><p style="text-align: justify;">&#8220;Tuve hambre, y me disteis de comer&#8221;. Tuvo sed, y le dieron de beber. Fue forastero, y lo recibieron.</p><p style="text-align: justify;">Eso fue todo.</p><p style="text-align: justify;">Y, de repente, entend&#237;.</p><p style="text-align: justify;">La revoluci&#243;n de Jes&#250;s nunca consisti&#243; en ofrecer respuestas m&#225;s complejas que las de su tiempo.</p><p style="text-align: justify;">Consisti&#243; en cambiar el orden de nuestras prioridades. No en abolir las normas ni en sustituir la justicia por la compasi&#243;n, sino en no dejar que ninguna de las dos ocupe el lugar que le corresponde a una persona.</p><p style="text-align: justify;">Antes que la nacionalidad, hab&#237;a un forastero.</p><p style="text-align: justify;">Antes que el delito, hab&#237;a un preso.</p><p style="text-align: justify;">Antes que la enfermedad, hab&#237;a una persona que sufr&#237;a.</p><p style="text-align: justify;">Antes que cualquier categor&#237;a, hab&#237;a alguien.</p><p style="text-align: justify;">Porque, antes de ser migrante o nacional, preso o ciudadano, pobre o rico, enfermo o sano, conservador o progresista, compartimos una condici&#243;n anterior a cualquier otra.</p><p style="text-align: justify;">Somos personas. Eso no nos hace iguales. Pero s&#237; nos hace merecedores de la misma mirada.</p><p style="text-align: justify;">Y sospecho que ese sigue siendo, dos mil a&#241;os despu&#233;s, uno de los desaf&#237;os pol&#237;ticos m&#225;s profundos de nuestro tiempo.</p><p style="text-align: justify;">No aprender a construir mejores categor&#237;as &#8212;para eso ya somos expertos&#8212;</p><p style="text-align: justify;">sino aprender, por fin, a mirar primero el rostro antes de juzgar el acto.</p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La carpeta que nunca vimos]]></title><description><![CDATA[Por Valeria Mendez &#8212; An&#225;lisis pol&#237;tico]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/la-carpeta-que-nunca-vimos</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/la-carpeta-que-nunca-vimos</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 12 Jul 2026 14:28:25 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Hhfh!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa9d2e4e5-e3f2-463a-8f77-ac3b9b01a5dd_1024x682.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/queridoelector.substack.com/subscribe"><span>Subscribe now</span></a></p><p><strong>Querido Elector:</strong></p><p>La semana pasada terminamos con una idea que, desde entonces, no ha dejado de darme vueltas en la cabeza: el tiempo se ha convertido en uno de los recursos m&#225;s desiguales de nuestra &#233;poca.</p><p>Hay quienes pueden detenerse a leer una noticia completa, contrastar versiones, buscar el documento original y formarse una opini&#243;n. Otros apenas alcanzan a leer un titular entre una jornada de trabajo y otra. No porque les falte inter&#233;s, sino porque les falta tiempo. Y cuando el tiempo escasea, tambi&#233;n escasea la posibilidad de comprender con calma las decisiones que terminan afectando nuestra vida.</p><p>Pensando en eso, me pregunt&#233; c&#243;mo pod&#237;a explicar una idea que llevaba d&#237;as rond&#225;ndome sin caer en una columna m&#225;s sobre pol&#237;tica, democracia o comunicaci&#243;n. La respuesta fue mucho m&#225;s sencilla de lo que esperaba.</p><p>No quiero que hoy leas este art&#237;culo.</p><p>Quiero que, por unos minutos, lo vivas.</p><p>Solo necesito que aceptes una condici&#243;n.</p><p>Hoy no vas a leer este art&#237;culo como ciudadano.</p><p><strong>Hoy vas a gobernar.</strong></p><p>Olvida qui&#233;n eres, d&#243;nde vives, qu&#233; votaste o qu&#233; piensas de la pol&#237;tica. Imagina que acabas de ganar las elecciones para gobernar una ciudad costera de alg&#250;n lugar del Caribe latinoamericano.</p><p>Es una ciudad alegre. La gente encuentra cualquier excusa para reunirse, discutir de f&#250;tbol, salir a la calle o bailar una canci&#243;n que conoce de memoria. All&#237; se aprende muy temprano que, incluso cuando la vida aprieta, siempre hay razones para sonre&#237;r.</p><p>Pero tambi&#233;n es una ciudad profundamente desigual. Hay barrios donde parece que el desarrollo lleg&#243; hace a&#241;os. En otros, cada temporada de lluvias revive exactamente los mismos problemas de siempre. Familias que todav&#237;a esperan mejores colegios, hospitales m&#225;s dignos, agua potable constante o una soluci&#243;n definitiva para aquello que lleva d&#233;cadas prometi&#233;ndose.</p><p>Hace apenas unas horas levantaste la mano y juraste administrar los recursos p&#250;blicos y garantizar los derechos de todos los ciudadanos.</p><p>Hoy eres alcalde.</p><p>No fue una victoria aplastante, pero fue suficiente. Meses de campa&#241;a, reuniones interminables, promesas, entrevistas, debates &#8212; y al final, la gente decidi&#243; darte una oportunidad.</p><p>Afuera hay periodistas esperando. Tu equipo celebra. Las c&#225;maras registran cada movimiento.</p><p>Pero ganar unas elecciones nunca significa llegar solo. Detr&#225;s de esa victoria hubo un equipo que crey&#243; en ti, l&#237;deres que movilizaron votos, empresarios que financiaron parte de la campa&#241;a. Algunos compart&#237;an tus ideas. Otros simplemente confiaban en que un gobierno nuevo tambi&#233;n ser&#237;a una nueva oportunidad para ellos.</p><p>Hoy eres quien toma las decisiones m&#225;s importantes de la ciudad. Y, aunque todav&#237;a no lo sepas del todo, el poder nunca llega solo. Tambi&#233;n llega acompa&#241;ado de expectativas.</p><p>Son las ocho de la ma&#241;ana de tu primer d&#237;a. Apenas alcanzas a sentarte cuando alguien toca la puerta.</p><p>&#8212;Alcalde, hay un asunto urgente.</p><p>Tu secretario deja una carpeta sobre el escritorio. La abres.</p><p>La ciudad lleva casi quince a&#241;os enfrentando el mismo problema. Cada temporada de lluvias, un arroyo se desborda y convierte la rutina de miles de personas en un caos. Las calles desaparecen bajo el agua. Los ni&#241;os faltan al colegio. Las ambulancias no logran pasar. Un trayecto que en &#233;poca seca toma cuarenta minutos, en octubre se convierte en dos horas &#8212; dos horas que alguien, en alg&#250;n barrio de tu ciudad, lleva quince a&#241;os sin recuperar. Ni para dormir, ni para estudiar, ni para nada.</p><p>Durante la campa&#241;a prometiste resolver esto. Hoy puedes hacerlo.</p><p>Respiras tranquilo. Por fin, una decisi&#243;n sencilla.</p><p>O eso crees.</p><p>Los ingenieros ya hicieron los estudios. La soluci&#243;n existe: canalizar completamente el arroyo. Es una obra costosa y compleja. Va a tardar varios a&#241;os. Cuando termine, probablemente ya no seas alcalde. Y casi toda la intervenci&#243;n va a quedar bajo tierra &#8212; nada que fotografiar, nada llamativo, nada que aparezca en una postal de la ciudad. Pero resuelve el problema. De verdad lo resuelve.</p><p>Mientras sigues leyendo, tu jefe de gabinete vuelve a entrar.</p><p>&#8212;Antes de decidir, hay cosas que deber&#237;a saber.</p><p>Deja tres carpetas m&#225;s sobre el escritorio.</p><p>La primera dice <em>Compromisos</em>. La abres, y ah&#237; est&#225; &#193;lvaro Quintero &#8212; el empresario que puso el 40% de tu campa&#241;a&#8212; interesado, junto con otras firmas, en participar en la licitaci&#243;n de la obra. Nadie te amenaza. Nadie te lo exige. Pero todos esperan que te acuerdes de qui&#233;n estuvo contigo cuando pocos cre&#237;an que pod&#237;as ganar.</p><p>La segunda dice <em>Presupuesto</em>. No alcanza para todo. Si le metes la mayor&#237;a de los recursos a resolver esto de manera definitiva, vas a tener que aplazar otras promesas de campa&#241;a.</p><p>La tercera dice <em>Comunicaciones</em>. Tu equipo ya prepar&#243; dos escenarios.</p><h3><strong>La decisi&#243;n</strong></h3><p>Cierras la &#250;ltima carpeta.</p><p>Durante unos segundos, el despacho queda en silencio. Miras por la ventana. All&#225; afuera hay una ciudad esperando respuestas. No una ciudad perfecta: una ciudad desigual, con barrios que llevan a&#241;os esperando agua potable, hospitales que necesitan inversi&#243;n, colegios que se caen a pedazos, familias que sienten que siempre hay una urgencia m&#225;s importante que la suya.</p><p>Y entonces entiendes algo que nadie te explic&#243; durante la campa&#241;a: gobernar casi nunca consiste en elegir entre lo bueno y lo malo. Consiste en decidir qu&#233; problema resolver primero. Y, sobre todo, cu&#225;l tendr&#225; que seguir esperando.</p><p>Tu jefe de gabinete vuelve a mirarte.</p><p>&#8212;Alcalde, la ciudad est&#225; esperando.</p><p>Respiras profundo. Sobre tu escritorio hay tres alternativas. No puedes escoger dos. No puedes aplazar la decisi&#243;n. Solo una.</p><p><strong>Opci&#243;n A. Resolver el problema de una vez por todas.</strong></p><p>Canalizas completamente el arroyo, tal como recomendaron los ingenieros. Miles de familias dejan de inundarse cada temporada de lluvias, los ni&#241;os vuelven al colegio sin arriesgar la vida, las ambulancias por fin pueden entrar, los comerciantes dejan de perder d&#237;as enteros de trabajo. Resuelves, de ra&#237;z, un problema que la ciudad lleva quince a&#241;os soportando.</p><p><em>&#191;Qu&#233; ganas?</em> Miles de personas mejoran su calidad de vida durante las pr&#243;ximas d&#233;cadas. La ciudad deja atr&#225;s, para siempre, un problema estructural.</p><p><em>&#191;Qu&#233; sacrificas?</em> La obra tarda varios a&#241;os y gran parte queda bajo tierra. Probablemente sea el pr&#243;ximo alcalde quien corte la cinta y aparezca en la fotograf&#237;a. El m&#233;rito pol&#237;tico no va a ser tuyo.</p><p><strong>Opci&#243;n B. Mostrar resultados desde el primer a&#241;o.</strong></p><p>Divides el proyecto en etapas y empiezas por la parte visible: un gran malec&#243;n, con senderos peatonales, iluminaci&#243;n, zonas verdes y espacios p&#250;blicos donde antes solo hab&#237;a abandono. La ciudad cambia de inmediato. Las familias recuperan un lugar para encontrarse, los comerciantes vuelven, los barrios se valorizan. Tu equipo de comunicaciones ya tiene lista la campa&#241;a de lanzamiento: los medios van a tener im&#225;genes, va a haber una gran inauguraci&#243;n, y la ciudad va a sentir, por primera vez en mucho tiempo, que las cosas empiezan a cambiar.</p><p><em>&#191;Qu&#233; ganas?</em> Recuperas espacios p&#250;blicos reales. La percepci&#243;n de cambio llega de inmediato, y con ella, el respaldo pol&#237;tico que necesitas para impulsar el resto de tu agenda de gobierno.</p><p><em>&#191;Qu&#233; sacrificas?</em> El problema que origina todo sigue necesitando nuevas etapas. Las familias que viven aguas abajo van a seguir enfrentando las inundaciones varios a&#241;os m&#225;s.</p><p><strong>Opci&#243;n C. Priorizar otras urgencias.</strong></p><p>No inicias la obra, al menos no por ahora. Con ese mismo presupuesto puedes construir dos hospitales de primer nivel, ampliar la cobertura educativa de miles de ni&#241;os, o fortalecer la seguridad en los barrios con mayores &#237;ndices de violencia. La ciudad tiene demasiadas necesidades, y el dinero no alcanza para todas.</p><p><em>&#191;Qu&#233; ganas?</em> Respondes a otras urgencias igual de reales. Puedes mejorar la vida de miles de personas desde el primer a&#241;o.</p><p><em>&#191;Qu&#233; sacrificas?</em> Cada temporada de lluvias, el arroyo va a seguir exactamente donde est&#225;.</p><p>No sigas leyendo todav&#237;a. En serio. Cierra los ojos si hace falta y piensa unos segundos.</p><p>&#191;Qu&#233; opci&#243;n elegiste? No la que elegir&#237;a el mejor alcalde. Ni la que crees que yo elegir&#237;a.</p><p>La que elegiste t&#250;.</p><p>...</p><p>&#191;Ya la tienes? Perfecto. No la cambies.</p><p>Suelta el despacho. Suelta las carpetas. Suelta los aplausos.</p><p>Vuelve a ser t&#250;, querido Elector. El mismo de siempre, con tu misma vida, tu mismo trabajo, tu mismo trayecto de todos los d&#237;as.</p><p>Pero antes de seguir, hazme un favor: no sueltes del todo la decisi&#243;n que acabas de tomar. Gu&#225;rdala en alg&#250;n bolsillo. La vamos a necesitar de nuevo.</p><p>Porque aqu&#237;, en la vida real &#8212;la tuya, la m&#237;a, la de cualquiera que nunca va a tener un despacho ni una carpeta con su nombre&#8212; pasa algo curioso. Nunca nos sentamos frente a esas tres opciones. Nunca nadie nos explica el costo y el beneficio de cada camino, con la calma de un informe t&#233;cnico, antes de que la decisi&#243;n ya est&#233; tomada. A nosotros la decisi&#243;n nos llega despu&#233;s. Ya envuelta. Ya editada. Ya con un titular que anuncia que la ciudad va a cambiar para siempre.</p><h3><strong>La carpeta que nunca vimos</strong></h3><p>Esa promesa que hiciste al jurar el cargo &#8212;garantizar los derechos de todos los ciudadanos&#8212; sonaba justa, sonaba democr&#225;tica, sonaba exactamente a lo que esperamos escuchar de quien quiere gobernarnos.</p><p>Pero hace apenas unos minutos descubriste algo que durante la campa&#241;a nadie te cont&#243;: gobernar tambi&#233;n consiste en decidir qu&#233; necesidades atender primero.</p><p>Porque cuando el presupuesto no alcanza para todo, la pol&#237;tica deja de ser el terreno de las promesas y se convierte en el de las prioridades.</p><p>Y las prioridades nunca son neutras: cada decisi&#243;n que acerca un derecho a unos obliga, inevitablemente, a otros a seguir esperando.</p><p>Entonces la pregunta deja de ser si los ciudadanos tienen derechos. Jur&#237;dicamente, los tienen. La pregunta verdaderamente inc&#243;moda es otra: &#191;qui&#233;n tiene realmente las condiciones para ejercerlos?</p><p>Amartya Sen lleva d&#233;cadas insistiendo en una idea que le queda perfecta a este momento: una democracia no se fortalece &#250;nicamente porque reconozca m&#225;s derechos, sino porque crea las condiciones para que las personas puedan ejercerlos. Tener un derecho escrito en una Constituci&#243;n no significa, necesariamente, poder vivirlo.</p><p>Y ah&#237; vuelve la decisi&#243;n que guardaste en el bolsillo hace un momento. Porque quien te muestre el resultado de esa decisi&#243;n &#8212;sea cual sea la que elegiste&#8212; nunca te va a mostrar la carpeta completa. Te va a mostrar el parque, o los dos hospitales, o el titular que anuncia que el problema qued&#243; resuelto. Lo que casi nunca vas a ver es todo lo que qued&#243; afuera: las otras opciones, los compromisos, el presupuesto que no alcanz&#243;.</p><p>Y eso no es casualidad ni es, necesariamente, mala fe. Es que reconstruir esa carpeta completa toma tiempo. Tiempo para informarse, comparar, dudar, preguntar. El mismo tiempo del que hablamos la semana pasada, y que tampoco est&#225; repartido por igual. Ejercer la ciudadan&#237;a no es solo poder votar: es tener el tiempo para comprender aquello sobre lo que se est&#225; decidiendo. Por eso el tiempo no es solo un privilegio personal &#8212; es una condici&#243;n para la ciudadan&#237;a.</p><p>Pensemos, por un momento, en esa misma persona que sali&#243; de trabajar despu&#233;s de doce horas, pas&#243; otras dos atrapada en un bus para llegar a su casa, y todav&#237;a tiene que preparar la comida del d&#237;a siguiente. Cuando por fin logra sentarse unos minutos frente al televisor, el alcalde inaugura el nuevo malec&#243;n. La ciudad parece avanzar. Los titulares hablan de transformaci&#243;n, y con la informaci&#243;n que tiene delante, celebra la noticia.</p><p>Y hay que decirlo con toda claridad: no lo hace por negligencia, ni por ignorancia, mucho menos porque no le importe su ciudad. Lo hace porque nunca tuvo el tiempo para reconstruir todo lo que ocurri&#243; antes de esa inauguraci&#243;n.</p><p>Nunca vio la carpeta completa.</p><p>Mientras celebra el malec&#243;n, el agua sigue entrando por la puerta de su casa.</p><p>Quiz&#225;s esa sea una de las desigualdades m&#225;s silenciosas de todas: no solo la diferencia en los ingresos, en la educaci&#243;n o en el lugar donde nacimos, sino tambi&#233;n la diferencia en las condiciones para ejercer aquello que, en teor&#237;a, nos pertenece por igual. Porque un derecho que existe &#250;nicamente en el papel termina pareci&#233;ndose demasiado a una promesa.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Hhfh!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa9d2e4e5-e3f2-463a-8f77-ac3b9b01a5dd_1024x682.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Hhfh!, /__u/queridoelector.substack.com/w_424, /__u/queridoelector.substack.com/c_limit, /__u/queridoelector.substack.com/f_webp, /__u/queridoelector.substack.com/q_auto:good, /__u/queridoelector.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa9d2e4e5-e3f2-463a-8f77-ac3b9b01a5dd_1024x682.png 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!Hhfh!, 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xmlns="http://www.w3.org/2000/svg"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><h3><strong>Para cerrar, Querido Elector.</strong></h3><p>Solo quisiera dejarte una &#250;ltima reflexi&#243;n.</p><p>La pr&#243;xima vez que una decisi&#243;n pol&#237;tica te entusiasme, cel&#233;brala si de verdad crees que merece celebrarse. Las buenas obras existen, y est&#225; bien reconocerlas. Pero antes de darla por suficiente, hazte una pregunta m&#225;s.</p><p>&#191;Qu&#233; problema vino realmente a resolver? &#191;Era ese el problema de fondo, o apenas la parte que todos pod&#237;amos ver?</p><p>Porque hay algo que la pol&#237;tica ense&#241;a poco y la vida recuerda todos los d&#237;as: no todo lo importante es visible. La calidad de una escuela no se inaugura con una cinta. La fortaleza de un sistema de salud no cabe en una fotograf&#237;a. La confianza en la justicia rara vez aparece en un titular.</p><p>El problema nunca fue construir el malec&#243;n. El problema aparece cuando empezamos a creer que una obra visible equivale, por s&#237; sola, a haber resuelto un problema que nunca dej&#243; de existir.</p><p>Porque muchas veces somos nosotros mismos quienes, por no haber tenido el tiempo para profundizar, terminamos celebrando decisiones que nunca transformaron nuestra propia realidad. Las defendemos con convicci&#243;n. Las repetimos como si fueran nuestras. Y, sin darnos cuenta, terminamos reproduciendo prioridades que quiz&#225;s nunca respondieron a nuestras necesidades, sino a las de alguien m&#225;s.</p><p>Y quiz&#225;s, despu&#233;s de todo, ese era el verdadero prop&#243;sito de este experimento. No ense&#241;arte c&#243;mo gobierna un alcalde. Sino invitarte a volver a pensar como elector.</p><p>Porque los problemas estructurales tienen una caracter&#237;stica dif&#237;cil de aceptar: casi nunca desaparecen cuando dejamos de verlos.</p><p>Siguen ah&#237;. Esperando.</p><p>Como el arroyo, debajo del malec&#243;n.</p><p>Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p><em>Valeria Mendez</em></p><p></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El lujo de pensar]]></title><description><![CDATA[Por Valeria Mendez &#8212; An&#225;lisis pol&#237;tico]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/el-lujo-de-pensar</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/el-lujo-de-pensar</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 05 Jul 2026 13:33:09 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!6BJm!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff01cb228-863f-434b-b755-b05aa0e6f603_992x821.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/queridoelector.substack.com/subscribe"><span>Subscribe now</span></a></p><p>Querido Elector:</p><p>Hace unos d&#237;as estaba perdiendo el tiempo.</p><p>Aunque, pens&#225;ndolo bien, esa es una forma bastante injusta de decirlo.</p><p>Estaba haciendo exactamente lo mismo que hacemos miles de millones de personas todos los d&#237;as: deslizar el dedo por una pantalla convencidos de que somos nosotros quienes elegimos qu&#233; ver.</p><p>Video.</p><p>Video.</p><p>Publicidad.</p><p>Un perro hablando gracias a la inteligencia artificial.</p><p>Otro video.</p><p>Una receta que jam&#225;s voy a cocinar.</p><p>Un pol&#237;tico gritando.</p><p>Y entonces apareci&#243; uno que consigui&#243; algo que internet logra cada vez menos: detener mi dedo.</p><p>Dec&#237;a que el boom medi&#225;tico de los therians &#8212;adolescentes que se identifican psicol&#243;gica o espiritualmente con animales y que, por unas semanas, parec&#237;an representar el apocalipsis moral de nuestra civilizaci&#243;n&#8212; hab&#237;a coincidido con la publicaci&#243;n de nuevos documentos relacionados con el caso Jeffrey Epstein.</p><p>Mi primera reacci&#243;n fue bastante sensata: &#8220;Eso no puede ser tan simple.&#8221; La segunda fue much&#237;simo menos responsable: &#8220;Si esto fuera cierto, ser&#237;a un art&#237;culo espectacular.&#8221;</p><p>Lo confieso: tengo una debilidad por las teor&#237;as conspirativas. No porque me las crea, sino porque me obligan a hacer una pregunta que cada vez hacemos menos.</p><p>&#191;Y si hay algo que no estoy viendo?</p><p>Ahora bien, el caso Epstein no pertenece a esa categor&#237;a. No es una conspiraci&#243;n, es una historia real, y quiz&#225; por eso resulta todav&#237;a m&#225;s dif&#237;cil de procesar. Porque uno espera monstruos escondidos en s&#243;tanos. No compartiendo mesa con presidentes. No rodeados de multimillonarios. No code&#225;ndose con miembros de la realeza.</p><p>Jeffrey Epstein no era un desconocido que operaba desde las sombras. Durante a&#241;os frecuent&#243; algunos de los c&#237;rculos m&#225;s exclusivos del planeta. En distintos momentos aparecieron vinculados socialmente a &#233;l nombres como Donald Trump, Bill Clinton, el pr&#237;ncipe Andr&#233;s y otras figuras de enorme influencia. Que esas relaciones existieran no significa que todos quienes lo conocieron hayan participado en sus delitos; cada caso tiene contextos y evidencias distintas.</p><p>Pero lo que verdaderamente me llama la atenci&#243;n es otra cosa: &#191;c&#243;mo pudo un hombre acusado y luego condenado por explotar sexualmente a menores seguir movi&#233;ndose con tanta comodidad entre algunas de las personas m&#225;s poderosas del mundo?</p><p>No estamos hablando de un esc&#225;ndalo de far&#225;ndula. Estamos hablando de una red de explotaci&#243;n sexual de menores. De v&#237;ctimas reales. De adolescentes. De dinero, de poder, de silencios, y de preguntas que, d&#233;cadas despu&#233;s, todav&#237;a siguen sin respuesta.</p><p>Siempre tuve la sensaci&#243;n de que jam&#225;s hablamos de este caso con la gravedad que merec&#237;a. Quiz&#225; por eso aquel video me atrap&#243;, no porque demostrara una teor&#237;a, sino porque conectaba con una incomodidad que yo ya ten&#237;a desde antes.</p><p>As&#237; que hice lo que cualquier persona deber&#237;a hacer antes de compartir una historia as&#237;: intent&#233; verificarla. Porque habr&#237;a algo deliciosamente ir&#243;nico en escribir un art&#237;culo sobre desinformaci&#243;n apoy&#225;ndome, precisamente, en una informaci&#243;n falsa.</p><p>Y aqu&#237; fue donde la historia cambi&#243; por completo. No pude demostrar que el fen&#243;meno therian hubiera sido utilizado deliberadamente para desviar la atenci&#243;n del caso Epstein.</p><p>Lo que encontr&#233; fue bastante m&#225;s interesante.</p><p>Y, si soy honesta...</p><p>much&#237;simo peor.</p><h2>Lo que s&#237; encontr&#233; &#8212; y por qu&#233; es peor que una conspiraci&#243;n</h2><p>De hecho, la coincidencia podr&#237;a ser exactamente eso: una coincidencia. Y esta misma historia que acabo de contarte podr&#237;a formar parte de la desinformaci&#243;n que intento analizar &#8212; nadie me garantiza que aquel video no estuviera manipulado, o que simplemente sacara conclusiones donde solo hab&#237;a fechas parecidas. Lo &#250;nico intelectualmente honesto era decirlo.</p><p>Sin embargo, mientras intentaba desmentir esa teor&#237;a, encontr&#233; algo mucho m&#225;s s&#243;lido. En marzo de este a&#241;o se publicaron nuevos documentos relacionados con el caso Epstein, suficientemente delicados como para ocupar titulares durante semanas.</p><p>Duraron cuarenta y ocho horas.</p><p>Justo entonces Estados Unidos e Israel iniciaron ataques contra Ir&#225;n, y el mundo entero gir&#243; la cabeza. Las b&#250;squedas sobre Epstein, que llevaban semanas creciendo, cayeron cerca de un 95% en cuesti&#243;n de d&#237;as, seg&#250;n datos de Google Trends. Nadie censur&#243; la noticia. Nadie necesit&#243; hacerlo. Bast&#243; con que apareciera otra m&#225;s grande.</p><p>Y ah&#237; entend&#237; que llevaba d&#237;as haci&#233;ndome la pregunta equivocada. No era si alguien hab&#237;a utilizado a los therians para distraernos. Era algo mucho m&#225;s grave: &#191;cu&#225;ntas historias desaparecen simplemente porque otra consigue capturar nuestra atenci&#243;n unos segundos antes?</p><p>La respuesta me llev&#243; veinticinco a&#241;os atr&#225;s.</p><h2>Cuando una noticia desaparece</h2><p>En 2001, una asesora de comunicaciones del gobierno brit&#225;nico llamada Jo Moore le escribi&#243; un correo a su equipo minutos despu&#233;s de los ataques a las Torres Gemelas: dec&#237;a que ese era un buen d&#237;a para sacar a la luz cualquier cosa que quisieran enterrar. Al d&#237;a siguiente, mientras el mundo entero miraba Nueva York, su departamento anunci&#243; sin ning&#250;n ruido unos cambios menores en los gastos de los concejales locales. Nadie lo not&#243;.</p><p>El correo se filtr&#243; semanas despu&#233;s y termin&#243; convirti&#233;ndose en uno de los episodios m&#225;s conocidos de la comunicaci&#243;n pol&#237;tica brit&#225;nica &#8212; no por el esc&#225;ndalo, sino porque le puso nombre a una pr&#225;ctica que probablemente siempre existi&#243;: enterrar una noticia aprovechando que todo el mundo est&#225; mirando otra.</p><p>Pero lo interesante no es el correo. Es la diferencia.</p><p>Jo Moore necesit&#243; una decisi&#243;n: una persona, un teclado, una intenci&#243;n. Lo de Ir&#225;n fue distinto. No encontr&#233; una orden. No encontr&#233; un despacho coordinando titulares. Encontr&#233; algo mucho m&#225;s poderoso: un sistema que ya no necesita que alguien le diga qu&#233; hacer.</p><p>Porque aprendi&#243; a hacerlo solo.</p><h2>Lo que internet nos prometi&#243;</h2><p>Durante a&#241;os nos prometieron que internet iba a democratizar la informaci&#243;n. Y, siendo justos, cumpli&#243; su promesa: nunca antes en la historia de la humanidad hab&#237;a sido tan f&#225;cil acceder al conocimiento. Hoy podemos leer un peri&#243;dico publicado al otro lado del mundo, escuchar una conferencia de una universidad extranjera o consultar un documento oficial en cuesti&#243;n de segundos. Si el problema de otras &#233;pocas era la escasez de informaci&#243;n, ese problema qued&#243; atr&#225;s.</p><p>La revoluci&#243;n ocurri&#243;. Solo que no termin&#243; donde imagin&#225;bamos, porque internet no solo democratiz&#243; la informaci&#243;n. Tambi&#233;n democratiz&#243; los pensamientos colectivos.</p><p>Las modas dejaron de ser solo est&#233;ticas. Hoy tambi&#233;n existen modas morales: qu&#233; palabras usar, qu&#233; causas defender, qu&#233; opiniones son moralmente aceptables, qu&#233; silencios resultan imperdonables.</p><p>Y aqu&#237; ocurre algo curioso. La l&#243;gica indicaba que una sociedad con acceso a millones de fuentes ser&#237;a una sociedad m&#225;s diversa, m&#225;s cr&#237;tica y m&#225;s dif&#237;cil de convencer.</p><p>Lo curioso es que ocurri&#243; exactamente lo contrario: nunca hab&#237;amos tenido tantas posibilidades de pensar distinto, y sin embargo, rara vez hab&#237;amos pensado tan parecido.</p><p>D&#233;cadas antes de que existieran las redes sociales, el economista Herbert Simon escribi&#243; una frase que hoy parece una profec&#237;a: una abundancia de informaci&#243;n producir&#237;a una pobreza de atenci&#243;n.</p><p>Nunca imagin&#243; que esa atenci&#243;n terminar&#237;a convirti&#233;ndose en uno de los negocios m&#225;s rentables del planeta.</p><p>Eso cambia por completo la l&#243;gica del poder. En 1972, dos investigadores le pusieron nombre a la primera mitad de esa l&#243;gica: la llamaron <em>agenda-setting</em>, y descubrieron que los medios rara vez logran decirnos qu&#233; pensar, pero s&#237; logran decidir, con enorme precisi&#243;n, sobre qu&#233; pensamos. Medio siglo despu&#233;s, ya ni siquiera hace falta eso. Antes era suficiente con controlar la informaci&#243;n. Hoy basta con controlar el tiempo que dedicamos a ella.</p><p>Cada segundo frente a una pantalla tiene, hoy, un valor econ&#243;mico: cada clic, cada desplazamiento del dedo, cada minuto que retrasas el momento de cerrar una aplicaci&#243;n. Por eso las plataformas m&#225;s grandes del mundo no compiten por ofrecer el contenido m&#225;s importante. Compiten por capturar unos segundos m&#225;s de nuestra atenci&#243;n. Y cuando el negocio consiste en impedir que dejemos de mirar la pantalla, la profundidad deja de ser rentable. La velocidad siempre gana.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!6BJm!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff01cb228-863f-434b-b755-b05aa0e6f603_992x821.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!6BJm!, /__u/queridoelector.substack.com/w_424, /__u/queridoelector.substack.com/c_limit, /__u/queridoelector.substack.com/f_webp, /__u/queridoelector.substack.com/q_auto:good, /__u/queridoelector.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff01cb228-863f-434b-b755-b05aa0e6f603_992x821.jpeg 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!6BJm!, /__u/queridoelector.substack.com/w_848, /__u/queridoelector.substack.com/c_limit, 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xmlns="http://www.w3.org/2000/svg"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><h2>El lujo de pensar</h2><p>Durante siglos luchamos por el derecho a hablar.</p><p>Lo conseguimos.</p><p>Despu&#233;s luchamos por el derecho a informarnos.</p><p>Tambi&#233;n lo conseguimos.</p><p>Pero mientras celebr&#225;bamos esas conquistas, algo empez&#243; a escap&#225;rsenos sin que casi nadie lo notara.</p><p>Empezamos a perder el tiempo necesario para pensar.</p><p>Y quiz&#225; esa sea la forma de poder m&#225;s sofisticada que hemos conocido. No impedir que una sociedad hable. Ni siquiera impedir que una sociedad se informe. Conseguir que nunca permanezca el tiempo suficiente sobre una idea como para convertirla en un pensamiento propio.</p><p>Durante a&#241;os cre&#237;mos que el recurso m&#225;s valioso era la informaci&#243;n. Despu&#233;s empezamos a decir que era la atenci&#243;n. Creo que ambas respuestas se quedaron cortas.</p><p>Porque la informaci&#243;n puede multiplicarse. La atenci&#243;n puede recuperarse.</p><p>El tiempo, no.</p><p>El fil&#243;sofo Byung-Chul Han sostiene algo parecido: que la informaci&#243;n circula cada vez m&#225;s r&#225;pido, mientras que el conocimiento necesita otra velocidad. La informaci&#243;n puede atravesarnos en segundos. El conocimiento necesita quedarse. Porque las ideas no nos transforman cuando pasan frente a nosotros. Nos transforman cuando permanecen.</p><p>Quiz&#225; por eso Herbert Simon ten&#237;a raz&#243;n, aunque el problema termin&#243; siendo incluso m&#225;s profundo de lo que imagin&#243;. Una abundancia de informaci&#243;n produjo una pobreza de atenci&#243;n. Pero esa pobreza de atenci&#243;n termin&#243; produciendo algo todav&#237;a m&#225;s escaso: una pobreza de pensamiento.</p><p>Pensar siempre fue una forma de permanecer.</p><p>Comprender una guerra toma tiempo. Comprender una injusticia toma tiempo. Comprender un sistema pol&#237;tico toma tiempo. Comprender a quien piensa distinto toma tiempo. Comprenderse a uno mismo, tambi&#233;n.</p><p>Y, sin embargo, vivimos dentro de un sistema cuya rentabilidad depende exactamente de lo contrario. Cada segundo que permaneces en una pantalla vale dinero. Cada interrupci&#243;n genera una oportunidad. Cada nueva notificaci&#243;n compite con la anterior para impedir que una idea permanezca el tiempo suficiente como para convertirse en reflexi&#243;n.</p><p>Por eso creo que la forma del poder tambi&#233;n cambi&#243;. Antes bastaba con controlar la informaci&#243;n. Hoy resulta mucho m&#225;s eficaz controlar el ritmo. Porque quien controla el ritmo de una conversaci&#243;n termina controlando su profundidad. Y quien controla la profundidad termina condicionando aquello que una sociedad alcanza a comprender.</p><p>Nunca hab&#237;amos tenido tanto acceso al conocimiento. Y, sin embargo, nunca hab&#237;a sido tan dif&#237;cil convertir ese conocimiento en un pensamiento propio.</p><p>Tiempo para leer hasta el final. Tiempo para dudar. Tiempo para cambiar de opini&#243;n. Tiempo para descubrir que una idea era mucho m&#225;s compleja de lo que parec&#237;a la primera vez que la vimos.</p><p>Permanecer, en una econom&#237;a que convierte cada segundo de nuestra atenci&#243;n en dinero, empieza a parecer un acto de resistencia.</p><p>Quiz&#225; por eso el verdadero lujo del siglo XXI ya no sea viajar m&#225;s.</p><p>Ni ganar m&#225;s.</p><p>Ni consumir m&#225;s.</p><p>Y sospecho que de ese lujo depender&#225; mucho m&#225;s que nuestra tranquilidad.</p><p>Depender&#225; tambi&#233;n la calidad de nuestras democracias.</p><p>Porque una democracia no empieza a perderse cuando alguien proh&#237;be hablar. Empieza a perderse cuando pensar deja de ser un derecho cotidiano y empieza a convertirse en un privilegio.</p><p>Quiz&#225; por eso el verdadero lujo del siglo XXI no sea tener m&#225;s informaci&#243;n.</p><p>Ser&#225; disponer del tiempo suficiente para convertir la informaci&#243;n en pensamiento.</p><p>Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p>Valeria Mendez.</p><div><hr></div><p style="text-align: justify;"><strong>Fuentes:</strong></p><p>McCombs, M. &amp; Shaw, D. (1972). <em>The Agenda-Setting Function of Mass Media</em>. Public Opinion Quarterly.</p><p>Simon, H. (1971). <em>Designing Organizations for an Information-Rich World</em>.</p><p>Han, B-C. (2023). <em>La crisis de la narraci&#243;n</em>. Herder.</p><p>&#8220;These Unfortunate Events&#8221;, informe del Select Committee on Public Administration de la C&#225;mara de los Comunes, Reino Unido, sobre el caso Jo Moore (2001-2002).</p><p>TRT World, &#8220;From Epstein files to Iran war: How the global conversation suddenly shifted&#8221; (marzo 2026).</p><p>Euronews y &#161;HOLA!, cobertura del fen&#243;meno therian (febrero 2026).</p><p></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El partido que no para]]></title><description><![CDATA[Por Valeria Mendez &#8212; An&#225;lisis pol&#237;tico]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/el-partido-que-no-para</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/el-partido-que-no-para</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 28 Jun 2026 12:44:14 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!kKDo!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff4b78acf-8d6f-4511-8af6-ce3f2bb9c111_1536x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/queridoelector.substack.com/subscribe"><span>Subscribe now</span></a></p><p></p><p style="text-align: justify;"><strong>Querido Elector:</strong></p><p style="text-align: justify;">No s&#233; si te pas&#243; lo mismo, pero yo necesitaba este Mundial.</p><p style="text-align: justify;">Y no lo digo como una gran aficionada al f&#250;tbol. Todo lo contrario. Mi relaci&#243;n con este deporte suele limitarse a dos momentos muy espec&#237;ficos: cuando juega Colombia y cuando hay una Copa del Mundo. El resto del tiempo puedo pasar meses sin ver un partido sin sentir que me estoy perdiendo de algo.</p><p style="text-align: justify;">Pero estas &#250;ltimas semanas me encontr&#233; haciendo exactamente lo mismo que millones de personas alrededor del planeta: reorganizando horarios para no perderme un partido, sufriendo en los minutos finales y celebrando los goles de Colombia como si hubiera seguido las eliminatorias desde el primer partido.</p><p style="text-align: justify;">Y qu&#233; alivio.</p><p style="text-align: justify;">Despu&#233;s de meses hablando de campa&#241;as, candidatos, encuestas, polarizaci&#243;n y una jornada electoral que nos dej&#243; emocionalmente exhaustos, se sinti&#243; bien volver a compartir una conversaci&#243;n distinta. Volvimos a discutir de f&#250;tbol. Volvimos a celebrar lo mismo. Volvimos, por un momento, a mirar hacia el mismo lugar.</p><p style="text-align: justify;">Y, aunque fuera por un rato, eso tambi&#233;n se sinti&#243; como una forma de reconciliaci&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Me gusta escuchar el himno y ver a la gente cantarlo con orgullo. Me gusta que aparezcan banderas en balcones donde hace apenas unas semanas hab&#237;a discusiones pol&#237;ticas. Me gusta esa capacidad, casi inexplicable, que tiene el f&#250;tbol de hacernos sentir parte de algo m&#225;s grande que nosotros mismos.</p><p style="text-align: justify;">Pens&#233;, como probablemente muchos, que por fin hab&#237;amos encontrado un peque&#241;o descanso de la pol&#237;tica.</p><p style="text-align: justify;">Pero el Mundial termin&#243; record&#225;ndome algo que ya sab&#237;a.</p><p style="text-align: justify;">Uno puede tomarse un descanso de la conversaci&#243;n pol&#237;tica.</p><p style="text-align: justify;">La pol&#237;tica, en cambio, rara vez se toma un descanso de nosotros.</p><h2>Mientras nosotros grit&#225;bamos los goles</h2><p style="text-align: justify;">Hace unos d&#237;as comenz&#243; a circular en redes sociales un video de la selecci&#243;n de Senegal en un aeropuerto estadounidense. No era un gol. No era una celebraci&#243;n. Era una fila de futbolistas con uniforme de concentraci&#243;n siendo sometidos a controles de seguridad directamente sobre la pista, antes de abordar un vuelo interno hacia San Antonio.</p><p style="text-align: justify;">Las im&#225;genes dieron la vuelta al mundo. Y con ellas, una pregunta que apareci&#243; una y otra vez:</p><p style="text-align: justify;">&#191;Habr&#237;a ocurrido lo mismo si se hubiera tratado de la selecci&#243;n de Francia?</p><p style="text-align: justify;">La Federaci&#243;n Senegalesa explic&#243; que el procedimiento hab&#237;a sido coordinado para agilizar el tr&#225;nsito del equipo. Esa explicaci&#243;n existe. Pero el debate nunca gir&#243; en torno al procedimiento. Gir&#243; en torno al contexto.</p><p style="text-align: justify;">Senegal es uno de los pa&#237;ses cuyos ciudadanos enfrentan restricciones de ingreso a Estados Unidos bajo las pol&#237;ticas migratorias vigentes. Los jugadores pod&#237;an entrar gracias a excepciones para delegaciones oficiales. Muchos de sus aficionados, no.</p><p style="text-align: justify;">Uno puede ahorrar durante a&#241;os para ver a su selecci&#243;n en un Mundial. Conseguir una entrada. Reservar un hotel. Comprar un pasaje. Y descubrir, al final, que el verdadero obst&#225;culo no era el precio del viaje. Era la frontera.</p><p style="text-align: justify;">En total, ciudadanos de 39 pa&#237;ses enfrentan restricciones para ingresar a Estados Unidos. Cuatro selecciones clasificadas est&#225;n directamente afectadas: Hait&#237;, Ir&#225;n, Costa de Marfil y Senegal. Para varios de esos pa&#237;ses, la emisi&#243;n de visas est&#225; suspendida o severamente limitada. Aficionados con entradas compradas han recibido rechazos sin explicaci&#243;n. Periodistas acreditados han sido autorizados a entrar con restricciones que limitan incluso su movilidad entre pa&#237;ses sede.</p><p style="text-align: justify;">Pero las restricciones no se quedaron en las tribunas. Tambi&#233;n alcanzaron a quienes deb&#237;an hacer posible el torneo.</p><p style="text-align: justify;">Omar Abdulkadir Artan no viajaba como turista. Iba a arbitrar un partido. Considerado el mejor &#225;rbitro africano de 2025 por la Confederaci&#243;n Africana de F&#250;tbol, hab&#237;a sido designado para integrar el equipo arbitral del torneo. Habr&#237;a sido el primer &#225;rbitro somal&#237; en dirigir una Copa del Mundo.</p><p style="text-align: justify;">Nunca lleg&#243; a la cancha.</p><p style="text-align: justify;">Al aterrizar en Miami, las autoridades le negaron el ingreso por razones descritas &#250;nicamente como &#8220;preocupaciones de verificaci&#243;n y seguridad&#8221;. No hubo m&#225;s detalles p&#250;blicos.</p><p style="text-align: justify;">Y entonces apareci&#243; Ir&#225;n.</p><p style="text-align: justify;">Desde la Revoluci&#243;n Isl&#225;mica de 1979, las relaciones entre Estados Unidos e Ir&#225;n han estado marcadas por d&#233;cadas de tensiones, sanciones y confrontaciones diplom&#225;ticas. Ese conflicto, que parece tan lejano a una cancha de f&#250;tbol, tambi&#233;n termin&#243; proyect&#225;ndose sobre el torneo. La selecci&#243;n iran&#237; pudo disputar el Mundial, pero estableci&#243; su concentraci&#243;n en M&#233;xico y viaj&#243; a Estados Unidos &#250;nicamente para jugar cada partido.</p><p style="text-align: justify;">Entrar. Jugar. Salir.</p><p style="text-align: justify;">Como si el pa&#237;s anfitri&#243;n fuera apenas una escala obligatoria.</p><p style="text-align: justify;">Muchos aficionados africanos con visa v&#225;lida decidieron no viajar. No por falta de medios, sino por el temor a lo que implicara atravesar un aeropuerto. &#8220;No quiero llegar y tener que explicarme durante tres horas para que alguien me diga: &#191;puedo ver tu tel&#233;fono?&#8221;, resumi&#243; el analista Ebenezer Obadare del Council on Foreign Relations.</p><p style="text-align: justify;">Cuando un aficionado no puede viajar, un &#225;rbitro no puede arbitrar y una selecci&#243;n no puede permanecer en el pa&#237;s que organiza el torneo, deja de parecer una coincidencia. Empieza a parecer otra cosa.</p><p style="text-align: justify;">Este Mundial tiene un r&#233;cord hist&#243;rico: diez selecciones africanas clasificadas, m&#225;s que en ning&#250;n otro torneo de la historia. Es el Mundial m&#225;s africano de la historia. Y, al mismo tiempo, para millones de africanos, es el Mundial al que no pueden ir.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!kKDo!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff4b78acf-8d6f-4511-8af6-ce3f2bb9c111_1536x1024.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!kKDo!, /__u/queridoelector.substack.com/w_424, /__u/queridoelector.substack.com/c_limit, /__u/queridoelector.substack.com/f_webp, /__u/queridoelector.substack.com/q_auto:good, /__u/queridoelector.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ff4b78acf-8d6f-4511-8af6-ce3f2bb9c111_1536x1024.png 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!kKDo!, /__u/queridoelector.substack.com/w_848, 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xmlns="http://www.w3.org/2000/svg"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><h2>El negocio detr&#225;s del partido</h2><p style="text-align: justify;">Hasta ese momento cre&#237;a que el Mundial me estaba contando una historia sobre fronteras.</p><p style="text-align: justify;">En realidad, me estaba contando una historia sobre poder.</p><p style="text-align: justify;">Porque cuanto m&#225;s le&#237;a, m&#225;s evidente se hac&#237;a que el torneo no es &#250;nicamente un escenario donde la pol&#237;tica aparece. Tambi&#233;n es una herramienta a trav&#233;s de la cual se proyecta. Y, pens&#225;ndolo bien, eso nunca fue una novedad.</p><p style="text-align: justify;">Pocas cosas concentran tanta atenci&#243;n como una Copa del Mundo. Durante un mes, miles de millones de personas miran hacia el mismo lugar. Se estima que este Mundial generar&#225; alrededor de 10.900 millones de d&#243;lares en ingresos &#8212; un r&#233;cord hist&#243;rico. Quien organiza un evento de esta magnitud no solo recibe selecciones nacionales. Recibe la atenci&#243;n del planeta.</p><p style="text-align: justify;">Y esa atenci&#243;n tiene un enorme valor pol&#237;tico.</p><p style="text-align: justify;">El Mundial de Argentina en 1978 no puede separarse de la dictadura de Videla, que lo utiliz&#243; para proyectar una imagen de normalidad mientras, a pocos kil&#243;metros de los estadios, funcionaban centros clandestinos de detenci&#243;n. Rusia 2018 fue una plataforma de proyecci&#243;n internacional en medio de sanciones y conflictos diplom&#225;ticos. Y Qatar 2022 instal&#243; en la conversaci&#243;n global una palabra que hasta entonces permanec&#237;a casi exclusivamente en los libros de relaciones internacionales: <em>sportswashing</em>. Usar el deporte para mejorar la imagen internacional de un Estado y desplazar, aunque sea temporalmente, otras discusiones.</p><p style="text-align: justify;">El <em>Journal of Democracy</em> lo describi&#243; con precisi&#243;n: los reg&#237;menes no usan el deporte para convencer a nadie de que son buenos. Lo usan para hacer m&#225;s dif&#237;cil que la conversaci&#243;n sobre si son malos encuentre espacio.</p><p style="text-align: justify;">Y la FIFA lo sabe. Siempre lo ha sabido.</p><p style="text-align: justify;">En diciembre de 2025, mientras los casos de visas negadas y &#225;rbitros rechazados ya eran de conocimiento p&#250;blico, Gianni Infantino le entreg&#243; a Donald Trump un &#8220;Premio de Paz de la FIFA&#8221; en Washington.</p><p style="text-align: justify;">No es casualidad. Es pol&#237;tica.</p><p style="text-align: justify;">Cada Mundial termina reflejando las preocupaciones de su tiempo. Brasil nos oblig&#243; a hablar del costo social de organizar un torneo. Rusia convirti&#243; el evento en una conversaci&#243;n sobre geopol&#237;tica. Qatar puso los derechos humanos en el centro del debate. Y este Mundial cambi&#243; la conversaci&#243;n una vez m&#225;s: ya no estamos hablando principalmente de la imagen que un pa&#237;s quiere proyectar. Estamos hablando de qui&#233;n puede cruzar una frontera. De qui&#233;n puede entrar. De qui&#233;n queda inevitablemente por fuera.</p><p style="text-align: justify;">Durante a&#241;os repetimos que el deporte y la pol&#237;tica deber&#237;an mantenerse separados. Es una idea atractiva. Tambi&#233;n profundamente ingenua. Quiz&#225;s nunca estuvieron separados: la geopol&#237;tica siempre tuvo un bal&#243;n cerca.</p><h2>Para cerrar, querido Elector</h2><p style="text-align: justify;">Nada de lo que escrib&#237; en estas p&#225;ginas hace menos real el alivio que sent&#237; estas semanas.</p><p style="text-align: justify;">Los goles siguen emocion&#225;ndonos. Las remontadas siguen siendo &#233;picas. Los abrazos despu&#233;s de un triunfo siguen siendo aut&#233;nticos. El f&#250;tbol no pierde su magia porque la pol&#237;tica exista. Pero tampoco la pol&#237;tica desaparece porque empiece un partido.</p><p style="text-align: justify;">Quiero que lo disfrutes. Que grites los goles. Que te pongas la camiseta. Que te abraces con tu familia o con tus amigos cuando Colombia gane. Yo tambi&#233;n voy a hacerlo.</p><p style="text-align: justify;">Solo espero que, de vez en cuando, levantes la mirada unos segundos del bal&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Porque mientras el partido se juega, el mundo tambi&#233;n.</p><p style="text-align: justify;">Y a veces las historias m&#225;s importantes no ocurren dentro del &#225;rea. Ocurren en un aeropuerto. En una frontera. En una sala donde se decide qui&#233;n puede entrar y qui&#233;n no.</p><p style="text-align: justify;">El f&#250;tbol no interrumpe el mundo.</p><p style="text-align: justify;">Lo atraviesa.</p><p style="text-align: justify;">Y el partido, afuera, nunca termina.</p><p style="text-align: justify;">Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,<br>Valeria Mendez</p><div><hr></div><p style="text-align: justify;"><strong>Fuentes</strong></p><p>Council on Foreign Relations. <em>The U.S. Is Co-Hosting the World Cup, But Much of the World Can&#8217;t Attend.</em> Junio 2026. <a href="https://www.cfr.org/articles/the-u-s-is-co-hosting-the-world-cup-but-much-of-the-world-cant-attend">https://www.cfr.org/articles/the-u-s-is-co-hosting-the-world-cup-but-much-of-the-world-cant-attend</a></p><p>NPR. <em>A Warm World Cup Welcome? U.S. Immigration Policies Have Chilling Effect.</em> Junio 2026. <a href="https://www.npr.org/2026/06/09/nx-s1-5851634/immigration-policies-affect-fifa">https://www.npr.org/2026/06/09/nx-s1-5851634/immigration-policies-affect-fifa</a></p><p>American Immigration Council. <em>World Cup Immigration Questions Answered: ICE, Visa Denials, and Iran.</em> Junio 2026. <a href="https://www.americanimmigrationcouncil.org/blog/world-cup-ice-visas-iran">https://www.americanimmigrationcouncil.org/blog/world-cup-ice-visas-iran</a></p><p>Front Office Sports. <em>Travel, Visa Issues Hang Over World Cup.</em> Junio 2026. <a href="https://frontofficesports.com/travel-visa-issues-hang-over-world-cup">https://frontofficesports.com/travel-visa-issues-hang-over-world-cup</a></p><p>Boykoff, Jules. <em>Red Card: The 2026 World Cup, Sportswashing and the FIFA Greed Machine.</em> Citado en NPR, junio 2026.</p><p>Journal of Democracy. <em>How Dictators Use Sports to Win Friends and Influence People.</em> <a href="https://www.journalofdemocracy.org/online-exclusive/how-dictators-use-sports-to-win-friends-and-influence-people/">https://www.journalofdemocracy.org/online-exclusive/how-dictators-use-sports-to-win-friends-and-influence-people/</a></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La más honesta de las mentiras ]]></title><description><![CDATA[Por Valeria Mendez &#8212; An&#225;lisis pol&#237;tico]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/la-mas-honesta-de-las-mentiras</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/la-mas-honesta-de-las-mentiras</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 21 Jun 2026 11:57:56 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!NFet!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F13245a33-5370-43dd-8510-4b02da2c359f_1408x768.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/queridoelector.substack.com/subscribe"><span>Subscribe now</span></a></p><p></p><p style="text-align: justify;"><strong>Querido Elector:</strong></p><p style="text-align: justify;"><span>Hoy es el gran d&#237;a.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Hoy Colombia elige presidente.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y, al mismo tiempo, hoy puedo dar por terminada esta primera etapa de las conversaciones que hemos venido teniendo durante las &#250;ltimas semanas.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>No porque me vaya. Todo lo contrario.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Si algo me ha dejado este proyecto es la certeza de que apenas estamos comenzando. Hay millones de temas sobre los que quiero conversar contigo. Temas pol&#237;ticos, por supuesto, pero tambi&#233;n temas humanos. Y quiz&#225; la diferencia entre ambas cosas no sea tan grande como solemos creer.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque si hay una idea que ha guiado cada palabra que he escrito hasta ahora es una muy simple:</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Todo, absolutamente todo, es pol&#237;tico.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>La forma en que vivimos. La forma en que nos relacionamos. La forma en que amamos. La forma en que trabajamos. La forma en que tratamos al desconocido que se cruza en nuestro camino.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Por eso estoy emocionada por lo que viene.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Pero antes de seguir adelante, necesito cerrar este cap&#237;tulo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y para hacerlo, tengo que confesarte algo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Nada de lo que le&#237;ste durante estas semanas fue casualidad.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Ni los temas que eleg&#237;. Ni el orden en que aparecieron. Ni siquiera la manera en que decid&#237; cont&#225;rtelos.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Todo tuvo una intenci&#243;n. Todo tuvo una estructura. Y todo estuvo cuidadosamente pensado para llevarnos exactamente hasta este momento.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque en realidad, querido Elector, durante estas semanas no estaba escribiendo cuatro art&#237;culos distintos.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Estaba escribiendo uno solo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Primero te habl&#233; de Venezuela. No porque quisiera hablarte de Venezuela. Quer&#237;a hablarte de las palabras.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>De c&#243;mo ciertos conceptos que escuchas todos los d&#237;as &#8212; y que probablemente has repetido m&#225;s de una vez &#8212; est&#225;n siendo utilizados de forma incorrecta. No por error. Por conveniencia. Porque hay algo enormemente &#250;til en convencerte de que una palabra significa algo que no significa: si logran eso, pueden convencerte de casi cualquier cosa que venga despu&#233;s.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque el lenguaje no solo describe la realidad. Cuando se usa con suficiente precisi&#243;n y suficiente repetici&#243;n, empieza a reemplazarla. Y cuando eso ocurre, ya no estamos hablando del mundo. Estamos hablando de versiones del mundo que alguien m&#225;s construy&#243; para nosotros.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Despu&#233;s te habl&#233; de polarizaci&#243;n. Porque una vez que las palabras cambian de significado, cambian tambi&#233;n las relaciones. Ya no discutimos ideas. Discutimos identidades. Y quer&#237;a que te preguntaras algo inc&#243;modo: cu&#225;ntas de las peleas que has tenido eran tuyas de verdad. Cu&#225;ntas eran la repetici&#243;n de algo que escuchaste tantas veces que termin&#243; sinti&#233;ndose propio.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Despu&#233;s te habl&#233; de tu cerebro. No para decirte que eres ingenuo &#8212; para decirte que esto nos pasa a todos. Que la pol&#237;tica no entra por la raz&#243;n. Entra por el miedo, por la esperanza, por la necesidad de pertenecer. Y cuando una idea toca esas fibras, deja de ser una opini&#243;n y empieza a sentirse como parte de qui&#233;n eres.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y entonces llegamos a Colombia. Porque despu&#233;s de hablarte de conceptos, de discursos y de lo que ocurre dentro de nuestra cabeza, necesitaba mostrarte algo m&#225;s simple: la realidad. Las dos Colombias que conviven en la misma calle. La que deslumbra y la que duele. La que aparece en las postales y la que aparece en los sem&#225;foros. No te habl&#233; de partidos ni de candidatos. Te habl&#233; de personas. Porque esa era la pregunta que ven&#237;a persiguiendo desde el principio: &#191;qu&#233; pasa cuando dejamos de ver personas y empezamos a ver etiquetas?</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y me present&#233;. Porque si iba a pedirte que desconfiaras de los relatos demasiado perfectos, lo m&#237;nimo que pod&#237;a hacer era mostrarte qui&#233;n estaba construyendo este.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Podr&#237;a haberlo dicho todo en un solo texto.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Pero no lo hice. Y no fue un accidente.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Sab&#237;a que cuando se habla de pol&#237;tica, la guardia sube sola. Es autom&#225;tico. As&#237; que decid&#237; otra cosa: primero quer&#237;a que te sintieras c&#243;modo. C&#243;modo con mi forma de escribir, con los temas, con la mirada. Quer&#237;a que conocieras algo de m&#237; antes de que me escucharas de verdad. No para convencerte de nada &#8212; sino para que te sintieras lo suficientemente a gusto como para seguir leyendo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Constru&#237; una narrativa. Constru&#237; un personaje. Constru&#237; una relaci&#243;n.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y si llegaste hasta aqu&#237;, funcion&#243;.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Lo digo con honestidad &#8212; y s&#237;, con un poquito de orgullo tambi&#233;n.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Pero sobre todo lo digo para que lo veas. Para que veas lo poderoso que es un discurso bien pensado. Para que veas que la forma en que se dice algo es muchas veces m&#225;s poderosa que lo que se dice. Un discurso bien construido no te convence con argumentos. Te convence con sensaciones. Con ritmo. Con la ilusi&#243;n de que quien habla te entiende, te ve, habla exactamente por ti.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y eso, querido Elector, es exactamente lo que hace un pol&#237;tico con su campa&#241;a. Solo que con un ej&#233;rcito de expertos detr&#225;s, con millones invertidos, con a&#241;os de pr&#225;ctica &#8212; y con algo que yo no tengo: la urgencia de ganar.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Yo soy nadie. Solo una amateur con amor por la escritura.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Imagina lo que pueden hacer contigo los que llevan d&#233;cadas perfeccionando esto.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y no lo digo como met&#225;fora. Lo digo porque llevamos m&#225;s de un siglo estudiando exactamente c&#243;mo funciona.</span></p><h3><strong><span>La ciencia de convencerte</span></strong></h3><p style="text-align: justify;"><span>En 1928, Edward Bernays public&#243; un libro que se llam&#243;, con una honestidad que quitaba el aliento, </span><em><span>Propaganda</span></em><span>. Su tesis era simple: las personas no nos movemos por razones. Nos movemos por emociones, s&#237;mbolos y deseos que muchas veces ni comprendemos. Y quien logra conectar con esas emociones tiene una ventaja enorme sobre quien solo presenta datos.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Pero Bernays describ&#237;a el mecanismo. Lo que no explicaba del todo era por qu&#233; funciona con tanta precisi&#243;n dentro de nuestra cabeza. Eso lo respondi&#243; d&#233;cadas despu&#233;s George Lakoff: no entendemos la realidad a trav&#233;s de hechos, sino a trav&#233;s de marcos mentales. Estructuras invisibles que determinan c&#243;mo interpretamos lo que vemos. Y quien logra instalar el marco desde el cual lees un problema, tiene la discusi&#243;n ganada antes de que empiece. Por eso cuando alguien dice &#8220;Venezuela&#8221; en un debate pol&#237;tico, ya no puedes hablar de reforma agraria sin que la conversaci&#243;n se contamine. El marco ya est&#225; puesto. T&#250; solo est&#225;s jugando en una cancha que otro construy&#243;.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y si Bernays explic&#243; el mecanismo y Lakoff la arquitectura mental, Ernesto Laclau explic&#243; el resultado: el l&#237;der populista. Laclau observ&#243; que los movimientos populistas logran articular demandas muy distintas bajo una misma identidad colectiva: el pueblo. Y una vez que las personas empiezan a verse a s&#237; mismas como parte de ese 'nosotros', la pol&#237;tica deja de ser solamente un debate sobre propuestas y se convierte tambi&#233;n en una cuesti&#243;n de pertenencia.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Mecanismo. Marco. Identidad.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>El discurso pol&#237;tico no est&#225; dise&#241;ado para informarte. Est&#225; dise&#241;ado para moverte.</span></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!NFet!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F13245a33-5370-43dd-8510-4b02da2c359f_1408x768.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!NFet!, /__u/queridoelector.substack.com/w_424, /__u/queridoelector.substack.com/c_limit, /__u/queridoelector.substack.com/f_webp, /__u/queridoelector.substack.com/q_auto:good, /__u/queridoelector.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F13245a33-5370-43dd-8510-4b02da2c359f_1408x768.png 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!NFet!, /__u/queridoelector.substack.com/w_848, /__u/queridoelector.substack.com/c_limit, 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xmlns="http://www.w3.org/2000/svg"><g><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><h3><strong><span>Los cat&#225;logos</span></strong></h3><p style="text-align: justify;"><span>Y al final de esa cadena aparece siempre lo mismo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Un cat&#225;logo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Izquierda. Derecha. Progresista. Conservador. Feminista. Empresario. Pueblo. Elite.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Cajas cada vez m&#225;s peque&#241;as. Cajas cada vez m&#225;s r&#237;gidas. Cajas que prometen claridad pero que simplifican lo humano hasta hacerlo reconocible. Hasta hacerlo predecible. Hasta hacerlo manejable.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque una persona es dif&#237;cil de leer. Una etiqueta no.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y el problema no est&#225; en que existan las categor&#237;as. El problema est&#225; en lo que hacemos despu&#233;s con ellas. Cuando dejamos de usarlas para comprender y empezamos a usarlas para reducir. Para juzgar. Para autorizar.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Una mujer que denuncia una violencia ya no es una persona atravesando algo complejo. Es &#8220;una feminista&#8221;. Un joven que defiende la apertura del mercado ya no es un ciudadano con preocupaciones propias. Es &#8220;uno de derecha&#8221;. Alguien que habla de pol&#237;ticas sociales ya no est&#225; pensando en c&#243;mo mejorar algo. Est&#225; &#8220;militando la izquierda&#8221;.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y de ah&#237; en adelante, el cat&#225;logo se reproduce solo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Hablas de pol&#237;ticas sociales &#8212; eres de izquierda. Eres de izquierda &#8212; eres pobre. Eres pobre &#8212; eres vago. Eres vago &#8212; no mereces nada. Defiendes ideas econ&#243;micas &#8212; eres de derecha. Eres de derecha &#8212; eres clasista. Eres clasista &#8212; eres el enemigo. Denuncias una injusticia &#8212; eres feminista. Eres feminista &#8212; eres radical. Eres radical &#8212; no te escucho.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>En psicolog&#237;a esto tiene nombre: distorsiones cognitivas. Atajos mentales autom&#225;ticos que nos llevan a conclusiones sin pasar por la evidencia. El cerebro los usa para ahorrar energ&#237;a. El discurso pol&#237;tico los usa para ahorrar argumentos.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y entonces llega alguien que no cabe en la ecuaci&#243;n. El empresario que defiende causas sociales. La mujer de escasos recursos que vota por la derecha. El millonario que comulga con la izquierda. El joven de barrio que no se identifica con ning&#250;n bando.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y el sistema, que no sabe qu&#233; hacer con ellos, inventa m&#225;s etiquetas. O simplemente los ignora.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Porque el cat&#225;logo no fue dise&#241;ado para entender la complejidad. Fue dise&#241;ado para eliminarla.</span></p><h3><strong><span>Y Hoy es ese d&#237;a..</span></strong></h3><p style="text-align: justify;"><span>Hoy Colombia elige presidente.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y con eso tambi&#233;n llegan las celebraciones, las frustraciones, las burlas, las discusiones y los mensajes que probablemente no deber&#237;an enviarse. Veremos personas actuar como si hubieran ganado algo propio porque gan&#243; un candidato. Y veremos otras sentir que perdieron una parte de s&#237; mismas porque perdi&#243; el suyo.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Pero la verdad es mucho m&#225;s simple.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Hoy no gan&#243; nadie todav&#237;a. Hoy ganaron unas promesas. Y las promesas, querido Elector, no se celebran. Se contrastan con la realidad. Y la realidad siempre llega. Siempre.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Si gan&#243; el candidato que te gusta, me alegra por ti. Ojal&#225; cumpla. Y ojal&#225; conserves la lucidez suficiente para reconocerlo cuando acierte y la honestidad suficiente para se&#241;alarlo cuando se equivoque.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y si en cambio, perdi&#243;, recuerda algo igual de importante: la oposici&#243;n no es un obst&#225;culo para la democracia. Es una de sus garant&#237;as m&#225;s valiosas.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Los candidatos pasan. Las campa&#241;as pasan. Los discursos pasan. Las camisetas se desgastan.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>La realidad no.</span></p><p style="text-align: justify;">Y en la realidad no hay bandos. Hay personas.</p><p>Y ninguna idea pol&#237;tica deber&#237;a costarte tu humanidad.</p><p style="text-align: justify;"><span>Con esto doy por cerrado este cap&#237;tulo electoral. El pr&#243;ximo domingo volveremos a las preguntas inc&#243;modas, a las conversaciones largas, a los temas importantes que nos obligan a mirar el mundo un poco m&#225;s despacio y, con suerte, un poco mejor.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y si estas promesas no se cumplen, no te preocupes. Tambi&#233;n tendremos mucho de qu&#233; hablar.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Que gane quien tenga que ganar.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y recuerda que ning&#250;n pol&#237;tico es un salvador de la patria. El &#250;nico Salvador es Dios.</span></p><p style="text-align: justify;"><span>Y a Dios no se le honra idolatrando l&#237;deres, sino amando y respetando al pr&#243;jimo.</span></p><p style="text-align: justify;">Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p style="text-align: justify;"><em>Valeria Mendez</em></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoElector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La casa más hermosa del vecindario]]></title><description><![CDATA[Por Valeria Mendez &#8212; An&#225;lisis pol&#237;tico]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/la-casa-mas-hermosa-del-vecindario</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/la-casa-mas-hermosa-del-vecindario</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 14 Jun 2026 13:14:06 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!V_ms!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F824ba51b-e672-44f2-811d-9b3991efc1ab_1264x842.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/queridoelector.substack.com/subscribe"><span>Subscribe now</span></a></p><p></p><p style="text-align: justify;"><strong>Querido Elector:</strong></p><p style="text-align: justify;">Antes de entrar en materia, tengo que contarles algo.</p><p style="text-align: justify;">El art&#237;culo de la semana pasada me dej&#243; profundamente feliz. No tanto por lo que escrib&#237;, sino por lo que ustedes me devolvieron: mensajes, reflexiones, conversaciones que la lectura despert&#243;. No saben cu&#225;nto agradezco eso.</p><p style="text-align: justify;">Cada semana siento con m&#225;s claridad que estamos construyendo algo muy bonito: una comunidad de personas que todav&#237;a se detienen a pensar, a leer con calma, a hacerse preguntas. Y eso, en estos tiempos, me parece casi un acto de rebeld&#237;a.</p><p style="text-align: justify;">Y la verdad es que yo siempre he sido as&#237;.</p><p style="text-align: justify;">Curiosa. Muy curiosa. Con esa necesidad de entender un poco m&#225;s de lo que tengo enfrente. Yo creo que a eso, en la sociedad, le llaman irreverencia. Y como ya sabr&#225;n, la curiosidad mat&#243; al gato.</p><p style="text-align: justify;">Siempre supe que ser as&#237; pod&#237;a incomodar a algunas personas. Pero a mi pap&#225; no. Al contrario: parec&#237;a disfrutarlo. Entre m&#225;s fuertes eran mis preguntas, m&#225;s le gustaban. M&#225;s me lo celebraba. Y yo, en vez de prestarle atenci&#243;n a la sociedad, decid&#237; prestarle atenci&#243;n a &#233;l.</p><p style="text-align: justify;">Y eso me llev&#243; a estudiar Ciencia Pol&#237;tica.</p><p style="text-align: justify;">Apenas sal&#237; de la facultad, me fui a Costa Rica a hacer una pasant&#237;a en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Fue una de las experiencias que m&#225;s me marc&#243;. No tanto por el trabajo, sino por la gente: personas de distintos pa&#237;ses de Am&#233;rica Latina, muy preparadas, pero sobre todo extraordinarias. Divertidas, intensas, curiosas. De esas con las que hablar se vuelve f&#225;cil incluso cuando las preguntas son dif&#237;ciles.</p><p style="text-align: justify;">Y la Corte. Un lugar dif&#237;cil de explicar, pero muy claro cuando se vive desde adentro. Ah&#237; los casos dejan de ser nombres y se vuelven historias reales. Uno escucha c&#243;mo se cruzan las tensiones m&#225;s profundas de la regi&#243;n: cuando los Estados que deber&#237;an proteger terminan vulnerando derechos, por acci&#243;n u omisi&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Eso te cambia la forma de mirar. No te da respuestas, pero te cambia las preguntas.</p><p style="text-align: justify;">Despu&#233;s me fui a Buenos Aires. A estudiar una maestr&#237;a en Pol&#237;ticas Sociales en la Universidad de Buenos Aires.</p><p style="text-align: justify;">Y no creo que haya mejor lugar para estudiar pol&#237;tica en Am&#233;rica Latina que Argentina.</p><p style="text-align: justify;">Es un pa&#237;s donde la pol&#237;tica no se observa: se vive. Se discute con la misma pasi&#243;n con la que se vive el f&#250;tbol &#8212;y eso, en Argentina, ya es decir mucho&#8212;. Se respira en la calle, en la mesa, en cualquier conversaci&#243;n cotidiana.</p><p style="text-align: justify;">Un pa&#237;s intenso, irreverente, imposible de mirar desde lejos sin quedarse pensando.</p><p style="text-align: justify;">Y creo que por eso me sent&#237; tan parte. Porque esa forma de habitarlo &#8212;tan apasionada, tan contradictoria&#8212; me result&#243; familiar.</p><p style="text-align: justify;">Y ahora, despu&#233;s de todo eso, volv&#237; a Cartagena. Y la miro distinto. Con otros ojos.</p><h2><strong>Y Cartagena es una ciudad que se presta para el asombro.</strong></h2><p style="text-align: justify;">Lo digo sin exagerar.</p><p style="text-align: justify;">Vivo en un lugar donde miles de personas pagan por pasar apenas unos d&#237;as. Donde el mar Caribe aparece de repente al final de una calle cualquiera. Donde las murallas llevan siglos resistiendo el paso del tiempo con una elegancia que pocas ciudades conservan. Donde la brisa llega exactamente cuando el calor empieza a volverse insoportable. Y donde los atardeceres son tan exageradamente hermosos que uno no puede evitar preguntarse cu&#225;nta belleza habr&#225; en Dios para haber creado algo as&#237;.</p><p style="text-align: justify;">A veces salgo a caminar por el centro hist&#243;rico y me descubro observando las mismas cosas que observan los turistas. Las fachadas coloniales. Los balcones cubiertos de flores. La luz dorada de las &#250;ltimas horas de la tarde. La forma en que el sol se despide sobre el Caribe como si supiera exactamente el espect&#225;culo que est&#225; ofreciendo.</p><p style="text-align: justify;">Y me sorprendo. Porque durante a&#241;os pens&#233; que ya me hab&#237;a acostumbrado a todo eso. Pero resulta que no. Cartagena sigue teniendo la capacidad de dejarme sin palabras.</p><p style="text-align: justify;">Hay ciudades que estimulan la productividad. Hay ciudades que estimulan la ambici&#243;n. Y hay ciudades que alimentan el alma. Cartagena pertenece a esta &#250;ltima categor&#237;a. Lo que no sab&#237;a es que tambi&#233;n alimentar&#237;a las ganas de escribir sobre pol&#237;tica para quien me quiera leer.</p><h3 style="text-align: justify;"><strong>La grieta</strong></h3><p style="text-align: justify;">Y es justo ah&#237;, en medio de toda esa belleza, donde aparece algo dif&#237;cil de ignorar.</p><p style="text-align: justify;">Porque vivir en Cartagena no es solo vivir en un lugar hermoso. Es vivir en dos realidades al mismo tiempo.</p><p style="text-align: justify;">Y eso choca. No de forma dram&#225;tica, sino profunda. Porque no hay que buscar la otra realidad: est&#225; ah&#237;. En la misma calle, en el mismo sem&#225;foro, a veces en el mismo edificio.</p><p>La misma ciudad que recibe millones de turistas al a&#241;o tiene tambi&#233;n la tasa de pobreza m&#225;s alta entre las principales capitales del pa&#237;s: 41 de cada 100 cartageneros viven en pobreza monetaria. Y no es casualidad. Jos&#233; Antonio Ocampo &#8212; uno de los economistas colombianos m&#225;s respetados del mundo, exministro de Hacienda &#8212; lo ha dicho sin rodeos: Colombia tiene una de las peores distribuciones de ingreso del planeta. No de la regi&#243;n. Del planeta.</p><p>Y eso no es una cifra. Es algo que se siente.</p><p style="text-align: justify;">Tengo amigos que han venido de distintos pa&#237;ses. Y todos me dicen lo mismo: que no pudieron sostener la belleza sin ver el contraste. Que en alg&#250;n momento dejaron de mirar lo hermoso porque lo otro se volvi&#243; imposible de ignorar y muy fuerte de presenciar.</p><p style="text-align: justify;">Y tienen raz&#243;n. No es un contraste sutil. Es un contraste que incomoda.</p><p style="text-align: justify;">La tragedia no es que exista. La tragedia es lo f&#225;cil que se vuelve acostumbrarse.</p><h3 style="text-align: justify;"><strong>Y cuanto m&#225;s pensaba en Cartagena, m&#225;s terminaba pensando en Colombia</strong>.</h3><p style="text-align: justify;">Porque Cartagena no es una excepci&#243;n. Es un espejo. Y lo que refleja no es solo una ciudad &#8212; es un pa&#237;s entero con la misma contradicci&#243;n inscrita en su geograf&#237;a, en su historia, en su manera de habitarse.</p><p>Colombia es una conversaci&#243;n permanente entre mundos distintos.</p><p>Est&#225; el Caribe que me vio nacer &#8212; el de las playas, las murallas, la m&#250;sica que se escapa por las ventanas y el calor que obliga a vivir un poco m&#225;s despacio. Pero tambi&#233;n el de algunas de las cifras de pobreza m&#225;s duras del pa&#237;s. Est&#225; la regi&#243;n Andina, con sus monta&#241;as infinitas, sus p&#225;ramos y las grandes ciudades donde se concentra buena parte de la actividad econ&#243;mica y pol&#237;tica. Est&#225; el Pac&#237;fico &#8212; uno de los lugares con mayor biodiversidad del planeta, con una riqueza cultural extraordinaria, y al mismo tiempo marcado por d&#233;cadas de abandono y violencia. Y est&#225; la Amazon&#237;a, tan vasta que por momentos parece m&#225;s un continente que una regi&#243;n; una selva que todav&#237;a guarda secretos que apenas comenzamos a comprender. Y est&#225;n nuestras islas. San Andr&#233;s, Providencia y Santa Catalina. Un Caribe distinto al m&#237;o. Con lengua propia, historia propia, y una manera de entender el mundo que muchas veces parece m&#225;s cercana al mar que al continente.</p><p>Seis regiones. Seis geograf&#237;as. Seis culturas. Seis conjuntos de urgencias. Y un solo pa&#237;s intentando contenerlas todas al mismo tiempo.</p><p>Quiz&#225;s por eso me cuesta tanto cuando reducimos la conversaci&#243;n pol&#237;tica a una pelea entre dos bandos. Porque la realidad colombiana es demasiado compleja para resumirse en una sola experiencia. Y, sin embargo, muchas veces discutimos como si todos habit&#225;ramos el mismo pa&#237;s. Como si las oportunidades y las urgencias estuvieran distribuidas de forma parecida.</p><p>Pero no lo est&#225;n.</p><p>El problema aparece cuando confundimos nuestra realidad con la realidad. Cuando olvidamos que existen otras colombias adem&#225;s de la nuestra. Porque las diferencias no est&#225;n escondidas. Est&#225;n ah&#237;. Mir&#225;ndonos a la cara.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!V_ms!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F824ba51b-e672-44f2-811d-9b3991efc1ab_1264x842.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!V_ms!, /__u/queridoelector.substack.com/w_424, /__u/queridoelector.substack.com/c_limit, /__u/queridoelector.substack.com/f_webp, /__u/queridoelector.substack.com/q_auto:good, /__u/queridoelector.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F824ba51b-e672-44f2-811d-9b3991efc1ab_1264x842.png 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!V_ms!, /__u/queridoelector.substack.com/w_848, /__u/queridoelector.substack.com/c_limit, 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style="text-align: justify;"><strong>La ra&#237;z</strong></h3><p style="text-align: justify;">Y quiz&#225;s por eso llevo tiempo d&#225;ndole vueltas a una sospecha. Que muchas de las heridas que arrastramos como pa&#237;s terminan llev&#225;ndonos, tarde o temprano, al mismo lugar.</p><p>La desigualdad.</p><p>No porque explique todo &#8212; ser&#237;a ingenuo decirlo. Pero s&#237; porque aparece demasiadas veces como para ignorarla. Como si fuera el suelo sobre el que crecen otros problemas.</p><p>Y aqu&#237; vuelvo a una imagen que me ha acompa&#241;ado durante estos d&#237;as. La de una casa. Porque a veces siento que Colombia se parece un poco a una casa hermosa construida sobre cimientos agrietados. Podemos pintar las paredes. Cambiar las ventanas. Renovar los muebles. Construir habitaciones nuevas. Y muchas de esas cosas son importantes. Muy importantes. Pero tarde o temprano las grietas vuelven a aparecer. Porque los problemas estructurales tienen esa costumbre inc&#243;moda de recordarnos que siguen ah&#237;.</p><p>Esperando.</p><p>Y mientras tanto, hay preguntas mucho m&#225;s profundas que siguen sin respuesta. Preguntas sobre oportunidades. Sobre movilidad social. Sobre la capacidad que tiene una sociedad para ofrecerles a sus ciudadanos algo m&#225;s que la supervivencia.</p><p>Porque al final del d&#237;a, por m&#225;s ideolog&#237;as que existan y por m&#225;s modelos de pa&#237;s que podamos imaginar, hay algo que deber&#237;a preocuparnos a todos por igual.</p><p>Las heridas que siguen abiertas.</p><h3 style="text-align: justify;"><strong>Para cerrar, querido Elector.</strong></h3><p style="text-align: justify;">Y aqu&#237;, despu&#233;s de todo lo anterior, llego a algo que sospecho desde hace tiempo.</p><p>Que quiz&#225;s no es casualidad que estemos tan polarizados. Que quiz&#225;s la polarizaci&#243;n es, en parte, una forma de adaptaci&#243;n. Una respuesta casi inevitable a un pa&#237;s que es demasiado complejo, demasiado diverso, demasiado desigual como para poder ser narrado de una sola manera.</p><p>Y entonces lo reducimos. A dos opciones. Dos relatos. Dos bandos. Como si la profundidad de este pa&#237;s pudiera caber en una papeleta.</p><p>No cabe. Nunca ha cabido. Pero aun as&#237; insistimos &#8212; porque es la &#250;nica forma que hemos encontrado para intentar simplificarlo.</p><p>No escribo esto para decirte por qui&#233;n votar. Eso, con total honestidad, no me interesa. Por quien votes o dejes de votar es tuyo. Enteramente tuyo.</p><p>Lo que s&#237; me interesa es otra cosa. Que por un momento te detengas. Que interrumpas la costumbre de mirar siempre desde el mismo lugar. Porque ah&#237; afuera hay otra Colombia &#8212; no necesariamente invisible, pero s&#237; muchas veces ajena. No porque est&#233; lejos, sino porque no coincide con la tuya.</p><p>Y entonces llegan las propuestas. Crecimiento econ&#243;mico. Inversi&#243;n. Modernizaci&#243;n. Y pueden ser necesarias. Pueden ser la pintura nueva, los acabados de m&#225;rmol, las ventanas que dejan entrar m&#225;s luz. Y ojal&#225; funcionen.</p><p>Pero las grietas siguen ah&#237;. No como detalle. Sino como estructura. Y ninguna capa de pintura reemplaza unos cimientos que no hemos terminado de mirar.</p><p>Porque las casas no se caen por lo que se ve. Se caen por lo que se ignora.</p><p>Y quiz&#225;s lo m&#225;s inc&#243;modo de todo esto no es la desigualdad. Es que aprendimos a vivir con ella sin dejar de llamar a esto un pa&#237;s.</p><p>La pregunta es simple. Y por eso mismo, dif&#237;cil de responder.</p><p></p><p><strong>&#191;Qu&#233; Colombia est&#225;s viendo cuando dices que ves Colombia?</strong></p><p></p><p>Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p><em>Valeria Mendez</em></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoLector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[ ¿Qué necesitamos con más urgencia: un presidente o un terapeuta? ]]></title><description><![CDATA[Por Valeria Mendez &#8212; An&#225;lisis pol&#237;tico]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/que-necesitamos-con-mas-urgencia</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/que-necesitamos-con-mas-urgencia</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 07 Jun 2026 12:36:38 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!P8f_!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd9621611-13c1-4c7b-8f57-5142c184fbc9_1264x842.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/queridoelector.substack.com/subscribe"><span>Subscribe now</span></a></p><p></p><p style="text-align: justify;">Querido  Elector:</p><p style="text-align: justify;">Era un Martes de tarde &#8212; de esas tardes que solo existen cuando el home working (o el desempleo) te regala el lujo de vivirlas.</p><p style="text-align: justify;">Estaba en casa de una amiga. Pintora ella, y de las inteligentes: de las que piensan con las manos y sienten con los ojos.</p><p style="text-align: justify;">Su casa tiene esa clase de silencio que no se compra ni se decora &#8212; se respira. Un jard&#237;n donde la luz se filtraba entre los &#225;rboles, acentuando lo tenue del momento. La magia quieta de una tarde que no ped&#237;a nada.</p><p style="text-align: justify;">Ella pintaba. Yo intentaba escribir. Y sobre la mesa, un vino que nadie pidi&#243; permiso para ser necesario.</p><p style="text-align: justify;">Fue ella quien me cont&#243; primero.</p><p style="text-align: justify;">Que el art&#237;culo del domingo anterior &#8212; el de la polarizaci&#243;n, el de si en Colombia votamos por algo o solo en contra de alguien &#8212; le hab&#237;a servido para reconciliarse con su mam&#225;. Hab&#237;an peleado por pol&#237;tica. Y leerme hab&#237;a sido la bandera blanca de su parte. Lo que la hizo reflexionar que quiz&#225; no era tan buena idea dejar de hablarle a la persona que m&#225;s amas por pol&#237;tica.</p><p style="text-align: justify;">Despu&#233;s me lo cont&#243; otro amigo. Que hab&#237;a peleado con su esposa porque no pod&#237;a creer c&#243;mo ella se hab&#237;a atrevido a votar por el candidato que a &#233;l no le gustaba &#8212; y que encima no le conven&#237;a por temas laborales. Que estaba muy ofendido. Que gracias a esa lectura hab&#237;a podido reflexionar un poco.</p><p style="text-align: justify;">Solo un poco.</p><p style="text-align: justify;">Porque segu&#237;a ofendido.</p><p style="text-align: justify;">Desde ese domingo hasta hoy &#8212; m&#225;s de 800 personas leyeron ese art&#237;culo en pocos d&#237;as. Y el comentario que m&#225;s se repet&#237;a no era pol&#237;tico. Era humano:</p><p style="text-align: justify;"><em>&#8220;Me hizo pensar.&#8221;</em> <em>&#8220;Me hizo bajar la pelea.&#8221;</em> <em>&#8220;Me hizo volver a hablar.&#8221;</em></p><p style="text-align: justify;">Y ah&#237; entend&#237; algo inc&#243;modo: que a m&#237; tambi&#233;n me pasa. Que me pasaba mucho m&#225;s antes. Y que incluso ahora, en estas elecciones, me sigo preguntando si estoy siendo demasiado tibia por no discutir m&#225;s fuerte con quien piensa distinto. Si deber&#237;a llenarme de fervor y pelear con ese t&#237;o que lleva d&#233;cadas marcando su preferencia por el candidato opuesto. Si al no hacerlo estoy fallando en algo.</p><h2><strong>Pero es que en m&#237; pelean dos personas todo el tiempo.</strong></h2><p style="text-align: justify;">Est&#225; la Valeria que siente la pol&#237;tica &#8212; la pasional. La que quiere convencer. La que lee una propuesta, escucha un discurso o ve un debate y siente c&#243;mo se le acelera algo por dentro. La que se apasiona. La que se enoja. La que a veces quisiera sentar a todo el mundo en una misma mesa y explicarles, durante tres horas seguidas, por qu&#233; est&#225; convencida de que tiene raz&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Y est&#225; la otra.</p><p style="text-align: justify;">La cientista pol&#237;tica. La que pas&#243; a&#241;os estudiando, entre otras cosas, por qu&#233; las personas creen lo que creen. La que sabe lo imposible que es ser completamente imparcial &#8212; y que por eso mismo no lo pretende. Lo que s&#237; hace es ir al dato antes que a la emoci&#243;n, a la fuente antes que al titular, a la profundidad del problema antes que al ruido que lo rodea. No por virtud; por respeto al oficio. La que entiende que detr&#225;s de cada voto hay una historia, una experiencia, un miedo, una esperanza o una herida que muchas veces ni conocemos.</p><p style="text-align: justify;">La primera quiere convencer. La segunda quiere comprender.</p><p style="text-align: justify;">Y con los a&#241;os he aprendido algo que no esperaba: <em>a leer el cuarto antes de abrir la boca. </em>A distinguir entre una conversaci&#243;n donde mis argumentos tienen alguna posibilidad de ser escuchados &#8212; donde hay alguien al otro lado dispuesto a entender, as&#237; no est&#233; de acuerdo &#8212; y una donde ya est&#225; todo decidido mucho antes de que yo diga una sola palabra.</p><p style="text-align: justify;">Porque hay una diferencia enorme entre debatir y defender. Quien debate llega con preguntas. Quien defiende llega con respuestas inamovibles &#8212; y con la certeza absoluta de que el que piensa diferente no es alguien con otro punto de vista, sino alguien que est&#225; equivocado. Punto. Esa persona no quiere una conversaci&#243;n; quiere una victoria. Y en ese escenario, da igual cu&#225;ntos argumentos traigas, cu&#225;ntos estudios cites, cu&#225;nta profundidad tengas &#8212; no va a servir de nada. Porque el objetivo nunca fue entender. Fue ganar.</p><p style="text-align: justify;">Y esa pelea, sin dudarlo, me la pierdo. No porque las ideas no importen &#8212; importan much&#237;simo. Las elecciones cambian vidas. Las pol&#237;ticas p&#250;blicas tienen consecuencias reales. Lo que se decide en las urnas puede mejorar o empeorar la vida de millones de personas. Precisamente por eso aprend&#237; a distinguir entre las conversaciones que pueden abrir una puerta y las que solo levantan un muro. Porque mi energ&#237;a vale m&#225;s que una discusi&#243;n que ya tiene ganador antes de empezar y que, si no se detiene a tiempo, puede terminar en ofensas e insultos.</p><p style="text-align: justify;">Eso no significa renunciar a las ideas. Significa elegir mejor d&#243;nde vale la pena defenderlas.</p><p style="text-align: justify;">Pero ojo &#8212; porque esto no pasa porque la gente sea mala. Pasa porque as&#237; estamos construidos. Y eso, curiosamente, lo explica la ciencia mejor que cualquier columnista de opini&#243;n.</p><h2><strong>Tu cerebro no debate. Reacciona.</strong></h2><p style="text-align: justify;">El psic&#243;logo social Jonathan Haidt lo explica en <em>The Righteous Mind</em> con una claridad que incomoda:</p><p style="text-align: justify;">No somos seres racionales que a veces sienten. Somos seres emocionales que a veces razonamos.</p><p style="text-align: justify;">En pol&#237;tica, primero sentimos. Despu&#233;s justificamos.</p><p style="text-align: justify;">La raz&#243;n no llega como juez &#8212; llega tarde, como abogado defensor, a construir los argumentos para justificar lo que ya decidimos desde las entra&#241;as.</p><p style="text-align: justify;">Lo que significa, en t&#233;rminos muy concretos, que cuando alguien te contradice pol&#237;ticamente, tu cerebro no lo procesa como una diferencia de opini&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">Lo procesa como una traici&#243;n.</p><p style="text-align: justify;">No a tu argumento. A ti. A todo lo que construiste, viviste y sentiste para llegar a donde est&#225;s.</p><h2><strong>Lo que le pasa a tu cabeza cuando alguien vota diferente.</strong></h2><p style="text-align: justify;"> Hugo S&#225;nchez Castillo, investigador de la Facultad de Psicolog&#237;a de la UNAM, explica que cuando una persona se encuentra con una postura ideol&#243;gica distinta a la suya, esa reacci&#243;n se procesa en el sistema nervioso central &#8212; espec&#237;ficamente en una regi&#243;n llamada corteza prefrontal dorsomedial.</p><p style="text-align: justify;">Esa regi&#243;n eval&#250;a el discurso y lo clasifica, seg&#250;n la formaci&#243;n de cada individuo, como algo que puede ser interpretado como amenaza o como algo inaceptable.</p><p style="text-align: justify;">Cuando esa activaci&#243;n es suficientemente intensa, el cerebro puede modular &#8212;e incluso inhibir&#8212; los circuitos asociados al juicio moral, generando respuestas defensivas autom&#225;ticas.</p><p style="text-align: justify;">No lo procesa como una diferencia de opini&#243;n. Lo procesa como algo que lo interpela directamente.</p><p style="text-align: justify;">Y eso cambia la forma en la que discutimos.</p><p style="text-align: justify;">Porque en pol&#237;tica, muchas veces, no estamos reaccionando a ideas.</p><p style="text-align: justify;">Estamos reaccionando a lo que sentimos que esas ideas dicen de nosotros.</p><h2><strong>Y hay un estudio de la universidad de Stanford que lo confirma.</strong></h2><p style="text-align: justify;">Investigadores han mostrado que la forma en que procesamos informaci&#243;n pol&#237;tica no funciona como solemos creer.</p><p style="text-align: justify;">No somos observadores neutrales de datos. Somos int&#233;rpretes sesgados de lo que queremos confirmar.</p><p style="text-align: justify;">Dos personas con capacidades cognitivas similares pueden analizar exactamente la misma evidencia y llegar a conclusiones opuestas. No porque una entienda y la otra no. Sino porque ambas filtran la informaci&#243;n a trav&#233;s de lo que ya creen.</p><p style="text-align: justify;">En un experimento en Nueva York, a participantes se les record&#243; su posici&#243;n pol&#237;tica antes de salir a la calle en un d&#237;a caluroso. Conservadores y liberales reportaron percepciones distintas del mismo clima.</p><p style="text-align: justify;">El mismo sol. El mismo calor. Dos realidades distintas.</p><p style="text-align: justify;">A esto se le llama motivated reasoning: el cerebro acepta lo que confirma sus creencias y rechaza lo que las contradice.</p><p style="text-align: justify;">No es mala fe. No es falta de inteligencia.</p><p style="text-align: justify;">Es identidad protegi&#233;ndose a s&#237; misma.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!P8f_!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd9621611-13c1-4c7b-8f57-5142c184fbc9_1264x842.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!P8f_!, /__u/queridoelector.substack.com/w_424, /__u/queridoelector.substack.com/c_limit, /__u/queridoelector.substack.com/f_webp, /__u/queridoelector.substack.com/q_auto:good, /__u/queridoelector.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd9621611-13c1-4c7b-8f57-5142c184fbc9_1264x842.png 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!P8f_!, 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data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/d9621611-13c1-4c7b-8f57-5142c184fbc9_1264x842.png&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:null,&quot;height&quot;:842,&quot;width&quot;:1264,&quot;resizeWidth&quot;:725,&quot;bytes&quot;:2029326,&quot;alt&quot;:null,&quot;title&quot;:null,&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;href&quot;:null,&quot;belowTheFold&quot;:true,&quot;topImage&quot;:false,&quot;internalRedirect&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/i/200919505?img=https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F6771d85b-fcb9-4e06-bb10-38090faad17c_1264x842.png&quot;,&quot;isProcessing&quot;:false,&quot;align&quot;:null,&quot;offset&quot;:false}" class="sizing-normal" alt="" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!P8f_!, /__u/queridoelector.substack.com/w_424, /__u/queridoelector.substack.com/c_limit, /__u/queridoelector.substack.com/f_auto, 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y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><h2><strong>Si todo lo anterior es cierto, querido Elector...</strong></h2><p style="text-align: justify;">Entonces algo empieza a volverse evidente en lo cotidiano.</p><p style="text-align: justify;">Que no discutimos solo con desconocidos.</p><p style="text-align: justify;">Discutimos con la gente que queremos. Con la familia. Con los amigos. Con personas que no est&#225;n intentando convencernos de nada m&#225;s que de seguir estando cerca.</p><p style="text-align: justify;">Y aun as&#237;, algo se rompe con una facilidad extra&#241;a.</p><p style="text-align: justify;">Porque hay un momento en toda discusi&#243;n pol&#237;tica en el que ya no estamos explicando. Estamos intentando justificar lo que sentimos. Y cuando nos piden razones, la conversaci&#243;n empieza a torcerse.</p><p style="text-align: justify;">Ya no alcanza lo que sabemos decir. Porque lo que sentimos es m&#225;s grande que las palabras que tenemos.</p><p style="text-align: justify;">Y entonces aparece la urgencia. La presi&#243;n. El intento desesperado de encontrar una forma de decir algo que todav&#237;a no tiene forma.</p><p style="text-align: justify;">Y ah&#237; la discusi&#243;n cambia de lugar.</p><p style="text-align: justify;">Deja de ser explicaci&#243;n. Empieza a ser tensi&#243;n. A veces, inlcuso violencia. No porque realmente queramos hacer da&#241;o. Sino porque en ese punto ya no est&#225; hablando el yo racional. Est&#225; hablando la emoci&#243;n tratando de sostenerse con palabras que no le alcanzan.</p><p style="text-align: justify;">Y cuando no alcanzan... empuja. Sube el tono. Cruza l&#237;mites. Insulta. Humilla.</p><p style="text-align: justify;">Y despu&#233;s viene lo m&#225;s inc&#243;modo.</p><p style="text-align: justify;">El regreso. La conciencia de lo que se dijo. La pregunta de por qu&#233; fue tan dif&#237;cil detenerse.</p><p style="text-align: justify;">Porque los gobiernos cambian. Las campa&#241;as terminan. Las ideas se transforman.</p><p style="text-align: justify;">Pero las personas siguen ah&#237;. Sentadas en la misma mesa. En la misma familia. En la misma vida.</p><p style="text-align: justify;">Y no hay ninguna elecci&#243;n que compense perder eso.</p><p style="text-align: justify;">Y entonces me queda una &#250;ltima duda.</p><p style="text-align: justify;">Tal vez la pregunta nunca fue por qui&#233;n votas.</p><p style="text-align: justify;">Tal vez la pregunta es por qu&#233; te duele tanto que otro vote distinto.</p><p style="text-align: justify;"><em>Valeria Mendez</em></p><div><hr></div><p><em> Fuentes: Haidt, J. (2012). The Righteous Mind: Why Good People are Divided by Politics and Religion. Pantheon Books. S&#225;nchez Castillo, H. &#191;C&#243;mo percibe el cerebro la pol&#237;tica? UNAM Global.</em></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoLector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Me pregunto si alguna vez votamos por algo — o solo en contra de alguien]]></title><description><![CDATA[Por Valeria M&#233;ndez &#8212; An&#225;lisis pol&#237;tico]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/me-pregunto-si-alguna-vez-votamos</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/me-pregunto-si-alguna-vez-votamos</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Sun, 31 May 2026 11:54:31 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!0Mxp!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5ccb1a37-ed57-463b-bc9f-2343295783c4_1536x1024.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/queridoelector.substack.com/subscribe"><span>Subscribe now</span></a></p><p></p><p>Querido  Elector:</p><p>Hoy Colombia vota. Y ya saben lo que eso significa: familias que llevan semanas sin hablarse; grupos de WhatsApp silenciados indefinidamente; y al menos un primo que ya gan&#243;, aunque los resultados no hayan salido.</p><p> Y para los que no son de Colombia &#8212; no se vayan todav&#237;a. Si en su pa&#237;s ya vivieron algo as&#237;, bienvenidos al club. Si todav&#237;a no &#8212; qu&#233;dense igual, tomen nota y disfruten del espect&#225;culo. Porque lo que estamos haciendo aqu&#237;, con toda la honestidad del mundo, es bastante pat&#233;tico.</p><p>Y antes de que sigan con su d&#237;a: denle cinco minutos a esto. No para leer pol&#237;tica &#8212; para reconciliarse con ella.</p><h2>Los n&#250;meros primero; porque si no, esto es solo desahogo con buena redacci&#243;n.</h2><p>Seg&#250;n la Encuesta de Polarizaci&#243;n 2025 de <em>Valiente es Dialogar</em>, el 42% de los colombianos dice que la polarizaci&#243;n afecta sus relaciones familiares; el 27% ha perdido amigos por diferencias pol&#237;ticas; el 84% responsabiliza a los pol&#237;ticos de avivar la divisi&#243;n con sus discursos.</p><p>Cuatro de cada diez colombianos han tenido problemas con su familia: no por una herencia mal repartida, no por una deuda antigua, sino por pol&#237;tica. Por un candidato. Por una idea que alguien les vendi&#243; tan bien que la metieron en casa, la sentaron a la mesa y le sirvieron el mejor plato.</p><p>Y la ciencia lo confirma: los estudios electorales en Am&#233;rica Latina muestran que las emociones son m&#225;s determinantes en el voto que las propuestas concretas. No los planes de gobierno; las <em>caras</em>. Lo que sentimos cuando vemos a alguien hablar pesa m&#225;s que lo que dice.</p><p>Llevamos d&#233;cadas eligiendo presidentes como si fueran perfiles en Bumble: con el mismo rigor, la misma profundidad y, lamentablemente, resultados similares.</p><h2>Colombia lleva haciendo esto desde 1848; por si alguien pensaba que era nuevo.</h2><p>Rojos contra azules. Liberales contra conservadores: un duelo que parec&#237;a de otra &#233;poca y que result&#243; ser, con mejor vestuario, exactamente el mismo de hoy.</p><p>La Guerra de los Mil D&#237;as dej&#243; entre 39.000 y 100.000 muertos. La Violencia &#8212; llamada as&#237; porque no necesitaba apellido &#8212; dej&#243; 250.000 muertos y m&#225;s de dos millones de desplazados. Todo entre personas que, en el fondo, quer&#237;an m&#225;s o menos las mismas cosas para sus familias; pero que hab&#237;an aprendido tan bien a verse como enemigos que ya no sab&#237;an hacer otra cosa.</p><p>Uribe vs. Santos. Santos vs. Duque. Uribe vs. Petro. Siempre versus; nunca puentes. Siempre un enemigo n&#237;tido al otro lado y la certeza colectiva de que <em>esta</em> elecci&#243;n es la m&#225;s importante de la historia y que si gana el otro, la civilizaci&#243;n colapsa.</p><p>Y no somos los &#250;nicos. Argentina es un caso de manual: lleva d&#233;cadas votando <em>en contra</em> de algo sin terminar de votar <em>a favor</em> de nada. El p&#233;ndulo no ha parado &#8212; kirchnerismo, antikirchnerismo, kirchnerismo, antikirchnerismo &#8212; como un pa&#237;s atrapado en su propio reflejo. Milei no lleg&#243; al poder porque sus propuestas convencieran a las mayor&#237;as: lleg&#243; porque era la encarnaci&#243;n m&#225;s radical del <em>no ser kirchnerista</em>. El odio construy&#243; un gobierno entero. En Brasil, Lula y Bolsonaro partieron al pa&#237;s en dos: las elecciones de 2022 terminaron 50.9% vs 49.1%. No era un debate de propuestas &#8212; era una guerra de identidades. Lula o Bolsonaro no eran opciones pol&#237;ticas: eran bandos. En Venezuela, Ch&#225;vez construy&#243; una figura tan poderosa que sobrevivi&#243; su propia muerte; el chavismo sin Ch&#225;vez sigui&#243; siendo una identidad, no un programa.</p><p>El patr&#243;n es siempre el mismo: las ideas se pierden; la figura permanece. Y volviendo a Colombia, que es donde estamos y porque hoy toca: llevamos casi doscientos a&#241;os con la misma canci&#243;n. Solo cambia el int&#233;rprete.</p><h2>Lo que nadie te cuenta sobre c&#243;mo funciona esto por dentro.</h2><p>Mientras t&#250; no le hablas a tu t&#237;o porque vot&#243; por Uribe y t&#250; por Petro &#8212; mientras discutes con tu amiga argentina porque ella es kirchnerista y t&#250; simpatizas con Milei &#8212; existe una probabilidad muy alta de que esos mismos pol&#237;ticos que protagonizan tus peleas est&#233;n sentados en la misma mesa cuando a ambos les convenga.</p><p>Porque as&#237; funciona la pol&#237;tica por dentro: un presidente no gobierna solo con su voluntad. Necesita al Congreso. Necesita a los gremios. Necesita, incluso, a quienes no votaron por &#233;l. Un candidato que no sabe negociar con el diferente no aprueba reformas, no genera contrapesos, no construye nada que dure m&#225;s all&#225; de su propio mandato. El &#233;xito de un gobierno no depende solo de la figura &#8212; depende de instituciones que funcionen, de un Congreso que delibere, de una sociedad que exija. Un presidente no es un rey. Es una pieza &#8212; importante, s&#237; &#8212; dentro de un sistema mucho m&#225;s grande que &#233;l.</p><p>Por eso, lo m&#225;s peligroso no es elegir al candidato equivocado. Lo m&#225;s peligroso es endiosar a cualquiera.</p><p>T&#250; llevas meses sin hablarle a tu t&#237;o. Ellos ya est&#225;n sentados. Y t&#250;, no.</p><h2>Pero hay algo m&#225;s profundo que todo eso.</h2><p>Nos quejamos de que ya no hay debates de ideas: de que la pol&#237;tica se redujo a insultos, a memes, a caras y slogans. Y tenemos raz&#243;n. Pero luego salimos a la calle y le decimos <em>facho</em>, <em>zurdo</em>, <em>bobo</em>, <em>cuca</em>, <em>resentido social</em>, <em>hijo de mami y papi</em> a quien piensa diferente. Humillamos. Clasificamos. Cancelamos.</p><p>Y ah&#237; est&#225; la pregunta que nadie quiere hacerse: &#191;c&#243;mo queremos un pa&#237;s donde se debatan ideas si nosotros mismos no podemos hablar con alguien que no piensa igual?</p><p>La pol&#237;tica no empieza en el Congreso; empieza en la mesa familiar, en el grupo de WhatsApp, en el comentario que decides o no decides publicar. El pa&#237;s que tenemos es, en buena parte, el reflejo de c&#243;mo nos tratamos entre nosotros: no es solo el presidente, somos nosotros &#8212; construyendo o destruyendo el tejido social cada vez que abrimos la boca.</p><p>Nadie va a construir el pa&#237;s que queremos en nuestro nombre. Eso, lamentablemente, tambi&#233;n nos toca a nosotros.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!0Mxp!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5ccb1a37-ed57-463b-bc9f-2343295783c4_1536x1024.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!0Mxp!, /__u/queridoelector.substack.com/w_424, /__u/queridoelector.substack.com/c_limit, /__u/queridoelector.substack.com/f_webp, /__u/queridoelector.substack.com/q_auto:good, /__u/queridoelector.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F5ccb1a37-ed57-463b-bc9f-2343295783c4_1536x1024.png 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!0Mxp!, /__u/queridoelector.substack.com/w_848, 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ya que estamos: tus razones no son m&#225;s importantes que las de los dem&#225;s.</h2><p>Se entiende perfectamente que tengas intereses concretos en determinado candidato: que su reforma de salud te cambia la vida, que su pol&#237;tica agraria es lo que tu familia lleva d&#233;cadas esperando, que su propuesta econ&#243;mica protege tu trabajo. Eso es leg&#237;timo; eso es, de hecho, exactamente c&#243;mo deber&#237;a funcionar la democracia.</p><p>Pero as&#237; como a ti te conviene uno, a otros les conviene el otro. Con la misma l&#243;gica. Con la misma legitimidad.</p><p>Entonces: &#191;por qu&#233; tus problemas son m&#225;s urgentes que los suyos? &#191;Por qu&#233; insultas a quien se beneficiaba de las pol&#237;ticas del candidato que t&#250; detestas? &#191;Por qu&#233; le llamas ignorante a quien tiene una raz&#243;n econ&#243;mica, social o personal perfectamente comprensible para votar diferente?</p><p>La democracia no es un examen con una respuesta correcta al final: es una negociaci&#243;n permanente entre intereses distintos. Y entender eso no es ingenuidad; es la diferencia entre un ciudadano y un fan&#225;tico.</p><h2>Para cerrar, querido Elector.</h2><p>Este no es un llamado a no pelear. Pelear por lo que importa &#8212; la salud, la educaci&#243;n, la tierra, la justicia, la paz &#8212; no solo es v&#225;lido; es necesario. La historia avanza porque gente inconforme decidi&#243; que las cosas pod&#237;an ser distintas.</p><p>Lo que vale la pena preguntarse es hasta d&#243;nde nos ha llevado el ruido; hasta d&#243;nde nos ha llevado el miedo; hasta d&#243;nde nos lleva el algoritmo que nos muestra solo lo que ya creemos, y el discurso callejero que repetimos sin filtrar, sin verificar, sin preguntarnos si realmente es nuestro o si simplemente sonaba bien y lo adoptamos sin leer la letra peque&#241;a.</p><p>&#191;Vale la pena no hablarle nunca m&#225;s a alguien por sus convicciones pol&#237;ticas? &#191;Vale la pena el odio, el comentario destructor, desprestigiar y amedrentar a quien hoy no profesa tus mismas opiniones?</p><p>Filtrar no es rendirse: es elegir mejor las batallas. Es asegurarse de que lo que sale de nuestra boca &#8212; y peor, lo que hacemos con eso &#8212; venga de una convicci&#243;n real; no del algoritmo de turno, no del miedo bien dosificado, no del discurso que alguien repiti&#243; tantas veces que terminamos creyendo que era propio.</p><p>Hoy es domingo de elecciones. Vota. Defiende lo que crees con toda la energ&#237;a que tengas.</p><p>Pero antes de hacerle la vida imposible a alguien por pensar diferente, detente un segundo y hazte una sola pregunta:</p><p><strong>&#191;Esto que siento es m&#237;o? &#191;O me lo pusieron?</strong></p><p>Y si la respuesta te molesta, bienvenido. Significa que algo lleg&#243;.</p><p>Con todo el afecto que permite el an&#225;lisis pol&#237;tico,</p><p><em>Valeria Mendez</em></p><div><hr></div><p><em>Fuentes: Encuesta de Polarizaci&#243;n 2025, Valiente es Dialogar &#8212; Fundaci&#243;n Ford &amp; Centro Nacional de Consultor&#237;a. Publicado en La Silla Vac&#237;a, noviembre 2025.</em></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoLector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La Palabra Venezuela]]></title><description><![CDATA[El concepto que nos comemos sin masticar]]></description><link>https://queridoelector.substack.com/p/la-palabra-venezuela</link><guid isPermaLink="false">https://queridoelector.substack.com/p/la-palabra-venezuela</guid><dc:creator><![CDATA[Valeria Mendez]]></dc:creator><pubDate>Fri, 22 May 2026 22:01:32 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!F5-S!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb574b687-a5e2-402d-96ae-9e69eae333aa_1655x950.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe now&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="/__u/queridoelector.substack.com/subscribe"><span>Subscribe now</span></a></p><p></p><p>Hay una palabra que recorre el mundo desde hace una d&#233;cada con la soltura de quien no necesita pasaporte: <strong>Venezuela</strong>. Ya no es solo un pa&#237;s. Es una amenaza. Un insulto. Un argumento. Una profec&#237;a. Un meme pol&#237;tico que cualquier candidato con corbata y miedo puede usar en un discurso sin que nadie le pida que lo explique.</p><p>Y ah&#237; est&#225; el problema.</p><h3>El fantasma favorito de la pol&#237;tica occidental</h3><p>En Colombia, Iv&#225;n Duque advirti&#243; que votar por Gustavo Petro era convertir al pa&#237;s en &#8220;una segunda Venezuela&#8221;. En Espa&#241;a, la derecha lleva a&#241;os usando la misma met&#225;fora contra Pedro S&#225;nchez y Podemos. En Brasil, Bolsonaro lo repiti&#243; hasta el cansancio durante su campa&#241;a. En Argentina, Macri y luego Milei apuntaron hacia el mismo horizonte. En Estados Unidos, Donald Trump calific&#243; a los dem&#243;cratas progresistas de &#8220;socialistas que quieren convertir a Am&#233;rica en Venezuela&#8221;.</p><p>Es el comod&#237;n m&#225;s rentable de la pol&#237;tica contempor&#225;nea: no requiere datos, no exige argumentos, y funciona porque todos <em>sienten</em> que saben de qu&#233; se trata.</p><p>Y hay que ser honestos sobre por qu&#233; funciona tan bien: la met&#225;fora funciona porque Venezuela no es una amenaza imaginaria. Es una tragedia real, visible y regional. Millones de latinoamericanos convivieron con sus consecuencias de manera directa: en la frontera, en sus ciudades, en sus trabajos, en sus barrios. Colombia recibi&#243; a m&#225;s de dos millones de venezolanos. El dolor es concreto, cercano y tiene cara. Y justamente por eso el s&#237;mbolo pol&#237;tico resulta tan efectivo &#8212; porque est&#225; anclado en algo que la gente vivi&#243; o vio vivir. El problema no es usarlo como advertencia. El problema es usarlo como argumento sin explicarlo.</p><p>Pero si le preguntas a ese votante &#8212;o incluso a ese candidato&#8212; que explique con precisi&#243;n qu&#233; fue lo que le pas&#243; a Venezuela, el silencio es elocuente.</p><p>Entonces, &#191;qu&#233; fue lo que le pas&#243; a Venezuela?.</p><h3>2. Lo que en realidad le pas&#243; a Venezuela</h3><p> Venezuela no colaps&#243; porque eligi&#243; a un hombre de izquierda. Colaps&#243; por una combinaci&#243;n espec&#237;fica, documentada y bastante m&#225;s aburrida que el relato de campa&#241;a.</p><p><strong>Primero:</strong> una econom&#237;a construida sobre petr&#243;leo. El 95% de las exportaciones del pa&#237;s depend&#237;an de un solo recurso. Cuando el precio del crudo cay&#243;, el estado se qued&#243; sin ingresos y sin plan B. Eso no es comunismo: es lo que los economistas llaman <em>enfermedad holandesa</em> llevada al extremo.</p><p><strong>Segundo:</strong> el desmantelamiento institucional. Ch&#225;vez &#8212;y luego Maduro con mayor brutalidad&#8212; fueron eliminando los contrapesos del poder: la independencia judicial, la libertad de prensa, la autonom&#237;a electoral. No fue un proceso ideol&#243;gico abstracto; fue la decisi&#243;n deliberada de concentrar poder para no perderlo.</p><p><strong>Tercero:</strong> la corrupci&#243;n sist&#233;mica. PDVSA, la petrolera estatal, fue vaciada por dentro. Miles de millones desaparecieron. El Estado pas&#243; de ser redistribuidor a ser saqueador.</p><p><strong>Cuarto:</strong> la represi&#243;n. Cuando la gente sali&#243; a protestar, el gobierno respondi&#243; con detenciones, torturas y exilio forzado. Hoy, m&#225;s de siete millones de venezolanos viven fuera de su pa&#237;s &#8212;la mayor di&#225;spora de la historia reciente de Am&#233;rica Latina.</p><p>&#191;Qu&#233; tiene eso de espec&#237;ficamente &#8220;comunista&#8221;? Poca cosa. Lo que describe Venezuela es un r&#233;gimen autoritario con discurso populista, colapso institucional y rentismo petrolero mal administrado. Eso ha ocurrido con gobiernos de derecha, de izquierda y de centro en distintos momentos de la historia. Lo que lo define no es su color ideol&#243;gico: es la ausencia de Estado de derecho.</p><p>Pero claro, decir eso toma m&#225;s de un tuit.</p><p>Entonces, &#191;cu&#225;ndo s&#237; hay que preocuparse? Las se&#241;ales reales del autoritarismo no son ideol&#243;gicas: son institucionales. Cuando un gobierno &#8212; de cualquier color &#8212; ataca la prensa independiente, coopta el poder judicial, cambia las reglas electorales a su favor o criminaliza la protesta, ah&#237; s&#237; hay razones concretas para encender las alarmas. Esas se&#241;ales no tienen partido. Las tuvo Ch&#225;vez. Las tuvo Pinochet. Las tiene cualquier r&#233;gimen que decide que el poder vale m&#225;s que las reglas. Aprenderlas es m&#225;s &#250;til que memorizar el insulto del ciclo electoral.</p><h3>3. El comunista favorito de cada campa&#241;a </h3><p>Volvamos al candidato al que le pusieron el r&#243;tulo.</p><p>Bernie Sanders fue llamado comunista en m&#250;ltiples ocasiones por sus rivales republicanos y por sectores del Partido Dem&#243;crata. Sus propuestas &#8220;revolucionarias&#8221; inclu&#237;an: sanidad p&#250;blica universal, universidad gratuita, salario m&#237;nimo de 15 d&#243;lares por hora y regulaci&#243;n de Wall Street. Eso es lo que en Alemania, Suecia, Dinamarca o Francia se llama <em>pol&#237;tica de centro-izquierda</em>. En algunos casos, ni siquiera eso: es lo que tienen los partidos conservadores europeos en su programa de gobierno.</p><p>Gustavo Petro lleg&#243; a la presidencia de Colombia cargando el sambenito del &#8220;castrochavismo&#8221;. Sus propuestas reales inclu&#237;an reforma agraria, transici&#243;n energ&#233;tica, salud preventiva y educaci&#243;n p&#250;blica. &#201;l mismo, durante la campa&#241;a, dijo algo que sus contradictores prefirieron ignorar: <em>&#8220;Jam&#225;s he pronunciado la palabra expropiaci&#243;n.&#8221;</em> Colombia hoy sigue teniendo banca privada, medios independientes, elecciones competitivas y un Congreso que le ha bloqueado varias reformas. No exactamente el manual de Maduro.</p><p>En Espa&#241;a, Podemos fue comparado sistem&#225;ticamente con Venezuela. Sus banderas: vivienda accesible, regulaci&#243;n de los precios de la energ&#237;a, impuesto a grandes fortunas. Medidas que existen, con matices, en buena parte de la Uni&#243;n Europea.</p><p>El patr&#243;n es claro: se llama &#8220;comunista&#8221; a cualquier candidato que proponga que el Estado tenga un rol m&#225;s activo en la econom&#237;a. Y se usa Venezuela como prueba de a d&#243;nde lleva eso. El problema es que el argumento confunde el modelo con el crimen. Es como culpar al cuchillo por el asesinato.</p><p>En Colombia esto tuvo una dimensi&#243;n particular. El miedo a &#8220;convertirnos en Venezuela&#8221; no era abstracto &#8212; era visceral, cotidiano y alimentado por una crisis migratoria que el pa&#237;s vivi&#243; en carne propia. Eso hizo que el argumento fuera especialmente poderoso y especialmente dif&#237;cil de cuestionar en p&#250;blico sin parecer insensible. Pero tambi&#233;n lo hizo especialmente f&#225;cil de manipular: bastaba con pronunciar la palabra para cerrar cualquier debate sobre propuestas concretas. &#191;Reforma agraria? Venezuela. &#191;Salud preventiva? Venezuela. &#191;Transici&#243;n energ&#233;tica? Venezuela. El concepto dej&#243; de ser una advertencia y se convirti&#243; en un portazo. Y un portazo no es un argumento &#8212; es el fin de la conversaci&#243;n.</p><h3>El error garrafal que nadie quiere admitir</h3><p>Aqu&#237; viene la parte que incomoda a varios.</p><p><strong>Izquierda no es lo mismo que comunismo.</strong> El comunismo es un sistema donde el Estado controla los medios de producci&#243;n y elimina la propiedad privada. La izquierda es un espectro ampl&#237;simo que va desde la socialdemocracia escandinava &#8212;con econom&#237;as de mercado robustas y estados de bienestar fuertes&#8212; hasta reg&#237;menes autoritarios que usaron la ret&#243;rica marxista para concentrar poder.</p><p><strong>Derecha no es lo mismo que capitalismo.</strong> La derecha tambi&#233;n ha producido dictaduras: Pinochet en Chile, Videla en Argentina, Franco en Espa&#241;a. Reg&#237;menes que suprimieron sindicatos, torturaron opositores y concentraron riqueza en pocas manos con la bandera del anticomunismo. Nadie usa esas experiencias para descalificar a todos los candidatos de derecha del mundo.</p><p><strong>Y comunismo no es lo mismo que pol&#237;ticas sociales.</strong> Un Estado que garantiza salud, educaci&#243;n y vivienda no es la URSS. Es Noruega. Es Canad&#225;. Es, con sus diferencias, la mayor&#237;a de los pa&#237;ses con mayor calidad de vida en el mundo.</p><p>Confundir estos conceptos no es solo un error intelectual. Es una estrategia.</p><p>Y la izquierda, siendo honestos, tampoco est&#225; libre de responsabilidad. Ha habido gobiernos y sectores progresistas que utilizaron el discurso de la justicia social para encubrir pr&#225;cticas de corrupci&#243;n, que romantizaron reg&#237;menes autoritarios por afinidad ideol&#243;gica, y que en algunos casos prefirieron el silencio frente a Venezuela cuando el silencio resultaba m&#225;s c&#243;modo que la cr&#237;tica.</p><p>Defender conceptos bien usados implica tambi&#233;n exigir coherencia a quienes los utilizan: que &#8220;el pueblo&#8221; no se convierta en un escudo ret&#243;rico, ni &#8220;la derecha&#8221; en una explicaci&#243;n autom&#225;tica para todo lo que falla. Los conceptos no tienen due&#241;o. Y el rigor no deber&#237;a tener ideolog&#237;a.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!F5-S!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb574b687-a5e2-402d-96ae-9e69eae333aa_1655x950.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="/__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!F5-S!, /__u/queridoelector.substack.com/w_424, /__u/queridoelector.substack.com/c_limit, /__u/queridoelector.substack.com/f_webp, /__u/queridoelector.substack.com/q_auto:good, /__u/queridoelector.substack.com/fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb574b687-a5e2-402d-96ae-9e69eae333aa_1655x950.png 424w, /__u/substackcdn.com/image/fetch/$s_!F5-S!, /__u/queridoelector.substack.com/w_848, /__u/queridoelector.substack.com/c_limit, 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La desinformaci&#243;n informada: el fen&#243;meno del siglo</h3><p>Tal vez el problema no es solamente la desinformaci&#243;n. Tal vez el problema es algo peor: la ilusi&#243;n de estar informados.</p><p>Vivimos en la era de la hiperconectividad. Nunca antes la humanidad tuvo acceso a tanta informaci&#243;n simult&#225;nea, continua y fragmentada. Y parad&#243;jicamente, nunca antes fue tan f&#225;cil estar muy informado sobre muy poco.</p><p>Los algoritmos de las redes sociales no est&#225;n dise&#241;ados para hacernos m&#225;s sabios: est&#225;n dise&#241;ados para mantenernos <em>enganchados</em>. Y nada engancha m&#225;s que la indignaci&#243;n, el miedo y la confirmaci&#243;n de lo que ya creemos.</p><p>En ese ecosistema, los conceptos complejos se convierten en etiquetas. &#8220;Venezuela&#8221; ya no designa un pa&#237;s con historia, geograf&#237;a y ciudadanos: es un emoji de amenaza. &#8220;Comunismo&#8221; ya no es una teor&#237;a econ&#243;mica con debates internos y variantes: es sin&#243;nimo de pobreza y represi&#243;n. &#8220;Izquierda&#8221; es autom&#225;ticamente peligrosa. &#8220;Derecha&#8221; es autom&#225;ticamente corrupta. Y as&#237;, conceptos que las ciencias sociales tardaron siglos en construir con matices, fuentes y debates, se usan en el lenguaje cotidiano con la ligereza de un insulto en un grupo de WhatsApp.</p><p>El resultado es un electorado que <em>siente</em> que sabe, pero que en realidad est&#225; repitiendo. Un electorado que no analiza propuestas porque ya tiene el diagn&#243;stico: ese candidato es &#8220;de Venezuela&#8221;. Ese otro &#8220;es de los ricos&#8221;. No necesita m&#225;s informaci&#243;n.</p><p>Y eso, desde el lente de cualquier polit&#243;logo o cientista social, tiene un nombre t&#233;cnico: <strong>manipulaci&#243;n</strong>.</p><p>No necesariamente la del candidato que lanza el concepto &#8212;aunque a veces s&#237;&#8212; sino la del sistema que premia la simplificaci&#243;n y castiga la complejidad. Un sistema donde decir &#8220;Venezuela&#8221; gana m&#225;s votos que explicar la diferencia entre un modelo econ&#243;mico mixto y una econom&#237;a planificada.</p><h3>Para cerrar: lo que s&#237; vale la pena preguntarse</h3><p>&#191;Puede pasarle a cualquier pa&#237;s lo que le pas&#243; a Venezuela? S&#237;. Pero no por elegir a alguien de izquierda o de derecha. Puede pasarle a cualquier pa&#237;s que permita la concentraci&#243;n del poder sin contrapesos, que destruya sus instituciones, que construya su econom&#237;a sobre un solo recurso, y que normalice la represi&#243;n de quienes disienten.</p><p>Eso no tiene ideolog&#237;a. Tiene nombre: <strong>autoritarismo</strong>.</p><p>Y la vacuna no es votar por el candidato correcto seg&#250;n el meme de turno. Es entender qu&#233; propone cada quien, con qu&#233; medidas concretas, en qu&#233; modelo institucional y con qu&#233; rendici&#243;n de cuentas.</p><p>Lo dem&#225;s &#8212;el fantasma de Venezuela, el comunismo de guardia, la izquierda como pobreza y la derecha como libertad&#8212; es ruido. Ruido costoso, ruido rentable para quien lo produce, pero ruido al fin.</p><p>Y en pol&#237;tica, como en todo, lo que no se entiende se teme. Y lo que se teme, se vota con el miedo.</p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://queridoelector.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Este texto forma parte de QueridoLector. Si te interesa leer an&#225;lisis pol&#237;ticos y que no te traten como idiota, suscr&#237;bete.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item></channel></rss>